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domingo, 25 de febrero de 2018

¿Agenda secreta en la visita de ejecutivos de Google a #Cuba?


Percy Francisco Alvarado Godoy
A propósito de las más recientes acciones desestabilizadoras de Estados Unidos contra nuestro país, Razones de Cuba continúa compartiendo con sus lectores artículos publicados con anterioridad en este y otros medios, pero que evidencian los reiterados intentos de ese gobierno por subvertir el orden interno en la Isla, fundamentalmente a través de acciones que responden al concepto de Ciberguerra.
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Como es conocido mundialmente, el actual presidente de Google, Eric Schmidt, visitó Cuba junto con otros directivos como Jared Cohen, así como otro par de funcionarios de esta compañía, con el supuesto propósito de “promover las virtudes de una internet libre y abierta”.
Luego de dos días de visita, los empresarios tuvieron contactos oficiales, visitaron algunos centros de interés como la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI) y, como era de esperarse, se encontraron con la bloguera contrarrevolucionaria Yoani Sánchez.

Apenas culminaron las visitas, Schmidt realizó varias declaraciones que expresaron su visión emanada de una corta visita, tales como:

● El bloqueo no tiene sentido para los intereses norteamericanos.
● Evidente atraso tecnológico cubano.
● Necesidad de tomar acciones para evitar que se fomente el empleo en Cuba de la tecnología asiática.
● Fomentar la libertad de expresión y promover un mayor acceso a Internet en la población.
● Su oposición a que se mantenga a Cuba por parte de EE UU en la lista de estados patrocinadores del terrorismo.
● Criticó las restricciones de los norteamericanos para viajar a Cuba. En este sentido, declaró: “Estas políticas desafían la razón: hay docenas de países que llamamos nuestros aliados, y a los cuales somos libres de viajar, que representan mucho peores amenazas y preocupaciones para Estados Unidos que Cuba”.
● Sugirió una apertura económica para Cuba, así como reclamó el desmonte del “embargo” norteamericano.

¿Quién es realmente Eric Schmidt?
Se ha podido comprobar que el señor Schmidt se encuentra además vinculado a una de las
organizaciones involucradas en la guerra ideológica anticubana, la New America Foundation, de la cual es Chairman de la Junta de Administradores.

Esta fundación, creada en 1999, es dirigida actualmente por Anne-Marie Masacre y la misma está integrada por un grupo de dirigentes relacionados con los servicios de inteligencia norteamericanos. Es por ello, que no resulta extraño que la New America Foundation (NAF) sea el principal socio de la USAID para la promoción injerencista de programas subversivos contra Cuba. Sus programas, dirigidos hacia una supuesta “democratización” en la Isla, le han permitido a NAF recibir millonarias sumas de dinero para estos propósitos desestabilizadores. Para nadie es un secreto que cuenta con un presupuesto público –sin contar otras partidas secretas o enmascaradas-, de cerca de 4,3 millones de USD para el período que media entre septiembre de 2012 hasta septiembre de 2015.

La New America Foundation goza de una privilegiada asignación de fondos de diversas fuentes, entre las que se destacan la USAID, el Departamento de Estado y otras, que la colocan por encima de la Fundación de Derechos Humanos en Cuba (FDHC) –dependencia de la FNCA-, la cual recibe 3,4 millones de USD y por encima Grupo de Apoyo a la Democracia, el cual recibe 3 millones de USD.
La New America Foundation también supera en disponibilidad de fondos para su gestión subversiva, para el período desde septiembre de 2011 a septiembre de 2014, a organizaciones como la Fundación Panamericana para el Desarrollo (3,9 millones de USD), la International Relief and Development (3,5 millones de USD) y al Instituto Nacional Demócrata (2,3 millones de USD; así como otras subvenciones a organizaciones que abarca el período desde septiembre 2012 a septiembre 2015, como los es el Instituto Republicano Internacional (3 millones de USD).

También se ha hecho público el vínculo de Schmidt y su New America Foundation en programas ya implementados contra Cuba por la USAID. Uno de estos programas subversivos se desnudó al implicar al Open Technology Institute (OTI), en el 2012, quien se subordina a la New America Foundation, en un intento de aplicar el software Commotion, ya probado en Túnez, en la guerra sicológica contra la Isla.

