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lunes, 1 de enero de 2018

La corrupción en Cuba. Por Marcelo Odebrecht*

“Marcelo Odebrecht afirmó en su delación que no hubo ninguna solicitud de ventaja por parte de autoridades cubanas en la construcción del Puerto de Mariel. En el testimonio, Marcelo llega a decir que la corrupción en Cuba “borde cero”, lo que sería comprobado por el hecho de los ministros tener autos simples y vivir en la misma casa.” Fuente: http://blogs.oglobo.globo.com/lauro-jardim/post/marcelo-odebrecht-e-honestidade-em-cuba.html
 
Marcel Odebrecht en Wikipedia: Fue CEO de la Organización Odebrecht, un grupo brasileño con diversos negocios en los campos de la ingeniería y la construcción y una de las constructoras más grandes de América Latina.1 El 19 de junio de 2015, fue imputado, junto con otros empresarios brasileños, en la investigación conocida como Operación Lava Jato en el marco de sospechas de corrupción de la petrolera estatal Petrobras. Nota de LPI: Este escándalo ha salpicado a varios gobiernos de América Latina pero no a Cuba.  https://es.wikipedia.org/wiki/Marcelo_Odebrecht
Categorías: Cuba,Latinoamérica

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Quince mil científicos advierten fin del mundo: ¿Nos puede salvar el capitalismo?

FIDEL LO ADVIRTIO CON MUCHISIMA ANTICIPACION Y LOS CIENTIFICOS LE SIGUEN DANDO LA RAZON. EL UNICO SORDO, CIEGO Y ANORMAL ES EL PRESIDENTE DE ESTADOS UNIDOS-
El clima es solo un factor que determina la disponibilidad del agua. Foto: Agriculturers.
El clima es solo un factor que determina la disponibilidad del agua. Foto: Agriculturers./ Archivo

Más de 15 mil científicos de 184 países firmaron una carta de advertencia sobre el desastre ecológico inminente e irreversible si la humanidad no cambia de rumbo inmediatamente. La “Advertencia a la Humanidad de Científicos de Todo el Mundo: Segundo Aviso” da seguimiento a una carta publicada inicialmente en 1992 por científicos destacados que abordaba la crisis del cambio climático.
El lanzamiento de la carta coincidió con la Conferencia del Cambio Climático de las Naciones Unidas (UN) que tuvo lugar en Alemania y que manifestó: “Para evitar la miseria generalizada y la pérdida catastrófica de biodiversidad, la humanidad debe practicar una alternativa más sustentable desde el punto de vista ambiental que las empresas como de costumbre.
Esta prescripción fue bien articulada por los principales científicos del mundo hace 25 años, pero en la mayoría de los aspectos, no hemos seguido su advertencia. Pronto será demasiado tarde para cambiar el rumbo de nuestra trayectoria fallida, y el tiempo se acaba. Debemos reconocer, en nuestra vida cotidiana y en nuestras instituciones de gobierno, que la Tierra con toda su vida es nuestro único hogar”.

La carta declara que en los últimos 25 años:

  • “La cantidad de agua dulce disponible por persona a nivel mundial ha bajado un 26 por ciento”
  • “El número de “zonas muertas” en los océanos – lugares donde casi no hay vida debido a la contaminación y a la falta de oxígeno – ha aumentado un 75 por ciento”
  • “Se han perdido casi 300 millones de acres de tierras forestales, en su mayoría para dar lugar a terrenos agrícolas”
  • “Las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel global y las temperaturas promedio han sustentado aumentos significativos”
  • “La población ha aumentado un 35 por ciento”
  • “El número de mamíferos, reptiles, anfibios, aves y peces en los ecosistemas ha disminuido un 29 por ciento”.
De los nueve puntos resumidos en la carta original de 1992, solamente dos – la capa de ozono y, en menor grado, un aumento en la energía renovable – han mejorado mientras que todos los demás han empeorado. Los científicos nos exhortan a observar cómo se abordó el tema de la desaparición de la capa de ozono – con la implementación de una prohibición mundial de los CFCs – como ejemplo de cómo podemos combatir esta crisis, destacando que cuando el mundo colabora, se pueden evitar los desastres.

A pesar de ser cierto, la solución a la crisis climática 25 años más tarde debe ir más allá de la prohibición de un solo compuesto químico. La deforestación, la extinción masiva de las especies, las “zonas muertas” oceánicas, los suministros menguantes de agua dulce, son retos interrelacionados que exigen un cambio radical de la manera en que vivimos.

La crisis del cambio climático y todas sus manifestaciones, que se reflejan en un número creciente de inundaciones, incendios forestales, sequías, episodios de tiempo severo, hambrunas, el aumento del nivel del mar… son causados por el sistema económico mundial en que vivimos – el capitalismo.
En el capitalismo podemos exigir reformas, energía renovable, mayores esfuerzos de conservación, protecciones ambientales más estrictas, pero las corporaciones y sus lacayos en el gobierno siempre impondrán obstáculos y retrasarán el progreso. Además, el problema no se limita a las grandes empresas de combustibles fósiles y de otros grandes contaminadores, sino que abarca todo el sistema capitalista, que existe sobre la base de la maximización de ganancias, lo que conlleva a la sobreproducción y el sobre-consumo de recursos.

No se puede seguir fabricando productos no duraderos en un planeta con recursos limitados y con espacio limitado para desechar o reciclar los productos usados. Es mucho lo que se desperdicia en el ciclo de la obsolescencia planeada y la obsolescencia percibida, sobre el cual prospera el capitalismo. Es mucho lo que se produce que aporta poco o ningún beneficio para la humanidad, solo para que unos cientos de multimillonarios puedan enriquecerse y seguir enriqueciéndose aún más.

En el socialismo con una economía socialista planeada, el estado, el cual sería operado por y para el pueblo, y no por una pandilla de millonarios o multimillonarios, consideraría los recursos disponibles y cómo utilizar y distribuir dichos recursos para beneficio de todos y de manera sustentable. En el socialismo, los beneficios a largo plazo para la sociedad son primordiales, en lugar de las ganancias trimestrales de los accionistas capitalistas.

Sobre el asunto de la sobrepoblación como factor determinante del cambio climático en el que hace hincapié la carta, muchos estudios demuestran que el crecimiento poblacional disminuye a medida en que se la sociedad desarrolla y se amplían las oportunidades para la educación y el empleo (97 por ciento del crecimiento poblacional ocurre en los países menos desarrollados).

