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lunes, 18 de mayo de 2015

El virus del ébola sobrevive escondido en el ojo de un médico



Antes de contraer el ébola, los ojos de Crozier eran azules. Después de haberse recuperado de la enfermedad, su ojo izquierdo se volvió verde. Foto: EMORY EYE CENTER
Antes de contraer el ébola, los ojos de Crozier eran azules. Después de haberse recuperado de la enfermedad, su ojo izquierdo se volvió verde. Foto: EMORY EYE CENTER

Cuando a Ian Crozier le dieron el alta del Hospital Universitario Emory (Atlanta, EE UU) en octubre tras una larga y brutal lucha contra el ébola que casi acabó con su vida, su equipo médico pensaba que ya estaba curado. Pero menos de dos meses después, volvía al hospital con problemas de visión, un dolor intenso y una creciente sensación de presión en el ojo izquierdo.

Los resultados de las pruebas fueron estremecedores: el interior del ojo de Crozier estaba repleto de virus del ébola.

Los médicos estaban atónitos. Se habían planteado la posibilidad de que el virus hubiese invadido el ojo, pero la verdad es que no esperaban encontrarlo ahí. Habían pasado meses desde que Crozier cayó enfermo mientras trabajaba en una sala de tratamiento del ébola en Sierra Leona, como voluntario de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Cuando salió del Emory, en su sangre no había virus del ébola. Aunque el virus puede permanecer en el semen durante meses, se pensaba que el resto de los líquidos corporales estarían limpios una vez recuperado el paciente. Pero no se sabía nada de la capacidad del virus para seguir agazapado en el interior del ojo. A pesar de la infección ocular, las lágrimas y la superficie del ojo de Crozier no tenían virus, así que no suponía ningún riesgo para nadie que hubiese tenido un contacto ocasional con él.

Consecuencias de la enfermedad

Más de un año después de declararse la epidemia en África Occidental, los médicos siguen haciendo descubrimientos sobre el curso de la enfermedad y sus efectos a largo plazo para los supervivientes. La información sobre las repercusiones del ébola era escasa, ya que los brotes anteriores fueron pequeños: no más de unos cuantos centenares de casos, a menudo con una mortalidad del 50 al 80%. Pero ahora, con al menos 10 000 supervivientes en Guinea, Liberia y Sierra Leona, empiezan a verse ciertos patrones.

Crozier, de 44 años, se califica a sí mismo, con pesar, de ejemplo perfecto del “síndrome post-ébola”: además del problema ocular, ha padecido dolores articulares y musculares que lo han debilitado, un intenso cansancio y pérdida de audición. En África Occidental, se ha informado de problemas similares, pero no está claro lo frecuentes, graves o persistentes que son. Se ha hablado de supervivientes que se han quedado completamente ciegos o sordos, pero estos casos son anecdóticos y no se han confirmado.

Los médicos señalan que los problemas oculares, dado que ponen en peligro la visión, son el aspecto más preocupante del síndrome y el que requiere atención más urgente. El problema de Crozier, la uveítis—una peligrosa inflamación del interior del ojo— también lo han sufrido habitantes de África Occidental que han sobrevivido al ébola.

Cuando la epidemia estaba en su apogeo, los profesionales sanitarios estaban demasiado ocupados con los enfermos para preocuparse demasiado por los supervivientes. Pero a medida que la enfermedad remite, la OMS ha empezado a recopilar información para ayudar a quienes no se han recuperado del todo, según explica Daniel Bausch, asesor de la OMS y especialista en enfermedades infecciosas de la Universidad Tulane. Añade que los casos de problemas oculares son especialmente preocupantes.

En el Hospital ELWA de Monrovia, Liberia, dirigido por el grupo misionero SIM, John Fankhauser, el director médico, explica que el dolor crónico, las cefaleas y los problemas oculares son los problemas físicos más habituales entre los centenares de personas que acuden a una clínica especial para supervivientes del ébola. Algunas sufren dolores tan intensos que les resulta difícil caminar, añade. Alrededor del 40 % presenta dolor ocular, inflamación, visión borrosa y puntos ciegos en el campo visual. Algunos tienen uveítis.

