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viernes, 7 de febrero de 2020

Nuevas maniobras de Estados Unidos contra la cadena hotelera Meliá por sus relaciones con Cuba




Debido a la presencia de la cadena hotelera española en la mayor de las Antillas, Gabriel Escarrer, vicepresidente y consejero delegado de Meliá es ahora el blanco de la extraterritorialidad de la política de la Casa Blanca.

Otra vez el gobierno del presidente norteamericano Donald Trump asume una postura injerencista contra Cuba y sus socios comerciales, con la prohibición de la entrada al país norteño de Gabriel Escarrer, vicepresidente y consejero delegado de Meliá.

Debido a la presencia de la cadena hotelera española en la mayor de las Antillas, a partir de la activación del Título III de la Ley Helms-Burton uno de sus directivos es ahora el blanco de la extraterritorialidad de la política de la Casa Blanca.

Según un comunicado emitido por la propia cadena, el propio Escarrer confirmó que recibió hace unos meses, una carta del Departamento de Estado, en la que se le informaban una serie de condiciones.
Esas condiciones están relacionadas con la actividad de la empresa en Cuba, y que de no aceptarlas en un plazo de 45 días se le prohibiría la entrada a los Estados Unidos.

Con 38 instalaciones en la nación caribeña, dicha compañía de la industria del ocio es de las afectadas con la mencionada ley, a lo cual se suma el apoyo que recibió Meliá en septiembre pasado, cuando el juzgado de primera instancia de Palma de Mallorca, en España, ordenó archivar la demanda planteada por la familia Sánchez-Hill contra el grupo, al entender que un tribunal español no es competente para valorar si la nacionalización acordada por el Estado cubano en 1960 fue o no lícita.

Meliá reitera que las condiciones impuestas por el Departamento de Estado norteamericano no resultan asumibles por la compañía, además de que su cumplimiento es contrario a la norma europea, conocida como Estatuto de Bloqueo.

Dicho Estatuto considera que la Ley Helms-Burton infringe los más elementales principios de derecho internacional.

Desde mayo de 2019, cuando Washington decidió poner en vigor el Título III de la Helms-Burton a la fecha, existe una veintena de demandas en curso contra compañías internacionales con inversiones en Cuba.
Hasta el presente las empresas turísticas con intereses en la nación caribeña, trabajan en su defensa jurídica ante posibles reclamaciones tras esa activación, concluye la nota.

(Con información de Prensa Latina y ACN)

miércoles, 10 de julio de 2019

La Helms-Burton: Una ley contra el mundo



Cuba contra la ley Helms-Burton. Caricatura: Adán.

Cuando a fines de 1991 desapareció la Unión Soviética y se desmoronó el sistema socialista en Europa del Este, la administración norteamericana dio por descontado que Cuba caería en sus manos como una pera madura.
Pensaba que mucho más temprano que tarde La Habana se vería rebasada por sus dificultades, y que el pueblo, desesperado y abatido por la crisis, daría la espalda a la Revolución surgida en la Patria de Martí desde enero de 1959. Todos sus cálculos indujeron a Washington a considerar inminente la restauración del capitalismo en Cuba. Nada de eso ocurrió.

Pasados cuatro años de aquellos sucesos, las fuerzas más agresivas del capital financiero vieron que habían fallado sus cálculos. Que Cuba no solamente no se había rendido, sino que, al contrario, había ratificado su voluntad de persistir en su derrotero socialista bajo el influjo del liderazgo revolucionario de Fidel y sus compañeros. Esto agotó la paciencia del Imperio.

Le pareció simplemente inadmisible que tal hecho aconteciera en lo que ya la Casa Blanca consideraba un mundo unipolar, sometido a los designios del gobierno de turno en los Estados Unidos de Norteamérica, a quien todos debían sumisión y obediencia.

Fue por eso que el 9 de febrero de 1995, el senador Jesse Helms, a la sazón presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, introdujo el proyecto que recibiría muy pronto el respaldo y la adhesión de Dan Burton, uno de los representantes más caracterizados del ala más conservadora del Partido Republicano, el denominado Tea Party. Así nació lo que ha pasado a la historia como “La Ley Helms-Burton”, un engendro demoníaco que –orientado contra Cuba- es realmente una ley contra el mundo.

Según las disposiciones de esta ley, Cuba no puede exportar ningún producto a esa nación, ni importar de ese país mercancía alguna. Tampoco puede comerciar con filiales de compañías norteamericanas en terceros países; ni recibir turistas norteamericanos: ni usar el dólar en sus transacciones comerciales y financieras con el exterior. Y por si todo eso fuera poco, los barcos y aeronaves cubanas no pueden tocar territorio norteamericano.

Conocidos los engranajes del comercio internacional y gracias a los cuales el capital financiero yanqui tiene múltiples intereses comunes con otros países, la Mayor de las Antillas se convirtió en una suerte de leproso en el hemisferio americano por la voluntad de los herederos de James Monroe.

¿Se han puesto a pensar en todo lo que significa una ley como esta? La disposición sienta un precedente inigualado en la historia. Un gobierno se da el lujo de dictar normas destinadas a regular la vida, los contratos, la producción, el comercio, la economía y la actividad ciudadana en otro país.

¿Podría el Perú, por ejemplo, dictar una ley así en relación a Chile? ¿Podría Francia, disponer lo mismo hablando de Alemania; o China, en referencia a Japón? ¿Por qué Estados Unidos pondría eso en su vínculo con Cuba? ¿Porque Donald Trump se ha propuesto hacerlo?

En su sano juicio, ni los funcionarios de 10 de Downing Street, ni los mandatarios del Palais d ’Elysees, o la Kanzlerenmast (para citar solo a Inglaterra, Francia o Alemania) podrían admitirlo, pero sí ocurre.
¿Quién podría oponerse a que Cuba venda medicamentos contra al cáncer a empresas francesas de salud, o al gobierno de ese país; quién, que Inglaterra venda automóviles a Cuba? Tal vez los gobiernos de esos países podrían adoptar tan irracional decisión, pero aún ella se entendería; pero ¿que decida eso el gobierno de Estados Unidos? ¿Quién le dio vela en esa misa?

Los expertos reconocen que esta ley de marras tiene cuatro títulos: El primero, internacionaliza el conflicto que Estados Unidos mantiene con Cuba, haciéndolo extensivo a todos los países del mundo. Washington ha decidido que nadie pueda comerciar con Cuba, comprar, o vender nada a ella.

El segundo título se orienta a presentar la “ayuda” del gobierno norteamericano al pueblo de Cuba para que “transite hacia el capitalismo” ¿Alguien le ha preguntado a Yanquilandia si sus gobernantes tienen derecho a eso? ¿Y su gobierno le ha preguntado al pueblo de Cuba si quiere hacer ese “tránsito”, y caer en la esfera de influencia del Banco Mundial o el FMI?

El título III de la ley le otorga a ciudadanos o empresas norteamericanas –incluidos cubanos nacionalizados norteamericanos– a interponer demandas ante tribunales de Estados Unidos por presuntas posesiones en territorio cubano que hubieran cambiado de status legal a partir de 1959.

La norma permitiría, por cierto, que los cubanos batistianos que asumieron la nacionalidad norteamericana para quedarse plácidamente en Florida, “recuperasen” dominio de sus “empresas” y bienes abandonados en ese circunstancia. De ese modo, los juzgados norteamericanos tendrán incidencia en Cuba. ¡Nada menos!
Y el título cuarto señala que este régimen de bloqueo se mantendrá hasta que en Cuba haya un gobierno que “a criterio de los Estados Unidos” esté regido por “normas democráticas”, es decir un gobierno como el de Bolsonaro, o Videla, o Pinochet; todos los cuales contaron con apoyo, y ayuda yanqui.

Después de estas disposiciones, ¿alguien puede dudar que Estados Unidos se “siente” dueño de todo, y dicta por eso leyes contra el mundo?

lunes, 17 de junio de 2019

La Unión Europea aborda este lunes respuesta a la Helms-Burton



Los Veintiocho abordarán la respuesta del bloque para proteger las inversiones europeas en Cuba. Foto: AFP.

Los ministros de Asuntos Exteriores de la Unión Europea se reúnen este lunes en Luxemburgo para abordar, entre otros temas, la respuesta del bloque ante Estados Unidos para proteger las inversiones europeas en Cuba luego de que la administración Trump activara la aplicación del Título III de la Ley Helms-Burton.

