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miércoles, 27 de enero de 2021

Actor estadounidense Tyrese Gibson pide a Biden terminar el bloqueo a Cuba

 

El actor y cantante estadounidense Tyrese Gibson.

El actor estadounidense Tyrese Gibson es otra de las personalidades que se ha sumado sumarse en los últimos tiempos a los pedidos para que el presidente Joe Biden adopte una postura favorable hacia Cuba.

El mensaje, dado a conocer a través de su cuenta en la red social Instagram refiere: ¿Podemos levantar el embargo en todo lo que se refiere a Cuba, por favor? Queremos esa buena energía fluyendo abiertamente tan pronto sea posible”.

En la misiva, el también modelo y cantante, conocido entre otros trabajos por su participación en las entregas de Fast and Furius, demostró su simpatía por la isla bajo signos de exclamación ¡Amamos Cuba!, a la par que calificó el bloqueo como una medida racista.

El  mensaje resalta el acercamiento que ocurrió entre ambas naciones durante la Administración Obama como uno de los mayores logros del expresidente, pero recuerda que desafortunadamente llegó el expresidente Donald Trump (“el hombre naranja”) y “mató el sueño”.

La jocosidad que caracteriza al intérprete del personaje Román en la saga Rápido y Furioso es notoria del inicio de su petición: “¡Pásame uno de esos tabacos cubanos!”.

Tyrese aprovechó, también, para comentarle al presidente Biden que es un orgulloso votante de la fórmula Biden-Harris y que mantiene buenos pensamientos (“amor y luz siempre”) para ellos.

El mensaje de Gibson en Instagram. Foto: Captura de pantalla.

jueves, 22 de marzo de 2018

ICAIC: El irrespeto a símbolos patrios no puede admitirse como libertad de creación



Declaración de la Presidencia del ICAIC: 

La Muestra Joven es uno de los principales eventos del ICAIC, como espacio de encuentro para las obras y los creadores audiovisuales más jóvenes del país.

Organizada desde 2001, la Muestra cuenta con instalaciones en el propio ICAIC que funcionan con nuestros recursos financieros y materiales, a los que se agregan otros adicionales para la realización del evento, en particular, nuestras salas y espacios principales, como el cine  Chaplin y el “23 y 12”. Por la prioridad que requiere su trabajo, el equipo coordinador sostiene una comunicación directa con el Presidente y con otras áreas del Instituto.

Un análisis de las obras exhibidas en los últimos años evidencia la gran diversidad de miradas y de contenidos, que reflejan las formas, muchas veces polémicas, en que nuestros creadores audiovisuales más jóvenes perciben, interpretan y sienten la realidad en que viven.

Después de cerrada la selección de obras para la Muestra Joven 2018, su equipo coordinador presentó a la Presidencia del ICAIC la solicitud de exhibir fuera de concurso el largometraje Quiero hacer una película como obra en proceso.

En el filme, un personaje se expresa de forma inaceptable sobre José Martí. Un insulto a Martí, sea el que sea y en el contexto que sea, es un asunto que no solo concierne al ICAIC, sino a toda nuestra sociedad y a todos lo que el mundo comparten sus valores. No es algo que pueda admitirse simplemente como expresión de la libertad de creación.

Como parte de nuestra política cultural y de nuestro compromiso con la sociedad, el ICAIC rechaza cualquier expresión de irrespeto a los símbolos patrios y a las principales figuras de nuestra historia.

Aun así, la Presidencia del ICAIC ofreció el visionaje y análisis de la obra con sus creadores para confrontar nuestros puntos de vista.

Sin esperar a este debate conjunto, el filme fue retirado de la Muestra por sus creadores, al tiempo que aparecen comentarios en las redes con críticas al ICAIC, desde los medios y las personas que solo se ocupan de nosotros cuando algo les sirve para atacar la institución. El mismo equipo coordinador de la Muestra, de manera poca ética, hace público su desacuerdo con la Presidencia del ICAIC por vía directa en las redes sociales.