“Estamos viendo síntomas en pacientes que llevan hasta nueve meses fuera de la unidad de tratamiento”, dice Fankhauser. “Los problemas siguen siendo muy graves y afectan a la vida cotidiana”. Estos pacientes necesitarán atención médica durante meses y puede que años, predice. Fankhauser dice que espera que los especialistas en oftalmología, reumatología y rehabilitación visiten el lugar. “Si ven al número suficiente de pacientes, pueden ayudarnos con los patrones que observen y esto puede servirnos para elegir algunos de los tratamientos que aplicaremos en el futuro, incluso después de que el equipo de especialistas se haya marchado”, añade.

En Sierra Leona, el panorama es muy similar, según John S. Schieffelin, médico de la Facultad de Medicina de la Universidad Tulane que ha trabajado allí como voluntario. Afirma que hay un grupo de supervivientes consolidado y bien organizado que se reúne regularmente en Kenema.

“Los principales problemas de los que me hablan son los dolores en las articulaciones y el resto del cuerpo, las cefaleas crónicas y las mujeres que han dejado de tener la menstruación, en algunos casos durante varios meses”, dice Schieffelin. “Hay bastantes problemas de visión”. Y añade: “He visto a un antiguo paciente que parece haberse quedado sordo”. La pérdida de audición podría deberse a la inflamación cerebral o a una presión arterial muy baja durante un periodo prolongado, en ambos casos como consecuencia del ébola, explica Schieffelin.

Resultados alarmantes

Cuando empezaron los problemas oculares de Crozier, él y el equipo del Emory sospechaban que el ébola había debilitado su sistema inmunitario y lo había vuelto vulnerable a otros virus que habrían invadido el ojo, un problema que tal vez podría tratarse con algún antivírico. De modo que Steven Yeh, oftalmólogo, introdujo una aguja finísima en el ojo de Crozier, extrajo unas cuantas gotas de líquido de la cámara interior y las envió al laboratorio. Cuando llegaron los resultados, se quedaron impresionados
.
Para Crozier fue tremendamente inquietante enterarse de que seguía infectado por algo que parecía extraño y malévolo. “Me tomé como algo casi personal el hecho de que el virus pudiera estar dentro de mi ojo sin yo saberlo”, relata. Se conocían casos de uveítis en algunos supervivientes del ébola de brotes anteriores y en el ojo del uno de los pacientes se había encontrado un virus, el de Marburg, emparentado con el del Ébola. Pero esos casos parecían poco frecuentes. The New England Journal of Medicine publicaba la pasada semana un artículo sobre el problema ocular de Crozier.

El interior del ojo está protegido en su mayor parte del sistema inmunitario para evitar posibles inflamaciones que afecten a la visión. No se sabe a ciencia cierta cómo son estas barreras, pero comprenden vasos sanguíneos diminutos repletos de células que impiden el paso de algunas células y moléculas, y unas propiedades biológicas únicas que inhiben el sistema inmunitario. Sin embargo, esta protección, denominada privilegio inmunitario, puede en ocasiones convertir el interior del ojo en un santuario para los virus, ya que ahí pueden replicarse a sus anchas. Los testículos también gozan de ese privilegio inmunitario, razón por la que el virus del ébola puede sobrevivir en el semen durante meses.

El hallazgo del virus del ébola dentro del ojo de Crozier desconcertó a los médicos. Yeh llevaba bata, guantes y máscara protectores cuando le extrajo el líquido, pero no se había puesto gafas. Los médicos llevan un equipo de protección mejor cuando tratan a pacientes que se sabe que tienen el ébola. Yeh no podía descartar la posibilidad de haberse contagiado, de modo que estuvo durmiendo en la habitación de invitados de su casa y no tocó a su hijo pequeño durante tres semanas, el periodo de incubación de la enfermedad.

También estaban preocupados por la sala de reconocimiento en la que Yeh había tomado la muestra. En cuanto recibieron los resultados, él y otros compañeros del Emory volvieron corriendo a la sala, comprobaron que nadie más la hubiese usado y desinfectaron todas las superficies.

Otras pruebas adicionales pusieron de manifiesto que en las lágrimas y la superficie exterior del ojo de Crozier no había virus del ébola, por lo que no representaba un peligro para otras personas. Pero su caso hace pensar que los médicos que practican intervenciones quirúrgicas oculares a los supervivientes del ébola podrían estar en peligro. No se sabe cuánto tiempo puede permanecer el virus dentro del ojo.

