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miércoles, 17 de abril de 2013
lunes, 16 de abril de 2012
16 de abril de 1961: Aniversario 51 de la Proclamación del Carácter Socialista de la Revolución Cubana.

Lo que no pueden perdonarnos los imperialistas
El 15 de abril de 1961, aviones mercenarios bombardearon Ciudad Libertad, San Antonio de los Baños y Santiago de Cuba con el propósito de liquidar nuestras escasas naves de combate, sembrar el terror y de ese modo abrir las puertas a los mercenarios que venían para restaurar sus fueros y privilegios. Sin embargo, todos sus estudios y sus cálculos fallaron.
Al día siguiente, Fidel había llamado a defender nuestras conquistas no solo con los brazos, sino también con los corazones y durante el sepelio de los soldados y milicianos de la Patria caídos por los arteros ataques, desde la tribuna levantada en 12 y 23 en el Vedado, afirmaría: "Eso es lo que no pueden perdonarnos, que estemos ahí en sus narices, ¡y que hayamos hecho una Revolución Socialista en las propias narices de los Estados Unidos!... Esa Revolución no la defendemos con mercenarios, esa Revolución la defendemos con los hombres y las mujeres del pueblo".
Han pasado más de 50 años y la unidad del pueblo junto a Fidel, Raúl, el Partido y el Estado Socialista, la politización de millones de cubanos que apenas comenzaban un largo camino, así como las generaciones que han ido surgiendo, hicieron posible que estemos aquí resistiendo todos los embates de la obtusa política norteamericana, como se ha visto ahora reflejado en Cartagena de Indias, incluyendo el criminal bloqueo que desde entonces nos impuso el imperialismo yanki.
Grandes fueron los peligros, no menores los que vinieron después y grandes son también los retos de hoy, cuando el poder hegemónico hace y deshace y siembra en el mundo la destrucción y la muerte, en nombre de hipócritas conceptos "humanitarios" que nunca han conocido los pueblos sometidos al gran capital, ni decenas de millones de los propios ciudadanos de Norteamérica que pagan en su carne el monstruoso comportamiento de un sistema cuyos mecanismos lo incapacitan para defender la causa de las mayorías.
Grandes son los obstáculos de nuestra época, pero son más poderosos el valor de todo un pueblo y la voluntad de perfeccionar nuestra democracia y defender nuestro socialismo, que no cayó del cielo, que es una consecuencia dialéctica del desarrollo, la madurez y la valentía de los que aquel 16 de abril y en todos estos años levantamos nuestras armas, nuestros brazos y nuestros corazones en defensa de la soberanía nacional, la sociedad que hemos creado y por el porvenir en un mundo justo y solidario.
La proclamación del carácter socialista de la Revolución aquel 16 de abril de 1961 fue un punto culminante en el acelerado proceso de ascenso y maduración de la conciencia política de nuestro pueblo, que en medio de una aguda lucha de clases, en defensa de su vida y su futuro, había arrancado de raíz, en un paso increíblemente corto, todo el adoctrinamiento reaccionario, todos los mitos de la ideología burguesa y toda la podredumbre del anticomunismo a que había sido sometido durante décadas por los imperialistas yankis y la oligarquía criolla.
A partir de ese momento, como dijo Fidel, "nació realmente nuestro Partido marxista-leninista; a partir de aquella fecha el socialismo quedó para siempre cimentado con la sangre de nuestros obreros, campesinos y estudiantes...".
Cincuenta años después, el 16 de abril del 2011, tuvo lugar el inicio del VI Congreso del Partido, concentrado en la solución de los problemas de la economía y en las decisiones fundamentales de la actualización del modelo económico cubano, con la adopción de los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, en los que el pueblo, con pleno ejercicio democrático, expresó sus valoraciones y propuestas en diversos espacios de debate popular sobre el futuro del desarrollo socioeconómico cubano.
Y una vez más, con entera libertad, definió el rumbo de su lucha por la independencia y el socialismo.
