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sábado, 27 de noviembre de 2021

Fusilamiento de los estudiantes de medicina: El guardián de la inocencia

 



Gracias a Fermín Valdés Domínguez se conservó un fragmento del muro donde fusilaron a los estudiantes. Foto: Archivo.

“El sol lucía en el cielo cuando sacó en sus brazos, de la fosa, los huesos venerados: ¡jamás cesará de caer el sol sobre el sublime vengador sin ira!”

José Martí

Una, dos, tres veces la pala rompe la tierra húmeda. Es un sonido común para quienes conocen los terrenos de San Antonio Chiquito, el lugar fuera de los muros del Cementerio de Colón destinado a sepultar a los mendigos o a los fusilados. Durante años allí han ido a parar los más pobres, los solitarios, los infames para el régimen español. Allí están los que nadie quiere.

Sin embargo, ahora no hay ningún enterramiento. Esta vez la pala abre la tierra no para ayudar al olvido, sino para rescatar el recuerdo. Es una búsqueda, un acto de amor.

De pie hay un hombre. Sus ojos están fijos en el suelo roto delante de él, la boca cerrada, el corazón galopante. A veces él mismo escarba con sus manos. Lleva sobre sí una batalla de 16 años, una causa que marcó su pasado y ahora no se le va del presente; no lo hará tampoco en el futuro. Le llegó cuando apenas había cumplido la mayoría de edad. Más bien se la impusieron a fuerza de injusticia y dolor.

Es 9 de marzo de 1887 y Fermín Valdés Domínguez está a punto de saldar una deuda.

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En España Fermín Valdés (sentado) se reencontró con Martí. Foto: Archivo.

“Quien tenga corazón no puede olvidar nunca la tarde del 27 de noviembre”, ha escrito en un folleto nacido en España en 1873, solo dos años después del crimen. Terminarlo le costó revivir lamentos para convertirlos en palabras. Le valió el pesar de la memoria, el peor de todos. Ni siquiera eso lo detuvo. Moja la pluma y alisa el papel: “los dolores inmensos no se pueden pintar”.

Aun así no ha dejado de intentarlo. En 1872 ya hizo circular en Madrid una hoja para remover las conciencias. “Y bien hicieron en sepultarlos en la tierra sin término y sin límites —dice—. Solo ella es digna de recibir cuerpos que la energía hacía nobles”. Pero los ocho estudiantes siguen perdidos en algún sitio de San Antonio Chiquito, y él padece el destierro. Aun la justicia no llega hasta ellos. Fermín la busca, escribe, lucha.

Cada texto suyo, cada carta, cada recorte de periódico fue un arma no solo para demostrar la inocencia de sus compañeros fusilados, sino también la brutalidad de quienes propiciaron ese castigo.

Los Voluntarios de La Habana —señala mientras relata la historia— pero no olvida el oportunismo del Gobernador Político de Cuba, la cobardía de un profesor o el temor de quienes formaron dos Consejos de Guerra para juzgar un falso acto de profanación de tumbas.

En España concluyó sus estudios de medicina, se reencontró con Martí, participó en actividades de las logias masónicas, habló de política, pero siempre quedaba algo imperturbable. La tarde del 27 de noviembre, la incertidumbre, el terror, la voluntad de no dejar morir la historia de ocho jóvenes desgraciados.

“Momentos fueron aquellos terribles para nosotros; aquella galera era nuestra capilla —dice como si otra vez tuviera el miedo sobre él—. Aquella ansiedad, que no era mayor que la de toda la noche y la de todo el día, duró una hora. Todo indicaba que iba a consumarse el crimen, pues la capilla de la cárcel esperaba ya a las víctimas; una compañía de Voluntarios la custodiaba, y aun no sabíamos quién había de morir”.

Las imágenes le llegan como punzadas. Cuando salieron hacia el paredón Alonso Álvarez de la Campa, el niño de 16 años que solo arrancó una flor, iba al frente de la comitiva. Estuvieron apenas media hora en la capilla del presidio. Se confesaron y escribieron pequeñas notas de despedida. Fermín los ve pasar junto a los barrotes guiados hacia la muerte.

De pronto los tambores, luego el silencio. Él no lo sabía, pero afuera colocan a los jóvenes de dos en dos, con los ojos vendados, las manos atadas y de espaldas al pelotón de fusilamiento. “Excepto dos —contaría luego el jefe del pelotón— los demás entraron en el cuadro con bastante serenidad”. Preparen, apunten, ¡fuego! Cuatro veces se escucharon las descargas.

***

Monumento ubicado en el Cementerio de Colón que recuerda la fosa anónima donde estuvieron los estudiantes. Foto: Cubarte.

Bajo la tierra que Fermín mira con devoción hay ocho cadáveres, pero todavía no aparecen. El día anterior excavaron en dos sitios y no los hallaron. Ahora lo hacen en otro, acompañados por familiares, amigos y médicos forenses. Mientras la pala sigue agrandando el agujero, Fermín otra vez imagina los momentos finales y repasa las notas de despedida de sus compañeros.

“Mamá, papá, Luis, Victoria, familia, Donata, mis hermanos: adiós” —escribió Ángel Laborde desde la capilla de la prisión—. Luego solo hay dos oraciones: “Muero inocente. Me he confesado”.

El texto de Anacleto Bermúdez es ligeramente más largo. Además del adiós, pide a los suyos que se ocupen de Lola, su enamorada. Luego de otros detalles pone su nombre y la fecha en el pequeño papel, se detiene y relee todo. Algo le falta. Entonces vuelve a escribir una especie de postdata: “Lola, acuérdate de mí, tu Anacleto”.

