martes, 24 de febrero de 2015

La Revolución del 95

Se ha calificado como la revolución de Martí en virtud de su decisiva labor como preparador de la contienda
Nunca sabremos la cantidad exacta de los alzados por Cuba Li­bre el 24 de febrero de 1895. Lo cierto es que fueron muchos los lugares en algunos de los cuales se lograron reunir varios cientos, como en Baire y en Bayate en la antigua provincia de Oriente.

Si las autoridades colonialistas que­­daron sorprendidas, a pesar de que evidentemente disponían de elementos para sospechar que an­daba en marcha una conspiración, la posteridad aún le debe el estudio exhaustivo de la conspiración de aquellos esforzados patriotas que organizaron un vasto movimiento clandestino dentro de la Isla con una eficaz comunicación entre ellos y con los jefes en el extranjero. Se destaca en particular la labor de Juan Gualberto Gómez, el principal, aunque no el único, vínculo con el Partido Revolucionario Cu­bano. Fue a aquel destacado intelectual residente en La Habana a quien José Martí remitió la Orden de alzamiento, firmada el 29 de enero en Nueva York por él, en su condición de Delegado del Partido, por José María Rodríguez, en nombre del General en Jefe electo, y por Enrique Collazo, quien así daba fe del poder y autoridad del anterior.

Sabemos que copias de esa Or­den fueron enviadas también a San­tiago de Cuba, Manzanillo, Ca­magüey y Remedios. Mas no deja de admirarnos la celeridad con que se hicieron consultas entre los conjurados y se acordó iniciar la lucha armada el 24 de febrero. En una veintena de días todos los grupos estaban prestos a cumplir el mandato emitido desde Nueva York para la insurrección simultánea en la segunda quincena de febrero, sin que Occidente lo hiciera sin Oriente, y con los mayores acuerdos posibles en Camagüey y Las Villas. Y ese día en Matanzas, las Villas y Oriente es­talló la guerra, no con todas las ar­mas necesarias, pero sí con mu­chos hombres y notable entusiasmo combativo.
En verdad hubo fuertes factores adversos. El más significativo, la detención a mediados de enero de 1895 del Lagonda y el Amadís, dos de los barcos que saldrían del puerto de Fernandina con las expediciones hacia Cuba, más la requisa de las cajas con armas en un almacén en ese puerto de la Florida. La tremenda batalla legal con las autoridades estadounidenses para recuperar el armamento no estaba ga­nada todavía el 24 de febrero. Peor efecto produjo la confirmación por el gobierno español de los planes expedicionarios desde la emigración: se aumentaron tanto la vigilancia sobre las costas cubanas como sobre los conocidos desafectos al dominio colonial y los posibles conspiradores, además de sobre los principales líderes establecidos fuera de la Isla.

En consecuencia, el plan militar ideado por Gómez desde 1884 cuan­do encabezó el luego fracasado proyecto de San Pedro Sula, perfeccionado por él junto a Martí, del alzamiento simultáneo y la coincidente llegada al país de los principales jefes con fuertes cargamentos de armas se hizo imposible, al menos en su segundo aspecto. Ya era imposible la guerra “rápida como el rayo”, al decir del Delegado, sorpresiva y en busca de la victoria antes de que llegasen fuertes recursos des­de la metrópoli y en evitación de gran­des pérdidas en vidas y recursos materiales.

Como demostraron los hechos, a pesar de sus denodados esfuerzos, Gómez y Martí no desembarcaron por Playita hasta el 11 de abril, mientras que Maceo lo había he­cho diez días antes. Los tres navegaron en condiciones sumamente azarosas y corrieron muy serio peligro de ser apresados o muertos tras sus desembarcos, sin la seguridad de la espera por algún contingente mambí en los puntos en que lo hicieron. Las siete semanas transcurridas entre el comienzo de la guerra y el arribo de ellos fueron de incertidumbres: ¿llegarían o no esos líderes?; ¿se desanimarían los combatientes ante la propaganda y la acción de los autonomistas en pos de la paz sin independencia?; ¿tendría éxito como en el Zanjón el habilidoso Arsenio Martínez Cam­pos trasladado a la Isla con poderosos recursos y abundantes tropas?; ¿habría lucha armada finalmente en Camagüey, se incorporaría el Occidente a la pelea tras los fracasos de Matanzas, podrían sostenerse mucho tiempo las débiles en armas y acosadas partidas de Las Villas?

