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miércoles, 26 de octubre de 2016

Bruno Rodríguez en la ONU: Victoria de Cuba es fruto de 58 años de resistencia

El resultado de la votación de este año de la resolución cubana que pide el fin del bloqueo de Washington contra Cuba fue histórico, con 191 votos a favor, la abstención de Estados Unidos e Israel, y ningún sufragio en contra


NACIONES UNIDAS.—El ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, dijo este miércoles ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, que la histórica votación de este año sobre la resolución que pide el fin del bloqueo de Estados Unidos a Cuba es fruto de 58 años de resistencia de nuestro pueblo

191 países votaron a favor, ninguno lo hizo en contra, y por primera vez en 24 años Estados Unidos, el país agresor, se abstuvo de rechazar el bloqueo y fue secundado por Israel. 

Rodríguez Parrilla dijo que la abstención estadounidense en la votación sobre el bloqueo de este año en las Naciones Unidas era una «señal promisoria» y espera que ese cambio se «refleje en la realidad»
.
Ha tomado 24 años para la rectificación del voto en solitario de Estados Unidos en esta sala; han sido 24 años de aislamiento y fracaso, añadió.

El ministro cubano calificó de alentador el enfoque de la representante de Estados Unidos en la ONU SamanthaPower, que anunció en el estrado la intención de su país de abstenerse lo que suscitó aplausos en la sala. 

La diplomática estadounidense argumentó que la resolución votada hoy era un ejemplo perfecto de que la política de aislamiento contra Cuba no funciona, ytermina aislando a los propios Estados Unidos. 

Un ejemplo de ello es lo que está sucediendo hoy en las Naciones Unidas, dijo Power.
Asimismo, refirió que el presidente Barack Obama ha decidido abandonar el camino del aislamiento e iniciar la ruta del diálogo, por ello se restablecieron las relaciones diplomáticas y se abrieron embajadas en ambos países.

Powerexplicó que abstenerse en esta resolución no significa que Estados Unidos esté de acuerdo con todas las políticas aplicadas por Cuba. Reconocemos que en nuestra historia también hay motivos para relacionarnos y reconocemos las áreas en las que el gobierno cubano ha tenido muchos éxitos, dijo.

En su intervención, el canciller cubano señaló que el voto de era un paso positivo en el futuro mejoramiento de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. 

Rodríguez Parrilla se preguntó si con el cambio de postura de Washington cesarían las prácticas negativas contra Cuba.

Comentó al respecto que esa política impuesta a Cuba hace 54 años persiste y mantiene su marcado carácter extraterritorial que afecta a todos los estados miembros de la ONU.
Reconoció que el propio Obama y otros funcionarios han calificado el bloqueo económico, financiero y comercial como obsoleto, sin sentido, inviable, una carga para los ciudadanos de ambos países y un daño al pueblo cubano
.
Rodríguez Parrilla señaló que la mayoría de las regulaciones ejecutivas y las leyes que establecen el bloqueo están vigentes y permanecen aplicadas con rigor.

Reconocemos que las medidas adoptadas por Obama son positivas pero con un muy limitado alcance, sostuvo mientras ejemplificó con algunos efectos negativos de esa política.

La diplomática estadounidense recordó en su intervención que cuando se desató el brote de ébola en África Occidental, Cuba y Estados Unidos fueron capaces de cooperar de manera conjunta para combatir esa epidemia.

El aporte de Cuba en la lucha contra el Ébola significó una contribución muy grande para un país de tan solo 11 millones de habitantes, aseguró.

Power destacó la valentía del doctor cubano Félix Sarría Báez, quien se infectó del virus en el cumplimiento de su misión, y luego regresó a combatir esa enfermedad. Reconoció además a los médicos internacionalistas cubanos y a los integrantes de la Brigada Médica Cubana, Henry Reeve.

Por su parte, el Canciller cubano reconoció las emotivas palabras de Power en ese sentido pero ejemplificó que el despliegue de la ayuda médica cubana fue obstaculizado por la persecución financiera de Washignton que se mantiene en pie. 

Bruno Rodríguez insistió en que el bloqueo sigue siendo una violación masiva, flagrante y sistemática de todos los cubanos y clasifica como acto de genocidio, además que clasifica como un obstáculo para la cooperación internacional.  

El bloqueo es el principal obstáculo y es una violación flagrante al derecho internacional, la Carta de la ONU y la proclama de América Latina y el Caribe como zona de paz, dijo.
Obama conserva facultades ejecutivas para continuar transformando la aplicación práctica del bloqueo, dijo el canciller cubano. 

Respecto a la reciente directiva presidencial de política, publicada el pasado 14 de octubre, señaló que a la vez que afirma que el gobierno de EE.UU. reconoce al gobierno Cuba, no oculta el propósito de alterar el orden constitucional y promover cambios en el sistema político, económico y social, ni esconde la intención de promover programas de corte injerencista.

Ya somos libres porque en 1959 nos liberamos del imperialismo estadounidense, dijo. A la iniciativa para una nueva Cuba de George W. Bush del año 2002, los cubanos respondieron con 8 millones de firmas en respaldo a la enmienda constitucional que proclama el carácter irrevocable del socialismo en nuestro país.
Sería provechoso reconocer que cambiar Cuba es un asunto soberano de los propios cubanos, concluyó Rodríguez Parrilla.

viernes, 23 de septiembre de 2016

Bruno Rodríguez: El bloqueo de EEUU sigue causando graves daños a Cuba




 
Foreign Minister Bruno Rodríguez Parrilla, of Cuba, addresses the 69th session of the United Nations General Assembly, at U.N. headquarters, Saturday, Sept. 27, 2014. (AP Photo/Richard Drew)
El Canciller cubano interviene en la ONU. Foto: Richard Drew/ AP

Discurso del Ministro de Relaciones Exteriores de la República de Cuba, Bruno Rodríguez 
Parrilla, en el Debate General del septuagésimo primer Período de Sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Nueva York, 22 de septiembre de 2016.

Señor Presidente:

Señor Secretario General:
Le expreso nuestro reconocimiento por sus notables esfuerzos durante su mandato.
Señores Jefes de Estado y Gobierno:
Distinguidas delegadas y delegados:

Las estadísticas no podrían ser más elocuentes. El 80% de la población mundial posee solo el 6% de la riqueza, mientras que el 1% más rico, disfruta de la mitad del patrimonio del planeta.
No menos de setecientos noventa y cinco millones de personas padecen hambre crónica y 18 mil niños mueren diariamente, a causa de la pobreza. Más de 660 millones utilizan agua no potable y 780 millones de adultos y 103 millones de jóvenes son analfabeto
s.
Lo más probable es que no hayan conocido de los Objetivos de Desarrollo del Milenio y que, de saberlo, apenas crean en los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Persiste el abismo entre nuestras deliberaciones y las realidades de los pueblos. Se confirma la falta de voluntad política de los Estados industrializados. Se reproducen los patrones irracionales de producción y consumo del capitalismo que conducen a la destrucción de las condiciones de vida del planeta.

Los enormes arsenales nucleares y convencionales y el gasto militar anual de 1,7 millones de millones de dólares, desmienten a los que afirman que no hay recursos para eliminar la pobreza y el subdesarrollo. Pero sí se dispone de muchos argumentos para demostrar la urgencia de construir otra arquitectura financiera internacional.

Dentro de los países desarrollados, se extinguen las “sociedades de bienestar”, entran en crisis los sistemas políticos, crecen los bolsones de pobreza, se aplican brutales programas de ajuste neoliberal contra los trabajadores, los jóvenes y los emigrantes y se desarrollan peligrosamente oscuras fuerzas neofascistas.

La filosofía del despojo sustenta las intervenciones militares y las guerras no convencionales contra Estados soberanos por parte de países de la OTAN, para cambiar gobiernos y apoderarse de recursos naturales. Resultan cotidianas la imposición de medidas coercitivas unilaterales y el uso de herramientas financieras, judiciales, culturales y mediáticas para desestabilizar gobiernos; la militarización y uso agresivo del ciberespacio y la violación de los derechos humanos de cientos de millones de personas.

Las oleadas de refugiados hacia Europa, provocadas por el subdesarrollo y las intervenciones de la OTAN, muestran la crueldad, la naturaleza opresiva, la ineficacia y la insostenibilidad del orden internacional vigente, sin que se aprecie una respuesta asentada en los derechos humanos y la dignidad de las personas, ni dirigida a resolver las causas profundas de los problemas.
El año 2015 fue también el peor en cuanto al cambio climático, con el incremento de la temperatura global, del deshielo polar, del nivel de los océanos y el crecimiento de los volúmenes de emisión de gases de efecto invernadero.

En esta coyuntura, reiteramos nuestra solidaridad con los pequeños países insulares en desarrollo, especialmente en el Caribe, que son los más afectados por el cambio climático, para quienes reclamamos un trato justo, especial y diferenciado.

Si bien se espera que los países industrializados avancen en el cumplimiento de las obligaciones que asumieron con el ambiguo Acuerdo de París, solo datos tangibles en materia de financiamiento y transferencia de tecnologías a los países en desarrollo podrán fundamentar esperanzas de supervivencia de la especie humana.

El capitalismo, sin embargo, nunca será histórica ni ambientalmente sostenible.

Señor Presidente:

La paz y el desarrollo son la razón de ser de la Organización de las Naciones Unidas. Para la especie humana, es imperiosa e impostergable la necesidad de crear una cultura de paz y justicia como sustento de un nuevo orden internacional.

