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viernes, 18 de febrero de 2022

Ataques sónicos sin pruebas: ¿Síndrome misterioso? (+ Podcast)

 



Hoy estaremos conversando sobre los incidentes de salud que sufrieron funcionarios estadounidenses en Cuba. Foto: Ariel González Cuadrado/Cubadebate.

¿Ataques sónicos? ¿Síndrome de La Habana? ¿En serio? ¿Dónde están las pruebas?

Ni científicos estadounidenses ni cubanos han podido demostrar que existe prueba alguna de que ocurrieron ataques sónicos contra funcionarios de la embajada de Estados Unidos en Cuba en 2017, hace exactamente cinco años.

Sin embargo, la administración Trump y ahora la de Biden, han mantenido este pretexto para torpedear las relaciones diplomáticas entre Washington y La Habana. Es una realidad.

Este es el podcast de Cubadebate, y hoy estaremos conversando sobre los incidentes de salud que sufrieron funcionarios estadounidenses en Cuba.

Nos acompaña en el debate, la diplomática Johana Tablada, subdirectora de la dirección general de Estados Unidos del Ministerio de Relaciones Exteriores.

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Ataques sónicos sin pruebas: ¿Síndrome misterioso? (+ Podcast)

 

 

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06:10
33:11

lunes, 16 de diciembre de 2019

“¿Quién eres tú? ¿Viengsay Valdés?” (+ Fotos)




A los tres meses de edad Viengsay Valdés fue a vivir a Laos, donde su padre era embajador. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
  • “60 años de diplomacia revolucionaria” es una serie del Ministerio de Relaciones Exteriores y Cubadebate.
Dicen que los primeros años de un niño son clave para formar su personalidad. Sin embargo, pocas veces una persona puede recordar de mayor algo más que un flashazo de su infancia.

Pero cuando has nacido en un país a más de 15 mil kilómetros de tu tierra, donde templos y monjes budistas son el paisaje de una mañana cualquiera, recuerdas algo más que un flashazo.

Era de noche en Vientián, capital de Laos, y una Viengsay Valdés de menos de tres años se probaba tacones, trajes y maquillaje de su madre en la residencia del embajador de Cuba en esta República. Su padre, el embajador, oficiaba una cena con el diplomático soviético en esa nación, cuando, como “una niña que juega en casa”, Viengsay rompió todos los protocolos e irrumpió en el comedor bailando.

Roberto Valdés, embajador en Laos desde 1975 y su madre, secretaria y agregada en la embajada, regañaron rápidamente a su hija, que seguía moviendo sus pequeños brazos y piernas encerrados en un largo traje, por todo el salón.

Ni los presentes, ni los compañeros del círculo infantil de la embajada soviética en Laos, donde Viengsay asistía, ni los laosianos que años más tarde verían el nombre de su ciudad conquistar el mundo, pudieron profetizar lo que el diplomático ruso hizo en aquellos segundos. “Déjenla bailar, ella va a ser una gran bailarina, como Alicia Alonso”.

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Con tres años sería trasladada a las Islas Seychelles, donde su padre sería embajador desde 1979 a 1983. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

Diciembre de 2019 en La Habana. Alicia Alonso ha fallecido hace casi dos meses y Viengsay Valdés es la subdirectora del Ballet Nacional de Cuba.

Cada mañana, una serie de cuerpos esbeltos y delgados entran de puntillas en la sede del ballet en Calzada y D, suben al segundo piso como gazelas y comienzan a cruzar y estirar las piernas con cintas de colores.

Basta con cruzar el umbral de la casa señorial de dos plantas del Vedado habanero para experimentar la sensación de estar en el ballet. La recepción está decorada con un cuadro a versión grande de Alicia Alonso. Las paredes tienen azulejos con mosaicos de flores y las puertas son blancas de madera. En el patio sevillano, desde el que se puede ver el cielo, Julio Bocca, traído por Viengsay en estos días a Cuba, imparte una clase.
Sucede algo con el ballet. Habitualmente es sencillo distinguir, no solo a los bailarines, sino a los empleados. No importa si eres profesor o secretario, hay una serie de características afines que te hacen distinguirlos. Los ojos de la recepcionista, por ejemplo, por encima de sus espejuelos de pata fina, enganchadas al recogido en forma de cebolla que lleva en el pelo y el carácter huraño la denotan.

- ¿A Viengsay? ¿Tienen cita?

Tener una cita con ella no es fácil. Viengsay Valdés ya no es esa niña que hace más de 40 años interrumpía bailando una cena oficial. El Ballet Nacional de Cuba es hoy su embajada, y ella su representante en el mundo.

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Viengsay Valdés ya no es esa niña que hace más de 40 años interrumpía bailando una cena oficial. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

Roberto Valdés era diplomático antes del nacimiento de su hija y lo seguiría siendo después. Entre 1967 y 1971 segundo Secretario de Cuba en Moscú y cónsul en Odesa, el padre de Viengsay terminó su misión en Laos en 1979.