Ante esta situación, el ICAIC ratifica que junto a la defensa de la libertad de creación artística, continuaremos defendiendo el derecho de la institución a adoptar sus propias decisiones, en el marco del diálogo y del respeto mutuo entre los creadores y la institución.

La Presidencia del ICAIC ratifica, una vez más, su voluntad de continuar apoyando la Muestra Joven ICAIC como uno de sus principales eventos.


Presidencia del ICAIC

viernes, 1 de enero de 2016

Cuba libre: El oportunismo en la pantalla (+ Video)




Humberto Solás ya legó al cine cubano una película sobre el oportunismo, Un hombre de éxito. Recorriendo la historia prerrevolucionaria, Solás centra en un personaje el camaleonismo que incluso llega a dejar una puerta abierta con el martirologio de su hermano para intentar insertarse en la realidad revolucionaria, más como inquietante mensaje hacia el presente que como realidad histórica.
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A mi juicio, Cuba libredirigida por Jorge Luis Sánchez, da otra vuelta de tuerca al tema pero lejos del recorrido por decenios de historia neocolonial, ha concentrado la mirada en un instante crítico del devenir cubano para hablarnos de los engaños, comportamientos camaleónicos, servilismos y traiciones que el traspaso de las manos españolas a las estadounidenses, frustrando los sacrificios de tres décadas de guerras independentistas, desató en la Cuba de 1898 en un proceso hábilmente conducido por los interventores norteamericanos, quienes supieron aislar a aquellos que vieron con claridad sus intenciones y se les opusieron y, por otra parte, utlizar en su provecho las debilidades de los que -juzgaron los norteamericanos- podían servirles mejor. Unos y otros serán desechables según dicten las circunstancias.

Un guión escrito en 1998 y cuya preproducción comenzó en 2013, ajeno su director a lo que sucedería el 17 de diciembre de 2014, ha tenido su estreno comercial en Cuba un año después de esa fecha, desatando lecturas inevitables, que – como en su excelente documental sobreFidelio Ponce– son un instrumento para mirar el presente a través de el pasado.

Con personajes arquetípicos y cargados de simbolismo: el cura, la maestra, el jefe mambí, su segundo Lamberto, devenido alcalde por designación estadounidense, la abuela negra que guarda las armas para revoluciones por venir, la prostituta, el coronel yanqui y sus subordinados negros, el director logra el entorno verosímil en que se mueven los dos niños que protagonizan la historia. El hecho de que los roles sean arquetípicos no quiere decir que los personajes estén libres de contradicciones que la mayoría de las actuaciones en el filme logran exponer convincentemente
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Manuel Porto en el rol del cura  veleidoso y oportunista vuelve a dar lecciones de actuación con un personaje clave en la película y da vida a un aspecto de nuestra historia poco tratado en el presente: la complicidad de la jerarquía eclesiástica con el colonialismo español y el imperialismo yanqui. El director ha tenido la valentía, en un contexto en el que hasta  la Operación Peter Pan pareciera se ha vuelto innombrable, para recordarnos que las actuales relaciones entre el patriotismo y la Iglesia católica, con un Papa que acaba de dejarnos un mensaje humanista y solidario, no siempre han sido de esa manera.
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En la maestra Alfonsa, interpretada magistralmente por Isabel Santos, cuándo no lo ha hecho así, se logra hacer creíble un autoritarismo que muy probablemente en otra actriz sin sus dotes hubiera rayado en la caricatura. El dúo del cura y la maestra nos habla sobre la doble moral que suelen esconder los extremismos, y también ilustra el dañino papel de la educación religiosa al servicio de un orden injusto.
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Punto y aparte para los dos niños que interpretan a quienes deben asumir los descubrimentos de su edad en un entorno que cambia dramáticamente y son utilizados con el mismo interés manipulador que si confunde a los adultos qué no logrará hacer con quienes apenas comienzan a conocer el mundo. Convencen y conmueven, ayudados por una fotografía que hace belleza de la miseria que protagonizan en una realidad que cada vez más nos es mostrada como próspera y feliz porque la mayoría de las veces se olvida contarnos que  son las clases pudientes y minoritarias las que nos hablan desde la arquitectura que ha trascendido gracias al trabajo de los humildes.