Sería suicida el intento de prolongar la existencia de un mundo unipolar mediante la guerra, la dominación o la hegemonía.

Para la convivencia pacífica entre los Estados, es imprescindible el respeto a la Carta de las Naciones Unidas y al Derecho Internacional.

La ONU ha de ser defendida del unilateralismo y, al mismo tiempo, tendrá que ser profundamente reformada para democratizarla y acercarla a los problemas, necesidades y aspiraciones de los pueblos a fin de hacerla capaz de enrumbar al sistema internacional hacia la paz, el desarrollo sostenible y el respeto de todos los derechos humanos para todos
.
La reforma del Consejo de Seguridad, tanto en su composición como en sus métodos de trabajo, es tarea que no puede continuar postergándose.

El fortalecimiento de la Asamblea General y el rescate de las funciones que le ha usurpado el Consejo de Seguridad, deben guiar la búsqueda de una organización más democrática y eficiente.
Es perentoria la búsqueda de una solución justa y duradera al conflicto del Medio Oriente que se sustenta, inexorablemente, en el ejercicio del derecho inalienable del pueblo palestino a construir su propio Estado dentro de las fronteras anteriores a 1967 y con su capital en Jerusalén Oriental.
La cuestión del Sahara Occidental requiere un esfuerzo de conformidad con las resoluciones de Naciones Unidas, de modo que se garantice la autodeterminación del pueblo saharaui y el respeto de su legítimo derecho a vivir en paz en su territorio.

Subrayamos, una vez más, nuestra confianza en que el pueblo de la República Árabe Siria será capaz de resolver por sí mismo sus diferencias, cuando cese la intervención externa dirigidas al cambio de régimen.

Los intentos de extender la OTAN hacia las fronteras de Rusia y el despliegue de sus sistemas antimisiles, constituyen un incentivo a la carrera armamentista y amenazan la paz y la seguridad internacionales. Igualmente, manifestamos nuestra oposición a las sanciones injustas y unilaterales contra el pueblo ruso que también perjudican a Europa.
Cuba, que ha sido víctima del terrorismo de Estado, reitera su firme condena al terrorismo en todas sus formas y manifestaciones.

Señor Presidente:

La “Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz”, firmada en La Habana por los Jefes de Estado y de Gobierno de nuestra región en enero del 2014, en ocasión de la II Cumbre de la Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe (CELAC), establece principios y reglas de convivencia, cooperación y respeto entre los Estados, indispensables para la realización del derecho a la paz, aplicables a los vínculos dentro de Nuestra América y a las relaciones de esta con el hemisferio y el mundo.

Saludamos el histórico “Acuerdo entre el Gobierno de Colombia y las FARC-EP para la Terminación del Conflicto y la Construcción de Una Paz Estable y Duradera”, alcanzado en La Habana el pasado 24 de agosto. Contribuiremos en todo lo posible, siempre a solicitud de las partes en su implementación.

Continuaremos respaldando al gobierno y pueblo venezolanos, a la unión cívico-militar y al presidente constitucional Nicolás Maduro Moros, en la defensa de su soberanía y autodeterminación, frente a la injerencia imperialista y oligárquica que trata de destruir la Revolución Bolivariana y Chavista para apropiarse de las riquezas petroleras y revertir las enormes conquistas sociales alcanzadas.

Expresamos nuestro enérgico rechazo al golpe de estado parlamentario-judicial perpetrado en Brasil contra la Presidenta Dilma Roussef y nuestra solidaridad con ella, el pueblo brasileño, con el Partido de los Trabajadores y el ex Presidente Luiz Inacio Lula Da Silva.

Reiteramos nuestra convicción de que el pueblo de Puerto Rico merece ser libre e independiente, luego de más de una centuria sometido a la dominación colonial.

No renunciamos ni renunciaremos a uno solo de nuestros principios revolucionarios y antimperialistas, a la defensa de la independencia, la justicia social y los derechos de los pueblos, ni a nuestros compromisos de cooperación con los más necesitados.

Los colaboradores cubanos que laboran en todos los continentes continuarán dando su aporte, incluidos los 46 mil que en 61 países luchan por la vida y la salud de los seres humanos.
Constituye un obstáculo vergonzoso el “Programa de Parole para Profesionales Médicos Cubanos” que aplican los Estados Unidos de América, con el objetivo político de obstaculizar la cooperación médica cubana y privar a los países receptores y a Cuba de valiosos recursos humanos altamente calificados.

Señor Presidente:
Poco más de un año ha transcurrido desde el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y los Estados Unidos y la reapertura de las Embajadas.

Se han registrado algunos avances en nuestros vínculos bilaterales, principalmente en los asuntos diplomáticos, el diálogo y la cooperación en temas de interés común, como lo reflejan las visitas de alto nivel, incluida la visita del presidente Barack Omaba, y la docena de acuerdos firmados sobre cuestiones que pueden reportar beneficios a ambos países y a todo el hemisferio.

Sin embargo, la realidad es que el bloqueo permanece en vigor, sigue causando graves daños y privaciones al pueblo cubano y continúa obstaculizando el funcionamiento de la economía y sus relaciones con otros países.

Las medidas ejecutivas adoptadas por el Gobierno de los Estados Unidos, aunque positivas, resultan insuficientes.

Son numerosos los ejemplos recientes de perjuicios causados por el bloqueo en el orden económico, comercial y financiero a Cuba y a terceros. Mientras ello ocurra, presentaremos ante esta Asamblea el proyecto de resolución titulado “Necesidad de Poner Fin al Bloqueo Económico, Comercial y Financiero Impuesto por los Estados Unidos de América Contra Cuba”
.
Reiteramos la disposición del Gobierno cubano a continuar desarrollando un diálogo respetuoso con el Gobierno de los Estados Unidos, sabiendo que resta un largo camino por recorrer para avanzar hacia la normalización, lo que significa construir un modelo de relaciones bilaterales totalmente nuevo en nuestra historia común que nunca podrá ser olvidada.

Para que esto pueda ser algún día posible, será imprescindible que antes se levante el bloqueo. También deberá ser devuelto el territorio ilegalmente ocupado por la Base Naval de los Estados Unidos en Guantánamo, en contra de la voluntad de Cuba.

Señor Presidente
:
El pueblo cubano, aún en medio de las condiciones adversas que imponen el escenario internacional actual y la persistencia del bloqueo económico comercial y financiero por parte de los Estados Unidos, continúa enfrascado en la actualización del modelo económico y social que ha decidido de manera totalmente soberana, con el fin de construir una nación independiente, soberana, socialista, próspera y sostenible.
Muchas gracias.

(Tomado de Cubaminrex)

viernes, 9 de septiembre de 2016

En un año, el bloqueo restó cuatro mil 680 millones de dólares a la economía cubana


Bruno Rodríguez presenta informe sobre el bloqueo contra Cuba en la sede del Ministerio de Relaciones Exteriores. Foto: Ladyrene Pérez/ Cubadebate.

Bruno Rodríguez presenta informe sobre el bloqueo contra Cuba en la sede del Ministerio de Relaciones Exteriores. Foto: Ladyrene Pérez/ Cubadebate.

“El bloqueo no ha funcionado y hay que levantarlo”. Esta es una idea que ha repetido en varias ocasiones  el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama. Pero esta política que todo el planeta rechaza continúa pese a las declaraciones del propio presidente. Y cada año que pasa, las repercusiones aumentan.

El canciller cubano, Bruno Rodríguez Parrilla presentó ante la prensa proveniente de casi una veintena de países, el Informe de Cuba sobre la resolución 70/5 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, titulado Necesidad de po­ner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba.

“Entre abril del 2015 y marzo de este año, los daños económicos directos provocados por el bloqueo económico a Cuba sobrepasaron los cuatro mil 680 millones de dólares a precios corrientes, calculado con una metodología reconocida incluso por prestigiosas instituciones norteamericanas“, explicó Rodríguez Parrilla.

Sobre los tres elementos principales que evidencian el deterioro provocado por el bloque a la economía cubana explicó: “Las afectaciones incluyen los ingresos que ha dejado de percibir el país por exportaciones de bienes y servicios, por la reubicación geográfica de nuestro comercios que provoca recorrer grandes distancias y desde el punto de vista monetario-financiero, ante la prohibición a Cuba de utilizar el dólar en las transacciones internacionales tiene que hacerlo en otra moneda. Todas estas operaciones son costosas”.

De igual modo recalcó que no hay ningún sector en Cuba que escape a las consecuencias del bloqueo, “no existe elemento en nuestras vidas en el que no esté presente su impacto”
.
Sobre las afectaciones históricas de esta medida a la Isla, detalló: “Los daños acumulados en estas casi seis décadas alcanza no menos que 753 mil millones de dólares, calculados al valor del oro, teniendo en cuenta su actual devaluación. A precios corrientes, la cifra equivale unos 125 mil millones de dólares”.

El ministro develó que la votación número 25 sobre el bloque en Naciones Unidas será el próximo 26 de octubre y agradeció a los 191 países que apoyaron a Cuba el pasado año.

miércoles, 28 de octubre de 2015

#Cuba: Obama decepciona al mundo

Bruno Rodriguez                                                                                   

Por: José Miguel Vázquez.


 Desde hace varios dias he venido enfatizando que el voto emitido ayer en Naciones Unidas contra la resolución presentada por Cuba para eliminar el bloqueo, no provenía de ningún senador o representante del congreso estadounidense, o del propio congreso en su conjunto, el voto emitido ayer fue expresamente del gobierno de Barak Obama en abierta contradicción a lo que venía haciendo meses anteriores en pro del restablecimiento de relaciones con nuestro país.

