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jueves, 10 de abril de 2014

Dejar el triunfalismo a un lado y pelear duro por el campeonato.

Por: José Miguel Vázquez.

Guarachas, sones, y otras melodías invaden los aires de Matanzas a través de nuestras emisoras pregonando que : " Este año es de Matanzas ".

Y...ojalá que así sea, porque soy matancero y apoyo a mi equipo Los Cocodrilos, pero...aqui viene el pero, es peligroso dejarnos llevar por tanto aire triunfalista, sobre todo por la resonante victoria de Pinar del Río anoche en el Estadio Victoria de Girón de esta ciudad 12 carreras por 5.

Y no es porque haya perdido Matanzas, pues en este Play Off final de la 53 Serie Nacional de la pelota cubana es muy difícil triunfar de 4 a cero., lo digo en primer lugar porque el equipo pinareño ha demostrado que tiene garra y que puede cambiar la decoración del juego en un santiamén.

Si a eso le sumamos las cosas malas que hizo Matanzas anoche, las imprecisiones en la defensa y el desacertado picheo de relevo, entonces ya tenemos más elementos de juicio para decir que estos juegos de Post Temporada no serán fáciles para los Cocodrilos de Víctor Mesa.y que para ganar tendrán que arañar la tierra.

Y sobre Víctor si quiero criticarlo abiertamente por la apresurada decisión de extraer del box a anoche al abridor Cionel Pérez, un novato de poca experiencia, pero que ha demostrado las tremendas potencialidades que tiene. Que conste que hablé con varios periodistas que atienden la rama deportiva en los medios nacionales, y estuvieron todos de acuerdo en que Víctor se precipitó demasiadamente pronto al sacar a Cionel, si bien es cierto que le habían bateado un jonrón y un hit, debió habérsele dado mayor confianza y dejarlo un poco más para ver como reaccionaba.

Otra cosa que hizo Víctor anoche y que ya se hace reiterativo es su empecinamiento en mantener en el line up a su hijo Víctor Víctor, un muchado que es bueno a la defensiva pero muy corto en la ofensiva, y los resultados no se hicieron esperar: Se ponchó tres veces.

También Víctor dejó sentados a Santoya y a Duque, dos inicialistas probados y puso en primera a Eriel Sánchez que no es un habitual de esa posición, debilitando la defensa de esa base.

A esto hay que sumarle imprecisiones en la defensa y la poca ofensiva del equipo que fue incapaz de remontar la diferencia del rival en gran medida por el certero relevo del joven pinareño Vladimir Gutierrez quien con una velocidad endemoniada y un magnífico control amarro corticos a los bateadores matanceros.

Así las cosas la serie se empareja  un juego  para cada uno, y ahora mañana se reiniciará en el Capitán San Luís de Pinar del Río, con la ventaja para los vueltabajeros que estarán en su propio terreno y con el apoyo mayoritario de sus aficionados..

Así que creo Víctor Mesa 32 deberá llamarse al buen vivir, hacer las cosas mejores a la hora de escoger sus 9 hombres y sobre todo dejar a un lado ese paternalismo con el hijo, que ya le está haciendo daño a las aspiraciones matanceras de ganar el campeonado.

Por lo pronto, lo confieso, no tengo ningún aire triunfalista con Matanzas, sí deseo que gane el campeonato, pero para eso deberán vencer a  un equipo que supo eliminar al todopoderoso Industriales y que ha demostrado en el terreno que con ellos hay que contar.

lunes, 10 de junio de 2013

El Víctor bueno y el Víctor malo

Nota de José Miguel: Les traigo de Granma el comentario de Oscar Sánchez Serra, donde hace una especie de análisis de la personalidad del director del equipo de los Cocodrilos de Matanzas Víctor Mesa.

Aunque no coincido con el periodista en todas sus partes, si reconozco la objetividad con que aborda el tema.

Solamente quería dejar constancia de que muchos aficionados contrariamente a lo que dice el cronista de referencia no estamos de acuerdo con la decisión de César Valdés al no decretar pelotazo a Benavides y que dio lugar a la expulsión de Víctor.

No niego que la bola haya dado en el bate, pero también de alguna forma golpeó al bateador y eso es lo que reclamaba Víctor, claro está con su forma peculiar de protestar una jornada.

A César se le puso en el home en virtud de su probada experiencia , pero "el principal" debió haber acudido a toda su experiencia acumulada y haber visto ambas cosas. Ahora los dejo con el comentario de marras.