En el socialismo, que cuenta con una visión internacionalista, aquellos que cuentan con tecnología y recursos más avanzados ayudarían a elevar a países en desarrollo, creando un mundo más equitativo, lo cuál contribuiría a la reducción del crecimiento poblacional.

Compartiendo ese mismo espíritu internacionalista, los científicos, expertos tecnológicos, y obreros del mundo unirían fuerzas para compartir los conocimientos y recursos y así mitigar los efectos del cambio climático y crear un camino sustentable hacia el futuro. En lugar de que los científicos trabajen para una sola corporación, ocultando sus hallazgos y desarrollando su investigaciones en secreto para permitir que sus patrones saquen ganancia a través de patentes, todos losdescubrimientos y avances tecnológicos serían compartidos. El ejemplo de la Cuba socialista, compartiendo el entrenamiento médico y doctores con otros países nos da una idea de lo que podría lograr el socialismo a nivel mundial.

Posiblemente los escépticos considerarán lo anterior como una utopía, pero este es el mundo por el que el Partido por el Socialismo y la Liberación y otros socialistas revolucionarios luchamos. Sabemos que cuando ya no tengamos que pelear los unos con los otros por las sobras que nos arrojan los capitalistas, la verdadera naturaleza de la humanidad es de cooperación.

El presidente bolivariano Evo Morales, indígena y socialista, dijo “La competencia y la sed de ganancia sin límites del sistema capitalista están destrozando el planeta…. El ‘cambio climático’ ha colocado a toda la humanidad frente a una gran disyuntiva: continuar por el camino del capitalismo y la muerte, o emprender el camino de la armonía con la naturaleza y el respeto a la vida.”
Únase a nosotros en la lucha por el socialismo. Unidos venceremos.


(Tomado de Liberation News)

miércoles, 5 de julio de 2017

Pablo Milanés otra vez denigra a su pueblo.

Por: José Miguel Vázquez.

El afamado cantautor cubano Pablo Milanés se encuentra por estos dias en Madrid, España, donde actuará este viernes en el Festival " Noches del Botánico ".

El sitio digital El Mundo es, publica algunas declaraciones donde aborda aspectos artísticos y políticos, y nuevamente aprovecha su estancia fuera del país para volver a la carga en sus diatribas contrarrevolucionarias.

Pablo dijo textualmente "--- "En Cuba es muy difícil que se altere cualquier cosa. El pueblo cubano es un pueblo adormecido por un sistema estancado, que es incapaz de aportar nada nuevo".

y más adelante expresó: ---  "Es un pueblo muy talentoso. Pero todo el talento que se puede ver en los músicos cubanos está al margen de la política. Y las cosas que suceden no influyen en nada", lamenta. "Fíjate, por ejemplo, en una persona que nació en 1959, que tiene ya 57 años y que no ha conocido otra realidad más que ésa".

A eso, dice, hay que sumar el contexto internacional. "El país está entre dos aguas. De un lado, el Gobierno de Cuba y, del otro, Donald Trump. Al final, la víctima es el propio país, que no es capaz de definir su propio futuro".

¿ Pueblo adormecido dice este señor ? Un pueblo culto, con dominio de su historia y cultura, que ha transitado por más de 50 años de duro bloqueo imperialista hasta el punto de no dejarlo apenas levantar cabeza para lograr un desarrollo estable, y que pese a eso resiste y se enfrenta con valentía a cualquier adversidad para mantenerse libre e independiente. Un pueblo adormecido que no le niega la enseñanza y ni la oportunidad de que cada cual piense con su propia cabeza. Un pueblo adormecido que amplía todos los horizontes posibles a su alcance para que disfrutemos de una sociedad más justa y equitativa aún en las actuales limitaciones económicas .

¿ A qué le llama Pablo Milanás soportar algo nuevo ? A que volvamos otra vez al capitalismo brutal que padecimos en epocas pasadas con su correspondiente carga de injusticias, analfabetismo, desalojo de campesinos de sus tierras, asesinatos por doquier, gangsterismo, prostitución desmedida, insalubridad generalizada, corrupción gubernamental oficial. ¿ A eso le llama Pablo Milanés algo nuevo ?

Si le preguntaramos a  este artista que reniega de sus raices, que sería lo bueno para Cuba ¿ Acaso, una vuelta de tuerca al capitalismo, volver a la política de sálvese el que pueda, la del hambre y la miseria y la opulencia para otros ?.

No Pablo Milanés, ese país no lo queremos, preferimos seguir viviendo en nuestra Revolución que será pobre, y con limitaciones, pero digna, justa, equitativa, decente y más humana.

Como el mismo dijo en una célebre canción..No vivimos en una sociedad perfecta....pero seguramente eso si. más justa , y digna que esa que nos está proponiendo. .

Dice que los que nacieron ya tienen 57 años y no han vivido otra realidad que esta ? Y qué realidad propone usted que viva Cuba ?, La de país prostituido, donde prime el narcotráfico, el hambre,la miseria,la incultura,los politiqueros corruptos y ladrones, los asesinatos políticos,la pobreza y la desigualdad ? Porque señor Pablo Milanés, en este mundo en que vivimos no hay términos medios, eso de centrismo político no es más que un engaño y una vuelta de tuerca al capitalismo desenfrenado.

Cuba señor Pablo Milanés si está definiendo su propio futuro, un futuro donde los derechos a la educación, la cultura, la salud, el desarrollo sostenible de nuestra sociedad cubana sean los factores que primen.y proporcionen bienestar a nuestro pueblo.

No se a que futuro se refiere usted...pero sería bueno que lo dijera, para poderle contestar punto por punto 

Con usted la Revolución ha sido muy generosa, pese a todas sus declaraciones llenas de subversión, y orientaciones contrarrevolucionarias, con usted nadie se ha metido, usted no está limitado en sus actuaciones artísticas, ud sale por la TV Cubana, sale al extranjero como ahora cada vez que quiere, y disfruta plenamente de todo el ingreso financiero que le proporcionanan sus actuaciones.

Lo cortés no quita lo valiente, usted Pablo Milanés es un gran cantautor, tiene muchos simpatizantes en el mundo entero, pero politicamente usted es un renegado que ya no se esconde para pedir abiertamente que en Cuba no haya más Revolución y Socialismo, es decir volver al capitalismo nefasto en que el hombre es el lobo del hombre. 

