
Norelys Morales Aguilera.— En mis dos artículos anteriores sobre
este tópico, me he ajustado rigurosamente a hechos comprobados e
informes fidedignos. En este, con el cual concluyo el asunto, daré una
opinión personal, pues aquí no atenta contra la objetividad.
Cito a José Martí, con la salvedad de que las pocas veces que lo hago,
siempre reviso el lugar exacto de la referencia, el contexto, la fecha, y
jamás me permitiría usar festinadamente ninguno de sus asertos o
ponerlos de ropaje a un juicio mío, porque como hombre total, siento por
él un dulce y filial respeto; amo al ser humano y comprendo la
genialidad del estadista.
Hace unas horas he leído el intercambio de correspondencia entre el
presidente de Costa Rica, Luis Guillermo Solís, y el cantautor cubano,
Silvio Rodríguez, sentí un latigazo, que me hizo pensar largamente.
Busqué al Martí que llevo dentro, y comprendí mi desazón, respiré, como
quien pidiera del aire su Prana. No es misticismo.
Esta es la afirmación de José Martí que he recordado: "... la política
es una resolución de ecuaciones. Y la solución falla cuando la ecuación
ha sido mal propuesta." [1]
Solís y Silvio han preferido el apretón de manos, lo cual es conveniente
y muy civilizado, pero antes, deberían plantear la ecuación
correctamente, dado que el arribo de cubanos hoy varados en Costa Rica,
lamentablemente, está politizado.
Al escribir esto sé que habrá quien, salga por lo accesorio o por el
ciberchancleteo, que detesto. Pero, argumentos hay, y que conste, que el
lado humano del asunto de estos cubanos, por ellos o sus familias que
aquí en la Isla sufren, sí me importa y muchísimo.
Usted puede discrepar o estar de acuerdo, en cualquier caso es su
opinión, tan válida como la mía. Y, en asuntos humanos, no me interesa
la "propiedad moral" de la razón.
A continuación el intercambio de correspondencia.
A Silvio Rodríguez
Querido Silvio
Luis Guillermo Solís Rivera
Presidente de Costa Rica
Le pido disculpas por decirle “querido” Silvio sin haber tenido el
placer de conocerlo personalmente. Sin embargo, ¿cómo no decirle
“querido” al trovador que ha llenado tantas de mis noches de inspiración
y tantos de mis días de luz? ¿Cómo no decirle “querido” a quien me hizo
descubrir, también a mí, el unicornio azul que habitaba en mi jardín?
Entonces, con su venia querido Silvio, le escribo para contarle una
historia de amor que queremos que siga siéndolo.
Sus hermanos cubanos, los que hoy están de paso por Costa Rica, se
encuentran acogidos –la gran mayoría de ellos- en uno de los cantones
más pobres de nuestro país: La Cruz. ¿Y sabe lo más grande?, que esos
costarricenses pobres en lo material no han escatimado ni esfuerzos ni
solidaridad para atender a sus hermanas y hermanos migrantes.
No habría que sorprenderse de que sean los pobres los que más dan (no en
vano Cristo les hizo herederos del Cielo). Aquí y en todas partes
quienes menos posesiones materiales atesoran saben mejor que nadie lo
que significa ofrecer hasta lo que no se tiene. Lo que sí es
extraordinario es que tengan tanta lucidez, tanta sensibilidad, más,
ciertamente, que muchos políticos que se niegan a reconocer a estos
viajeros como personas sujetas de Derecho (internacional y local), y
depositarias de toda la dignidad de que son titulares.
Estas ciudadanas y ciudadanos costarricenses, apoyados por instituciones
públicas y privadas, por las organizaciones multilaterales (Alto
Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, Organización
Internacional para las Migraciones, Cruz Roja Internacional), y grupos
organizados de la sociedad civil, entre los que sobresalen la Pastoral
Social Católica (CÁRITAS) y las iglesias evangélicas, han acogido a las y
los migrantes con cariño, fraternalmente, y le han demostrado a nuestra
América –a la suya y a la mía, querido Silvio- que otro mundo sí es
posible.