El 15 de abril de 1961, aviones mercenarios bombardearon Ciudad Libertad, San Antonio de los Baños y Santiago de Cuba con el propósito de liquidar nuestras escasas naves de combate, sembrar el terror y de ese modo abrir las puertas a los mercenarios que venían para restaurar sus fueros y privilegios. Sin embargo, todos sus estudios y sus cálculos fallaron.
Al día siguiente, Fidel había llamado a defender nuestras conquistas no solo con los brazos, sino también con los corazones y durante el sepelio de los soldados y milicianos de la Patria caídos por los arteros ataques, desde la tribuna levantada en 12 y 23 en el Vedado, afirmaría: "Eso es lo que no pueden perdonarnos, que estemos ahí en sus narices, ¡y que hayamos hecho una Revolución Socialista en las propias narices de los Estados Unidos!... Esa Revolución no la defendemos con mercenarios, esa Revolución la defendemos con los hombres y las mujeres del pueblo".
Han pasado más de 50 años y la unidad del pueblo junto a Fidel, Raúl, el Partido y el Estado Socialista, la politización de millones de cubanos que apenas comenzaban un largo camino, así como las generaciones que han ido surgiendo, hicieron posible que estemos aquí resistiendo todos los embates de la obtusa política norteamericana, como se ha visto ahora reflejado en Cartagena de Indias, incluyendo el criminal bloqueo que desde entonces nos impuso el imperialismo yanki.
Grandes fueron los peligros, no menores los que vinieron después y grandes son también los retos de hoy, cuando el poder hegemónico hace y deshace y siembra en el mundo la destrucción y la muerte, en nombre de hipócritas conceptos "humanitarios" que nunca han conocido los pueblos sometidos al gran capital, ni decenas de millones de los propios ciudadanos de Norteamérica que pagan en su carne el monstruoso comportamiento de un sistema cuyos mecanismos lo incapacitan para defender la causa de las mayorías.
Grandes son los obstáculos de nuestra época, pero son más poderosos el valor de todo un pueblo y la voluntad de perfeccionar nuestra democracia y defender nuestro socialismo, que no cayó del cielo, que es una consecuencia dialéctica del desarrollo, la madurez y la valentía de los que aquel 16 de abril y en todos estos años levantamos nuestras armas, nuestros brazos y nuestros corazones en defensa de la soberanía nacional, la sociedad que hemos creado y por el porvenir en un mundo justo y solidario.
La proclamación del carácter socialista de la Revolución aquel 16 de abril de 1961 fue un punto culminante en el acelerado proceso de ascenso y maduración de la conciencia política de nuestro pueblo, que en medio de una aguda lucha de clases, en defensa de su vida y su futuro, había arrancado de raíz, en un paso increíblemente corto, todo el adoctrinamiento reaccionario, todos los mitos de la ideología burguesa y toda la podredumbre del anticomunismo a que había sido sometido durante décadas por los imperialistas yankis y la oligarquía criolla.
A partir de ese momento, como dijo Fidel, "nació realmente nuestro Partido marxista-leninista; a partir de aquella fecha el socialismo quedó para siempre cimentado con la sangre de nuestros obreros, campesinos y estudiantes...".
Cincuenta años después, el 16 de abril del 2011, tuvo lugar el inicio del VI Congreso del Partido, concentrado en la solución de los problemas de la economía y en las decisiones fundamentales de la actualización del modelo económico cubano, con la adopción de los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, en los que el pueblo, con pleno ejercicio democrático, expresó sus valoraciones y propuestas en diversos espacios de debate popular sobre el futuro del desarrollo socioeconómico cubano.
Y una vez más, con entera libertad, definió el rumbo de su lucha por la independencia y el socialismo.
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jueves, 10 de noviembre de 2011
La aplastante victoria del compañero Daniel y el FSLN

Hace 72 horas, el domingo 6 de noviembre hubo una elección general, en la que Daniel Ortega y el FSLN de Nicaragua obtuvieron una aplastante victoria.