De ella se llevó la histórica instauración de la actual República el 2 de diciembre de 1975 y el nombre de su hija, un homenaje a la primera zona liberada de ese país en la guerra con los norteamericanos que significa “victoria” en laosiano, sugerido por un ministro de cultura en la nación asiática cuando la madre estaba embarazada.

Si con tres meses de edad Viengsay fue llevada a Laos, con tres años sería trasladada a las Islas Seychelles, donde su padre sería embajador desde 1979 a 1983 y su madre, secretaria y agregada de la embajada.
De allí recuerda más. Aprendió creole, una mezcla del francés y lenguas nativas, para hablar con los empleados y los niños en la escuela primaria. Se crió libre, entre tortugas y pollitos, bailando y corriendo. Pero el ballet no fue la primera danza para Viengsay. El lambón, típico de Laos, lo practicaba ya con un año en las actividades oficiales.

“Era una niña feliz”, dice Viengsay, quien habla como se mueve. Su voz es una pieza de ballet, como si en su mente dibujara con manos y piernas las palabras.

Pero hay algo siempre capaz de cambiar el tono de una persona. Dicen que no se puede viajar en el tiempo. Mienten. Los recuerdos lo hacen. A esta casa antigua del Vedado ha viajado uno a Viengsay. Sabemos que es de sus padres. Pero nunca podremos adivinar, tal vez ni siquiera ella, qué es exactamente. Un recuerdo así, viaja, se posiciona, clava un puñal y se va, dejando rastros de tiempo inalcanzables, hasta que pasa, y la Primera Bailarina sigue hablando…

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Hoy, en una habitación de la sede del Ballet Nacional de Cuba, Viensgay aparece como una diosa sin tutú. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

Desde los tiempos remotos, ningún baile se ha considerado tan elitista y aclamado como el ballet. En cada función se nos presentan dioses de zapatillas y tutús, a cada salto más perfectos e imponentes. Hoy, en una habitación de la sede del Ballet Nacional de Cuba, Viensgay aparece como una diosa sin tutú.
No va con el pelo suelto, no habla en voz alta, no gesticula. Los críticos han dicho que “sus giros son tan rápidos que se pierden de vista cuando empiezan”.

Delante de cámara, sus brazos y piernas permanecen calmados. Cuando se toma una foto sonríe y pide saber cómo quedó. Es amable y fuerte. A fin de cuentas, ser exigente es el único modo de haber bailado en las mejores compañías del mundo, como el Ballet del Teatro Bolshói, el Royal Ballet de Dinamarca o The Washington Ballet.

 
 
A los cinco años y medio los bailes foráneos y la libertad de las islas paradisíacas terminaron para ella, quien llegó a Cuba para comenzar la escuela y ser criada por su abuela. Por grabaciones enviadas a través de la valija diplomática, sus padres supieron que se presentaría a las pruebas de ballet. Ya se dedicaba a la gimnasia rítmica por su tía que era profesora.

“Eso me permitió estar preparada físicamente. Pero en algún momento determinamos que la carrera de un atleta de gimnasia rítmica a los 24 años se acaba. Es muy corta y lleva mucho desgaste físico. Entonces, pensamos en el ballet. Yo había visto el de Alicia Alonso por la televisión. Después la vi en el teatro. Como yo bailaba tanto, por cualquier cosa, dijimos, bueno, el ballet es una opción, un arte muy lindo que combina lo físico, técnico e histriónico, y mi abuela me llevó a hacer las pruebas y comencé a los nueve años”.

Para recibir las clases viajaba desde Habana del Este, donde vivía, levantándose a las cinco y media de la mañana para tomar dos autobuses y cruzar el túnel.
“La disciplina, el ser una niña buena, aplicada y de 100 en las notas, a pesar de la distancia, increíblemente, vino de la educación de mis padres. La expectativa de escuchar sus voces y que me dijeran: 'pórtate bien, haz caso a la abuela'. Esas cosas me fueron creando el sentido de la responsabilidad”, como el que aún tiene, ahora al bailar y dirigir en el Ballet Nacional de Cuba.
- “Ahora tengo que ir a tomar unos ensayos arriba. Nos vemos allí”, dice y sale a hacer unas llamadas para una reunión que tiene antes.

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En el salón superior la luz del sol se cuela por los vitrales. Una mujer toca el piano. Las sombras que se crean sobre el suelo de madera dan la sensación de que los bailarines van a saltar por las ventanas.
Suena el timbre. La clase termina, pero siguen bailando. Ahora viene el ensayo con Viengsay Valdés y estos jóvenes lo saben. Nunca he visto a nadie intentar con tanto ímpetu y tantas veces seguida que un movimiento le salga perfecto.
Algunos profesores van llegando. Viengsay se ha cambiado de ropa. Aparece en chándal, zapatillas, blusa holgada y toma asiento. Hoy ensayan “Clara” y “Horacio”.
- Tiene que haber ilusión.
- No. Busca más público.
- El brazo izquierdo es por dentro.

