Mostrando las entradas con la etiqueta Vivir del cuento. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Vivir del cuento. Mostrar todas las entradas

martes, 19 de enero de 2016

Ahora todos me llaman Evarista


Las mujeres que ríen y hacen reír son libres, cambian y animan todo lo que hay a su alrededor, Aris Teresa es una de esas féminas. Foto de la autora
Cada lunes a las 8:30 p.m., en las emisiones del programa humorístico Vivir del cuento, aparece un personaje que rompe con las clásicas representaciones de la “abuelita”. Al­guien peculiar que siempre intenta vender a Pánfilo alguna pieza o material, que nada tienen que ver con la aguja de tejer o el estambre
.
Hace ocho años, Aris Teresa Bru­zos Núñez, per­dió su nombre; “aho­ra todos me llaman Eva­rista”, dice y en ese momento saca un puñado de fotos de las grabaciones del programa que guarda en una caja de zapatos.
“Jamás en la vida pensé trabajar en la televisión y mucho menos en un programa cómico. Primero fui al casting de Los Amigos de Pepito en el año 2008, pero nunca tuve la idea de recibir un premio. Participé en el espacio para que mi familia de Orien­te me viera, porque hacía mu­chos años que no sabía de ellos. Solo llevé la cantidad de cuentos que pedían y les gustó, me aceptaron. Así me convertí en Evarista y te confieso que no me agrada mucho el nombre”, y frunce el ceño porque extraña que la llamen Aris.

El humorismo siempre le agradó. Desde pe­queña veía a su papá hacer chistes. “A todo le sacaba lasca”, me dice. De ahí viene su influencia, además de que le encanta reír. El programa para ella significa diversión, emplear su tiempo libre de una for­ma amena, sonriendo.

Se pinta los labios para la foto que más tarde le haría mientras me cuenta que se dedicó al magisterio por 34 años, dos de profesora frente a un aula, y el resto, de directora de distintas escuelas. “Cada vez que h­a­bía un alboroto me mandaban a mí a componerlo”. Fue lo que siempre qui­so hacer, nunca pensó ser actriz.
“Enseñar es lo mío, cuando jugaba de pequeña siempre era la maestra. Ahora la vida me puso de humorista y así me siento feliz”.

Las arrugas en la cara de Aris solo desprenden energía y lucidez. Sus manos no paran de tejer, como si la aguja y el estambre fueran un apéndice de su cuerpo. Es su hobby favorito, y al demostrar su destreza lo con­vierte en algo mágico.

Es presidenta del círculo de abuelos Para em­pezar a vivir, radicado en Reina entre Gervasio y Escobar, en el municipio capitalino de Centro Ha­bana, y hace ejercicios con ellos las mañanas, en el tiempo que su nue­va profesión le permite.

“Me gusta hacer de todo un poco, así me siento útil y valiosa, aunque el cariño de las personas no me falta. Me gusta coger la guagua para que la gente me reconozca y me salude, eso me encanta, sobre todo los niños, su inocencia me cautiva”.

Aldo, su hijo, no estuvo de acuerdo con la decisión de Aris de presentarse al programa al principio. Hoy la presenta a sus amigos y conocidos con agrado.

“Él es mi orgullo y yo quiero ser el suyo”, confiesa con un tono inconforme por no haber recibido todo el apoyo posible de su familia.

Entre las tantas anécdotas que Aris guarda sobre su vida de humorista, una de las que recuerda con ver­güenza y cariño a la vez es el encuentro con un exalumno que le dijo muy serio, casi molesto: “Pro­fesora, con lo seria que usted era y ahora enseña el ombligo y los muslos en la televisión, usted ya no tiene edad para eso”. De solo hacer el cuento se le enrojecieron las me­jillas.

“Las personas que piensen lo que quieran. Mis años hasta ahora no han sido obstáculo para nada, gozo la vida minuto a minuto. Al final el tiempo pasa, y yo, no me pongo vieja”.

viernes, 4 de octubre de 2013

Vivir del cuento o el cuento para vivir


ARTICULO PUBLICADO EN CUBARTE EN DIAS PASADO DONDE SE HACE CIERTA CRITICA A UNO DE LOS MEJORES ESPACIOS DE LA TV CUBANA HOY POR HOY... 