El Víctor bueno y el Víctor malo

Oscar Sánchez Serra

Después de 22 años, Matanzas vuelve a una final, un suceso que pocos, pero muy pocos, podrían divisar. Solo un hombre, de contrastante y controvertida personalidad, vio el camino desde el inicio. Nos guste o no, Víctor Mesa es el artífice de esta hazaña yumurina, y de una final soñada por muchos. Villa Clara, el adversario, lleva 17 temporadas sin escalar al trono, pese a su sempiterna presencia en la disputa del cetro.


Una vez me dijo que el béisbol desde afuera es uno y dentro del terreno es otro muy distinto. Me imaginé entonces, y todavía hoy, que él quería situarme en el primer espacio. Sí, yo no soy ni jugador ni director, ni entrenador. Intuí también que se refería a que una cosa es la que se piensa y se manda a hacer desde la incómoda silla del mentor y otra el resultado.

Cuando algo no sale según lo previó, Víctor Mesa se desata en gestos y requerimientos a sus jugadores, no importa si es un novato o un consagrado, si la grada está llena o no. Parece que se lo va a comer. Lo mismo le ocurre si un árbitro se equivoca o si no se equivoca y él cree que sí erró. Entonces aparece el Víctor malo, asediado por las justas críticas de muchos y por un sin fin de enemigos.

Pero cuando una selección, con los mismos jugadores, como la de Matanzas viene del lugar 14 hasta el tercero y en la siguiente temporada ya es segunda y va a disputar el título nacional, aflora el Víctor bueno. No son pocos a los que les he escuchado: "No lo soporto, pero tengo que admitir que nunca está perdido" o "a mí no me gusta lo que hace; sin embargo, inyecta espíritu de combatividad". Incluso, "ojalá que gane para enfrentarme con él y derrotarlo".

No pretendemos hacer un estudio psicológico de quien fuera un pelotero extraclase y que ahora vestido de director no ha podido quitarse el traje de jardinero central, de primer bate, es decir, de jugador. Y esto, si bien es una ventaja, también es un riesgo muy grande, pues para ver a los del campo no se puede ser uno de ellos, porque entre otras cosas, comienza a actuar así, incluso, frente a los árbitros, lo cual pudiera explicar —nunca justificar—, sus no pocas descompuestas manifestaciones frente a quienes imparten justicia en el terreno.

Lo que sí me atrevería a afirmar es que un Víctor no puede vivir sin el otro, si uno de los dos no existiera, mañana Matanzas no estaría discutiendo el pergamino cubano de béisbol.

Se acalora tras una decisión arbitral.

Y es que los dos Víctor son uno solo, una combinación rara, muy compleja de entender, pero en la que se le puede ver como un escolar sencillo, saltando y riendo cuando algo queda bien o como cascarrabias frente al error; como un padre reconfortando el esfuerzo de su jugador o criticándole cual verdadero inquisidor por una pifia; un tierno y fiel hermano al abrazar a un pelotero, agradeciéndole su desempeño, o una mirada o un gesto que no se le profesa ni al peor adversario. Incluso, al que es capaz de abrazarse a los periodistas, después de haberle lanzado no sé cuántos improperios.

Esa combinación está llena de exigencia, de explotar al máximo cada fibra muscular de sus atletas y de fe en la victoria. Pero también, y lo he podido comprobar, de mucho diálogo con sus peloteros, de respaldo incondicional hacia ellos, a quienes llega a considerar como las personas más importantes en cada provincia.

Como estamos fuera del terreno, donde el béisbol se ve distinto, donde se disfruta cuando la combinación da resultados, como el octavo capítulo del pasado sábado en el choque entre Sancti Spíritus y Matanzas, que les dio el pase a la final a los yumurinos, nos sentimos con el derecho de exigirle al Víctor bueno que no deje salir al malo.

En otras palabras, el espectáculo tiene que ser el béisbol, ese que jugó como pocos lo hacían, el que dirige con el mismo ímpetu, pero nunca el béisbol de los (sus) excesos, como los vimos una vez más, el propio sábado con el árbitro César Valdés, exacto y justo desde su posición de imparcial.

Deje salir al bueno, sáquelo a relucir, como lo hizo al responder la pregunta en la última conferencia de prensa, sobre la opinión que tenía del enfrentamiento en la final ante Villa Clara, equipo al que dirigió, y se dice que controversialmente, por lo cual los naranjas quieren sacarse la espinita. Fue muy bueno escucharle que no tiene espinita con nadie, solo con los norteamericanos en el terreno de pelota, que lo que está haciendo es también defender a la Patria.

A la afición y al béisbol nacional les hacen mucha falta ver al Víctor bueno.