Estas y otras muchas preguntas seguramente se hicieron los insurrectos a partir del 24 de febrero. Y aunque hubo casos de presentados que depusieron las armas, de personalidades y jefes apresados en las poblaciones y en los campos de batalla, muchos cientos, quizá al­gunos miles, sostuvieron la lucha armada. Fue una proeza solo explicable por el espíritu patriótico y el deseo de cambios en el país.

No fue pues, el 24 de febrero de 1895, un hecho fortuito, una explosión incontenida de ira, una acción desesperada. Lo que comenzó en aquella madrugada esplendorosa fue el resultado de un serio esfuerzo organizativo, de una toma de conciencia colectiva de que había de alcanzarse la independencia para crear una patria otra, una república diferente abierta a la expectativas de las grandes mayorías populares, sus actores esenciales.

No fue aquel el alzamiento de la burguesía azucarera cubano-española, el sector social que, cuando la Invasión llegó al Occidente, pediría en 1896 al cónsul de Estados Uni­dos la intervención de esa potencia para poner fin al conflicto y salvar sus propiedades. No fue la pelea de la dirigencia autonomista, abandonada entonces por muchas de sus bases, que todavía en 1898 intentó gobernar al concederse la autonomía por la corona española.

Fue, como predijo e inculcó insistentemente José Martí, la insurrección armada de los antiguos esclavos y de los negros y mulatos en general para alcanzar la plena igualdad social; de los campesinos por mantener sus propiedades ame­­nazadas por el latifundio que nacía; de los colonos explotados por el central; de los obreros, artesanos y pequeños propietarios ur­banos ahogados por el sistema fiscal colonial y la protección a las producciones de la metrópoli; de la intelectualidad ofendida por el desprecio colonialista y preocupada por el destino del país; hasta de los españoles republicanos y honrados asentados en esta tierra.

En dos palabras, se inició el 24 de febrero la segunda revolución de Cu­ba, con la experiencia de la Guerra Grande, con una identidad nacional madura, con comprensión creciente de los peligros del mundo finisecular que se repartían las grandes potencias, con un equipo de dirigentes conscientes de los grandes males de la nación y de probada experiencia y lealtad a su pueblo, con un proyecto y un programa revolucionario sumamente radical para su tiempo y condiciones históricas como expondría un mes después, el 25 de marzo de 1895, en el Manifiesto de Mon­tecristi, el Partido Revolucionario a Cuba.

Se ha calificado aquella como la revolución de Martí en virtud de su decisiva labor como preparador de la contienda y por dotarla de un pensamiento anticolonialista, an­timperialista y de hondas transformaciones sociales. Mas es también la revolución popular, que movilizó hacia la pelea armada y al apoyo de todo tipo a esta, a las grandes mayorías. Y fue ese sentido de liberación nacional, esa tremenda participación popular lo que impidió la anexión de Cuba a Estados Unidos, y que la conciencia nacional se mantuviera luego enhiesta, a pesar de las timideces y traiciones de algunos, de la Enmienda Platt y del enorme control del vecino del Norte sobre la nación por una cincuentena de años.

La Revolución comenzó el 24 de febrero. Martí se enteró dos días después, en Montecristi, por un cable enviado desde Nueva York. Ese mis­mo día, en los finales de una entusiasta y orientadora carta a sus principales colaboradores en el Partido Revolucionario Cubano, decía: “¡Arri­ba, sin cesar, con alma celadora y humilde!”

Esa es el alma que ha de guiar a los revolucionarios cubanos de hoy, el alma celadora y humilde.

Recibirán los Cinco el título de Héroes de la República de Cuba


Recibirán los Cinco el título de Héroes de la República de Cuba


Raúl Castro en el encuentro con Gerardo Hernández, Ramón Labañino y Antonio Guerrero. Foto: Estudios Revolución
Raúl Castro junto a Fernando González, Ramón Labañino, Gerardo Hernández, Antonio Guerrero y René González, el 17 de diciembre de 2014 en La Habana. Foto: Estudios Revolución

Cuba impondrá este martes el título de Héroes de la República a cinco antiterroristas presos en Estados Unidos desde 1998, cuyos tres últimos fueron excarcelados en diciembre pasado.