Los Veintiocho abordarán su política para proteger a las inversiones europeas en Cuba después de que la Administración de Trump activara en mayo el Título III de la Helms-Burton, que refuerza los intentos de alejar de la Isla a los inversionistas extranjeros y cuyo alcance extraterritorial viola la soberanía de terceros países interesados en hacer negocios legítimos con la nación caribeña.

La UE ya ha advertido a Washington que estudiará llevar el caso ante la Organización Mundial del Comercio.
“No ha habido una decisión todavía sobre cómo llevar esto o no a la OMC, pero tenemos otros mecanismos para la protección de las empresas europeas, como el Estatuto de Bloqueo”, declaró un alto funcionario de la Unión Europea.

Una de las leyes antídotos promulgadas en respuesta a la extraterritorialidad de la ley estadounidense es el Estatuto de Bloqueo de la UE, aprobado en 1996, que prohíbe la ejecución de sentencias judiciales de terceros países -en lo que entra el Título III de la Helms Burton con su alcance extraterritorial-, y permite a las empresas demandadas en Estados Unidos recuperar, a través de tribunales europeos, cualquier perjuicio ocasionado por el proceso legal en ese país.

La Unión Europea, la región con mayor nivel de inversión extranjera en Cuba, brinda así un nivel de protección adicional a los empresarios europeos establecidos en la Isla.

(Con información de agencias)

domingo, 9 de junio de 2019

BLOQUEADORES ASESINOS Y RUINES.


Helms-Burton también impide a Peace Boat tocar puerto cubano


Por Carlos Miguel Pereira Hernández. Embajador de Cuba en Japón. 

Con profundo dolor recibí la noticia de que en esta ocasión el Peace Boat no podrá tocar tierras cubanas como previsto el próximo 13 de junio, debido a las nuevas restricciones a embarcaciones, cruceros y aviones privados impuestas por el Gobierno de Trump contra Cuba.
Peace Boat en la Bahía de La Habana. Foto: Periódico Trabajadores.

Al tratarse de una embarcación propiedad estadounidense, el Crucero por la Paz, símbolo de convivencia, de paz y buena voluntad entre los pueblos no podrá bañarse esta vez del optimismo, la dignidad y la firmeza de los cubanos. Como me dijo en una ocasión uno de sus directivos y promotores: «Cada viaje a Cuba es un viaje a la tierra de la dignidad».

Esta no es la primera vez que absurdas medidas le impedirán atracar en la isla, pero como ya sucedió en el pasado, mas temprano que tarde estas y otras acciones fracasarán y el Peace Boat volverá a tierras cubanas con su mensaje de Paz y solidaridad.
Donativo japonés a los habaneros afectados por el tornado. Foto: Embajada de Cuba en Japón.
Donativo japonés a los habaneros afectados por el tornado. Foto: Embajada de Cuba en Japón.
En esta ocasión, el crucero transportaba consigo una entrañable carga, el modesto donativo que la comunidad cubana residente en Japón y amigos japoneses envió en apoyo a los damnificados del Tornado que azoto a La Habana a inicios de año.

Una vez más la maldad y el odio irracional contra Cuba muestra su cara, pero nada de ello nos quitará el sueño y el compromiso de seguir trabajando y aportando a nuestra Cuba querida. Gracias Yoshioka-san y demás amigos, la batalla continúa.

viernes, 7 de junio de 2019

¿Pueden los cubanos residentes en el exterior invertir en nuestro país?




Déborah Rivas Saavedra, directora general de Inversión Extranjera en el Mincex, expuso ante los inversionistas las garantías que ofrece Cuba en el contexto actual. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

La Ley 118 de Inversión Extranjera no establece ninguna limitación respecto al origen del capital”, escribió en la red social Twitter el pasado viernes 31 de mayo, el ministro de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera (MINCEX), Rodrigo Malmierca Díaz.

Razón por la cual, ciudadanos cubanos con residencia permanente en el exterior no están limitados a invertir en la Isla, añadió el titular del sector.

Para profundizar en este tema tan poco divulgado, Cubadebate contactó con Déborah Rivas Saavedra, directora general de Inversión Extranjera del MINCEX.

—¿Significa esto que un cubano residente en el exterior (CRE) puede presentar ahora un proyecto de inversión en Cuba? ¿Bajo qué condiciones?

—No es de ahora, desde la aprobación de la Ley 118 en el 2014 en la Asamblea Nacional del Poder Popular se difundió la posibilidad de inversiones de ciudadanos cubanos residentes en el exterior al amparo de esta ley. Fíjate en la definición de inversionista extranjero: “la persona natural o jurídica, con domicilio y capital en el extranjero, que participa como accionista en una empresa mixta o participe en una empresa de capital totalmente extranjero o figure como parte de un contrato de asociación económica internacional”.

No señala en ningún lugar la ciudadanía u origen, pero sí queda claro que el inversionista tiene el domicilio y capital fuera de Cuba.

Las condiciones son las que establece la propia ley, su Reglamento, el Decreto 325 de 2014 y el resto de las normas complementarias, es decir, para presentar un proyecto al MINCEX deben hacerlo a través de un órgano, organismo o entidad nacional patrocinador.

Los patrocinadores son las instituciones cubanas que presentan al MINCEX los proyectos del inversionista extranjero que se correspondan con las políticas sectoriales de interés público establecidas en el país. Estas políticas se pueden encontrar en la Cartera de Oportunidades de Negocios que se ha publicado cada año desde el 2014.

Por ejemplo, si un ciudadano que reside permanentemente fuera de Cuba quiere invertir en una fábrica de envases para el mercado nacional y la exportación, debe dirigirse al grupo empresarial GEMPIL para iniciar el proceso de preparación del negocio hasta la conformación del expediente que debe ser presentado al MINCEX, en este caso por el MINDUS como organismo patrocinador, para cumplimentar el trámite de evaluación y aprobación establecido en las normas vigentes.

—¿Por qué tendrían que acogerse a la Ley de Inversión Extranjera si son cubanos?

—Porque no son residentes permanentes en Cuba. Su capital y sus negocios radican fuera del país y la entrada de esos recursos que aportarán para el negocio es un flujo de inversión que no tiene su origen aquí.

Para seguir el ejemplo de la fábrica de envases, ese inversionista de origen cubano seguramente tendrá algún negocio similar en el país donde reside permanentemente, experiencia en ese sector, mercado y por supuesto capital para invertirlo en Cuba, ya sea desde el banco donde tiene sus cuentas o solicitando fondos a bancos extranjeros.

Es decir, lo que se reconoce como aportes o aportaciones al negocio procede del extranjero, no se origina en Cuba.

—¿En qué sectores pueden invertir los CRE? 

—Como comentaba, la política pública de inversión extranjera ha identificado los sectores en los que se requiere la atracción de capital foráneo: producción eléctrica con fuentes renovables de energía, las industrias ligera, agroalimentaria, farmacéutica y biotecnológica, la construcción, el turismo, entre otros. La Cartera de Oportunidades de Negocios con Inversión Extranjera 2018-2019 cuenta con 525 proyectos en todos los sectores priorizados para atraer capital foráneo.

Se pueden proponer, además, proyectos no incluidos en la Cartera, pero siempre que se correspondan con las políticas sectoriales aprobadas. Debemos recordar que la inversión extranjera se considera una actividad fundamental para nuestro desarrollo para determinados sectores y actividades, como por ejemplo los antes mencionados.

No existe un monto de capital establecido en nuestras normas como mínimo para aprobar las inversiones extranjeras; en todos los casos se realiza el análisis integral del proyecto propuesto y el capital a desembolsar se corresponde con la inversión a ejecutar. Los indicadores de rentabilidad internacionalmente establecidos, que resultan de los estudios técnico económicos exigidos como requisito para evaluar los negocios, son los criterios que priman al determinar la factibilidad del negocio.

Existe una norma del MINCEX, la Resolución 207/2018, que explica cómo se presentan los estudios de pre factibilidad que deben formar parte de la propuesta y expediente del negocio.

—¿Tendrán que invertir a título personal o ser accionistas en una empresa mixta? ¿Podrán ser partícipe de una empresa de capital totalmente extranjero como permite la Ley cubana?