El actor noruego que encarna al coronel estadounidense logra transmitir con su desempeño todo el cinismo, frialdad y cálculo de una conducta que nos acompaña hasta hoy: intereses más que aliados suele decirse que tienen los Estados Unidos. La carne de cañón, los combatientes negros norteamericanos arrastrados a una guerra que no es suya, es el único espacio de los interventores donde los indepentistas cubanos son comprendidos.  El liderazgo mambí  es presa de las contradicciones que en el campo libertador supo aprovechar muy bien el poder interventor y contra él son lanzadas las mismas armas con que nos acechan en la actualidad: promesas que serán incumplidas, prebendas para estimular divisiones y hasta fabricadas confrontaciones generacionales cuando el hijo del jefe insurrecto recibe una beca en EEUU para influir en su padre.
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Otro guiño al presente es la acumulación de objetos simbólicos que hacen los interventores y que va convirtiéndose en una especie de altar del pasado en el interior del colegio convertido en cuartel por los norteamericanos mientras en el exterior se despliegan los símbolos del ocupante. Desde la bandera hoy muy visible en nuestras calles hasta un símil de la  emblemática estatua que en 1989 fuera levantada temporalmente en el Tienanmen de las protestas proocidentales van poco a poco llenando la vida cotidiana en el pueblo donde se desarrolla la película, al tiempo que la “desmoralización” -en palabras del coronel mambí- cunde en las fuerzas libertadoras.

Inevitable recordar el despliegue simbólico del 14 de agosto -autos clásicos, marines buenos y exitoso poeta cubanoamericano mediante- en la apertura de la embajada de Estados Unidos en La Habana  o la mixtura  imposible entre desiguales que -como si se tratara del trago homónimo con la película- ya intentó imponernos un Mickey Valdés.

“Este inicio de siglo replantea, muy agravada y a su modo, la problemática del 98: el imperialismo entonces naciente es hoy hegemónico, el independentismo entonces aplastado es hoy irreductible, el eterno reformismo intenta volver por sus fueros y el anexionismo por sus desafueros”, escribió Cintio Vitier hace unos años. En ese contexto, la estrategia norteamericana no deja de buscar Lambertos agazapados entre nosotros, son hoy “el cuadro más útil” siempre más preocupado por complacer  a los jefes que por servir al pueblo, rehuyendo el contacto con los problemas de la gente pero siempre listo y posicionado por si regresan los tiempos del “yes, sir”; son los guatacas, los que callan las críticas y asienten en las reuniones y por lo bajo intrigan y dividen en oficinas y pasillos mientras buscan sacar su tajada de cada situación.

Raúl acaba de llamar en el Consejo de Ministros a ir a la base  y enfrentar  allí los problemas;  “hay que ir hasta allí, hay que conversar, no se le puede dejar terreno al derrotismo” ha dicho uno de los mambises que entró en 1959 en Santiago de Cuba, revirtiendo la historia que nos cuenta Cuba libre. Para esa conversación, que debe trascender lo coyuntural y mirar también sobre lo que está en juego en nuestro presente y nuestro futuro, la película de Jorge Luis Sánchez es inquietante y a la vez movilizadora.

martes, 28 de julio de 2015

Falleció en La Habana la notable actriz Alina Rodríguez


Foto: Fotograma de la Película
Alina Rodríguez una de las actrices cubanas más relevantes de todos los tiempos, admirada por sus excepcionales dotes histriónicas y muy querida por su nobleza, como ser humano, falleció en esta capital, víctima de cáncer.

Nacida en La Habana, el cuatro de octubre de 1951, uno de sus trabajos más valorados recientemente fue su personaje de la maestra Carmela en la multipremiada película Conducta, de Ernesto Daranas, destaca la información de la AIN.

