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viernes, 13 de enero de 2023

Viaje a la “tierra prometida”: ¿Por qué emigran los cubanos? (I)

 

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“¿Adivina dónde estoy?”. Luego de días de silencio llegaba a su Whatsapp ese mensaje a las 2.55 de la tarde, acompañado de una foto. Era jueves, 23 de junio de 2022. Aunque ella era de las pocas personas que sabía de sus planes, tuvo que tomarse unos minutos para elaborar una respuesta.

“¿Dónde estás? Nicaragua, México, Las Bahamas”, escribió en el chat, seguido de un emoji de cara sonriente. Todo para aliviar tensiones y que sus preocupaciones, instantáneas, no brotaran tan pronto.

Alejandro* estaba en Colombia e iba a comenzar desde allí “el viaje”. A sus 25 años, este ingeniero industrial, estaba solo en el Aeropuerto Internacional El Dorado, esperando montarse en otro avión que le llevara a Nicaragua. Por miedo a perder la visa de tránsito, tuvo que adelantar su vuelo, así que estaría varado durante dos días en ese país sudamericano. “Ya tomaste café, dicen que es el mejor del mundo”, le escribió ella, en otro intento de relajar el ambiente.

“Porfa, cuídate, no hagas nada loco y trata de pasar desapercibido”. Aunque ya no eran pareja, Alejandro y Karla conservaban esa cosa difícil de describir qué se siente al importarte, realmente, el bienestar del otro. Diecinueve días después respirarían aliviados, pero aquella tarde solo se sentía miedo y la vaga ilusión de que las cosas saldrían bien.

“Que todo saldría bien”, esa misma idea, quizás con otras palabras, eran las que taladraban la cabeza de Rolando* cuando decidió escribir al Messenger de una publicación de Facebook que anunciaba una embarcación “segura y confiable” para salir del país.

Él, que tenía conocimientos sobre barcos y sabía un poquito del mar, creyó que con una ojeada a fondo del equipo tendría las certezas que necesitaba o no para tomar una decisión. Los organizadores de la salida -aquellos que le contestaron al privado- no se irían. Ellos solo se encargaban de publicar los anuncios, recoger a los participantes y cobrar el dinero.

A Rolando lo recogieron en el puente del Calvario y mucho rodó el carro hasta llegar al punto de salida. Era la zona de Santa Cruz del Norte, allí estaba escondida la barca. Era de zinc, con tubos y  motor de petróleo, sin velas. Con la oscuridad de la madrugada como cómplice, aquella maquinaria se echaba al mar con ocho hombres y seis mujeres a bordo, 14 almas y cuerpos que se aventuraban a la inmensidad del mar, sin más guía que el GPS de un teléfono móvil.

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En el año fiscal 2022, casi 260 000 ciudadanos cubanos cruzaron de forma ilegal hacia Estados Unidos, principalmente por la frontera con México, según datos de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza. Solo en julio cruzaron hacia territorio estadounidense 20 000 cubanos.

Medios destacan que el aumento del flujo migratorio desde Cuba se disparó desde la reapertura de las fronteras en noviembre de 2021, en medio de la compleja situación económica en la isla, agudizada por la pandemia de covid-19 y el fortalecimiento sin precedentes del bloqueo de EE.UU.

El grueso de los migrantes llegó a EE.UU. pasando antes por otros países de Centroamérica como Honduras y Nicaragua, en la llamada “ruta de los volcanes”. No obstante, en los últimos meses también se ha observado un aumento de las salidas ilegales por mar, pese el peligro que implica cruzar el Estrecho de la Florida en embarcaciones rústicas que no reúnen las condiciones técnicas necesarias y que, en la mayoría de los casos, van con sobrecarga.

A diferencia de otros migrantes centroamericanos, los cubanos que llegan a EE.UU. pueden entregarse a las autoridades de ese país, entrar bajo la palabra “parole” y tratar de acogerse a la Ley de Ajuste Cubano, un beneficio que data de la Guerra Fría y permite a quienes dejan Cuba solicitar residencia legal en EE.UU. Otros piden asilo.

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“Un nicaragüense joven, de unos 1.68 metros de altura, atlético, era el enlace. La persona encargada de recogernos a nosotros, los clientes, en el aeropuerto de Nicaragua. Tenía una foto mía, en cuanto me vió, se acercó, me dijeron mi nombre, asentí con la cabeza y pidieron que los acompañara al carro”. Después de dos días en el aeropuerto de Colombia y una escala técnica en El Salvador, había aterrizado en Managua.

“Estaba preocupado de que me cogieran la mentira, tenía pensado decir que iba a hacer turismo, bueno, lo que decimos todos los cubanos, pero por suerte no me preguntaron mucho. Yo hasta había leído en Internet “Los cinco lugares que debes visitar si estás en Nicaragua”, o algo así”.

“Cuando me monté en el taxi blanco que me indicó el enlace, tenía un poco de miedo. No sabía para dónde iba, ni qué iba a hacer. Estaba muy alerta. Paramos en una gasolinera. Ahí nos reunimos con los que serían mis compañeros por el resto del camino: un matrimonio que viajaba con su hijo, eran de Banes, Holguín, y una pareja de 60 años, llenos de achaques y enfermedades.

“Estos últimos fueron mis compañeros de habitación cuando llegamos a un motelito en el que pasamos la primera noche. Ellos tenían familiares en Estados Unidos que le iban a costear el viaje. Apenas sabían cuánto tenían que pagar, se aventuraron a esto llenos de dudas que fueron aclarando en el camino. Me despertaban mucha ternura, en ellos estaba viendo a mis abuelos, con los que me crié.

“Lo mejor de todo fue poder bañarme, llevaba días echándome un poco de agua en la cara y las axilas, pero nada más. Me sentí como nuevo, comí unas chuletas, con plátano maduro frito, un poco de ensalada y gallo pinto, que es como los nicaragüenses le dicen al arroz congrí.