—Como hemos explicado, no hay distinción en el trato a los inversionistas extranjeros que sean cubanos residentes en el exterior. Igual que para el resto de los inversionistas, el tipo de establecimiento responderá al proyecto que se proponen realizar. Recomiendo volver a revisar la definición.

—¿Qué garantías tendrán de no perder su inversión?

—Las mismas que establece la Ley 118, “de la Inversión Extranjera”, para todos los inversionistas extranjeros, refrendadas en el Artículo 28 de la Constitución de la República de Cuba proclamada el pasado 10 de abril de 2019.

—La Ley 118 está aprobada desde 2014, ¿ciudadanos de origen cubano residentes en otros países han realizado ya alguna inversión o presentado algún proyecto?

—Sí, han existido varias propuestas. Algunas no han prosperado por estar orientadas a actividades que no están comprendidas en las políticas sectoriales definidas para el capital foráneo. También hay algunas en proceso de negociación y en preparación para presentarse a aprobación.

—¿Por qué retoman este tema ahora?

—No estamos retomando el tema. Siempre ha estado presente, pues desde que fue aprobada la Política para la Inversión Extranjera en el año 2013 se concibió que el capital foráneo es necesario para promover el desarrollo económico de Cuba y no se estableció ninguna limitación por el origen de los inversionistas. Todos los que se sientan comprometidos con ese objetivo, incluso si son cubanos que residan permanentemente en el exterior, pueden de esta forma contribuir también.

Por otra parte, aprovechamos esta oportunidad para volver a explicar algunos elementos sobre los que evidentemente hay confusión en relación con la posibilidad de que cubanos que residen permanentemente en Cuba reciban el tratamiento previsto en la Ley de Inversión Extranjera para los inversionistas foráneos. En ese caso se encuentran:
  • las personas naturales o jurídicas cubanas que residen permanentemente en el país y que cuentan con inversiones (TCP o cooperativas, fundamentalmente) y/o;
  • aquellos cubanos que salen temporalmente al exterior, ya sea a trabajar o de vacaciones, e ingresan capital por esa vía y lo invierten en sus negocios aquí.
Los dos casos anteriores son inversiones nacionales, las realizan los cubanos residentes permanentes en Cuba con el capital que obtienen aquí o el que reciben por sus compromisos o salidas al extranjero de forma temporal. Estas inversiones se regulan mediante las normas que el país tiene aprobadas para estas personas naturales o jurídicas y en ningún caso por la Ley de la Inversión Extranjera.

—¿Qué posibilidades reales tienen los cubanos residentes en EE.UU. de poder invertir en Cuba bajo las leyes del bloqueo?

—Por nuestra parte no hay ninguna limitación. De hecho hay empresas norteamericanas que están invirtiendo en Cuba.

En el caso de los EE.UU., las limitaciones están del lado estadounidense, debido a que el Gobierno de ese país trata de obstaculizar con el bloqueo económico, comercial y financiero nuestro desarrollo. En ese sentido, cualquier potencial inversionista deberá obtener una licencia de determinadas autoridades estadounidenses para que les permitan invertir en su país de origen, sin recibir multas o sanciones por hacerlo.

—Ante la activación del Título III de la Ley Helms-Burton, el embajador de la Unión Europea en La Habana, Alberto Navarro, dijo el viernes último: “Más allá de mirar al pasado y de criticar la Ley Helms-Burton, también hay una oportunidad aquí para mejorar la seguridad de las inversiones, para facilitar el comercio y las inversiones y ahí la Unión Europea va a estar con ustedes”.
¿Habrá mayor apertura comercial? ¿Qué medidas han tomado para agilizar los trámites y las negociaciones de un proyecto de inversión?

—Estos comentarios del embajador Navarro tienen mucho que ver con la propia implicación que está teniendo la Unión Europea, mediante la cooperación internacional, en acciones que estamos desarrollando para facilitar los negocios en Cuba
.
En estos momentos estamos trabajando en la preparación de una Ventanilla Única para la Inversión Extranjera con el propósito de brindar información y asesoría a los inversionistas nacionales y extranjeros, promover las oportunidades de negocios, facilitar la constitución de las modalidades de la inversión extranjera, la realización de sus procesos inversionistas y la tramitación de los permisos, licencias y autorizaciones; así como su seguimiento.

Específicamente pretendemos procesar y gestionar toda la documentación que los inversionistas nacionales y extranjeros requieran tanto antes de su establecimiento como cuando estén en funcionamiento, acortar los plazos para el establecimiento de las inversiones extranjeras en Cuba, simplificar los permisos, licencias y autorizaciones que se requieren para las ejecuciones de las inversiones y como novedad, desarrollar un Software que permita conocer a los inversionistas nacionales y extranjeros el estado de los trámites que están realizando a través de la ventanilla única.

La implementación de la Ventanilla Única se sumará a la revisión que hicimos en 2018 de las normas de inversión extranjera para acortar plazos y trámites. Estas adecuaciones ya se encuentran en vigor.
En conclusión, seguimos dando pasos con el objetivo de crear un ambiente más propicio para facilitar las inversiones extranjeras en Cuba.

—¿Qué garantías jurídico-financieras ofrece la Isla a los empresarios extranjeros ante la Helms-Burton?
—Las garantías se establecen en 3 normas fundamentales:
  • La Constitución en su Artículo 28:
El Estado promueve y brinda garantías a la inversión extranjera, como elemento importante para el desarrollo económico del país, sobre la base de la protección y el uso racional de los recursos humanos y naturales, así como del respeto a la soberanía e independencia nacionales.
  • La Ley No. 118 de 2014, en varios artículos, uno de ellos señala que las  inversiones extranjeras son protegidas en el país, contra reclamaciones de terceros que se ajusten a derecho o la aplicación extraterritorial de leyes de otros estados, conforme a las leyes cubanas y a lo que dispongan los tribunales cubanos.
  • La Ley 80/1996. Ley de reafirmación de la Dignidad y Soberanía cubanas, que establece con claridad las medidas a través de las cuales el Estado apoya a los inversionistas extranjeros:
Ante todo declara ilícita la Ley Helms-Burton, inaplicable y sin valor ni efecto jurídico alguno. Consecuentemente se considera nula toda reclamación amparada en ella de persona natural o jurídica, cualquiera que fuere su ciudadanía o nacionalidad.

Encarga al Gobierno de la República de Cuba la adopción de las disposiciones, medidas y facilidades adicionales que resulten necesarias para la total protección de las actuales y potenciales inversiones extranjeras en Cuba y la defensa de los legítimos intereses de éstas frente a las acciones que pudieran derivarse de la Ley Helms-Burton.
Faculta al Gobierno de la República de Cuba para aplicar o autorizar las fórmulas que se requieran para la protección de los inversionistas extranjeros contra la aplicación de la Ley Helms-Burton, incluyendo el traslado de los intereses del inversionista extranjero a empresas fiduciarias, entidades financieras o fondos de inversión.
Establece que los órganos estatales competentes, que autorice el Gobierno de la República de Cuba, cumpliendo lo dispuesto en las regulaciones legales vigentes, proporcionarán a los inversionistas extranjeros que así lo soliciten, la información y documentación disponibles que les sean necesarias para la defensa de sus legítimos intereses frente a las disposiciones de la Ley Helms-Burton.
También dispone que la Asamblea Nacional del Poder Popular y
el Gobierno de la República de Cuba cooperarán y coordinarán con otros parlamentos, gobiernos y organismos internacionales, con el fin de promover cuantas acciones se entiendan necesarias para impedir la aplicación de la Ley “Helms-Burton”.
Es decir, que los inversionistas extranjeros que nos han acompañado todos estos años y los nuevos, incluidos los de origen cubano residentes en cualquier parte del mundo, cuentan con las herramientas necesarias para protegerse ante cualquier ilegítima reclamación basada en la Ley Garrote.

lunes, 13 de mayo de 2019

¿Cuál es el verdadero origen de la Ley Helms-Burton?



Jesse Helms y Dan Burton. Foto: BBC.
En 1998, apenas dos años después de ser aprobada la ley Helms-Burton, el Center for Public Integrity (CPI), una reconocida organización no lucrativa dedicada a la investigación periodística con el fin manifiesto de “revelar abusos de poder y la corrupción de instituciones públicas y privadas” de Estados Unidos, publicó un extenso informe sobre el origen de esta ley, que hasta hoy no ha sido refutado (*).