Por: Niurka Alfonso Baños
Fecha: 2013-09-25 Fuente: CUBARTE
 

Vivir del cuento o el cuento para vivir


Para nadie es un secreto que cada día la población entre las edades de 60 y 75 años aumenta en nuestro país y, según los estudios de los especialistas, Cuba ocupa el sexto lugar en la lista de naciones con elevado índice de envejecimiento. Hasta los niños ya saben que dentro de algunos años va a haber más "abuelitos" que niños para jugar y no dudo que haya alguno que no entienda el porqué de la gran aceptación de un programa cuyos protagonistas sean dos viejitos y que las cosas que hacen y dicen sean motivo de risa.

Es por eso que pensé mucho para escribir este artículo pues Vivir del cuento es el programa que encabeza el hit parade de la TV cubana, y decir cualquier palabra que empañe la buena acogida del espacio puede ser no entendida. No importa, al final para gustos se han hecho los colores...

Me apuro en aclarar que no pretendo ser aguafiestas de nada y mucho menos de una cita humorística tan bien lograda tras un intenso y loable trabajo del equipo del programa. Sus emisiones, unas más que otras, han ganado aceptación entre los cubanos quienes cada lunes se aprestan a estar listos justo después del Noticiero Nacional de Televisión (NTV) —por el canal Cubavisión—, para ver el nuevo rollo en que Chequera mete a Pánfilo. Y qué decir de los cubanos lejos de Cuba, el sitio digital You Tube contempla buena cantidad de programas como para garantizar que nadie se lo pierda y se conserve.

Dos actores caracterizados como viejitos nos hacen pasar media hora entretenida con cuestiones nada bobas ni superficiales.

 Tras los personajes tan bien concebidos de Pánfilo y Chequera hay un texto excelente que expone parte de las vicisitudes de la existencia cotidiana que gira alrededor de ellos.

 En medio de la cordura de uno y la ingenuidad del otro sobrellevan la vida. Es interesante la manera jocosa con que han sido tratados los achaques, las pensiones, las limitaciones y carencias, las diferencias sociales, la "lucha" y  hasta la muerte en cada una de sus salidas al aire. Es un verdadero reto escribir guiones semanales en los que "las cosas de viejos" sean tan cuidadosamente tratadas y sutilmente criticadas si el objetivo es hacer reír a una teleaudiencia y, dentro de ella, a los propios ancianos.

Pero el caso es que en conversaciones con amigos no todos dan el visto bueno al programa; lo ven como una burla a sus necesidades y a la forma de vida de la cual no se va a escapar nadie. Y es que todos no son Pánfilo y Chequera, y estoy segura que el anciano que se ríe es porque se ve reflejado en las situaciones de los personajes y eso es motivo de risa; pero el vivir solo, con una casa en mal estado, pendiente de lo que viene por la libreta y que no sane una úlcera para poder tener leche de dieta no siempre garantiza una sonrisa, ni mucho menos una risotada. Cabe entonces repetir eso que se dice de que la realidad siempre va a ser mucho más rica y desgraciadamente, ya es bastante la carga de llegar a viejo —o mejor— de saber llegar a viejo con la  mejor medicina: buen ánimo, optimismo y mente positiva.

Pongámonos en el lugar de los ancianos con enfermedades que exigen cuidado, los ancianos encamados, los que se aferran al trabajo por ayudar con la economía de la casa y los que con el dinero que manda el hijo o los hijos "de afuera" —si es que lo mandan—  tratan de comprar manos y compañía... así estamos viviendo y no nos queda otra. Mas no puedo negar que cuando me siento a ver Vivir del cuento me río con cierta pena; prefiero pensar que las cosas serán diferentes cuando entre en la tercera edad. Para ese entonces, ¿seguiremos riéndonos de nuestras tragedias? No lo dudo, mas no quisiera que los mismos problemas de Pánfilo y Chequera me hagan reír por muy bueno que sea para la salud.

Es por eso que disfruto más la idea de que el programa me aporte un cuento para seguir viviendo en medio de tantas dificultades, pues aunque las soluciones no están al doblar de la esquina la avalancha de envejecimiento está asomada. Por supuesto que no está dicho todo, cualquier colega puede venir con otra historia, ¡otra historia!