Fermín insiste en ir más profundo. Cavar…cavar, como si él mismo estuviera ahondando en sus memorias para revivir los días de miseria. Tener los restos delante no será sencillo. La humedad de la tierra, el tiempo transcurrido, no serán indulgentes con aquellos cuerpos. Los plomos españoles destruyeron huesos, cráneos. De la ropa apenas quedarán girones. Sin embargo, no hay descanso.

Como si buscara energía, otra vez repasa en su mente las últimas letras, tan inocentes como sus dueños. Como el niño que era, en su despedida Alonso le pide a su madre que lo excuse “de todo lo malo que te he hecho”, mientras Eladio hace un ruego que ahora, de pie junto al hoyo que contiene los ocho esqueletos, le retumba a Fermín como un mandato: “mira si mi cadáver puede ser recogido”.

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Los estudiantes sobrevivientes trabajaron en las Canteras de San Lázaro. Foto: Archivo.

Es 12 de mayo de 1872 y más de 30 sombras arrastran grilletes en medio de varias filas de presos. Están allí desde la misma noche del 27 de noviembre de 1871, cuando nada más terminar la ejecución de los ocho jóvenes los Voluntarios llegaron hasta la celda dispuestos a hacer cumplir las condenas entre seis meses y seis años de cárcel que le impusieron a los sobrevivientes.

Los primeros 50 días sufrieron en las Canteras de San Lázaro, con la cabeza rapada, grilletes en las piernas y sus nombres opacados por el número que lucían en los uniformes de presos. “Trabajar sin descanso —escribe Fermín—, sufrir el palo para salvar la vida: esta es la vida sombría de la Cantera”. Los salvaron el rechazo que despertó la injusticia en otras naciones, las gestiones familiares, los escritos en los periódicos, la presión de los Cónsules.

Luego de casi dos meses algunos van a trabajar a la Quinta de los Molinos; otros a los talleres del presidio. A inicios de mayo llegó el indulto, pero los Voluntarios aun no olvidaban y prometieron arrastrar al primero que vieran libre. Entonces surgió el plan del Capitán General de la Isla: sacarlos de madrugada junto a los presos comunes para evitar sospechas, llevarlos al muelle y embarcarlos hacia cualquier lugar fuera de Cuba.

La fragata Zaragoza les sirvió de refugio. Solo allí les quitaron las cadenas y les devolvieron sus ropas de estudiantes. Desde allí miraron las costas de Cuba y se fueron al exilio. Fermín no volvería hasta cuatro años después.

Tras el regreso ejerció como médico, publicó sus investigaciones, colaboró con periódicos, se mantuvo vinculado a la política, pero no olvidó la redención de los estudiantes. La oportunidad la encontró a inicios de 1887 cuando llegó a Cuba Fernando de Castañón, el hijo del periodista español enterrado en el Cementerio de Espada y cuya tumba fue supuestamente profanada por los ocho jóvenes.

“No en nombre de los que como yo sobrevivimos a los sucesos del 27 de noviembre de 1871 —le escribe Fermín al descendiente de Gonzalo de Castañón—, sino en memoria de mis compañeros muertos, vengo a suplicarle que tenga la bondad de darme una carta en donde conste que ha encontrado Ud. sano el cristal y sana la lápida que cubre el nicho de su señor padre, desmintiendo este hecho el estigma de profanadores que llevó a la muerte a niños inocentes”.

La contestación del muchacho no dejó dudas: el sepulcro estaba intacto.

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Algunas de las reliquias que aun se conservan de los estudiantes. Foto: Alma Máter.

El hoyo ya es tan profundo que fácilmente cabe un hombre de pie. Fermín lo sabe porque está dentro del agujero, emocionado, expectante. Siente el frío de la tierra, la humedad bajo sus pies, contra sus manos. Ya está cerca, pero aun no lo sabe. De pronto, el milagro cuando ya pocos creían en él.

Los primeros restos aparecen luego de excavar dos metros y medio, una profundidad demasiado extraña para enterrar unos cuerpos en aquel lugar. Hasta en eso tomaron venganza los Voluntarios, como si quisieran que los estudiantes no florecieran jamás.

Son cuatro esqueletos ubicados de norte a sur. Debajo de ellos hay otros cuatro, esta vez acomodados de sur a norte. Hay una moneda, varios botones, están las 16 suelas de zapatos, algunas hebillas. Uno de ellos tiene cerca una de las herramientas que utilizaban para sus clases de disección. En otro sobresale el plomo que le quitó la vida. Y en medio de todo, un molar, un colmillo, un mechón de pelo que resistió el paso del tiempo.

Uno a uno Fermín los levanta y los coloca en una caja de plomo. En el lugar no había una cruz, ni otra señal sobre el sepulcro de los muchachos, pero tras descansar en el panteón de la familia Álvarez de la Campa muy pronto irán a un hermoso mausoleo. La deuda está saldada.