Girar, andar en puntillas, saltar. Girar, andar en puntillas, saltar. El espejo les marca el reloj de sus vidas. Pudieras poner en cámara lenta los giros de un solo bailarín y podrían sumar más de tres vidas humanas.
- ¡Eso! El fouette tiene que ser así.
- Venga, la otra pareja.

Desde su silla, la subdirectora mueve intranquila sus pies y gesticula con sus brazos. Ya no hay cámaras, solo ballet.

Una de las muchachas baila frente a la ventana. Las revistas especializadas no mienten, son “delicadas” y “exquisitas”. Mientras que, en un campo de lucha, incluso una nariz congestionada sería capaz de oler la potencia de las partículas de sudor cubriendo la lona; en el segundo piso del Ballet Nacional de Cuba huele a rosas.

No puede sorprender entonces que les guste ser observadas. Se entrenan para sonreír, aunque les duela. Alzar el mentón, aunque estén cabizbajas. Moverse lentamente, aunque el corazón les bombee tan fuerte que deseen correr.
“Los bailarines cubanos poseen una gran potencia expresiva, interpretativa, fortaleza técnica y virtuosismo, pero se puede elevar más ese nivel. Estamos trabajando muchísimo para darles las posibilidades de trabajar más con personalidades del mundo de la danza, y que sientan en calidad de movimiento e interpretación, una explicación de una persona consolidada. Son posibilidades que les voy dando, porque esa curiosidad de indagar y comparar interpretaciones, esa inquietud que yo tenía, cuesta mucho hoy a las nuevas generaciones”.
Como subdirectora del Ballet, Viengsay insiste, ordena y manda un mensaje después con datos que precisar. “Mi día es bastante agitado, bailar y dirigir, organizar y guiar el trabajo de los diferentes departamentos. Soy exigente para ambas cosas. No me gusta dejar nada sin resolver”.

***

Hace unos años, en Laos le hicieron un homenaje, y entre cada actuación de ella, bailes tradicionales le recordaban su niñez. Allí la trataron como una embajadora. “Atención de primer nivel, motorizadas, de parecer un presidente. Ellos, por supuesto, están orgullosos de como he llevado el nombre a nivel mundial en los grandes escenarios donde he bailado”.

Ella es Viengsay Valdés y lo sabe. Tiene carácter y es exigente. Es dura porque esculpir un cuerpo toda una vida no es tarea fácil. Hace un tiempo, esperando en la cola de una montaña rusa, se paró en puntillas de pies y alguien le dijo: “Pero, ¿quién te crees? ¿Viengsay Valdés?”
El Ballet Nacional de Cuba es hoy su embajada, y ella su representante en el mundo. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
Viengsay anda de puntillas incluso en la cola de una montaña rusa. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
Viengsay aparece en chándal, zapatillas, blusa holgada y toma asiento, para revisar los ensayos de “Clara” y “Horacio”. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
Ha bailado en las mejores compañías del mundo, como el Ballet del Teatro Bolshói, el Royal Ballet de Dinamarca o The Washington Ballet. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
Pudieras poner en cámara lenta los giros de un solo bailarín y podrían sumar más de tres vidas humanas. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
Girar, andar en puntillas, saltar. Girar, andar en puntillas, saltar. El espejo les marca el reloj de sus vidas. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

jueves, 13 de septiembre de 2018

Científicos cubanos intercambian en Washington sobre supuestos incidentes con diplomáticos



El grupo de científicos cubanos en la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos. Foto: Twitter
Un grupo de prestigiosos científicos cubanos viajó a los Estados Unidos para intercambiar sobre el caso de los supuestos diplomáticos estadounidenses que sufrieron afectaciones de salud durante su trabajo en La Habana.

La subdirectora general del Departamento de Estados Unidos de la Cancillería cubana, Johana Tablada, confirmó en su cuenta en la red social  Twitter que en Washington DC se encuentran nueve reconocidos expertos de siete especialidades, miembros de la Academia de Ciencias de Cuba y del equipo cubano que investiga los reportes de salud.


Desde que Cuba fue notificada de los supuestos incidentes el 17 de febrero del año pasado, por indicación del más alto nivel del Gobierno cubano se creó una comisión para investigar los hechos.
Casi dos años de pesquisas , tanto cubanas como estadounidenses, no han arrojado una sola prueba concreta sobre la ocurrencia de los supuestos incidentes y mucho menos sobre sus posibles responsables. 

Sin embargo, en la prensa estadounidense se han manejado exóticas hipótesis que van desde “ataques acústicos” hasta el uso de microondas y “neuro-armas”.
La comunidad científica cubana, así como sus pares a nivel internacional, critican duramente las exageraciones y denuncias infundadas que rodean este caso.

Recientemente la Revista de la Asociación de Medicina Estadounidense (JAMA, por sus siglas en inglés) publicó cuatro cartas de expertos de renombre internacional criticando un artículo publicado en febrero pasado con supuestas conclusiones sobre las afectaciones al cerebro de los diplomáticos estadounidenses.