El voto de ayer del gobierno de Estados Unidos, se aleja totalmente del espiritu renovador emprendido por el propio presidente Obama con respecto a Cuba, es una especie de " marcha atrás" en estos propósitos, lo que abre un camino incierto en las verdaderas buenas intenciones del ejecutivo.

Si ayer Estados Unidos se hubiera abstenido en la votación, hubiera sido más comprensible, era como un mensaje al mundo diciendo " el levantamiento del bloqueo corresponde al congreso y no a nosotros como gobierno", pero al votar en contra evidencia una vez más que no existe la suficiente voluntad política para resolver este asunto.

El propio Obama no hace uso  de sus amplias prerrogativas como presidente para adoptar otras medidas que han sido expuestas públicamente y que serían más efectivas, dejando solo al congreso la decisión final de derogarlo definitivamente.

¿ Y por qué Obama no ha tomado nuevas iniciativas ? Es evidente que en el trasfondo del asunto existen intenciones malévolas y ocultas, cargadas de mala intención, mientras que por otra parte el propio gobierno estadounidense sigue haciendo uso de medidas coercitivas y de castigo contra entidades y bancos extranjeros por hacer negocios con Cuba, es decir, sigue aplicando con todo rigor sanciones desmedidas extraterritorialmente.

Por lo antes expuesto habrá que ver que rumbo toman las cosas en los próximos meses, pues todo parece indicar que el gobierno de Obama utiliza un doble rasero en su política hacia Cuba con no muy buenas intenciones.

No obstante el abrumador voto de ayer en ONU, al rechazar el bloque 191 naciones de las 193 representadas en este organismo internacional son más que elocuentes y dicen a las claras que el mundo está con la justa causa del pueblo cubano, y que Estados Unidos, la gran potencia económica y militar se desacredita y queda solo una vez más ante la comunidad internacional..

Discurso en ONU: Mientras el bloqueo persista, seguiremos presentando el proyecto de resolución.



Bruno Rodríguez, Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, presenta la resolución contra el bloqueo en ONU, este martes. Foto:  Richard Drew/ AP
Bruno Rodríguez, Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, presenta la resolución contra el bloqueo en ONU, este martes. Foto: Richard Drew/ AP

DISCURSO DEL MINISTRO DE RELACIONES EXTERIORES DE CUBA, BRUNO RODRIGUEZ PARRILLA BAJO EL TEMA 42 “NECESIDAD DE PONER FIN AL BLOQUEO ECONÓMICO, COMERCIAL Y FINANCIERO IMPUESTO POR LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA CONTRA CUBA” DURANTE EL SEPTUAGÉSIMO PERÍODO DE SESIONES DE LA ASAMBLEA GENERAL DE LAS NACIONES UNIDAS. NUEVA YORK, 27 DE OCTUBRE DE 2015.

Señor Presidente:
Distinguidos Representantes Permanentes:
Estimados Delegados:

El 17 de diciembre pasado, el Presidente de los Estados Unidos Barack Obama reconoció que el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto a Cuba ha fracasado, es obsoleto, no ha cumplido los objetivos que se previeron, y provoca daños al pueblo cubano y aislamiento al gobierno norteamericano.

Desde entonces, el Presidente ha reiterado que el bloqueo debe ser levantado. Ha pedido al Congreso de su país proceder así en vez de actuar contra la voluntad de los ciudadanos estadounidenses que apoyan claramente su terminación. Se ha comprometido a involucrarse en el debate con ese fin y a utilizar sus prerrogativas ejecutivas para modificar su aplicación.

Durante la Cumbre sobre la Agenda de Desarrollo 2030 y en el Debate General recientes, más de 60 Jefes de Estado, de Gobierno y de Delegaciones expresaron beneplácito y congratulación ante el anuncio del nuevo curso en las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba, incluido el restablecimiento de relaciones diplomáticas y embajadas, y muchos de ellos reclamaron que el bloqueo sea finalmente abolido.

Es comprensible entonces el interés y expectativas que concitan estas deliberaciones y la subsiguiente votación que transcurren en circunstancias nuevas.

Ante el reclamo casi unánime de la comunidad internacional, simbolizado en el voto de 188 Estados miembros y en la participación de Cuba en la Cumbre de las Américas de Panamá; y de la clara mayoría de la sociedad estadounidense y la emigración cubana aquí asentada, el gobierno de los Estados Unidos ha anunciado una nueva política hacia nuestro país.

Pero, las medidas adoptadas por el ejecutivo norteamericano que entraron en vigor el pasado 16 de enero y luego fueron ampliadas el 18 de septiembre, aunque positivas, solo modifican de forma muy limitada algunos elementos de la aplicación del bloqueo.

Muchas de ellas no podrán implementarse a menos que se adopten otras que finalmente permitan a Cuba exportar e importar libremente productos y servicios hacia o desde Estados Unidos; utilizar el dólar estadounidense en sus transacciones financieras internacionales y operar cuentas en esa moneda en bancos de terceros países; así como tener acceso a créditos y financiamientos de entidades privadas y de las instituciones financieras internacionales.

El problema no es que el ordenamiento cubano dificulte la aplicación de estas medidas y tenga que ser modificado para facilitarlo, como algunos funcionarios estadounidenses han declarado. El problema es la existencia implacable y sistémica del bloqueo.

No debemos confundir la realidad con los deseos ni las expresiones de buena voluntad. En asuntos como estos, solo puede juzgarse a partir de los hechos.

Y los hechos demuestran, con toda claridad, que el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto contra Cuba está en plena y completa aplicación.

Diez meses después de los anuncios del 17 de diciembre, no se ha producido ninguna modificación tangible, sustancial, en la práctica del bloqueo
.
La eliminación de Cuba de la espuria lista de Estados patrocinadores del terrorismo internacional fue la inevitable rectificación de un absurdo, pero apenas ha tenido consecuencias en la implementación del bloqueo, sustentado en sanciones y leyes previas mucho más abarcadoras.

Hace apenas una semana, se aplicó una multa de 1 116 millones de dólares al banco francés Credit Agricole que se suma a la de $1 710 millones al alemán Commerzbank el pasado mes de marzo, por realizar transacciones con Cuba y otros Estados.

Solo en las últimas semanas, el sistema de mensajería segura SWIFT canceló un contrato de servicios, fue retenido el primer pago de la compañía Sprint para iniciar las llamadas telefónicas directas, y se retuvieron varias transferencias bancarias a Cuba por la operación de vuelos chárter.

Las exiguas compras cubanas de alimentos en los Estados Unidos, que es una de las pocas excepciones al bloqueo, aprobadas en el año 2000 por el Congreso, han disminuido significativamente en el último año, debido a que están sujetas a condiciones discriminatorias y onerosas: cada compra tiene que ser autorizada por una licencia, se prohíben los créditos, Cuba está obligada a pagar en efectivo y por adelantado, a través de entidades bancarias de terceros países, y no puede utilizar barcos propios para transportar estos productos.

Algo similar ocurre con las importaciones de medicamentos necesarios para el país, también condicionadas desde 1992 por la ley de los Estados Unidos. Cuba debe dar cuenta sobre el destinatario final de las medicinas adquiridas y no puede hacer los pagos directamente, sino a través de terceros y en una moneda distinta al dólar, lo cual implica dificultades, demoras y costos adicionales.

Podrían mencionarse numerosos ejemplos, como el de la compañía Elekta que confirmó el pasado 2 de septiembre que no podrá suministrar al Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología ni a otros hospitales el isótopo radioactivo Iridio-192 que garantiza el normal funcionamiento de los equipos de braquiterapia, imprescindibles para impartir tratamientos de mayor calidad y precisión contra el cáncer, dado que su suministrador, la compañía estadounidense Mallinckrodt Pharmaceuticals, se negó a venderlo con destino a Cuba.

La compañía norteamericana Small Bone Innovation, Inc. ha rehusado suministrar al Complejo Ortopédico “Frank País” prótesis para las articulaciones de la muñeca y mano para pacientes con artritis reumatoide.

En junio pasado, la compañía estadounidense SIGMA Aldrich se negó a proporcionar a la compañía Quimimpex productos, servicios e información técnica indispensables para la industria química; y la empresa norteamericana Columbiana Boiler Company dijo a la citada empresa estar impedida de exportar los cilindros necesarios para envasar el cloro destinado a la potabilización del agua.
El bloqueo constituye una violación flagrante, masiva y sistemática de los derechos humanos de todos los cubanos, es contrario al Derecho Internacional, califica como acto de genocidio a tenor de la Convención para la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio de 1948 y es el principal obstáculo para el desarrollo económico y social de nuestro pueblo.

Los daños humanos que ha producido son incalculables. El 77% de los cubanos lo han sufrido desde su nacimiento. Las carencias y privaciones que provoca a todas las familias cubanas no pueden contabilizarse
.
Calculados conservadora y rigurosamente, los daños económicos que ha ocasionado, en más de medio siglo, ascienden a 833 755 millones de dólares, según el valor del oro. A precios corrientes, suman 121 192 millones de dólares, cifra de enorme magnitud para una economía pequeña como la nuestra.