Según el CPI, todo comenzó cuando el republicano Jesse Helms asumió la presidencia del Comité de Relaciones Exteriores del Senado y propuso una agenda de diez puntos, encaminada a cambiar el sentido de la política exterior del entonces presidente Bill Clinton.

Quizás porque Cuba se le antojaba como uno de los escasos remanentes del socialismo en el mundo, la Isla aparecerá en el tope de esta agenda. No era de esperar otra cosa de un fanático anticomunista, que había votado contra el fin de la segregación racial, el derecho de los homosexuales, las investigaciones contra el SIDA y todas las propuestas de beneficio social que tuvo ante sí, durante 30 años de permanencia en el cuerpo legislativo.
Para llevar a cabo esta tarea, Helms nombró a su ayudante Dan Fisk, quien se encargó de reunir a un equipo que contó con la colaboración de los congresistas republicanos cubanoamericanos Lincoln Díaz Balart e Ileana Ros-Lehtinen, así como de los senadores demócratas Bob Menéndez y Robert Torricelli, todos los cuales ya habían trabajado en legislaciones previas contra Cuba.

Como contraparte de Helms, en la cámara baja fue escogido el congresista republicano Dan Burton, entonces al frente del subcomité del Hemisferio Occidental de la Cámara de Representantes, a pesar de que una de sus propuestas más celebres fue desplegar naves norteamericanas en las ¡costas de Bolivia!, con el fin de detener el tráfico de drogas.

Originario de Indiana, Burton era famoso por su destreza para jugar al golf, en lo que empleaba la mayor parte del tiempo, y el apoyo al régimen de apartheid en Suráfrica. Aunque probablemente tampoco sabía ubicar a Cuba en un mapa, recibía más contribuciones de Miami que de su estado natal.

Para encargarse de la “misión cubana”, Burton nombró a Roger Noriega, entonces un oscuro funcionario de la Cámara de Representantes, que hizo carrera como promotor de las políticas más agresivas de Estados Unidos en América Latina.

El CPI nos cuenta que el capítulo I de la ley fue básicamente un compendio de las propuestas que Díaz Balart ya había hecho al Congreso contra Cuba. Que el capítulo II fue una obra mayormente de Bob Menéndez, interesado en establecer las condiciones para el cambio de régimen y el levantamiento del embargo y que el capítulo IV no era nada novedoso, toda vez que se refería a las sanciones a aplicar contra los extranjeros que no cumplieran las disposiciones norteamericanas, algo bastante común en la política exterior del país.

Sin embargo, el CPI consideraba muy original el capítulo III, toda vez que introducía el presupuesto de equiparar ante la ley internacional los derechos de propiedad, con los humanos o los ambientales. Para Fisk, todavía estudiante de derecho en la universidad de Georgetown, si un torturado podía hacer causa legal contra sus torturadores, la misma lógica debía imperar para el caso de una persona privada de su propiedad por cualquier gobierno en cualquier parte.

Contrario al criterio bastante extendido de que la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA), entonces la organización más poderosa de la extrema derecha cubanoamericana, había sido determinante en la redacción de la ley, el CPI asegura que fueron rechazados de este proceso, debido a la estridencia de sus posiciones. Además, dice el CPI, la FNCA abogaba por que las propiedades “recuperadas” en Cuba fueran puestas en subasta, lo que contradecía el interés de los reclamantes.

Los redactores de la ley prefirieron recurrir a los abogados y lobistas de grandes negocios cubanos nacionalizados en 1960. En particular la empresa Bacardí, que jugó un papel decisivo en el proceso de diseño y aprobación de la ley. Manuel J. Cutillas, director ejecutivo de la empresa, el entonces lobista Otto Reich e Ignacio Sánchez, socio del bufete Kelly-Drye and Warren, una firma con base en New York que representaba los intereses de la Bacardí, desempeñaron un rol muy activo en la redacción del texto y la búsqueda de consenso para su aprobación.

Más allá de una larga tradición en actividades contra el gobierno cubano, que incluyó la promoción de grupos terroristas, la empresa Bacardí tenía un interés especial en la Ley Helms-Burton porque, como explica el informe del CPI, no era una empresa cubana ni norteamericana, sino bahameña, por lo que solo gracias al título III, su subsidiaria en Miami podía aparecer como reclamante y recurrir a las cortes estadounidenses.
Bill Clinton. Foto: AFP.

Inicialmente el gobierno de Bill Clinton fue un firme opositor de esta ley. Según el CPI, esta posición le fue oficialmente transmitida a Ricardo Alarcón, entonces presidente de la Asamblea Nacional de Cuba, por Peter Tarnoff, subsecretario de Estado, en el contexto de conversaciones secretas entre los dos gobiernos, que se llevaban a cabo en Toronto, Canadá, y que concluyeron con la adopción del acuerdo migratorio de 1994 entre los dos países.

Convocado por el propio Helms, en junio de 1995, Tarnoff expuso ante el senado los argumentos de la administración. En primer lugar, decía Tarnoff, la ley violaba los derechos constitucionales del poder ejecutivo para conducir la política exterior del país, también varios tratados internacionales, las obligaciones de Estados Unidos ante el FMI y el Banco Mundial, así como las relaciones con socios extranjeros, que en represalia podían tomar medidas similares contra empresas estadounidenses.

Refiriéndose al capítulo III, cuenta el CPI, Tarnoff alertó que, si Estados Unidos se arrogaba tales facultades para sus cortes, nada impedía que otros países hiciesen lo mismo. Al decir de Tarnoff, esta ley afectaría el frágil sistema legal internacional, gracias al cual se habían resuelto decenas de miles de reclamaciones a favor de ciudadanos norteamericanos en diversas partes del mundo.

Respecto a conceder el derecho de demandar en cortes de Estados Unidos a personas que no eran norteamericanos en el momento de la nacionalización, Tarnoff decía que bajo la ley internacional Estados Unidos no tenía ningún derecho a intervenir en un asunto que correspondía a un Estado extranjero dentro de sus propias fronteras.

Estos argumentos, dichos por el propio gobierno que finalmente aprobó la ley, debieron haber sido suficientes para descalificarla. Pero el CPI también relata la oposición del Comité Conjunto de Reclamaciones a Cuba, integrado por las compañías norteamericanas nacionalizadas en 1960, donde figuraban empresas de la envergadura del Chase Manhattan Bank, la Coca Cola y la ITT.

Según declararon sus voceros, “el reconocimiento de otro grupo de reclamantes retrasaría y complicaría el acuerdo de las reclamaciones certificadas en las negociaciones con Cuba”. La adopción de Ley Helms-Burton también abortaría arreglos directos con el gobierno cubano que estaban siendo explorados por empresas como Amstar, heredera de la American Sugar, que poseía en Cuba más de mil millas cuadradas de tierra.

Aunque para aprobar la Ley Helms-Burton finalmente se utilizó el pretexto del nefasto incidente de la voladura de dos avionetas de la organización “Hermanos al Rescate”, las cuales violaron repetidamente el espacio aéreo cubano en 1996, todo parece indicar que la verdadera razón radicaba en el interés de Clinton de no enejarse el apoyo de la extrema derecha cubanoamericana en las elecciones de ese año.

Ahora, con la puesta en marcha del Título III por parte de la administración Trump, después que la lógica recomendó mantenerlo suspendido durante 23 años, se confirma el criterio que las elecciones norteamericanas son muy peligrosas.
(*) Patrick J. Kiger: Squeeze Play: The United States, Cuba and the Helms-Burton Act, Center for Public Integrity, 1998.
Infografía: Edilberto Carmona
(Tomado de Progreso Semanal)

sábado, 20 de abril de 2019

Díaz-Canel: Muchos en Estados Unidos reclaman aprender de la Guerra Fría



El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel Bermúdez. Foto: Archivo

El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, destacó que muchos ciudadanos en Estados Unidos piden aprender de la Guerra Fría ante la decisión del gobierno de Donald Trump de activar el Título III de la ley Helms-Burton, que apunta directamente con su alcance extraterritorial a afectar a empresarios y terceros países interesados en hacer negocios legítimos con la Isla.

“Muchos en los propios Estados Unidos temen porque la aplicación del Título III se revierta sobre las finanzas estadounidenses y aclaman por aprender del fracaso de la Guerra Fría”, publicó Díaz-Canel en su cuenta en Twitter.