Entre los numerosos lauros que mereció por su Carmela, figura el de Mejor Actriz, otorgado por El Havana Film Festival New York en 2014,

Alina fue muy versátil, tanto en el teatro como en el cine y la televisión y entregas suyas -como su protagónico en el filme Maria Antonia, de Sergio Giral-, constituyen hitos en el universo de las actuaciones en la Isla
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En las tablas dejó huellas memorables con obras como Contigo pan y cebolla, de Héctor Quintero o en su mítico mano a mano con Adolfo Llauradó en En el parque, del ruso Alexander Guelman.

La pequeña pantalla se prestigió con sus actuaciones en telenovelas aún recordadas como su personaje de Justa en Tierra Brava y en el campo de la enseñanza impartió clases de actuación y dirigió a profesionales y aficionados en varios proyectos con carácter comunitario.

Sobre su labor creativa, voces autorizadas han opinado muy favorablemente, como la muy reconocida actriz y conductora Consuelito Vidal quien expresó: íQué tronco de actriz es esa Alina Rodríguez!, para los cubanos ítronco! de lo que sea, es lo máximo, la cima, esa es la protagonista de María Antonia.
En varias oportunidades esta excepcional intérprete declaró no tener preferencias por personaje alguno sino que su sueño profesional siempre ha sido hacer cosas buenas.

"No tengo nada en específico que desee, no tengo un personaje, pero sí me interesan los roles que dicen cosas, que tienen algo que decir interesante, que hagan reflexionar a la gente, que los mueva, que sea un personaje bueno y un guión bueno, algo que no siempre ocurre, siempre no nos toca", expresó a la prensa en una ocasión.

El deceso de Alina constituye una gran pérdida para la cultura cubana. Su cadaver está expuesto en la habanera funeraria de Calzada y K.

lunes, 9 de marzo de 2015

La pared de las palabras: la obra cumbre de Fernando Pérez

La pared de las palabras: la obra cumbre de Fernando Pérez


Ha sido tan sobreprotectora parte de la crítica cubana con el cine nacional, elevando a nichos u Olimpos que no le correspondían a películas simplemente correctas, que los pastores corren el riesgo de no hacerle caso al grito de lobo, cuando de verdad aparezca uno dispuesto a devorarte tu apatía ante la reiteración sin límites en el arte cinematográfico contemporáneo; y de paso plantar bien sus huellas al sentar cátedra en pantalla y narrar mediante una convicción apabullante que te recorte el resuello, enardezca tus sentidos críticos y plantee una opción estimulante al pensamiento como lo ha conseguido La pared de las palabras (Fernando Pérez, 2014).

No había asomado su lomo otro gran lobo blanco por estas áridas estepas fílmicas, desde los tiempos de Barrio Cuba (Humberto Solás, 2005), del cual escribí a la hora de su estreno: “Lleva envuelto en sus imágenes este filme intempestivo dentro de la ficción cubana dos infinitas pero nutritivas horas de estudio del estado de la tristeza, la angustia y el pesar que suele interponerse en la travesía a la realización -o la irrealización- humana (…)”. Pues bien, Fernando ha realizado otra notable película sobre el dolor que, al margen de sus diversos entresijos de análisis, no posee ninguno superior al poder de ese gran agujero negro de atracción -en términos cósmicos- que es la pena viviente arrostrada por esa madre encarnada por Isabel Santos de tener al hijo (Jorge Perugorría) preso de una incurable enfermedad.
 
El mal le aniquiló al vástago hasta la capacidad de locomoción; pero a la progenitora le arrancó la posibilidad de reconectar con la electricidad de la vida, la alegría, atender al paso de (todas) las estaciones naturales y humanas, el deseo, la carnalidad. Sinceramente, a mí me interesa más cuánto pasa en el interior de esa mujer que en el manicomio. La aprecio como el vórtice gravitacional de un relato que tiene en ella su razón de ser para desarrollar uno de los personajes más complejos, ricos, multidimensionales, conflictuados de la historia del cine cubano. Hasta hoy no había cumplido, jamás, en su carrera Isabel Santos con una misión tan difícil como incorporar un personaje tan monstruosamente magno como este. Es el anhelo supremo del gran intérprete. 
 
