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viernes, 18 de febrero de 2022

Ataques sónicos sin pruebas: ¿Síndrome misterioso? (+ Podcast)

 



Hoy estaremos conversando sobre los incidentes de salud que sufrieron funcionarios estadounidenses en Cuba. Foto: Ariel González Cuadrado/Cubadebate.

¿Ataques sónicos? ¿Síndrome de La Habana? ¿En serio? ¿Dónde están las pruebas?

Ni científicos estadounidenses ni cubanos han podido demostrar que existe prueba alguna de que ocurrieron ataques sónicos contra funcionarios de la embajada de Estados Unidos en Cuba en 2017, hace exactamente cinco años.

Sin embargo, la administración Trump y ahora la de Biden, han mantenido este pretexto para torpedear las relaciones diplomáticas entre Washington y La Habana. Es una realidad.

Este es el podcast de Cubadebate, y hoy estaremos conversando sobre los incidentes de salud que sufrieron funcionarios estadounidenses en Cuba.

Nos acompaña en el debate, la diplomática Johana Tablada, subdirectora de la dirección general de Estados Unidos del Ministerio de Relaciones Exteriores.

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Ataques sónicos sin pruebas: ¿Síndrome misterioso? (+ Podcast)

 

 

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06:10
33:11

domingo, 3 de octubre de 2021

Investigación del Minint demuestra falta de evidencias criminalísticas acerca de ataques sónicos a diplomáticos en La Habana

 

Investigación del Minint demuestra falta de evidencias criminalísticas acerca de ataques sónicos a diplomáticos en La Habana


Tras una rigurosa investigación, el Minint demuestra que no hay evidencias criminalísticas ni científicas que sostengan la ocurrencia de un hecho criminal contra diplomáticos en La Habana, ni que asocien los padecimientos referidos con un ataque sónico o con microondas.

En marzo de 2016, Barack Obama viajó a Cuba. Fue el segundo presidente de Estados Unidos que aterrizaba en La Habana en ejercicio del cargo, luego de Calvin Coolidge, en 1928. Caminó por sus calles, cenó en un restaurante privado. Dialogó con los dirigentes del país. Hasta disfrutó de un juego de béisbol, el deporte nacional de ambos países. En 2015 se habían reabierto las embajadas en ambas capitales.

Poco a poco se iban tendiendo puentes sobre un viejo muro de odio levantado por Washington cuando la Revolución triunfó. A un lado y otro, la opinión pública daba su visto bueno al entendimiento, sobre la base del respeto y la coexistencia pacífica.

Quienes seguían atrincherados en su política de hostilidad contra Cuba, vieron en el candidato Donald Trump al hombre ideal para poner fin al acercamiento. Desde su campaña electoral, el magnate dejó claro que una vez en la Casa Blanca volvería a poner negra la relación con la Isla vecina.

En enero de 2017 Trump se sentó en la oficina oval y el 17 de febrero «explotó el Maine del siglo XXI». Ese día fueron notificados los primeros casos de un supuesto «ataque sónico» contra diplomáticos estadounidenses en la capital cubana. «Hablaron de hostigamiento, que estaban siendo agredidos», recuerda el teniente coronel Roberto Hernández Caballero, de la Dirección General de Investigación Criminal del Ministerio del Interior (Minint), quien desde un inicio estuvo en el grupo designado para esclarecer los hechos.

Según la nota presentada, referían sentir náuseas, mareos, falta de equilibrio, dolor facial, abdominal, de cabeza; vista borrosa, problemas de memoria y zumbidos, entre otras dolencias. Y los ruidos se describían como semejantes a los de los insectos, fricciones entre metales, muy fuertes, incluso, en uno de los casos alegaron que provocó la vibración de una puerta.

«Ante la denuncia, la dirección del Estado cubano indicó iniciar una investigación exhaustiva con todos los recursos científicos necesarios; el Minint designó a un grupo de trabajo permanente, y fue abierto el expediente investigativo 10/2017 por un posible delito de Actos contra los Jefes y Representantes Diplomáticos de Estados Extranjeros», explica Hernández Caballero en exclusiva a JR.

«Históricamente, Cuba ha sido un país que garantiza la seguridad de los diplomáticos extranjeros, esa ha sido una conducta invariable de la Revolución, y ni en los momentos más tensos de los nexos entre Washington y La Habana se ha agredido su sede ni a sus funcionarios.

«Las autoridades cubanas fueron muy rigurosas en la investigación. Se le otorgó la máxima prioridad, con recursos y personal especializado para ir al fondo de los hechos, y ya hemos cerrado el caso formalmente, aunque las medidas adoptadas por las autoridades para la investigación se mantienen activas», enfatiza.

—¿Y a qué conclusiones llegaron?

—No hay evidencias criminalísticas ni científicas que sostengan la ocurrencia de un hecho criminal, ni que asocien los padecimientos referidos con un ataque sónico o con microondas, u otra acción deliberada contra los diplomáticos.

«Tampoco se encontraron ningún elemento que apunte a un supuesto autor o sospechoso ni a personas con motivos, intenciones o medios para ejecutar ese tipo de acciones.

«Las investigaciones desarrolladas por las autoridades policiales y científicas de Estados Unidos y Canadá tampoco han logrado hallar explicaciones concluyentes a los síntomas descritos por sus funcionarios, que, según el Comité de Expertos de la Academia de Ciencias de Cuba conformado también para investigar este asunto, pueden tener su origen en múltiples causas: enfermedades preexistentes, profesionales o espontáneas».

—Vayamos a 2017. Desde un inicio parecía una historia mal contada, ¿por qué se puede afirmar eso?

—Llama la atención que las primeras denuncias fueron hechas en febrero de 2017, y luego dijeron que desde noviembre y diciembre del año anterior estaban siendo víctimas de esos supuestos ataques.

«Además, a pesar de que las autoridades cubanas propusieron desde un inicio desarrollar esta investigación en el marco de la cooperación, no fue hasta junio de 2017 (cuatro meses después) que una delegación del Buró Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés) viajó a Cuba para realizar acciones investigativas en el territorio nacional.

«No se nos permitió entrevistar directamente a los funcionarios que habían reportado incidentes anómalos, ni ir a los lugares donde supuestamente habían ocurrido. Los reportes de las autoridades estadounidenses se referían a hechos que habían ocurrido días, semanas y meses atrás, y la información que se trasladaba era imprecisa.

«La investigación tuvo que organizarse sobre la base de supuestos, con informaciones parciales entregadas de manera indirecta por la parte estadounidense y sin poder contrastarlas mediante la entrevista directa con las presuntas víctimas y testigos.

«Nuestros criminalistas, peritos y expertos científicos tuvieron que investigar sin contar con información primaria, fiable y contrastable».

—¿Hay más ejemplos que desmonten la acusación de la supuesta agresión?

—Unos días después de la primera notificación, el jefe del Departamento de Seguridad Diplomática del Minint se entrevistó con el funcionario estadounidense a cargo de la seguridad de la embajada de Estados Unidos y su adjunto —ambas partes mantienen intercambios periódicos justamente para tratar temas de seguridad—, y ninguno de los dos sabía lo que estaba pasando. Estaban ajenos a los reportes. Había que verles la cara de asombro e incredulidad.

«¿Cómo se puede explicar que los responsables de la seguridad de los diplomáticos estadounidenses no supieran que había funcionarios de esa legación que estaban reportando incidentes anómalos? ¿Acaso no son ellos los primeros que deben estar al tanto de un hecho así? Luego resulta que uno de esos funcionarios aparece en la lista de los afectados.

«Otro diplomático manifestó haber tenido un incidente en su residencia. Nadie más refirió haber sentido nada, ni su familia ni los empleados. Entre los síntomas, el hombre dice que padecía de falta de equilibrio y mareos, y por esos mismos días se le veía conduciendo una moto moderna a altas velocidades por calles de La Habana.

«Una funcionaria dijo que el sonido provenía de una camioneta que después se había escondido en una edificación cercana. Acudimos rápidamente y se comprobó que el vehículo era de un vecino que lo parqueaba siempre allí para aprovechar la sombra de un almendro».

—Además de en las residencias, hubo reportes desde instalaciones hoteleras.

—Se reportaron casos en los hoteles Capri y Nacional, que tal vez son los más concurridos y populares de la ciudad y por esos días estaban a plena capacidad.

«Se investigó a fondo, hicimos mediciones de conjunto con un equipo del FBI, buscamos huellas y no apareció nada. Se identificaron los huéspedes alojados en las habitaciones colindantes en esos días. Ningún otro cliente o empleado sintió ruidos o síntomas semejantes. No hubo registro de actividad anómala.

«Los estudios en el Hotel Nacional demostraron que el único ruido por ese día fuera de lo habitual era la música de los carnavales que se celebraban en el malecón.

«No se encontraron evidencias de exposición a fuentes de energía en ningún caso, ni en los hoteles ni en las residencias ni entre los vecinos».

—¿Algún otro elemento que deje en entredicho la teoría de los ataques?

—Durante el período de los supuestos ataques fue cuando más amigos y familiares recibieron los diplomáticos estadounidenses en Cuba. ¿Acaso es lógico que bajo agresión usted invite a seres queridos a visitar al escenario del hostigamiento? Además, en ese mismo tiempo, iban a playas, piscinas.

—¿Además de ellos, solo diplomáticos canadienses han informado hechos similares?

—Algunos diplomáticos canadienses reportaron afectaciones de salud cuatro meses después de los estadounidenses. La parte cubana realizó múltiples acciones investigativas. Se incrementaron los intercambios operacionales y se facilitó la entrada al país de investigadores y técnicos de la Real Policía Montada de Canadá con este fin.

«Nuestros científicos también realizaron discusiones de trabajo con el personal médico de la Cancillería canadiense, y con un equipo del Centro de Reparación Cerebral (Brain Repair Centre) de la Universidad de Dalhousie, al que el Gobierno de Canadá comisionó para investigar los padecimientos de salud reportados por sus diplomáticos.

«Recuerdo una funcionaria de la Embajada de ese país que informó de un supuesto incidente, fue al médico y le detectaron un estrechamiento del oído; sus síntomas podían estar asociados a un padecimiento llamado Barotrauma, posiblemente producido por el buceo que practica.