“Con una línea que me compré en la gasolinera donde había parado de camino al motel, logré revisar Whatsapp. Tenía que contestar algunos mensajes, en especial los de mi papá para que siguiera creyendo que estaba en casa de unos amigos y no sospechara nada. La primera vez que le dije que me iba del país no se lo tomó bien. No quería que fuera una traba para el viaje, por eso esta vez no le dije nada. Mi plan era explicarle todo cuando estuviera bien del otro lado.

“Luego de contestar todos los mensajes, dormí. Tantos días en vigilancia constante me tenía muy agotado y sabía que a partir de ese momento, sería aún más complicado. Al día siguiente llegó el patrón de Nicaragua, en un carro súper bueno, todo muy al estilo de las series de narcos. Nos explicó el recorrido y cobró su parte de la travesía en efectivo.

“El coyote con quien yo hice el contacto lo llamaban “El abogado”, tenía muy buenas referencias de él porque varios de mis amigos habían cruzado por su ruta. Es famoso en este mundo de los coyotes y las travesías.

“Esa misma mañana recorrimos aproximadamente 600 km hasta la frontera con Honduras, en los mismos taxis blancos que nos habían recogido en el aeropuerto. Pasamos por varios retenes de la policía, aunque en su mayoría estaban comprados y no nos prestaban atención. Era algo habitual para ellos, aunque no dejaban de ser tenso para nosotros.

“Solo hubo uno de los puntos en el que nos pidieron los pasaportes y los papeles que nos dieron como turistas. Pero no hubo ningún problema, el mismo taxista se encargó de los guardas. Seguimos dando tremenda rueda, íbamos a 100 y 120km/h, daba mucho vértigo en las curvas y cuando subía las lomas.

“Nos bajamos de los taxis con los pies entumecidos de tantas horas sentados. Caminamos por un trillo hasta una finca donde pasaría la noche. Al llegar, nos pidieron el pasaporte para gestionar el salvoconducto. Desconfié muchísimo, estábamos encerrados en un cuarto, en el medio del monte, sin papeles”.

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Carlos Fernández de Cossío, vicecanciller cubano. Foto: Abel Padrón Padilla/Cubadebate.

Abordar el tema migratorio cubano pasa necesariamente por el devenir de las relaciones entre Cuba y EE.UU. El vicecanciller cubano Carlos Fernández de Cossío ha explicado que “existe un fenómeno migratorio irregular que afecta a ambos países y esto requiere diálogo, comunicación y cooperación”.

Sin embargo, las conversaciones migratorias bilaterales se habían suspendido desde 2018, lo cual conlleva importantes incumplimientos de los acuerdos entre los dos países en esta materia. Afortunadamente, en 2022 se realizaron dos rondas de conversaciones: una en abril, en Washington D.C., y una en noviembre, en La Habana.

“Fueron conversaciones productivas en el sentido de que confirmamos la validez y la importancia de los acuerdos; ratificamos el compromiso político mutuo con el cumplimiento de los acuerdos; identificamos áreas que requieren una mayor atención; y tuvimos la oportunidad de analizar temas que no están recogidos propiamente en los acuerdos, pero tienen una gran influencia en el flujo migratorio irregular. No hubo nuevos acuerdos, ni tuvimos total coincidencia en lo que discutimos, pero fueron conversaciones que ambas partes identificamos como productivas”, valoró Cossío.

En el año fiscal que terminó el 30 de septiembre de 2022, el Gobierno estadounidense cumplió por primera vez desde 2017 con el compromiso de otorgar 20 000 visas anuales. Además, tal y como se había adelantado en noviembre, en los primeros días de enero se retomaron la totalidad de los servicios consulares de EE.UU. en La Habana.

Este 5 de enero el Gobierno de EE.UU. anunció que permitirá la entrada cada mes de hasta 30 000 migrantes de Cuba, Haití, Nicaragua y Venezuela, pero endurecerá las restricciones, ya aplicadas con la llegada de la pandemia de covid-19, para aquellos que intenten cruzar la frontera con México sin la documentación necesaria.

De acuerdo con la nota de la Casa Blanca, “estas medidas ampliarán y acelerarán las vías legales para una migración ordenada y tendrán nuevas consecuencias para quienes no utilicen esas vías legales”.

¿Qué significa este anuncio? Que la cuota de migrantes se limitará a quienes tengan un patrocinador financiero que ya esté en EE.UU. y pasen una investigación de seguridad, permitiéndoles vivir y trabajar en el país hasta por dos años. Aquellos que intenten entrar de forma ilegal serán expulsados bajo la norma sanitaria conocida como Título 42, con la intervención de la policía y en coordinación con México. Los migrantes que no puedan ser expulsados a México, serán sometidos a un proceso de deportación rápida conocido como “expulsión acelerada”.

Más de dos millones de personas fueron arrestadas tratando de cruzar la frontera en 2022, lo que supuso un aumento del 24% con respecto al año anterior.

Cuba fue el cuarto país con más migrantes que llegaron a la frontera durante el año fiscal 2022, después de México (695 910), Guatemala (201 684) y Honduras (184 004), y por delante de Nicaragua (134 515), Venezuela (130 032) y Colombia (102 473).

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Catorce horas estuvo la embarcación en la que salió Roberto de Santa Cruz del Norte navegando hasta que se detuvo el motor. Los seis tornillos de la propela se rompieron, quedaron a la deriva. En ese punto, la desesperación.

Roberto pensaba en sus hijas de cuatro y 10 años, en su esposa. En los 50 000 pesos que había pagado para tirarse al mar. Él que tanto trabajo había pasado antes en el mar, porque por mucho tiempo pescaba para mantener a su familia, sentía que otra vez las aguas no estaban de su lado. Para él, era un alivio que no hubiera ningún niño arriba de aquel pedazo de zinc. Estaba claro que si hubiera sido así no se montaba.

Luego de varias horas a la deriva, una avioneta los avista. Los recogieron los barcos norteamericanos a 38 millas de sus costas. A solo 7 km de las costas de Florida interceptaron a Ricardo*. Él fue el último de las 16 personas que se enroló en aquella travesía. Le comentaron que faltaba una batería para completar la embarcación y él puso el dinero para comprarla. Así fue que terminó siendo el pasajero número 16 de la barca de zinc, madera, con cuatro pares de remos, vela y motor de gasolina que saldría poco después de que el huracán Ian se alejara del occidente del país.