Solo entonces Fermín toma una pluma y un pedazo de papel. Hay tierra bajo sus uñas, en sus ropas, el sudor le sala los labios, el cansancio tensa sus brazos. Sin embargo, no puede callar: “De rodillas sobre la tumba de mis hermanos muertos, escribo en la tierra que los guarda, este elocuente epitafio: ¡Inocentes!”.

martes, 27 de noviembre de 2018

Sucesos del 27 de Noviembre: Cuatro historias contra el odio (+ Video)




Contrario a la pintura más conocida, a los estudiantes los asesinaron de dos en dos, con las manos atadas a la espalda, de rodillas y de espaldas al pelotón de fusilamiento. Foto: Archivo
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El suceso es uno de los más dolorosos de la historia de Cuba. Más de 40 estudiantes de primer año de medicina fueron llevados a dos Consejos de Guerra, acusados de profanación de tumbas y luego de infidencia. En el primer juicio unos quedaron absueltos y otros tuvieron condenas menores, pero la furia del Cuerpo de Voluntarios de La Habana y la bajeza del gobierno colonial español se combinaron para anular la sentencia. En un segundo y todavía más injusto proceso, ocho jóvenes recibieron la pena de muerte.

Ninguno de los fusilados pasaba de los 21 años y en el Cementerio de Espada únicamente habían correteado con el vehículo usado para conducir los cadáveres a la sala de disección. El más joven —de solo 16 años— arrancó una flor. Sin embargo, los señalaron como los profanadores del sepulcro del periodista Gonzalo Castañón, un furibundo anticubano muerto un año antes.

Contrario a la pintura más conocida, a los estudiantes los asesinaron de dos en dos, con las manos atadas a la espalda, de rodillas y de espaldas al pelotón de fusilamiento. De la sentencia definitiva al momento final apenas pasaron poco más de tres horas. Casi siglo y medio después, todavía los mitos y la realidad se entrelazan para contar esta historia de horror y tristeza.

El defensor de los estudiantes en el primer juicio


Capdevila pronunció un discurso memorable donde echó por tierra cada acusación. Foto: Archivo.
De todas las figuras relacionadas con el fusilamiento de los estudiantes de medicina, la del capitán español Federico Capdevila es quizás la más conocida. Nacido en Valencia el 17 de agosto de 1844, fue el abogado de oficio con la responsabilidad de defender a los 45 jóvenes acusados del delito de profanación de tumbas durante el primer Consejo de Guerra.

Luego de escuchar todas las declaraciones del fiscal, Capdevila pronunció un discurso memorable donde echó por tierra cada acusación. Según el testimonio de Fermín Valdés Domínguez, durante las casi siete horas del juicio el capitán español “se elevó a un alto puesto entre los hombres de verdadera fe patriótica”.
No es difícil imaginar las circunstancias en las que este hombre de solo 27 años enfrentó a unos magistrados carentes de argumentos, pero impulsados por la furia de los Voluntarios de La Habana. Según varios historiadores, afuera del edificio miles de ellos exigían la muerte de los estudiantes; en la sala, mientras tanto, los gritos prácticamente impedían avanzar e incluso uno de los voluntarios intentó agredir al defensor de los estudiantes.

Sin embargo, prácticamente sin apoyo frente a la muchedumbre, Capdevila no dudó en describir el juicio como triste, lamentable y repugnante, y a los voluntarios como “un puñado de revoltosos que hollando la equidad y la justicia, pisoteando el principio de autoridad y abusando de la fuerza, quieren sobreponerse a la sana razón y a la ley”.
“Desde la apertura del sumario he presenciado, he oído la lectura del parte, declaraciones, y o yo soy muy ignorante, o nada, nada absolutamente encuentro de culpabilidad (…) ¿Dónde está el delito, ese desacato sacrílego? Creo y estoy firmemente convencido que sólo germina en la imaginación obtusa que fermenta en la embriaguez de un pequeño número de sediciosos”, aseguró.
Luego del primer juicio, los voluntarios intentaron apresarlo y el Presidente del tribunal lo obligó a salir hacia otra habitación. Desde ese momento, los más de 40 procesados quedaron solos ante el terror. Ante la inconformidad de los voluntarios con las sanciones menores, un segundo Consejo de Guerra fue convocado apenas cuatro horas después.

Cuando Capdevila supo del fusilamiento quebró en público su espada y renunció a continuar prestando servicios como oficial. Años más tarde, cuando otra injusticia lo obligó a cumplir tres años de cárcel en Santiago de Cuba, un grupo de cubanos recaudó 1200 pesos para él, pero de nuevo el español dio muestras de honestidad y se negó a aceptar el dinero.

Según un artículo publicado en 2009 por las periodistas María Julia Guerra y Ángela Peña, Capdevila propuso invertir esa suma en un monumento a los estudiantes asesinados. Entonces, el grupo le entregó una espada con una icónica inscripción: “Al Señor Federico Capdevila, el héroe del 27 de noviembre de 1871”.
Capdevila murió de tuberculosis el primero de agosto de 1898 y luego de un breve enterramiento en Santa Ifigenia, en 1903 sus restos fueron depositados junto al de los estudiantes. Más de treinta años después de su defensa y de ver por última vez a aquellos muchachos, la historia lo colocó por fin en el sitio que merecía.

Nicolás Estévanez: “Antes que la patria están la humanidad y la justicia”


la Oficina del Historiador de la Ciudad. Foto: Habana Radio.

Desde el 27 de noviembre de 1937 la Oficina del Historiador de la Ciudad organiza cada año un acto junto a una tarja en las afueras del actual Hotel Inglaterra. El sitio, conocido hace más de cien años por las tertulias y discusiones escenificadas por los sectores progresistas del país en la Acera del Louvre, es otro de los lugares vinculados al fusilamiento de los estudiantes de medicina.

