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viernes, 9 de marzo de 2018

Minrex: Abortada provocación anticubana en vísperas de las elecciones



Pastrana y Quiroga en salón del Aeropuerto José Martí en La Habana. Foto tomada de Twitter de Andrés Pastrana

Una nueva provocación anticubana se ha intentado orquestar desde el exterior, mediante el otorgamiento de un “premio”, con el objetivo de interferir en los asuntos internos de Cuba, generar inestabilidad, afectar la imagen del país y las relaciones diplomáticas de Cuba con otros Estados.
La operación se ha realizado con el financiamiento y apoyo de la contrarrevolución externa y de otras organizaciones internacionales como la llamada Iniciativa Democrática de España y las Américas (IDEA), la Fundación para la Democracia Panamericana, la Fundación Memorial de las Víctimas del Comunismo, y utilizando como instrumento un grupúsculo ilegal anticubano. Como ya es habitual en cualquier iniciativa reaccionaria de nuestra región, no faltó el involucra-miento del Secretario General de la OEA.

Cabría recordar que el pasado año se intentó una operación similar, en la que además de los ya mencionados participaron el Centro Democracia y Comunidad, el Centro de Estudios y Gestión para el Desarrollo de América Latina (CADAL) y el Instituto Interamericano para la Democracia, del terrorista y agente de la CIA Carlos Alberto Montaner, quienes se han mantenido activamente trabajando contra Cuba y de quienes se conocen sus vínculos con la Fundación Nacional para la Democracia de Estados Unidos (NED, por sus siglas en inglés), que recibe fondos del gobierno de ese país para implementar sus programas subversivos contra Cuba.

Estas organizaciones tienen sobradas credenciales como agentes de la injerencia y la subversión contra los gobiernos progresistas de Nuestra América con el propósito de destruirlos, para lo cual han dedicado significativos esfuerzos y recursos. Curiosamente, guardan silencio cómplice sobre la amenaza del uso de la fuerza y la instigación reciente de EE.UU a golpes militares contra la República Bolivariana de Venezuela, callan ante los golpes de estado en el continente, no denuncian el hambre y la pobreza, ni la discriminación racial y religiosa que están presentes en nuestra región.
No pueden contar tampoco nuestros pueblos con estas organizaciones y sus personajes para luchar por más justicia social y equidad, para apoyar a los familiares de líderes progresistas, sindicales y periodistas asesinados por sus ideas políticas, ni a otras víctimas del paramilitarismo y el crimen organizado.

Se pretendía esta vez montar un espectáculo que afectase el normal desenvolvimiento de las elecciones generales en Cuba. Las acciones combinaron una estrategia de comunicación, a través de los medios internacionales y redes sociales, con medidas encaminadas a burlar las disposiciones jurídicas de nuestro país, y a restar legitimidad a la justa y legal actuación de nuestras autoridades.
Aunque sabían bien y fueron advertidos de que con estos propósitos no serían bienvenidos en Cuba, Andrés Pastrana Arango y Jorge Fernando Quiroga Ramírez, expresidentes de Colombia y Bolivia respectivamente y el diputado chileno de la Unión Demócrata Independiente (UDI) Jaime Bellolio Avaria, se prestaron para participar de esta provocación en el territorio cubano, por lo que, basados en nuestras leyes y en normas internacionales, no se les permitió el ingreso a nuestro país.

Dicha acción se inscribe en la ofensiva imperialista contra los pueblos de América Latina y el Caribe, en la que el gobierno de Estados Unidos ha declarado la relevancia y vigencia de la “Doctrina Monroe”, y ha provocado un retroceso en las relaciones bilaterales con Cuba.

A los protagonistas de esta maniobra no les interesan para nada Cuba y los cubanos, a quienes ofenden al pretender violentar el orden constitucional que libremente hemos elegido. Por eso, han tenido que acudir a recursos y personajes foráneos para procurar sus propósitos.