«Ella misma hizo un segundo reporte, y coincidió que estaba en La Habana la Real Policía Montada de Canadá haciendo investigaciones al respecto, fuimos ambos equipos juntos y se determinó que el ruido era emitido por un aire acondicionado.

«Otra funcionaria llegó cerca de las dos de la madrugada a su residencia luego de una actividad festiva y dijo sentir un ruido. Le preguntó al custodio si no escuchaba nada. Él respondió que no, pero rápidamente informó al jefe de protección, quien le indicó que grabara el sonido ambiente con su móvil. Analizamos el audio y solo hay ruidos ambientales, propios de la madrugada en La Habana.

«En 2018, a partir de un protocolo de trabajo conjunto, los canadienses instalaron sensores para registrar eventos diversos, y todavía no ha aparecido el primer reporte de un hecho que afecte la salud».

—A pesar de la gravedad de las acusaciones y la intención de implicar a Cuba, ¿el Minint trabajó de conjunto con las contrapartes, el FBI y la Real Policía Montada de Canadá?

—Desde 2015, el Minint venía incrementando los intercambios con autoridades de aplicación y cumplimiento de la ley de Estados Unidos, en interés de cooperar en el enfrentamiento a delitos transnacionales, una relación profesional de beneficio mutuo, para garantizar la seguridad nacional de ambos países. Con la llegada de Trump al poder y al comenzar los supuestos incidentes sónicos los contactos se fueron limitando solo a investigar estos hechos.

«A partir de los mecanismos de cooperación existentes, se autorizó que participaran en las investigaciones, fueron a las habitaciones de los hoteles, trajeron equipamiento especial para hacer sus estudios; incluso, en el último reporte, en junio de 2018, estaban los agentes del FBI aquí y acudimos juntos al lugar del hecho y se comprobó que el ruido provenía del compresor de un calentador.

«Nosotros sistemáticamente compartimos con la contraparte estadounidense los resultados parciales de la investigación.

«En agosto de 2017, el FBI nos entregó 14 muestras de grabaciones de ruidos realizadas en lugares donde supuestamente habían ocurrido incidentes. Nuestros peritos encontraron que estaban manipuladas, habían borrado datos necesarios para precisar tiempo y espacio, y los sonidos audibles eran del claxon de un auto, un almendrón, aves, grillos; pero nada que afecte la salud humana.

«El FBI nos notificó por escrito el 4 de junio de 2018 que tampoco habían encontrado evidencias de que el infrasonido, el ultrasonido o el sonido audible hayan sido utilizados para dañar a los funcionarios de su sede diplomática en La Habana, que los síntomas podían ser causados por otra cosa, pero nunca por una agresión de ese tipo.

«Luego conocimos a través de artículos de prensa estadounidense que como parte de la investigación sobre los incidentes en Cuba, la Unidad de Análisis Conductual del FBI realizó una evaluación sicológica de las supuestas víctimas y concluyó que estaban sufriendo una especie de enfermedad sicogénica, lo cual informaron al Departamento de Estado, que, sin embargo, ha guardado silencio respecto a lo planteado por el FBI».

—Llama la atención que cuando no pudieron sostener el pretexto de ataque sónico, dijeron que la agresión era con microondas...

—Otra falsedad fácil de rebatir. Además, esa teoría surge de unos científicos estadounidenses, quienes se quejaron de que tampoco tuvieron acceso a toda la información necesaria para estudiar el caso. O sea, ni a sus propios expertos les facilitaron los datos.

«¿Cuál es la sensación elemental cuando uno se expone a microondas? El calor, se siente la piel ardiendo, y ninguno de los supuestos atacados refirió quemazón ni nada parecido.

«Además, sucede igual que con las armas sónicas, son equipos visibles, grandes, y en las investigaciones no hay ni una huella ni nada que se pueda asociar al empleo de esas tecnologías, que Cuba no posee ni permite su importación.

«Para confirmarlo, se verificó con la Aduana que nadie hubiera tratado de ingresar al territorio nacional siquiera componentes o algo parecido de esas armas.

«El equipo investigativo del Ministerio del Interior hizo un levantamiento en un perímetro de 200 metros alrededor de las viviendas ocupadas por los funcionarios, que están ubicadas en el reparto Siboney, un área residencial, sin industrias, sin sobrepoblación, de mucha tranquilidad, y comprobó que no había vestigios de contaminación ambiental, sonora, ni de ningún otro tipo.

«Más de cuatro años después no hay ni una evidencia de agresión a diplomáticos en La Habana, basta con las pruebas reveladas, que no son las únicas disponibles, para confirmarlo; pero las medidas aplicadas a partir de entonces por Trump sí se mantienen vigentes todas.

«El Gobierno estadounidense ha designado en los últimos años varias comisiones investigadoras de distintas agencias federales, pero ninguna ha llegado a una conclusión distinta a la de los investigadores y científicos cubanos. La embajadora Pamela Spratlen, principal funcionaria del Departamento de Estado designada para supervisar la respuesta de esa entidad a los reportes de padecimientos de salud, acaba de abandonar el cargo tras enfrentar críticas por insinuar en una reunión que compartía la conclusión de la investigación del FBI, que atribuye el origen de algunos casos a factores sicogénicos.

«Las autoridades cubanas no han rechazado que pudieran existir personas enfermas o con síntomas similares a los descritos, y siempre han propuesto investigar de conjunto por la vía de la ciencia y la medicina, pero consideran infundado e irresponsable aseverar y repetir a toda voz, como lo han hecho funcionarios y políticos estadounidenses, que sus diplomáticos están siendo objeto de algún tipo de agresión. Ni una sola evidencia sustenta esa insinuación».

Luego del 17 de febrero de 2017 volvieron los muros, la agresividad contra Cuba, el ensañamiento en la aplicación del bloqueo económico, comercial y financiero como nunca antes; hechos que inducen a pensar que todo fue una operación política para acompañar la reversión de la política de acercamiento y diálogo promovida por Barack Obama.

(Tomado de Juventud Rebelde)

jueves, 11 de febrero de 2021

Departamento de Estado revela arbitrariedades de Trump en el supuesto “ataque sónico” en La Habana

 



Un informe secreto del Departamento de Estado recién desclasificado sugiere que la decisión de Donald Trump de desmantelar la embajada de La Habana a principios de 2018, como reacción a unos supuestos “ataques sónicos” contra su personal diplomático, fue una “respuesta” política plagada de mala gestión, falta de coordinación e incumplimiento de procedimientos.

Según informa El País, el documento desclasificado —a petición del Archivo de Seguridad Nacional de EE.UU.— revela que el exmandatario tomó la decisión de reducir el 60% del personal consular en La Habana y desactivar el funcionamiento de la embajada, sin tener prueba alguna de que Cuba estuviera detrás de los misteriosos problemas de salud que afectaron a sus funcionarios.

“El mecanismo de la causa de las lesiones es actualmente desconocido. Desconocemos el motivo de estos incidentes, cuándo comenzaron realmente, o quién lo hizo”, señala un informe interno del Departamento de Estado redactado en 2018, luego de cuatro meses de trabajo.

El documento también cuestiona la actuación del exsecretario de Estado, Rex Tillerson, por no designar “a un alto funcionario como responsable general” de la investigación, y critica además “el excesivo secretismo” de la CIA por no compartir información con el Departamento de Estado, lo que “retrasó” la coordinación de una “respuesta adecuada”.

En ningún momento —refiere El País— el informe niega que los diplomáticos norteamericanos sufrieran problemas de salud, pero establece que no era posible conocer las causas de lo ocurrido. Asegura que la reacción norteamericana fue deficiente, pues se “caracterizó por la falta de liderazgo de alto nivel, la ineficacia de las comunicaciones y la desorganización sistémica”.

Ilustración: Cubadebate.

El canciller de Cuba, Bruno Rodríguez, reafirmó en diciembre la falsedad de las acusaciones sobre supuestos ataques acústicos efectuados contra diplomáticos de Estados Unidos en La Habana.

La maniobra sirvió de pretexto a la administración de Donald Trump para el retiro de parte de su personal diplomático en la capital cubana y dañar las relaciones entre ambos países, retomadas en 2015, tras 54 años de ruptura.

La decisión de reducir el personal en La Habana no parece haber seguido los procedimientos estándar del Departamento de Estado y no fue precedida ni seguida por ningún análisis formal de los riesgos y beneficios de la presencia física continuada de los empleados del Gobierno estadounidense en La Habana”, señala El País sobre el informe recién desclasificado.

Desde la primera notificación de esos alegados eventos, en agosto de 2017, Cuba desarrolló una investigación sobre el caso, y expresó a las autoridades estadounidenses la voluntad de cooperar con las pesquisas para determinar las posibles causas del incidente.

El llamado “Síndrome de La Habana” será enseñado por décadas a los estudiantes de medicina como una muestra de lo que pasa cuando la política se mezcla con la ciencia, cómo se entorpece la búsqueda de la verdad o la evidencia científica, apuntó en marzo pasado el profesor Robert Bartholomew, del Departamento de Medicina Psicológica de la Universidad de Auckland, de Nueva Zelanda.

Los supuestos “ataques acústicos” sirvieron de pretexto al gobierno de Washington para acusar a Cuba como agresora, sin evidencia alguna de los hechos, en qué circunstancias ocurrieron y menos aún de la participación cubana.

A ello se sumó que el gobierno de Donald Trump impidió de manera reiterada que la comunidad científica especializada de ambos países discutan los temas sobre bases científicas, se accediera por Cuba al examen de los pacientes o sus historias, por lo cual los principales científicos estadounidenses involucrados en la investigación actuaron sin independencia y subordinados a las indicaciones del Departamento de Estado.

¿Existió un síndrome de La Habana?, debaten científicos internacionales en Cuba (+ Video)

Bajo el título ¿Existe el síndrome de La Habana? sesionó este martes en La Habana un foro científico internacional sobre los alegados incidentes de salud reportados por diplomáticos de Estados Unidos desde 2019. En el foro participan especialistas de Estados Unidos, Canadá, Nueva Zelanda, Reino Unido y Cuba.

 

 


jueves, 28 de noviembre de 2019

“El daño ya está hecho” en las relaciones entre Cuba y EEUU




Ilustración: Cubadebate.