El miércoles último, en la misma red social, el presidente cubano recordó que “no cambiará la actitud frente a los que sostienen la espada contra nosotros. Los cubanos no nos rendimos, ni aceptamos leyes sobre nuestros destinos que estén fuera de la Constitución.  En Cuba mandamos los cubanos”.

La Ley Helms-Burton fue diseñada para entorpecer la creciente inversión extranjera en Cuba tras la caída del campo socialista y la Unión Soviética a principios de los años 90.

La legislación ampara incluso a los estadounidenses que tengan demandas certificadas contra Cuba, aunque no fuesen ciudadanos norteamericanos en el momento de la nacionalización, lo cual va en contra de la práctica internacional.

Entre las reacciones en Estados Unidos ha estado la de Engage Cuba, un grupo que promueve una relación normal entre los dos países.

Luego de que el pasado 17 de abril el secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, confirmara que Estados Unidos levantará todas las restricciones existentes a la aplicación del polémico título III de la ley Helms-Burton, Engage Cuba advirtió que “necesitamos una política que se enfoque en el empoderamiento del pueblo cubano y en avanzar los intereses estadounidenses, no continuar con una política fracasada de 60 años que solo sirve a mezquinos intereses domésticos de la Florida”.

sábado, 23 de marzo de 2019

Díaz-Canel: No habrá ley que devuelva a Cuba a la esclavitud




El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, afirmó hoy que ni la Ley Helms-Burton de Estados Unidos ni ninguna otra devolverá a Cuba a la dominación extranjera.

‘Cuba es soberana hace 60 años y no habrá ley ni fuerza injerencista que la devuelvan a la esclavitud’, subrayó en su cuenta en Twitter.

Díaz-Canel calificó a la Ley Helms-Burton de una completa aberración jurídica y advirtió que con la misma, Washington pretende ‘robar por ley lo que no ha podido conquistar a la fuerza’.

Vigente desde 1996, la iniciativa puesta en vigor por el entonces presidente norteamericano, William Clinton, tras su aprobación en el Congreso, busca abiertamente el cambio de régimen en la isla e incluye la asfixia económica como punta de lanza para lograrlo.

La ley tiene cuatro títulos, pero el tercero de ellos, que permite demandas en cortes estadounidenses contra propiedades ‘confiscadas’ (así le llaman a las nacionalizaciones tras la Revolución), había sido suspendido por los presidentes en la Casa Blanca por seis meses, hasta que Donald Trump -después de hacer lo mismo en 2017 y 2018, decidió en enero hacerlo por solo 45 días.

A principios de este mes, el Departamento de Estado anunció la suspensión por otros 30 días, sin embargo, permitió que a partir del 19 de marzo se presenten demandas judiciales contra más de 200 empresas cubanas incluidas en una lista unilateral de sanciones económicas
.
El gobierno cubano ha rechazo la escalada en la hostilidad de Washington, el recrudecimiento del bloqueo por la actual administración y el intento de apelar a una conducta extraterritorial para impedir el acceso de la isla a inversiones importantes para su desarrollo socioeconómico.

Esta semana, el director general para Estados Unidos de la cancillería, Carlos Fernández de Cossío, reiteró que la Ley Helms-Burton es inaplicable en Cuba y que La Habana está dispuesta a entrar en un proceso de negociación para que puedan ser compensados los reclamantes de las nacionalizaciones apegadas al Derecho Internacional.
En el propio 1996, la Asamblea Nacional del Poder Popular del país caribeño aprobó la Ley 80 de Reafirmación de la Dignidad y Soberanía Cubanas, que en su artículo 1 declara ilícita la Helms-Burton, inaplicable y sin valor ni efecto jurídico alguno.

‘Consecuentemente se considera nula toda reclamación amparada en ella de persona natural o jurídica, cualquiera que fuere su ciudadanía o nacionalidad’, precisa.

‘En su segundo artículo, reafirma la disposición del gobierno de Cuba, expresada en las leyes de nacionalización promulgadas hace más de medio siglo, en lo relativo a una adecuada y justa compensación por los bienes expropiados a las personas naturales y jurídicas que en ese momento ostentaban la ciudadanía o nacionalidad estadounidense.
(Con información de Prensa Latina)

lunes, 26 de junio de 2017

Bloqueo contra Cuba: Las batallas en el Congreso



Foto AFP.
Foto AFP.
El tema Cuba busca ganar espacios dentro del Congreso estadounidense, en un escenario donde la hostilidad y la polarización marcan el ritmo de ese órgano legislativo.

Hace algunas semanas fue noticia la introducción de un proyecto de ley para permitir a los estadounidenses viajar libremente a Cuba, ya que ahora solo pueden hacerlo dentro de categorías establecidas, y nunca como turistas. Una coalición bipartidista de 55 senadores apoyó la propuesta, que fue oficialmente presentada por el republicano Jeff Flake y el demócrata Patrick Leahy.
El día en que presentó la medida, Flake dijo a la prensa que «son los estadounidenses quienes resultan castigados por la prohibición de viajar, y no el gobierno cubano». Por su parte, Leahy aseguró que esa restricción no está justificada ni por la seguridad nacional ni por intereses económicos
.
A pesar de esos argumentos y del apoyo mayoritario a la iniciativa –en un senado de 100 miembros–, eso no garantiza su aprobación. De hecho, ese mismo proyecto de ley fue presentado en el 2015 tanto en la Cámara como en el Senado, y aunque logró el respaldo de 132 representantes y 54 senadores, no fue sometido a votación.

El camino que debe transitar un proyecto para convertirse en ley dentro del Capitolio es largo y complejo. No se trata solamente de reglas y procedimientos formales –que son bastante engorrosos–, sino del funcionamiento práctico de una esfera del Estado, donde en ocasiones importan más las deudas de favores entre los congresistas, que los deseos de los ciudadanos que ellos representan.
En ese contexto, la eliminación del bloqueo contra Cuba, que como consecuencia de la Ley Helms-Burton depende del Congreso, podría convertirse en un laberinto interminable de votaciones.

La decisión de Barack Obama de cambiar la política hacia Cuba contó con el respaldo de congresistas tanto demócratas como republicanos, de poderosos sectores económicos y la mayoría de la opinión pública estadounidense. Pero también levantó críticas y mantiene intransigentes detractores.
El 114 Congreso de Estados Unidos, que tomó asiento en el Capitolio el 3 de enero del 2015, fue uno de los campos de batalla donde se enfrentaron esas dos visiones. Allí se presentaron, paralelamente, proyectos de ley que intentaban allanar el camino de las relaciones bilaterales y otros que buscaban dificultarlas.

Para que un proyecto sea enviado al Presidente para su firma y conversión en ley es preciso que tanto la Cámara como el Senado lo aprueben en el transcurso de los dos años que dura el periodo de sesiones. Por eso, muchos de los proyectos referidos a Cuba que no avanzaron durante el transcurso del 114 Congreso están siendo presentados nuevamente en el 115, que inició en enero pasado.
Los temas priorizados por los legisladores interesados en un acercamiento son los viajes y las relaciones económicas bilaterales, con énfasis en la promoción de créditos para las exportaciones agrícolas.

Así, en enero se presentó la «Ley de comercio con Cuba del 2017», que propone, entre otras cosas, modificar la Ley Torricelli para eliminar: la autoridad presidencial para imponer sanciones contra los socios comerciales de Cuba, las restricciones a las transacciones, y las limitaciones en el envío directo entre puertos cubanos y estadounidenses. Igualmente, permitiría a los estadounidenses ofrecer condiciones de pago o financiación para la venta de productos agrícolas a Cuba.

Ese proyecto fue introducido en la Cámara por el representante Tom Emmer, republicano por el estado de Minnesota. Hasta el momento, cuenta con el respaldo de 14 congresistas republicanos y ocho demócratas.

En un informe de junio del 2015, el Departamento de Agricultura señaló la disminución de la participación estadounidense en el mercado de alimentos cubano, que pasó de un máximo de 42 % en el año fiscal 2009 a solo 16 % en el 2014. El texto añade que esa caída «se debe en gran parte a una disminución de las exportaciones de productos básicos a granel de los Estados Unidos a la luz de las condiciones de crédito favorables ofrecidas por los principales competidores».

El informe concluyó que el levantamiento de las restricciones ayudaría a Estados Unidos a recuperar su cuota de mercado en Cuba.

