
Foto: Reuters.
El domingo 16 de julio dio inicio en Venezuela una nueva fase de la
guerra no convencional de factura estadunidense, que la cúpula
extremista y maximalista que se apoderó de la conducción de la Mesa de
Unidad Democrática (MUD) ha denominado la “Hora 0”.
En medio de una sostenida violencia de corte paramilitar y terrorista
que supera los 100 días de duración, la puesta en escena de la
“consulta ciudadana” se dio en el marco de anuncios catastrofistas como
el del diputado neofascista Freddy Guevara, de Voluntad Popular, quien
aseguró en un canal de televisión que luego del “plebiscito” en contra
de las elecciones para constituir la Asamblea Nacional Constituyente,
“vendrá algo que nunca hemos visto en nuestro país”.
Guevara habló de un “levantamiento total”, que a juzgar por los
manuales de la Guerra No Convencional del Pentágono dirigida a provocar
un “cambio de régimen”, augura escenarios tipo Libia, Ucrania o Siria.
Es decir, estaríamos en el inicio del estallido de una guerra fratricida
entre venezolanos, con intervención de potencias extranjeras,
mercenarios y grupos paramilitares.
Y es que más allá de los resultados ilegítimos y fraudulentos de la consulta, que fueron propagandeados
urbi et orbi
por la canalla mediática transnacional con fines de legitimación, el
objetivo del plebiscito-trampa de la MUD sigue siendo el mismo: derrocar
al presidente constitucional y legítimo de Venezuela, Nicolás Maduro.
La también llamada “etapa decisiva”, es una nueva fase del
golpe de Estado continuado o permanente
que en los últimos tres meses ha sumido al país en una violencia
caótica y desestabilizadora de nuevo tipo, que utiliza como forma de
lucha política una metodología terrorista. Es decir, el uso ilegal,
premeditado, calculado y sistemático de una violencia indiscriminada y
letal contra población civil, para provocar miedo y un terror
paralizante en la sociedad. Lo que ha sido combinado con sabotajes
contra el sistema eléctrico nacional y centros de acopio de alimentos, y
ataques a cuarteles que buscan generar desmoralización y provocar
divisiones al interior de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.
Con apoyo de la beligerante jerarquía conservadora de la Iglesia
católica local, convertida en una facción más de la partidocracia de la
MUD; de un grupo de gobiernos derechistas de Europa (con Mariano Rajoy a
la cabeza) y del hemisferio agrupados en la Organización de Estados
Americanos (OEA) bajo la batuta de Washington, y de los principales
periódicos, cadenas y conglomerados mediáticos del orbe que a diario
reproducen la ideología dominante y la dictadura del pensamiento único
neoliberal (
The New York Times,
The Washington Post ,
El País,
ABC,
el Grupo Clarín, O’ Globo, CNN, Televisa, BBC, Reuters, EFE y un largo
etcétera); siguiendo tácticas psicosociales y político-militares de los
manuales de la guerra asimétrica, irregular o híbrida del Ejército
estadunidense, y en el marco de una intensificación de acciones bélicas
de corte terrorista, la nueva escalada golpista del combo reaccionario
pasa por la formación de un “gobierno de transición” paralelo, con un
“gabinete de emergencia” que contarán con el aval de Washington y sus
comparsas del mundo occidental.
Como admitió el disidente de la MUD Enrique Ochoa Antich, esa
estrategia busca crear un “poder paralelo” al institucional y legalmente
constituido de Nicolás Maduro, cuyo mandato concluye en enero de 2019;
una suerte de “gobierno en el exilio
pero adentro”, que podría
degenerar en más violencia armada y polarización social y “en una guerra
civil financiada desde el exterior, incluso con una intervención
extranjera”
Además de ser una maniobra diversionista y engañosa para sus propios
seguidores, el fraude plebiscitario de la MUD tuvo como uno de sus
principales objetivos acentuar la deslegitimación internacional del
gobierno de Maduro y convertir a Venezuela en una “Estado forajido” o
“fallido” para justificar una “intervención humanitaria” de EU y sus
aliados.
Los terroristas buenos y la canalla mediática

Para ello, en la fase anterior Washington y algunos países de la OEA
−Canadá, México y Colombia con sus paramilitares incluidos−, han avalado
las acciones de grupos terroristas y mercenarios que han utilizado
artefactos letales como bombas, cocteles molotov, niples, guayas para
degollar motociclistas, chopos, morteros, cohetones y armas de fuego
contra civiles.
Es un terrorismo de nuevo tipo, que mediante campañas de saturación
mediática de la prensa hegemónica se encubre bajo una apariencia de
“movilización pacífica”; si fueran pacíficos no estarían armados ni
lincharían o convertirían a sus víctimas en piras humanas; tampoco
incendiarían hospitales y guarderías con niños adentro, ni destruirían
toneladas de alimentos y productos de primera necesidad que iban a ser
destinados a los barrios populares.