¿Cuándo llegará el tiro de gracia a la saga construida en torno a La Habana y un supuesto síndrome? Quizá dentro de 37 años, según pronosticó en mayo el Departamento de Estado. El abuso de la imaginación y la calumnia deberían tener límites también para “el imperio más poderoso”. Demasiadas invasiones y “espléndidas guerritas” han tenido como preludio un arsenal de mentiras, pero el hecho es que la historia de los incidentes de salud reportados por diplomáticos estadounidenses en Cuba, sencillamente, no da para más.

“El daño ya está hecho, ya cumplió su objetivo y el tema sigue siendo un pretexto conveniente para justificar lo que de otra manera no tuvo, no tiene ni tendrá sustento. Sobre una acusación falsa se montó una escalada de declaraciones y acciones que endurecen el bloqueo y redoblan la hostilidad contra nuestro país”, dice a Cubadebate Johana Tablada de la Torre, subdirectora general de Estados Unidos del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba.

En agosto de 2017, los titulares esparcían la noticia: diplomáticos de EE.UU. fueron blanco de “ataques acústicos” en Cuba. El Departamento de Estado alegó que al menos 22 personas se vieron afectadas por una pérdida auditiva inexplicable a partir del otoño de 2016. La reacción desmesurada no se hizo esperar.
El Gobierno de los EE.UU. expulsó a 15 diplomáticos cubanos de Washington y retiró a la mayoría de los suyos de La Habana. Luego, cerró el consulado en la Isla. ¿Qué evidencias condujeron a dar por cierta la acusación y tomar las medidas más leoninas? Ninguna, hasta hoy.

Tras la fabricación para la opinión pública de un arma sónica made in Cuba, vinieron la hipótesis de un virus, la teoría de las conmociones cerebrales, el trauma emocional, las microondas, el ataque de pánico, el miedo masivo y hasta los grillos. Insólito, en apenas 75 segundos, Google ofrece dos millones de referencias sobre esta historia contada con demasiada ficción.

“Es evidente que con un mínimo de información se ha armado una campaña que politizó los incidentes de salud con intenciones demostradas de utilizarlos en una forma negativa contra Cuba”, asegura el Doctor en Ciencias Mitchell Joseph Valdés-Sosa, director general del Centro de Neurociencias de Cuba.

El neurocientífico cubano asevera que las tres publicaciones científicas realizadas por expertos estadounidenses para explicar causas y efectos de los supuestos incidentes presentan serios problemas desde el punto de vista médico. “Con el tiempo se ha ido desinflando toda esta historia; cada vez hay un cuestionamiento más fuerte por la comunidad científica internacional”, apunta.

Mitchell Joseph Valdés-Sosa explica que tanto los investigadores de la Universidad de Pennsylvania, a quienes el Departamento de Estado encargó realizar las pruebas a sus diplomáticos, como los de la Universidad de Miami (UM), hicieron declaraciones a la prensa y presentaciones públicas en las que hablaron de distintas armas misteriosas, pero sin ninguna base científica. Inclusive, sus hallazgos se contradicen.

Muchas teorías… ¿y evidencias?

“No negamos que los diplomáticos estén enfermos, sino que lo están por diversas causas: por algunas enfermedades preexistentes, y otras que quizás adquirieron aquí. La mejor forma de tratar a esas personas es demostrar que no existe ese agente externo y que no fueron sometidos a ningún ataque con armas misteriosas. Parte de la cura es eliminar la duda en los sujetos y ayudarlos a encontrar la verdadera explicación de cuáles son los problemas que están presentando”, considera el neurocientífico cubano.
¿Enfermedades preexistentes?
En febrero de 2017 se publicó que los “ataques sónicos” ocasionaron pérdidas auditivas, certificadas a partir de las pruebas clínicas aplicadas, a tres diplomáticos de EE.UU. Tras examinar lo publicado hasta hoy, los estudios estadounidenses reconocen que dos de ellos ya tenían pérdidas auditivas preexistentes.

El problema, lejos de ser en masa, se convierte en un pequeño grupo de personas, no más de tres, de las cuales a dos ya se les había diagnosticado la pérdida antes de venir a Cuba. Este es un ejemplo del uso irresponsable de la información. La pérdida auditiva no es parte del cuadro.
Recientemente, el Dr. Robert Bartholomew, sociólogo americano residente en Nueva Zelanda, y el neurólogo Robert W. Baloh, de Los Ángeles, publicaron un nuevo informe científico donde demuestran que las teorías sobre armas sónicas, microondas, ataques o intención de dañar a los diplomáticos estadounidenses carecen completamente de sustento.

En la revista británica Journal of the Royal Society of Medicine, los investigadores afirman que “la evidencia política y científica de la perpetración de un ataque contra el personal de la embajada de Estados Unidos en Cuba no es concluyente”
.
Los autores cuestionan que los estudios anteriores sobre el “síndrome de La Habana” tenían “fallas críticas de diseño”.

“Lo más importante es la ausencia de evidencia de que el personal haya estado expuesto a una fuente de energía o toxina”, señalan.

La investigación –citada por Dominio Cuba– añade que “nada prueba adecuadamente las hipótesis que proponen (otras investigaciones), al tiempo que se promueven explicaciones exóticas que no están respaldadas por los hechos. Nuestras conclusiones se basan en la ciencia prosaica y conocida… No hay necesidad de recurrir a explicaciones exóticas. Las afirmaciones de que los pacientes sufrían daños cerebrales y auditivos no están respaldadas por los datos”.

“¿Qué es más probable, que los diplomáticos fueran el blanco de una nueva arma misteriosa, de la que no hay evidencia concreta, o que sufrieran síntomas psicógenos inducidos por el estrés?”, se preguntan los científicos. Sus conclusiones apuntan a este último escenario.

Acuso y reservo “las pruebas”

La primera notificación de los alegados sucesos acústicos llegó el 17 de febrero de 2017; de inmediato, las autoridades cubanas asumieron con suma seriedad las informaciones trasladadas por los estadounidenses.
Por entonces, se creó el comité de expertos cubanos para estudiar los hechos, que dos años y nueve meses después no ha podido acceder a la información necesaria para encontrar una respuesta a los célebres y mediáticos incidentes.

En su oficina del Centro de Neurociencias de Cuba, Mitchell Joseph Valdés-Sosa reflexiona: “Si los supuestos hechos ocurrieron en La Habana, la participación de Cuba era decisiva”. Pero, evidentemente, otras intenciones complicaron la colaboración.

“No es lógico que hayan acudido a la prensa para divulgar teorías que no están confrontadas con la realidad. Lo que vimos en los medios es el resultado de una campaña bien estructurada, con el propósito manifiesto de divulgar y replicar elementos negativos sobre Cuba, un intencionado esfuerzo de manipulación política”, refiere el científico cubano.

La única base para llegar a conclusiones es observar los hechos, discutir y confrontar los hallazgos científicos, explica Valdés-Sosa. “El Gobierno de los EE.UU. no ha colaborado con Cuba, no ha compartido información. Ni siquiera porque el Gobierno cubano permitió que el FBI viniera a investigar los incidentes a La Habana”.
El lunes 9 de enero de 2018, la agencia Associated Press (AP) reportó que el FBI no había encontrado “prueba alguna” de los supuestos ataques sónicos contra el personal diplomático estadounidense en Cuba, tras meses de investigaciones y cuatro viajes a La Habana.

Salvo esas visitas del Buró Federal de Investigaciones, Cuba no ha recibido otro interés por parte del Gobierno de Estados Unidos para una colaboración bilateral.

En septiembre de 2018, cuando el comité de expertos cubanos visitó el Departamento de Estado para intercambiar sobre el tema, los científicos cubanos nunca pudieron entrevistarse con los diplomáticos afectados ni con los investigadores contratados para estudiar los síntomas de salud.

Incluso, durante el encuentro, “los médicos del Departamento de Estado afirmaron claramente que ellos nunca utilizaron la teoría de los ataques para explicar las causas de los síntomas reportados”, asegura Johana Tablada, quien presidió la delegación cubana en ese contacto y cuya contraparte estadounidense fue Kenneth Merten, secretario asistente principal para el Hemisferio Occidental.

En aquella ocasión, las autoridades estadounidenses aseguraron que casi todas las personas investigadas habían retornado normalmente a su vida laboral. Supuestamente, el tema está ahora bajo una investigación médica conjunta que coordina el Departamento de Estado, a la cual la parte cubana tiene el acceso denegado.
La necesidad de respetar la privacidad de los datos de las personas no puede ser una justificación para no compartir información con el Grupo de Expertos cubanos, “porque la divulgación mayor de los incidentes de salud no ha dependido de la gestión de Cuba, sino por el propio Gobierno de los EE.UU. y por los médicos que ellos contrataron”, aclara Mitchell Joseph Valdés-Sosa.

“Sentarse a discutir y poner los datos científicos sobre la mesa, incluso sin tener que identificar a las personas, hubiera ayudado a resolver el problema”, comenta Valdés-Sosa. Destaca, además, que así lo hizo el Gobierno canadiense, y recuerda la investigación realizada por los expertos canadienses de la Universidad de Dalhousie, cuya hipótesis Cuba tampoco descarta.

“Encontraron personas que tienen evidencias de algún tipo de alteración en el sistema nervioso, en el cerebro, consecuencia del uso excesivo de insecticidas, partiendo de la base de que no solo Cuba estaba haciendo una campaña agresiva contra el mosquito, sino que la embajada de Canadá también hizo fumigaciones adicionales dentro de las residencias de su personal”, refiere.

Esa hipótesis no la vamos a desechar –insiste–, porque Cuba siempre ha tenido una posición abierta a colaborar. Estamos en la obligación de hacerlo; la actitud científica es obedecer a los hechos.

El director del Centro de Neurociencias informa que está a punto de comenzar el estudio que se le realizará a cubanos expuestos o no a insecticidas, para verificar la contrastación de esta conjetura científica.

La postura del Gobierno de Canadá, con una decena de diplomáticos que también reportaron problemas de salud, fue completamente distinta, comenta el Doctor en Ciencias. “En primer lugar, no divulgaron prematuramente los resultados de las investigaciones que encargaron realizar. Además, antes de su publicación organizaron una reunión técnica entre los científicos que mandataron para estudiar a su personal y el equipo de expertos cubanos”.