La Santos articula aquí composición histriónica de categoría, cuyo registro facial se transmuta en un perfecto diccionario de las emociones que lindan entre la angustia, la resignación y la pena más crispante. La película completa está alimentada de la poesía dolorosa de su rostro, pero hay planos y escenas en que ella convierte en majestuosa la propia desolación, a la manera de los autores clásicos. Vean su faz (una babel de sentimientos encontrados, congoja, pesimismo, no salida, ¿por qué a mí?) en los minutos 31, 35, 42, 63 (en su bronca más que catártica, definidora del sentido de su vida, con el hijo sano), 70, 71, 77 (cuando trae para su casa a Maritza, la Down enamorada de Luisito, su hijo enfermo, y los observa a ambos en el cuarto: el plano fijo a la mirada de Isabel no va a salir de la cabeza de quien ame al Cine en mucho tiempo).
 
La pared de las palabras es una parábola acerca de la ofrenda necesaria de una madre (aunque constituya sacrificio no será el vocablo justo a emplear por una de ellas) ante el derrumbe físico y mental de su cría, pero también un examen meticuloso y hondo a los quiebres humanos por el azar malicioso que puede entorpecer o cercenar esperanzas y metas, una proposición a atisbar el milagro del amor dentro de los reductos menos pensados. Resulta, además, la mano tendida, la sugerencia noble de un artista sensible como Fernando Pérez para reparar y respetar que hay (en el escenario retratado, lo mismo que en otros vinculados a las distintas otredades) vida, sentimientos, comprensión, universos morales con códigos de conducta válidos (solidaridad: la espalda de Luisito para impedir que el compañero se destroce la frente; rechazo a lo negativo: todos los “no cuerdos” unidos contra el basural en la lluvia purificadora; sensibilidad: los “locos” aceptan de mejor grado el cuadro entregado al sanatorio por el hermano de Luisito que el burocrático funcionario del lugar contra el cual Fernando arremete en par de ocasiones…). Representa, por si fuera poco, constatación de que los muros de silencio levantados entre los hombres pueden sobrepasar la pared de las palabras ya desde el momento mismo en que estemos dispuestos a escucharnos y entendernos, sobre la base de la instancia alternativa que fuere. Las palancas de la interacción pueden bascular entre el arte y la botánica, así de grandes somos pese a nuestra debilidad lacerante y mezquindad congénita. El camino hasta encontrar esa semilla-puente se bifurcará luego hacia la pradera redentora donde pueda crecer la plantica-símbolo sembrada por Luisito. 
 
Y a Luisito llegamos. Luego de personajes poco aportadores a su carrera, al fin el protagonista de Fresa y Chocolate halla uno que re-confirme su valía. La demanda física y de talento para concebir a esta persona enferma no es en absoluto menor. Jorge Perugorría “clava” al ser humano que le tocó componer, en todo sentido, no solo en la reproducción de la incapacidad biológica en el desplazamiento u otros momentos. Los rictus faciales suyos, más que con la mímesis, la observación o el estudio, guardan relación con los dones de un intérprete marcado por la gracia. La historia no lo recordará de ahora en adelante solo por Diego, sino además por Luisito. Las sesenta libras bajadas se le convertirán en sesenta años de recuerdo. Laura de la Uz, otra vez grande en su Orquídea. Ya hace cuanto quiere. No parece tener topes. De los personajes de esta y de Maritza Ortega se vale el guion para descondensar, mediante sosegadas tintas de triste humor, la ríspida carnadura ontológica de lo narrado. 
 
El director de Suite Habana (2003) define cuidada puesta en escena donde nada desentona en los apartados técnicos -en los cuales sobresale la fotografía del habitual suyo Raúl Pérez Ureta, en esos elocuentes primeros planos y lectura inquisitoria de nuestra realidad espacial, y el montaje de Julia Yip; así como la música de Edesio Alejandro- y la dirección general de actores.
 