Cada vez que lo intenten, de esta o de cualquier otra forma, recibirán la respuesta firme de los cubanos que permanecemos unidos y leales a los principios de la Revolución, como lo demostraremos el próximo domingo 11 de marzo, al votar masivamente por los candidatos del pueblo.

La Habana, 8 de marzo de 2018
“Año 60 de la Revolución”

martes, 10 de octubre de 2017

Carlos Manuel de Céspedes: La virtud revolucionaria




“Aquella década magnífica, llena de épicos arranques y 
necesarios extravíos, renace con sus héroes, 
con sus hombres desnudos, con sus mujeres admirables,
con sus astutos campesinos, con sus sendas secretas,
con sus expedicionarios valerosos. 
Ya las armas están probadas, y lo inútil se desecha,
y lo aprovechable se utiliza. 
Ya no se empleará el tiempo en ensayar: se empleará en vencer”
José Martí
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Al alba del 10 de octubre de 1868, a la vista del golfo de Guacanayabo y perdidas en la mirada las altas montañas del Oriente en el ingenio Demajagua, el abogado Carlos Manuel de Céspedes y López del Castillo reunió a aquella vanguardia selecta y aguerrida que juramentada previamente en la reunión celebrada en la finca San Miguel del Rompe, más allá del Río Jobabo, habían acordado secundar al primero que se viera precisado a levantarse en armas.

Aquella secreta convocatoria celebrada bajo el juramento y el sigilo masónico con el nombre críptico de Convención de Tirzán, sería la última vez en que se dilatase el acto crucial.

En medio de un puñado de hombres y esclavos que ipso facto quedarían redimidos, el iniciador daba lectura al manifiesto que selló la determinación independentista: “Cuando un pueblo llega al extremo de degradación y miseria en que nosotros nos vemos, nadie puede reprobarle que eche mano a las armas para salir de un estado tan lleno de oprobio. El ejemplo de las más grandes naciones autoriza ese último recurso. La isla de Cuba no puede estar privada de los derechos que gozan otros pueblos, y no puede consentir que se diga que no sabe más que sufrir. A los demás pueblos civilizados toca interponer su influencia para sacar de las garras de un bárbaro opresor a un pueblo inocente, ilustrado, sensible y generoso.”

Su bandera, que por primeva vez enarboló ese día, cosida por la joven lugareña Candelaria Acosta, le acompañaría hasta la Asamblea Constituyente de Guáimaro. Allí, por acuerdo de todos pasaría a ser un tesoro de la nación y sería colocada por siempre dondequiera que se reuniera y bajo cualquier circunstancia, una asamblea cubana. Para no agraviar esa precedencia acordarían asociarla a la del triángulo equilátero y la estrella solitaria que con idénticos colores: rojo, azul y blanco, habían diseñado los precursores y se convirtió luego en la bandera de Cuba.

Céspedes sería no sólo el valiente protagonista principal del diez de octubre. En los años venideros, incontables sacrificios y dilemáticos hechos se presentarían ante él como una sucesión vertiginosa que pasa necesariamente por momentos estelares:

– La refriega en el poblado de Yara que otorgaría nombre a la Revolución iniciada en el patio del ingenio.

– Su determinación de seguir adelante cuando en medio de la confusión momentánea se arremolinan junto a él sólo doce hombres.

– La toma de la ciudad de Bayamo, primera capital de la Revolución, su defensa fallida, su actitud ante la Asamblea Constituyente y su acatamiento del criterio mayoritario según el cual el presidente de la República en Armas debía someterse a una asamblea legislativa.