Según The New York Times, el engendro de esta red se probó en el 2011 como herramienta mediática para lograr el derrocamiento del presidente Zine al-Abidin Ben Ali.

Por otra parte, Radio Free Asia, una ONG financiada por EE UU, a su vez financista de America Foundation, también se ha vinculado al acelerado proceso de implementación de herramientas de subversión online en naciones “enemigas” de la política norteamericana.

Estos proyectos, a cargo del Departamento de Estado y la USAID, con parte del financiamiento otorgado a la Fundación Nueva América –con vistas de implementarlo en Cuba-,  tienen grupos de trabajo integrados por especialistas en informática, hackers y grupos opositores en diversos países como Cuba, Venezuela, Ecuador, Bolivia, Vietnam, Corea del Norte, Siria. Irán, China, entre otros. La idea básica es lograr establecer campañas sicológicas, propagación de rumores e incitaciones, mediante el empleo de redes alternativas no controladas por los gobiernos.

Baste decir que el 4 de octubre de 2013 la New America Foundation recibió de la USAID cerca de 4,3 millones de USD para financiar Commotion, para implementar su aplicación en Cuba y Corea del Norte.

Dentro de estas estrategias se encuentra Piramideo.es, basada en el envío múltiple de SMS desde los teléfonos celulares.

Schmidt no es totalmente ajeno a la implementación de Zunzuneo, denunciado por la agencia AP en abril pasado.

Los compadres de Eric Schmidt en la New America Foundation

La New America Foundation es un nido de especialistas en la elaboración de herramientas tecnológicas para subvertir el orden institucional en otras naciones, así como en la implementación de planes desestabilizadores debidamente estructurados. Prueba de ellos es que varios de los miembros de su directiva han estado vinculados directamente a las estructuras de poder en EE UU. La actual presidente de la misma, Anne-Marie Masacre, se desempeñó entre 2009-2011 como Directora de Planificación de Políticas del Departamento de Estado de los Estados Unidos, recibiendo premios diversos por su gestión, incluyendo el de Servicios Meritorios de la USAID y el del Comandante Supremo Aliado para Europa.

Por su parte, Sharon Burke, actual asesor de la Fundación New America, especializada en seguridad internacional, sirvió en la Subsecretaría de Defensa en el gobierno de Obama, así como ocupó altos cargos en el gobierno de George W. Bush.

Otro de los compañeros de Schmidt, Tim Maurer, se dedica a asuntos relacionados con la ciberguerra, así como proyectos de promoción de la libertad de Internet. Maurer trabajó en el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales.

Otra de las especialistas vinculadas a Schmidt es Emily Schneider quien funge como investigador asociado en el Programa de Seguridad Nacional en la New America Foundation y trabajó en el Instituto para la Seguridad Nacional y Contraterrorismo, un centro de investigación conjunta a Maxwell de la Universidad de Syracuse School y Facultad de Derecho, con fuertes vínculos con la CIA, el NHS y la CIA.

Otro de los personajes de la New America Foundation, James Willis, quien goza de amplia experiencia en asuntos financieros, ha trabajado en la gestión de programas, la supervisión de los proyectos de desarrollo de la salud financiados por USAID en Europa central y oriental y como voluntario del Cuerpo de Paz en Lituania.

¿Quiénes financian esta fundación?

Además del financiamiento que ofrece la USAID, Schmidt y sus cómplices de la NAF reciben financiamiento público de diversas fuentes, aunque existe la evidencia de que muchos de esos donantes son tapaderas de los servicios norteamericanos. A grandes rasgos, estos donantes son:
Con más de un millón de dólares:
Departamento de Estado de EE.UU., Fundación Bill y Melinda Gates, Fundación Lumina y Eric y Wendy Schmidt.