A Fernando, empero, de forma casi increíble para un director y guionista tan experimentado, a veces no solo se le adivina la próxima escena (al menos quien escribe, cuanto intuyó sucedería en tres o cuatro ocasiones, así ocurrió) e incurre en una solución harto facilista a la hora de “explicar” en palabras la no-relación entre Elena y su madre, mediante la carta en un funesto off de la segunda y esa analogía visual con el derrumbe estructural de la ciudad del minuto 50 que, en realidad, amén de la prolongación desproporcionada de la toma, no resulta muy orgánica que digamos, más allá de las analogías obvias sobadísimas ya por el cine cubano. Tampoco me convence el recurso, un tilín artificioso, de la verbalización postrera de Luis mediante la “comunión” con la pintura, al verificarse remarcada exteriorización de la idea y los subtextos. 
 
Así y todo, La pared…representa la obra artística cumbre de su autor en la ficción, por arriba de la que refulgía como su pieza mayor (José Martí: el ojo del canario, 2010), de Clandestinos (1988), Hello Hemingway (1990), Madagascar (1994) y de La vida es silbar (1998) y a años luz de la fallida Madrigal (2007).

viernes, 16 de enero de 2015

Isabel Santos desde siempre mi preferida.

Nota de José Miguel:

Que alegría y satisfacción encontrarme hoy en Cubadebate esta entrevista con la actriz Isabel Santos, a quien sigo desde que era una joven, porque siempre me impactó su belleza extraordinaria, su talento como actriz y su desempeño en los papeles que le tocó realizar.
Beatriz, para mi es una ! Mujer completa ! De esas que hay que admirar de pies a cabeza, y me enorgullece su trayectoria artística, pero sobre todo su posición de permanecer en Cuba contra viento y marea. Eso la engrandece mucho más. Aqui les dejo la entrevista:

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Isabel Santos: Llenar el silencio es lo más difícil en el cine

 

Isabel Fotos. Foto: Alexis Rodríguez/ Habana Radio
Isabel Fotos. Foto: Alexis Rodríguez/ Habana Radio

Por Jaime Masó
La conocí personalmente en el Hotel Nacional de Cuba, durante la edición 36 del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. Le pedí conversar durante diez minutos y no dudó en hacerlo. Siempre me dijeron que las grandes estrellas son, generalmente, humildes.

El de Isabel Santos es uno de los rostros más admirados en el cine cubano. Rostro que tiene las marcas indelebles del tiempo y es carta de triunfo para cualquier director. Verla en la pantalla es, más allá de un disfrute, una clase de actuación, de verdadera interpretación. No exagera quien escribe. Las cintas hablan y voces autorizadas del séptimo arte en Cuba y Latinoamérica lo confirman.

¿Pesa llamarse Isabel Santos?

No, para nada. ¿En qué sentido?
En el sentido de que la gente la quiere, la admira…

Bueno, claro. Uno llega a acostumbrarse, lo que no te puedes es… (Pausa breve). Cuando uno tiene veinte años esa avalancha de trabajos y admiraciones hacen que la vanidad esté ahí. Pero con los años te das cuenta que la gente te puede querer mucho o no, y que la vida es tuya aunque aparezcas en la pantalla. Eso sí: te tienes que exigir mucho en lo que haces y eso es lo que pesa. No traicionar lo que escogiste hacer y lo que ese público espera de ti. Ya no los premios, sino tu trabajo.
¿Y con el tiempo no se arrepiente?

No, ya lo hecho, hecho está.

¿Ni por escoger personajes socialmente comprometidos?

Yo me he pasado hasta diez años sin hacer cine. Diez años en la vida de una persona y una mujer soltera, imagínate que pasaría. Gracias a mi compañero de vida. No aceptar un personaje, o no aceptar un proyecto tiene un peso. No es que me dé el lujo de hacerlo, pero siempre he hecho lo que me ha gustado. Eso sí me ha llevado tensa y tiene un costo.

De esos personajes que sí ha escogido, ¿cómo sale de ellos, aunque exista un método de actuación?