José Martí, Apóstol de Cuba, realizó el análisis certero de aquella utopía democrática al reconocer que Céspedes no creía en una autoridad dividida pues “la unidad del mando era la salvación de la revolución; que la diversidad de jefes, en vez de acelerar, entorpecía los movimientos. Él tenía un fin rápido, único: la independencia de la patria. La Cámara tenía otro: lo que será el país después de la independencia. Los dos tenían razón; pero en el momento de la lucha, la Cámara la tenía 
segundamente. Empeñado en su objeto, rechazaba cuanto se lo detenía.” (1)

– Los avatares de su gobierno itinerante, la crudeza de la guerra desencadenada en toda su magnitud.
– El sacrificio de su amado hijo Oscar, capturado por el enemigo y ante el ofrecimiento de su vida a cambio de sus ideas responderá: “Oscar no es mi único hijo; soy el padre de todos los cubanos que han muerto por la Revolución”. Y así nace el Padre de la Patria.

– Abierta la caja de Pandora, aconteció su deposición por un acto jurídico desentendido del carácter trascendental de su vida, obra y liderazgo. Hoy resultaría cuestionable bajo el principio de que la única fuente de derecho es la Revolución misma
.
– Su peregrinaje ejemplar por los montes hasta arribar a un sitio entonces ignoto llamado San Lorenzo, donde el 27 de febrero de 1874 cayó serenamente sin renunciar a uno solo de sus principios.
La forja de la unidad de la nación ha sido una epopeya que jamás podrá ser soslayada o disminuida en su sentido vital. ¡Qué precio tan alto se pagó por la desunión o por tratar de anticipar los acontecimientos políticos! Así lo sintió Martí cuando realizó desde la emoción contenida su elogio de Céspedes y Agramonte: “De Céspedes el ímpetu, y de Agramonte la virtud. El uno es como el volcán, que viene, tremendo e imperfecto, de las entrañas de la tierra; y el otro es como el espacio azul que lo corona. De Céspedes el arrebato, de Agramonte la purificación. El uno desafía con autoridad como de rey; y con fuerza como de la luz, el otro vence… Aún quedará en el arranque del uno y en la dignidad del otro, asunto para la epopeya.” (2)

El presidente Céspedes fue depuesto de su magistratura en un campamento que llevaba el paradójico nombre de Bijagual de Jiguaní. Otra cosa no fue aquél sitio, un bibijagüero donde los héroes de patria chica quiebran el orden moral tratando de defender el constitucional.

La Revolución victoriosa del primero de enero de 1959, en su profundo accionar determinó que aquél sitio doloroso fuera cubierto por una presa inmensa, un lago purificador que lleva el nombre de Carlos Manuel de Céspedes. ¡Esa fue la determinación de Fidel!

¡Qué poder grande tienen los símbolos y qué papel redentor tiene la poesía para ayudarnos, sin perder un instante de objetividad, a comprender los hechos históricos! Ante la Historia sólo se puede entrar con la cabeza descubierta.

¡Pobres de los racionalistas, de los que quieren ser más jacobinos que los de la revolución francesa! Desde la insurgencia, la clandestinidad y el exilio se puede únicamente soñar. Sólo desde el poder político se pueden transformar la sociedad y la Historia. Una vez que se tiene, se adquiere una inmensa responsabilidad.

El espíritu de los revolucionarios no puede naufragar en las aguas muertas de la burocracia, el freno nefasto al movimiento enérgico y liberador que permite a todo proceso observar una dialéctica original: escuchar y tomar ejemplo de otras experiencias pero asumir la singularidad de la propia.
Era necesario el 10 de octubre de 1868, como lo fue el 24 de febrero de de 1895 y el primero de enero de 1959. La visión de la Revolución como una sola, como un devenir secular, nos da firmeza desde el sentido culto de que ella, la Revolución, no es un revolico ni una algarabía, ni un estentóreo movimiento, sino algo más profundo y serio.