Durante el acto en el habanero Palacio de Convenciones, que será transmitido en vivo por la radio y la televisión desde las 16:00 hora local (21:00 GMT), se celebrará el reinicio de la Guerra de Independencia, hace 120 años bajo la organización de José Martí, el Héroe Nacional cubano.

Los antiterroristas Gerardo Hernández, Ramón Labañino, Antonio Guerrero, René González y Fernando González fueron arrestados en Miami el 12 de septiembre de 1998 y condenados a severas penas que incluyeron la doble cadena perpetua.

René y Fernando expiraron íntegramente sus sentencias, mientras que Hernández, Labañino y Guerrero fueron liberados el 17 de diciembre pasado como parte del anunciado proceso de restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba
.
Los Cinco, como se les conoció en las campañas internacionales por su excarcelación, penetraron grupos terroristas anticubanos asentados en el sur de la Florida.


(Con información de Prensa Latina)

lunes, 23 de febrero de 2015

#Cuba #Béisbol : Los Cocodrilos se ahogan en la orilla



Roel Santos pegó tres indiscutibles, anotó cuatro carreras y remolcó tres. 


Por: José Miguel.

Después de haberse mantenido durante toda la actual Serie Nacional en el primer lugar, el equipo de Los Cocodrilos de Matanzas, agotado por múltiples causas parece que se ahoga en la orilla.

Es evidente que éste no es el mismo equipo que inicio victorioso la 54 Serie Nacional. La ausencias por deserciones de varios de sus estelares, José Miguel Fernández, Lázaro Herrera, y ahora Dainer Moreira sin lugar a dudas se ha hecho sentir. Sin olvidar la baja del útil Guillermo Heredia.

Sumémosle el gran error de Víctor Mesa de no pedir un cacher de refuerzo desde el primer momento, sabiendo que ninguno de los que tiene podía afrontar los rigores de una final por su inexperiencia y poco bateo, agregémosle las decepcionantes actuaciones de Bell,y Borroto entre otros que nada han aportado al equipo en ésta última fase de la contienda, bajo rendimiento de los lanzadores, y las lesiones de Ariel Sánchez, Víctor Víctor y Joel Suárez Todo esto sumado dá por resultado un equipo debilitado e incapaz de enfrentar una etapa final que requiere grandes esfuerzos.

Claro que estoy con mi equipo Los Cocodrilos, pero la pasión no me ciega, hoy por hoy veo a Los Alazanes de Granma con mejores perspectivas de llevarse la corona de la presente serie nacional, y el resultado de ayer en que apabulló a los discipulos de Víctor Mesa, son un claro indicador de lo que digo. Ojalá me equivoque, porque como dicen la pelota es redonda y en el terreno cualquier cosa puede suceder...pero como veo las cosas......me siento muy pesimista.

Se dice que Los Cocodrilos nadan bien y se desplazan rápidamente por el agua, pero parece que tanto dale que te dale, y tantos obstáculos de por medio va a ser que se ahoguen en la misma orilla cuando ya tenían a su alcance el triunfo final.

domingo, 22 de febrero de 2015

China y Rusia envían sus portaviones a Venezuela para defenderla ante posible invasión de EEUU

Cuba y Estados Unidos. Respetando las diferencias

“El derecho de todos a Internet supone deberes en relación con su uso adecuado”


Miguel Díaz-Canel

Intervención de Miguel Díaz-Canel Ber­mú­dez, miembro del Buró Político del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Primer Vicepresidente de los Con­sejos de Estado y de Ministros, en la clausura del Primer Taller Nacional de Infor­matización y Ciberseguridad. La Habana, el 20 de febrero del 2015, “Año 57 de la Revolución”.

Compañeras y compañeros que presiden la clausura del Primer Taller Nacional de Informatización y Ciberseguridad;
Compañeras y compañeros miembros de la comunidad informática de Cuba:
Cómo emocionan esas imágenes que vi­mos al principio de esta sesión de trabajo, y creo que la causa fundamental está en que cada victoria genera nuevas victorias.