Mira, yo soy una mujer súper, súper observadora. Me gusta mirar a la gente, inventarle historias. Puedo estar en un lugar y archivar cosas y cosas. También leer, ver mucho cine, interactuar con la gente y escuchar. Todo eso lo voy archivando y un día sale. Soy una mujer de 53 años, he vivido y no todo ha sido gloria ni felicidad. Todo eso lo vas guardando en el disco duro y un día de repente sale y ¡puff! Además, el proceso de investigación que uno hace para cada personaje es interesantísimo. O le pones o le quitas. Yo siempre trato de alejar los personajes de mí: me robo otras vidas, otras situaciones.

En el caso de La pared de las palabras, es una historia donde la incomunicación no es lo único que plantea, va mucho más allá: va en la sociedad, hasta con los seres más queridos de uno, el silencio, la no respuesta. Y eso sí forma parte de mi vida y puse muchas de mis vivencias en ese personaje. Para mí el silencio en el cine es muy importante, llenarlo es lo más difícil.

Cada actor trabaja diferente, es como cocinar: tú le echas pimienta, al otro no le gusta el ajo… Te lo estoy llevando a la onda más cotidiana. Yo no llevo los personajes a mi casa. No, no arrastro eso. Pero si te digo y te juro que puedo estar pelando boniatos y estoy pensando. Ese silencio que tengo en mi casa es mi manera de crear. No tengo que estar sentada delante del guion. Es como si viera pasar la película, veo moviéndose el personaje: ¿qué tiene ella que no tengo yo?, ¿qué le pongo?
No me gusta ensayar. Eso es un problema para mí, quizás es porque allá en los noventa se filmaba en 35. Por ejemplo Fernando Pérez en La vida es silbar te decía: Mira, Luisito e Isabel tienen la toma uno porque las otras la tengo para los actores principiantes. No es que fueran peores ni mejores, sino que necesitaban más tiempo.

Te repito: nunca me ha gustado ensayar, pienso que el cine es magia y cuando dicen: ¡acción!, ahí sale todo (suspira). La primera toma me jode que me la jodan si pasa algo, porque sé todo lo que estoy soltando en ese momento. Ya la segunda toma requiere otra preparación y también te da la posibilidad de hacerla diferente.

¿Se exige mucho Isabel?

Muchísimo.

¿Con los demás también?

Conmigo. La vida me ha enseñado a ser tolerante con los demás. A que cada uno es como es y yo no puedo ser una maestra. A los actores hay que dejarlos hacer.
¿No tiene prejuicios?

Claro, como todo el mundo. ¿Qué cubano no tiene prejuicios? Y más una guajira como yo. Contra esos prejuicios también he luchado. Quién me iba a decir cuando yo estaba en la Escuela de Arte, que iba a hacer desnudos completos. Eso fue una barrera que yo tuve que saltar durísima.

¿En la familia?

  Hasta en lo personal. Cuando tu naces en el batey de un central, de diez casas, ¿qué tu puedes tener en la mente? Tienes que saltar más que Sotomayor, es una lucha contra ti. Eso lo vas aprendiendo, a mirarte de otra manera. La gente siempre dice: “los desnudos son para gente joven”. No, los desnudos son del personaje aunque tenga ochenta años. Otros me dicen: “oye, como has envejecido”. Pues, claro, cómo no voy a ser diferente con todo lo que he vivido, sufrido, reído… se ve en los ojos.

¿Es su interés que el paso del tiempo se refleje en la pantalla?

 Si
¿No es una mujer preciosista?

A todos nos gusta vernos bien. A nadie le gustan las canas. De un año para otro, si la vida te machaca, te ves diferente. Pero hay que llevarlo, llevarlo bien. Siempre digo que la inocencia está en los ojos, pero la vejez también. Puedes estirarte la cara, hacerte maravillas, pero en los ojos está la vida, está todo.

Me habló de desdichas y me interesaría saber, ¿cuáles, dentro del cine, la han marcado más?