El protagonista resultó el capitán español Nicolás Estévanez, un hombre de 33 años que había llegado a Cuba para evitar luchar contra los republicanos en su país. Como mismo ocurrió con Federico Capdevila, al escuchar las descargas de los fusiles contra los estudiantes, Estévanez no pudo contener su ira, escenificó una airada protesta pública y en el acto renunció a su carrera como militar.

Según cuenta en sus memorias, días antes había escuchado de la revuelta de los voluntarios contra los estudiantes, pero no le dio importancia e incluso se echó a reír cuando alguien le anunció el posible fusilamiento.
“Sometidos los muchachos a un consejo de guerra y probada su inocencia, hubieran sido absueltos si los capitanes que constituían el tribunal militar no hubiesen tenido la debilidad de creer que se evitarían mayores males imponiéndoles algún castigo”, escribió años más tarde para referirse al primer juicio.

En un contexto marcado por la furia de los voluntarios y el desapego a las leyes y la justicia, la actitud de este hombre fue un acto casi temerario de valentía y dignidad. Foto: Archivo.

Sin embargo, Estévanez no se enteró del segundo Consejo de Guerra y el asesinato lo tomó por sorpresa. “Me detuve en la puerta del Louvre muy sorprendido de que allí no hubiera casi nadie. En aquel momento llegó a mis oídos el ruido seco de una descarga cerrada. ¿Qué sucede? —pregunté—. Es que fusilan a los estudiantes, respondió un camarero”. Según contó, en ninguno de los trances de su vida perdió la compostura como en ese momento.

“Me descompuse, grité, pensé en mis hijos, creyendo que también los fusilaban; no sé lo que me pasó; ahora mismo no acabo de explicármelo. Dos camareros se apoderaron de mí encerrándome en un patinillo, sin lo cual es posible que a mí también me hubieran asesinado cuando las turbas aullando volvían del fusilamiento”, escribió años más tarde al recordar el suceso.

En un contexto marcado por la furia de los voluntarios y el desapego a las leyes y la justicia, la actitud de este hombre fue un acto casi temerario de valentía y dignidad. De hecho, al decir del historiador cubano Emilio Roig de Leuchsenring, Estévanez fue el más puro, noble y digno de los pocos españoles que se pronunciaron contra el crimen cometido por los voluntarios con la complicidad de los gobernantes de la Metrópoli.
Después de aquel acto de valentía y honor, el capitán español decidió abandonar la Isla y regresó a España a inicios de 1872. Luego de varios años vinculados a los movimientos republicanos en la península, murió en París el 19 de agosto de 1914.
Junto a él, a los profesores Domingo Fernández Cuba y Juan Manuel Sánchez Bustamante, los generales españoles Antonio Venenc y Rafael Clavijo —opuestos al crimen pero obligados por los voluntarios a permanecer en el juicio—, así como el capitán Víctor Miravalles y Santa Olalla —vocal del primer Consejo de Guerra y negado a firmar la sentencia—, representan los más altos ejemplos de hidalguía en aquellos momentos oscuros.
Recordarlos a todos, según las palabras del Dr. Félix Julio Alfonso, es “un acto que ennoblece y engrandece el alma cubana”.

El guardián de la inocencia


En 1872 Fermín Valdés Domínguez llegó a Madrid y junto a José Martí organizo muchos d elos trabajos para rescatar la memoria de sus compañeros muertos. Foto: Archivo.

Con solo 19 años, Fermín Valdés Domínguez ya tenía en su historia la fundación junto a José Martí del periódico El Diablo Cojuelo y una condena de seis meses acusado de infidencia. Sin embargo, quizás durante toda su vida nunca estuvo tan cerca de la muerte como en aquellos días de 1871. Fermín fue uno de los estudiantes conducidos a prisión en la tarde del 25 de noviembre.

En un magnífico libro publicado dos años después, Valdés Domínguez fue el primero en contar los detalles de esas horas. De las acusaciones del Gobernador Político recuerda la brusquedad y su “habilidad funesta para teñir de política los actos en el cementerio”.

Mientras tanto, del profesor Pablo Valencia —incapaz de detener el arresto en su salón de clases— rememora el “miedo egoísta que embargaba todas sus facultades”. De la prisión, habla de las dos noches obligados a dormir en el piso y sin mantas.

Sin embargo, pocos testimonios son tan reveladores como el de la espera para conocer el veredicto del segundo juicio.
“Momentos fueron aquellos terribles para nosotros; aquella galera era nuestra capilla. Aquella ansiedad, que no era mayor que la de toda la noche y todo el día, duró una hora. Todo indicaba que iba a consumarse el crimen, pues la capilla de la cárcel esperaba ya a las víctimas; una compañía de Voluntarios la custodiaba, y aun no sabíamos quién había de morir”.
En el segundo Consejo de Guerra, Fermín y una decena de estudiantes recibieron la condena de seis años de cárcel. Otros debían cumplir penas de cuatro años. No obstante, luego de varias gestiones y gracias al escándalo desatado en algunos países por el fusilamiento de los jóvenes, a mediados de 1872 el rey Amadeo I firmó un indulto para todos y sin rehabilitarlos públicamente los deportó a España.

Nada más llegar a aquel país, Fermín comenzó un titánico trabajo para denunciar la injusticia cometida con sus compañeros muertos. En el primer aniversario de los hechos circuló por Madrid un impreso que recordaba a los estudiantes y en años sucesivos publicó varias ediciones de su libro Los voluntarios de La Habana en el acontecimiento de los estudiantes de Medicina

Junto a ello, en enero de 1887 logró que uno de los hijos de Gonzalo Castañón confirmara la normalidad del nicho de su padre, un testimonio que echó por tierra la justificación empleada 16 años antes para fusilar a los estudiantes. A su vez, impulsó la exhumación de los restos de sus compañeros y recaudó fondos para erigir el actual monolito funerario. Más tarde él también reposaría allí.