Espero que el Representante de los Estados Unidos no venga ahora a decirnos que el proyecto de resolución no refleja completamente el espíritu de diálogo ni la actitud bondadosa de su gobierno; ni asuma la manida pose de que Estados Unidos es el socio benefactor del pueblo cubano que únicamente pretende su empoderamiento; ni infle la cifra de 900 mil dólares de donaciones de la sociedad civil recibidas en 2015 que el bloqueo dificulta y nuestro pueblo aprecia; ni mencione como si fueran fondos gubernamentales, las remesas familiares que los cubanos aquí asentados ahorran con esfuerzo; ni cuente como intercambio comercial, las licencias otorgadas pero que no se materializan en exportaciones.

Si bien corresponde al Congreso de los Estados Unidos la decisión de ponerle fin al bloqueo, el Presidente tiene amplias prerrogativas ejecutivas para modificar sustancialmente su aplicación práctica y su impacto humanitario y económico.

Compartimos la esperanza de que el Congreso de los Estados Unidos avance hacia el cambio de una política ineficaz, anclada en el pasado, cruel e injusta, y adopte decisiones basadas en los valores y sentimientos de sus ciudadanas y ciudadanos.

Señor Presidente:

Históricamente, Estados Unidos ha pretendido establecer dominación y hegemonía sobre nuestra Patria y, desde 1959, cambiar el sistema político, económico y social que, en ejercicio de plena autodeterminación, nuestro pueblo libremente ha decidido.

Algunos voceros del gobierno de los Estados Unidos han declarado que la anunciada política hacia Cuba significa un cambio en los métodos, pero no en los objetivos.

De ser así, el proceso hacia la normalización de las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba enfrentará muy serios obstáculos.

El levantamiento del bloqueo será el elemento esencial que dará sentido a lo avanzado en estos meses en las relaciones entre ambos países y determinará el ritmo hacia la normalización.

Como ha reconocido el Presidente Barack Obama, la eliminación del bloqueo conviene al interés nacional de los Estados Unidos y es la voluntad de sus ciudadanas y ciudadanos
.
No podría aceptarse de ninguna manera, ni sería productivo, pretender condicionar las medidas de levantamiento o modificación del bloqueo a que nuestro país realice cambios internos.

Cuba está dispuesta a aceptar las oportunidades y también los desafíos de una nueva etapa en las relaciones entre ambos países, pero jamás negociará su sistema socialista, ni sus asuntos internos, ni permitirá mancha alguna en la independencia conquistada al precio de la sangre de sus mejores hijos y de enormes sacrificios de muchas generaciones desde el inicio de nuestras guerras de independencia en 1868.

Como ha reiterado el Presidente Raúl Castro Ruz, ambos gobiernos han de encontrar la manera de convivir de forma civilizada con sus profundas diferencias y avanzar en todo lo posible, en beneficio de los pueblos norteamericano y cubano, mediante el diálogo y la cooperación basados en el respeto mutuo y la igualdad soberana.

Entre los pueblos de Cuba y los Estados Unidos no hay enemistad. El pueblo cubano fue solidario cuando se produjeron los terribles actos terroristas del 11 de septiembre de 2001 o el devastador impacto del huracán Katrina.

Apreciamos y reconocemos los progresos alcanzados en el último período con la reapertura de Embajadas, las visitas del Secretario de Estado y de la Secretaria de Comercio y el intercambio de delegaciones; el funcionamiento de una Comisión Bilateral, la ampliación de las áreas de diálogo y cooperación, principalmente en materia de seguridad aérea y de la aviación, enfrentamiento al narcotráfico, la emigración ilegal y la trata de personas, aplicación y cumplimiento de la ley, protección del medio ambiente y salud, entre otros.

Estamos sinceramente interesados en ampliar provechosos vínculos, ofrecer hospitalidad a las ciudadanas y ciudadanos norteamericanos que disfruten de la libertad de viajar a Cuba, profundizar los intercambios culturales, deportivos, científicos y académicos, la cooperación multifacética en áreas de interés común, el comercio y la inversión.

Partiendo de grandes diferencias y con carácter recíproco, hemos iniciado un diálogo sobre derechos humanos.

Nos guían para todo ello los principios de la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz, firmada por los Jefes de Estado y Gobierno de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños en enero de 2014, en La Habana, así como los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas.

Esto podría ser también una modesta contribución a la búsqueda de otra forma de relacionarnos los seres humanos y las naciones en esta época de crisis global, inevitable impacto del cambio climático, guerras no convencionales que desatan conflictos atroces, nuevas formas de terrorismo, la existencia de enormes arsenales nucleares, insólitos gastos en armamento y el riesgo de pandemias.
Como expresó en esta sala, hace ya 15 años, el líder histórico de la Revolución Fidel Castro Ruz, “La humanidad debe tomar conciencia de lo que hemos sido y de lo que no podemos seguir siendo. Hoy nuestra especie ha adquirido conocimientos, valores éticos y recursos científicos suficientes para marchar hacia una etapa histórica de verdadera justicia y humanismo. Nada de lo que existe hoy en el orden económico y político sirve a los intereses de la humanidad. No puede sostenerse. Hay que cambiarlo”.

Señor Presidente:

Veintitrés años después de adoptada por primera vez esta resolución, hemos alcanzado en el 2015 un notable progreso.

Ha sido el premio a la denodada resistencia, el abnegado esfuerzo, la firmeza de convicciones de nuestro pueblo y el liderazgo de la generación histórica de la Revolución encabezada por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz y el Presidente Raúl Castro
.
Agradecemos profundamente a todos los gobiernos y pueblos, parlamentos, fuerzas políticas y movimientos sociales, representantes de la sociedad civil, organizaciones internacionales y regionales que, en particular en esta Asamblea General de las Naciones Unidas, han contribuido con su voz y su voto, año tras año, a fundamentar la justeza y la urgencia de la eliminación del bloqueo.
Hemos llegado aquí también gracias al mayoritario y creciente apoyo del pueblo estadounidense a este loable propósito, a quien expresamos nuestra gratitud.

Sabemos que es largo y difícil el camino que tenemos por delante. Mientras el bloqueo persista, seguiremos presentando el proyecto de resolución.

El pueblo cubano no renunciará jamás a su soberanía ni al camino que libremente ha escogido para construir un socialismo más justo, eficiente, próspero y sostenible. Tampoco desistirá en la búsqueda de un orden internacional más equitativo y democrático.

Señor Presidente:
Distinguidos Representantes Permanentes:
Estimados Delegados:

Hemos presentado un proyecto de resolución que reconoce la realidad de la estricta y opresiva aplicación del bloqueo contra Cuba y que también saluda y reconoce, en nuevos párrafos preambulares, los progresos alcanzados en el último año.
En nombre del heroico, abnegado y solidario pueblo cubano, les pido votar a favor del proyecto de resolución contenido en el documento A/70/L.2 “Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba”.

Muchas gracias.



martes, 27 de octubre de 2015

ONU. Hoy es el gran día

AGNU BLOQUEO 2014

Por: José Miguel Vázquez.

Hoy es el gran día, por vigésimocuarta ocasión la Asamblea General de la ONU votará por la Resolución presentada por Cuba sobre la necesidad de eliminar el bloqueo económico, comercial y financiero que durante más de medio siglo el gobierno de Estados Unidos mantiene sobre nuestro pueblo.

En esta ocasión concurren circunstancias distintas a las 23 anteriores, pues tenemos como escenario el restablecimiento de las relaciónes diplomáticas entre EEUU y Cuba, y el reconocimiento del propio presidente Barak Obama de que el bloqueo es un fracaso y que el congreso debe abolirlo.

Sin embargo tal cosa no ha sucedido, el propio presidente contradictoriamente a sus declaraciones públicas, si bien ha tomado algunas medidas para " flexibilizar" el embargo que ellos llaman, éstas no han sido sificientes y todavía tiene sobre su buró la adopción de otras 13 medidas que prácticamente desmantelarían el bloqueo, dejando solo al congreso unas pocas para eliminarlo completamiente.

Esta es la situación, Obama se dice y se contradice, pues aún en el presente año su gobierno sigue tomando medidas de castigo a bancos y entidades que han violado las normas del bloqueo, cosa esta que indica una política de dobre rasero que nadie entiende.

El mundo está espectante hoy en ver cómo será el voto del gobierno de Obama en Naciones Unidas. distintas corrientes de opinión dicen que se abstendrá, otros que se opondrá y los menos optimistas de que hasta votará a favor de la Resolución Cubana.

Todo está por ver y hoy es el gran día que puede ser histórico en el largo camino de las relaciones entre estas dos naciones vecinas.

Esperemos pues los resultados, Obama tiene ante sí la ocasión de trascender a la historia, no solo porque fue valiente al restablecer relaciones con Cuba, sino porque de votar a favor de la Resolución Cubana estará demostrando fehacientemente su firme descisión de avanzar hacia la total normalización de las relaciones con Cuba...

Esperemos pues a ver que sucede hoy. 

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lunes, 28 de septiembre de 2015

“La ONU ha de ser defendida del unilateralismo y profundamente reformada para democratizarla”: Raúl Castro

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Estimados jefes y jefas de Estado y de Gobierno:
Distinguidos Jefes y Jefas de Delegaciones:
Señor Secretario General de las Naciones Unidas:

Señor Presidente:
Hace setenta años que, en nombre de los pueblos, los miembros de esta organización suscribimos la Carta de las Naciones Unidas. Nos comprometimos a preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra y a edificar una nueva forma de relacionarnos bajo la guía de un conjunto de propósitos y principios, que debían augurar una época de paz, justicia y desarrollo para toda la humanidad.

