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miércoles, 19 de agosto de 2020

Lo que Trump dice sobre Kamala Harris ilustra cómo ve a las mujeres: “Desagradables” o amas de casa



Donald Trump. Foto: Reuters.
Desde que la senadora Kamala Harris se unió a la fórmula presidencial de los demócratas, el presidente Donald Trump ha respondido clasificando a las mujeres en dos categorías: la buena “ama de casa de los suburbios” que votará por él y las mujeres desagradables (nasty) que no le han demostrado, ni a él ni a sus aliados políticos, respeto suficiente.

Después de que Joe Biden, el candidato propuesto por los demócratas, anunció el martes que Harris sería su compañera de fórmula, Trump no tardó en ubicarla en la casilla de las “desagradables”, una categoría que ocupó la última mujer que contendió contra él en una papeleta del partido Demócrata.

“Con Brett Kavanaugh, en ese entonces el juez Kavanaugh y ahora el magistrado Kavanaugh, fue verdaderamente desagradable”, señaló Trump sobre Harris.

El presidente empleó la palabra “desagradable” o alguna variación de ella no menos de cuatro veces cuando se refirió a las audiencias de confirmación del Senado celebradas en 2018. En ese momento, Kavanaugh, quien pretendía airadamente rebatir el emotivo testimonio de Christine Blasey Ford, una profesora que lo acusó de acoso sexual en una fiesta en 1982, fue el receptor de las preguntas de Harris, una exfiscal.

En un momento, la senadora Harris le preguntó al nominado a la Corte Suprema si podía pensar en alguna ley existente que le permitiera al Gobierno tomar decisiones sobre el cuerpo masculino. Kavanaugh no pudo hacerlo.
“Fue desagradable al grado de hacer algo monstruoso”, afirmó Trump el martes. “Y eso no lo olvidaré tan pronto”.

Rápidamente surgieron los ataques. El miércoles en la mañana, después de que sus aliados de Fox News pasaron la noche comparando a Harris, de ascendencia jamaiquina e india, con “vendedores de tiempo compartido” y “prestamistas” poco éticos, Trump se jactó de que el “ama de casa de los suburbios” estadounidense –una etiqueta usada por el mandatario para apelar a los temores racistas de los blancos acerca de las iniciativas de integración en los vecindarios– lo favorecerá en noviembre.

“Quieren seguridad”, escribió Trump en Twitter, y añadió que “están encantadas de que terminé el programa que consistía en que las viviendas para personas de bajos ingresos invadieran su vecindario”, en referencia a una iniciativa del Gobierno de Obama que promovía la diversificación de las comunidades estadounidenses.

En asuntos de racismo y género, Trump siempre ha creído que dar rienda suelta a sus instintos ha mejorado su marca política. Pero al igual que la actitud de la población hacia el racismo ha cambiado y amenaza con convertir al presidente y su simpatía por la Confederación en una reliquia viviente, también son anacrónicas sus ideas sobre las mujeres estadounidenses, sobre todo las de los suburbios.

Según la información recabada por Lyman Stone, investigador del Institute for Family Studies, las esposas suburbanas que se quedan en casa solo representan el cuatro por ciento de la población total en Estados Unidos.
Al analizar los datos de manera más detallada, la Oficina de Estadísticas Laborales reportó en 2019 que la tasa de participación de la fuerza laboral de las mujeres con hijos menores de seis años era del 66%. La tasa de participación de la fuerza laboral de las mujeres con hijos de seis a 17 años era del 77%.

Desde hace mucho tiempo las encuestadoras han dicho –en referencia al problema del presidente de alejar a algunos simpatizantes con sus comentarios racistas y sexistas– que Trump no puede darse el lujo de perder al grupo imprescindible de mujeres, en su mayoría blancas y suburbanas, que le ayudaron a ganar la presidencia en 2016. Pero en junio, una encuesta encargada por NPR/PBS NewsHour/Marist demostró que el 66% de las mujeres suburbanas desaprobaban la gestión de Trump.

Celinda Lake, una veterana encuestadora demócrata, dijo en una entrevista el miércoles que el panorama con las mujeres suburbanas se ha oscurecido aún más para el presidente, a medida que se prolonga 

la pandemia del coronavirus, lo que les está provocando incertidumbre con respecto a la economía y las está obligando a decidir si volver a mandar a sus hijos a la escuela o mantenerlos en casa.