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Ernesto Soberón, director de Asuntos Consulares y Cubanos Residentes en el Exterior (DACCRE). Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.

Al conocerse las nuevas medidas migratorias de EE.UU., Ernesto Soberón, director de Asuntos Consulares y de Cubanos Residentes en el Exterior del Ministerio de Relaciones Exteriores (DACCRE), comentó a Cubadebate que nuestro país siempre ha mantenido una posición consistente a favor de la migración regular, ordenada y segura entre ambos países.

“Con ese fin, hemos suscrito varios acuerdos bilaterales con EE.UU. desde 1980 y hemos sido celosos cumplidores de ellos”. Soberón insistió en que la emigración irregular es riesgosa, y que en no pocas ocasiones, lamentablemente, cuesta vidas, y como regla convierte a las personas en víctimas del crimen organizado, de traficantes, de la extorsión y el abuso en diversas formas.

“Hemos alertado durante años al gobierno de EE.UU. sobre los riesgos del estímulo a la emigración irregular, con la vigencia de la Ley de Ajuste Cubano y el trato privilegiado y políticamente motivado que reciben los cubanos que llegan a territorio de EE.UU. o su frontera”, dijo.

Sobre la también reciente decisión de retomar los servicios consulares en La Habana, el director de la DACCRE comentó que “el incumplimiento injustificado desde 2017 del compromiso de otorgar un mínimo de 20 000 visas anuales y el cierre también injustificado del procesamiento de visas en la Embajada de EE.UU. en Cuba, que se corrigió recientemente, han provocado una acumulación y crecimiento significativo del potencial migratorio, que no solo afecta a nuestros dos países, sino también a los países de tránsito.

“El reforzamiento del bloqueo económico desde 2019 ha agravado esta situación, pues se sabe que el empeoramiento de las condiciones socioeconómicas en cualquier territorio se convierte en una de las causas fundamentales de la emigración, y los emigrantes cubanos no son la excepción.

En ese sentido, el director de la DACCRE señaló que “una relación migratoria más normal, que incluya las visitas temporales entre los dos países, también contribuiría a disminuir el potencial migratorio y los intentos de entrar a EE.UU. por vías y con prácticas irregulares; al tiempo que favorece la comunicación entre las familias cubanas”.

Por su parte, el Dr. José Ramón Cabañas Rodríguez, director del Centro de Investigaciones de la Política Internacional (CIPI), quien fuera embajador de Cuba en Washington (2014-2020), explicó a Cubadebate que en un periodo u otro la política de EE.UU. hacia Cuba en el tema migratorio ha sido errática, intencionada, y ha sido utilizada como un instrumento de presión contra la isla. “El tema migratorio, en general, ha tenido que ver con las tensiones de la relación bilateral”.

Consideró que “hay personas que asocian el movimiento migratorio cubano con la Revolución, y eso es un error. La nación cubana y la pseudo-república se fundaron sobre la base de un movimiento humano que no distingue fronteras entre Cuba, la Florida y Yucatán, por ejemplo. De eso hay vivencias. Al triunfo de la Revolución había 5 millones de habitantes en Cuba y había 125 000 personas de origen cubano residiendo en EE.UU. producto de diversas razones: económicas, vínculos familiares... Y ese era un flujo migratorio que pudo seguir siendo normal si EE.UU. no hubiera introducido las medidas de bloqueo que introdujo en su momento, que llevó a Cuba a tener una política migratoria defensiva”.

Cabañas comentó que la historia ha demostrado que “a partir de la serie de acuerdos que se han firmado en estos temas entre Cuba y EE.UU., sobre todo con el acuerdo de enero de 2017, la migración indocumentada o irregular desde Cuba a los EE.UU. se puede reducir a cero”.

Pero, “las medidas al final de la administración Trump hicieron que el flujo migratorio cubano volviera a ser irregular”, dijo. “Si hoy hay un tema de migración irregular a través de Centroamérica, a través de otras vías, es un tema inducido, es un tema que las autoridades estadounidenses conocen que se puede manejar de otra manera, de forma exitosa”.

Recordó el experto que la mayoría de los migrantes cubanos que llegan actualmente de forma irregular a EE.UU. son, desde el punto de vista de la emigración cubana, migrantes legales porque salieron del país con un pasaporte y hacia un destino definido.

“Después de 2012 se mostró, claramente, lo que en se venía diciendo durante años: la mayor parte de las personas que salían de Cuba a hacer una visita temporal y que tenían la seguridad de que podían regresar a su país y tener una segunda y una tercera opción, regresaban a Cuba. O sea, se demostró que esa idea de que 'quienes salían de Cuba, no regresaban', no era tal. Y también se ha mostrado que la emigración cubana es circular. O sea, muy pocos cubanos salen para residir en un destino rompiendo todos los vínculos con Cuba. Y muchos, incluso, de los que fueron a EE.UU. en un momento donde había mayor normalidad, tan pronto tenían resuelta su situación de residencia en ese país, regresaron a Cuba”, dijo.

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La oficina fronteriza donde otorgaban los salvoconductos para transitar por Honduras estaba abarrotada de migrantes. Haitianos, venezolanos, cameruneses, cubanos… muchos cubanos, de todas partes del mundo, hasta de Ghana. Seguro que hay conmovedoras historias detrás de esos recorridos y cómo fueron a parar en Centroamérica.

El supuesto contacto que resolvería el salvoconducto de Alejandro se demoró más de lo planeado. Como era lunes, se habían acumulado todos los que intentaron cruzar el fin de semana. El grupo, que ya había crecido hasta sumar 14 migrantes, ahora andaría más lento porque se le habían unido algunos niños.

Cuando les tocó su turno los sacaron de la casa, les entregaron sus pasaportes y los llevaron hasta la oficina fronteriza. A una distancia prudente, Alenjandro se percató de que los vigilaban. En las esquinas, hombres en motos armados seguían cada movimiento del grupo. “Eso de las armas, las drogas, la violencia, a uno como cubano lo impresionan, porque nosotros no estamos habituados a nada así. Para los migrantes de otros países es algo más natural, forma parte de su día a día”.