Sin duda hemos asistido a un taller nacional que ha propiciado un debate honesto y sincero, crítico y justo, amplio y participativo, serio y comprometido, realista y objetivo y también visionario, que ha devenido en un ejercicio democrático y público alrededor de un proceso complejo, retador, necesario, que tiene que ser abordado en la multi y la interdisciplinariedad, con visión de país y contando con la participación institucional y ciudadana, el cual debe abarcar transversalmente todos los escenarios y ámbitos de la vida política, económica y social del país, y constituir un imprescindible apoyo y soporte al perfeccionamiento integral de nuestra sociedad socialista, próspera y sostenible.
Hablamos, por supuesto, de la informatización en Cuba.

Una vez más se impone el método de la consulta y la participación masiva como algo esencial en nuestra práctica revolucionaria.

Elocuentes son los datos de participación en el evento. Este evento, que forma parte de un esfuerzo que viene realizando el país para asegurar el proceso de informatización de la sociedad, tuvo la participación —como aquí se expresaba— de más de 11 500 profesionales de las tecnologías de la informática y las comunicaciones, a través de videoconferencias y de 21 auditorios a lo largo y ancho del territorio nacional.

Conocemos las prioridades para la informatización segura de la sociedad y los pasos que se implementan para la creación de la Unión de Informáticos de Cuba, cuyo comité organizador en las próximas semanas dará los pasos en cada provincia para dar a conocer la propuesta de estatutos, ir creando las organizaciones de bases, o sea, los clubes y las organizaciones territoriales y avanzar en un proceso que nos debe conducir posteriormente al congreso, donde se elegiría la dirección nacional.
Comento esto, porque sé que fueron de las cosas que se plantearon como inquietudes en el evento.
Durante tres jornadas, un grupo de expertos debatieron un total de 71 ponencias que impactan en estas esferas.

El foro-debate en la red, como se expli­caba, contó con la participación de más de 73 000 internautas, que emitieron 1 346 criterios con propuestas de solución asociados a la temática, que en su mayoría evidencian respaldo a las acciones que se desarrollan e identifican las inquietudes y expectativas en torno al tema.

Me daban también un dato que abarca la participación en las redes sociales, que se extiende a más de dos millones de participantes.

Las acciones de divulgación sobre el evento han permitido informar al pueblo la determinación de la dirección de la Revolución en llevar a cabo un proceso de informatización de la sociedad, masificando el uso de las TIC, satisfacer las necesidades crecientes de información y servicios, elevar el bienestar de la población y acelerar el desarrollo económico y social, y dar a conocer las razones de Cuba y nuestra verdad en la red.

El Taller nos deja también expectativas, insatisfacciones, y por esas razones, de he­cho, se impone su continuidad y sistemática alimentación con nuevas ideas y propuestas. Es, por tanto, solo el inicio de la continuidad de una inmensa tarea estratégica que vamos a construir y que ya estamos construyendo.
Hay muchas preguntas, preguntas inteligentes por responder, y las respuestas, por supuesto, llegarán con la implementación de la estrategia. Además, se han aportado propuestas que serán tomadas en cuenta.
El tema es complejo, no hay recetas ni una respuesta única y se necesita trabajar con visión de país y con la participación intersectorial, interdisciplinaria y abierta que permita construir una estrategia nacional que ponga esta tecnología y la infraestructura que debe acompañarle al servicio de la construcción del socialismo próspero y sostenible que se pretende.

Un tema como este no puede verse des­vinculado del resto de los grandes temas a los que se enfrenta el país, y existe la voluntad y disposición efectiva del Partido y el Gobierno cubanos de desarrollar la informatización de la sociedad y poner Internet al servicio de to­dos, facilitando una inserción efectiva y au­téntica de los cubanos en ese espacio.

Hablemos también de las premisas. Hay que referir cómo el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, en el acto por el aniversario 15 del Palacio Central de Computación, el 7 de marzo del 2006, afirmó que “la informática se convertirá en una poderosísima fuerza científica, económica y política para Cuba”.
Muchos han sido los esfuerzos en estos años, que van desde la enseñanza de la compu­tación en las carreras universitarias y en el sistema general de educación, hasta el desarrollo del programa de los Joven Club de Computación, los cuales socializaron y pusieron al alcance de todos estas tecnologías.
En estos años se han creado otras instalaciones especializadas en la enseñanza de las ciencias de la computación, como son la Universidad de las Ciencias Informáticas y los politécnicos de esa disciplina y este propio centro, el CITI.