“Si él confía en que ese grupo lo salve, más vale que se consiga un chaleco salvavidas”, comentó Lake sobre las mujeres blancas suburbanas. “A ellas les gusta la seguridad, pero creen que la falta de un plan definido de Trump, su liderazgo deficiente y el hecho de que no escucha a los expertos ha puesto en un mayor riesgo a sus familias”.

Añadió que “incluso las mujeres blancas no universitarias están poniéndose en su contra, y estas son algunas de las mujeres que se ven más afectadas por su mal manejo” en la respuesta al coronavirus.

Cuando Trump insultó a Harris el martes, aderezó su calificativo misógino habitual de “desagradable” con otros insultos y se refirió a ella como la integrante del Senado estadounidense “más malvada, horrible e irrespetuosa”.
Así, Harris se suma a un grupo de mujeres que Trump siente que no ha sido lo suficientemente dócil.

Trump usó el insulto “desagradable” de la manera más vil con su antigua contendiente a la presidencia, Hillary Clinton: “Esa mujer tan desagradable”, masculló del otro lado del escenario cuando ambos participaban en un debate presidencial en 2016. Afirmó que la senadora de Massachusetts, Elizabeth Warren, excandidata presidencial demócrata y crítica franca, tenía una “boca desagradable”. ¿Y de Nancy Pelosi, la presidenta de la Cámara de Representantes?: “Es una persona desagradable, vengativa y espantosa”.

Incluso Meghan Markle, la Duquesa de Sussex nacida en Estados Unidos, fue considerada “desagradable” por no apoyar su candidatura en 2016.

“¿Qué puedo decir?”, Trump le dijo a un tabloide británico el año pasado, justo antes de una visita a Inglaterra, donde fue recibido por la familia real. “No sabía que ella era desagradable”.

Esa vez, en un giro orwelliano, Trump trató de desdecir sus comentarios, que fueron grabados, diciéndole al público que no creyera lo que acababan de escuchar.

“Nunca llamé a Meghan Markle ‘desagradable’”, tuiteó el presidente. “Son inventos de los medios de noticias falsas, ¡y los pillamos!”.

Los ataques de Trump a Harris han sido mínimos si se les compara con los insultos que usó contra otras opositoras, incluyendo a Clinton y Warren. Sin embargo, en ocasiones, el presidente ha considerado a la senadora como una revelación, e incluso ha reconocido su capacidad para atraer a grandes multitudes.
“¡Qué lástima! ¡Te extrañaremos, Kamala!”, tuiteó Trump en diciembre luego de que Harris concluyó su propia campaña presidencial.

“No se preocupe, señor presidente”, replicó Harris. “Nos veremos en su juicio”.

Cuando se anunció el martes la participación de Harris, tanto el presidente como su campaña parecían descoordinados y no saber la mejor manera de atacar con eficacia su trayectoria. Pero los peores insultos proferidos por los aliados más cercanos de Trump podrían ser un presagio de lo que está por venir: el año pasado, el hijo del presidente, Donald Trump hijo, cuestionó en Twitter si Harris era lo suficientemente negra como para estar hablando de los problemas que enfrentan los negros estadounidenses. Al final, borró ese tuit.
El miércoles, en Delaware, cuando Biden celebró su primer evento conjunto con Harris, se refirió al tipo de ataques racistas y sexistas que ella recibiría cuando avanzara la campaña. Pero también pareció estar riéndose entre dientes cuando relató que el presidente dijo que Harris había sido “desagradable” y “malvada” con sus nominados.

“Lo que Trump hace mejor es refunfuñar”, señaló Biden. “¿A alguien le sorprende que Donald Trump tenga un problema con una mujer fuerte o con mujeres fuertes en general?”.

Harris, por su parte, no habló de los insultos y decidió usar su tiempo para atacar al mandatario por su manejo de la pandemia y de la economía.

“Como todo lo demás que heredó”, señaló Harris, “lo gestionó muy mal”.

Después, en la Casa Blanca, Trump afirmó no haber visto gran cosa de la presentación de Harris, pero luego lanzó un monólogo acerca de las duras críticas que ella tuvo contra Biden durante los debates para las elecciones primarias demócratas a la presidencia, y dijo que se portó “iracunda” e “insultante” con el exvicepresidente.
“Dijo cosas terribles”, comentó Trump. “Y se burló de él… abiertamente. Por eso pensé que era una elección muy arriesgada y estoy seguro de que eso se repetirá; no lo haré yo necesariamente, sino otros. Eso se repetirá”.