Mucho alivio sintió al ser llamado por el oficial fronterizo y tuvo en sus manos el salvoconducto. El paso por Honduras fue a golpe de bus. En Guatemala la travesía fue lenta, muchas lomas. Ahí el negocio es un poco más complicado, la policía estaba más fuerte.

A esta altura del viaje, el papá de Alejandro había descubierto todo y más angustia sintió al no poder comunicarse con él durante toda la noche. “No podía usar el móvil, íbamos en unos carros de cristales teñidos y nos dijeron que no podíamos encender los celulares para que la luz no se reflejara. Así corrían menos riesgos de que la policía los detuviera en los retenes”.

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El director del CIPI, Dr. José Ramón Cabañas Rodríguez. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.

El director del CIPI, Dr. José Ramón Cabañas Rodríguez, recordó que los primeros grupos migratorios en la década del 60 eran personas que tenían una relación directa muy leve con el estado de cosas en Cuba antes del triunfo de la Revolución.

“Eran ellos miembros de la clase dominante, o tenían algún vínculo ideológico con el régimen de la tiranía de Batista o el régimen de cosas anteriores. Eso al cabo del tiempo cambió, hoy tenemos una discusión y son válidos todos los puntos de vistas del que emigró de Cuba; algunos dicen que lo hacen por razones económicas, por razones políticas, incluso aquellos que hoy consideran a la hora de partir que su principal razón de abandonar el país es porque no comparten el modelo político cubano.

“Lo cierto es que cuando llegan al destino, hacen una vida de emigrante económico, no se mezclan con ningún plan de agresión a Cuba, no militan en ningún partido político, ni redactan una plataforma política para construir otro tipo de sociedad en Cuba. Se acogen a los patrones de cualquier emigrante económico. Se dedican “a luchar”, como decimos los cubanos, a buscar un salario, a tratar de instalarse y en una inmensa mayoría de casos mantienen el vínculo familiar y eventualmente regresan a Cuba aunque sea de visitas.

“Es muy difícil sostener la tesis de que algunas de estas personas viajan huyendo de un estado de cosas en Cuba, pues cuando ya tienen legalizada su estancia en el país de destino, lo primero que hacen es volver y visitar”, aseguró Cabañas.

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Buque que traslada hacia Cuba a los interceptados en el estrecho de la Florida. Foto: Cubadebate.

Eight knots to reach port, five knots to reach port, three knots to reach port”, detrás de cada ubicación del buque su correspondencia en español. “Ocho nudos para llegar a puerto, cinco nudos para llegar a puerto, tres nudos para llegar a puerto”. Así se escuchaba desde tierra el altoparlante del navío que traía a 55 cubanos interceptados al intentar arribar a las costas estadounidenses. 

A las 10:39 de la mañana baja la primera persona. Un niño de solo cinco años, detrás su madre, después un tío. Ellos pensaron que todo sería seguro, la mamá los estaba esperando en Estados Unidos, se había ido hace unos meses. En su embarcación viajaban otros menores. Ellos pensaban que llegarían sin problemas.

Luego baja un hombre de unos 50 años con una pierna lastimada. Estaba vendado con una tela naranja que hacía contraste con la vestimenta blanca que les dan en los barcos. Algunos de los repatriados, al ver que son capturados por los guardacostas norteamericanos se autolesionan con la esperanza de que los lleven para Estados Unidos a ser atendidos.

Sobre las 11.38 baja el último de los hombres. En la larga fila de devueltos por el puerto de Orozco están Roberto y Ricardo. 

Cubanos devueltos al país por los guardafronteras norteamericanos. Foto: Cubadebate.

lunes, 16 de septiembre de 2019

Combustible: ¿De la indolencia al delito? (+ Infografías)




El robo de combustible le cuesta miles de dólares a la economía cubana. Foto: Abel Padrón Padilla/Cubadebate.

Decir que cada hora el delito le arranca a Cuba 626 litros de combustible es una verdad dolorosa. En Villa Clara, la tercera provincia del país con más procesos penales por esta causa, las pérdidas reportadas en los juicios concluidos este año ascienden a más de 25 mil litros. Una cifra muy superior sigue filtrándose fuera de los juzgados.   

Ya sea en los análisis de la Oficina Nacional para el Control del Uso Racional de la Energía (ONURE), la Fiscalía, CIMEX o los tribunales, varias preguntas parecen no cambiar con el tiempo: ¿por qué roba el chofer estatal? ¿Qué justificación tienen el pipero y el pistero para adulterar los registros en un servicentro? ¿Por qué algunos directivos prefieren mirar a otro lado cuando detectan irregularidades en el uso del combustible?
Las respuestas a esas interrogantes no deberían quedar en la superficie. Justificarlo todo a partir de los bajos salarios o de una cultura basada en el aprovechamiento de los recursos estatales en pos del beneficio personal, significa detenerse en la periferia de un tema que en lo profundo tiene mucho de ética y de responsabilidad social.

Educación y control son dos cuestiones primordiales aquí, pero difíciles de conjugar cuando el bolsillo aprieta y la exigencia es poca. Entonces, ¿qué hacer frente a ese panorama? ¿Por dónde comenzar a dinamizar la lucha contra el robo de combustible y convertirla en una realidad más palpable? Las respuestas tienen tantos caminos como escollos.

En las sombras

Los camiones de pasajeros son los vehículos privados que más combustible consumen. Foto: Vanguardia.

Desde hace cinco años, Alberto maneja un camión de pasajeros en la ruta Santa Clara-Placetas. Sin embargo, en todo ese tiempo pocas veces se le ha visto detenerse en los CUPET del territorio para rellenar el tanque de combustible. Miembro consciente de una amplia cadena delictiva que tiene como rostro más visible a pisteros y choferes estatales, él prefiere mantener su nombre en el anonimato para no mezclarlo en un desfalco conocido por todos.