“Todas las teorías de EE.UU. dan un cuadro de extrema debilidad científica y confirman que existía el deseo, costara lo que costara, de demostrar que hubo una enfermedad común a todos los diplomáticos que reportaron problemas de salud. El propio Gobierno refrendaba que habían sido atacados”, comenta el eminente neurocientífico cubano.

Amplificar la calumnia, consecuencias a terceros

El pasado jueves 7 de noviembre, el diario The Guardian reveló las dificultades del Gobierno británico para comprender los supuestos “ataques sónicos” contra diplomáticos estadounidenses, a partir de un análisis de varios correos electrónicos y cables diplomáticos sensibles intercambiados entre el personal acreditado en la embajada británica en La Habana y el Ministerio de Relaciones Exteriores en Londres.

The Guardian describe que reinaba tal sensación de desconcierto que los británicos no comprendían qué estaba pasando y comenzaron a investigar compulsados por la embajada estadounidense.

La prensa norteamericana reseñó entonces que la misión de EE.UU. reunió a diplomáticos de otros países en su sede para alertarlos sobre la existencia de un “ataque”. El clima fue creado para que los síntomas se amplificaran, reflexiona Mitchell Joseph Valdés-Sosa.

La embajada del Reino Unido investigó y trató “desesperadamente” de encontrar sentido a lo que estaba ocurriendo. Sus funcionarios analizaron “detenidamente” los informes de prensa, las declaraciones oficiales y otras comunicaciones para esclarecer la situación. No encontraron evidencias ni pudieron dar crédito de que alguien lo hubiera hecho.

“Tanto la embajada de EE.UU. como la cubana estarán ahora castradas, apenas dos años después de reabrirse”, decía un fichero confidencial.
Cubadebate analizó más de 200 artículos sobre el tema de los supuestos “ataques sónicos”, publicados entre agosto de 2017 y noviembre de 2019 en medios estadounidenses en inglés, y estas fueron las palabras claves más usadas:
Palabras claves más usadas en los titulares de medios estadounidenses que abordaron los incidentes de salud entre agosto de 2017 y noviembre de 2019.
Palabras claves más usadas en las descripciones de los 200 artículos publicados en medios estadounidenses que abordaron los incidentes de salud entre agosto de 2017 y noviembre de 2019.

Objetivos cumplidos

En la historia de las relaciones Cuba-EE.UU., los guiones bien montados para justificar la escena de la confrontación y convencer a la opinión pública estadounidense aburren. El pretexto más conocido por los escolares de la Isla: la explosión del Maine. El más reciente: el “síndrome de La Habana”. ¿Cuál es el mejor escenario para que una mentira repetida mil veces se convierta en “verdad”? El mediático. En pleno siglo XXI, el sueño de Goebbels otra vez se hizo realidad.

Casualmente, tres semanas después de que se eligiera a Donald Trump como presidente de EE.UU., el Departamento de Estado informó que los primeros casos habían sido notificados en noviembre de 2016.
El respaldo de la comunidad internacional y la emigración al restablecimiento y avance de las relaciones con Cuba era tan alto que el nuevo Gobierno de EE.UU. no podía imponer, a sangre fría, ante la opinión pública estadounidense y mundial, la agenda de medidas de retroceso y brutal hostilidad que la Fundación Inspire America presentó a Donald Trump como proyecto de programa político a inicios de su mandato.

La diplomática Johana Tablada confirma que “el propósito ha sido la creación de focos de tensión que contribuyan a avanzar hacia un patrón de confrontación, tratando todo el tiempo de responsabilizar a Cuba por las medidas que adopta Estados Unidos”.

“Si uno examina todo lo que se ha publicado, no hay nada que sostenga la existencia de ‘armas misteriosas’ basadas en las leyes de la física hasta hoy conocidas. No es posible. Así lo han reconocido científicos de todo el mundo”, confirma por su parte Valdés-Sosa.

El pretexto no solo ha afectado las relaciones diplomáticas. En la práctica, se han interrumpido casi todo el intercambio y la cooperación bilateral que se establecieron o avanzaron en disímiles sectores durante el Gobierno de Barack Obama, y que beneficiaban el interés nacional de ambos países.

Habría sido difícil imponer, incluso, la aplicación del Título III de la Ley Helms-Burton sin antes crear toda la atmósfera de desconfianza, rencor y suspicacia en torno a ataques que jamás ocurrieron.

No pocas publicaciones estadounidenses apuntan a una conspiración que tiene como protagonistas al senador Marco Rubio –fuente principal y original de la desinformación a los medios de prensa– y al actual secretario de Estado, Mike Pompeo, entonces director de la CIA. Ambos han sacado muy buen provecho de esta calumnia, pues ya sabemos que para ellos en política todo vale.

Escalada de agresiones de EE.UU. tras sembrar el pretexto

  • Reducción abrupta del personal diplomático de ambas misiones.
  • Suspensión de reuniones bilaterales sobre diversos temas en La Habana y luego en Washington .
  • Anuncio engañoso en la página de alertas de viajes a los estadounidenses para limitar los viajes a Cuba.
  • Cierre del consulado estadounidense en La Habana.
  • La limitación inhumana y absurda a los viajes desde Cuba a los Estados Unidos que tanto ha costado a las familias cubanas.
  • Interrupción violenta de los viajes de intercambio en todas las áreas.
  • Amplificación de mensajes contra la seguridad en la Isla. Propagación de las calumnias y las medidas no solo en Estado Unidos, sino en terceros países.
El 16 de octubre de 2017, durante una conferencia de prensa en la Casa Blanca, el presidente Donald Trump envió el mensaje que tenía que trasmitir: “Creo que Cuba es responsable, realmente lo creo”.

Cuatro días después, el entonces secretario de Estado, Rex Tillerson, dijo que no tenían evidencias para culpar al Gobierno cubano y que la salida de la mayoría del personal diplomático de EE.UU. de La Habana fue “una medida preventiva para proteger a los estadounidenses de futuros ataques”. ¿Incongruencias en política exterior estadounidense o “crónica de una muerte anunciada”?

Aunque “el tema ha perdido mucha credibilidad, en parte gracias a la actitud profesional de la comunidad científica estadounidense, que ha sido muy crítica con estos disparates” -reconoce Johana Tablada-, el Gobierno de los Estados Unidos puede hacer y decir absolutamente cualquier cosa sin hacer coincidir la retórica y la realidad.

La saga de los supuestos “ataques sónicos” parece sacada del universo de The Walt Disney Company. En una de las aventuras de Winnie the Pooh, el osito y Piglet van a buscar un Woozle, un gamusino. Siguen sus huellas y descubren que cada vez aparecen más pisadas. Finalmente, Pooh y Piglet descubren que han estado siguiendo sus propias pistas todo el tiempo. ¿Les suena el “efecto Woozle”? No sería la primera vez que el “buen vecino” usa la “diplomacia de los muñequitos”.

El “efecto Woozle” ocurre cuando una afirmación no avalada por la ciencia, una mentira que con toda intención se reitera disímiles veces, induce a individuos, expertos o a la opinión pública internacional a pensar que hay evidencia real y a creer en su irrefutable existencia.

martes, 23 de julio de 2019

MINREX: Cuba solicita al gobierno de EEUU que ponga fin a la manipulación


MINREX: Cuba solicita al gobierno de EEUU que ponga fin a la manipulación


Johana Tablada, subdirectora de la Dirección General de EE.UU. del Ministerio de Relaciones Exteriores.

Tras dos años de mucha especulación y poca información y cooperación, sigue sin aparecer una sola razón que sustente el cierre de los servicios consulares, la expulsión de los diplomáticos cubanos de Washington, las alertas engañosas de viajeros y todas las medidas injustas que Estados Unidos ha tomado con el pretexto de que sus funcionarios en Cuba corren algún tipo de peligro”, dijo hoy Johana Tablada, subdirectora de la Dirección General de EE.UU., en la sede del Ministerio de Relaciones Exteriores.

Las medidas han tenido “un alto costo humanitario en nuestra población, obligada a viajar sin garantía a terceros países para visitar a sus familiares o participar en algún evento profesional”. También han afectado a muchos sectores en Estados Unidos, añadió Tablada.

Johana Tablada se refirió al nuevo estudio publicado horas antes por expertos de la Universidad de Pensilvania en la Revista de la Asociación de Medicina Estadounidense (JAMA, por sus siglas en inglés).

Los científicos aseguran que encontraron diferencias al comparar imágenes del cerebro de los diplomáticos estadounidenses que reportaron afectaciones con una muestra de personas que nunca estuvieron en la Isla.
Este texto es la continuación de una investigación realizada por encargo, que en marzo de 2018, describía el cuadro clínico de los funcionarios, y que recibió fuertes críticas, dentro y fuera de Estados Unidos, por su falta de rigor científico. Tal y como ha sucedido, en menos de 24 horas, con esta segunda publicación.

La diplomática recordó que  “agencias especializadas —estadounidense y cubanas—, como el FBI y la Dirección de Investigación Criminal y la criminalística, coincidieron en sus conclusiones en que no existe evidencia alguna de ningún tipo de ataque o acto contra los diplomáticos en La Habana”.

Tablada enfatizó en que el artículo publicado hoy no modifica esta situación, por el contrario, la confirma. “Reconoce que los cambios detectados son mínimos, que sus conclusiones son inciertas y que no pueden identificar la causa de los mismos”, evidenció la funcionaria, acompañada por miembros del Comité de Expertos cubanos que estudia las alegaciones estadounidenses.