(Tomado de The New York Times)

viernes, 5 de junio de 2020

Causa de muerte: ¿COVID-19, violencia policial o racismo?



Por: Melissa Healy
Paren de Matarnos. Los manifestantes marchan por Whittier para protestar contra la brutalidad policial. Foto: Raul Roa/Daily Pilot

Los médicos y expertos en salud pública dicen que, en comparación con los estadounidenses blancos, los afroamericanos mueren prematura y desproporcionadamente de muchos males: enfermedades cardíacas, derrames cerebrales, COVID-19, violencia policial.

Las causas inmediatas de estas muertes tempranas varían. Pero hay una similitud en el patrón, según los expertos, y una fuente común de estadísticas sesgadas.

El racismo -no en su forma abierta, como insulto, sino del que está entretejido profundamente en las instituciones de la nación- perjudica a los 44 millones de estadounidenses que se identifican como negros y potencialmente acorta sus vidas, según quienes estudian las desigualdades raciales en la salud.
Para algunos, incluido George Floyd, quien vivía en Minnesota, puede causar la muerte prematura en minutos. Para otros, una vida de desventajas se cobra su costo de formas más sutiles
.
“En último término, el racismo es el pecado original aquí", señaló el Dr. Georges Benjamin, director ejecutivo de la Asociación de Salud Pública Estadounidense. “El racismo ataca la salud física y mental de las personas”, agregó. “Es una crisis de salud pública en curso que necesita nuestra atención, ahora”.
Y en medio de una pandemia, Benjamin y otros temen que a medida que las multitudes llenen las calles para protestar por otro asesinato policial de un hombre negro desarmado, las personas de color vuelvan a soportar el peso desproporcionado de más infecciones.

Es una compensación agonizante, reconocen, pero difícilmente una elección. “He pasado los últimos meses implorando y exhortando a todos a protegerse, a reducir la propagación de este virus y salvar vidas”, expuso el Dr. Clyde W. Yancy, cardiólogo de la Facultad de Medicina Feinberg de la Universidad Northwestern, quien es afroamericano.

Pero después de la muerte de Floyd bajo la rodilla del oficial de policía de Minneapolis Derek Chauvin, “me di cuenta de que mi mayor riesgo no es el COVID-19. Es el color de mi piel”, reflexionó.

El Dr. Atheendar Venkataramani, internista e investigador de políticas de salud de la Universidad de Pensilvania, mide el poder que tiene la desesperación para erosionar la salud de poblaciones estadounidenses específicas. El médico formó parte de un equipo que evaluó los cambios en la salud mental de quienes viven en EE.UU en estados donde al menos un hombre negro desarmado había sido asesinado a manos de la policía.
En los tres meses posteriores a estas muertes, el equipo encontró una caída apreciable en el bienestar mental entre los estadounidenses negros, y cuantos más decesos hubo, mayor fue el efecto. En cambio, la salud mental no sufría en los casos en que la policía mataba a una persona negra que sí llevaba un arma.
El bienestar mental de los estadounidenses blancos no está asociado con encuentros policiales letales que involucran a estadounidenses negros armados o desarmados. Los hallazgos fueron publicados en 2018 en la revista médica The Lancet.

“No les estamos dando otra opción aquí", señaló Venkataramani sobre la última oleada de protestas. La desatención de los problemas económicos, sociales y de salud de los afroamericanos ha sido “tan perniciosa, tan arraigada y tan predecible”, agregó. "¿Cómo no protestar para llamar la atención sobre estos temas?”.
En lenguaje médico, el racismo -incluido ese que ronda en tantas instituciones estadounidenses- es una toxina. Al igual que el aire contaminado, el estrés crónico y la desnutrición -que a menudo se derivan de la injusticia racial- su efecto es corrosivo.

Un bebé afroamericano nacido en 2017 tiene una esperanza de vida 3.5 años más corta que la de uno blanco. Si las desigualdades actuales persisten, el bebé negro tendrá casi 2.5 veces más probabilidades de vivir en la pobreza, casi el doble de posibilidades de abandonar la escuela antes de graduarse de preparatoria y más del 600% de probabilidad de ser encarcelado que su coetáneo blanco.
En el transcurso, el afroamericano promedio residirá en viviendas más pobres, tendrá menos acceso a alimentos saludables y estará más expuesto a contaminantes ambientales y delitos violentos que su contraparte blanca. Es mayormente probable que sufra obesidad, asma, diabetes, enfermedades cardíacas e hipertensión.