Sin embargo, a partir de entonces, han sido constantes las guerras de agresión, la intervención en los asuntos internos de los Estados, el derrocamiento por la fuerza de gobiernos soberanos, los denominados “golpes suaves” y la recolonización de territorios, que han sido perfeccionados con formas de actuar no convencionales, con el empleo de nuevas tecnologías y esgrimiendo supuestas violaciones de los derechos humanos.

Es inaceptable la militarización del ciberespacio y el empleo encubierto e ilegal de las tecnologías de la información y las comunicaciones para agredir a otros Estados, como también lo es que se distorsione la promoción y protección de los derechos humanos, utilizándolos de forma selectiva y discriminatoria para validar e imponer decisiones políticas.

A pesar de que la Carta nos llama a “reafirmar la fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana”, el disfrute de los derechos humanos continúa siendo una utopía para millones de personas.

Se niega a la humanidad el derecho a vivir en paz y su derecho al desarrollo. Es en la pobreza y la desigualdad donde deben buscarse las causas de los conflictos, generados por el colonialismo y el despojo de las poblaciones autóctonas, primero, y más tarde por el imperialismo y el reparto de esferas de influencia.

El compromiso asumido en 1945 de “promover el progreso social y elevar el nivel de vida” de los pueblos y su desarrollo económico y social, sigue siendo una quimera, cuando 795 millones de personas sufren hambre, 781 millones de adultos son analfabetos y 17 mil niños mueren cada día de enfermedades curables, mientras que los gastos militares anuales en todo el mundo ascienden a más de 1,7 millones de millones de dólares.

Con sólo una fracción de ese monto podrían solucionarse los problemas más acuciantes que azotan a la humanidad

Incluso, en los países industrializados ya prácticamente desaparecieron las “sociedades de bienestar”, que se nos presentaban como el modelo a seguir. Los sistemas electorales y los partidos tradicionales, que dependen del dinero y la publicidad, son cada vez más ajenos y distantes de las aspiraciones de sus pueblos.

El cambio climático pone en peligro la existencia de la especie humana, y los Estados deben asumir responsabilidades comunes pero diferenciadas, ante la inobjetable realidad de que no todos los países somos responsables por igual, ni despilfarramos los recursos naturales y humanos en un consumismo irracional e insostenible.

Las consecuencias del cambio climático son especialmente devastadoras en los pequeños países insulares en desarrollo e imponen una tensión adicional a sus frágiles economías. Lo mismo sucede en África, con el incremento inexorable de la desertificación.

Nos solidarizamos con nuestros hermanos caribeños y demandamos que se les dé un trato especial y diferenciado. Apoyamos a los países africanos y reclamamos para ellos un tratamiento justo, transferencia de tecnología y recursos financieros.

Señor Presidente:

Con la creación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y, particularmente, con la firma por los jefes de Estado y de Gobierno, en enero del 2014, de la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz, ha quedado demostrado que, por encima de nuestras diferencias, podemos avanzar hacia la unidad y la consecución de objetivos comunes en el marco de nuestra diversidad.

En la Proclama, reafirmamos el compromiso inquebrantable con los principios de la Carta de las Naciones Unidas y el Derecho Internacional y de resolver las diferencias de forma pacífica, así como la convicción de que el pleno respeto al derecho inalienable de todo Estado a elegir su sistema político, económico, social y cultural, constituye una condición esencial para asegurar la convivencia pacífica entre las naciones. Reclamamos que estos principios sirvan también de base a las relaciones de otros Estados con nuestra región.

La República Bolivariana de Venezuela contará siempre con la solidaridad de Cuba frente a los intentos de desestabilizar y subvertir el ordenamiento constitucional, y destruir la obra iniciada por el compañero Hugo Chávez Frías y continuada por el presidente Nicolás Maduro Moros a favor del pueblo venezolano.

De igual manera, va nuestra firme e irrestricta solidaridad a la República del Ecuador, a su Revolución Ciudadana y a su líder, Rafael Correa Delgado, que se ha convertido en el blanco del mismo guión de desestabilización aplicado contra otros gobiernos progresistas de la región.

Nos solidarizamos con las naciones del Caribe que solicitan justas reparaciones por los horrores de la esclavitud y la trata de esclavos, sobre todo en un mundo en el que la discriminación racial y la represión de las comunidades afrodescendientes han ido en ascenso.

Ratificamos nuestra convicción de que el pueblo de Puerto Rico merece ser libre e independiente, luego de más de una centuria sometido a la dominación colonial.

Nos solidarizamos con la República Argentina en su legítimo reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas, Sandwich del Sur y Georgias del Sur
.
Reiteramos nuestro apoyo solidario a la Presidenta Dilma Rousseff y al pueblo de Brasil en la defensa de sus importantes logros sociales y de la estabilidad del país.

Reafirmamos nuestro rechazo a la intención de extender la presencia de la OTAN hasta las fronteras de Rusia y a la imposición de sanciones unilaterales e injustas contra esa nación.
Saludamos el denominado acuerdo nuclear con la República Islámica de Irán, que demuestra que el diálogo y la negociación son la única herramienta efectiva para solventar las diferencias entre los Estados
.
Renovamos nuestra confianza en que el pueblo sirio es capaz de resolver por sí mismo sus diferencias y demandamos que cese la injerencia externa.

Una solución justa y duradera al conflicto del Medio Oriente exige, inexorablemente, el ejercicio real del derecho inalienable del pueblo palestino a construir su propio Estado dentro de las fronteras anteriores a 1967 y con su capital en Jerusalén oriental, lo que enérgicamente apoyamos.

Durante las últimas semanas nos han impactado las imágenes de las oleadas migratorias hacia Europa, que constituyen una consecuencia directa de las acciones de desestabilización que la OTAN promovió y ejecuta en países del Medio Oriente y África del Norte, y del subdesarrollo y la pobreza imperante en países del continente africano. La Unión Europea debe asumir, de manera plena e inmediata, sus responsabilidades con la crisis humanitaria que ayudó a generar.
Señor Presidente:

Tras 56 años de heroica y abnegada resistencia del pueblo cubano, quedaron restablecidas las relaciones diplomáticas y las embajadas en las respectivas capitales.

Ahora se inicia un largo y complejo proceso hacia la normalización de las relaciones que se alcanzará cuando se ponga fin al bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba; se devuelva a nuestro país el territorio ocupado ilegalmente por la Base Naval de Guantánamo; cesen las transmisiones radiales y televisivas y los programas de subversión y desestabilización contra Cuba, y se compense a nuestro pueblo por los daños humanos y económicos que aún sufre
.
Mientras persista, continuaremos presentando el proyecto de resolución titulado “Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba”.

A los 188 gobiernos y pueblos que han apoyado aquí y en diversos foros internacionales y regionales nuestra justa demanda, les reitero el eterno agradecimiento del pueblo y el gobierno cubanos por su sostenido respaldo.

Sr. Presidente:

Cuba celebra, con profundo compromiso, el 70 aniversario de la Organización de las Naciones Unidas. Reconocemos que en estos años se ha intentado, pero no se ha hecho lo suficiente, para proteger a las generaciones presentes y futuras del flagelo de la guerra y su derecho a un desarrollo sostenible, sin exclusión. La ONU ha de ser defendida del unilateralismo y profundamente reformada para democratizarla y acercarla a los pueblos
.
Como señalara en esta misma sala hace 15 años el compañero Fidel Castro Ruz, Líder Histórico de la Revolución cubana- y cito: “Cualquiera comprende que el objetivo fundamental de las Naciones Unidas, en el siglo apremiante que comienza, es el de salvar al mundo no solo de la guerra sino también del subdesarrollo, el hambre, las enfermedades, la pobreza y la destrucción de los medios naturales indispensables para la existencia humana, ¡Y debe hacerlo con premura antes de que sea demasiado tarde!”- fin de la cita.

Podrá contar siempre la comunidad internacional con la sincera voz de Cuba frente a la injusticia, la desigualdad, el subdesarrollo, la discriminación y la manipulación; y por el establecimiento de un orden internacional más justo y equitativo, en cuyo centro se ubique, realmente, el ser humano, su dignidad y bienestar.

Muchas gracias.

domingo, 27 de septiembre de 2015

Raúl Castro: Persisten niveles inaceptables de pobreza y desigualdad en el mundo



El Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba, General de Ejército Raúl Castro Ruz intervino la mañana de este sábado en la cumbre de la ONU sobre los objetivos de desarrollo sostenible 2015-2030, donde se refirió, en su breve y contundente discurso, a las problemáticas que afectan al mundo de hoy como las crisis migratorias y la polarización de las riquezas y aseguró que Cuba no renunciará a la solidaridad, la lucha por la dignidad humana y la justicia social

sábado, 26 de septiembre de 2015

Raúl Castro: Persisten niveles inaceptables de pobreza y desigualdad en el mundo



Raúl en la ONU. Foto: The New York Times
Raúl en la ONU. Foto: The New York Times.

El Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba, General de Ejército Raúl Castro Ruz intervino la mañana de este sábado en la cumbre de la ONU sobre los objetivos de desarrollo sostenible 2015-2030.

“Los avances, quince años después de adoptados los Objetivos de Desarrollo del Milenio, son insuficientes y desigualmente distribuidos. Persisten, e incluso se agravan en muchos casos, niveles inaceptables de pobreza y desigualdad social, incluso en las propias naciones industrializadas”, destacó el presidente cubano.

Asimismo, se refirió en su breve y contundente discurso a las problemáticas que afectan al mundo de hoy como las crisis migratorias, motivadas por los conflictos bélicos y la dura situación económica que enfrenta una parte de la humanidad, lo cual incrementa la brecha entre el Norte y el Sur y la polarización de las riquezas.