Desde 250,000 USD hasta 990,000:

Fundación Ford, Fundación Annie E. Casey, Universidad del Estado de Arizona, Corporación Carnegie, Fundación Citi, La Fundación Nathan Cummings, Fundación Ford, Fundación para el Desarrollo del Niño, Fundación para la Promoción de la Sociedad Abierta, Google, Inc., Fundación Joyce, Carolyn y Jeffrey Leonard, Fundación MacArthur, Fundación Charles Stewart Mott, Iniciativa de Pritzer Niños, Radio Free Asia, Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y Proyecto 11th Hour.

Otros financistas de interés:

Jennifer y Jonathan Allan (Fundación Soros), Facebook, Microsoft Corporation, Fundación Open Society Institute de Budapest, Fuente de la Fundación Esperanza, Rockefeller Brothers Fund, Inc.,  La Fundación Rockefeller, El Grupo del Banco Mundial, entre otros.
Conclusiones

El nuevo encuentro de la mercenaria Yoani Sánchez con los directivos de Google –recuérdese que hubo otro anterior durante la visita de la misma a Silicon Valley, en noviembre del 2013-, parece ser un espaldarazo de este monopolio de Internet a la actividad subversiva contra Cuba, así como de sus vínculos con los programas subversivos patrocinados por la USAID.

La propia bloguera mercenaria Yoani Sánchez comentó que los altos ejecutivos de Google y Twitter le habían prometido la creación de herramientas tecnológicas para desarrollar su actividad provocadora dentro de Cuba.

La visita de Schmidt tuvo otra agenda oculta, bien pensada y definida, fuera de curiosear sobre la realidad cubana actual, y fue la de tratar de ver sobre el terreno las posibilidades reales de implementar nuevos programas subversivos contra Cuba.

Blog Descubriendo Verdades

jueves, 17 de noviembre de 2016

Subvirtiendo a Cuba: Huellas de una política centenaria (Parte I)

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Por Ana Mazón y Aymara Vigil


Desde hace más de 100 años, las relaciones entre Cuba y Estados Unidos viven en un clima de tensión, en los que la nación norteamericana ha impuesto sus tratados injerencistas y ha desafiado cualquier lógica de respeto a la autodeterminación de esta Isla caribeña.

Cuando en 1898, España iba perdiendo la guerra iniciada por los cubanos, en un nuevo y enérgico esfuerzo por conquistar la tan anhelada independencia de la metrópoli española, los Estados Unidos vieron la oportunidad ideal de cumplir con los deseos de sus padres fundadores y apoderarse de la Isla, para ligar indisolublemente el destino de la nación a los intereses del norte. Siguiendo esta estrategia, Theodore Roosevelt exhortó al presidente Mckinley para que interviniera en la guerra, truncando la victoria del casi triunfador Ejército Libertador[1].

La ocupación militar norteamericana tenía un objetivo bien determinado: impedir la independencia de Cuba. El Tratado de París, firmado sin la presencia de los mambises cubanos, transformó a la Isla en una neocolonia de Estados Unidos, imponiendo así la dominación política, económica y cultural de la Casa Blanca. Sin embargo, en aquel entonces los cubanos representaban posiciones políticas diversas, y no supieron aunar esfuerzos en pos de conformar un frente unido contra los cambios que se iban produciendo en el país.

El periodista francés Salim Lamrani, especialista en las relaciones Cuba-Estados Unido, reconoce en su libro Cuba, lo que nunca le dirán los medios, que si bien el Triunfo Revolucionario de 1959 no fue bien recibido por la Casa Blanca, sí se reconoció al nuevo gobierno de La Habana, pues, en aquel momento, Washington no creía afectados sus intereses en la Isla y la preocupación por  la sombra del comunismo no parecía preocuparles.

De hecho, ese mismo año, el Secretario de Estado Adjunto para Asuntos Interamericanos, Roy R. Rubottom, aclaraba que “era imposible adjudicar la  etiqueta de comunista al movimiento de Castro”. Una afirmación entendible para el momento, pues se trataba de un nuevo gabinete integrado mayoritariamente por anticomunistas, lo que le producía a la Casa Blanca una leve tranquilidad.
Sin embargo, aquella tranquilidad era solo en apariencias. Eva Golinger y Jean-Guy Allard en su libro USAID, NED y CIA. La agresión permanente, revelan que Fulgencio Batista, en el propio mes de enero de 1959, recibió una propuesta de la CIA a través del millonario William D. Paley, para que se asilara en sus propiedades en Estados Unidos, con el fin de preparar el retorno del ex presidente a La Habana; un empeño que se prolongó durante ocho años.