Si usted como dice no tiene muchas esperanzas acerca del futuro de nuestro país, pues váyase al que más le guste y déjenos a nosotros vivir como hemos vivido hasta ahora, trabajando, luchando, defendiendo este proceso revolucionario que nos trajo Fidel, ese hombre que por sobre otra consideración lo respetó siempre a usted y supo aquilatar sus valores artísticos.




martes, 7 de marzo de 2017

Las visiones de Fidel en los nuevos escenarios de lucha




Niños camagüeyanos participando en el desfile pioneril martiano en homenaje al Apóstol cubano José Martí, en el aniversario 164 de su natalicio, y en recordación al líder histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro, el 28 de enero de 2017. Foto: Rodolfo Blanco/ ACN.
“Yo soy Fidel”, fue una consigna asumida por el pueblo cuando el Comandante desapareció físicamente. En la imagen, niños camagüeyanos participan en el desfile pioneril martiano en homenaje al Apóstol cubano José Martí, en el aniversario 164 de su natalicio, y en recordación al líder histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro, el 28 de enero de 2017. Foto: Rodolfo Blanco/ ACN.

El primer homenaje que recibió Fidel al morir fue una consigna de hoy, una invención de jóvenes que hizo suya todo el pueblo de Cuba: “yo soy Fidel”. Así se demostró que Fidel es del siglo XXI, y que cuando el pueblo entero se moviliza con conciencia revolucionaria es invencible. En esos días del duelo, Fidel libró su primera batalla póstuma y volvió a mostrarle a todos, como en 1953, el camino verdadero.

Hoy, cuando vamos a compartir acerca de los caminos de las luchas — porque lo verdadero son las luchas — , es natural comenzar con la ayuda de Fidel, y emular con sus ideas y sus actos para sacarles provecho, no imitándolos, sino traduciéndolos a nuestras necesidades, situaciones y acciones.
Para sacarle provecho a Fidel, tenemos que evitar repetir una y otra vez lugares comunes y consignas. Conocer más las creaciones y las razones que lo condujeron a sus victorias, las dificultades y los reveses que Fidel enfrentó, lo que pensó sobre los problemas, sus acciones concretas, puede aportarnos mucho, y de esa manera será más grande su legado.

En el tiempo de su vida pueden distinguirse tres aspectos: Fidel, joven revolucionario; el líder de la Revolución cubana y el líder latinoamericano, del Tercer Mundo y mundial.

Fidel brinda un gran número de enseñanzas, tanto para el individuo como para las luchas políticas y sociales. Quisiera enumerar muy brevemente algunas de las características de su legado que me parecen importantes para nuestros objetivo
s:
1- Partir de lo imposible y de lo impensable, para convertirlos en posibilidades mediante la práctica consciente y organizada y el pensamiento crítico, conducir esas posibilidades actuantes hacia la victoria al mismo tiempo que se forman y educan factores humanos y sociales para poder enfrentar situaciones futuras, y mediante las luchas, los triunfos y las consolidaciones convertir las posibilidades en nuevas realidades.

2- No aceptar jamás la derrota. Fidel nunca se quedó conviviendo con la derrota, sino que peleó sin cesar contra ella. Me detengo en cinco casos importantes en su vida en que esto sucedió: 1953, 1956, 1970, el proceso de rectificación y la batalla de ideas. En 1953 respondió a la derrota del Moncada con un análisis acertado de la situación para guiar la acción. Cuando todos creían que era un iluso, se reveló como un verdadero visionario. En 1956, cuando el desastre del Granma, respondió con una formidable determinación personal y una fe inextinguible en mantener siempre la lucha elegida, por saber que era la acertada.

En 1970, comprobó que lograr el despegue económico del país era extremadamente difícil, pero entonces apeló a los protagonistas, mediante una consigna revolucionaria: “el poder del pueblo, ese sí es poder”. En 1985, fue prácticamente el primero que se dio cuenta de lo que iba a hacer la URSS, que le traería a Cuba soledad, desastre económico y más grave peligro de ser víctima del imperialismo, pero su respuesta fue ratificar que el socialismo es la única solución para los pueblos, la única vía eficaz y la única bandera popular, que lo necesario es asumirlo bien y profundizarlo. Entonces movilizó al pueblo y acendró su conciencia, y sostuvo firmemente el poder revolucionario. En el 2000, ante la ofensiva mundial capitalista y los retrocesos internos de la Revolución Cubana en la lucha para sobrevivir, lanzó y protagonizó la Batalla de Ideas, con sus acciones en defensa de la justicia social, su movilización popular permanente y su exaltación del papel de la conciencia.

3- La determinación de luchar en todas las situaciones. Sería muy conveniente considerar como concepto a la determinación personal, en el estudio de los que se lanzan a lograr transformaciones sociales. La praxis es decisiva.

4- Organizar, fue una constante, una fiebre de Fidel.

5- La comunicación siempre, con cada ser humano y con las masas, en lo cotidiano y en lo trascendente, es una de las dimensiones fundamentales de su grandeza y es uno de los requisitos básicos del liderazgo.

6- Utilizar tácticas muy creativas, y estrategias impensables, y sin embargo factibles.

7- Luchar por el poder y conquistarlo. Mantener, defender y expandir el poder. Se puede discutir casi eternamente acerca el poder en términos abstractos, pero solo las prácticas revolucionarias logran convertir al poder en un problema que pueda resolverse.

8- Crear los instrumentos y los protagonistas. Tomar las instituciones para ponerlas a nuestro servicio, no para ponernos al servicio de ellas.

9- Ser más decidido, más consciente y organizado, y más agresivo que los enemigos.

10- Enseñar y aprender al mismo tiempo con los sectores del pueblo que participan o que simpatizan, y después con todo el pueblo. Avanzar hacia formas de poder popular.

11- El gran logro cubano, unir la liberación nacional a la revolución socialista.

12- Ser siempre un educador. Hacer educación a escala del pueblo. Que el pueblo se levante espiritualmente y moralmente, para que se vuelva participante consciente y capaz de todo, complejice sus ideas y sus sentimientos y enriquezca sus vidas.

13- Que la concientización esté en el centro del trabajo político, no solo para avanzar y ser mejores, sino para que la política llegue a convertirse en una propiedad de todos.
Fidel en 1976, durante el discurso en el acto de masas en honor al General Omar Torrijos, Jefe de Gobierno de la República de Panamá, efectuado en la Ciudad Escolar "26 de Julio", en Santiago de Cuba. Foto tomada de Fidel Soldado de las Ideas.
“La mayor lección que le brinda Fidel a los luchadores de América Latina actual es lo que pensó y lo que hizo entre 1953 y 1962”, dice Martínez Heredia. En la imagen, Fidel en 1976, durante el discurso en el acto de masas en honor al General Omar Torrijos, Jefe de Gobierno de la República de Panamá, efectuado en la Ciudad Escolar “26 de Julio”, en Santiago de Cuba. Foto tomada de Fidel Soldado de las Ideas.