La gran pregunta era si los médicos podrían salvarle la vista a Crozier. Les preocupaban los dos ojos, porque los problemas de uno pueden extenderse a veces al otro. Pero no hay ningún antivírico que se haya comprobado que funciona contra el virus del ébola y, aunque lo hubiese, no había precedentes para el tratamiento de un ojo repleto de virus. Además, la fuerte inflamación indicaba que las barreras que normalmente protegen el ojo del sistema inmunitario se habían visto superadas. Por tanto, ¿qué estaba dañando el ojo de Crozier? ¿El virus, la inflamación o ambos? No podían saberlo con certeza.
La inflamación se suele tratar con esteroides. Pero pueden hacer que una infección se agrave. “¿Y si provocaban una nueva infección?”, recuerda Crozier. “Estábamos en la cuerda floja”. Los médicos pensaron que, tal vez, un antivírico experimental podría funcionar.

Semanas de temor

Aunque Crozier era el paciente, también formaba parte de su propio equipo médico, y el hecho de centrarse en los detalles científicos le ayudó a contrarrestar el creciente temor a quedarse ciego.

Mientras él y sus médicos se esforzaban por encontrar un equilibrio entre tratar la inflamación y combatir la infección, su vista seguía deteriorándose. Probaron con dosis altas de prednisona, un esteroide. El medicamento le provocó cambios de humor como los de un adolescente, un apetito voraz, aumento de peso, aumento de la presión arterial e insomnio. Y la visión seguía empeorando. Era como mirar a través de unas zarzas, relata. Llegó un momento en el que solamente podía ver el movimiento cuando Yeh meneaba los dedos.

También sufrió una pérdida de audición considerable en el mismo lado. “Toda la vida del lado izquierdo desaparecía”, dice. “Fue una época muy sombría y deprimente”. Se pasó las Navidades en el hospital con su hermano menor, Mark, que había permanecido constantemente a su lado durante la enfermedad y la recuperación. La presión intraocular, que había estado peligrosamente alta, empezó a bajar… demasiado. El ojo se volvió blando al tacto, como si se estuviera convirtiendo en papilla. “Tenía la sensación de tener el ojo muerto”, recuerda Crozier.

La mayor sorpresa llegó una mañana, aproximadamente 10 días después de que empezasen a aparecer los síntomas, cuando echó un vistazo al espejo y vio que el ojo había cambiado de color. El iris, que normalmente era de un azul brillante, se había vuelto completamente verde. Curiosamente, hay algunas infecciones víricas que pueden provocar esos cambios de color, normalmente de forma permanente. “Era como una agresión”, relata. “Era algo muy personal”.

A medida que pasaban los días sin que hubiera indicios de mejoría, Crozier y el equipo del Emory empezaron a pensar que tenía poco que perder. Jay Varkey, un especialista en enfermedades infecciosas que había estado al cargo de gran parte del tratamiento de Crozier, consiguió que la Administración de Alimentos y Medicamentos estadounidense le diese permiso, excepcionalmente, para usar un antivírico experimental en forma de pastilla. (Los médicos no han querido decir su nombre, ya que prefieren reservar esa información para una futura publicación en una revista médica). Ni siquiera estaban seguros de que el fármaco lograse llegar hasta el ojo de Crozier.

Para reforzar el tratamiento antiinflamatorio, Yeh también le puso a Crozier una inyección de esteroides sobre el globo ocular, que liberaría poco a poco el fármaco dentro del ojo.

El fin de la oscuridad

Al principio, parecía que no se había producido ningún efecto. Pero una mañana, aproximadamente una semana después, Crozier se dio cuenta de que si giraba la cabeza hacia uno y otro lado, podía encontrar “espacios” y “agujeros” entre las obstrucciones del ojo y era capaz de ver a su hermano Mark, sentado a los pies de su cama.ntes, recuperó la visión. Sorprendentemente, el ojo se volvió azul otra vez. Hay un vídeo en el que se le ve, emocionado, leyendo en voz alta las letras de un panel y avanzando hasta los tamaños de letra más pequeños, mientras su hermano y los médicos lo observan riéndose. ¿Fue el antivírico? No está seguro, pero cree que sí.