Se han incorporado en varias esferas productivas y de servicios modernas tecnologías. Son numerosas las instituciones que desarrollan software y aplicaciones, y está presente en el perfeccionamiento de los servicios de salud la incorporación de nuevas tecnologías para detectar y combatir enfermedades también con soluciones informáticas.

El enorme capital humano formado por la Revolución es innegable y constituye la principal fortaleza con que contamos para enfrentar los desafíos y retos futuros. Este evento ha visibilizado ese potencial.
El bloqueo a Cuba, aunque algunos no lo quieran considerar, ha limitado el acceso a fi­nanciamiento, tecnología, sistema, infraestructura, software y aplicaciones. El reconocimiento de su fracaso como política por parte del presidente Obama y el anuncio de realizar inversiones en el sector de las telecomunicaciones para que el pueblo cubano pueda ac­ceder a las mismas, es un reconocimiento de ello. El cambio de táctica, pero no de los ob­jetivos de la política del gobierno de Es­tados Unidos hacia Cuba, acentúa la necesidad de que avancemos más en el proceso de informatización cubano.

Por otra parte, en el ciberespacio hemos enfrentado la agresión para subvertir ideológicamente a nuestra juventud, como parte de su pretensión de formar una plataforma de restauración capitalista, neocolonial y neoliberal. Conocidos son los proyectos Pirami­deo y Zunzuneo, orientados a fomentar la desideologización y desmovilización revolucionaria en nuestros jóvenes. Por un lado, se apoya con medios, dinero, cursos, viajes, intercambios y tecnología a sus mercenarios; y, por otra parte, se le niega a un pueblo digno y heroico su derecho al desarrollo. De igual forma, se conocen los planes de espionaje a gobiernos y personas utilizando perversamente estas tecnologías.

La primera denuncia pública de este tema fue formulada por nuestro presidente, el Ge­neral de Ejército Raúl Castro Ruz, en la inauguración de la Segunda Cumbre de la Co­munidad de Estados Latinoamericanos y Ca­ribeños, CELAC, en La Habana, el 28 de enero del 2014, cuando expresó: “El año pasado fue develada la existencia de un sistema global de espionaje de las comunicaciones por parte del gobierno de Estados Unidos, del que fueron blanco indiscriminado jefas y jefes de Estado y de Gobierno, organismos internacionales, partidos políticos, empresas y ciudadanos de la región en flagrante violación del Derecho Internacional y de la soberanía de los Estados.

“Otro asunto que genera gran preocupación por sus potencialidades para provocar conflictos internacionales es el empleo encubierto e ilegal por individuos, organizaciones y Estados de los sistemas informáticos de otras naciones para agredir a terceros países. Algunos gobiernos han expresado incluso la posibilidad de responder a esos ataques con armas convencionales. El único camino para prevenir y enfrentar estas novedosas amenazas es la cooperación mancomunada entre todos los Estados, al igual que para evitar que el ciberespacio se convierta en un teatro de operaciones militares”, fin de la cita
.
Estas verdades no pueden ser olvidadas, y cualquier análisis que las obvie es incompleto e injusto. Yo diría que contando con pocos recursos y mucha voluntad se ha hecho mucho, aunque no todo lo que necesitamos, ni de la manera más coherente y eficiente, y por estas razones hablamos de informatización y de ciberseguridad.

Es este, entonces, un marco propicio para, a partir de estos razonamientos, ratificar la voluntad política del Partido y el Gobierno cubanos para avanzar en un amplio proceso de informatización que garantice el uso seguro y amplio de Internet de manera inclusiva en función del desarrollo del país.

El Estado trabajará para que este recurso esté disponible, accesible y costeable para todos.

Debemos entender que derecho y responsabilidad coexistirán. Hay una responsabilidad del Estado y la sociedad para que esto se haga efectivo, pero también presupone la convivencia con otros derechos fundamentales: el derecho a la información, la comunicación, la participación, la rendición social de cuentas, unido a la responsabilidad individual y colectiva.

