
La mamá de Santiago Maldonado, con la foto de su hijo desaparecido. Foto: Facebook / La Nación
Los padres de Santiago Maldonado,
joven argentino desaparecido hace casi un mes, creen que a su hijo se
lo llevó Gendarmería durante un operativo en Chubut. En la localidad 25
de Mayo, mientras conversan con periodistas del diario argentino La
Nación, esperan con angustia novedades.
La casa de los Maldonado en el Barrio Obrero tiene
mucho olor a hogar. Plantas cuidadas en la entrada, cuadros pintados a
mano y cortinas de cuento. Se nota la mano de la madre en cada rincón.
Allí el tiempo está detenido. Desde hace 24 días, Stella Maris Peloso y
Enrique Maldonado, los padres de Santiago, no hacen otra cosa que
esperar a que su hijo vuelva. “Yo no puedo ver la cara de mi hijo en una
bandera, en un mural. Que aparezca. Eso es lo que quiero. ¿Dónde está?
¿Qué le hicieron? Lo estamos esperando”, sintetiza Enrique.
En la casa de al lado vive Germán, el segundo hijo de la familia. Él y
Sergio, el mayor, son quienes se pusieron al hombro la búsqueda de su
hermano.
Son los que hablan con abogados, jueces y organizaciones de derechos
humanos, y mueven cielo y tierra para que la cara de Santiago se
convierta en una bandera.
A los padres, en cambio, la ausencia de Santiago los dejó frágiles y vulnerables. Es tan así que prefieren no ser fotografiados para esta nota.
Enrique, el padre de Santiago, trabajó toda su vida en el área de
Vialidad de la Municipalidad de 25 de Mayo. Ahora se jubiló. “Estamos
muy mal”, dice a modo de presentación. Alcanzó con mencionar el nombre
de su hijo para que las lágrimas le llenen los ojos. Unos minutos
después, mientras intenta explicar cómo están viviendo estos días, lo
invade una congoja que lo hace parecer un chico. Y allí, en la puerta de
su casa, llora. Sin parar. Después se recompone y se disculpa por la
explosión de emociones.
Hace cuatro días, aceptaron que les tomaran muestras de sangre y
saliva para cotejar con el ADN de lo que se presume es una mancha de
sangre y los cabellos encontrados en una camioneta de la Gendarmería.
“Nunca dijimos que no. No nos lo habían pedido antes. Nos dijeron que
vamos a tener que ir a Mercedes. Claro, ¿cómo no vamos a ir?”, dice
Enrique.
Stella Maris se suma a la charla. “Lo estamos esperando. Quedamos en
que venía para acá. Íbamos a festejar su cumpleaños en familia”, indica.
Aunque la ausencia de su hijo menor la parte en dos, ella está
convencida de que vive. “Me preocupa que esté bien. Que coma bien”, dice
Stella, que durante 29 años trabajó como encargada en la escuela 25 de
Mayo, a dos cuadras de su casa. Allí fue Santiago hasta tercer grado.
Después lo cambiaron a la Normal, donde terminó la secundaria.
En la casa de los Maldonado, la televisión está siempre encendida. El
comedor, que en otra época era el lugar en el que Santiago tatuaba a
sus amigos y clientes, hoy es el centro de operaciones. Los vecinos van y
vienen, y les hacen compañía a los padres mientras consumen con
fruición cada noticia que arroja la televisión. No vinieron funcionarios
nacionales ni judiciales. Tampoco políticos. Sólo vecinos y amigos.
Enrique tiene la presión por el piso. Stella no se queda un minuto
quieta. Viven pendientes de la televisión. Con la piel galvanizada.
Con el pálpito de que en cualquier momento Santiago va a aparecer.
“La cabeza no para”
Los hijos mayores se encargaron de armar una página web en la que publican las novedades del caso (
www.santiagomaldonado.com).
Cada día suben un comunicado y tienen una sección de “falsas noticias”,
donde desmienten versiones que circulan en los medios y en las redes
sociales, y que denuncian como “operaciones políticas”.
“Cada noticia es un suplicio. Ayer (el miércoles 23) dijeron que
habían encontrado un cuerpo. Estuvimos pendientes toda la tarde, con el
corazón en la boca”, dice Stella. “Igual, lo que más cuesta es la
noche”, agrega Enrique. Y los dos se vuelven a desbordar. “Porque en el
día uno está entretenido, viene gente. Pero a la noche, acostado, la
cabeza no para”, dice el padre.