Tras la fracasada estrategia
golpe de Estado-paro petrolero-abstención de 2001/2006, auspiciada y financiada por la administración de George W. Bush, desde las violentas
guarimbas
de 2014 hasta el presente Estados Unidos y los conglomerados mediáticos
privados han logrado ganar la guerra simbólica en el exterior (pero no
al interior de Venezuela), mediante matrices de opinión donde la
violencia terrorista de la MUD siempre es válida y justiciera, y la
respuesta gubernamental “represiva”, “dictatorial” o propia de un
“Estado forajido” violador de derechos humanos.
Como señaló el lunes el canciller venezolano Samuel Moncada a
propósito de la irresponsable cobertura falta de rigor lógico de las
grandes corporaciones mediáticas
sobre las dos consultas del domingo: la chavista y la opositora,
existió un “total desinterés en trasmitir la verdad”, ya que por el
contrario se dedicaron a repetir un concepto muy practicado llamado “
gaslighting”
(o pote de humo), que consiste en sembrar información falsa para “hacer
dudar a las personas sobre sus propias ideas, aislándolas de la
realidad”. Sobre la consulta de la MUD añadió que “a nadie le interesa
la verdad, lo que importa es el efecto, una operación de propaganda para
manipular incluso a sus propios seguidores”.
Con el agregado que para montar esa ficción de lucha política
seudodemocrática, las concentraciones violentas de la “oposición
pacífica” siempre cuentan con camarógrafos y fotógrafos que operan como
una virtual unidad de combate terroristas/medios, ya que las imágenes,
sumadas luego a distorsiones (des)informativas y a la propagación de
noticias falsas (
fake news) y una narrativa sesgada e ideologizada de las redacciones, son un engranaje clave de las operaciones de guerra psicológica.
Al respecto, sirva como ejemplo de la manipulación (des)informativa
las imágenes divulgadas por la agencia española EFE el domingo 16 (de
las que se hizo eco el diario madrileño
El País como parte de
la misma maniobra confusionista), donde centros de votación del ensayo
electoral constituyente del CNE fueron presentados como puntos de
sufragio de la consulta de la MUD, bajo un pie de foto que decía: “EFE.
Chavistas aguardan para votar en la consulta opositora”. (
sic)
Tampoco es casual que en total sintonía con la hoja de ruta
orquestada desde el Comando Sur por el almirante Kurt Tidd, que incluye
la propuesta “integral” senatorial bipartidista del Congreso en
Washington para la “asistencia humanitaria y la defensa de la gobernanza
democrática” en Venezuela (encabezada por el demócrata Ben Cardin y el
republicano Marco Rubio), los diarios mexicanos
El Universal y
Milenio
hayan enviado reporteros a Caracas y publiquen este martes 18 sendos
reportajes de corte similar: “Sin comida. La lucha de los más pobres” y
“Venezuela hambrienta”.
La ExxonMobil y la hoja de ruta de Washington
La realidad es que en la coyuntura, tras decrecer el respaldo
clasemediero a las protestas callejeras violentas y consolidarse el
respaldo popular a la iniciativa presidencial de la Constituyente del
30-J, la MUD y sus titiriteros del exterior inventaron un mecanismo
paralelo al referéndum constitucional.
La pantomima opositora del domingo fue una consulta seudojurídica,
anticonstitucional y viciada de nulidad, ya que la fórmula del
“plebiscito” no existe en la normatividad venezolana vigente. Y según la
Constitución –como ocurre en todos los países del mundo− todo acto
comicial de envergadura nacional debe estar avalado, acompañado o
realizado la máxima autoridad en la materia: el Consejo Nacional
Electoral (CNE).
Así, la consulta de la MUD fue un mero acto de manejo de expectativas
políticas no sujeto a parámetros de control previo, ni en su ejecución
ni posterior al mismo.
Además, fiel al estilo piromaníaco de las
protestas callejeras de la MUD, los cuadernos de la consulta fueron
incinerados, lo que hace inauditable el conteo de electores y votos.
Algo así como cometer fraude y quemar la evidencia.
Por qué el ex presidente de México, Vicente Fox, se prestó a
esa tramoya mediática de la derecha violenta es de simple comprensión:
el “cachorro del imperio” −como lo llamó el comandante Hugo Chávez en la
cumbre de Mar del Plata, en 2005, por su espíritu lacayuno y servil
hacia George W. Bush− lleva el sello reaccionario y antidemocrático en
su ADN, amén de que debido a su militancia en el PRIAN: la conjunción
neoliberal a ultranza conformada por los partidos Revolucionario
Institucional (PRI) y Acción Nacional (PAN),está acostumbrado a los
fraudes de Estado por “razones patrióticas”; es decir, aquellas que
garanticen la vigencia del statu quo y las relaciones de dominación al servicio de la clase capitalista transnacional , a las que les cobra por sus servicios: ¡Sólo 250 mil dólares por avalar la consulta opositora del domingo!