Pretexto para imponer medidas cada vez más leoninas

 
 Resaltó que este es un término cuyo uso entraña mala intención y que no ha sido sustentado jamás. “No nos sorprende que lo hagan, pues toda la política de hostilidad y las más recientes medidas de agresión contra Cuba están montadas sobre la mentira para cumplir perversos propósitos políticos y de dominación”, señaló.
“Cuba solicita al gobierno de Estados Unidos que ponga fin a la manipulación y utilización de este tema como pretexto para imponer nuevas medidas cada vez más leoninas de agresión contra la integridad de nuestro país su economía y su pueblo”, agregó.
Antes de concluir sus declaraciones, Tablada aseguró que de lo único que hay evidencia es de que  “Cuba es un país seguro para diplomáticos estadounidenses y de cualquier país, como lo es para los ciudadanos cubanos, para los residentes extranjeros y para los millones de viajeros de todas partes del mundo que visitan Cuba cada año. Cuba es y seguirá siendo un país seguro, estable y atractivo”.
Una vez más insistió en que el Gobierno cubano está dispuesto “a desarrollar un diálogo respetuoso para cooperar en este y otros temas en beneficio de ambos pueblos”.

Comité de Expertos: Resultados médicos publicados en JAMA son más confusos y contradictorios

Doctor en Ciencias Mitchell Joseph Valdés-Sosa, director General del Centro de Neurociencias de Cuba ofrece declaraciones a la prensa en la Cancillería. Foto: @CubaMINREX
A nombre del Comité de Expertos cubanos que estudia las alegaciones estadounidenses, el Doctor en Ciencias Mitchell Joseph Valdés-Sosa, director General del Centro de Neurociencias de Cuba, expuso criterios preliminares sobre los resultados del nuevo estudio de la Universidad de Pensilvania.
A continuación, Cubadebate reproduce las palabras textuales del prestigioso investigador cubano:
Hoy se dio a conocer un nuevo estudio, de la Universidad de Pennsylvania,  en la revista JAMA, donde se comparan imágenes del cerebro de personal diplómatico estadounidense que reportaron afectaciones cuando estaban estacionados en La Habana con las de un grupo de personas control. El estudio concluye que hay diferencia en las imágenes cerebrales de los diplomáticos y los controles. Este trabajo es la continuación de un artículo que describe el cuadro clínico de esos diplomáticos en esa misma revista, en marzo de 2018.

Aunque no es usual comentar con tanta celeridad sobre un artículo científico, dada la repercusión mediática que ha tenido el mismo y para prevenir interpretaciones erróneas,  damos a conocer los criterios preliminares del grupo de expertos:
  1. Los propios autores del trabajo reconocen que el estudio no es concluyente y no tienen explicación para sus hallazgos.
  2.   Los cambios descritos son pequeños, muy diversos abigarrados, difusos,  y no se corresponden a un cuadro coherente. Esto no es solo opinión del grupo médico cubano sino de expertos reconocidos en el tema de neuroimágenes que ya han declarado hoy que no tienen consistencia interna estos resultados.
  3. Es frecuente que los estudios de neuroimagen como en otros campos médicos, se encuentran pequeños efectos obtenidos en muestras pequeñas que no son replicables. Pueden originarse por el azar. Alguno de los cambios fueron ligeramente hacia lo anormal pero otros ligeramente hacia lo hipernormal.
  4. No se muestran en el trabajo el grado de superposición de los datos de los dos grupos.
  5. Las diferencias entre diplomáticos y controles, de existir, pueden deberse a cómo se seleccionó el grupo control. Cualquier enfermedad preexistente en un grupo de los diplomáticos que estuvieron ausentes en los controles (y  viceversa) podrían dar origen a una diferencia en las imágenes.
  6. Las medidas de redes de conectividad funcional utilizadas son muy inespecíficas y se alteran por el estado psicológico de la persona, según reconoce el propio artículo y la comunidad científica.
  7. No hay relación discernible entre las alteraciones descritas en las neuroimágenes y los síntomas referidos de los diplomáticos.
  8. No hay correspondencia entre los resultados de este artículo y el trabajo anterior. Por ejemplo, en el artículo anterior del mismo grupo investigador de la Universidad de Pennsylvania se describían alteraciones de las funciones ejecutivas en pruebas neuropsicológicas. En este trabajo no se encuentran alteraciones de conectividad funcional en la subred ejecutiva.
  9. Las alteraciones en las neuroimágenes, de existir, pueden haberse originado antes de estar en  Cuba o por una enfermedad sin relación ninguna con los fenómenos “direccionales” de sonidos extraños y otras sensaciones descritas por los diplomáticos.
  10. A pesar de que en título se hacer referencia a unos llamados “fenómenos direccionales”, en el trabajo no se demuestra ninguna relación entre los hallazgos de las imágenes y estos supuestos fenómenos.  Esto tiene importancia, dado el descrédito generalizado en la comunidad científica de las teorías de ataques sónicos o de microondas.

Concluyendo:

El artículo no permite llegar a conclusiones científicas claras finales.
Podría  decirse que el cuadro de resultados médicos es más confuso y contradictorio, más aún que las numerosas críticas de la comunidad científica internacional no se han respondido satisfactoriamente.

No  demuestra, contrario a lo que se ha especulado, y lo que se planteaba en el artículo anterior, que se había producido un daño cerebral en un grupo de diplomáticos durante su estancia en Cuba.

Reiteramos que no negamos que puedan existir individuos enfermos pero sí reclamamos la necesidad de avanzar hacia explicaciones coherentes desde el punto de vista científico.
La única forma de esclarecer el estado de salud de los afectados es mediante la discusión científica transparente y los intercambios de información diáfana y  desprejuiciada

martes, 15 de enero de 2019

La historia real detrás del misterio de la Embajada en La Habana




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Imagen hacie el Malecón habanero desde el interior de la Embajada de Estados Unidos en Cuba. Foto: Adalberto Roque/AFP/Getty Images

Los funcionarios estadounidenses dicen que diplomáticos en Cuba fueron abatidos por un “ataque” sónico. Pero el culpable más probable es mucho menos futurista, y mucho más aterrador.

La crisis diplomática más grave del gobierno de Trump, o quizás la más extraña, comenzó sin mucha notificación en noviembre de 2016, unas tres semanas después de que se eligiera al nuevo presidente. Un estadounidense que trabaja en la Embajada de los Estados Unidos en La Habana -algunos lo llaman Paciente Cero-, se quejó de que había oído ruidos extraños fuera de su casa. “Fue molesto hasta el punto de tener que ir a la casa y cerrar todas las ventanas y puertas y subir la televisión”, dijo el diplomático a ProPublica. Cero discutió el sonido con su vecino de al lado, que también trabajaba en la embajada. El vecino dijo, sí, él también había escuchado ruidos, que describió como “sonido mecánico”.

Varios meses después, un tercer miembro del personal de la embajada describió que padecía una pérdida de audición que él asoció con un sonido extraño. En poco tiempo, cada vez más personas en la embajada hablaban de ello. Ellos también comenzaron a enfermarse. Los síntomas eran tan diversos como aterradores: pérdida de memoria, estupor mental, problemas de audición, dolores de cabeza. En total, unas dos docenas de personas fueron eventualmente evacuadas para pruebas y tratamiento.

El brote en la Embajada de los Estados Unidos en Cuba no fue la única enfermedad misteriosa que apareció en los titulares. Casi al mismo tiempo que los funcionarios de la embajada se preparaban para volar a casa, más de 20 estudiantes en una escuela secundaria de Oklahoma repentinamente tuvieron síntomas desconcertantes: espasmos musculares incontrolables, incluso parálisis. Unos años antes, un incidente similar en una escuela en el estado de Nueva York llamó la atención de la televisora afiliada local de Fox News, que provocó el pánico de los padres ante la posibilidad de que sus hijos hubieran sido afectados por un trastorno inmunitario no identificado. Pero el misterio cubano, insistió el gobierno de Trump, era diferente. No fue un percance ambiental, sino algo mucho más diabólico.

Alentados por funcionarios de los Estados Unidos, los medios rápidamente desplegaron una historia de que el misterioso sonido era un “ataque”, un acto de guerra. Algún tipo de “arma acústica” había sido dirigida secretamente a los diplomáticos, en un esfuerzo por reducirlos a zombies con daño cerebral.

 La historia fue contada con un poco de envidia de la Guerra Fría. Los contratistas privados y el propio laboratorio militar del Pentágono, la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de la Defensa, habían estado trabajando durante mucho tiempo para desarrollar un arsenal de armas sónicas. Hubo algunos éxitos limitados con dispositivos engorrosos como MEDUSA (Mob Excess Diserrent Detentent Silent Audio) y LRAD (Long Range Acoustic Device), diseñados para causar un dolor insoportable en el oído que dispersa a las multitudes en tierra y a los piratas en el mar. El sueño, por supuesto, era pasar de ese tipo de trabucos gigantes a algo más portátil y poderoso, como una pistola de rayos de Flash Gordon.Pero la fuerza aérea, después de algunos experimentos, concluyó que cualquier esfuerzo de este tipo con ondas de sonido sería “improbable” que tuviera éxito debido a los “principios físicos básicos”. Si alguien hubiera desarrollado un arma acústica portátil, habría ido mucho más allá del conjunto de habilidades de un Raytheon o Navistar y del arsenal de Q Branch de las películas de Bond
.
Durante el año pasado, el esfuerzo por descifrar el misterio de qué tecnología podría haber causado los síntomas físicos en Cuba ha provocado una feroz lucha de nerds; una que ha enfrentado a científico contra científico, disciplina contra disciplina, The New York Times contra The Washington Post . Han surgido nuevas teorías, solo para ser derribadas o marginadas por la evidencia, o sofocadas por el sarcasmo de los rivales y escépticos.

Si analiza estas disputas científicas y batallas mediáticas, terminará en una sola teoría unificada que explica completamente los diversos síntomas de los diplomáticos lesionados, así como las circunstancias aparentemente inexplicables que rodean sus dolencias. Resulta que, a diferencia de un arma futurista, la causa del dolor y el sufrimiento en la Embajada de Estados Unidos en La Habana parece ser tan antigua como la propia civilización. A lo largo de los siglos, ha sido responsable de algunas de las epidemias más confusas de la historia de la humanidad, desde la Edad Media en Europa hasta la América colonial. Y en Cuba, parece haber sido convertido en arma para nuestro tiempo, abriendo todo un nuevo campo de batalla en la guerra a la realidad de Donald Trump.