Siento que la mayor lección que le brinda Fidel a los luchadores de América Latina actual es lo que pensó y lo que hizo entre 1953 y 1962.

Desde hace un año estamos oyendo decir que la situación en nuestro continente se ha vuelto cada vez más difícil, por que acontecen hechos adversos a los pueblos, y por la ofensiva del imperialismo y sus cómplices de clases que son a la vez dominadas por él y dominantes en sus países. Aunque parezca que empiezo por el final, quisiera comenzar con un comentario acerca de las relaciones que existen entre dificultades y revolución.

Para los revolucionarios, y durante los procesos de revolución, hay momentos felices y procesos felices, pero en las revoluciones verdaderas no hay coyunturas fáciles. Cuando puedan parecernos fáciles es solamente porque no nos hemos dado cuenta de sus dificultades. Y es así porque estas revoluciones, a las que amamos y por las que estamos dispuestos a todo, son las iniciativas más audaces y arriesgadas de los seres humanos, que emprenden transformaciones prodigiosas liberadoras de las personas y de las relaciones sociales, a tal grado que nunca más quieran, ni puedan, volver a vivir en vidas y sociedades de dominación y de violencias y daños de unos contra otros, de individualismo y afán de lucro. Son revoluciones que pretenden ir creando personas cada vez más plenas y capaces, y realidades que contengan cada vez más libertad y justicia, donde entre todos se logre cambiar el mundo y la vida. Es decir, crear personas y realidades nuevas.

Si lo que acabo de decir le parece imposible al mundo existente y las creencias vigentes en la prehistoria de la humanidad, al sentido común y al consenso con lo esencial que mantiene a las sociedades sujetas al capitalismo, ¿cómo no va a ser sumamente difícil todo lo que hagamos y proyectemos? Si jamás las clases dominantes estarán dispuestas a admitir que se levante el pueblo y adquiera dignidad, orgullo de sí mismo y dominio de la situación, conciencia y organizaciones suyas, a su servicio y eficaces, que esté en el poder y que lo convierta en un poder popular, entonces hay que convenir en que en esas épocas todo se vuelve muy difícil para la causa del pueblo.

El joven Carlos Marx avizoraba bien cuando escribió que solamente mediante la revolución podrán los dominados salir del fango en que viven metidos toda su vida, porque los cambios y la creación de nuevas sociedades exigen también liberaciones colosales de los enemigos íntimos que todos albergamos dentro.

¿Cómo no van ser tan difíciles las revoluciones de liberación? Pero, si miramos bien y no nos dejamos desanimar, constataremos que el campo popular ya tiene mucho a su favor. Entremos con esas armas en un problema inmediato, que no es pequeño. La coyuntura actual expresa de manera escandalosa una carencia del campo popular que se ha ido acumulando en las últimas décadas, al mismo tiempo que esa carencia dejaba de ser percibida como una grave debilidad: la de un pensamiento verdaderamente propio, capaz de fundamentar su identidad en relación con su conflicto irremediable con la dominación del capitalismo, y capaz de servir para comprender las cuestiones esenciales de la época, las coyunturas, los campos sociales implicados y las fuerzas en pugna.

Un pensamiento, por consiguiente, fuerte, convincente y atractivo, al mismo tiempo que útil como instrumento movilizador y unificante de lo diverso, y como herramienta eficaz para guiar análisis y políticas acertadas que contribuyan a la actuación y a la formulación de proyectos.
Esa ausencia del desarrollo de un pensamiento poderoso del campo popular, crítico y creador, puede constatarse ante el estupor y la falta de explicaciones válidas que han abundado frente a los acontecimientos en curso en varios países latinoamericanos, que han registrado diferentes quebrantos, derrotas o retrocesos de procesos que han sido favorables a sus poblaciones y a su autonomía frente al imperialismo en lo que va de este siglo. En lugar de análisis coherentes, profundos y orientadores hemos escuchado o leído más de una vez comentarios superficiales revestidos con palabras que quisieran ser conceptos, o dogmas que quisieran cumplir funciones de interpretación.

Nada se avanza cuando se tilda de malagradecidos a sectores pobres o paupérrimos que mejoraron su alimentación y sus ingresos, y tuvieron más oportunidades de ascender uno o dos peldaños desde el fondo del terrible orden social, porque no han sido activos en defender a gobiernos que los han favorecido, o hasta les han vuelto la espalda en determinados eventos que les aportan triunfos a los reaccionarios. Y hasta se intenta explicar esos sucesos con retazos de una supuesta teoría de las clases sociales, como cuando se repite la proposición absurda de que “se convirtieron en clase media, y ahora actúan como tales”.

Es preferible comenzar por ser precisos ante los hechos y partir siempre de ellos, como cuando el dirigente del Movimiento de los Sin Tierra de Brasil, Joao Pedro Stedile, dice: “Tenemos muchos retos de corto plazo para poder enfrentar a los golpistas. La clase trabajadora sigue en casa, no se movilizó. Se movilizaron los militantes, los sectores más organizados. Pero el 85 por ciento de la clase sigue viendo novelas en la televisión”.

Tampoco se va lejos cuando se elaboran y discuten explicaciones de los eventos y las situaciones políticas e ideológicas candentes de la coyuntura a base de menciones acerca del fin de ciclos de altos precios de las materias primas, ni siquiera cuando economistas capaces ofrecen datos serios y añaden el descenso de la dinámica de la economía mundial y otros factores y procesos adversos.

Simplificando un poco más, habríamos tenido unos quince años de victorias electorales, gobiernos llamados progresistas y notables logros por medidas sociales, una fuerte autonomización de gran parte del continente respecto a los dictados de Estados Unidos y avances en las relaciones bilaterales y las coordinaciones de los países de la región hacia una futura integración, solamente porque tuvimos un largo ciclo de altos precios de exportación de las materias primas, algo que es explicable por los avatares de la economía mundial. Y como ahora esta se mueve en otro sentido y bajan los precios, debe terminar el ciclo político y social, y “la derecha” debe avanzar y recuperar sin remedio la posición dominante que había perdido.