La última vez que Stella habló con Santiago fue unas horas antes de
que se fuera al corte de la ruta 40, en Chubut. Le dijo que se iba a
despedir de un amigo suyo de la comunidad mapuche y que a la vuelta se
tomaba el colectivo para volver a su casa. “¿Vos me podés ir a buscar?”,
le dijo a la madre. “Sí, claro”, respondió Stella.
Santiago iba a tomar el ómnibus que llegaba hasta Bragado y se iba a bajar en la ruta.
La madre lo iba a buscar allí. Pero antes de que la llamara para avisar
que estaba llegando, al celular de Stella llegó, según cuenta, el
mensaje de un amigo de Santiago que le avisaba que su hijo se lo había
llevado la Gendarmería.
Empezó a llamarlo, con la esperanza de que la atendiera. De que fuera
mentira. Después supo que Santiago había dejado el teléfono en la
biblioteca en la que estaba viviendo, en El Bolsón. “Siempre hacía eso
de dejar el celular. Me decía: «Yo te llamo cuando vuelvo porque tengo
miedo de perder el celular por ahí»”, cuenta Stella.
Ella y Santiago tienen una relación muy cercana. Él es el más chico,
el mimado. Hablaron por teléfono varias veces esa semana. Él le hacía
sonar el celular y ella lo llamaba para que él no gastara.
Santiago cumplió años seis días antes de desaparecer. Stella lo llamó
y hablaron un rato. Le dijo que tenía ganas de verlo. Habían pasado
ocho meses desde la última vez que vino al pueblo. Fue en enero, después
de un viaje que hizo por Entre Ríos y Misiones. Entonces volvió. Estuvo
para las Fiestas y se quedó hasta los primeros días de enero. Quería ir
a Chile. Recorrerlo todo. Y se fue. Estuvo cinco meses. Y en el último
tiempo, trabajó para una casa de tatuajes. Por eso tenía un celular
chileno. Lo llamaban cuando tenía un trabajo y él iba para allá. Ese es
el teléfono al que lo llamó al día siguiente su amigo, Ariel Mariotto
Garzi. Ese es el teléfono que se dice que se activó en Chile, aunque en
realidad es un celular chileno. Mariotto Garzi declaró que cuando lo
llamó, alguien atendió sin contestar y que la comunicación se sostuvo
por 22 segundos hasta que le cortaron. Que escuchó pasos. El joven
declaró en la causa y, según su relato, le dieron protección como
testigo. Hasta que, según denuncia el propio Mariotto Garzi, la ministra
de Seguridad, Patricia Bullrich, dio a conocer públicamente su nombre.
Fuentes oficiales, sin embargo, dijeron que no hay ningún testigo en el
programa de protección.
En abril volvió de Chile y se fue para El Bolsón, donde estuvo tres
meses, hasta el día de su desaparición. No importaba cuán lejos
estuviera.
Santiago siempre volvía a su casa para la fecha de su cumpleaños.
O los días siguientes. Allí volvía y se rearmaba para un próximo viaje.
“Es un mochilero. Lo que a él le gusta es viajar. No se queda mucho en
ningún lugar, porque él es así. Desde chiquito siempre fue muy
solidario”, dice Enrique.
Santiago dejó 25 de Mayo cuando cumplió los 18 años. Se fue a vivir a
La Plata, donde empezó a estudiar Bellas Artes. Allí conoció mucha
gente, cuenta la madre, y esos ideales anarquistas que había adoptado en
la adolescencia tomaron una nueva forma. “Pero él nunca tuvo militancia
política. Porque descree de la política.
Él tiene compromiso social. Se hace amigo de todo el mundo y apoya las causas que le parecen justas. Por eso estaba en el corte de la ruta”, dice Stella.
Los padres están convencidos de que su hijo no forma parte de
Resistencia Ancestral Mapuche (RAM). “Es amigo de todos, pero no es de
RAM. No sé qué habrán hecho ellos, si son forajidos como dicen. Pero
Santiago no es de ellos”, afirma el padre. Y agrega Stella:
“A Santiago se lo llevó la Gendarmería. Se lo llevaron sólo porque estaba ahí”.
“Está en contra del sistema”
Los amigos cuentan que cuando Santiago
Maldonado vivía en 25 de Mayo siempre llevaba libros en la mochila. Que
era malo jugando al fútbol. Aprendió a hacer tatuajes y lo adoptó como
medio de vida. Que a quien no tenía para pagar o le había pasado algo
importante, como perder a un padre o tener un hijo, le regalaba un
tatuaje. Se había hecho vegetariano y le gustaba comer lo que daba la
tierra, por eso le decían “el Brujo”
.