Quiso el azar, que al otro día se cumpliera el 94 aniversario de la gloriosa Revolución Socialista Soviética. Páginas imborrables de la historia fueron escritas por obreros, campesinos y soldados rusos, y el nombre de Lenin brillará siempre entre los hombres y mujeres que sueñan con un destino justo para la humanidad.
Estos temas que son cada vez más complejos, y nunca serán suficientes los esfuerzos que se inviertan para educar a las nuevas generaciones. Dedico hoy por ello, un espacio para comentar este hecho, en medio de tantos que ocurren diariamente en el planeta y de los que llegan noticias por un número creciente de vías apenas imaginadas hace unas décadas.
Debo decir que las elecciones en Nicaragua fueron al estilo tradicional y burgués, que nada tiene de justo o equitativo, ya que los sectores oligárquicos, de carácter antinacional y proimperialistas disponen como norma del monopolio de los recursos económicos y publicitarios, que en general, y de modo especial en nuestro hemisferio, están al servicio de los intereses políticos y militares del imperio, lo cual resalta la magnitud de la victoria sandinista.
Es una verdad que se conoce bien en nuestra Patria desde que Martí cayó en Dos Ríos, el 19 de mayo de 1895, para “impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América”. No nos cansaremos nunca de repetirlo, especialmente después que nuestro pueblo ha sido capaz de soportar duramente medio siglo de bloqueo económico sostenido y las más brutales agresiones de ese imperio.
No es sin embargo el odio lo que mueve a nuestro pueblo, son las ideas. De ellas nació nuestra solidaridad con el pueblo de Sandino, el General de hombres libres, cuyos hechos leíamos con admiración, cuando hace ya más de 60 años éramos estudiantes universitarios y sin las maravillosas perspectivas culturales de los que dentro de pocos días, junto a los de la enseñanza media, participarán en lo que ya es hermosa tradición: el Festival Universitario del Libro y la Lectura.
La muerte heroica del héroe nicaragüense, que luchó contra los ocupantes yankis de su territorio, fue siempre una fuente de inspiración para los revolucionarios cubanos. Nada tiene de extraño, nuestra solidaridad con el pueblo nicaragüense, expresada desde los primeros días del triunfo revolucionario en Cuba, el 1º de Enero de 1959.
El diario Granma nos recordaba ayer día 8 la caída heroica en noviembre de 1976, apenas dos años y medio antes del triunfo, del fundador del FSLN Carlos Fonseca Amador, “tayacán vencedor de la muerte”, como dice una bella canción escrita en su memoria “novio de la Patria Rojinegra, Nicaragua entera te grita presente”.
A Daniel lo conozco bien; nunca adoptó posiciones extremistas y fue siempre invariablemente fiel a principios básicos. Responsabilizado con la Presidencia a partir de una dirección política colegiada, se caracterizó por su conducta respetuosa ante los puntos de vista de los compañeros de tendencias surgidas dentro del Sandinismo en determinada etapa de la lucha antes del triunfo.
Se convirtió así en un factor de unidad entre los revolucionarios y sostuvo constantes contactos con el pueblo.
A eso se debió la gran ascendencia que adquirió entre los sectores más humildes de Nicaragua.
La profundidad de la Revolución Sandinista le ganó el odio de la oligarquía nicaragüense y el imperialismo yanki.
Los crímenes más atroces se llevaron a cabo contra su país y su pueblo, en la guerra sucia que Reagan y Bush promovieron desde la presidencia y la Agencia Central de Inteligencia.
Numerosas bandas contrarrevolucionarias fueron organizadas, entrenadas y suministradas por ellos; el tráfico de drogas se convirtió en instrumento de financiación de la contrarrevolución y decenas de miles de armas introducidas en el país ocasionaron la muerte o la mutilación de miles de nicaragüenses.
Los sandinistas mantuvieron las elecciones en medio de aquella desigual e injusta batalla.