“Yo pienso que la cura fue el propio sistema inmunitario de Ian”, dice Varkey, y explica que sospecha que los tratamientos mitigaron los síntomas de Crozier y sirvieron para conservarle la vista el tiempo suficiente para que el sistema inmunitario acabase con el virus (del mismo modo que el tratamiento de apoyo durante la peor fase de la enfermedad lo había mantenido vivo hasta que sus defensas naturales pudieron controlar la situación).

Crozier cree que la información de su caso podría ayudar a prevenirla ceguera en supervivientes del ébola de África Occidental. El 9 de abril, viajó a Liberia con Yeh y algunos otros médicos del Emory para ver a pacientes que se habían recuperado del ébola y examinarles los ojos. “Tal vez podamos cambiar el curso natural de la enfermedad en los supervivientes”, dice Crozier. “Quiero empezar a trabajar en ello”.





(Tomado de El País)

domingo, 14 de diciembre de 2014

Bloqueo de EEUU impidió pagar alojamiento y comida de médicos cubanos en África


Bochornosa acción de EEUU

 Bloqueo de EEUU impidió pagar alojamiento y comida de médicos cubanos en África

Publicado en: Bloqueo contra Cuba

Médicos cubanos preparados para combatir el Ébola. Foto: Ladyrene Pérez/ Cubadebate.

Médicos cubanos preparados para combatir el Ébola. Foto: Ladyrene Pérez/ Cubadebate.


Cuba debió pagar por el alojamiento y la comida de docenas de sus médicos en África, durante semanas, pues las sanciones de Estados Unidos a la isla entorpecieron los intentos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para pagarles sus viáticos como se había acordado.

“El hecho de que son cubanos ha limitado mucho la transferencia de fondos y el pago”, explicó a la AP en una entrevista exclusiva el representante de la Organización Panamericana de la Salud y de la y la OMS, José Luis Di Fabio. “En este momento en Sierra Leona recién se ha logrado pagar octubre o mediados de noviembre. Hay retraso”.

Cuba mandó 256 médicos y enfermeras a las tres naciones más afectadas por el letal brote de ébola en octubre: Sierra Leona, con el grupo más numerosos de 165; Guinea Conakry y Liberia.
Las sanciones tuvieron un impacto fuerte en la delegación de Sierra Leona, explicó Di Fabio y en menor medida en Guinea Conackry y Liberia donde solo entorpecieron la apertura de algunas cuentas.

“Hubo un mes en que Cuba tuvo que financiar a su brigada (en Sierra Leona) con fondos de reserva que les han entregado. Tuvieron que pagar con eso fondos de reserva hotel y comida porque no recibían el pago de la OMS y no es porque la OMS no quisiera, sino que no podía”, relató Di Fabio en la entrevista realizada esta semana.

Cuba se convirtió en el primer país en mandar coordinadamente recursos humanos a Africa bajo las instrucciones de la OMS. Pero el bloqueo estadounidense, vigente desde hace cinco décadas y que multa a empresas e instituciones de terceros países, está dificultando que el dinero que la OMS destinó llegue a los médicos cubanos.

Los cubanos reciben alrededor de 250 dólares diarios en viáticos –la OMS estima que 60% es para alojamiento y el resto para alimentos–.

Para el proceso bancario debió pedirse una licencia al Departamento del Tesoro de Estados Unidos a fin de que la casa matriz financiera pudiera transferir los fondos a Africa.

La ayuda cubana para Africa estuvo también marcada por otros obstáculos. Un reporte de la AP esta semana mostró que muchos de los galenos –por lo menos 37 de Guinea Conakry y 60 de Sierra Leona– no están directamente implicados en la atención de pacientes pues les falta algunas de las tres etapas del entrenamiento básico de bioseguridad o porque a pesar de tenerlo no hay centros disponibles para incorporarse.

Di Fabio reconoció ambos problemas e indicó que uno de los retos para el 2015 es “coordinar mejor los esfuerzos” entre los actores de la comunidad médica implicados para vencer la epidemia.
“Tenemos una situación que no es normal, que no permite hacer una planificación minuciosa porque hay una situación epidémica de una alta mortalidad. La respuesta de Cuba fue inmediata. Lo lógico es que hubieran estado las instalaciones donde ponerse a trabajar”, expresó.



(Con información de AP)

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Una buena noticia que nos llena de alegría.