El Embajador cubano en Estados Unidos, José Ramón Cabañas, anunció a través de su cuenta en Twitter que científicos cubanos visitaron el Congreso y conversaron también con científicos estadounidenses en un lenguaje común: Ciencia.

Se reunieron además con homólogos norteamericanos en la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos (NAS, por sus siglas en inglés), informó Tablada.

Cuba, dispuesta a colaborar

Cuba ha mostrado en más de una ocasión su voluntad de colaborar con la contraparte norteamericana.
Miembros de las agencias especializadas de los Estados Unidos fueron invitados a conducir investigaciones en el terreno y el FBI fue autorizado a viajar a La Habana para llevar a cabo sus pesquisas en al menos tres ocasiones distintas.

La agencia federal determinó que no existían evidencias sobre la ocurrencia de un ataque acústico, de acuerdo con información divulgada por AP. 

Sin embargo, la contraparte norteamericana no siempre se ha mostrado dispuesta a cooperar.
“La información que se dio por parte de las autoridades norteamericanas fue muy limitada”, dijo recientemente a Dominio Cuba Mitchel Valdés-Sosa, director del Centro de Neurociencias de Cuba y miembro del Comité de Expertos cubanos que estudia el caso.

“Al principio de esta investigación se dio una historia clínica, una especie de resumen médico, pero muy, muy parco, con muy pocos elementos, que hacía difícil llegar a ninguna conclusión”, añade tras recordar el rechazo una y otra vez de las reiteradas peticiones de su comité para obtener más elementos.

Los expertos cubanos señalan que se carece de contexto e información sobre las actividades previas de los involucrados.

“Una pérdida auditiva puede producirse por trauma acústico y sabemos que algunos de los diplomáticos tuvieron antes servicio militar o estuvieron en las fuerzas armadas”, refiere Valdés-Sosa. “No sabemos si esas pérdidas auditivas eran anteriores o posteriores a estar en Cuba, porque podía haber condiciones preexistentes”.

“En cualquier caso, es muy difícil interpretar una situación en ausencia de datos demográficos”, asegura.
“A lo largo de todo el proceso el comportamiento del Departamento de Estado se ha caracterizado por la falta de disposición a ofrecer información, con una total falta de transparencia”, dijo a Dominio Cuba recientemente el director general de Estados Unidos de la cancillería cubana, Carlos Fernández de Cossío.

Según la agencia AP, el Departamento de Estado aseguró que la reunión de esta semana forma parte de “nuestro esfuerzo constante para investigar y comprender mejor las condiciones de salud de nuestros diplomáticos”.

Añadió que la delegación cubana “recibiría un informe médico general sobre las lesiones sufridas por el personal estadounidense que sirvió en La Habana”.

Diez conclusiones de los expertos cubanos

Un forodebate con la participación del Comité de Expertos cubanos efectuado a finales del año pasado llegó a las siguientes conclusiones: 
  • 1. No existen evidencias con respaldo científico para asegurar que se llevaron a cabo ataques acústicos contra diplomáticos estadounidenses en Cuba.
  • 2. La sintomatología descrita por Washington y filtrada por la prensa no coincide con los efectos del sonido en la salud humana.
  • 3. Resulta inverosímil el contexto en el que supuestamente se habrían producido los alegados incidentes, en lugares custodiados por los propios estadounidenses y sin acceso directo al exterior, así como el hecho de que habrían resultado dañadas unas personas en específico y otras no.
  • 4. Existen otras causas probables, incluido los factores sicosociales, que explicarían mucho mejor la variada sintomatología alegada por Washington. Las mismas deben ser estudiadas a profundidad antes de emitir un criterio definitivo.
  • 5. Cuba no está familiarizada ni existen precedentes del uso en territorio nacional de armas acústicas, las cuales sí existen, pero están en manos de las grandes potencias y generan efectos distintos a los descritos.
  • 6. El Comité de Expertos cubanos que analizó el caso estuvo limitado por la falta de colaboración de las autoridades estadounidenses, que no compartieron toda la información disponible ni permitieron el acceso a los pacientes o sus registros médicos.
  • 7. Los especialistas de la Mayor de las Antillas están dispuestos a colaborar con sus contrapartes estadounidenses de manera transparente para llegar a resultados conclusivos.
  • 8. Cuba se destaca por el cumplimiento de la Convención de Viena y jamás ha perpetrado ni prestado su territorio para perpetrar ataques de cualquier naturaleza contra el personal diplomático de ningún país.
  • 9. Por el contrario, los diplomáticos cubanos han sido víctimas de acciones violentas en territorio estadounidense, llevadas a cabo por miembros de grupos terroristas conocidos y vinculados con Washington.
  • 10. Los sectores que están en contra de la mejoría en las relaciones entre los dos países están manipulando el tema de los supuestos incidentes acústicos para justificar el retroceso en los vínculos bilaterales.