Según cuenta otro chofer, que prefiere llamarse Octavio, en el mercado negro un litro de diésel puede oscilar entre 8 y 10 pesos, menos de la mitad del precio por el cual se adquiere en los servicentros.
Siempre trato de comprar petróleo ‘por la izquierda’, porque es un ahorro considerable. Aunque existen varios puntos para adquirirlo, el gran problema es encontrar un lugar fijo capaz de garantizarlo todo, pero pocas veces aparece”, explica con la más natural de las actitudes.

A diferencia de él, la realidad de tener un vendedor estable sí la conoce Alejandro, otro chofer privado que también prefirió eludir su nombre para contarle a Cubadebate una de las partes más turbias del proceso. Según dice, desde hace más de un año encontró uno de esos “empresarios particulares” dispuestos a facilitarle de un golpe todo el diésel necesario para mover su Chevrolet.
“Quien me vende funciona como intermediario. Él acumula el combustible y tiene el contacto con los compradores. Dos o tres veces por semana paso por un lugar, previamente acordado, y recojo lo mío. Las únicas condiciones son pagar al contado, discreción y llevarse cantidades suficientes para tres o cuatro días. Así se evita repetir demasiado los viajes al mismo sitio”, asegura.
Alejandro ahora se alegra de tener este punto. Antes debía buscar el combustible con diferentes personas y era una tensión constante. Unas veces compraba un poco a transportistas estatales en la autopista nacional; otras lo conseguía en el mismísimo servicentro o, incluso, en algunas ocasiones se lo llevaron hasta la casa. Pero tanto para él como para Octavio, involucrarse en varias cadenas delictivas al mismo tiempo no es una buena opción.

Todos ellos tienen un argumento común para explicar por qué compran combustible sustraído al Estado: los altos precios en los CUPET. Ese es el razonamiento más extendido entre los transportistas privados, los principales receptadores del carburante que otros roban primero. Pero frente a esa justificación bien vale la pena una pregunta: ¿puede un negocio aspirar a sostenerse con lo ilegal?

Juan Carlos Marante Mariño, gerente comercial de la Sucursal CIMEX Villa Clara, no solo sabe muy bien la respuesta a esa interrogante, sino también cómo funciona el robo en los CUPET del territorio.

Rostro habitual en las inspecciones, asegura que la manera más sencilla es el mutuo acuerdo entre el pistero y el chofer estatal responsable de una tarjeta prepagada de combustible. Entonces, de la bomba sale la cantidad justificada con el chip de venta, pero no va íntegramente al tanque del vehículo.
Adulterar las mediciones de los carros cisternas es uno de los modus operandis para el robo de combustible. Foto: Abel Padrón Padilla/Cubadebate.

Esa es la forma básica, aunque poco a poco aparecen otras más complejas. Por ejemplo, el directivo de CIMEX explica cómo las normas técnicas permiten una pérdida entre un uno y un tres por ciento del combustible durante el proceso de reabastecimiento, en dependencia de si la medición ocurre por vara o de forma automática. Ya han detectado a trabajadores que aprovechan esa brecha, reportan el faltante y se lo apropian.

Otro modus operandi consiste en utilizar los comprobantes de compra emitidos cuando una persona natural adquiere combustible. Entonces, junto al diésel o la gasolina robada, el pistero le vende también el chip a los choferes particulares como una justificación en caso de algún chequeo.

Finalmente, otra manera radica en la emisión de dos comprobantes por una misma extracción. Luego el pistero anula uno por la verdadera cantidad descargada y habilita el otro por la cifra que el chofer reportará a su entidad. Si en las empresas o unidades presupuestadas no existe un control frecuente sobre el combustible esta fórmula se convierte en una de las más exitosas.
“Todos esos mecanismos, así como el de despachar cantidades de combustible por encima de lo permitido, solo se eliminan con exigencia y control, tanto de nuestra parte como de los jefes de turno y administradores. Una de las medidas que hemos tomado es incrementar las inspecciones sorpresivas y chequear si coincide la última operación con lo registrado en la cinta auditora”, explica.

Esa es solo una de las acciones para cerrar puertas a un desfalco que conocen tanto los directivos como las instituciones de control. De hecho, según datos proporcionados por la ONURE, en 2018 la provincia apenas vendió 1.06 litros de combustible por día a cada porteador no estatal, una cifra infinitamente menor a lo que la lógica y la cantidad de viajes indican como normal.

Esa tendencia se mantuvo hasta abril de este año, cuando poco a poco comenzó a cambiar, impulsada por el aumento del control, pero también por las reducciones en las entregas de combustible al sector estatal. La mezcla de esos factores confluyen para que al cierre de agosto Villa Clara venda 54.80 litros diarios por cada uno de sus 517 transportistas privados.

Cuentas claras

En tiempos de control de los recursos energéticos, ver llegar el auto con el logo verde y naranja que identifica a la ONURE es una bendición para algunas entidades estatales, pero un mal augurio para otras.

Para las derrochadoras, ineficientes o con descuidos imperdonables sobre su combustible, esas visitas bien pueden significar un llamado de alerta o el inicio de un proceso más amplio de fiscalización.

Así sucede para las nueve entidades de Villa Clara catalogadas como deficientes en el actual año, una cifra alta si se tiene en cuenta que, hasta agosto último, 20 empresas y unidades presupuestadas recibieron algún tipo de visita. Otras cuatro fueron objeto de procesos investigativos por el Ministerio del Interior y no recibieron evaluación.

Las 190 acciones de control efectuadas en los primeros ocho meses de este 2019 –166 de ellas a entidades con altos consumos– ofrecen un panorama que revela una pérdida económica de 26 mil 596.48 pesos. Las pérdidas del 2018 se ubicaron en más de 17 mil CUC y 6 mil pesos en moneda nacional.