Existe entre los congresistas, y entre los intereses económicos que ellos

representan, un deseo de recuperar esas cuotas de mercado que han perdido. Por eso es la insistencia en promover proyectos de ley que favorezcan las exportaciones. Por ejemplo, el representante Eric (Rick) Crawford, republicano por Arkansas, presentó en enero la «Ley para las exportaciones agrícolas a Cuba», que cuenta con el apoyo de 27 republicanos y 13 demócratas.

En el Senado se presentó uno similar: la «Ley de expansión de las exportaciones agrícolas del 2017», que permitiría a una persona sujeta a la jurisdicción de los Estados Unidos pagar o financiar la venta de productos a Cuba. La propuesta es de la senadora Heidi Heitkamp, demócrata por Dakota del Norte; y cuenta con el respaldo de 11 senadores demócratas, cuatro republicanos y uno independiente.

La «Ley de libertad para las exportaciones a Cuba» es otra de las propuestas presentadas recientemente en el Senado. En este caso, fue introducida por Amy Klobuchar, demócrata por Minnesota, y tiene el propósito de derogar o enmendar varias prohibiciones que restringen el comercio bilateral. Cuenta con el respaldo de nueve demócratas, tres republicanos y uno independiente.

En total, desde enero se han presentado 12 proyectos de ley favorables a un acercamiento con Cuba. Ocho de ellos nacieron en la Cámara de Representantes y los otros cuatro en el Senado. Casi todas son propuestas que no lograron progresar en el 114 Congreso.

Un estudio de cada una de esas iniciativas y de las agendas que priorizan permite comprender que están pensadas para favorecer los intereses de Estados Unidos en primer lugar, y la mayoría no se propone el levantamiento integral del bloqueo sino de aspectos específicos en cada caso. Sin embargo, de ser aprobadas significarían un alivio de las sanciones contra Cuba.

Pero tienen el camino difícil. Los congresistas cubanoamericanos, que fueron activos en la legislatura anterior promoviendo proyectos para frenar el acercamiento, continúan en posiciones clave. Algunos de los proyectos antes mencionados fueron remitidos, por ejemplo, a los comités de Asuntos Exteriores de la Cámara y del Senado, donde probablemente chocarán con la oposición de la representante Ileana Ros-Lehtinen y del senador Marco Rubio. Igualmente, otros tendrán que transitar por el Comité de Asignaciones de la Cámara, donde tiene asiento Mario Díaz-Balart.
Como nota positiva vale destacar que el tema Cuba en el Congreso cuenta con un consenso bipartidista, algo difícil de encontrar en otros temas, en un escenario donde son visibles elevados niveles de polarización. Eso amplía sus posibilidades para avanzar en el complejo recorrido dentro del órgano legislativo.

La lucha en el Capitolio, en lo que a Cuba se refiere, no es entre Demócratas y Republicanos, puesto que se han generado después del 17 de diciembre del 2014 intereses políticos y económicos que van más allá de filiaciones partidistas. Pero tampoco bastaría para el análisis dividirlos entre «liberales» y «conservadores», con los primeros más interesados en acercar a Washington y a La Habana. Un caso que lo ilustra bien es el del Senador Jeff Flake, quien regularmente mantiene posturas muy conservadoras, y sin embargo ha sido uno de los principales promotores del cambio.

Los estudios sobre el Congreso y las propuestas que allí se presenten con relación a Cuba son imprescindibles para entender las relaciones bilaterales, y para intentar dar respuesta a la eterna pregunta: ¿cuándo terminará el bloqueo?


(Tomado de Granma)

miércoles, 11 de febrero de 2015

Obama pudiera aliviar sustancialmente el bloqueo contra Cuba


Publicado en: Bloqueo contra Cuba

Condena al bloqueo contra Cuba
 

Por Ariadna Cornelio Hitchman y Gretter Alfonso Guzmán, funcionarias del MINREX

Aunque el Congreso de Estados Unidos es el órgano facultado para decretar el fin del bloqueo contra Cuba, este acto puede estar precedido del desmontaje de la inmensa mayoría de las restricciones que conforman esta política, a través de acciones ejecutivas del Presidente.

Con la firma de la Ley para la Libertad y Solidaridad De­mocrática Cubanas (conocida como Ley Helms-Burton) por el presidente William Clinton el 12 de marzo de 1996, quedó codificado en ley el bloqueo contra Cuba y la madeja de órdenes ejecutivas que lo sustentan. De esta manera, las prerrogativas del Presidente para conducir la política exterior hacia Cuba fueron traspasadas al Congreso, en lo concerniente al levantamiento del bloqueo contra nuestro país. Sin embargo, al mismo tiempo, esa misma ley preservó las am­plias facultades del Presidente para, a través de la emisión de licencias, permitir transacciones referidas al bloqueo que es­tán reguladas por el Código Federal de Regulaciones de Es­tados Unidos.

Solo existen cuatro aspectos en que el Presidente no puede actuar, pues requieren la acción congresional para su eliminación o modificación por estar regulados en leyes estadounidenses. El primero es la prohibición a subsidiarias de Estados Unidos en terceros países a comerciar bienes con Cuba, recogida en la Ley para la Democracia Cubana de 1992 (más conocida como Ley Torricelli). El segundo es la imposibilidad de realizar transacciones con propiedades norteamericanas que fueron nacionalizadas por nuestro país, lo cual está prohibido por la Ley Helms-Burton. Otras dos prohibiciones fueron incluidas en la Ley de Reforma de las Sanciones Comerciales y Ampliación de las Exportaciones del 2000, que impide a los ciudadanos estadounidenses viajar a Cuba con fines turísticos y obliga a nuestro país a pagar en efectivo y por adelantado por las compras de productos agrícolas en Estados Unidos.

Fuera de estas cuatro restricciones amparadas en las leyes estadounidenses mencionadas, el Presidente puede acudir a sus prerrogativas ejecutivas para modificar la implementación de la política de bloqueo contra Cuba.

Muestra de esta capacidad presidencial fue lo ocurrido el pasado 17 de diciembre del 2014, cuando el Presidente de Es­tados Unidos anunció varias medidas para modificar la aplicación de determinadas regulaciones del bloqueo. Con posterioridad a este paso, el 15 de enero del 2015, los Departamentos de Tesoro y Comercio publicaron las regulaciones administrativas para implementar las medidas anunciadas por el Pre­sidente, las cuales entraron en vigor el día siguiente.

Este puede ser el procedimiento a seguir en lo adelante para eliminar una buena parte de las restricciones económicas, financieras y comerciales que el gobierno de Estados Unidos mantiene contra nuestro país. Las modificaciones realizadas por Obama están lejos de ser “todo lo que el Presidente puede hacer”, como bien reconocen varios sectores y expertos en el propio Estados Unidos. Aunque ciertamente significan un paso de avance en temas como viajes a Cuba, telecomunicaciones y remesas, muchas otras prohibiciones pueden ser eliminadas con la intervención del Presidente. Una modificación sustantiva del andamiaje del bloqueo es posible si Obama continúa utilizando sus amplias facultades ejecutivas para eliminar muchas de las restricciones vigentes.

En relación con los viajes, el Presidente podría permitir servicios de ferry entre Estados Unidos y Cuba, además de eliminar el límite al valor de los productos que pueden ser importados desde Cuba por los viajeros estadounidenses que visitan nuestro país, para uso personal o como regalos. También, podría autorizar que los aviones cubanos vuelen a Estados Unidos y transporten viajeros entre los dos países.
En materia de comercio, Obama podría permitir que Cuba importe desde terceros países productos que contengan más de un 10 % de componentes norteamericanos. Asimismo, po­dría autorizar las exportaciones a Cuba de otros productos estadounidenses y permitir las importaciones en EE.UU. de servicios o productos cubanos, incluyendo aquellos manufacturados en terceros países que contienen materias primas cu­banas como níquel o azúcar.

La salud es otro sector en el que se pueden adoptar medidas con amplio impacto en el bienestar de ambos pueblos. La lista de acciones que podría acometer el Presidente comprende entre otras: autorizar a ciudadanos de EE.UU. a recibir tratamientos médicos en Cuba; permitir la exportación de medicinas y equipos médicos que puedan utilizarse en la producción de productos biotecnológicos cubanos; permitir las ventas de materias primas que Cuba necesita para producir medicamentos para la población cubana y para otros países en desa­rrollo, y autorizar la comercialización en Estados Unidos de productos de la biotecnología cubana, como el Heberprot- P y el Nimotuzumab, anticuerpo monoclonal para tratar el cáncer de cabeza y cuello avanzados.