No obstante, este no fue el único movimiento de la CIA durante el primer año de Revolución. Hacia finales de enero esta agencia creó el primer grupo terrorista y anticastrista, denominado la Rosa Blanca. Una organización cuyo único propósito sería restaurar el poder “pro-yanqui” en La Habana.
El nuevo gobierno revolucionario de La Habana, comenzaba con gran rapidez la realización de numerosas acciones, como parte de un proyecto social más humano y equitativo. Los servicios de salud pública, el acceso a productos de primera necesidad por parte de los sectores más humildes y la nacionalización de empresas controladas y disfrutadas por los consorcios estadounidenses, eran solo el principio de una serie de cambios radicales que incluyó una Ley de Reforma Agraria y el fin del latifundio. Para julio de 1959, ya Estados Unidos había comprendido que debía actuar, pues los intereses de Washington comenzaban a ser afectados.

Las medidas que iba adoptando el gobierno cubano comenzaban a perturbar seriamente los intereses estadounidenses y no solo en términos financieros. La instauración de tribunales revolucionarios en los que se juzgó y condenó a los criminales y asesinos del régimen batistiano, fue el punto de partida para una campaña mediática internacional iniciada por Estados Unidos contra la Revolución Cubana.
El periodista y ex oficial CIA, Philip Agee, autor además del libro Inside the company, corrobora las intenciones reales de la Agencia norteamericana y relata que solo tres meses después del triunfo revolucionario, en marzo de 1959, el Jefe de la Estación de la CIA en la Embajada de EE.UU en Cuba, envió al colaborador periodista Andrew St. George a un encuentro con Ernesto Guevara, quien en aquel entonces se encontraba a cargo de los tribunales revolucionarios. La intención era negocial la liberación de José Castaño, subjefe del BRAC, (Buró de Represión de las Actividades Comunistas) una de las más terroríficas organizaciones represivas con que contaba Batista.

“Después de escuchar a St. George durante casi todo un día, Che le dijo que informara al jefe de la CIA que Castaño iba a morir, si no por haber sido un verdugo de Batista, entonces por ser un agente de la CIA. St. George partió del cuartel del Che en la fortaleza de La Cabaña a la Embajada de EE.UU., frente al Malecón, a entregar el mensaje. Al escuchar las palabras del Che, el jefe de la CIA respondió solemnemente: Esta es una declaración de guerra”[2].

Era el comienzo de una hostilidad en la que Cuba ha sido víctima de  agresiones que incluyen la propaganda para denigrar el sistema revolucionario, actos terroristas, guerra bacteriológica, invasiones militares, terrorismo diplomático, múltiples complots para asesinar a Fidel Castro y otros dirigentes, subversión ideológica y en los últimos tiempos, un incremento de estrategias de guerra mediática con el fin de fomentar una oposición política interna disfrazada de sociedad civil independiente que contribuya a acabar con el gobierno revolucionario

Si realizáramos un recorrido por la historia de Cuba, enseguida se comprendería  que el terrorismo de estado contra nuestra Isla ha sido punto constante en la agenda de trabajo de las sucesivas administraciones norteamericanas. Múltiples investigaciones del Congreso norteamericano, documentos desclasificados y testimonios así lo corroboran.Miami, centro de organización de casi todas las operaciones, concentra un amplio sector de la emigración cubana que abandonó el país al triunfo revolucionario y en la que se encuentran antiguos oficiales de Batista, asesinos y torturadores que huyeron de la justicia en Cuba y miembros de la burguesía que viajaron llevándose parte de sus fortunas, con las que han colaborado con este accionar terrorista.