Asimismo, hasta agosto del actual año, siete entidades no lograron justificar su gasto de combustible durante un mes, un indicador capaz de sembrar dudas sobre si el desfalco podría tener allí las puertas abiertas.
Junto a ese dato, apenas basta un rápido bosquejo al último informe para comprobar cómo esos controles demuestran la permanencia en el tiempo de carencias todavía más preocupantes. De los problemas detectados en las once instituciones evaluadas como deficientes en 2018, solo uno no se repite en el actual año.
  • Las tarjetas prepagadas de combustible no se controlan como establecen las regulaciones vigentes.
  • Diferencias entre los datos reportados en el balance mensual y la información primaria.
  • Los sistemas de Gestión y Control de Flota en las entidades no cumplen con todo lo establecido en los procedimientos aprobados.
  • Las tarjetas de combustible no están personalizadas por vehículo.
  • Deficiencias a la hora de normar el índice de consumo para cada equipo.
  • Medios de transporte o tecnológicos consumen combustible sin respaldo de actividades ejecutadas.
  • Equipos con sobreconsumo de combustible superior al 5 por ciento.
  • Falta de análisis profundos sobre las desviaciones en los índices de consumo.
  • Escasos estudios de los indicadores de eficiencia energética.
  • Inestabilidad, fluctuación y falta de preparación técnica del personal encargado de realizar la planificación, el control, el análisis y la verificación de los datos generados en la utilización del combustible.
Según el director de la ONURE en Villa Clara, resolver esa situación no implica crear procedimientos nuevos, sino aplicar correctamente el Manual de inspección a los portadores energéticos, un documento recogido en la Resolución 152 del 2018 del Ministerio de Energía y Minas. Sencillamente, cumplir con lo establecido.

Derrame

Caricatura: Martirena
La desaparición de 15 mil 549 litros de combustible no es cosa fácil. Sin embargo, así ocurrió en la Unidad Empresarial de Base Transporte Caibarién, una de las entidades de ese municipio que más diésel recibe para mantener sus operaciones. La pérdida se detectó durante una actividad de control a una de las reservas habilitadas en la entidad, pero poco pudo hacerse ante los tanques vacíos.

Luego de la alarma y la posterior investigación, el resultado fue más increíble de lo esperado. Aparentemente, nadie se apropió del combustible, porque el deterioro de los medios de conservación actuó primero y el diésel se derramó sin que nadie lo notara.

La demora en una inversión necesaria desde el año anterior y la falta de chequeo a un depósito que de antemano se sabía defectuoso, dieron al traste con la pérdida. Según cálculos conservadores, el diésel perdido podía garantizar más de 680 viajes entre Caibarién y Santa Clara, o más de 130 entre la capital provincial y La Habana.

Como parte de la Causa 29 del 2019, el Tribunal Municipal Popular de Caibarién determinó la implicación del director provincial de Transporte, el jefe de la UEB y el responsable de Seguridad y Protección, quien además de la privación de libertad, recibió una multa de 300 cuotas de un peso cada una.

Durante el juicio, junto al delito de incumplimiento del deber de preservar bienes en entidades económicas, la Fiscalía también acusó de falsificación de documentos al jefe de Seguridad y Protección.
Este último no solo violó una de las funciones inherentes a su cargo, sino que, al conocer sobre la pérdida, creó un reporte ficticio para simular que había comunicado el estado de deterioro de los depósitos al Instituto Nacional de Reservas Estatales.

Justicia, inteligencia y mano dura

Según Elina Ávalos Manresa, fiscal jefa del Departamento de Procesos Penales de la Fiscalía Provincial de Villa Clara, la actuación de ese organismo jurídico ante procesos relacionados con sustracción y descontrol del combustible se basa en la rigurosidad, tanto en la investigación como en la solicitud de condenas.

Para ello, la Resolución 15 del 2019, dictada por el Fiscal General de la República, juega un rol fundamental como guía para cada acción jurídica.

Junto al acompañamiento hasta que el proceso llega a los tribunales, el documento establece la imposición de la medida cautelar de privación provisional de libertad para los acusados vinculados a estos hechos. Asimismo, en caso de encontrar responsabilidad, reafirma el decomiso de casas que sirven de almacén o de vehículos utilizados para transportar el combustible robado.
“Aunque a la hora de solicitar sanciones se tienen en cuenta elementos como la edad de los acusados, su conducta previa o las condiciones del delito, sí se mantiene la política de rigurosidad para juzgar casos relacionados con el combustible. Es un delito de alta peligrosidad, porque afecta directamente a varias áreas de la economía cubana”, explica.
Una actitud similar la sostienen los juzgados de la provincia. De acuerdo a Arianny Casas Pérez, presidenta de la Sala Primera de lo Penal del Tribunal Provincial Popular de Villa Clara, el presidente del Tribunal Supremo Popular también ha dado indicaciones encaminadas a uniformar la tramitación de los procesos asociados a la pérdida de combustible.

La joven abogada aclara que todo parte de un concepto fundamental: la defensa de las garantías legales para impartir justicia. Según dice, estos procesos no se salen de lo establecido en la ley y mantienen sus características de transparencia y apego a los derechos para todos los acusados.
“Aquí la máxima severidad viene junto al análisis caso a caso de los modus operandi¸ las personas implicadas, el tipo de delito, la cantidad de combustible o las entidades afectadas. Cada proceso es diferente en cuanto a complejidad y alcance, y esos son elementos que también valoramos a la hora de emitir una condena”, asegura.
Esa idea la confirma Elena Margarita Cabrera Figueroa, presidenta del Tribunal Provincial Popular en Villa Clara. De acuerdo a unos datos que actualiza cada mes, hasta el momento el 92 por ciento de los sancionados en el territorio por delitos vinculados al combustible recibieron penas tanto de privación de libertad como de trabajo correccional con internamiento.
En una mirada rápida, esos números evidencian el interés de los organismos por enfrentar el robo. De hecho, Villa Clara es la segunda provincia con más medios de transporte decomisados en Cuba por casos relacionados al desvío de combustible. Asimismo, junto a Santiago de Cuba, es el territorio que más viviendas confisca por esos delitos.

Sin embargo, un análisis más profundo revela una estadística preocupante: los tres casos asociados al delito de incumplimiento del deber de preservar bienes en entidades económicas reportan el 86 por ciento del combustible “perdido” en Villa Clara.