Félix Báez sin fiebre y comenzando a alimentarse, confirman los médicos en Ginebra


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El médico cubano Félix Báez Sarría, que contrajo el Ébola en Sierra Leona, evoluciona de forma positiva y la presencia del virus en su sangre se ha reducido notablemente, dijeron este martes médicos del Hospital Cantonal de Ginebra
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“Se observa una mejora de su estado clínico… su estado ha mejorado de forma importante. No tiene fiebre y ha comenzado a alimentarse“, dijo el jefe de la Unidad de Cuidados Intensivos, Jerome Pugin, responsable de la atención al profesional cubano.

La mejora se observa desde el lunes y los tratamientos experimentales que se le han administrado -una combinación de plasma artificial que contienen anticuerpos y de un antiviral- parecen tener el impacto deseado.

“La tasa del virus en su sangre es muy débil, apenas detectable en algunos líquidos biológicos. En los próximos días podría pasar al estado de no infeccioso”, dijo por su parte el jefe del servicio de enfermedades infecciosas, Laurent Kaiser.

El paciente fue trasladado a Suiza el pasado jueves con problemas de coagulación sanguínea, gastrointestinales y respiratorios, extremadamente débil, y su mejoría empezó a notarse al sexto día de comenzar a ser tratado, relató Pugin en conferencia de prensa.

Aunque estable, el paciente ingresó en el hospital suizo en estado grave, lo que hizo temer a los médicos que su estado pudiera degradarse muy rápidamente.

En las últimas horas, Báez ha mostrado claros signos de mejora, se ha sentado en un sillón, empieza a recuperar la energía y su estado anímico es bueno, describió el responsable de la Unidad de Cuidados Intensivos.

Kaiser, por su parte, explicó que ante enfermedades para las que no existe certidumbre de la eficacia de una u otra terapia, como ocurre con el ébola, se opta por no apostar por un tratamiento único.
En este caso “se busca un equilibrio entre los posibles efectos secundarios y benéficos” de los distintos tratamientos elegidos, apuntó.

El medicamento elegido fue el ZMab, una versión mejorada del Zmap -primer tratamiento administrado a extranjeros que se contagiaron de ébola en África Occidental- y que tiene la ventaja de ser mejor tolerado y con menor riesgo de alergias.

Keiser dijo a Efe que Suiza obtuvo ese fármaco a través de Francia y España, cuyas autoridades “respondieron de inmediato a nuestra petición de colaboración”.
"Se observa una mejora de su estado clínico... su estado ha mejorado de forma importante. No tiene fiebre y ha comenzado a alimentarse", dijo el jefe de la Unidad de Cuidados Intensivos, Jerome Pugin, responsable de la atención al profesional cubano.

“Se observa una mejora de su estado clínico… su estado ha mejorado de forma importante. No tiene fiebre y ha comenzado a alimentarse”, dijo a la prensa el jefe de la Unidad de Cuidados Intensivos, Jerome Pugin, responsable de la atención al profesional cubano.
Indicó que ayer se administró al médico cubano todo el Zmab (tratamiento basado en anticuerpos que neutralizan el virus) con el que contaba el hospital y que por el momento se continuará únicamente con el antiviral.

Sobre su probable evolución, los médicos explicaron que para declarar a Báez curado tendrá que dar negativo a la presencia del virus en su sangre en dos pruebas, con un intervalo de tres días.

Cuando eso ocurra se decidirá si son necesarias pruebas complementarias para declarar al paciente “no infeccioso”.

El director del hospital, Bertrand Levrat, enfatizó por su parte que el médico cubano está “en el buen camino, pero no curado”.

“Es prematuro decir eso”, señaló para intentar rebajar las expectativas generadas por la mejora de Báez, quien todos los días está en comunicación telefónica con su familia en Cuba.
Según el hospital, entre 40 y 50 personas trabajan en la atención del enfermo y todas las que entran en su habitación, con el equipamiento de protección apropiado, lo hacen de forma voluntaria.
Báez formaba parte de una brigada de más de un centenar de sanitarios cubanos enviados a Sierra Leona, en coordinación con la Organización Mundial de la Salud (OMS), para luchar contra la epidemia de ébola.

La OMS ha asumido los gastos totales de su hospitalización y tratamiento.




(Con información de EFE