En la interna de Venezuela, el plebiscito fraudulento del domingo
(como parte del cronograma conspiracionista y sedicioso del Pentágono),
tuvo como finalidad profundizar el desacato de la Asamblea Nacional y
dar paso a un “gobierno de unidad” paralelo; servir como medio de
legitimación de actos de sabotaje, paros de transporte y del sector
petrolero para intentar colapsar la economía; profundizar la violencia
callejera para paralizar e inhibir la acción gubernamental y un eventual
control de territorios en ciudades importantes.
En ese contexto −a lo que se suma la huelga general de 24 horas del
jueves−, la presión injerencista y el cerco político-diplomático del
exterior es clave para legitimar una invasión extranjera por razones
“humanitarias”, según anticipó el diputado Juan Requesens, de Primero
Justicia.
La amenaza del presidente Donald Trump de imponer sanciones
económicas y financieras ilegales y extraterritoriales a Venezuela si se
realiza la elección para la Asamblea Nacional Constituyente el 30-J, a
la que se suman la Unión Europea y la OEA con el inefable Luis Almagro y
su Carta Democrática, cierran la pinza según lo diseñado hace dos años
en la Operación Venezuela Freedom- 2 del Comando Sur.
En el campo de los poderes fácticos no pasan desapercibidas en esta
“Hora 0”, el cabildeo intervencionista a favor de un “cambio de régimen”
de dos actores con intereses geopolíticos diversos: la corporación
petrolera ExxonMobil, de la que fue su histórico GEO el actual
secretario de Estado Rex Tillerson y la jerarquía de la Iglesia católica
venezolana.
La ExxonMobil ha invertido cuantiosos recursos para derrocar a
Nicolás Maduro, financiando entre otros la campaña del presidente Trump y
a senadores estadunidenses como Marco Rubio, Ed Royce, Ileana Ros y Bob
Menéndez para que apliquen un paquete de sanciones económicas contra
Venezuela y brinden apoyo a los “luchadores de la libertad” que han
desatado la violencia terrorista en el país.
El financiamiento y la extorsión política de la Exxon se explican por
la disminución de su influencia en la región latinoamericana, y en
Venezuela en particular, debido a los acuerdos de cooperación energética
y política de PDVSA con Rusia y China, acuerdos que son presentados en
Washington como un problema de “seguridad nacional” de Estados Unidos,
para acelerar la intervención del Pentágono.
El papa Francisco y sus ovejas descarriadas de la CEV
En relación con los miembros de la Conferencia Episcopal Venezolana,
no llama la atención que en vez de servir de puente para el diálogo y la
concordia y secundar la posición del papa Francisco, se sumen ahora al
coro de los violentos y terroristas (igual que en el golpe de Estado del
11/A contra Hugo Chávez en 2002), con una declaración pública
vergonzosa que constituye un llamado a desconocer al presidente
constitucional y legítimo Nicolás Maduro.
A nivel personal destacó por su enjundia rabiosa y neofranquista el
presidente de la CEV, monseñor Diego Padrón, quien acusó al gobierno de
intentar establecer en Venezuela “una dictadura militarista, marxista y
comunista”. Como dice José Vicente Rangel, “los obispos se quitaron la
careta”. Secundado por el cura que bendijo las armas “artesanales” de
los foquistas que asediaron la base militar de La Carlota, Padrón y sus
compinches ensotanados integran, como en el Chile de Pinochet y la
Argentina de Videla, una facción más de la partidocracia nucleada en la
MUD.
Resulta evidente que sin el factor violencia y el apoyo imperial, la
conducción neofascista de la MUD carece de proyección mediática, en una
coyuntura donde la correlación de fuerzas interna no le favorece, según
se comprobó fraude mediante el domingo 16.
Nicolás Maduro y el chavismo bravío mantienen el poder asentado en
una unidad cívico/militar con una férrea unidad de mando. A ello se suma
el respaldo activo de las comunas y de colectivos populares
organizados, y una milicia de 500 mil hombres y mujeres armados en todo
el territorio. El gobierno constitucional cuenta, además, con recursos
legales y con los organismos institucionales encargados de aplicarlos.
De allí que, frente al “carmonazo” en cámara lenta del presente y el
anuncio de represalias por parte del jefe formal del imperio, es hora de
cerrar filas y acompañar al pueblo bolivariano en su camino hacia la
constituyente del 30-J, y de responder a Trump, en las palabras de
Ernesto Villegas, con el muy chavista “¡váyanse al carajo, yankies de
mierda!”