A pesar de esto, los estudios muestran que muchos médicos descuentan los males reportados por los pacientes afroamericanos, generando una desconfianza que a menudo los desalienta de buscar atención médica inmediata.
En los últimos meses, las desigualdades como estas han contribuido a un número mucho mayor de víctimas de coronavirus entre los afroamericanos que los estadounidenses blancos. Un análisis de los datos de la encuesta de la Universidad Johns Hopkins detectó que las tasas de infección por coronavirus fueron tres veces más altas en los condados con poblaciones predominantemente negras que en las mayormente blancas, y las tasas de mortalidad por COVID-19 fueron seis veces más elevadas.

Tanto en California como en Nueva York, los adultos afroamericanos están sobrerrepresentados al doble entre las muertes por COVID-19. En Michigan, su tasa de decesos es tres veces mayor que su densidad poblacional.
La vida de los negros importa dicen manifestantes en Los Angeles. Foto: Los Angeles Times
Bridget Goosby, una socióloga de la Universidad de Texas que estudia las disparidades de salud, comentó que la pandemia de COVID-19 ha dejado a muchas comunidades afroamericanas en un estado particularmente empobrecido.

La designación de “esencial” para numerosos trabajos con bajos salarios que son realizados por personas de color (conductores de reparto, trabajadores de hospitales, o de supermercados) preparó el escenario para que muchos se sintieran injustamente expuestos al peligro.

Ello fue profundizado por historias como las de Deborah Gatewood, una extraccionista afroamericana en Detroit que murió después de que el hospital donde había trabajado durante 31 años le negó cuatro veces la realización de una prueba de coronavirus, y de Brittany Bruner-Ringo, una enfermera afroamericana a quien se le ordenó admitir a un paciente visiblemente enfermo en un centro de atención de demencia de alto nivel en Los Ángeles y falleció de COVID-19 un mes después.

A muchos estados les tomó meses comenzar a recopilar datos que confirmaran una sospecha generalizada: que la pandemia estaba afectando mucho más a los negros que a los blancos.

Luego, a mediados de mayo, los datos del Departamento de Policía de la ciudad de Nueva York revelaron que el 93% de sus arrestos vinculados con el cumplimiento de las reglas de distanciamiento social eran a negros y latinos. Mientras tanto, el presidente Trump aclamó a los manifestantes blancos armados que pedían la “liberación” de sus estados.

En medio de tanta pérdida de vidas, la pandemia cerró muchos de los lugares a los que los afroamericanos normalmente recurrían para buscar algo de consuelo y fortaleza, incluidos iglesias y salones de belleza, destacó Goosby.

Incluso las familias grandes han tenido que mantenerse alejadas. “Hay un duelo colectivo”, consideró. “Y ya estás privado de tener esta red social, de poder llorar con otra gente. Entonces no sientes que tu pena es reconocida, o que algo ha cambiado”
.
En esta dolorosa caja de hierba seca cayó la cerilla del asesinato bien documentado de Floyd. Para cualquiera que haya estado prestando algo de atención, “nada de esto es sorprendente”, añadió Goosby.
En un ensayo reciente publicado en el Journal of the American Medical Association (JAMA), Yancy escribió que el alto costo del COVID-19 en los afroamericanos había provocado un largamente esperado “momento de ajuste de cuentas ético”.
Estados Unidos “necesitó un desencadenante para abordar por completo las disparidades en la atención médica”, escribió. “El COVID-19 puede ser ese evento líder”.

Ahora el ajuste de cuentas ético del país es más urgente que nunca. "¿Cómo responde una sociedad civil -si es que somos civiles- no sólo al sufrimiento desproporcionado sino también a un legado de injusticia?”, se preguntó Yancy. “Pronto sabremos de qué está hecha nuestra población”.
A pesar de los acontecimientos recientes, insistió en que sigue siendo optimista. “Uno sólo puede esperar lo mejor”, enfatizó.