Algunos lo recuerdan como el primero en
andar en patineta por el pueblo. Emmanuel Sofi lo conoció de chico. “Él
no cree en el gobierno, en la política ni en la Iglesia. Está en contra
del sistema. Pero él respetaba la creencia del otro. Él miraba el
interior”, publicó el joven en su Facebook.
Cristina Kirchner: “Con las palabras del padre de Santiago se me estrujó el corazón”
La ex presidenta y candidata a senadora Cristina Kirchner se hizo eco este sábado del dolor de la familia de
Santiago Maldonado
por la falta de respuestas ante su desaparición. La ex mandataria
señaló que “esto no puede estar sucediendo” y responsabilizó a la
Gendarmería por el caso del joven, visto por última vez el 1° de agosto
tras una protesta mapuche en Chubut.
Desde su cuenta en Facebook, la ex mandataria se manifestó conmovida por las declaraciones al diario
La Nación
del padre de Santiago Maldonado , en las que el hombre dijo no poder
soportar “ver la cara de su hijo en una bandera, en un mural” en reclamo
de su aparición.
“Cuando ayer regresaba de Lomas de Zamora, en medio del
temporal y me leyeron las palabras del padre de Santiago Maldonado, se
me estrujó el corazón y pedí que me alcanzaran el celular para leer la
nota”, contó la candidata a senadora por la provincia de Buenos Aires.
Cristina expresó su emoción frente al dolor de los familiares más
íntimos del artesano: “Cuando vi la imagen de Stella con lágrimas en los
ojos, junto a la foto de Santiago cubriéndole la mitad del rostro y leí
sus vivencias de madre, pensé: “esto no puede estar sucediendo”.
“Es conmovedor lo que está sucediendo y la periodista tuvo la virtud
de reflejar la realidad de lo que está viviendo una familia que no sabe
dónde está su hijo, porque Gendarmería se lo llevó y no apareció más”,
reflexionó.
Al insistir en referirse al artículo periodístico, la ex presidenta
afirmó: “Cuando leí que el padre de Santiago no quería ver la cara de su
hijo en una bandera, me acordé de miles de rostros y entendí
profundamente la desesperación de esa familia”
.
“No quieren un futuro sin Santiago. Y tienen razón. No quieren la
cara de su hijo en una bandera, en un mural o en un cartel, porque
saben que mientras su rostro esté allí, él no estará junto a ellos. No lo quieren en una bandera, lo quieren en su casa junto a ellos. ¿Puede haber acaso un deseo más sincero? La respuesta es una sola: No”, expresó.
Argentina: Eco en redes sociales por Santiago Maldonado

Foto: @rag_HLVS / Twitter
Una gran movida en Argentina por la desaparición del joven Santiago
Maldonado continúa replicándose en las redes sociales Twitter y
Facebook, donde desde la víspera.
Fue una convocatoria espontánea y sorprendente. Al anochecer del
viernes quien entraba a esos espacios cibernéticos podía leer la lluvia
de mensajes reclamando al Estado por la aparición con vida del joven, de
28 años.
El caso de
Santiago Maldonado
ha tomado fuerza. Lleva ya 26 días desaparecido desde que se le vio la
última vez en el lugar donde efectivos de gendarmería reprimieron a
miembros de una comunidad mapuche en Cushamen, en la provincia de
Chubut.
Aún no se sabe que ha sucedido con el joven artesano. Según varios
testigos fue visto cuando efectivos se lo llevaban, por ello le reclaman
al unísono al ministerio de Seguridad.
Somos las Abuelas de Plaza de Mayo, sabemos el dolor de tener un
familiar desaparecido por el Estado ¿Dónde está Santiago Maldonado?,
escribió en Twitter esa asociación de derechos humanos.
Como este, desde distintos puntos de la geografía argentina cientos
de personas se unieron a la convocatoria. Soy Maria, estoy en mi casa
del barrio de Monserrat.”¿Dónde está Santiago Maldonado?”, escribió una
de las tantas usuarias.
Tras la fuerza que tuvo esta iniciativa todavía este sábado pasada la
tarde muchos siguen publicando mensajes como este donde piden aparición
con vida de Santiago.
No hay noticias del joven que fue apoyar a los mapuche Pu Lof en resistencia, en la localidad chubutense de Cushamen.
El jueves pasado la fiscal a cargo de la causa penal le confirmó a la
familia que dio curso a su pedido de recaratulación y que se investiga
ahora su desaparición forzada.
(Con información de Prensa Latina)