A esta situación se añadió el derrumbe del campo socialista, la inminente desintegración de la URSS y el inicio del Periodo Especial en nuestra Patria. En tan difíciles circunstancias y a pesar del apoyo mayoritario del pueblo nicaragüense, expresado en todos los sondeos de opinión, se hizo imposible una elección victoriosa.
El pueblo nicaragüense se vio obligado a soportar nuevamente casi 17 años de gobiernos corrompidos y proimperialistas. Los índices de salud, alfabetización y justicia social instaurados en Nicaragua, comenzaron a descender dolorosamente. No obstante, los revolucionarios sandinistas bajo la dirección de Daniel continuaron su lucha a lo largo de aquellos amargos años, y de nuevo el pueblo recuperó el gobierno, aunque en condiciones sumamente difíciles que exigían el máximo de experiencia y sabiduría política.
Cuba continuaba bajo el brutal bloqueo yanki, sufriendo además las duras consecuencias del Periodo Especial y la hostilidad de uno de los peores asesinos que ha gobernado a Estados Unidos, George W. Bush, el hijo del padre que había promovido la guerra sucia en Nicaragua, la libertad del terrorista Posada Carriles para distribuir armas entre los contrarrevolucionarios de Nicaragua e indultó a Orlando Bosch, el otro autor del Crimen de Barbados.
Una nueva etapa se iniciaba sin embargo en nuestra América con la Revolución Bolivariana en Venezuela y el ascenso al poder en Ecuador, Bolivia, Brasil, Uruguay, Argentina y Paraguay, de gobiernos comprometidos con la independencia y la integración de los pueblos latinoamericanos.
Con satisfacción puedo afirmar además, que la solidaridad de Cuba con la patria de Sandino jamás cesó en el campo de la solidaridad política y social. Debo señalar con toda justicia que Nicaragua fue de los países que mejor utilizó la colaboración de Cuba en la salud y la educación.
Los miles de médicos que han prestado sus servicios en ese heroico país hermano, se sienten realmente estimulados por el excelente uso y el empleo que los sandinistas han dado a sus esfuerzos. Lo mismo puede afirmarse con relación a los miles de maestros que un día en la primera fase del proceso mandaron a las más apartadas montañas para enseñar a leer y escribir a los campesinos.
Hoy las experiencias educativas en general, y de modo especial las prácticas de la enseñanza médica derivadas de la Escuela Latinoamericana de Medicina, donde se forman miles de excelentes médicos, han sido trasladadas a Nicaragua. Tales realidades constituyen un excelente estímulo para nuestro pueblo.
Estos detalles que menciono no constituyen más que un ejemplo del fecundo esfuerzo de los revolucionarios sandinistas en pro del desarrollo de su Patria.
Lo fundamental del papel de Daniel y la razón a mi juicio de su aplastante victoria, es que nunca se apartó de los contactos con el pueblo y la incesante lucha por su bienestar.
Es hoy un líder verdaderamente experimentado que fue capaz de manejar situaciones complejas y difíciles a partir de los años en que su país estuvo de nuevo bajo la égida del capitalismo rapaz. Sabe manejar problemas complicados de forma inteligente, lo que puede o no puede, lo que debe o no debe hacer para garantizar la paz y el avance sostenido del desarrollo económico y social del país. Conoce muy bien que a su pueblo heroico y valiente debe la arrolladora victoria, por su amplia participación y casi dos tercios de los votos a su favor. Fue capaz de vincularse estrechamente con los obreros, los campesinos, los estudiantes, los jóvenes, las mujeres, los técnicos, los profesionales, los artistas y todos los sectores y fuerzas progresistas que sostienen y hacen avanzar al país.
Es a mi criterio muy correcto el llamamiento a todas las fuerzas políticas democráticas dispuestas a trabajar por la independencia y el desarrollo económico y social del país.
En el mundo actual los problemas son sumamente complejos y difíciles. Pero mientras el mundo exista los países pequeños podemos y debemos ejercer nuestros derechos a la independencia, la cooperación, el desarrollo y la paz.
Fidel Castro Ruz
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