Gracias a las gestiones de Fermín Valdés Domínguez fue posible salvar de la demolición un fragmento de la pared que sirvió para fusilar a los estudiantes. Foto: Archivo.

Finalmente, cuando se habla del fusilamiento de los estudiantes es imposible no recordar el pequeño monumento que guarda el sitio donde los ocho jóvenes encontraron la muerte. Allí también estuvo la mano de Fermín Valdés, porque gracias a sus gestiones fue posible salvar de la demolición un fragmento de la pared que sirvió para colocar a los estudiantes frente a sus verdugos.

Es un sitio pequeño, con ocho columnas de mármol y algunas inscripciones para recordar aquel fatídico día. Si uno se acerca lo suficiente puede ver las huellas de las balas sobre los bloques de la pared. A su lado, esbelta, la bandera cubana que Fermín Valdés elevó sobre el muro como prueba de fidelidad y patriotismo.
“Icé con mis manos la bandera que, al lado del pedazo de pared de La Punta, dice al mundo que allí está algo de nuestro corazón, que aquella sangre allí derramada hace de aquel lugar altar donde nuestro amor a la nacionalidad nos tiene siempre de pie y dispuestos a lo que el deber nos mande hacer en honra de ella”, contó casi al final de su vida.
La labor de este hombre fue vital para preservar la memoria histórica sobre los hechos. Sin su constancia quizás muchos detalles se hubieran perdido en el tiempo. Con sus textos, su valentía y su labor de años para demostrar la inocencia de los estudiantes y denunciar lo ocurrido, reveló quiénes deberían ser los verdaderos acusados.

Entre la verdad y el mito: Los héroes negros


Desde el 2006 los miembros de la sociedad abakuá realizan una peregrinación hasta el lugar donde según la tradición cayó uno de los negros aquel día. Foto: Archivo.

La muerte de cinco negros el mismo día del fusilamiento de los estudiantes de medicina es tal vez la más mítica y desconocida de las historias que hasta hoy llegan en torno al 27 de noviembre de 1871.
Para unos, aquellos hombres pertenecían a la sociedad secreta abakuá y se lanzaron casi al suicidio en cofradía con uno de los suyos. Para otros, ese acto es la muestra para negar que no todos los cubanos quedaron indiferentes ante el crimen.

Como varios sucesos de la época, este es un hecho con muchas inexactitudes históricas. Esencialmente transmitido de forma oral, todavía quienes lo investiguen deben limpiar la hojarasca para dejar la verdad. Así, algunos se refieren a que el intento por rescatar a los estudiantes tuvo lugar cuando salían camino al paredón de fusilamiento
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Otros, por su parte, afirman que todo ocurrió más temprano y fue un ataque contra los voluntarios apostados en las afueras de la cárcel. Algunos más exageran la historia y hablan de un levantamiento de negros en La Habana e incluso del enterramiento colectivo de todos —atacantes y estudiantes— en la misma fosa común. Quienes sostienen esa idea no tienen pruebas de tales afirmaciones.

Sin embargo, todos coinciden en un elemento: al parecer en el acto murieron cinco negros liderados por el hermano de leche de Alonso Álvarez de la Campa, el más joven de los estudiantes condenados. De hecho, esa es la versión que sostiene la película cubana Inocencia, inspirada en los sucesos del 27 de noviembre y que tras una profunda investigación tiene su estreno este martes en La Habana.

Del asunto también habló el Che Guevara en noviembre de 1961. Entonces dijo que el terror “no solamente se cobró en esos días la sangre de los estudiantes fusilados. Como noticia intrascendente que aún durante nuestros días queda bastante relegada, porque no tenía importancia para nadie, figura en las actas el hallazgo de cinco cadáveres de negros muertos a bayonetazos y tiros”.

La marca de los abakuás termina en el monumento a los estudiantes. Foto: Archivo.

En un artículo publicado en 1998 en La Gaceta de Cuba, el investigador cubano Serafín Quiñónez recoge tres documentos que arrojan cierta claridad sobre el asunto. En el primero de ellos, se cuenta cómo “apostados detrás de los fosos que se extienden frente a la plaza, unos negros dispararon sus revólveres contra los voluntarios, hiriendo a un alférez de artillería”.

A su vez, Quiñónez cita un segundo testimonio que agrega cómo “el resto de los que se sintieron atacados por los negros arremetieron inmediatamente contra ellos, y en aquel punto fueron despedazados los cinco que se creyeron autores de la agresión”
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Finalmente, también habla sobre un estudio publicado en Santiago de Cuba en 1956 que recoge el testimonio del celador del lugar: “son cinco los hombres de color muertos, recogidos en diferentes lugares de este barrio, los cuales estaban heridos de arma de fuego y bayoneta”.

Autores contemporáneos como los periodistas Pedro de la Hoz y Pedro García, así como el investigador cubano Félix Julio Alfonso, se han referido al tema. En el discurso pronunciado el 27 de noviembre de 2015 en las afueras del Hotel Inglaterra, Alfonso aseguró que “tampoco podemos olvidar a los mártires abakuás que, en una acción temeraria, casi suicida, intentaron en vano salvar la vida de los condenados y fueron cazados a tiros en las calles aledañas al lugar del crimen”.