Una persona con buena memoria y escasa credulidad se preguntaría enseguida cómo fue posible que a inicios de los años setenta del siglo pasado no sucediera en la región lo mismo que a inicios de este siglo, en cuanto a elecciones victoriosas, buenas políticas sociales y más autonomía de los Estados y horizontes integracionistas. Porque en aquella coyuntura subieron mucho los precios de las materias primas y, además, en buena parte de la región se vivían aumentos más o menos grandes del sector industrial, con ayuda de aquellos redesplazamientos jubilosos del gran capital en busca de maximización de ganancias que hoy tanto disgustan a Donald Trump.

Lo que sucedió entonces fue totalmente diferente: dictaduras, represiones que llegaron hasta el genocidio, conservatización de las sociedades y otros males, que no deben ser olvidados. Por consiguiente, hay que concluir, no es verdad que a determinada situación económica le “correspondan” necesariamente ciertos hechos políticos y sociales, y no otros.

En este caso estamos ante una de las deformaciones y reduccionismos principales que ha sufrido el pensamiento revolucionario, quizás la más extendida y persistente de todas: la de atribuir una supuesta causa “económica” a todos los procesos sociales. Detrás de su aparente lógica está la cosificación de la vida espiritual y de las ideas sociales que produjo el triunfo del capitalismo, que es aceptada por aquellos que pretenden oponerse al sistema sin lograr salir de la prisión de su cultura, y la consiguiente incapacidad de comprender que son los seres humanos los protagonistas de todos los hechos sociales.
Acto central conmemorativo por el XXXII aniversario del asalto al Cuartel Moncada celebrado en la provincia de Guantánamo en 1985. Pronuncia discurso. Foto: Editora Política.
Fidel en el acto central conmemorativo por el XXXII aniversario del asalto al Cuartel Moncada, celebrado en la provincia de Guantánamo en 1985. Pronuncia discurso. Foto: Editora Política.

Tres procesos sucedidos dentro las últimas cuatro décadas han tenido un gran impacto y muy duraderas consecuencias para nuestro continente. El estrepitoso final del sistema que llamaban socialismo real y sus constelaciones políticas en el mundo, con consecuencias tan negativas en numerosos terrenos. El de la imposibilidad para la mayoría de los países del planeta de lograr el desarrollo económico autónomo de un país sin que necesariamente saliera del sistema del capitalismo. La terrible realidad fue la continuación de regímenes de explotación, opresiones y neocolonialismo, sin que fuera posible desplegar economías nacionales autónomas y capaces de crecer en beneficio del pleno empleo, más producción y productividad, servicios sociales suficientes para todos y una riqueza propia que repartir. El tercer proceso fue el de la consumación del dominio de Estados Unidos sobre casi todo nuestro continente. El capitalismo en América Latina transitó un largo camino de evoluciones neocolonializadas, sobredeterminadas por el poder de Estados Unidos, que lo dejó mucho más débil y subalterno.

Las lecciones que nos brindan esos tres procesos están claras y son sumamente valiosas. Una, todos los avances de las sociedades son reversibles, aun los que se proclamaban eternos; es imprescindible conocer qué es realmente socialismo y qué no lo es. Hay que comprender y organizar la lucha por el socialismo desde las complejidades, dificultades e insuficiencias reales, sin hacer concesiones, como procesos de liberaciones y de creaciones culturales que se vayan unificando.
Dos, el capitalismo es un sistema mundial, actualmente hipercentralizado, financiarizado, parasitario y depredador, que solo puede vivir si sigue siéndolo, por lo que no va a cambiar. Las clases dominantes de la mayoría de los países necesitan subordinarse y ser cómplices de los centros imperialistas, porque no existe espacio ni tienen suficiente poder para pretender ser autónomos. La actividad consciente y organizada del pueblo, conducida por proyectos liberadores, es la única fuerza suficiente y eficaz para cambiar la situación. Para la mayoría de los países del planeta, serán los poderes y los procesos socialistas la condición necesaria para plantearse el desarrollo, y no el desarrollo la condición para plantearse el socialismo, como dijo Fidel en 1969.

Tres, Estados Unidos hace víctima a este continente tanto de su poderío como de sus debilidades, como una sobredeterminación en contra de la autonomía de los Estados, el crecimiento sano de las economías nacionales y los intentos de liberación de los pueblos. La explotación y el dominio sobre América Latina es un aspecto necesario de su sistema imperialista, y siempre actúa para impedir que esa situación cambie. Por tanto, es imprescindible que el antimperialismo forme parte inalienable de todas las políticas del campo popular y de todos los procesos sociales de cambio.
Como era de esperar, el capitalismo pasó a una ofensiva general para sacarle todo el provecho posible a aquellos eventos y procesos, y establecer el predominio planetario e incontrastado de su régimen y su cultura. El objetivo era, más allá de las represiones y las políticas antisubversivas, consolidar una nueva hegemonía que desmontara las enormes conquistas del siglo XX, manipulara las disidencias y protestas inevitables, y las identidades, impusiera el olvido de la historia de resistencias y rebeldías, y lograra generalizar el consumo de sus productos culturales y el consenso con su sistema de dominación.

Esa ofensiva no terminó, sino que se consolidó como una actividad sistematica, que sigue siéndolo hasta hoy. Es dentro de ese marco general que en cierto número de países de América Latina y el Caribe, que es la región del mundo con mayor potencial de contradicciones que pueden convertirse en acciones contra el sistema, movimientos populares combativos y victorias electorales produjeron cambios muy importantes de la situación general, a favor de sectores muy amplios de la población y de la capacidad de actuación independiente de una parte de los Estados.

La institucionalidad y las reglas políticas del juego cívico no fueron violadas para acceder y mantenerse en el gobierno, pero dentro de ese orden se han logrado reales avances, que sintetizo en seis aspectos: políticas sociales que benefician a amplios sectores necesitados; ejercicios de la ciudadanía mucho más amplios y mejores; cambios muy positivos en la institucionalidad en algunos de esos países; un rango apreciable de autonomía en el accionar internacional; más relaciones bilaterales latinoamericanas; y adelantos en las relaciones y coordinaciones de los países de la región, bajo la advocación de la necesidad de una integración continental.
No me detengo en esas nuevas realidades, que han alentado muchas motivaciones y esperanzas de avanzar hacia cambios más profundos, y han recuperado la noción del socialismo como el horizonte a conquistar, pocos años después de aquel colapso europeo que el capitalismo pretendió que fuera definitivo a escala mundial. Pero si quiero enfatizar dos cuestiones que el militante social y político debe analizar, conocer y manejar en sus prácticas.