Solamente por esa causa, los juzgados del territorio cuantifican el extravío de más de 20 mil 700 litros de diésel. La cifra es más alarmante cuando uno comprueba que por otros delitos la cantidad apenas sobrepasa los tres mil 250 litros este año.

Mientras tanto, los datos del Tribunal Provincial Popular contienen otra clave esencial para entender por qué es tan difícil cortar de raíz el robo de combustible: de todos los casos juzgados en Villa Clara, el 50 por ciento están asociados al delito de receptación, el último y más fácil eslabón de detectar. Es encarar un problema sin atacar la base. Las estadísticas relacionadas con la fuente del delito tendrían que crecer para que el enfrentamiento sea más efectivo.

“La policía encuentra a alguien con combustible sin justificar y esa persona dice no conocer al vendedor. Si lo cuenta es igualmente difícil demostrar la infracción, porque cuando aparece –casi siempre un chofer estatal– tiene en orden el chip, el consumo y las descargas de la tarjeta. No obstante, no llegar hasta el primer ladrón no implica dejar de juzgar a los otros”, explica Arianny Casas.

Para ella, este tipo de delitos se ubica entre los más sensibles, y aunque la mayoría no reporta grandes pérdidas económicas, el combustible sí sale de servicios que forman parte del día a día del cubano. Alerta además que su peligrosidad radica en que la sociedad ya los ve como algo natural.
“Muchas veces llega a los tribunales una causa por la receptación de volúmenes inferiores a las pérdidas reportadas en grandes empresas. Quizás sean 15 litros y cualquiera lo vería como una cuestión menor, pero por esa cantidad una ambulancia puede dejar de funcionar y causarle la muerte a un enfermo; o un barrio no recibir la fumigación e infectarse de dengue. Entonces no solo es importante ver el delito en sí, sino también sus consecuencias”, comenta.
En ese sentido, un elemento resalta a cada paso: la necesidad del control y la prevención para evitar el robo. Para ello, por ejemplo, las verificaciones fiscales a las empresas deben jugar su papel, tanto como las auditorías o los consejos de dirección. Si eso no ocurre, solo queda juzgar una y otra vez a quienes cometan el delito.

Desidia

El descontrol es una causa fundamental para propiciar el delito. Caricatura: Martirena
A solo horas de que el huracán Irma comenzara a azotar al municipio de Sagua la Grande, el Consejo de Defensa Municipal entregó al hospital del territorio mil 200 litros de diésel para garantizar la vitalidad cuando arreciaran los vientos. Desde ese momento, ese sería el punto de la discordia para todos los implicados en el cuidado del combustible… o más bien, en su descontrol.

Luego de recibir el petróleo sin documentos y solo con el chip emitido por CUPET como constancia, el director, la energética y el subdirector administrativo del hospital lo depositaron en una pipa novia, pero enseguida comprobaron que no lo necesitaban. Entonces, el Consejo de la Administración Municipal (CAM) decidió moverlo hasta una de las estaciones de bombeo de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado.
Apenas pasaron dos horas y un chofer de tractor llegó al centro de salud para trasladar el combustible. En el nuevo destino el administrador recibió el combustible, pero tampoco verificó la cantidad que el Estado ponía bajo su custodia. Así lo dejó durante tres meses. Sin cuidados, sin control, hasta que desapareció en su totalidad.

En las investigaciones se comprobó que el chofer del tractor robó 60 litros durante el traslado, pero fue imposible determinar el paradero para los otros mil 140 litros. El hurto de carácter continuado y el incumplimiento del deber de preservar bienes y entidades económicas otra vez fueron los delitos por los que todos fueron juzgados como parte de la Causa 16 del 2019.

Junto a la del administrador de la estación, la Fiscalía Municipal también encontró responsabilidad en la jefa del Subgrupo de Energía del CAM y en la directora de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado, sobre todo por no chequear un bien del que conocían su existencia y su importancia.

¿Nuevas alternativas para la misma realidad?

Exigir los comprobantes del combustible a los transportistas privados puede ser un buen paso. Foto: Abel Padrón Padilla/Cubadebate
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Para Abelardo Martínez Rodas, un auditor con más de 40 años de experiencia, una lucha realmente efectiva contra el robo de combustible implica, en primer lugar, entender qué bases sustentan el fenómeno. Según dice, ese detalle resulta imprescindible para no verlo como un suceso aislado, ni convertir su enfrentamiento en una situación temporal.
“Ciertamente, los ingresos promedio de un trabajador estatal pocas veces alcanzan para satisfacer todas sus necesidades, pero esa no puede convertirse en la razón para defender cualquier tipo de robo.
“Junto a ello, la corrupción y la irresponsabilidad de quienes tienen a su cargo el cuidado de los recursos estatales debería tener consecuencias más severas. La responsabilidad material no puede estar divorciada de la penal. De otro modo sería arar en el mar”, apunta.
En tal sentido, Juan Carlos Marante, gerente comercial de la Sucursal CIMEX Villa Clara, se queja del escaso impacto de los informes que todos los meses él entrega a los organismos encargados de analizar el desvío de combustible.

Según cuenta, ese documento recoge las operaciones de las tarjetas repetitivas o con altas descargas en cada uno de los 59 servicentros de la provincia, pero en la mayoría de los casos nadie las examina o tienen poco seguimiento.

“No podemos negarle a un vehículo estatal el combustible. Ellos pueden extraer hasta tres veces en un día, pero ¿para qué un auto que circula dentro de la ciudad necesita tanto en una jornada? Nosotros plasmamos esas operaciones en el informe, pero es responsabilidad de cada entidad controlar qué sucede con sus tarjetas prepagadas, su combustible y sus vehículos”, comenta.

Por su parte, el auditor Abelardo Martínez encuentra otra área desaprovechada en el control del combustible. Para él, una buena manera de aumentar la exigencia sería incorporar a las pesquisas de los inspectores de tránsito la justificación del combustible empleado en cada viaje.