Medidas unilaterales

A pesar de carecer de evidencias o una hipótesis que explique los supuestos incidentes, Estados Unidos los utiliza como como excusas para afectar las relaciones entre los dos países y retrotraer los avances logrados a partir de los anuncios del 17 de diciembre del 2014.
La Embajada estadounidense en La Habana mantiene paralizados los servicios consulares para los cubanos, afectando los vínculos entre decenas de miles de familias a uno y otro lado del Estrecho de la Florida.

Al mismo tiempo, se mantiene en vigor una alerta de viaje que recomienda a los estadounidenses ejerce precauciones extras en sus viajes a Cuba, lo que desmotiva a los posibles viajeros, que deben enfrentar también las restricciones vigentes para hacer turismo en la Mayor de las Antillas.
Las autoridades cubanas denuncian la manipulación política de este tema y las excusas para justificar una política de agresión que es impopular dentro de los propios Estados Unidos.

Científicos cubanos intercambian en Washington sobre supuestos incidentes con diplomáticos

https://www.facebook.com/dominiocuba/videos/233714713968230/

miércoles, 12 de septiembre de 2018

Desesperado y sin evidencias: Washington culpa a Rusia de enfermar a sus diplomáticos en Cuba




Washington continúa lanzando teorías sin evidencias. Foto: Dominio Cuba
Si usted tiene una historia inverosímil, no cuenta con evidencias y su mentira está a punto de ser descubierta por la opinión pública de los Estados Unidos, tiene una sola opción: invoque a Rusia.
El enemigo histórico de la Guerra Fría ha vuelto y puede ser acusado de cualquier cosa. Funcionó en el pasado y lo sigue haciendo.

En una acción de evidente desespero, fuentes anónimas del Departamento de Estado filtraron a la prensa estadounidense este martes la hipótesis de que Moscú es el principal sospechoso detrás de los incidentes con la salud de los diplomáticos estadounidenses en La Habana.
Tras casi dos años de investigaciones, tanto cubanas como estadounidenses, no existe una sola evidencia que confirme siquiera que los ataques ocurrieron, mucho menos sobre un supuesto responsable.

Las exóticas explicaciones que se han manejado sobre lo ocurrido, que van desde ataques acústicos hasta el uso de neuro-armas de ciencia ficción, han sido descartadas una tras otra por la comunidad científica.

Entre la espada y la pared, Washington parece haberse decidido a sacar un as bajo la manga en cuanto a manipulación política, la carta rusa. Los ataques hacia Moscú están presentes casi a diario en todos los espacios noticiosos norteamericanos en medio de las investigaciones sobre la supuesta interferencia en las elecciones presidenciales del 2016.

Las fuentes anónimas que utiliza la cadena NBC ni siquiera se molestan en aportar evidencias para justificar sus acusaciones
.
“La sospecha de que Rusia probablemente está detrás de los ataques alegados está respaldada por intercepciones de comunicación, conocidas en el mundo del espionaje como señales de inteligencia”, refiere el artículo.

Pero se apresuran a aclarar que los datos no son suficientes para una acusación:
“La evidencia todavía no es suficientemente conclusiva para que los Estados Unidos culpe formalmente a Moscú por los incidentes que comenzaron a finales del 2016 y continuaron en 2018, causando una ruptura en las relaciones entre Cuba y Estados Unidos”.

Es decir, carecen de una sola prueba concreta, pero eso no es impedimento para lanzar una cortina de humo que cubra el descrédito estadounidenses y su falta de seriedad en el tratamiento de este tema.

Por su parte, la portavoz del Departamento de Estado, Heather Nauert, insistió en rueda de prensa en que “la investigación está aún en marcha” y, por lo tanto, aseguró “no se ha culpado a nadie” todavía.

“Hemos visto una especie de tormenta de reportes hoy culpando al gobierno ruso, de acuerdo con oficiales gubernamentales anónimos”, dijo. “Advierto a todos sobre ser muy escépticos respecto a las declaraciones de esos oficiales en este momento”.

El guiño a los rusos y La Habana continúa inflando el imaginario de la Guerra Fría que cubre desde el inicio esta historia, digna de los mejores libros de espionaje y películas de James Bond.
Hoy fue Rusia, el enemigo de turno, pero mañana podría ser China, Irán, Corea del Norte o el terrorismo islámico. Lo importante es apelar a los prejuicios y estereotipos de la opinión pública estadounidense y evitar que se haga las preguntas correctas.

¿Qué sentido tiene que Cuba afecte las relaciones con Estados Unidos después de restablecer los nexos diplomáticos con ese país? ¿Cómo es posible que ni los Estados Unidos conozca la tecnología utilizada para lograr los síntomas descritos, en las condiciones alegadas? ¿Quién es el que más se beneficia del distanciamiento entre La Habana y Washington?

La respuesta a cualquiera de estas preguntas desmontaría las mentiras del Departamento de Estado y lo saben.