El derecho a Internet se acompaña, por tanto, de los deberes del ciudadano y de las organizaciones e instituciones para con la sociedad. Es, por tanto, totalmente responsable reconocer que el derecho de todos a Internet supone deberes en relación con su uso adecuado y conforme a la ley, y supone también la responsabilidad de velar por la defensa del país y su integralidad.

Internet debe ser una herramienta al servicio del desarrollo humano sostenible del país y su inserción efectiva en el concierto de naciones.

Internet y el acceso a las tecnologías de la información y las comunicaciones en general ofrecen oportunidades para que las personas, las organizaciones y las comunidades puedan desarrollar su pleno potencial, promover su desarrollo sostenible y mejorar la calidad de vida.
Internet no resuelve los problemas por sí solo, pero puede ayudar a respaldar las estrategias en función del desarrollo social.

Son los problemas fundamentales de la sociedad, sus desafíos económicos, sociales y culturales los que deben estar en el centro de la estrategia y demandar su uso creativo e intensivo
El desarrollo de la ciencia es inconcebible hoy sin Internet, y la participación de nuestros científicos en las corrientes principales de la ciencia está mediada por la capacidad de acceder a una Internet de calidad. La estrategia de acceso a Internet debe ser diseñada, desarrollada e implementada sobre la base de la más amplia participación y para contribuir y potenciar el desarrollo humano sostenible.
El acceso a Internet supone al mismo tiempo desafíos y oportunidades, pero constituye una acción necesaria para el desarrollo de la sociedad en las condiciones contemporá­neas. La estrategia a su acceso debe convertirse en un arma fundamental de los revolucionarios para lograr la participación social en la construcción del proyecto de sociedad que queremos, desde un diseño integral de país.

 En tal sentido, la estrategia de uso de esta herramienta para el desarrollo humano sostenible, de acuerdo con el modelo de sociedad cubano, tiene que ser liderada por el Partido y debe involucrar a todas las instituciones y a la sociedad para lograr el más pleno uso de sus potencialidades en función del desarrollo nacional.

Internet como medio de acceso a la información y a la comunicación, impone desa­fíos a las formas hasta ahora prevalecientes de organización y participación social.

El socialismo le otorga un lugar preferencial al derecho a la información como condición para el pleno ejercicio de la crítica y la participación del pueblo. Internet plantea de­safíos a las formas tradicionales de comunicación social, al uso de los medios de comunicación, al papel de los individuos en el espacio público y exige la existencia de políticas, normas y formas de funcionar nuevas que deben alinear infraestructuras, servicios y contenidos para garantizar ese derecho.

Internet, además de un espacio de acceso a la información, es un espacio para la comunicación social, la cooperación, la asociación y el trabajo en sus más variadas manifestaciones y como tal debe favorecerse.

Las regulaciones de Internet deben ser coherentes con las normas, principios y políticas sociales y deben ser transparentes para todos los ciudadanos, dejando claramente establecidos derechos y deberes. En tal sentido, las regulaciones y normas que rigen el acceso a Internet y su uso, deben ser coherentes con la legislación vigente y alinearse con los principios generales de la Constitución y demás leyes y ajustarse a las cambiantes necesidades del desarrollo social.

Internet es una herramienta al servicio de la identidad y la cultura nacional y de la inserción soberana y universal de los cubanos, incluida la soberanía tecnológica.

El fomento y universalización del acceso y uso de Internet deben formar parte del proceso de desarrollo cultural nacional en su más amplio sentido y deberá acompañarse del fomento de la producción cultural nacional, la promoción de sus valores y la más amplia difusión nacional e internacional. Es parte de la infraestructura básica para el desarrollo de las actividades económicas y empresariales del país y el desarrollo de las capacidades nacionales en este campo y al propio tiempo una actividad económica con alto potencial de desarrollo.

En este contexto deberá fomentarse la crea­ción de una infraestructura de Internet de acuerdo con nuestras posibilidades, que sirva de base para el desarrollo de las actividades económicas a todos los niveles: los estatales, las cooperativas y de los sectores cuentapropistas.