Quizás estar sentada mucho tiempo en mi casa, sin que me llamen. No me gusta ser patrón de prueba, pero tampoco alejarme tanto. Hacer una película me hace feliz, aunque sea trabajosa, falten miles de cosas y a esto último siempre le paso por arriba, voy con la luz larga, no la corta.

En ese tiempo de espera, ¿no se ha sentido rechazada?

No rechazada, pero sí me ha tocado esperar y esa espera, por supuesto, la tienes que llenar con otras cosas. Pero soy paciente.

¿Cree que sus personajes, en algún momento, marcaron o ayudaron a cambiar el discurso?
Uno nunca marca nada, marca el director. El actor pone o quita, si te dejan. En cada película que hago trato de tener ese mismo discurso del director, de eso no te puedes salir. Yo formo parte de una sociedad, de una generación con muchos sueños y que quiso cambiar muchas cosas. Todavía sigo teniendo sueños, porque si no, como dice uno de los personajes en Regreso a Ítaca: “tomo una soga y me ahorco”.

Y por eso también decidí vivir en este país. Mi compromiso con esa generación es grande. Doy vida a muchos seres que no pueden hablar, puedo entregar las vísceras, todo.

A propósito, una mujer con tantas experiencias, ¿cómo ve a la Cuba de hoy?

Una Cuba que tiene que reinventarse. No podemos seguir soñando en los ochenta. Una Cuba que hay que salvarla de alguna manera y tenemos una juventud que mirar.
¿Le duele esa generación más joven?

Me duelen muchas cosas: esa falta de solidaridad, la pérdida de valores. Ver cómo esa pirámide se invirtió a partir del período especial, cómo este país cambió al punto de ser tan diferentes. Eso sí me molesta muchísimo. Es un país que necesita vivir, pero me preocupan mucho los jóvenes, gente como tú.

¿Por qué?

Porque la gente tiene que cumplir sus sueños, tener fe.

Muchos de mi generación optan por irse y personas de su tiempo eligieron quedarse…

Me lo han preguntado y siempre respondo: Me quedé porque me da la gana. Me siento extranjera en el extranjero. Aquí tengo mi hijo, mi pequeña, mi pequeñita familia. Yo necesito respirar La Habana… ¡que no puedo vivir en otro lado! Y no te creas que no lo he intentado, en los momentos críticos lo intenté y no pude.

¿Cuál es la literatura que prefiere?

La buena, la que me llegue.
¿La música?

Mis personajes siempre tienen una música, aunque no esté en la película. Soy fans de Elena Burke, tengo todos sus discos y un día la dejo de oír, quizás un año. Un buen día la pongo y es mi fondillo musical, cada personaje camina con una música.
¿Y el cine?

Ahora estoy mirando todo lo que se hizo antes y te parece tan grande. Todo está inventado, uno no está descubriendo el agua tibia. Me encanta cuando los jóvenes creen que lo están haciendo, así empezamos todos. Pero hay que ir atrás.

¿Sería descabellado verla detrás de las cámaras, frente a un largometraje?

No, eso son palabras mayores. Te lo juro por todos mis seres queridos que todavía no lo he pensado. A mí me gusta pensar las cosas.

Por último, ¿se equivoca quien afirma que Isabel Santos es una mujer triste?

Los amigos dicen que soy el ser más simpático, el alma de la fiesta, fiesta de los amigos. Imito muy bien a la gente, a programas específicos de la televisión… Tengo mis momentos, como todo. Me ocupo mucho de mi casa, mi pareja, de mi perro pekinés (se ríe). Uno llena las cosas que faltan con otras. En la vida uno va balanceando.



(Tomado de Habana Radio)

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Rebeca Chavez habla del "día más largo".


Una entrevista excepcional que permaneció en el olvido durante más de 50 años y fue encontrada por la cineasta Rebeca Chávez en medio de una búsqueda casi detectivesca, llegará a las pantallas del 33 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano en la sección no competitiva “Hecho en Cuba”. El protagonista es nada menos que el joven Fidel Castro, en vísperas de su entrada en La Habana tras el triunfo de la Revolución.