Podríamos escribir muchos ensayos buscando los culpables de este drama
humano. Usted ya señaló a algunos en su primer escrito. Yo podría
adicionar otros. Pero perderíamos mucho tiempo inculpándonos cuando lo
que necesitamos es garantizar el paso seguro y pronto a las y los
migrantes. Por eso he insistido en que Nicaragua y Costa Rica, que
tienen temas pendientes en su agenda bilateral, harían mal en colocar la
situación de los migrantes en “clave geopolítica”. Dejemos que sean los
tribunales internacionales y la diplomacia los que resuelvan nuestros
entuertos y mientras lo hacen, que en algún caso será pronto, permitamos
que la gente pase y lo haga desde aquí hasta su destino final con
seguridad y tranquilidad. Esta es una situación humanitaria, se lo puedo
asegurar, no un “casus belli” como el que algunas mentes calenturientas
quieren presentar.
Dentro de pocas semanas espero visitar oficialmente Cuba. Iré a pagar
mis respetos a su pueblo y a dialogar con su Gobierno. En esa ocasión
espero conocerlo personalmente. Pero mientras tanto, permítame decirle
esto: a finales del siglo XIX varios cubanos universales, Martí y los
hermanos Maceo, vivieron entre nosotros. Casualmente, los Maceo fundaron
un pueblo/ingenio en la provincia de Guanacaste: la Mansión de Nicoya,
pocos kilómetros al sur de donde hoy se hospedan 2200 compatriotas
suyos. Quiero pensar que mi país será tan hospitalario con las y los
cubanos de hoy como lo fue entonces con aquellos dos que salieron de
Costa Rica a su martirio libertario en Cuba. Y, como entonces, espero
que cuando se escriba la historia, se recuerde que en este pequeño
pedazo de América se respeta a la gente, a toda la gente, más que a los
intereses de unos pocos. Esa lección la están enseñando otra vez,
nuestros hermanos querido Silvio, los que pasan y los que viven, en La
Cruz de Guanacaste.
A Sr. Luis Guillermo Solís Rivera,
Presidente de la República de Costa Rica.
Silvio Rodríguez
Gracias, Sr. Presidente Solís, por sus cálidas palabras personales.
Gracias muy grandes por acoger a mis conciudadanos. Tampoco a mi me
extraña que sean lo pobres los primeros que dan el paso al frente. En
todas partes los que sufren son los más generosos.
Igual que Ud., considero lamentable que seres humanos, a los ojos de
otros, dejen de verse como tales para ser simples piezas de un ajedrez
político. Cuba toda, mi país en pleno con sus millones habitantes, viene
sufriendo una distorsión semejante desde hace más de medio siglo, sólo
por querer ser soberana, como nos enseñaron aquellos dos ilustres
huéspedes de Costa Rica, José Martí y Antonio Maceo.
Nos han querido separar de Nuestra América, de la que somos parte. Y,
como a Prometeo, han pretendido mantenernos lejos, para que un mito
horrendo nos devore. Hoy, a pesar de la extraordinaria resistencia de
nuestro pueblo, arrastramos complejas secuelas de una guerra económica
implacable, que se mantiene intacta, lacerando nuestra unidad.
Será un honor para mi estrechar su mano, aunque sea un instante, cuando
visite mi país, donde conocerá el verdadero corazón de un pueblo digno y
generoso, como el suyo.
Silvio Rodríguez Domínguez
http://www.yohandry.com/index.php/cuba-usa/3138-silvio-rodriguez-y-presidente-de-costa-rica-intercambian-sobre-la-presencia-de-emigrados-cubanos-en-ese-paishttp://segundacita.blogspot.com/2015/11/hay-que-hacer-algo.html
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Cubanos en Costa Rica: son deportados. Parte 1Cubanos en Costa Rica: EE.UU. debe habilitarles vuelos chárter. Parte 2Nota
[1] Obras Completas de José Martí. Tomo 1. Página 332. Artículo "La
Agitación Autonomista." Publicado en Patria, Nueva York, 19 de marzo de
1892.