Al propio tiempo, Internet propiamente dicha tiene un potencial generador de servicios y de actividades económicas que constituyen ellas mismas fuentes generadoras de empleos, recursos y crecimiento económico. Es esta una plataforma para el desarrollo na­cional que está sujeta al control social. Ade­más de garantizar una gestión efectiva de sus recursos, es imprescindible establecer mecanismos de rendición de cuenta que permitan verificar en qué medida el uso de este recurso está en función de las metas del desa­rrollo del país y del mejoramiento de la calidad de vida de los cubanos.

Es un deber y una responsabilidad administrativa controlar que los recursos puestos en función de metas sociales se usen en esa dirección y que el uso de los recursos disponibles se pongan en función de apoyar las metas prioritarias de la nación.

En el transcurso del evento y como parte de su intenso debate, hemos reconocido co­mo problemas existentes la ausencia de política, la implementación lenta y carente de integralidad, la fragmentación, la sectorialización, el marco regulatorio fragmentado, sectorializado y desintegrado, la ineficiencia de los servicios, una determinada desprofesionalización y dispersión de los recursos humanos, existencia de ilegalidades, centralización del desarrollo de la infraestructura, falta de transparencia en el uso de los recursos de la Internet cubana, limitaciones del acceso en las instituciones, dependencia tecnológica, insuficiente dinámica de desarrollo de servicios y contenido, complejidad en la aprobación del acceso a Internet de personas e instituciones, todas las cuales atentan contra el logro de una adecuada informatización de la sociedad

Sería bueno también considerar como pro­blemas y desafío la capacidad de los centros de datos nacionales, la falta de dispositivos de acceso, la legislación nacional coherente con los principios ordenadores, la educación en Internet y sobre Internet, la educación a través de Internet, la gestión y acceso al conocimiento y la cultura general integral en In­ternet, los estándares libres y de código abierto, la participación on line en los asuntos pú­blicos, la protección de los consumidores en Internet, la salud y los servicios sociales en las redes, las soluciones jurídica y judicial de las actuaciones relacionadas con Internet, el te­ma audiovisual, que es hoy el código de co­municación fundamental con las nuevas ge­neraciones, y la automatización, que tiene que responder a las problemáticas que plantea la situación demográfica del país.

Y yo pido que siempre que hablemos de informatización le incorporemos la automatización, como una línea de desarrollo esencial para el país en los tiempos actuales.

La solución de los mismos debe ser contenido esencial de las bases, ejes estratégicos y prioridades de la estrategia de informatización y ciberseguridad de la nación cubana para definitivamente lograr un servicio de calidad en función de los objetivos supremos del país.

Antes de concluir, quiero sumarme al agradecimiento al CITI, a la CUJAE y a los organizadores de este evento, entre los que se encuentran el Ministerio de Comu­ni­ca­ciones, el Minint, las Fuerzas Armadas Re­vo­lucio­narias y el Ministerio de Edu­ca­ción Superior.

Compañeras y compañeros:

Este sistema de trabajo es dirigido por la máxima instancia del Partido, el Estado y el Gobierno, a través del Consejo de Infor­mati­zación y Ciberseguridad, creado hace dos años, con la misión de proponer, coordinar y controlar las políticas y estrategias integrales, asociadas al proceso.

En correspondencia con los riesgos y amenazas identificadas en el ciberespacio se diseñan acciones para proteger nuestra soberanía y afianzar la cooperación internacional en materia de ciberseguridad con otras naciones como China y Rusia, países con los cuales recientemente firmamos convenios de colaboración.

Las opiniones generadas del taller y el foro-debate en la red contribuirán a enriquecer las proyecciones de trabajo a corto y mediano plazo.

Solo la integración de la inteligencia colectiva, como el resultado de la formación del capital humano creado en estos más de 55 años de Revolución, permitirá alcanzar los resultados esperados.
La única forma en que Cuba puede integrarse soberanamente a Internet, es con una visión de nación y una infraestructura con servicios nacionales integrados que beneficien al universo de sus instituciones, organizaciones y ciudadanos. Necesitamos distinguirnos como país socialista por una Internet y por una informatización con todos y para el bien de todos.

No podemos temer a los desafíos que im­pone una red como Internet; no podemos renunciar al proyecto de una sociedad más justa, libre y democrática que sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre y que se haga efectiva en el contexto que nos ha tocado vivir.