La apelación a un chivo expiatorio para desviar la atención, sin embargo, es la mayor muestra de su desesperación. Sin pruebas para justificar la participación rusa, dentro de poco a Estados Unidos solo le quedará la posibilidad de un ataque marciano o la inesperada aparición de Doctor Who y su destornillador sónico.

lunes, 10 de septiembre de 2018

La administración Trump y los “hechos alternativos” sobre Cuba



Animación: Dominio Cuba
Donald Trump no inventó la mentira en política, pero la distancia creciente entre su administración y cualquier noción de verdad o datos verificables está cambiando para siempre la forma de hacer política.

El periódico The Guardian confirmó esta semana lo que era un secreto a voces: las fotos del discurso inaugural del presidente estadounidense en enero del 2017 fueron trucadas mediante software para mostrar una multitud mayor a la que realmente asistió.

Un fotógrafo del gobierno de Estados Unidos reconoció durante una investigación que había recortado intencionalmente las imágenes para eliminar espacios vacíos.
La polémica sobre el número de asistentes a la toma de posesión de Trump, comparado con quienes fueron a la de del demócrata Barack Obama en el 2009, marcó el inicio de la nueva administración y un concepto que se mantendría desde entonces: “hechos alternativos”.
Foto: AP
El nuevo presidente y el vocero de la Casa Blanca aseguraron que se trataba de la ceremonia más concurrida en la historia de Estados Unidos, pero cuando los periodistas contrastaron las afirmaciones con la realidad, la Casa Blanca tuvo que decidir entre reconocer que había mentido o cambiar el concepto mismo de verdad. La segunda variante les pareció más factible.
El presentador del programa Meet the press (“Encuentro con la prensa”),Chuck Todd, increpó a Kellyanne Conway sobre la exageración en las cifras de asistencias y  la consejera estrella de Trump hizo un poco de historia con su respuesta:
“Él lo que hizo fue presentar hechos alternativos. No hay manera de contar las personas dentro de una multitud con exactitud”.

Pero las cosas no quedaron ahí. De acuerdo con el Chequeo de datos del diario Washington Post, el presidente Trump ha dicho 4 713 mentiras en 592 días en la Casa Blanca, desde el 20 de enero del 2017 hasta el pasado 4 de septiembre.
Es decir, que el mandatario dice un promedio cercano a 8 mentiras por día o, como preferiría llamarle, “hechos alternativos” por día.

Tal bombardeo de falsedades demanda un nuevo tipo de audiencia. El Centro de Investigaciones Pew aplicó una encuesta según la cual sólo 1 de cada 4 adultos estadounidenses distinguen separadamente información objetiva y opiniones en espacios noticiosos.

Otro estudio de Pew apunta que el 68% de los estadounidenses se sienten “exhaustos” por la cantidad diaria de noticias. Si es así, se podría suponer que la mayoría esté aún menos interesada en asumir la carga de establecer cuántas de ellas son falsas.

El caso de los “ataques” en Cuba

Entre las mentiras más exóticas y elaboradas de la administración Trump están los supuestos incidentes con la salud de un grupo de diplomáticos estadounidenses en Cuba.
De acuerdo con los “hechos alternativos” del actual Departamento de Estado, sus diplomáticos enfermaron de manera misteriosa entre finales de 2016 y mediados del 2017. Los síntomas incluyen mareo, dolor de cabeza, dificultad para conciliar el sueño, pérdida de la audición e, incluso, conmoción cerebral.

El uso de la palabra “ataque” para describir los supuestos incidentes, que se utiliza en Washington desde mediados del año pasado, califica como una de las manipulaciones más burdas de la administración Trump.

Tras casi dos años de investigaciones, tanto por parte de Cuba como de Estados Unidos, no existe una sola evidencia que respalde las alegaciones de Washington ni mucho menos que apunte a una participación cubana
.
Pero donde la historia se pone realmente digna de un capítulo de Expedientes X es en las explicaciones de la prensa estadounidense, muchas de ellas filtradas por el propio Departamento de Estado, sobre lo que supuestamente ocurrió y sus causas.

En menos de dos años se ha pasado por hipótesis como “ataques acústicos” con armas desconocidas por la ciencia, virus especializados en dejar sordos a los diplomáticos, conmociones cerebrales sin daño físico apreciable y un arma de rayos microondas, como el que se utiliza para calentar la comida.

Pero en el universo alternativo de Washington parece haber espacio para más.

Varios medios de prensa citaron la semana pasada a tres médicos que supuestamente evaluaron las pruebas realizadas a los funcionarios estadounidenses y consideran que una “neuro-arma” podría ser la responsable.

“Pueden ser biológicas, químicas, o en al caso de los incidentes en La Habana, que dirigen la energía”, según dijo a la revista National Defense, el doctor James Giordano.

Sin embargo, casi en la misma fecha, funcionarios del Departamento de Estado aseguraron en una audiencia en el Congreso que el gobierno estadounidense aún no sabía cómo se llevaron a cabo ni quién está detrás de los supuestos ataques.