Por su parte, en el epistolario de Emilio Roig de Leuchsenring, antiguo Historiador de la Ciudad de La Habana, aparece una carta fechada el 18 de enero de 1943 dirigida al Ministro de Obras Públicas y donde, luego de hablarle de los cinco negros muertos, le pide que “dicte las órdenes oportunas para que en el Parque de los Mártires (…) se rinda cerca del templete que rodea el lienzo de pared junto al cual cayeron los estudiantes de 1871 un permanente homenaje a la memoria de los que pagaron con su vida la defensa de aquellos inocentes”.
Aun así, para otros historiadores cubanos, entre los que se encuentra Luis Felipe Leroy y Gálvez —autor de una de las más completas investigaciones sobre el 27 de noviembre de 1871—, la muerte aquel día en La Habana de cinco hombres negros no es un indicio concluyente para afirmar que lo hicieran en defensa de los estudiantes, y mucho menos que existiera un levantamiento mayor.

De acuerdo a su criterio, la escasa credibilidad “se patentiza por el hecho de que no sólo no existe tradición seria en ese sentido, sino también que el número de defunciones asentadas en los libros de entierros del cementerio de esta capital, mantiene el nivel normal durante esos días”

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No obstante, desde el 27 de noviembre de 2006 los miembros de la sociedad abakuá realizan una peregrinación hasta un jagüey situado en la esquina de Morro y Colón en La Habana Vieja, el lugar donde según la tradición cayó uno de los negros aquel día. Luego siguen su recorrido hasta el templete erigido en el sitio donde murieron los estudiantes.

Para el Dr. Orlando Gutiérrez Boza, Diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular y Presidente del Consejo Supremo de la Asociación Abakuá de Cuba, recordar los hechos del 27 de noviembre de 1871 es una manera de honrar a sus antepasados. Según dijo a Cubadebate, la peregrinación incluye cantos luctuosos propios de ese grupo religioso, así como bailes y ofrendas florales tanto a los estudiantes como a los negros muertos.

La historia de los cinco negros muertos casi junto a los estudiantes de medicina aun necesita conocimientos mayores. Sacar a la luz los documentos citados por algunos investigadores, aclarar desde la historiografía detalles importantes de lo sucedido ese y los días siguientes, así como sistematizar —desde lo oral pero también desde las pruebas documentales— un estudio definitorio sobre lo ocurrido, son aspectos decisivos para arrojar la exacta claridad sobre el asunto y zanjar de una vez las dudas sobre el tema.

El antiguo Cementerio de Espada fue el lugar de los sucesos que sirvieron para justificar la detención. Foto: Archivo.

Así luce en la actualidad el sitio donde murieron los estudiantes. Foto: Archivo.

sábado, 24 de febrero de 2018

Celebran en Cuba 123 años de reinicio de luchas independentistas



El conflicto finalizó con la intromisión de Estados Unidos en 1898 y la frustración de la república verdaderamente libre soñada por Martí . Imagen de Radio Habana Cuba.

Cuba celebra hoy, 24 de febrero, el aniversario 123 del reinicio de las luchas independentistas y el comienzo de la llamada Guerra necesaria, organizada por José Martí para lograr la separación definitiva de España.

Como máximo representante del Partido Revolucionario Cubano, Martí organizó la insurrección en Oriente y en el resto del país desde la emigración.

Para alcanzar sus objetivos, el líder independentista se apoyó en las figuras cimeras de la llamada Guerra de los 10 años (1868-1878) y logró articular un movimiento que respondió a sus órdenes.
Bajo la dirección de Martí y Máximo Gómez, como general en jefe del Ejército Libertador, la contienda estalló el 24 de febrero de 1895 con el levantamiento simultáneo en varios puntos de la isla.

Ese hecho es conocido como el Grito de Baire o Grito de Oriente. Esta última denominación fue propuesta para lograr una mayor precisión al tratarse de un alzamiento con múltiples focos.
El conflicto finalizó con la intromisión de Estados Unidos en 1898 y la frustración de la república verdaderamente libre soñada por Martí (caído en combate en mayo de 1895).

Décadas después, la Guerra necesaria sirvió de inspiración a los combatientes de la Guerra de liberación nacional (1956-1958), encabezada por Fidel Castro y con la cual Cuba logró la definitiva independencia.

Para reflejar la tradición de lucha heredada en cada etapa de la historia nacional, el propio Fidel Castro refirió en varias ocasiones que la Revolución cubana era una sola, iniciada en octubre de 1868.

(Con información de Prensa Latina)

lunes, 15 de enero de 2018

Gustavo Machín: Trump no puede revertir los avances porque fue producto de un consenso social

















El presidente del gobierno de Valencia. Ximo Puig, junto al embajador cubano en España, Gustavo Machín. Foto: Esdiario. 

El nuevo embajador de Cuba en España, que esta semana ha visitado Valencia en lo que es su primer viaje institucional y comercial a una autonomía, proclama que el proceso iniciado en diciembre de 2014 entre el entonces presidente estadounidense, Barack Obama, y el mandatario cubano, Raúl Castro, es inexorable. “Trump  puede parar, pero no detener” el camino emprendido, afirma. Gustavo Machín, con todo, considera que ese “parón”  abre un escenario muy beneficioso  para la inversión procedente de la Comunidad Valenciana.

-Usted trabajó durante años en Estados Unidos, país del que fue expulsado, y ha participado en negociaciones para normalizar las relaciones. En la memoria reciente, queda la llegada de Obama y su esposa Michelle al aeropuerto de La Habana.