“No menos de 2 mil 700 millones de personas en el mundo viven en la pobreza. La tasa global de mortalidad infantil en menores de cinco años, sigue siendo varias veces la de los países desarrollados. La mortalidad materna en las regiones en desarrollo es 14 veces más alta que en aquellos”, precisó.
Raúl enfatizó también en la importancia de que los debates sobre temas como los objetivos de desarrollo sostenible compulsen a la toma de acuerdos que se puedan concretar en acciones.
Si queremos un mundo habitable de paz y concordia entre las naciones, de democracia, justicia social y respeto a los derechos humanos de todos, tendríamos que adoptar compromisos tangibles en materia de ayuda al desarrollo y solucionar el problema de la deuda, ya varias veces pagada, expresó.
Sería necesario, continuó, crear otra arquitectura financiera internacional, eliminar el monopolio tecnológico y del conocimiento de las naciones industrializadas y que estas aceptaran su deuda histórica, a partir de responsabilidades comunes, pero diferenciadas
.
La falta de recursos no puede esgrimirse como pretexto cuando se invierten 1,7 millones de millones de dólares anuales en gastos militares, sin cuya reducción no serán posibles el desarrollo ni una paz estable y duradera, añadió.

El presidente cubano manifestó que el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos, la apertura de embajadas y los cambios en la política hacia nuestro país declarados por Obama; constituyen un importante avance que ha concitado el apoyo internacional.
Sin embargo, apuntó, persiste el bloqueo económico, comercial y financiero por más de medio siglo, el cual causa daños y privaciones al pueblo cubano, es el principal obstáculo para el desarrollo del país, afecta a otras naciones por su extraterritorialidad, y perjudica a los ciudadanos y empresarios estadounidenses. Además, el bloqueo ha sido rechazado en numerosas ocasiones por la aplastadora mayoría de los países miembros de la Organización de Naciones Unidas.

Pese a todo, Cuba cumplió los objetivos del milenio y brindó su ayuda a otros países en varios sectores, lo que continuaremos haciendo con nuestros modestos esfuerzos; dijo Raúl.
No renunciaremos a la solidaridad, la lucha por la dignidad humana y la justicia social, que son convicciones profundas de nuestra sociedad socialista; concluyó.

Lea a continuación el discurso completo:

Estimados jefes y jefas de Estado y de Gobierno:
Distinguidos jefes y jefas de delegaciones:
Señor Secretario General de las Naciones Unidas:
Señor Presidente:

La inestabilidad en numerosas regiones tiene sus raíces en la situación de subdesarrollo en que viven dos tercios de la población mundial.

Los avances, quince años después de adoptados los Objetivos de Desarrollo del Milenio, son insuficientes y desigualmente distribuidos. Persisten, e incluso se agravan en muchos casos, niveles inaceptables de pobreza y desigualdad social, incluso en las propias naciones industrializadas. La brecha entre el Norte y el Sur y la polarización de la riqueza se incrementan.
Constatamos que estamos aún muy lejos de contar con una verdadera asociación mundial para el desarrollo.

No menos de 2 mil 700 millones de personas en el mundo viven en la pobreza. La tasa global de mortalidad infantil en menores de cinco años, sigue siendo varias veces la de los países desarrollados. La mortalidad materna en las regiones en desarrollo es 14 veces más alta que en aquellos.

En medio de la actual crisis económica y financiera, los acaudalados y las compañías transnacionales se hacen cada vez más ricos, y aumentan dramáticamente los pobres, los desempleados y las personas sin casa debido a crueles políticas llamadas “de austeridad”. Oleadas de inmigrantes desesperados arriban a Europa huyendo de la miseria y de los conflictos que otros desataron.
Los medios para implementar la Agenda, sin compromisos medibles ni calendarios, no son proporcionales al alcance de sus 17 objetivos de desarrollo sostenible
.
Si queremos un mundo habitable, de paz y concordia entre las naciones, de democracia, justicia social, dignidad y respeto a los derechos humanos de todos, tendríamos que adoptar cuanto antes compromisos tangibles en materia de ayuda al desarrollo y solucionar el problema de la deuda ya pagada varias veces. Habría que construir otra arquitectura financiera internacional, eliminar el monopolio tecnológico y del conocimiento, y cambiar el orden económico internacional vigente.
Los países industrializados debieran aceptar su deuda histórica y ejercer el principio de “responsabilidades comunes pero diferenciadas”. No puede esgrimirse como pretexto la falta de recursos cuando se invierten 1,7 millones de millones de dólares anuales en gastos militares, sin cuya reducción no serán posibles el desarrollo ni una paz estable y duradera.

Sr. Presidente:

El restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y los Estados Unidos, la apertura de embajadas y los cambios que el presidente Barack Obama ha declarado en la política hacia nuestro país constituyen un importante avance, que ha concitado el más amplio apoyo de la comunidad internacional.

Sin embargo, persiste el bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba, por más de medio siglo, el cual causa daños y privaciones al pueblo cubano, es el principal obstáculo para el desarrollo económico de nuestro país, afecta a otras naciones por su alcance extraterritorial y continúa perjudicando los intereses de los ciudadanos y las compañías estadounidenses. Esta política es rechazada por 188 Estados miembros de las Naciones Unidas que demandan ponerle fin.
Pese a todo, Cuba cumplió los Objetivos de Desarrollo del Milenio y brindó su cooperación a otros países en desarrollo en varios sectores, lo que continuaremos haciendo en la medida de nuestras modestas posibilidades.

No renunciaremos jamás a la dignidad, la solidaridad humana y a la justicia social, que son convicciones profundas de nuestra sociedad socialista.
Muchas gracias.



(Con información de Granma)

viernes, 25 de septiembre de 2015

El Papa Francisco en la ONU: La guerra es la negación de todos los derechos



El Papa Francisco interviene en la Asamblea General de la ONU. Foto: Mary Altaffer/ AP
El Papa Francisco interviene en la Asamblea General de la ONU. Foto: Mary Altaffer/ AP

Una vez más, siguiendo una tradición de la que me siento honrado, el Secretario General de las Naciones Unidas ha invitado al Papa a dirigirse a esta honorable Asamblea de las Naciones. En nombre propio y en el de toda la comunidad católica, Señor Ban Ki-moon, quiero expresarle el más sincero y cordial agradecimiento. Agradezco también sus amables palabras. Saludo asimismo a los Jefes de Estado y de Gobierno aquí presentes, a los Embajadores, diplomáticos y funcionarios políticos y técnicos que les acompañan, al personal de las Naciones Unidas empeñado en esta 70a Sesión de la Asamblea General, al personal de todos los programas y agencias de la familia de la ONU, y a todos los que de un modo u otro participan de esta reunión. Por medio de ustedes saludo también a los ciudadanos de todas las naciones representadas en este encuentro. Gracias por los esfuerzos de todos y de cada uno en bien de la humanidad.

Esta es la quinta vez que un Papa visita las Naciones Unidas. Lo hicieron mis predecesores Pablo VI en 1965, Juan Pablo II en 1979 y 1995 y, mi más reciente predecesor, hoy el Papa emérito Benedicto XVI, en 2008. Todos ellos no ahorraron expresiones de reconocimiento para la Organización, 
considerándola la respuesta jurídica y política adecuada al momento histórico, caracterizado por la superación tecnológica de las distancias y fronteras y, aparentemente, de cualquier límite natural a la afirmación del poder. Una respuesta imprescindible ya que el poder tecnológico, en manos de ideologías nacionalistas o falsamente universalistas, es capaz de producir tremendas atrocidades. No puedo menos que asociarme al aprecio de mis predecesores, reafirmando la importancia que la Iglesia Católica concede a esta institución y las esperanzas que pone en sus actividades.

La historia de la comunidad organizada de los Estados, representada por las Naciones Unidas, que festeja en estos días su 70 aniversario, es una historia de importantes éxitos comunes, en un período de inusitada aceleración de los acontecimientos. Sin pretensión de exhaustividad, se puede mencionar la codificación y el desarrollo del derecho internacional, la construcción de la normativa internacional de derechos humanos, el perfeccionamiento del derecho humanitario, la solución de muchos conflictos y operaciones de paz y reconciliación, y tantos otros logros en todos los campos de la proyección internacional del quehacer humano. Todas estas realizaciones son luces que contrastan la oscuridad del desorden causado por las ambiciones descontroladas y por los egoísmos colectivos. Es cierto que aún son muchos los graves problemas no resueltos, pero es evidente que, si hubiera faltado toda esa actividad internacional, la humanidad podría no haber sobrevivido al uso descontrolado de sus propias potencialidades. Cada uno de estos progresos políticos, jurídicos y técnicos son un camino de concreción del ideal de la fraternidad humana y un medio para su mayor realización.

Rindo por eso homenaje a todos los hombres y mujeres que han servido leal y sacrificadamente a toda la humanidad en estos 70 años. En particular, quiero recordar hoy a los que han dado su vida por la paz y la reconciliación de los pueblos, desde Dag Hammarskjöld hasta los muchísimos funcionarios de todos los niveles, fallecidos en las misiones humanitarias, de paz y de reconciliación.