(Tomado de Los Angeles Times)

domingo, 23 de agosto de 2015

La Isla en femenino (+ Fotos)

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La Isla en femenino (+ Fotos)


Cubana. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
Cubana. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

Por Isabel Moya

La adolescente que hoy ama sin barreras, defiende sus criterios con pasión y se sueña profesional o artista o trabajadora por cuenta propia, tal vez no es consciente de que goza de autonomía física, económica y política. Ella asume como natural estos derechos que sus bisabuelas, abuelas y madres conquistaron enfrentando los prejuicios de una sociedad profundamente machista.

Las que se reunieron hace 55 años en una calurosa tarde del 23 de agosto de 1960, cuando las mujeres de diferentes sectores crearon la Federación de Mujeres Cubanas,  en un céntrico teatro habanero, tampoco conocían los términos que se manejan en la actualidad para hablar de igualdad y justicia para las mujeres, pero heredaban una tradición que venía desde las mambisas y recorría el camino de las feministas de la primera mitad del siglo XX y de las combatientes de la sierra y el llano.  Tenían procedencias distintas pero un objetivo común: no ser solo beneficiarias sino protagonistas de sus propios destinos.

Al respecto Fidel ha señalado: “Las mujeres dentro de la sociedad, tienen intereses que son comunes a todos los miembros de la sociedad; pero tienen también intereses que son propios de las mujeres.  Sobre todo, cuando se trata de crear una sociedad distinta, de organizar un mundo mejor para todos los seres humanos… en el mundo que estamos construyendo, es necesario que desaparezca todo vestigio de discriminación de la mujer.”

La concepción teórico política sobre el tema de la discriminación de la mujer en Cuba parte de aunar el proceso emancipatorio de la nación con las especificidades de formas de opresión por motivos de raza, género,  orientación sexual,  discapacidad y otras lesivas a la dignidad humana.

Con ese agosto de 1960 comenzó, entonces, un proceso de cambios vertiginosos: las cubanas fueron a alfabetizar, se incorporaron al estudio en la Escuela para Campesinas Ana Betancourt o en los planes de beca, salieron a manejar tractores y el pueblo las llamó las pikolinas[1], asaltaron las universidades, aprendieron de planificación familiar, se hicieron científicas, fueron electas a las distintas instancias del gobierno.  Pero no fue un camino de rosas, ni una línea recta ascendente, hubo que enfrentar los juicios de valor patriarcales, cambiar las leyes, problematizar las relaciones de pareja tradicionales y cuestionar la doble moral.  Era necesario revisitarlo todo: la historia, el concepto de familia, la moda, la escuela, la letra de las canciones, los empleos considerados femeninos y masculinos, los juegos, los juguetes…Una revolución dentro de la Revolución.

Aunque, como he afirmado en otros comentarios, no debemos dejarnos seducir por las cifras que pudieran ofrecer un espejismo de que todo está logrado, las estadísticas revelan el salto cuantitativo.  Revisemos algunas de ellas: las mujeres son el 48,86 por ciento de las parlamentarias y presiden el gobierno en 10 de las 15 provincias, algunas de las principales carteras ministeriales la ocupan mujeres. Son mayoría no solo en sectores como la salud y la educación, sino en la fiscalía y la contraloría.

Se ha potenciado un  empoderamiento real que tiene como pilares fundamentales la igualdad en el acceso, la educación y la participación consciente y protagónica en el proceso de cambios lo que afianza la autoestima individual y el reconocimiento en los imaginarios socialmente compartidos.
De ahí que la universidad se feminiza, pero la presencia de mujeres en los empleos que requieren preparación universitaria también, o que la presencia en especialidades no tradicionales deja de ser anecdótica para convertirse en significativa. Se estrecha la brecha entre la igualdad normativa y la igualdad real.

Detrás de las cifras están las plurales historias individuales que ilustran el enfrentamiento a los prejuicios machistas, las barreras derribadas… la transformación de la familia y de las masculinidades que comienzan a incorporar formas no hegemónicas de relación, con paternidades más involucradas.
La Federación de Mujeres Cubanas ha sido un ámbito donde se han gestado y generado las estrategias y acciones propulsoras de estos cambios.  Por una parte, como mecanismo del estado cubano para el adelanto de la mujer[2], al proponer o impulsar legislaciones e interactuar con los organismos de la administración central del estado para visibilizar las problemáticas específicas de las mujeres. Por otro lado, en su labor como organización de masas que promovió la incorporación de las mujeres tocando puerta por puerta.