Desde el momento en que fue reabierta por Barack Obama en julio de 2015, luego de medio siglo de tensiones durante la Guerra Fría, la Embajada de Estados Unidos en La Habana se sintió como un lugar en la mira. Los agentes de la CIA regresaron a Cuba bajo el mismo régimen que la agencia había intentado repetidamente y no había logrado derrocar. Durante la campaña de 2016, Trump señaló que “terminaría” la nueva política de puertas abiertas y se reunió públicamente con veteranos veteranos de la fallida invasión de Bahía de Cochinos.

Las tensiones aumentaron en septiembre de 2017, después de que el Secretario de Estado Rex Tillerson convocara a casa a unas dos docenas de diplomáticos y empleados afectados para someterse a exámenes médicos en la Universidad de Pennsylvania. Cuando alguien sugirió que a los diplomáticos se les podría permitir regresar a La Habana una vez que su salud mejorara, Tillerson se asustó. “¿Por qué demonios haría eso cuando no tengo ningún medio para protegerlos?”, Resopló ante Associated Press. “Voy a rechazar a cualquiera que quiera forzarme a hacer eso”. Incluso antes de que se descubriera alguna causa, el director médico del Departamento de Estado, Charles Rosenfarb, parecía descartar los candidatos habituales para cualquier aflicción en el extranjero: mohos, virus, los mariscos mal aconsejados. “Los patrones de lesiones”, insistió, “estaban más probablemente relacionados con el trauma de una fuente no natural”. El gobierno ya había decidido que el juego sucio estaba en marcha, y que el principal sospechoso era un arma secreta.

Una de las principales dificultades de usar el sonido que las personas pueden escuchar como un arma, es que se disipa rápidamente. Eso significa que tienes que hacer que el sonido sea verdaderamente alto para comenzar, por lo que aún puede hacer daño cuando llegue al objetivo. “Para dañar a alguien que se encuentra fuera de la habitación, un arma sónica tendría que emitir un sonido por encima de 130 decibelios”, dijo Manuel Jorge Villar Kuscevic, un especialista cubano de orejas, nariz y garganta que examinó las pruebas. Eso es un rugido comparable al de “cuatro motores a reacción en la calle fuera de la casa”, una explosión que ensordecería a todos en las cercanías, no solo a un solo objetivo.

Otro error en la teoría inicial de las armas sónicas fue expuesto por … un error. Mientras los diplomáticos se preparaban para someterse a una serie de pruebas, Associated Press filtró una grabación hecha en Cuba por una de las dos docenas de empleados afectados y la publicó en YouTube. Aunque el sonido se había descrito de varias maneras contradictorias, algunos de los que lo escucharon experimentaron algo así como una estridulación de alta frecuencia y tono agudo. En resumen, sonaba como canto. Y, de hecho, una vez que los expertos escucharon la grabación de YouTube, hubo una revelación casi vergonzosa. ¿Qué oyeron muchos? Grillos
Literalmente, los grillos. Específicamente, Gryllus assimilis, también conocido como el grillo de campo de Jamaica, nombrado sarcásticamente entre los expertos en insectos como el “grillo silencioso”. Y si bien Gryllus puede ser tan ruidoso como, por ejemplo, una aspiradora, no es lo suficientemente ruidoso como para causar sordera. O, otros argumentaron, el sonido podría ser cigarras. La investigación innovadora de ProPublica sobre el misterio de la embajada el invierno pasado citó a un profesor de biología llamado Allen Sanborn, quien dijo que la única forma en que una cigarra podría perjudicar su audición era “si se introdujera en su canal auditivo”.

Para enero de 2018, algunos de los expertos del gobierno habían descartado un ataque sónico. En un informe provisional, el FBI reveló que había investigado las ondas de sonido por debajo del rango de audición humana (infrasonido), las que podemos escuchar (acústicas) y las que estaban por encima de nuestro rango de audición (ultrasonido). La conclusión: no hubo causa sonora de los síntomas físicos experimentados por los diplomáticos.

Pero la administración de Trump no estaba dispuesta a permitir que la buena ciencia obstaculizara una política que satisface su base. El Departamento de Estado recortó el personal estadounidense en La Habana en un 60 por ciento y rebajó la calificación a una “gira de servicio estándar”, una designación reservada para las embajadas más peligrosas, como las de Sudán del Sur e Irak. Un día después de que el FBI descartara un ataque sonoro, Marco Rubio, quien despreciaba la política de Obama de restablecer las relaciones con la patria de su familia, abrió una audiencia sobre Cuba ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado. En lo que respecta a Rubio, los “ataques” eran un hecho, al igual que el arma y el agresor. “No hay forma de que alguien pueda llevar a cabo esta cantidad de ataques, con ese tipo de tecnología, sin que los cubanos lo sepan”, dijo a Fox News. “O lo hicieron, o saben quién lo hizo”.
El Hotel Nacional fue puesto en el expediente de los ataques sin la más mínima prueba.
Después de la audiencia, el senador Jeff Flake, quien había recibido información sobre la evidencia, dijo en voz alta lo que los científicos ya sabían: no había pruebas de que Cuba tuviera algo que ver con los síntomas experimentados por los empleados de la embajada. “Los cubanos se enfadan con la palabra ataque “, dijo a CNN durante una visita a La Habana. “Creo que están justificados para hacerlo. El FBI ha dicho que no hay evidencia de un ataque. No deberíamos usar esa palabra
“.
En respuesta, Rubio esencialmente le dijo a Flake que se callara. “Es imposible realizar 24 ataques separados y sofisticados contra el personal del Gobierno de EE. UU. en #Havana sin que el #CastroRegime se entere”, escribió Rubio en Twitter. “Cualquier funcionario estadounidense informado sobre la materia sabe muy bien que, aunque el método de ataque aún está en cuestión, los ataques y las lesiones ocurrieron, ¿no?”. Rubio, como muchos en el Partido Republicano, estaba copiando el libreto del hombre que tanto había intentado derrotar por la presidencia: si repites la desinformación con la frecuencia suficiente, y lo suficientemente enojado, comienza a tomar la forma de la realidad.

Los funcionarios cubanos, que aún operan bajo los principios científicos de la Ilustración, reaccionaron con incredulidad y, a veces, con sarcasmo. “Es evidente que para atacar a #Cuba algunas personas no necesitan ninguna evidencia”, tuiteó José Ramón Cabañas, embajador de Cuba en los Estados Unidos. “¡¡Siguiente parada ovnis !!”

No mucho después de las audiencias de Rubio, surgió una nueva teoría sónica de científicos de la Universidad de Michigan y la Universidad de Zhejiang, en China. Después de realizar una ingeniería inversa del sonido en la cinta de audio, llegaron a la conclusión de que las señales de ultrasonido de un dispositivo de uso cotidiano (una alarma contra robos, por ejemplo, o un detector de movimiento) cruzadas con las de un sistema de vigilancia secreto podían producir un sonido como el del grillo de YouTube. Pero la nueva teoría, conocida como distorsión de la intermodulación, no tuvo éxito, por la misma razón que se desestimó la investigación del FBI: porque Rubio y otros en la administración continuaron insistiendo en que tenía que haber una intención maliciosa involucrada. La paranoia de Rubio sufrió un fuerte golpe en marzo, cuando el equipo médico al que se le había permitido examinar a 21 de los pacientes publicó su hallazgo en The Journal of the American Medical Association.

 Dados los datos limitados, los 10 autores del artículo no pudieron ser muy específicos. “Debido a consideraciones de seguridad y confidencialidad”, escribieron, “no se pueden informar datos demográficos a nivel individual”. Sin embargo, al investigar este “conjunto de hallazgos novedosos” y “neurotrauma”, encontraron que las víctimas sufrían una amplia gama de síntomas: problemas de equilibrio, impedimentos visuales, tinnitus, trastornos del sueño, mareos, náuseas, dolores de cabeza y problemas para pensar o recordar.
También concluyeron que, si bien los pacientes experimentaron esta variedad de síntomas de ruidos cerebrales, no pudieron encontrar lo que debería haber sido una clara evidencia de conmoción cerebral en los escáneres cerebrales y otras pruebas. “La mayoría de los pacientes tenían hallazgos de imágenes convencionales, que estaban dentro de los límites normales”, informó el equipo médico, señalando que las pocas anomalías dispersas podrían “atribuirse a otros procesos de enfermedad preexistentes o factores de riesgo”.

Los científicos concluyeron su informe con una frase que expresó su desconcierto: “Estos individuos parecían haber sufrido lesiones en redes cerebrales generalizadas sin un historial asociado de traumatismo craneal”. Según un autor, el equipo disfrutó refiriéndose a esta contradicción como la “conmoción cerebral inmaculada”.

Con los médicos dejando de rascarse la cabeza y un arma sónica descartada por el FBI, científicos emprendedores continuaron su búsqueda de una explicación sónica. En septiembre, The New York Times publicó una historia desalentadora en la portada,  que se leía como una novela de Tom Clancy: “Los miembros de Jason, un grupo secreto de científicos de élite que ayuda al gobierno federal a evaluar nuevas amenazas para la seguridad nacional, dicen que ha estado analizando detenidamente el misterio diplomático de este verano y sopesando posibles explicaciones, incluyendo microondas. ”

El artículo se remonta tres décadas atrás, hasta los inicios de la era de la investigación sonora. Esos eran los días en que se acuñaban palabras espeluznantes como “neurowarfare”, y los científicos soñaban con desarrollar un arma que pudiera inducir “delirios sónicos”. Los rusos, agregó el Times de manera sugestiva, también habían estado trabajando en esto. Luego, en giro atrás, un nuevo párrafo:

“Furtivamente, a nivel mundial, la amenaza creció”.

Incluso se habló de un arma sónica capaz de “transmitir palabras habladas a la cabeza de las personas”, se estremeció el Times. Y la amenaza podría llegar a buen término, advirtió el periódico, gracias a una nueva investigación basada en un antiguo hallazgo. El arma potencial podría depender de un fenómeno conocido como el efecto Frey, en el cual un pequeño pulso de microondas se dirige a la oreja, elevando la temperatura dentro de la oreja en una cantidad tan pequeña que no se puede medir, aproximadamente una millonésima parte de grado. Sin embargo, eso sería suficiente para sacudir ligeramente las moléculas de humedad y crear un efecto acústico. Lamentablemente, la arma sospechosa había pasado de ser una pistola de rayos sónicos a una versión de alta tecnología de una máquina de palomitas de maíz.