En el sector bancario y financiero, donde el gobierno de Obama ha aplicado acciones de acoso financiero, también pueden modificarse varias regulaciones y autorizar por ejemplo, el uso del dólar estadounidense en las transacciones internacionales de Cuba, el consentimiento para que estas transacciones se realicen a través del sistema bancario de Estados Unidos cuando provengan de operaciones nuestras con terceros países y la reversión de la política de persecución financiera contra la Isla, que incrementa el temor de los bancos de terceros países a operar con Cuba o a ejecutar transferencias bancarias a favor de empresas u organizaciones cubanas. 

Otras acciones comprenderían posibilitar a entidades cubanas (bancos, empresas, etc.) abrir cuentas en bancos de Estados Unidos e instruir a los representantes de Estados Unidos en las instituciones financieras internacionales que no bloqueen el otorgamiento de créditos u otras facilidades financieras a Cuba.

Por tanto, Obama tiene posibilidades ilimitadas para modificar de manera significativa las restricciones vigentes y vaciar al bloqueo de su contenido fundamental mediante el ejercicio de sus prerrogativas con determinación.

El proceso hacia la normalización de las relaciones bilaterales pasa necesariamente por el levantamiento del bloqueo, el cual constituye el mayor obstáculo para las relaciones económicas, comerciales y financieras de Cuba con Estados Unidos y el resto del mundo, y para el desarrollo de todas las potencialidades de la economía cubana.



(Tomado del diario Granma)

lunes, 13 de octubre de 2014

Cuba-EEUU: Una historia secreta para reconstruir sus puentes

Cuba-EEUU: Una historia secreta para reconstruir sus puentes


William Leogrande (izquierda) y Peter Kornbluh, en La Habana. Foto: David Vázquez

William LeoGrande (izquierda) y Peter Kornbluh, este domingo en La Habana. Son los autores de “Back Channel to Cuba: The Hidden History of Negotiations between Washington and Havana”. Foto: David Vázquez

Precedido por reseñas en los principales medios de EEUU y Europa, y por una escalada de notas que desde hace dos semanas filtran sus inagotables primicias, el libro Back Channel to Cuba (The University of North Carolina Press, 2014), de William LeoGrande y Peter Kornbluh, se presenta hoy a las 4:00 pm, en la sala Villena, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).
El acontecimiento es singular, y no solo por la atención mediática hacia esta documentada investigación que aborda “comunicaciones encubiertas, diálogos a puertas cerradas, secretos sumamente relevantes para la Historia de los Estados Unidos en la actualidad y en el futuro”, como lo ha descrito uno de sus autores. Se presentará simultáneamente con la obra La política de los Estados Unidos hacia Cuba (Editorial de Ciencias Sociales, 2014), de los autores cubanos Elier Ramírez Cañedo y Esteban Morales Domínguez.

Es la primera vez que dos versiones de una misma Historia -la de las relaciones Cuba-EEUU en los últimos 54 años-, se observa desde las perspectiva de los documentos oficiales que uno y otro país generó, la mayoría muy bien guardados hasta hoy, y que prueban las idas y venidas de los intermediarios secretos entre las dos naciones, incluso en momentos de intensa hostilidad hacia la Isla desde el vecino norteño.

Cubadebate conversó con LeoGrande, profesor de la Universidad Americana de Washington, y Kornbluh, investigador de la organización independiente Archivo de Seguridad Nacional, poco después de que desembarcaran en La Habana. El diálogo gira en torno a lo que Kornbluh ha catalogado como “oportunidad sin precedentes para ilustrar la historia que permita crear una nueva Historia” entre los dos países.

Un proyecto de muchos años

-Este es un libro que les llevó diez años de trabajo…
-Kornbluh: Más. Escribí la primera sección hace 20 años, cuando obtuve un documento secreto sobre (el ex Secretario de Estado, Henry) Kissinger y Fidel (Castro). Hace diez años nos juntamos Bill y yo para investigar más a fondo, completar y dominar mejor el contexto que se refleja en el libro.

 -¿Por qué tantos años?

-LeoGrande: Cuando comenzamos pensábamos que solo escribiríamos unos pocos capítulos. Pensamos que solo tendríamos unas pocas historias acerca de las negociaciones. La historia de Kissinger, (el Presidente James) Carter, algunas cosas de (Presidente John) Kennedy… Sin embargo, cuando empezamos la investigación encontramos que cada presidente norteamericano, desde 1959 hasta hoy, había tenido contactos con Cuba.

En otras palabras, pasó del estudio de algunas administraciones a todas las administraciones, comenzando con Eisenhower. Su embajador en La Habana intentó negociar con Raúl Roa para evitar el deterioro de las relaciones. Ahí empieza y llegamos hasta Obama, que envió un mensaje a través de (Miguel Ángel) Moratinos, ex Ministro de Relaciones Exteriores de España, para crear una “comunicación secreta” entre La Habana y Washington. Tenemos la historia de cada presidente y el diálogo que cada uno de ellos intentó con la Isla. Algunas historias, por supuesto, están más completas que otras. Hasta George W. Bush intentó dialogar y luego paró… Con Bush se habló de cooperación contra el narcotráfico, de Luis Posada Carriles y del combate al terrorismo.

-¿Cuánto queda todavía por saberse?

Kornbluh: No se puede saber lo que no se sabe. Es obvio que hay más, pero nosotros hemos hecho un esfuerzo grande. Por eso tardamos tantos años. Buscamos todo lo que podíamos y no solo en Estados Unidos. Fui, por ejemplo, a Madrid, a una biblioteca que data de hace 500 años y guarda los documentos de los Cancilleres de España. Revisé los archivos del Ministerio de Relaciones Exteriores de (Francisco) Franco, para encontrar los documentos de un emisario español que llevó un mensaje de la administración (Lyndon) Johnson a Fidel Castro. Estaban en un paquete amarrado con una cinta, como un regalo. Ahí estaba el informe de esta misión en 1967.
                                 
-Es más conocida la negociación en la que Gabriel García Márquez fue el emisario de Cuba ante William Clinton. ¿Es verdad que hablaron ustedes de este asunto con Fidel?
     
Kornbluh: Los encuentros del Nobel colombiano con Clinton se conocen y en el libro reproducimos una foto de esa cena histórica entre el Presidente Clinton y García Márquez, durante la llamada crisis de los balseros, a fines de agosto de 1994. Ocurrió en la famosa isla de Massachusetts, Martha´s Vineyard. En ese encuentro estuvieron Bill y Hillary, y el escritor mexicano Carlos Fuentes y García Márquez.

Cuando Fidel da a conocer detalles de este encuentro, años después, nosotros estábamos aquí en Cuba, y nos reunimos con él después de las revelaciones que él hiciera en un acto público. Almorzábamos en el Palacio de las Convenciones cuando Fidel me dijo: “Korhbluh, yo sé que siempre quieres documentos desclasificados cubanos… Y decidí darte una copia del memorando original de García Márquez escrito a máquina –con una nota manuscrita del escritor al margen-, pero lo hago porque ya le he pedido permiso a Gabo.”

La Ley Helms-Burton

-Ustedes aseguran en el libro que la Ley Helms-Burton impide el levantamiento del bloqueo. Sin embargo, en una videoconferencia con La Habana, el abogado estadounidense Robert Muse aseguró enfáticamente que el Presidente Obama tiene potestad ejecutiva para acabar de una vez con esa política. ¿Es la Helms-Burton un muro infranqueable o no?


Leo Grande:

 La Helms-Burton codificó el embargo, pero también incluye la potestad presidencial para autorizar transacciones comerciales con Cuba a través de licencias. Cuando convirtieron el embargo en ley e incorporaron las regulaciones, también añadieron la autoridad del Presidente para conceder licencias comerciales. Entonces, el Presidente sí tiene autoridad para otorgar licencias en el nombre de razones humanitarias, en nombre de la seguridad nacional, para “promover la democracia en Cuba”, etc.
Todos los presidentes han usado esa autoridad. Obama autorizó a las compañías de telecomunicaciones, a las compañías farmacéuticas. La extensión lógica es que el Presidente puede autorizar con licencia casi para cualquier cosa, pero no puede quitar el bloqueo en su totalidad porque eso es una Ley. Está codificado. Puede facilitar las posibilidades de viajar a Cuba autorizando licencias generales para el intercambio People to People, pero no puede permitir a los residentes norteamericanos venir aquí de turismo, porque eso específicamente está prohibido en la Ley.