La experiencia de estos 70 años, más allá de todo lo conseguido, muestra que la reforma y la adaptación a los tiempos es siempre necesaria, progresando hacia el objetivo último de conceder a todos los países, sin excepción, una participación y una incidencia real y equitativa en las decisiones. Tal necesidad de una mayor equidad, vale especialmente para los cuerpos con efectiva capacidad ejecutiva, como es el caso del Consejo de Seguridad, los organismos financieros y los grupos o mecanismos especialmente creados para afrontar las crisis económicas. Esto ayudará a limitar todo tipo de abuso o usura sobre todo con los países en vías de desarrollo. Los organismos financieros internacionales han de velar por el desarrollo sustentable de los países y la no sumisión asfixiante de éstos a sistemas crediticios que, lejos de promover el progreso, someten a las poblaciones a mecanismos de mayor pobreza, exclusión y dependencia.

La labor de las Naciones Unidas, a partir de los postulados del Preámbulo y de los primeros artículos de su Carta Constitucional, puede ser vista como el desarrollo y la promoción de la soberanía del derecho, sabiendo que la justicia es requisito indispensable para obtener el ideal de la fraternidad universal. En este contexto, cabe recordar que la limitación del poder es una idea implícita en el concepto de derecho. Dar a cada uno lo suyo, siguiendo la definición clásica de justicia, significa que ningún individuo o grupo humano se puede considerar omnipotente, autorizado a pasar por encima de la dignidad y de los derechos de las otras personas singulares o de sus agrupaciones sociales. La distribución fáctica del poder (político, económico, de defensa, tecnológico, etc.) entre una pluralidad de sujetos y la creación de un sistema jurídico de regulación de las pretensiones e intereses, concreta la limitación del poder. El panorama mundial hoy nos presenta, sin embargo, muchos falsos derechos, y –a la vez– grandes sectores indefensos, víctimas más bien de un mal ejercicio del poder: el ambiente natural y el vasto mundo de mujeres y hombres excluidos. Dos sectores íntimamente unidos entre sí, que las relaciones políticas y económicas preponderantes han convertido en partes frágiles de la realidad. Por eso hay que afirmar con fuerza sus derechos, consolidando la protección del ambiente y acabando con la exclusión.

Ante todo, hay que afirmar que existe un verdadero «derecho del ambiente» por un doble motivo. Primero, porque los seres humanos somos parte del ambiente. Vivimos en comunión con él, porque el mismo ambiente comporta límites éticos que la acción humana debe reconocer y respetar. El hombre, aun cuando está dotado de «capacidades inéditas» que «muestran una singularidad que trasciende el ámbito físico y biológico» (Laudato si’, 81), es al mismo tiempo una porción de ese ambiente. Tiene un cuerpo formado por elementos físicos, químicos y biológicos, y solo puede sobrevivir y desarrollarse si el ambiente ecológico le es favorable. Cualquier daño al ambiente, por tanto, es un daño a la humanidad. Segundo, porque cada una de las creaturas, especialmente las vivientes, tiene un valor en sí misma, de existencia, de vida, de belleza y de interdependencia con las demás creaturas. Los cristianos, junto con las otras religiones monoteístas, creemos que el universo proviene de una decisión de amor del Creador, que permite al hombre servirse respetuosamente de la creación para el bien de sus semejantes y para gloria del Creador, pero que no puede abusar de ella y mucho menos está autorizado a destruirla. Para todas las creencias religiosas, el ambiente es un bien fundamental (cf. ibíd., 81).

El abuso y la destrucción del ambiente, al mismo tiempo, van acompañados por un imparable proceso de exclusión. En efecto, un afán egoísta e ilimitado de poder y de bienestar material lleva tanto a abusar de los recursos materiales disponibles como a excluir a los débiles y con menos habilidades, ya sea por tener capacidades diferentes (discapacitados) o porque están privados de los conocimientos e instrumentos técnicos adecuados o poseen insuficiente capacidad de decisión política. La exclusión económica y social es una negación total de la fraternidad humana y un gravísimo atentado a los derechos humanos y al ambiente. Los más pobres son los que más sufren estos atentados por un triple grave motivo: son descartados por la sociedad, son al mismo tiempo obligados a vivir del descarte y deben sufrir injustamente las consecuencias del abuso del ambiente. Estos fenómenos conforman la hoy tan difundida e inconscientemente consolidada «cultura del descarte».

Lo dramático de toda esta situación de exclusión e inequidad, con sus claras consecuencias, me lleva junto a todo el pueblo cristiano y a tantos otros a tomar conciencia también de mi grave responsabilidad al respecto, por lo cual alzo mi voz, junto a la de todos aquellos que anhelan soluciones urgentes y efectivas. La adopción de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible en la Cumbre mundial que iniciará hoy mismo, es una importante señal de esperanza. Confío también que la Conferencia de París sobre cambio climático logre acuerdos fundamentales y eficaces.

No bastan, sin embargo, los compromisos asumidos solemnemente, aun cuando constituyen un paso necesario para las soluciones. La definición clásica de justicia a que aludí anteriormente contiene como elemento esencial una voluntad constante y perpetua: Iustitia est constans et perpetua voluntas ius suum cuique tribuendi. El mundo reclama de todos los gobernantes una voluntad efectiva, práctica, constante, de pasos concretos y medidas inmediatas, para preservar y mejorar el ambiente natural y vencer cuanto antes el fenómeno de la exclusión social y económica, con sus tristes consecuencias de trata de seres humanos, comercio de órganos y tejidos humanos, explotación sexual de niños y niñas, trabajo esclavo, incluyendo la prostitución, tráfico de drogas y de armas, terrorismo y crimen internacional organizado. Es tal la magnitud de estas situaciones y el grado de vidas inocentes que va cobrando, que hemos de evitar toda tentación de caer en un nominalismo declaracionista con efecto tranquilizador en las conciencias. Debemos cuidar que nuestras instituciones sean realmente efectivas en la lucha contra todos estos flagelos.

La multiplicidad y complejidad de los problemas exige contar con instrumentos técnicos de medida. Esto, empero, comporta un doble peligro: limitarse al ejercicio burocrático de redactar largas enumeraciones de buenos propósitos –metas, objetivos e indicadores estadísticos–, o creer que una única solución teórica y apriorística dará respuesta a todos los desafíos. No hay que perder de vista, en ningún momento, que la acción política y económica, solo es eficaz cuando se la entiende como una actividad prudencial, guiada por un concepto perenne de justicia y que no pierde de vista en ningún momento que, antes y más allá de los planes y programas, hay mujeres y hombres concretos, iguales a los gobernantes, que viven, luchan y sufren, y que muchas veces se ven obligados a vivir miserablemente, privados de cualquier derecho.

Para que estos hombres y mujeres concretos puedan escapar de la pobreza extrema, hay que permitirles ser dignos actores de su propio destino. El desarrollo humano integral y el pleno ejercicio de la dignidad humana no pueden ser impuestos. Deben ser edificados y desplegados por cada uno, por cada familia, en comunión con los demás hombres y en una justa relación con todos los círculos en los que se desarrolla la socialidad humana –amigos, comunidades, aldeas y municipios, escuelas, empresas y sindicatos, provincias, naciones–. Esto supone y exige el derecho a la educación –también para las niñas, excluidas en algunas partes–, que se asegura en primer lugar respetando y reforzando el derecho primario de las familias a educar, y el derecho de las Iglesias y de agrupaciones sociales a sostener y colaborar con las familias en la formación de sus hijas e hijos. La educación, así concebida, es la base para la realización de la Agenda 2030 y para recuperar el ambiente.

Al mismo tiempo, los gobernantes han de hacer todo lo posible a fin de que todos puedan tener la mínima base material y espiritual para ejercer su dignidad y para formar y mantener una familia, que es la célula primaria de cualquier desarrollo social. Ese mínimo absoluto tiene en lo material tres nombres: techo, trabajo y tierra; y un nombre en lo espiritual: libertad del espíritu, que comprende la libertad religiosa, el derecho a la educación y los otros derechos cívicos.

Por todo esto, la medida y el indicador más simple y adecuado del cumplimiento de la nueva Agenda para el desarrollo será el acceso efectivo, práctico e inmediato, para todos, a los bienes materiales y espirituales indispensables: vivienda propia, trabajo digno y debidamente remunerado, alimentación adecuada y agua potable; libertad religiosa, y más en general libertad del espíritu y educación. Al mismo tiempo, estos pilares del desarrollo humano integral tienen un fundamento común, que es el derecho a la vida y, más en general, lo que podríamos llamar el derecho a la existencia de la misma naturaleza humana.

La crisis ecológica, junto con la destrucción de buena parte de la biodiversidad, puede poner en peligro la existencia misma de la especie humana. Las nefastas consecuencias de un irresponsable desgobierno de la economía mundial, guiado solo por la ambición de lucro y de poder, deben ser un llamado a una severa reflexión sobre el hombre: «El hombre no es solamente una libertad que él se crea por sí solo. El hombre no se crea a sí mismo. Es espíritu y voluntad, pero también naturaleza» (Benedicto XVI, Discurso al Parlamento Federal de Alemania, 22 septiembre 2011; citado en Laudato si’, 6). La creación se ve perjudicada «donde nosotros mismos somos las últimas instancias [...] El derroche de la creación comienza donde no reconocemos ya ninguna instancia por encima de nosotros, sino que solo nos vemos a nosotros mismos» (Id., Discurso al Clero de la Diócesis de Bolzano-Bressanone, 6 agosto 2008; citado ibíd.). Por eso, la defensa del ambiente y la lucha contra la exclusión exigen el reconocimiento de una ley moral inscrita en la propia naturaleza humana, que comprende la distinción natural entre hombre y mujer (cf. Laudato si’, 155), y el absoluto respeto de la vida en todas sus etapas y dimensiones (cf. ibíd., 123; 136).