Lo que no hacen los funcionarios es salirle al paso a las versiones que corren en Internet, lo que los convierte en cómplices, en el mejor de los casos.

Sin mostrar evidencias de su uso en Cuba ni elementos  factuales que lo justifiquen, lo supuestos especialistas intentan que la opinión pública compre otra teoría aún más confusa e inexplicable que las anteriores: unas armas desconocidas en Cuba que usan la energía para transformar las variables neurológicas de los afectados, unas propiedades casi mágicas y dignas de la ciencia ficción.

En cualquier otro lugar o momento de la historia, la reacción ante el exotismo científico del Departamento de Estado podría ser la risa, pero no en la era de los “hechos alternativos ”.
Bajo estos argumentos sin sentido, Washington mantiene paralizados los servicios consulares de su Embajada en La Habana, los mismos de los que dependen decenas de miles de familias en uno y otro lado del Estrecho de la Florida.

Asimismo, los avances en las relaciones bilaterales de los últimos años, que van desde la colaboración en la protección de áreas marinas a la aplicación y cumplimiento de la ley, se ven torpedeados por el nuevo clima bilateral.

Hoy ya se cuenta con las pruebas de la falsificación de las fotos de la toma de posesión de Trump. Sin embargo, quizás haya que esperar más tiempo para que algún funcionario estadounidense desenmascare el plan que se ha aplicado en el caso de los “ataques acústicos” o se desclasifique información sobre cómo se manipuló la opinión pública para aplicar un cambio de política hacia Cuba que es impopular dentro de los Estados Unidos
.
La única certeza, mientras tanto,  es que no existe tal cosa como “hechos alternativos”, sino solo la vieja y conocida mentira.

lunes, 3 de septiembre de 2018

A Washington se le agotan las ideas: La teoría de los ataques con microondas en Cuba es burda propaganda



A pesar de no contar con evidencias, Estados Unidos mantiene paralizados los servicios consulares para los cubanos en su Embajada en La Habana. Foto: Adalberto 
Roque/Agence France Presse-Getty

En agosto del 2017 se hablaba de “ataques acústicos”, para principios de ese mismo año apareció la hipótesis de un virus y a comienzos del 2018 solo se hacía referencia a conmociones cerebrales sin efectos físicos. Ahora es el turno de las ondas de microondas.

Cuando parecía que Washington había agotado su arsenal de justificaciones sobre los supuestos incidentes de salud presentados por su personal diplomático en La Habana, el New York Times salió el sábado 1 de septiembre con una nueva hipótesis, tan insólita como las anteriores.

Douglas Smith, director del Centro de Lesiones Cerebrales y Reparación de la Universidad de Pensilvania, aseguró al diario que los supuestos afectados sufrieron lesiones cerebrales y las microondas son “las principales sospechosas”.

Smith fue uno de los encargados de estudiar a una parte de los diplomáticos estadounidenses que el Departamento de Estado alega presentaron síntomas como dolor de cabeza, dificultades para dormir, pérdida de la audición e incluso daño cerebral entre finales del año 2016 y mediados del 2017.
Pero un reporte suyo sobre esos estudios escrito en febrero pasado para la Revista de la Asociación Médica Estadounidense (JAMA, por sus siglas en inglés) no hace mención alguna a las microondas, un tipo de onda muy presente en la vida moderna.

Los teléfonos móviles y lo hornos para calentar la comida se cuentan entre los múltiples equipos que utilizan las microondas.

Burda propaganda

“Ya no pueden sostener que la causa es el sonido y están tratando de argumentar que se trata de microondas”, dijo a Cubadebate Mitchel Valdés-Sosa, director General del Centro de Neurociencia de Cuba y miembro del Comité de Expertos cubanos que se estableció  para estudiar las alegaciones estadounidenses
.
A Valdés-Sosa le resulta llamativo que esta historia llegue justo cuando crecen los cuestionamientos, en Estados Unidos y a nivel internacional, sobre el artículo de la revista JAMA que en primer lugar estableció el supuesto daño cerebral.

Incluso esta hipótesis de las microondas, de acuerdo con el científico cubano, se basa en que todos los diplomáticos están enfermos o que sufren los efectos de un agente externo único. “Eso es cuestionable”.

Valdés-Sosa sostiene que que si uno mira cuidadosamente la evidencia médica presentada hasta el momento, aunque es muy escasa, resulta claro que no existen pruebas conclusivas y la variedad de síntomas presentados puede responder a múltiples causas ajenas a  Cuba, como puede ser la hipertensión o traumas anteriores.

Respecto a la posibilidad de que las microondas puedan causar el tipo de efectos que sostiene el New York Times, Valdés-Sosa tampoco se muestra convencido.

“Hay una literatura muy especulativa, muy tipo expedientes X o de teorías de la conspiración, que establece que las microondas se han utilizado para hacer daño a la salud”, dijo. “Ni siquiera las agencias de los Estados Unidos lo aceptan como algo válido”.