Así lo vio Céspedes en la madurez de su pensamiento y en su alocución memorable al ser proclamado presidente de la República en Armas el 11 de abril de 1869, cuando “en el acto de empeñar su lucha contra el opresor”, como un compromiso ante su “propia conciencia” juró: “Cubanos: con vuestro heroísmo cuento para consumar la independencia. Con vuestra virtud para consolidar la República. Contad vosotros con mi abnegación. ”
Notas:
Guillermo Tell
1- En Martí, José. “Carlos Manuel de Céspedes”. En La revolución de 1868. Centenario 1868.  Instituto Cubano del Libro, La Habana, 1968, pp. 197-198.
2- Martí, José. Obras Completas. Tomo 4. Editorial Ciencias Sociales. La Habana 1975, p. 359.
Guillermo Tell
(Tomado de EusebioLeal)

domingo, 8 de diciembre de 2013

Investigador matancero localiza carta inédita de esposa de Maceo



Una carta hasta ahora desconocida de María Cabrales, la esposa de Antonio Maceo fue localizada por el investigador matancero Carlos Acevedo, durante un estudio sobre la Guerra de Independencia en Matanzas.

La misiva, fechada el 22 de enero de 1897, en San José, Costa Rica, fue dirigida al periodista y político español Emilio Castelar y donde la esposa del Titán de Bronce critica con duros términos las festividades en España por la muerte en combate de Maceo.

En su carta María Cabrales denuncia la actitud del gobierno español de entonces, que a golpe de campanas y fanfarrias lanzó al pueblo a las plazas y paseos a festejar la muerte de Maceo, llenos de alcohol y en total irrespeto por el hombre que derrotó en el campo de batalla a los mejores Generales de España. Sobre la actitud española y las virtudes de Maceo, su esposa recuerda al periodista español:

“Y como sería insensato después de todo pedirle a un español, sea de espíritu tan levantado como Ud. Que venere y admire la memoria del guerrero indomable que aterrorizó a la nación por largos años y que en Jobito, en Peralejo, en Calimete, en Coliseo, en Guamacaro, en San Luis, en Paso Real, en Las Taironas, en Lomas de Rubí, en San Claudio, en Lomas de Torino, El Negro y en Artemisa derrotó a los mejores Generales españoles.”

Desconocida hasta hoy, la misiva que se conserva en los fondos del Archivo Histórico de Matanzas enaltece los principios revolucionarios y éticos de la mujer que acompañó en ideales y vida al protagonista de la Protesta de Baraguá y que junto a Máximo Gómez protagonizó la invasión de Oriente a Occidente, considerada como la operación militar más trascendental de la segunda mitad del siglo XIX.



Fiel a los ideales de libertad e independencia que defendió Antonio Maceo, su esposa María Cabrales, en carta al periodista Emilio Castelar criticó con duros términos a quienes cegados por el odio y la venganza, festejaron en España la muerte del General mambí.

“… aplaudo con calor su conducta la cual ha emocionado hondamente mi corazón de viuda atribulada, ha mitigado el amargo sentimiento que me inspiró el populacho congregado en las plazas y paseos de toda España para festejar en horrible santoral de caníbales el fin glorioso de un caudillo enemigo e ilustre por sus méritos y por sus hechos y que fue siempre tan bravo en la pelea como generoso en la victoria con el enemigo derrotado”.

Ante el horrible espectáculo de fiestas vivido en Cuba y España por la muerte de Maceo, en su carta María Cabrales califica esos hechos de “bárbaros bacanales”.
“Voluntarios
, guerrilleros, periódicos y periodistas al servicio de la tiranía española en Cuba, el aparato oficial de la colonia y los lacayos de Weyler, ahítos de alcohol festejaron en bárbaros bacanales la muerte de Maceo. Campanas de la Iglesia Católica, en consonancia con los lacayos, sonaban sin cesar, la soldadesca airada, injuriaba a los cubanos”.

Desconocida hasta ahora, la carta enviada por la esposa de Maceo a un periodista español, viene a engrosar el legado de documentos y evidencias sobre la muerte en combate de Antonio Maceo y su repercusión para la historia de Cuba y España en el pasado siglo.


(Fuentes: Radio Reloj / Cubadeb