Más de medio siglo después enfrenta la necesidad de adecuarse a los tiempos actuales, a los desafíos que las metas alcanzadas imponen.  Entre ellos pudiéramos enumerar: abordar a las mujeres en su diversidad, atraer a las jóvenes, desterrar la percepción de que el funcionamiento se concreta en reuniones y utilizar formas nuevas de convocar y actuar, propiciar el debate teórico sobre género y feminismo desde la mirada cubana,  ampliar la incidencia de las Casas de Orientación a la Mujer y la Familia.  La Federación deberá velar porque en los procesos de actualización del modelo económico no se pierda lo logrado hasta ahora por las mujeres, y que se propicie una verdadera cultura de la igualdad como postulan los objetivos de la Conferencia del Partido
.
Por otra parte, debe asumir que, si bien, es en las relaciones de pareja y en el hogar donde más se evidencian los rezagos de una ideología patriarcal esta se manifiesta aún en muchos aspectos de la vida social. A nivel ideológico se superponen las tradicionales visiones de lo considerado femenino y masculino con los nuevos modelos.  Pudiéramos hablar de un híbrido en el que se están gestando, tal vez, los nuevos paradigmas.  Me refiero, por supuesto, a tendencias, pues como en todo proceso social el espectro abarca desde los sujetos más apegados a la cultura patriarcal hasta los más transgresores de las asignaciones de género.

La ideóloga de este proceso, su más genuina representante, una de las más importantes defensoras de las mujeres en el continente en el siglo XX, Vilma Espín, explicaba que la labor sería cada vez más difícil, pues habría que continuar hasta alcanzar toda la justicia.

Por eso las muchachas de hoy, que llegan a la FMC,  una organización que cuenta con más de cinco decenios de trabajo y cuatro millones de mujeres en su membresía, deben imprimirle las dinámicas que los cambios imponen.  Pero como sus abuelas y madres, se reconocerán en los versos de Dulce María Loynaz:
Si me quieres, quiéreme entera,
no por zonas de luz o sombra…
Si me quieres, quiéreme negra
y blanca.
Y gris, y verde, y rubia, y
morena…
Quiéreme día,
quiéreme noche…
¡Y madrugada en la ventana abierta!…
Si me quieres, no me recortes:
¡Quiéreme toda… O no me quieras!
Notas
1 Los tractores en ese momento eran marca Pikolinos
2 Lo que en otros contextos se conoce como ministerios o secretarías de la mujer.
Cubanas. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
Cubanas. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
Cubana. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
Cubana. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
Cubanas. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
Cubanas. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
Cubana en el Latino, disfrutando de un juego de béisbol. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
Cubana en el Latino, disfrutando de un juego de béisbol. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
Marta Valdés, una joya de la música popular cubana, junto a su sobrina nieta Lena. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
Marta Valdés, una joya de la música popular cubana, junto a su sobrina nieta Lena. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
Cubanas en Camagüey. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
Cubanas en Camagüey. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
Cubanas. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
Cubanas. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
Cubanas. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
Cubanas. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
Cubana. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
Cubana. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
Cubanas. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
Cubanas. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
Cubana. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
Cubana. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
Cubanas. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
Cubanas. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
Desfile por el Primero de Mayo en La Habana. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
Desfile por el Primero de Mayo en La Habana. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
Cubana. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
Cubana. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
Cubanas. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
Cubanas. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
Madre e hija. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
Madre e hija. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
Campesina cubana. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
Campesina cubana. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
Han transcurrido 55 años desde que un 23 de agosto se fundara la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), en la que se unieron distintas organizaciones femeninas existentes en la nación antes de 1959. Organización que en estas décadas logra un amplio desarrollo económico y social de la gran masa femenina que ahora forma parte indispensable de todos los sectores del país. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
Han transcurrido 55 años desde que un 23 de agosto se fundara la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), en la que se unieron distintas organizaciones femeninas existentes en la nación antes de 1959. Organización que en estas décadas logra un amplio desarrollo económico y social de la gran masa femenina que ahora forma parte indispensable de todos los sectores del país. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
Pruebas a la Leche de la Cooperativa de Créditos y Servicios Fortalecida (CCSF) Bienvenido Pardillo de Sancti Spíritus. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.
Pruebas a la Leche de la Cooperativa de Créditos y Servicios Fortalecida (CCSF) Bienvenido Pardillo de Sancti Spíritus. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.