Con el apoyo de la CIA, los grupos terroristas cubanos han operado abiertamente en estrecho vínculo con la sección paramilitar de la Fundación Nacional Cubano-Americana (otra producción CIA) y han realizado entrenamientos con los comandos F4, uno de los grupos terroristas actualmente establecidos en el área. A pesar de las pruebas, el Buró de Investigaciones Federales (FBI por sus siglas en inglés) ha declarado que dichas actividades no constituyen una prioridad para ellos.

El aparato de la CIA establecido en Miami se extiende a todas las esferas de la vida cotidiana en esa ciudad, la alcaldía, los centros nocturnos, la policía y los tribunales. “Mafiosos determinan quien será juez al tribunal supremo estatal, quién manejará la oficina local del FBI, quién se apoderará de los más jugosos contratos federales”[3].

A inicios de la década del ´80, la administración de Ronald  Reagan comprendió que en Cuba se necesitaría más que las operaciones terroristas para imponer un cambio de gobierno. El presidente estadounidense percibió que la inmensa mayoría del pueblo cubano apoyaba el proceso revolucionario y denunciaba las agresiones por parte de Estados Unidos. Por ello, se precisaba promover la transición desde los ciudadanos. Para Reagan, el nuevo programa “construiría una infraestructura democrática en todo el mundo siguiendo el ejemplo europeo de apoyo abierto, impulsando la marcha de la libertad y la democracia”[4].

Poco a poco, el uso de la propaganda subversiva pasaría a las primeras filas para el combate contra el gobierno cubano. La estrategia fue retratada con minuciosidad por Allen W. Dulles, ex Director de la CIA entre 1953 y 1961, en su libro El Arte de la Inteligencia, donde precisaba: “…Gracias a su diversificado sistema propagandístico, Estados Unidos debe imponerle su visión, estilo de vida e intereses particulares al resto del mundo, en un contexto internacional donde nuestras grandes corporaciones transnacionales contarán siempre con el despliegue inmediato de las fuerzas armadas, en cualquier zona geográfica, aún las más distantes. Sin que le asista a ninguno de los países agredidos el derecho natural a defenderse”[5].

De esta forma, Cuba pasó a formar parte de un nuevo programa estadounidense, cuyo objetivo sería financiar el desarrollo de organizaciones no-gubernamentales y voluntarias dentro de la sociedad civil. En este propósito, tres organizaciones serían las principales rectoras de dicho programa: la CIA, la Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID) y la entonces recién creada Fundación Nacional por la Democracia (NED por sus siglas en inglés).

Según Philip Agee, no se trataba de un programa novedoso, ya que desde 1947 la Agencia Central de Inteligencia había financiado el trabajo de ONG´s que incluían partidos políticos, sindicatos, organizaciones juveniles y empresariales, organismos cívicos y comunidades religiosas y culturales.
“A través de los años la CIA ejerció una inmensa influencia entre bastidores en numerosos países, utilizando a estos poderosos elementos de la sociedad civil para penetrar, dividir, debilitar y destruir las correspondientes organizaciones enemigas en la izquierda y, por cierto, para imponer cambios de régimen derrocando gobiernos indeseables”[6].

En este punto valdría la pena preguntarse ¿Cómo funcionan realmente estas organizaciones?

Continuará…
[1] Salim Lamrani, Cuba lo que los medios no dirán, Editorial José Martí, La Habana, 2011.
[2] Philip Agee: La sociedad civil y los disidentes. http: //www.lajiribilla.cu/2003/n115_07/115_01.html
[3] Jean-Guy Allard y Eva Golinger: USAID, NED y CIA. La agresión permanente, Editorial del Ministerio del Poder Popular para la Comunicación y la Información, Caracas, 2009.
[4] Philip Agee: La sociedad civil y los disidentes. http: //www.lajiribilla.cu/2003/n115_07/115_01.html
[5] Francisco Ameliach: El Arte de la Inteligencia de Allen W. Dulles, 2014 http://ameliach.psuv.org.ve/2014/03/08/portada/el-arte-de-la-inteligencia-de-allen-w-dulles/
[6] Philip Agee: La sociedad civil y los disidentes. http: //www.lajiribilla.cu/2003/n115_07/115_01.html