Primera, cada país tiene características, dificultades, acumulaciones históricas y condicionamientos que son específicos de él y resultan decisivos, al mismo tiempo que existen rasgos y necesidades comunes a la región que pueden ser fuente de aumento de la fuerza y el potencial de cada país, si somos capaces de desarrollar la cooperación y el internacionalismo.
Segunda, los poderes establecidos en estos países confrontan enormes limitaciones, porque tienen muy poco control de la actividad económica, y padecen la hostilidad de una parte de los propios poderes del Estado y de los medios de comunicación.

Al hacer un balance de 2016, podemos constatar lo específico de cada país. La gran victoria electoral legislativa de la reacción venezolana no consiguió deponer a Maduro, y ahora se encuentra sin fuerza, unidad ni líderes suficientes para intentarlo. Pero en Brasil una pandilla de delincuentes logró todo lo que quiso, sin que haya fuerzas populares organizadas para resistir con alguna eficacia. Los procesos de Bolivia y Ecuador se mantienen fuertes y estables ante sus situaciones específicas, y en Nicaragua el FSLN acaba de ganar otra vez las elecciones muy holgadamente. En México no es probable un triunfo de partidos opositores en 2018, aunque el prestigio del equipo gobernante está muy deteriorado y existen manifestaciones de protesta y resistencia no articuladas.

Estas especificidades, y muchos otras de tamaño y sentido diferentes, podrían irse enumerando, pero seguiría en pie un problema de gran envergadura: Estados Unidos continúa su ofensiva general dirigida a recuperar todo el control neocolonial sobre América Latina –incluida una “ofensiva de paz” contra Cuba — , y el bloque que forma con los sectores reaccionarios y entreguistas de cada país continúa tratando de cancelar o ir debilitando los procesos de los últimos quince años de la región.
¿Será suficiente el voto, la voluntad popular expresada en las urnas, al menos para defender con éxito las políticas sociales, los funcionarios electos y la legalidad existente, y que ellos no sean burlados, quebrantados o eliminados por la reacción? ¿Podrán seguir existiendo los procesos basados en una institucionalidad sin cambios en el suelo social y político para lograr transformaciones que beneficien a la población y abran paso a sociedades más justas y mejor gobernadas? ¿O, en unos casos, esa vía solo franqueará una forma intermedia de reconstitución a mediano plazo del poder del capitalismo en la región, en apariencia más avanzada que las formas previas, pero que en realidad habría sido solamente su puesta al día, sin afectar a lo esencial del sistema de dominación? Mientras que en otros países del continente se ha permanecido bajo el control del sistema y de camarillas que detentan o administran el poder.

Nada está decidido, ni nuestros enemigos ni nosotros tenemos la victoria al alcance de la mano. Pero albergo la certeza de que las batallas ideológicas y políticas serán las que determinarán la decisión en el enfrentamiento general.

Destaco tres direcciones principales para el trabajo de análisis: a) buscar con rigor y sin omisiones todos los datos y todas las percepciones y formulaciones ideológicas que tengan alguna importancia –porque tanto unos como las otras constituyen las realidades que existen — , analizarlas por partes e integralmente, encontrar y formular lo esencial y describir al menos lo secundario; b) examinar y valorar los condicionamientos que sean relevantes para nuestra actuación, institucionales, económicos, ideológicos, políticos o de otro tipo; c) analizar y conocer las identidades, motivaciones, demandas, capacidad movilizativa y grado de organización con que contamos, y lo que está a favor de nuestros adversarios en esos mismos campos, es decir, la correlación de fuerzas. E insisto en que son las actuaciones de los seres humanos la materia principal de los eventos que mañana serán históricos.

La reacción no está proponiendo ideas, está produciendo acciones. No maneja fundamentaciones acerca de la centralidad que debe tener el mercado, la reducción de las funciones del Estado, la apología de la empresa privada y la conveniencia de subordinarse a Estados Unidos. No es a través del debate de ideas que pretende fortalecer y generalizar su dominio ideológico y cultural. El anticomunismo y la defensa de los viejos valores tradicionales ya no son sus caballos de batalla, ni los viejos organismos políticos son sus instrumentos principales.
Fidel pronuncia discurso en la Clausura del VII Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, efectuada en el Teatro "Karl Marx". Foto: Estudios Revolución.
Fidel pronuncia discurso en la Clausura del VII Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, efectuada en el Teatro “Karl Marx”. Foto: Estudios Revolución.
Desde hace veinte años vengo planteando que el esfuerzo principal del capitalismo actual está puesto en la guerra cultural por el dominio de la vida cotidiana, lograr que todos acepten que la única cultura posible en esa vida cotidiana es la del capitalismo, y que el sistema controle una vida cívica despojada de trascendencia y organicidad. Lamento decir que todavía no hemos logrado derrotar esa guerra cultural.

El consumo amplio y sofisticado, que está presente en todas las áreas urbanas del mundo, pero al alcance solamente de minorías, es complementado por un complejo espiritual “democratizado” que es consumido por amplísimos sectores de población. Se tiende así a unificar en su identidad a un número de personas muy superior al de las que consumen materialmente, y lograr que acepten la hegemonía capitalista. La mayoría de los “incorporados” al modo de vida mercantil capitalista son más virtuales que reales. Pero, ¿formarán ellos parte de la base social del bloque de la contrarrevolución preventiva actual? El capitalismo alcanzaría ese objetivo si consigue que la línea divisoria principal en las sociedades se tienda entre los incorporados y los excluidos. Los primeros — los reales y los potenciales, los dueños y los servidores, los vividores y los ilusos — se alejarían de los segundos y los despreciarían, y harían causa común contra ellos cada vez que fuera necesario.

La reproducción cultural universal de su dominio le es básica al capitalismo para suplir los grados crecientes –y contradictorios — en que se ha desentendido de la reproducción de la vida de miles de millones de personas a escala mundial, y se apodera de los recursos naturales y los valores creados, a esa misma escala. Para ganar su guerra cultural, le es preciso eliminar la rebeldía y prevenir las rebeliones, homogeneizar los sentimientos y las ideas, igualar los sueños. Si las mayorías del mundo, oprimidas, explotadas o supeditadas a su dominación, no elaboran su alternativa diferente y opuesta a él, llegaremos a un consenso suicida, porque el capitalismo no dispone de un lugar futuro para nosotros.

El capitalismo no intenta imponer un pensamiento único, como ellos afirman, sino inducir que no haya ningún pensamiento. Está en marcha un colosal proceso de desarmar los instrumentos de pensar y la costumbre humana de hacerlo, de ir erradicando las inferencias mediatas, hasta alcanzar una especie de idiotización de masas.

