
Imagen: Archivo de Cubadebate.
Como todo, se sabrá en algún momento con qué tentó Estados Unidos a
Europa o con cuáles amenazas pudo promover un cambio de actitud y llevar
las cosas hasta extremos de los que casi nunca se sale indemne.
El País,
diario español que no clasifica entre los progresistas, tituló al
respecto este 1 de febrero de un 2019 que comienza con exceso de malas
noticias:
Trump exigió a España y a la Unión Europea romper todo diálogo con
Maduro. EE.UU. adelantó al Gobierno (español) que Guaidó se disponía a
proclamarse presidente interino y que Washington lo iba a reconocer.
Apenas cinco días desde que asumiera la titularidad del parlamento en
desacato, Juan Guaidó, un guarimbero con despreciables antecedentes de
violencia y casi desconocido diputado, se autoproclamó presidente de
Venezuela. Obvio que hubiera sido imposible sin el inmediato
reconocimiento oficial de Washington y, por lo visto, el de un Viejo
Continente dividido y con suficientes problemas como para exponerse a
nuevas fragmentaciones.
“Claramente hay un número de estados
miembros que tienen reservas y no están dispuestos a reconocer a Guaidó
como presidente interino
”, publicó
Europa Press
a partir de fuentes participantes en los debates del jueves 31 de enero
en una reunión de los cancilleres del pacto comunitario realizado en la
capital rumana. La Unión Europea, pese a los apremios y coacciones no
tuvo concordancia para reconocer a quien por mandato imperial se erige
en jefe de estado interino.
Algunas naciones se remiten a motivos legales internacionalmente
aceptados y en esa materia las Naciones Unidas fueron terminantes.
Antonio Guterres, secretario general de la ONU, reconfirmó que el único
reconocido como mandatario constitucional y legítimo de Venezuela, según
las normas y principios del organismo mundial, es Nicolás Maduro.
Nada más lógico, toda vez que fue elegido por más de 6 millones de
votantes y con el 67%, en comicios multipartidistas supervisados por 200
observadores de diferentes países en un escrutinio del cual
participaron en calidad de oponentes al ganador, los aspirantes Henry
Falcón, (2 millones de votos), Javier Bertucci (1 millón) y Ángel
Quijada (0,34%). Fueron representantes de 20 partidos, y ninguno puso
objeciones ni reclamos al resultado. Eso ocurrió el 18 de mayo del
pasado año. Nada más normal que Maduro reasumiera el 10 de enero, fecha
establecida al efecto. Encima, datos del día 20 de enero dieron cuenta
de que el 81% de los venezolanos ¡no sabía quién era Juan Guaidó!
Al insistente llamado a darle legitimidad a quien carece de ella, se
oponen Italia, (Guaidó “no ha sido elegido por el pueblo”. “El cambio lo
deciden los ciudadanos venezolanos”, dijo el vicepresidente Luigi di
Maio), Austria, (para ser precisa, no reconocemos parlamentos”. “Austria
y muchos otros países reconocen países, no gobiernos”, expuso Karin
Kneissl, ministra para Asuntos Europeos y Exteriores austriaca). “No
queremos que Venezuela se convierta en otra Libia en América del Sur”,
afirmó el ministerio de Exteriores de Grecia, en tanto Chipre y
Eslovaquia, se declararon renuentes a darle apoyo oficial al fantoche.
Desde Luxemburgo llamaron a evaluar
“las consecuencias jurídicas
”
de tal paso, contrario a lo suscrito por quienes ahora pretenden pasar
por alto como normativa básica mundial, no inmiscuirse en asuntos
internos de otras naciones. Suecia, precisamente, recordó que según lo
vigente a escala mundo y razonable si se pretende reciprocidad, hasta el
momento
“se reconocen estados, no personalidades
” y menos, añado por acá, si el pelele está movido por hilos impugnables.
La OEA fracasó en el intento de reconocer a Guaidó a través de la
moción norteamericana, apoyada por el Grupo de Lima. Si el hostil
organismo regional no tuvo consenso, menos era de esperar existiera en
el Viejo Continente donde, según parece, no ha desaparecido por entero
la vergüenza y el decoro político, pese a que existan jefes de estado
que se doblegaron al mandato de la Casa Blanca, incluso pasando por
encima de máximas ideológicas de origen y nexos culturales de histórica
íntimidad. Deberían mediar, pero se suman a quien decreta de manera
desquiciada.
López Obrador recordó el sabio apotegma de Benito Juárez: el respeto
al derecho ajeno, es la paz. México y Uruguay han tenido una posición
digna, al negarse, casi en solitario, al acoso contra Venezuela que solo
puede conducir a una guerra civil o a una invasión extranjera. Esas,
por supuesto, no son soluciones, sino problemas mayores al creado con
despiadado ensañamiento.
Bolivia se sumó al país azteca y a la nación austral para, de
conjunto, formular una salida convocando a una Conferencia
Internacional, consultiva o vinculante, con participación o enteramente
auspiciada por Naciones Unidas, de la cual participarían tanto gobierno
como oposición venezolana.
Nicolás Maduro se ha dicho dispuesto en todo momento a dialogar no
solo con quienes, dentro, quieren sustituirlo, sino hasta con Trump. No
así el tal Guaidó y quienes le temen a los arreglos por miedo a
compromisos que nunca tuvieron en agenda o a responsabilidades
susceptibles de ser supervisadas y capaces de mostrarlos sin maquillaje
ni falsas vestiduras.
La UE está ante una disyuntiva mayor a la del Brexit. Sin que ese
divorcio acabe de dilucidarse y con opacidades de espinosos pronósticos,
se asoma a las elecciones para el Parlamento Europeo (se teme que los
británicos no puedan participar, se queden fuera) con situaciones tan
complejas como la falta de acuerdo sobre lo de Venezuela (les vendría
muy bien adoptar una postura independiente) y se exponen a que alguien,
también desde fuera, les imponga una determinación traumática por
cualquier motivo. ¿Tendrá que ver esto con los peligros de cuanto parece
un retorno de los euromisiles?
Coincidiendo –no debe ser casual- con toda la sucia maquinación en el
“patio trasero estadounidense” la administración Trump anunció su
salida del tratado sobre cohetes portadores de armas nucleares de corto y
mediano alcance. Europa será la más expuesta de ocurrir un
enfrentamiento con Rusia o un error humano cualqueira. Romper un tratado
útil durante decenios tampoco es una determinación para caminos
equilibrados o razonables. Síntomas bastante ausentes a orillas del
Potomac. Y los demócratas ¿qué? ¿Coinciden con estas agresivas y
delirantes derivas?