Las dudas aumentan si se tiene en cuenta las condiciones descritas por el Departamento de Estado en que supuestamente ocurrieron los incidentes.

“No es posible dirigir una fuente de energía para afectar a una persona en un cuarto cerrado y dejar a las otras intactas, en lugares donde las paredes son además muy gruesas”, señaló Valdés-Sosa.

“Pensamos que es un barraje propagandístico y no hay evidencias sólidas que lo apoyen”, concluyó respecto al escrito del New York Times.

Pobre ejercicio periodístico

El conocido abogado cubano José Pertierra, que tiene su bufete en Washington DC, escribió una carta al diario neoyorquino criticando su ejercicio profesional en el artículo de las microondas.

“Esto es una muestra de pobre periodismo de The New York Times”, dijo. “No hay hallazgos científicos en esta investigación. Todo es pura especulación, expresada en adverbios como tal vez o posiblemente. Nadie expone cuál es la causa de las llamadas enfermedades. Eso es lo único que sabemos con seguridad”.

Pertierra critica también que se cite a un científico de 83 años, supuestamente especializado en las microondas, pero que se le induzca  a especular sobre quién podría ser el responsable.

“Cada vez que un testigo hace afirmaciones sin fundamento en los tribunales, se exige a los abogados que presenten la evidencia y hagan una pregunta elemental: ¿Cómo lo sabes? Por desgracia, el NYTimes no hace esa pregunta elemental”, señaló.

La investigadora y periodista cubana, Rosa Miriam Elizalde, también se cuestionó en las redes sociales la objetividad del New York Times y su cumplimiento de las normas elementales para hacer periodismo.

“El New York Times está a las puertas de otro desastre periodístico como cuando dijo que en Irak había armas de destrucción masiva”, señaló Elizalde en referencia a uno de los escándalos más grandes de la historia reciente del diario.

Tras la invasión injustificada de esa nación de Oriente Medio, que dejó más de un millón de víctimas civiles hasta el momento,  se demostró que el New York Times utilizó información proporcionada por la Casa Blanca sin contrastar con la opinión expertos independientes ni evaluar la situación en el terreno.

Entre los vacíos más notorios del artículo del New York Times resalta la omisión de que el FBI viajó a La Habana en al menos cuatro ocasiones para medir el espacio radioeléctrico y conducir otras investigaciones en el terreno y descartó que se hayan utilizado ondas sonoras para atacar a los diplomáticos.

¿Cómo sería posible que los expertos estadounidenses pasaran por alto medir también las microondas?, es otra de las preguntas que el diario falla en hacerse.

Guiño a la Guerra Fría

La hipótesis de las microondas hace un guiño directo a la época de la Guerra Fría.
Los norteamericanos comenzaron a captar señales de microondas en los pisos superiores de su Embajada en Moscú a mediados de la década de 1950 e iniciaron investigaciones para determinar sus posibles objetivos e impacto en la salud de los diplomáticos.

La llamada “Señal de Moscú” fue uno de los episodios más controvertidos del enfrentamiento entre los organismos de inteligencia de Estados Unidos y la Unión Soviética
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Se barajaron teorías tan descabelladas como que los soviéticos habían desarrollado una técnica de dominio mental e intentaban modificar la conducta de los diplomáticos, pero para la década de 1970 la CIA elaboró una teoría mucho menos conspiranóica y aceptada hasta hoy: las microondas se utilizaban para apagar y encender equipos de escucha.

Si bien se llevaron a cabo cientos de estudios médicos, no existen evidencias concluyentes de que aquellas señales hayan dañado la salud de los diplomáticos estadounidenses.

Sin justificación

A pesar de carecer de evidencias o una hipótesis que explique los supuestos incidentes, Estados Unidos los utiliza como como excusas para afectar las relaciones entre los dos países y retrotraer los avances logrados a partir de los anuncios del 17 de diciembre del 2014.

La Embajada estadounidense en La Habana mantiene paralizados los servicios consulares para los cubanos, afectando los vínculos entre decenas de miles de familias a uno y otro lado del Estrecho de la Florida.

Al mismo tiempo, se mantiene en vigor una alerta de viaje que recomienda a los estadounidenses ejerce precauciones extras en sus viajes a Cuba, lo que desmotiva a los posibles viajeros, que deben enfrentar también las restricciones vigentes para hacer turismo en la Mayor de las Antillas.
Las autoridades cubanas denuncian la manipulación política de este tema y las excusas para justificar una política de agresión que es impopular dentro de los propios Estados Unidos.

“El Departamento de Estado no puede ocultar la manipulación política de dolencias reportadas por sus funcionarios”, señaló en junio pasado el director General de Estados Unidos de la cancillería cubana, Carlos Fernández de Cossío.  “Supuesta preocupación por salud y seguridad de sus diplomáticos se usa con oportunismo político”, añadió en su cuenta en la red social Twitter.