-En los dos últimos años del Gobierno de Obama realmente hubo avances en la relación bilateral, avances muy bien recibidos por todo el mundo. Había una conciencia mundial de que la política que tenía Estados Unidos hacia Cuba estaba fuera de tiempo, era retrógrada, propia de la Guerra Fría. La comunidad internacional estaba apoyando que existiera una nueva relación entre Cuba y Estados Unidos.

¿Estamos ante una vuelta al pasado, una nueva “Guerra Fría”?

-No diría una “Guerra Fría”, pero sí ante la aplicación de métodos de “Guerra Fría” por parte del Gobierno de Donald Trump en su política hacia Cuba. Es verdad que estamos retrocediendo aunque hay algo muy importante: en la sociedad estadounidense hay un consenso favorable a la mejoría de las relaciones. Es algo que el presidente no puede obviar, aunque puede hacer lo que quiera. Trump puede detener algo pero no puede pararlo.  Las grandes empresas son las primeras interesadas en que es necesaria una nueva política hacia Cuba. En cualquier caso, Trump no puede revertir los avances porque fue producto de un consenso social.

-¿Esa cerrazón del presidente, que no del pueblo norteamericano, no debería compensarla  o contrarestarla Europa?

-Cuba es un país que está en un proceso de transformación de su modelo económico y social. Esa transformación implica que Cuba se abre a los socios extranjeros a partir de reconocer un papel de la inversión extranjera en el desarrollo económico. Si el presidente Donald Trump no quiere favorecer al sector empresarial estadounidiense para con Cuba, que se beneficie el resto del mundo y que sea el resto del mundo el que tome la iniciativa. Mire, en este momento se crea una ventana de oportunidad que puede ser aprovechada especialmente por el empresariado español y el valenciano. Tenemos una economía dependiente del sector externo y nuestro interés es diversificar, también en nuestros socios comerciales y de inversión. A nosotros nos interesaría más la inversión europea, es segura, menos temperamental. Ahora mismo,  el presidente de EEUU está “echado en piso” a un acuerdo comercial que tiene más de 25 años como es el Tratado de Libre Comercio con América del Norte y quiere liquidar ese tratado, tal como hizo con el tratado con los países del Pacífico. No hay mucha seguridad en los pactos con EEUU.

.-Y en es papel, ¿qué puede aportar la Comunidad Valenciana?

-La Comunidad Valenciana tiene mucho que aportar y aprovechar en su relación con Cuba. Así se lo hemos transmitido al presidente de la Cámara de Comercio, al presidente de la Generalitat y al alcalde de Valencia… Hemos coincidido con todos en profundizar y consolidar las relaciones. Estamos hablando del comercio, de la inversión, de la cooperación… Ya hubo una delegación comercial, que encabezó el presidente Puig en octubre de 2016. Ahora queremos continuar los intercambios con los empresarios y brindarles información y aclararles dudas con el objetivo de que puedan llevarse a cabo esos acuerdos beneficiosos para ambas partes.

-¿Qué sectores considera que tendrían más oportunidades en Cuba?

-El sector agroalimentario es muy importante, es una prioridad para nosotros tanto del punto de vista del comercio como de la inversión extranjera. Por supuesto, el desarrollo del turismo y todo lo que supone. La industria textil, la logística portuaria. Hay muchas esferas en las que la Comunidad Valenciana en general puede aprovechar oportunidades que pueden ser absolutamente beneficiosas para ambos países. Hoy por hoy la economía cubana ha pasado de ser una economía productora de materias primas y de exportación de materias primas a una economía fundamentalmente de servicios. El turismo lo consideramos como tal.

-Con respecto al turismo, la decisión de Trump puede afectar al sector, aunque siguen llegando  cruceros norteamericanos.

-En el caso de los viajes puede haber una afección pero se va a mantener en nivel alto, especialmente cruceros.  Las visitas de estadounidienses crecieron el año pasado un 260%.  Hubo un momento,  en enero de 2016, en que La Habana colapsó; no había una habitación que alquilar, un taxi que tomar, no había un restaurante donde almorzar. Y eso generó una gran necesidad de servicios , un incremento de la construcción. Principalmente son las constructoras francesas las que están invirtiendo. Hoy por hoy, la Cámara de Comercio de los EEUU, que tiene más de un  millón trescientos mil afiliados, hace lobby a favor de un cambio; esto quiere decir que hay intereses  desde el punto de vista de la seguridad, económicos, políticos que rechazan el bloqueo.

-Existen cada vez más experiencias de empresarios valencianos que están trabajando en Cuba. En cualquier caso, desde su gobierno ¿qué garantías ofrecen a las inversiones?

-Cuba es un país serio, Cuba cumple sus compromisos. Es cierto que habido coyunturas en las que hemos pasado por una situación compleja que ha hecho que nos demoremos a cumplir con esos compromisos, pero nunca evadimos esos compromisos y es seguro de ello. Lo segundo, España como país es muy cercano, hay una mancomunidad de intereses  y al mismo tiempo una identificación mutua que favorece el acercamiento y el trabajo y pienso que es por lo que debemos apostar.

-Por lo expuesto a los empresarios, no dudan en hacer autocrítica.

-Estoy totalmente de acuerdo que tenemos que hacer la cosas mejor. En la última sesión del parlamento se habló seriamente sobre la burocracia cubana. Pero hay voluntad por parte de Cuba para mejorar y hay voluntad para que España participe y forme parte de ese proceso de transformación económica que estamos haciendo. Como todo ser humano estamos haciendo cosas y tratamos de mejorar y rectificar. Hay conciencia de ello.