-Pero si el Presidente Obama tiene autoridad para limitar drásticamente las sanciones, ¿por qué ha hecho lo contrario hasta ahora?

Kornbluh: Obama ha dicho que la política ha fallado, que tienen que ser creativos para cambiarla. Lo dijo en noviembre pasado. También lo afirmó cuando era candidato para Presidente, y fue más allá entonces: aseguró que quería sentarse con Raúl Castro en torno a una mesa. Y ahora en abril, posiblemente, tendrá esa oportunidad (en la Cumbre de las Américas). Estamos llegando a una época muy interesante entre nuestros países, pero para cambiar el estado actual de las relaciones hay muchas cosas que el Presidente tiene que hacer: liberar a los tres cubanos presos en EEUU y recibir a Alan Gross; sacar a Cuba de la lista de países terroristas, y enfrentar a Robert Menéndez en el Senado. Sería interesante si los republicanos tomaran el Senado en noviembre.

Hay que hacer algo grande

-Ustedes hablan en el libro de que hay que hacer “algo grande”, porque los pequeños pasos siempre son abortados por las provocaciones de los fanáticos de origen cubano en Estados Unidos, que impiden cualquier acercamiento por mínimo que sea.

Kornbluh: Así es. Esa es una lección que nos deja la historia de las relaciones entre los dos países.
LeoGrande: El problema de hacer “cosas pequeñas” cada vez es que quienes se oponen a mejorar las relaciones, responden igual de fuerte ante los pequeños cambios como ante los grandes cambios, porque ellos saben que los pequeños cambios pueden llevar a otros más grandes. Todo lo que tienen que hacer es ganar una sola batalla: parar los cambios pequeños y así todo el proceso se detiene. El esfuerzo para mejorar las relaciones paso a paso siempre ha fallado eventualmente. Pero los presidentes norteamericanos han tenido miedo de hacer algo dramático, como el viaje de (Richard) Nixon a China. Han tenido miedo de cambiar la política. Para levantar el embargo completamente los presidentes tendrían que revocar la Ley Helms-Burton y tienen que obtener la mayoría de los votos en el Senado y en el Congreso. Y los republicanos normalmente se oponen.
Kornbluh: Pero mientras eso no ocurre, el Presidente puede hacer muchas cosas, por ejemplo, sacar a Cuba de la lista de países terroristas.
-Sin embargo, nunca como ahora ha habido tanto consenso en EEUU de que el bloqueo es una antigualla que no ha cumplido sus objetivos.

Kornbluh: No hay un consenso total. Podemos leer cosas como lo que publicó este domingo The New York Times, editorializando contra el bloqueo. Lo importante no es si hay consenso o no, sino el momento tan especial que existe entre esta fecha y abril próximo. Hay una oportunidad en la Florida, como ha reconocido Hillary Clinton, quien se pronunció a favor del levantamiento del bloqueo –sabe que ganará el dinero y los votos en ese Estado, a diferencia de lo que ocurrió con su esposo, quien apretó el bloqueo para buscar dinero y votos. La política está cambiando, lentamente. Obama tiene una oportunidad ahora. Le quedan dos años en la Presidencia, pero en mi opinión tiene solamente un año para cambiar la política hacia Cuba.

Imperativo regional

-El libro reseña 50 años de negociaciones secretas, de las cuales se tienen noticias mucho tiempo después.  ¿Hay alguna señal favorable a que estos diálogos comiencen a darse abiertamente?

LeoGrande:  Cuando tienes negociaciones complicadas como estas, con tantos elementos a conversar, es difícil hacerlo abiertamente, porque la política doméstica interfiere. Y los presidentes casi siempre empiezan las negociaciones en silencio y en privado, para ver si pueden empezar a construir acuerdos antes de hacerlos público.
-Pero lo han hecho con otros países. ¿Por qué es más difícil la relación con Cuba, que con Vietnam o con Irán?

Kornbluh: Las relaciones entre esos países y Estados Unidos transcurrieron de la misma forma que ahora con Cuba: antes de abrir las relaciones en el ámbito público, pasaron primero por negociaciones secretas. Con Irán estuvieron un año dialogando secretamente
.
Esta es justamente la misión del libro: demostrar que hay una plataforma histórica, que pasa por estas negociaciones y se puede llegar a un punto de diálogo abierto. Lo favorece el hecho de que no es algo nuevo para los Presidentes de EEUU “hablar con los Castros”. Los “anti-dialogueros” -como los llamó el asistente del secretario de Estado para Asuntos Interamericanos, Alex Watson, en un memorando secreto- han apostado por evitar el diálogo con Cuba, pero lo que estamos diciendo es que todos lo han hecho. Por tanto, Obama puede hacerlo, e incluso puede hacerlo abiertamente también.

-¿Con todas los problemas en política exterior que enfrenta Obama, es Cuba una prioridad?
Kornbluh: Cuba no tiene armas nucleares, y por tanto puede no ser una prioridad para Obama. Pero hay un imperativo regional; existe una promesa del legado de esta administración; y él es un hombre inteligente, como muchos de los que lo rodean, que saben perfectamente que el bloqueo es una política ridícula.

LeoGrande: El obstáculo tradicional en EEUU -el poder político de la comunidad de los cubanos americanos-, ha cambiado. La mayoría está a favor de un cambio de política, e incluso la mayoría de los votantes en esa comunidad apoyan el cambio. Entonces, ese obstáculo tradicional de la Florida se ha ido. Obama no tiene que preocuparse de la reelección, porque Hillary Clinton ya ha dicho que el embargo no tiene sentido y no tiene que preocuparse de que si toma algunas acciones para levantar el embargo, esto pueda afectar políticamente a Hillary, porque ella ya apoyó ese cambio.

A eso se suma que la presión de Latinoamérica es la más grande que se ha tenido en 30 años para cambiar esa política. Nos parece que todas estas fuerzas alineadas le dan al Presidente muchas razones para cambiar la política, que él mismo ha dicho que no tiene sentido, que no funciona.

En la UNEAC

Kornbluh y LeoGrande tienen gran expectativa de lo que ocurrirá este lunes en al UNEAC. El investigador de los Archivos de Seguridad Nacional, de la Universidad George Washington, admite que “por primera vez está saliendo un libro con documentos de Cuba, el de Elier Ramírez y Esteban Morales. Estamos aquí para juntar los dos libros: los documentos cubanos y los de EEUU. Es muy importante comparar los documentos y las perspectivas, en un momento en que la historia común es más relevante que nunca”.

También, “queremos presentarle el libro a los actores históricos y a los investigadores cubanos, y agradecerles su participación en esta investigación”.
LeoGrande añade que, aún cuando las principales fuentes de Back Channel to Cuba estaban en EEUU, “fue importante para nosotros desde el principio contar la historia desde los dos lados. El punto de vista de Cuba tenía que estar presente en el libro y los diplomáticos cubanos que participaron en estas negociaciones fueron muy generosos hablando con nosotros y dándonos la visión cubana de las diferentes rondas de conversaciones, de manera que pidiésemos tener un balance justo”.

Raúl

Peter Kornbluh y William LeoGrande han cargado a La Habana con los libros que podían, pero son insuficientes para hacer llegar una copia a todos los que, en la Isla, colaboraron con los investigadores. La edición en español demora, admiten. En lo que llegan los ejemplares al lector cubano, habrá que conformarse con lo que ellos y los medios van contando, y con la posibilidad de hojear algún ejemplar en manos de los afortunados.
Eso hicimos, para encontrar que las primeras páginas abren con una frase del Presidente cubano Raúl Castro:
“Nuestras relaciones son como un puente en tiempo de guerra. No es un puente que se puede reconstruir fácilmente, ni tan rápidamente como fue destruido. Toma tiempo, y si ambos reconstruimos ambas partes del puente, cada cual su propia parte del puente, podremos darnos la mano, sin ganadores ni perdedores.”
Peter Kornbluh explica: “La sorpresa es que Raúl dijo esto en una reunión privada en La Habana con los senadores George McGovern y James Abourezk, en 1977. Es muy linda, y prueba que él lleva hablando de reconstruir los puentes hace mucho tiempo. Es una frase que, sin discusión, va a las esencias de las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos”.