Hubo varios problemas obvios con esta teoría. Una explicación “dentro del cráneo”, por ejemplo, no explica el sonido que grabaron los diplomáticos en La Habana. Pero antes de que alguien pudiera sumergirse en los detalles científicos, estalló una pequeña escaramuza de prensa entre el Times y el Washington Post, el cual aplicó un lápiz azul a la trama a lo Clancy. “Las armas de microondas son el equivalente más cercano en ciencia a las noticias falsas”, dijo Alberto Espay, un neurólogo de la Universidad de Cincinnati, al Post. Kenneth Foster, un bioingeniero que delineó el efecto Frey en 1974, calificó la idea de “loca”. “Las microondas involucradas”, le dijo al Post, “tendrían que ser tan intensas que en realidad quemarían al sujeto”. O, como lo expresó vívidamente hace una década, “cualquier tipo de exposición que puedas darle a alguien que no los queme a crujir, produciría un sonido también débil como para tener algún efecto”.

Si ves lo que les pasó a los diplomáticos en La Habana como un “ataque”, debes buscar algo capaz de producir tal asalto. Tendría que emitir un sonido que variaba ampliamente de oyente a oyente. Tendría que atacar solo a las personas que trabajaban en la embajada. Tendría que asaltarlos dondequiera que estuvieran, ya sea en sus casas o en un hotel. Tendría que producir una amplia gama de síntomas que parecían no tener relación entre sí.

 Y tendría que comenzar de a poco, con una o dos víctimas, antes de propagarse rápidamente a todos en el grupo.
Da la casualidad de que existe y siempre ha habido un mecanismo que produce precisamente este efecto en los seres humanos. Hoy en día, en la literatura médica se lo denomina trastorno de conversión, es decir, la conversión del estrés y el miedo en una enfermedad física real. Pero la mayoría de la gente lo sabe por un término más antiguo y chirriante: histeria masiva. Entre los científicos, no es un término popular en estos días, probablemente porque “histeria masiva” convoca la imagen de una gran multitud, que entró en pánico en una estampida (con una bocanada de misoginia lanzada). Pero entendida correctamente, la definición oficial, cuando se aplica a los eventos en La Habana, suena inquietantemente familiar. Trastorno de conversión, según el International Journal of Social Psychiatry, es la “rápida propagación de signos y síntomas de enfermedad entre los miembros de un grupo social cohesivo, para el cual no existe un origen orgánico correspondiente”.

Tendemos a pensar en el estrés como algo que aflige a una persona que sufre un fuerte dolor psicológico. Pero el trastorno de conversión, o enfermedad psicógena masiva, como también se conoce, es esencialmente el estrés que golpea a un grupo muy unido, como una embajada en estado de sitio, y se comporta epidemiológicamente, es decir, se propaga como una infección. Debido a que los orígenes de esta aflicción son psicológicos, es fácil para los que están en el exterior descartarlos como “todo está en la mente de la víctima”. Pero los síntomas físicos creados por la mente están lejos de ser imaginarios o falsos. Son tan reales, tan dolorosos y tan verificables, como los que serían infligidos, por ejemplo, por una pistola de rayos sónicos.

“Piense en la enfermedad psicógena masiva como el efecto placebo a la inversa”, dice Robert Bartholomew, profesor de sociología médica y uno de los principales expertos en trastornos de conversión. “Con frecuencia, puedes hacerte sentir mejor tomando una pastilla de azúcar. También puede sentirse enfermo si cree que se está enfermando. La enfermedad psicógena masiva involucra al sistema nervioso y puede imitar una variedad de enfermedades “.

Los científicos en Cuba fueron los primeros en darse cuenta de que el brote en la Embajada de Estados Unidos se ajustó a la histeria masiva. Mitchell Valdés-Sosa, director del Centro de Neurociencia de Cuba, le dijo a The Washington Post: “Si su gobierno viene y le dice: ‘Usted está bajo ataque. Tenemos que sacarte de allí rápidamente “, y algunas personas comienzan a sentirse enfermas … existe la posibilidad de un contagio psicológico”.

Algunos expertos estadounidenses que pudieron revisar la evidencia temprana estuvieron de acuerdo. “Sin duda, todo podría ser psicogénico”, dijo a la revista Science Stanley Fahn, neurólogo de la Universidad de Columbia .
Si usted repasa los eventos clave y las anomalías del brote en la embajada en La Habana, cada paso se corresponde  con los de los casos clásicos de trastorno de conversión. Los primeros pocos empleados afectados por los síntomas fueron los agentes de la CIA que trabajan en suelo hostil, una de las posiciones más estresantes que se puedan imaginar. La conversación inicial entre el Paciente Cero y el Pciente Uno hacía referencia solo al sonido extraño; ninguno experimentó ningún síntoma. Luego, unos meses más tarde, un tercer funcionario de la embajada informó que estaba perdiendo la audición debido a un “potente rayo de sonido agudo”. A medida que se corría la voz en todo el pequeño complejo de diplomáticos y otros miembros del personal, el Paciente Cero ayudó a hacer sonar la alarma. “Estaba cabildeando, si no forzando, a las personas a reportar los síntomas y a conectar los puntos”, dice Fulton Armstrong, exoficial de la CIA que trabajó encubierto en Cuba.

Según ProPublica, el Paciente Cero informó al embajador Jeffrey DeLaurentis, en una frase reveladora, “el rumor se está volviendo loco”. Así que se convocó una reunión, que propagó el mensaje aún más. Durante las próximas semanas y meses, más de 80 empleados y sus familias se quejaron de una serie de síntomas vertiginosos y aparentemente no relacionados: sordera, pérdida de memoria, estupor mental, dolor de cabeza. Muchos informaron haber escuchado el ruido extraño, pero no parecían estar de acuerdo en cómo sonaba. Uno lo describió como “moler metal”, y otro lo calificó de “fuerte repique”. Otro más lo comparó con sentir  un “aire desconcertante” dentro de un automóvil en movimiento con las ventanas parcialmente cerradas “.

El rumor también se movía mucho. Las primeras cuatro quejas provinieron de agentes de la CIA que trabajaban encubiertos en La Habana, quienes informaron haber escuchado el ruido en sus hogares. Pero luego otros afirmaron que habían sido abatidos por el sonido misterioso mientras se encontraban temporalmente en los hoteles de La Habana, específicamente el Hotel Capri y el Hotel Nacional.

A los pocos días del primer informe, funcionarios de Estados Unidos como Rubio inclinaron la escala de creencia hacia una pistola súper secreta de rayos sónicos, emitiendo comunicados de prensa que se referían a “ataques acústicos”. El director médico del Departamento de Estado pronunció esta exquisita contradicción: “Ninguna causa ha sido descartada “, insistió,” pero los hallazgos sugieren que este no fue un episodio de histeria masiva “. En lugar de esperar por los datos reales y el análisis experto, los funcionarios inmediatamente saltaron a la explicación más exótica posible. El brote en La Habana ciertamente podría haber sido causado por una misterioso arma secreta inaudita. Pero la historia, como se ha desarrollado en los medios de comunicación, siempre ha funcionado a la inversa de la idea de un ataque sonoro. La causa fue dada; la única pregunta era qué rama de la ciencia acústica era responsable.

El secreto gubernamental empeoró las cosas. “No divulgaremos información”, declaró el Departamento de Estado, “que viola la privacidad de las personas o revela sus condiciones médicas”. El Gobierno también ignoró los datos que no se ajustaban a su teoría preferida. Al principio, hubo un brote de síntomas entre los funcionarios canadienses en La Habana, uno de los cuales vivía al lado del Paciente Cero. Pero Canadá y Cuba disfrutan de buenas relaciones, por lo que no tenía sentido que Cuba atacara a los canadienses. Del mismo modo, un informe aislado de un “ataque” similar en la Embajada de los Estados Unidos en China fue noticia brevemente, pero finalmente se eliminó de la narrativa. Los funcionarios de EE. UU. cargaron más los dados seleccionando a las personas enviadas a casa para realizar las pruebas, presentando un conjunto de datos incompleto y engañoso para que los médicos los examinen.

Cuando el The Journal of the American Medical Association publicó el informe del equipo médico inicial, también publicó un editorial para lavarse las manos, socavando el mismo artículo que estaba publicando. Las “evaluaciones clínicas iniciales”, observaron los editores de JAMA , “no fueron estandarizadas”. Los “examinadores no lo hicieron a ciegas”, y algunas de las dolencias se basaron en el “autoinforme del paciente”. Hubo una “falta de evaluaciones de referencia y la ausencia de un control “. Esos factores, concluyeron los editores, junto con el hecho de que muchos de los síntomas informados” ocurren en la población general “, significan que los resultados del estudio son” complicados “. Los editores agregaron una advertencia, muy parecido al de Bush v. Gore (¡Nunca cite este caso en el futuro!), instando a “precaución en la interpretación de los hallazgos”.

Los editores sospecharon que los científicos escépticos atacarían el estudio, que es exactamente lo que sucedió. El editor jefe de Cortex, Sergio Della Sala, ridiculizó los métodos de los autores, específicamente por establecer un nivel bajo para informar a los empleados de la embajada como “discapacitados”, lo que dio lugar a “numerosos falsos positivos”. Tome el síntoma del tinnitus. Unos 50 millones de estadounidenses, una de cada seis personas, experimentan zumbidos en los oídos. Si los científicos de JAMA hubieran evaluado “cualquier grupo de personas normales y sanas” utilizando los mismos criterios que aplicaron a los diplomáticos, señaló Della Sala, habrían encontrado que “varios de ellos se desempeñaron por debajo de la puntuación de corte elegida en uno u otra  prueba.”