La situación está exigiendo revisar y analizar con profundidad y con espíritu autocrítico todos los aspectos relevantes de los procesos en curso, todas las políticas y todas las opciones. Esa actitud y las actuaciones consecuentes con ella son factibles, porque el campo popular latinoamericano posee ideales, convicciones, fuerzas reales organizadas y una cultura acumulada.

Una enseñanza está muy clara: distribuir mejor la renta, aumentar la calidad de la vida de las mayorías, repartir servicios y prestaciones a los inermes es indispensable, pero no es suficiente. Alcanzar victorias electorales populares dentro del sistema capitalista, administrar mejor que sus pandillas de gobernantes, e incluso gobernar a favor del pueblo a contracorriente de su orden explotador y despiadado, es un gran avance, pero es insuficiente. Vuelve a demostrar su acierto una proposición fundamental de Carlos Marx: la centralidad de una nueva política en la actividad del movimiento de los oprimidos, para lograr vencer y para consolidar la victoria.

Estamos abocándonos a una nueva etapa de acontecimientos que pueden ser decisivos, de grandes retos y enfrentamientos, y de posibilidades de cambios sociales radicales. Es decir, una etapa en la que predominarán la praxis y el movimiento histórico, en la que los actores podrían imponerse a las circunstancias y modificarlas a fondo, una etapa en la que habrá victorias o derrotas.

Comprender las deficiencias de cada proceso es realmente importante. Pero más aún lo es actuar. Concientizar, organizar, movilizar, utilizar las fuerzas con que se cuenta, son las palabras de orden. No se pueden aceptar expresiones de aceptación resignada o de protesta timorata: hay que revisar las vías y los medios utilizados y su alcance, sus límites y sus condicionamientos. Y hacer todo lo que sea preciso para que no sea derrotado el campo popular. La eficiencia para garantizar los derechos del pueblo y defender y guiar su camino de liberaciones debe ser la única legitimidad que se les exija a las vías y a los instrumentos. Las instituciones y las actuaciones tendrán su razón de ser en servir a las necesidades y los intereses supremos de los pueblos, a la obligación de defender lo logrado y la confianza y la esperanza de tantos millones de personas. Esa debe ser la brújula de los pueblos y de sus activistas, representantes y conductores.

En la época que comienza se está levantando una concurrencia de fuerzas muy diferentes e incluso divergentes, a quienes unirán necesidades, enemigos comunes y factores estratégicos que van más allá de sus identidades, sus demandas y sus proyectos. Y solamente tendrá probabilidades de triunfar una praxis intencionada, organizada, capaz de manejar los datos fundamentales, las valoraciones, las opciones, la pluralidad de situaciones, posiciones y objetivos, las condicionantes y las políticas que están en juego.

La radicalización de los procesos deberá ser la tendencia imprescindible para su propia sobrevivencia. Serían suicidas los retrocesos y las concesiones desarmantes frente a un enemigo que sabe ser implacable, pero lo principal es que — dado el nivel que han alcanzado la cultura política de los pueblos y las esperanzas de libertad, justicia social y bienestar para todos — los movimientos, los poderes y los líderes prestigiosos y audaces solo podrán multiplicar las fuerzas populares y tener opción de vencer si ponen la liberación efectiva de los yugos del capitalismo en la balanza de sus convocatorias a luchar.

La política revolucionaria no puede conformarse con ser alternativa. La naturaleza del sistema lo ha situado en un callejón sin salida en general, pero su poder y sus recursos actuales le permiten un amplio arco de respuestas contra los procesos en curso, y también puede dejarle un nicho de tolerancia a algunas alternativas mientras combina la inducción y la espera hasta que se desgasten. En la medida en que vayamos obteniendo triunfos y cambios de nosotros mismos, convertiremos las alternativas en procesos de emancipación humana y social.

Mientras exista la opresión, la explotación y la dominación capitalista, no habrá soluciones ni regímenes políticos y sociales satisfactorios para las mayorías, ni serán duraderos. La liberación de los seres humanos y las sociedades es lo que abrirá las puertas a la creación de un mundo nuevo. ¿Parece demasiada ambición? Sí, naturalmente. Pero es lo único factible.


(Palabras del autor en el 12º Paradigmas Emancipatorios)

jueves, 8 de octubre de 2015

A propósito del 8 de octubre: Che, más allá del mito



ernesto-che-guevara-rosario-argentina-poltico-escritor-periodista
Por Homar Garcés

El 11 de octubre de 1967, Walt Rostow, asesor del presidente estadounidense Lyndon Johnson, le envía a éste un memorando donde analiza las implicaciones del ajusticiamiento de Ernesto Che Guevara: “Su muerte marca la desaparición de otro de los agresivos revolucionarios románticos… En el contexto latinoamericano, tendrá un gran impacto en descorazonar futuros guerrilleros”. A pesar de la sensación de triunfo que embargó a los sectores dominantes estadounidenses y latino-caribeños del momento, la desaparición física del Comandante Guevara no impidió que se mantuviera latente la lucha de resistencia de los pueblos de nuestra América por su liberación nacional.

Médico de profesión, pero revolucionario internacionalista de convicción, más allá del mito, el Che representa un ejemplo permanente de pensamiento y de acción en pos de la construcción de un modelo de civilización de nuevo tipo, como lo demostrara en diversos momentos de su vida, reivindicando una tradición de lucha revolucionaria que diera comienzo con el proceso independentista de las naciones de nuestro continente. En él no tenían cabida los prejuicios chovinistas exhibidos por algunos seudo revolucionarios para quienes la revolución es un proceso a desarrollarse fronteras adentro de sus países, sin llegar a comprender a cabalidad la dimensión de la lucha anticapitalista y antiimperialista al lado de todos los demás pueblos del planeta.

Esa visión internacionalista de la revolución le llevó a dejar Cuba, donde fácilmente pudo quedarse con su familia y ejercer funciones importantes de gobierno. Sin embargo, en vez de ello decidió incorporarse a las guerrillas que combatían el colonialismo belga en África. Incluso, tuvo la idea de unirse a la lucha guerrillera en Venezuela, pero por diferencias con quienes estaban al frente de la misma no pudo concretarse, teniendo que esperar su momento para ir a Bolivia y, desde allí, crear las condiciones necesarias para que la América nuestra insurgiera en masa contra el imperialismo y sus lacayos tradicionales. Todo esto en un contexto generalizado de lucha antiimperialista, cuyos símbolos más resaltantes entonces eran Vietnam y Cuba, enfrentados en una guerra asimétrica contra el poderío militar y económico de Washington.