Sin el reconocimiento de unos límites éticos naturales insalvables y sin la actuación inmediata de aquellos pilares del desarrollo humano integral, el ideal de «salvar las futuras generaciones del flagelo de la guerra» (Carta de las Naciones Unidas, Preámbulo) y de «promover el progreso social y un más elevado nivel de vida en una más amplia libertad» (ibíd.) corre el riesgo de convertirse en un espejismo inalcanzable o, peor aún, en palabras vacías que sirven de excusa para cualquier abuso y corrupción, o para promover una colonización ideológica a través de la imposición de modelos y estilos de vida anómalos, extraños a la identidad de los pueblos y, en último término, irresponsables.

La guerra es la negación de todos los derechos y una dramática agresión al ambiente. Si se quiere un verdadero desarrollo humano integral para todos, se debe continuar incansablemente con la tarea de evitar la guerra entre las naciones y entre los pueblos.

Para tal fin hay que asegurar el imperio incontestado del derecho y el infatigable recurso a la negociación, a los buenos oficios y al arbitraje, como propone la Carta de las Naciones Unidas, verdadera norma jurídica fundamental. La experiencia de los 70 años de existencia de las Naciones Unidas, en general, y en particular la experiencia de los primeros 15 años del tercer milenio, muestran tanto la eficacia de la plena aplicación de las normas internacionales como la ineficacia de su incumplimiento. Si se respeta y aplica la Carta de las Naciones Unidas con transparencia y sinceridad, sin segundas intenciones, como un punto de referencia obligatorio de justicia y no como un instrumento para disfrazar intenciones espurias, se alcanzan resultados de paz. Cuando, en cambio, se confunde la norma con un simple instrumento, para utilizar cuando resulta favorable y para eludir cuando no lo es, se abre una verdadera caja de Pandora de fuerzas incontrolables, que dañan gravemente las poblaciones inermes, el ambiente cultural e incluso el ambiente biológico.

El Preámbulo y el primer artículo de la Carta de las Naciones Unidas indican los cimientos de la construcción jurídica internacional: la paz, la solución pacífica de las controversias y el desarrollo de relaciones de amistad entre las naciones. Contrasta fuertemente con estas afirmaciones, y las niega en la práctica, la tendencia siempre presente a la proliferación de las armas, especialmente las de destrucción masiva como pueden ser las nucleares. Una ética y un derecho basados en la amenaza de destrucción mutua –y posiblemente de toda la humanidad– son contradictorios y constituyen un fraude a toda la construcción de las Naciones Unidas, que pasarían a ser «Naciones unidas por el miedo y la desconfianza». Hay que empeñarse por un mundo sin armas nucleares, aplicando plenamente el Tratado de no proliferación, en la letra y en el espíritu, hacia una total prohibición de estos instrumentos.

El reciente acuerdo sobre la cuestión nuclear en una región sensible de Asia y Oriente Medio es una prueba de las posibilidades de la buena voluntad política y del derecho, ejercitados con sinceridad, paciencia y constancia. Hago votos para que este acuerdo sea duradero y eficaz y dé los frutos deseados con la colaboración de todas las partes implicadas.

En ese sentido, no faltan duras pruebas de las consecuencias negativas de las intervenciones políticas y militares no coordinadas entre los miembros de la comunidad internacional. Por eso, aun deseando no tener la necesidad de hacerlo, no puedo dejar de reiterar mis repetidos llamamientos en relación con la dolorosa situación de todo el Oriente Medio, del norte de África y de otros países africanos, donde los cristianos, junto con otros grupos culturales o étnicos e incluso junto con aquella parte de los miembros de la religión mayoritaria que no quiere dejarse envolver por el odio y la locura, han sido obligados a ser testigos de la destrucción de sus lugares de culto, de su patrimonio cultural y religioso, de sus casas y haberes y han sido puestos en la disyuntiva de huir o de pagar su adhesión al bien y a la paz con la propia vida o con la esclavitud.

Estas realidades deben constituir un serio llamado a un examen de conciencia de los que están a cargo de la conducción de los asuntos internacionales. No solo en los casos de persecución religiosa o cultural, sino en cada situación de conflicto, como en Ucrania, en Siria, en Irak, en Libia, en Sudán del Sur y en la región de los Grandes Lagos, hay rostros concretos antes que intereses de parte, por legítimos que sean. En las guerras y conflictos hay seres humanos singulares, hermanos y hermanas nuestros, hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, niños y niñas, que lloran, sufren y mueren. Seres humanos que se convierten en material de descarte cuando solo la actividad consiste en enumerar problemas, estrategias y discusiones.

Como pedía al Secretario General de las Naciones Unidas en mi carta del 9 de agosto de 2014, «la más elemental comprensión de la dignidad humana [obliga] a la comunidad internacional, en particular a través de las normas y los mecanismos del derecho internacional, a hacer todo lo posible para detener y prevenir ulteriores violencias sistemáticas contra las minorías étnicas y religiosas» y para proteger a las poblaciones inocentes.

En esta misma línea quisiera hacer mención a otro tipo de conflictividad no siempre tan explicitada pero que silenciosamente viene cobrando la muerte de millones de personas. Otra clase de guerra viven muchas de nuestras sociedades con el fenómeno del narcotráfico. Una guerra «asumida» y pobremente combatida. El narcotráfico por su propia dinámica va acompañado de la trata de personas, del lavado de activos, del tráfico de armas, de la explotación infantil y de otras formas de corrupción. Corrupción que ha penetrado los distintos niveles de la vida social, política, militar, artística y religiosa, generando, en muchos casos, una estructura paralela que pone en riesgo la credibilidad de nuestras instituciones.

Comencé esta intervención recordando las visitas de mis predecesores. Quisiera ahora que mis palabras fueran especialmente como una continuación de las palabras finales del discurso de Pablo VI, pronunciado hace casi exactamente 50 años, pero de valor perenne: «Ha llegado la hora en que se impone una pausa, un momento de recogimiento, de reflexión, casi de oración: volver a pensar en nuestro común origen, en nuestra historia, en nuestro destino común. Nunca, como hoy, [...] ha sido tan necesaria la conciencia moral del hombre, porque el peligro no viene ni del progreso ni de la ciencia, que, bien utilizados, podrán [...] resolver muchos de los graves problemas que afligen a la humanidad» (Discurso a los Representantes de los Estados, 4 de octubre de 1965). Entre otras cosas, sin duda, la genialidad humana, bien aplicada, ayudará a resolver los graves desafíos de la degradación ecológica y de la exclusión. Continúo con Pablo VI: «El verdadero peligro está en el hombre, que dispone de instrumentos cada vez más poderosos, capaces de llevar tanto a la ruina como a las más altas conquistas» (ibíd.).

La casa común de todos los hombres debe continuar levantándose sobre una recta comprensión de la fraternidad universal y sobre el respeto de la sacralidad de cada vida humana, de cada hombre y cada mujer; de los pobres, de los ancianos, de los niños, de los enfermos, de los no nacidos, de los desocupados, de los abandonados, de los que se juzgan descartables porque no se los considera más que números de una u otra estadística. La casa común de todos los hombres debe también edificarse sobre la comprensión de una cierta sacralidad de la naturaleza creada.

Tal comprensión y respeto exigen un grado superior de sabiduría, que acepte la trascendencia, renuncie a la construcción de una elite omnipotente, y comprenda que el sentido pleno de la vida singular y colectiva se da en el servicio abnegado de los demás y en el uso prudente y respetuoso de la creación para el bien común. Repitiendo las palabras de Pablo VI, «el edificio de la civilización moderna debe levantarse sobre principios espirituales, los únicos capaces no sólo de sostenerlo, sino también de iluminarlo» (ibíd.).

El gaucho Martín Fierro, un clásico de la literatura en mi tierra natal, canta: «Los hermanos sean unidos porque esa es la ley primera. Tengan unión verdadera en cualquier tiempo que sea, porque si entre ellos pelean, los devoran los de afuera».

El mundo contemporáneo, aparentemente conexo, experimenta una creciente y sostenida fragmentación social que pone en riesgo «todo fundamento de la vida social» y por lo tanto «termina por enfrentarnos unos con otros para preservar los propios intereses» (Laudato si’, 229).
El tiempo presente nos invita a privilegiar acciones que generen dinamismos nuevos en la sociedad hasta que fructifiquen en importantes y positivos acontecimientos históricos (cf. Evangelii gaudium, 223). No podemos permitirnos postergar «algunas agendas» para el futuro. El futuro nos pide decisiones críticas y globales de cara a los conflictos mundiales que aumentan el número de excluidos y necesitados.

La laudable construcción jurídica internacional de la Organización de las Naciones Unidas y de todas sus realizaciones, perfeccionable como cualquier otra obra humana y, al mismo tiempo, necesaria, puede ser prenda de un futuro seguro y feliz para las generaciones futuras. Lo será si los representantes de los Estados sabrán dejar de lado intereses sectoriales e ideologías, y buscar sinceramente el servicio del bien común. Pido a Dios Todopoderoso que así sea, y les aseguro mi apoyo, mi oración y el apoyo y las oraciones de todos los fieles de la Iglesia Católica, para que esta Institución, todos sus Estados miembros y cada uno de sus funcionarios, rinda siempre un servicio eficaz a la humanidad, un servicio respetuoso de la diversidad y que sepa potenciar, para el bien común, lo mejor de cada pueblo y de cada ciudadano.

La bendición del Altísimo, la paz y la prosperidad para todos ustedes y para todos sus pueblos. Gracias.