-Usted también ha propuesto otro tipo de acuerdos al margen de los económicos.

-Existe una relación muy estrecha entre el pueblo valenciano y cubano, una relación de “larga data” tanto con las asociación de amistad y cooperación como con las instituciones. En momentos de desastre naturales en Cuba nos han mostrado su solidaridad enviado ayuda. Hemos cooperado con la Generalitat en el plano cultural, proyectos conjuntos que han contribuido a consolidar lazos. Existe un terreno todavía mucho más amplio como en el caso de la sanidad, en el cuidado  a los adultos, en la estimulación a la fertilidad, en la protección medioambiental que la Comunidad Valenciana tiene mucha experiencia y es algo en lo que podría ampliar la cooperación.

(Entrevista tomada de EsDiario)

miércoles, 29 de marzo de 2017

Trabajador español es despedido tras pedir días libres para donar parte del hígado a su hija


Esto no sucede en #CUBA

Trabajador español es despedido tras pedir días libres para donar parte del hígado a su hija

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Lamentablemente no es un hecho aislado. La Asociación Española de Ayuda a Niños con enfermedades hepáticas y trasplantados hepáticos (Hepa) denuncia que un porcentaje muy alto de los padres que han donado un órgano en vida han tenido problemas laborales y en la mayoría de los casos han perdido su puesto de trabajo. Por eso, han puesto en marcha una petición a través de la plataforma change.org, para que, por ley, se impida que un donante cobre menos o sea despedido del trabajo por no estar protegido por una baja laboral.

«Pedimos que estos donantes sean equiparados a una embarazada, situación a la que también se accede voluntariamente. De esta manera el trabajador no vería afectada su nómina ni perdería su puesto de trabajo. Y la empresa no tendría que pagar los seguros sociales en el tiempo de baja ni la persona que sustituye al donante», explican.

De este modo se evitarían casos, como los que sirven de ejemplo en la petición: el de un padre que fue despedido tras pedir unos días de baja y otros de vacaciones para poder desplazarse a Madrid y someterse a la operación para donar parte del hígado a su hija. «La vida de mi hija dependía de que yo le donara parte de mi hígado», asegura, pero a una semana de la intervención, le llamaron al despacho del director de Recursos Humanos y le despidieron. «Lo que más me dolió fueron sus palabras: “Así podrá usted dedicarse mejor a cuidar a su hija”», señala.

Otro de los casos que ilustran esta situación es el de un progenitor que cuando llevó los justificantes de las pruebas médicas por los días de ausencia se encontró como respuesta que «eran pruebas voluntarias y que no estaba enfermo y que no podían aceptar la justificación, que la solución era pedir una excedencia».

Precisamente, la semana pasada, durante su intervención en la XIV Reunión Nacional de Coordinadores de Trasplante y Profesionales de la Comunicación, el director de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT), Rafael Matesanz, pidió para el donante vivo una protección social y laboral similar a la de una mujer durante el embarazo y postparto y evitar así que éste pueda ser despedido durante el proceso de donación. Matesanz pidió esta «modificación legal», en la que fue su última comparecencia pública antes de abandonar la ONT.

(Tomado de ABC)

domingo, 14 de julio de 2013

Exige el PSOE la renuncia de Mariano Rajoy.

                                                                                                                          Tomado del Blog Isla Mía.

El secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, ha insistido en pedir la dimisión inmediata del presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, por el caso Bárcenas.
Ha resumido su comportamiento en “mentiras, falta de explicaciones y connivencia con un delincuente”.

"Rompemos relaciones con el PP," declaró a los medios de comunicación después de presidir una reunión urgente de la dirección de su partido, que fue convocada tras la publicación en el diario ‘El Mundo’ de unos SMS entre Rajoy y el extesorero de su partido, Luis Francisco Bárcenas, actualmente en prisión.

"Rajoy está incapacitado para seguir como presidente del Gobierno", afirmó Rubalcaba dejando claro que en caso de que no dimita "habrá moción de censura".

‘El Mundo’ publicó en la víspera unos mensajes que se intercambiaron Mariano Rajoy y Luis Bárcenas. Según indica la publicación, ambos mantuvieron contacto al menos hasta el pasado 6 de marzo.

En algunos de ellos, el presidente del Gobierno manifiesta su apoyo al extesorero del PP después de que saliera a la luz el escándalo sobre los sobresueldos en el partido y las cuentas en Suiza.

Además, Rajoy habría instado a Bárcenas a negar la 'contabilidad B' y los sobresueldos, cuya existencia "todo el mundo sabía", según aseguró en una entrevista el exdiputado del PP Manuel Milián Mestre, aunque "no se conocía ni quien los cobraba ni la cantidad", agregó.

La iniciativa del líder del PSOE ha sido apoyada por el portavoz de Izquierda Unida, José Luis Centella. Desde IU se ha instado a que el jefe del Ejecutivo renuncie y se convoquen elecciones anticipadas. La publicación de los mensajes de texto telefónicos, ha dicho, demuestra que Mariano Rajoy mantenía contactos con Bárcenas hasta hace muy poco tiempo y "mintió" al pueblo asegurando que no los tenía.

Centella opina que el país necesita un presidente "con los dos ojos en la crisis", mientras que Rajoy está "con un ojo en la cárcel y otro en la prensa", pendiente de lo que diga Bárcenas y de lo que publique los medios de comunicación.