“Si junto a la revisión de la licencia operativa, el chequeo del estado técnico o la cantidad de pasajeros, los inspectores incluyeran con rigor la verificación de los comprobantes de compra del diésel a nombre del chofer, ese pequeño detalle sería un paso contundente para cerrarle otra brecha al robo”, asegura.
Estudiar nuevos precios del combustible en el país o un fortalecimiento en la relación contractual con los porteadores privados, para permitirles adquirir el diésel a costos diferenciados y bajo condiciones favorables para ambas partes, pueden ser otros interesantes senderos por explorar. Aun así, todo debe llegar junto al destierro de la cultura del facilismo y la ilegalidad como modo de vida.

A su vez, otra buena opción podría estar en la creación de políticas de incentivo fiscal para aquellas entidades eficientes en el uso y control del combustible al final del año.

Que quien economice no vea la reducción de sus asignaciones en el plan del año siguiente, sino un ingreso por concepto de eficiencia para incrementar la inversión en innovación y desarrollo, por ejemplo. Aunque esos son elementos analizados en otras ocasiones, este sería un buen contexto para aplicarlos con mayor fuerza.
De igual manera, para el director de la ONURE en Villa Clara resulta fundamental la constancia en el control y el sentido de pertenencia tanto de jefes como de trabajadores. "Es la única manera de superar las dificultades y borrar de una vez el problema", sintetiza.
“La clave para detener el robo de combustible no radica únicamente en las inspecciones a las entidades, sino en el rol que cada centro laboral sea capaz de asumir ante un contexto donde saben de la prevalencia del delito. El control de los recursos energéticos debe convertirse en una rutina de trabajo, no en algo que sucede porque un ente externo lo exija”, agrega.
Junto a ello, la batalla por solucionar un problema que cada año le cuesta al país miles de dólares pasa también por clausurar otros resquicios “menos ilegales”, pero tan dañinos como el robo más grotesco.
Así, en la más reciente visita a Villa Clara del ministro de Transporte, Eduardo Rodríguez Dávila, apareció un dato alarmante: en el último semestre la provincia reportó 15 mil litros de combustible por concepto de sobreconsumo ineficiente. Se trata de los camiones de carga que circulan vacíos y gastan el diésel asignado sin un respaldo en el traslado de mercancías.

Aunque no es un elemento tipificado como robo, pocos pueden evitar cuestionarse si el control sobre el combustible no debería extenderse con igual fuerza también a esos mecanismos ineficientes.
Mientras tanto, otros también se preguntan quién fiscaliza el uso de los autos y el diésel estatal para que no funcionen como un bien particular en manos de choferes y directivos. Son pequeños gastos camuflados detrás de las pérdidas más alarmantes, pero que en definitiva también podrían incrementar las estadísticas por robos o desvíos.

Geominera del Centro: Control para precaver, no para juzgar

En medio del actual panorama, cualquier medida encaminada a resguardar los recursos se torna vital. Bien lo sabe el ingeniero Argelio Jesús Abad Vigoa, director general de la Empresa Geominera del Centro, un lugar que en los últimos dos años tiene ahorros superiores a los 80 mil litros de combustible.

Con nueve UEB distribuidas en todo el centro del país, un gasto mensual de 160 mil litros de diésel, 86 equipos altos consumidores y áreas de trabajo muchas veces ubicadas en zonas de difícil acceso, esta era una entidad con “condiciones” para el desfalco. Pero en febrero de 2017 el Consejo de Dirección tomó un grupo de medidas encaminadas a cerrarle las puertas al descontrol.
“Lo primero fue reconocer que una parte del combustible robado en Villa Clara también provenía de esta empresa. Entonces, buscamos dónde estaba el 80 por ciento de nuestro consumo y cuáles eran las áreas más vulnerables. Con esos datos celebramos un Consejo Energético Extraordinario y revisamos todas las deficiencias y vulnerabilidades”, cuenta Abad Vigoa.
De ese encuentro salieron varias decisiones interesantes. Por ejemplo, se le retiró la custodia de las tarjetas prepagadas de combustible a los choferes de los equipos que no recorrían grandes distancias. Por otra parte, crecieron las medidas de protección en todos los depósitos y se actualizó la prueba de consumo al 100 por ciento de los vehículos de la empresa.

Asimismo, para las llamadas “pipas excepcionales” —encargadas de llevar el combustible a los equipos pesados—, se determinó la rotación de sus operarios cada año.

Del mismo modo, el proceso de llenado solo ocurre durante el horario diurno y la responsabilidad recae en el director o los jefes de Operaciones y Canteras Internas de cada unidad. El chofer del carro cisterna no tiene acceso ni a la tarjeta, ni al combustible.

De acuerdo con el director general de la Geominera del Centro, a la par de esas acciones, también ocurrió la firma de un compromiso ético de todos los cuadros vinculados al combustible. A su vez, mejoraron las condiciones de trabajo y potenciaron el contacto con las familias para que comprendieran la importancia del control.

Aunque luego de implementar las medidas la empresa afrontó la salida de diez trabajadores por voluntad propia y otros cuatro por sanciones disciplinarias, los resultados hablan por sí solos. En 2017 el ahorro fue de 50 mil litros, mientras que un año después la cifra quedó en 30 mil. En este 2019 los cálculos prevén una reducción de 6 mil litros.
“En la UEB Servicios Mineros al Cemento, nuestra unidad que más gasta, logramos disminuir el índice de consumo de 0.79 a 0.70 litros de diésel por tonelada de masa minera. Es un ahorro real, porque ya este año elaboramos el plan de producción basados en el nuevo valor y le dejamos de pedir al país 144 mil litros de combustible”, apunta el directivo.
Con la experiencia de quien lleva varios años al frente de una de las empresas más importantes del territorio, Argelio Abad sabe que esas acciones no surten efecto si no van acompañadas de una constancia y una evaluación sistemática de sus impactos.

Así, el ejemplo de la Empresa Geominera del Centro arroja una de las claves fundamentales para entender en toda su dimensión la lucha contra el robo de combustible: se trata de ejercer un verdadero control para eliminar las brechas por donde llega el delito, no para buscar culpables cuando solo queda lamentarse por los litros y la batalla está perdida.