La informatización e Internet deberán acompañar la oportunidad de todos los cubanos de participar de forma activa en la construcción del país socialista, próspero y sostenible que compartimos en nuestras aspira­ciones.

Trabajemos todos por lograr la necesaria informatización de la sociedad cubana: en esta batalla también venceremos.

Muchas gracias (Aplausos

Es necesario que los Estados Unidos tengan en mente el pasado al relacionarse con Cuba

Para poder hacer una mejor valoración de los recientes cambios en las relaciones entre los Es­tados Unidos y Cuba, es necesario que tengamos una mejor comprensión de la historia.

Muchos de los debates que se han producido en los Estados Unidos durante las últimas semanas se han centrado en las diversas formas de revertir el impacto que más de 50 años de la historia reciente han causado, catalogados por el diario The Wall Street Journal como un periodo de “relaciones muy tensas”
.
Pero Cuba ha experimentado estos años de “relaciones muy tensas” de una manera muy diferente a la manera en que lo han experimentado los Estados Unidos. En Cuba, este periodo de “relaciones muy tensas” ha significado medio siglo de esfuerzos sostenidos por parte de los Estados Unidos para promover un cambio de régimen, entre los cuales se incluyen las sanciones económicas punitivas y el aislamiento político, una invasión armada, innumerables planes de asesinato contra líderes cubanos y años de operaciones encubiertas, entre ellas los sabotajes a la agricultura, la industria y el transporte en Cuba.

Pero al decirlo así parecería tratarse de un asunto demasiado simple. En realidad, la memoria de los cubanos se adentra profundamente en el pasado y se remonta a los 150 años de política estadounidense destinada a obstruir la soberanía y la autodeterminación cubanas. La injerencia de los Estados Unidos en los asuntos internos de Cuba ha dejado profundas huellas en la memoria de los cubanos, y debe ser entendida como el contexto en el cual Cuba aborda el diálogo con los Estados Unidos.

Ese es el motivo por el cual los cubanos tratan a los Estados Unidos con recelo. Esa es la razón por la cual el 17 de diciembre el Presidente Raúl Castro hizo referencia al compromiso que tenían los cubanos de “ser fieles a nuestros ideales de independencia”.

Aquellos que en los Estados Unidos defienden las tan bien acogidas iniciativas de reanudar el diálogo con Cuba, basan sus argumentos a favor del establecimiento de relaciones normales en el hecho de que las décadas de aislamiento político y de sanciones económicas no han podido producir los resultados deseados. La nueva política, según afirmó el Presidente Barack Obama, servirá para “poner fin a un enfoque anticuado”. Obama subrayó la necesidad de “intentar algo diferente”. La vieja política, según dijo, “no ha funcionado”.

Por supuesto, la política “no ha funcionado”. Es obvio que la aplicación de una nueva política está muy justificada. Pero también es cierto que los que defienden el cambio de un “enfoque anticuado” deben andarse con pies de plomo, porque en Cuba no es necesario tener mucha imaginación política para inferir, de un modo fatídico, cuál es el significado más amplio que han tenido los pronunciamientos que justifican el abandono de una política que “no ha funcionado” ¿no ha funcionado para qué? Es hora de intentar “algo diferente” ¿para promover un cambio de régimen? ¿Acaso se puede deducir que lo que ha cambiado han sido los medios y no el fin?

En realidad, las razones que justifican un cambio de política serían mucho más avanzadas si se basaran en el hecho de que las relaciones diplomáticas normales le brindarían a los Estados Unidos “la oportunidad de influir en el curso de los acontecimientos”, tal y como ha expresado Obama.

Tampoco la desconfianza expresada oficialmente por Cuba se ha disipado con los tan publicitados encuentros, al parecer obligatorios, entre las delegaciones estadounidenses visitantes y los disidentes. Pudiéramos imaginar los alaridos de indignación en los Estados Unidos si una delegación oficial cubana se reuniera con representantes del movimiento Occupy Wall Street.

La tarea que tienen los Estados Unidos y Cuba tiene que ver tanto con el pasado como con el presente. Es preciso que el gobierno de Obama avance con mucho tacto.



* Louis A. Pérez Jr. es profesor J. Carlyle Sitterson de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, Estados Unidos.