Por lo tanto, entre el inestable estudio médico y el secreto del gobierno, la descripción de los pacientes que emergieron siempre ha sido vaga. Bartholomew, el sociólogo médico, llama a esto el equivalente a los datos de “una foto borrosa de Bigfoot”. Es decir, cada criatura inexistente capturada en una fotografía desenfocada suele ser lo suficientemente borrosa como para permitir que cualquiera vea lo que quiera vea, como Chupacabra, o el Carpintero de Filo de Marfil, o Ebu Gogo, o el batsquatch, o el Hombre Lagarto de Scape Ore Swamp.
Los autores del estudio de JAMA apuntaro que consideraron brevemente el trastorno de conversión, pero lo descartaron después de evaluar las “pruebas de simulación”. La simulación significa una enfermedad falsa, lo cual era algo muy extraño para los autores de JAMA . “La simulación estuvo en la literatura hace unos 60 años”, dice Bartholomew, algo desconcertado. “Así que no estoy seguro de qué literatura estaban viendo”. El trastorno de conversión no es una enfermedad falsa. El trastorno de conversión se está convirtiendo en pánico en una enfermedad real.

En diciembre, un nuevo estudio encontró que 25 miembros del personal de la embajada dieron positivo en los síntomas físicos reales, en este caso, alteraciones del equilibrio y funciones cognitivas. “Lo que notamos es el daño universal a los órganos de gravedad en el oído”, dijo el autor principal del estudio al Times . Pero una mirada más cercana al estudio en sí, dicen los expertos, revela que no se encontró tal cosa. “Este documento solo informa sobre la declaración de déficits sin proporcionar evidencia, puntajes, métodos, estadísticas o procedimientos”, explica Della Sala, editor de Cortex . “Está muy por debajo de la media, y no pasaría el escrutinio de ninguna valoración de neuropsicología respetada”. En otras palabras, dice, los síntomas citados en el estudio pueden ser verificables. Pero eso solo “no necesariamente apoya una causa orgánica”.

Contagio psicólogico,un resultado que sucede todo el tiempo. Bartholomew, quien está escribiendo un libro sobre el tema, dedica un tiempo cada semana para buscar en Internet casos no reconocidos de enfermedades psicógenas masivas en todo el mundo. “Si accedes a Google y escribes ‘enfermedad misteriosa en la escuela’ o ‘enfermedad misteriosa en la fábrica’ o ‘enfermedad misteriosa’ en general, obtendrás muchos brotes”, dice. A veces el público no sabe que las enfermedades realmente se diagnosticaron, agrega, porque una forma de tratar el trastorno de conversión es mantener la calma, dejar pasar la situación estresante y observar cómo desaparecen los síntomas. Eso fue lo que sucedió en ese brote de parálisis en una escuela secundaria de Oklahoma en 2017, aproximadamente cuando los diplomáticos de Estados Unidos se dirigían a casa. El superintendente, Vince Vincent, ordenó pruebas para problemas de moho o envenenamiento por agua, que no encontraron nada, y siguió asegurando a los padres que los funcionarios de salud habían diagnosticado el problema como “trastorno de conversión” y que todos estaban a salvo. Sin embargo, si te preocupas por un brote, como hicieron Rubio y el Departamento de Estado, puedes aumentar la histeria y empeorar las cosas.

No ayuda que las discusiones sobre la histeria de masas típicamente giren en torno a los ejemplos más locos y extremos. Todos los artículos estándar sobre enfermedades psicógenas masivas parecen obligados a citar los juicios de  Las brujas de Salem, con descripciones detalladas de las convulsiones y trances de las niñas. O hay una mención de los niños que ladran en Holanda en 1673, o la epidemia de risa que se desató en un internado de niñas en Tanzania en 1962. El brote de “monjas maullidas” en la Edad Media generalmente merece una mención, al igual que la coreomanía -el frenesí danzante- que se apoderó de la ciudad alemana de Aquisgrán hace siete siglos.

Pero lo más sorprendente de los episodios de histeria en masa es cómo los síntomas, y las causas sospechosas, cambian a lo largo de los siglos para adaptarse a cada momento y cultura. Hace varios siglos, fueron tomados como evidencia de la realidad invisible de la brujería o la posesión espiritual, porque eso tenía todo el sentido en ese momento. Después de la Primera Guerra Mundial y el infame uso del gas mostaza en Alemania para quemar o matar a miles de soldados, el contagio psicológico comenzó a desencadenarse por olores. Virginia, en la época de la depresión, al parecer, era especialmente susceptible a los brotes de temores por el gas, que las autoridades locales finalmente rastrearon hasta causas orgánicas que van desde chimeneas con respaldo hasta pedos fenomenales. Después del pánico grupal que estalló en la legendaria transmisión de una invasión marciana de Orson Welles en 1938, una encuesta posterior mostró que una de cada cinco personas que se dieron la vuelta en realidad pensaron que era un ataque de gas alemán.

 Y durante la Segunda Guerra Mundial, una pequeña ciudad en Illinois se convenció de que estaba bajo el asedio de un misterioso agresor que fue conocido como el “Loco Gasser” de Mattoon.

Hoy, en una época definida por una invasión de la contaminación acústica, los sonidos divertidos pueden estar emergiendo como el nuevo catalizador para el trastorno de conversión. Más allá de los omnipresentes clics y chirridos que nos alertan de nuestros nuevos deberes con respecto a nuestros dispositivos y aparatos, el sonido ya se ha utilizado como arma. Las tiendas de conveniencia implementan dispositivos de alta frecuencia como repelentes para adolescentes, y la CIA ha torturado a presuntos terroristas con transmisiones durante todo el día del tema Meow Mix o, para los más intratables, los Bee Gees. Pero cada vez más, las personas de todo el mundo informan que están enfermas por los zumbidos persistentes. El Hum de Taos, escuchado por miles, ha plagado las áreas de Nuevo México durante mucho tiempo. A fines de la década de 1990, Kokomo Hum causó dolores de cabeza, mareos, dolores musculares y articulares, insomnio, fatiga, hemorragias nasales y diarrea en más de 100 personas en Indiana. (Una firma contratada para investigar el misterio salió de la causa, como en tantos casos de contagio psicológico, como un misterio.) Los canadienses en Ontario ahora se preocupan por el Humo de Windsor. Un sitio web llamado World Hum Map ha identificado unas 7,000 ubicaciones en todo el mundo, que se pueden buscar en la “Base de datos de personas que padecen de Hum”
.
Base datos mundial de los que sufren de zumbidos. (World Hum Map).

El contagio psicológico ocurre típicamente en lugares donde las personas se juntan bajo presión y donde es difícil escapar, por lo tanto, los monasterios en la Edad Media, o las escuelas modernas, las fábricas y las bases militares. En términos de ubicaciones bajo presión, las embajadas son candidatos fuertes, especialmente cuando un número considerable del personal son espías encubiertos. Un agente de la CIA me dijo que estos pánicos de baja intensidad ocurren mucho. Escribiendo en The New Yorker en 2008, el novelista y ex espía británico, John le Carré, argumentó que los espías son susceptibles a una forma única de histeria. Una de sus primeras misiones, recordó, fue acompañar a un superior en una cita nocturna con una fuente misteriosa. Pero la fuente nunca llegó. Sólo más tarde, Le Carré se dio cuenta de que su jefe estaba un poco tocado, y probablemente no había habido ninguna fuente en realidad. “La soberbia de la locura por el espionaje no se limita a casos individuales”, advirtió, en un gesto de asentimiento a la embajada en La Habana. “Florece en su forma colectiva. Es un producto propio de la industria en su conjunto “.

Bartolomé sugiere que la “locura de espionaje” de Le Carré es un presagio de las cosas por venir. En 2011, se desató una epidemia entre una docena de niños en una escuela en Le Roy, Nueva York. Los niños fueron atrapados repentinamente por los impedimentos del habla, el Síndrome de Tourette y las contracciones musculares. Los funcionarios de salud sospecharon rápidamente que los síntomas eran el resultado de un contagio psicológico, pero el canal local de Fox News avivó el brote al amplificar el diagnóstico de un médico de que los niños padecían una infección por estreptococo “similar a PANDAS”. Los padres indignados formaron un grupo de defensa, y Erin Brockovich apareció exigiendo una investigación que descubriera la causa “real”. Las noticias falsas alimentaron una enfermedad real, y la evidencia científica fue rechazada en favor de creencias predeterminadas. Con el tiempo, la rabia de Fox disminuyó y los síntomas desaparecieron.

El brote de Le Roy se intensificó con mensajes de texto y tweets, avivando el miedo y aumentando la cantidad de niños que reportaron síntomas. Las redes sociales tienen una forma tóxica de crear densas y cerradas guaridas de espías de Le Carré en todas partes. Desde el año 2000, dice Bartolomé, ha habido más eventos de enfermedades psicógenas masivas que en todo el siglo anterior. El tratamiento recetado para el contagio psicológico (evitar la retórica inflamatoria y permitir que todos se calmen) será cada vez más difícil en la era de la Presidencia de Twitter, cuando la población suele sufrir ataques de pánico.

Este otoño, varios expertos informaron al Jefe de Estado Mayor Conjunto sobre el ruido misterioso en la embajada en La Habana. Entre ellos se encontraba James Giordano, jefe de estudios de neuroética en la Universidad de Georgetown, quien cree que existe una “alta probabilidad” de que los diplomáticos en Cuba hayan sido atacados por un arma de “energía dirigida”. Después de la reunión informativa, Giordano informó que los jefes conjuntos expresaron interés en “la idea de que las ciencias del cerebro forman al menos un vector para el nuevo espacio de batalla”

Luego, como los científicos tienden a hacer, Giordano cambió del inglés al tipo de ensalada de palabras de ciencia ficción que rara vez se escucha más allá del puente de la Enterprise, cuando Scotty lleva a cabo pulsos de taquiones y convergencias en contra del tiempo.

“El culpable más probable aquí”, explicó Giordano, “sería alguna forma de generación de pulsos electromagnéticos y / o generación hipersónica que luego utilizaría la arquitectura del cráneo para crear algo como un amplificador o lente energético para inducir un efecto de cavitación que “Luego induciría el tipo de cambios patológicos que inducirían la constelación de signos y síntomas que estamos viendo en estos pacientes”.
El Orden Machete a través de toda la sintaxis y la combinación de Star Trek , y lo que Giordano nos está diciendo, en suma, es verdadero y aterrador. Hay un nuevo espacio de batalla en la guerra actual de Estados Unidos sobre lo que es real, y se puede encontrar dentro de la arquitectura de nuestros propios cráneos.

(Publicado en Vanity Fair/ Traducción de Cubadebate)