Pero, al margen de sus experiencias militares conocidas, el Che demostró sus dotes como teórico original del socialismo revolucionario, de modo que se pudiera contar con las herramientas ideológicas adecuadas a la realidad cubana, en un primer lugar, y que éstas, en un segundo plano, sirvieran para orientar lo propio en otras latitudes a fin de destruir el orden imperante de explotación y alienación creado por el sistema capitalista hegemónico. Esto lo condujo a teorizar sobre el hombre y la mujer nuevos, dejando a la posteridad un conjunto de reflexiones fundamentales para emprender la transición hacia el socialismo.

Como lo recordara el Comandante Fidel Castro el 15 de octubre de 1967 durante la velada en su memoria, el Che “no es que reuniera esa doble característica de ser hombre de ideas, y de ideas profundas, la de ser hombre de acción sino que Che reunía como revolucionario las virtudes de un revolucionario: hombre íntegro a carta cabal, hombre de honradez suprema, de sinceridad absoluta, hombre de vida estoica y espartana, hombre a quien prácticamente en su conducta no se le puede encontrar una sola mancha. Constituyó, por sus virtudes, lo que puede llamarse un verdadero modelo de revolucionario”.

Para el Che Guevara, la conciencia revolucionaria mediante el trabajo voluntario, sin percibir remuneración material alguna, como es habitual bajo la lógica del capitalismo, era un modo apropiado de formar y elevar la conciencia socialista de los revolucionarios y convertirla en fuerza vital para alcanzar los cambios estructurales que debiera impulsar y consolidar la Revolución en todo momento. Por ello, no elude la polémica (todavía vigente) frente al dogmatismo soviético, el cual contradecía los postulados ideológicos del materialismo científico y que, décadas después, confirmaría lo que ya anticipaba el Che respecto al verdadero carácter contrarrevolucionario y reformista del Estado y de la burocracia imperantes en la extinta Unión Soviética.

Del mismo modo que el Che lo alertara en su Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental, en abril de 1967, “todo parece indicar que la paz, esa paz precaria a la que se ha dado tal nombre, sólo porque no se ha producido ninguna conflagración de carácter mundial, está otra vez en peligro de romperse ante cualquier paso irreversible e inaceptable, dado por los norteamericanos. Y, a nosotros, explotados del mundo, ¿cuál es el papel que nos corresponde? Los pueblos de tres continentes observan y aprenden su lección en Vietnam. Ya que, con la amenaza de guerra, los imperialistas ejercen su chantaje sobre la humanidad, no temer la guerra es la respuesta justa. Atacar dura e ininterrumpidamente en cada punto de confrontación, debe ser la táctica general de los pueblos. Pero, en los lugares en que esta mísera paz que sufrimos no ha sido rota, ¿cuál será nuestra tarea? Liberarnos a cualquier precio”
.
En la actualidad, su legado revolucionario conserva toda una vigencia plena, fuera de todo dogma que pretenda limitarlo y siempre abierto a las nuevas generaciones de revolucionarios a profundizar en sus enseñanzas para la construcción definitiva y verdadera de la revolución socialista.


(Tomado de Aporrea)

martes, 26 de junio de 2012

Democracia y Voluntad Popular en América Latina

  Obama el Presidente del Cambio          Por: Enrique Ubieta Gómez

 Regreso a uno de mis temas favoritos. La “democracia” burguesa es esencialmente antidemocrática: es una sofisticada maquinaria de leyes y artificios que modula o impide la voluntad popular y viabiliza la gobernabilidad de las oligarquías. Su tarea es la sostenibilidad política del capitalismo.

 En la medida en que el entramado social de un Estado se hace más complejo, acepta la existencia de una “izquierda” sistémica, con propuestas flexibles y populistas, que reorienta el descontento popular hacia la aceptación del status quo. Solo por accidente –situaciones de crisis de paradigmas políticos y conducta errática de las fuerzas del Capital trasnacional–, accede la izquierda revolucionaria al micro-poder nacional. Pero el concepto de izquierda revolucionaria es variable, y depende de la situación concreta del Estado en el que se presenta.

Hugo Chávez es izquierda revolucionaria en Venezuela, y Correa lo es en Ecuador, aunque entre ambos mandatarios existan diferencias importantes. Zelaya en Honduras y Lugo en Paraguay estarían muy lejos de los dos líderes anteriormente mencionados, y sin embargo, resultan inadmisibles en sus respectivos entramados sociales.

Allí donde existe una burguesía nacional y un interés nacional (en el sentido burgués clásico) aparecen gobiernos antimperialistas; en las condiciones actuales, una manera altamente subversiva de ser de izquierda. ¿Pero quedan aún burguesías nacionales en el mundo? América Latina es ese lugar atípico, "fuera del tiempo", donde se producen accidentes políticos en cadena (Venezuela, Bolivia, Ecuador), y simultáneamente, actos de desacato a la autoridad trasnacional por parte de burguesías nacionales que necesitan retomar el control de la plusvalía interna.

 La confluencia en el tiempo de esas dos variantes de rebelión –una auténticamente revolucionaria, la otra burguesa, pero ambas antimperialistas o al menos, anti-los-imperialismos-vigentes–, ha situado a Nuestra América, como la llamaba Martí, en el ojo del huracán.

Algunas burguesías, como la chilena, dejaron de ser nacionales, y el amago rebelde se diluye en retórica: ningún gobierno “socialista” tuvo en Chile la osadía de sus pares argentinos o brasileños, y la derecha de regreso, excepto en detalles que la afianzan, ha mantenido el rumbo neoliberal de sus predecesores “progres”.

 En México, el TLC destruye cualquier ímpetu nacionalista, y la narco-corrupción devora los entramados partidistas; en ese contexto, un hombre tan ambiguo, tan rosado como López Obrador, puede parecer revolucionario, y los verdaderos poderes trasnacionales se permiten el lujo, pese a todo, de considerarlo un estorbo innecesario (lo que en ese país puede significar: poner en marcha la maquinaria eleccionaria de la "democracia", hecha para ir al seguro y ganar, o cometer fraude, o asesinarlo).

El huracán latinoamericano ha removido discursos y políticas centenarias. La derecha venezolana, en su campaña electoral, usufructúa el discurso de la izquierda.

 El cinismo es una de las variantes de la desesperación: en Cuba, la contrarrevolución ya no esconde, sino que reclama su “derecho” a ser financiada por el Gobierno de los Estados Unidos, mientras crea un diminuto segmento que se rotula de “izquierdas”, y convive con la derecha más recalcitrante. Para eso es la “democracia” burguesa: para que diversas opciones de una misma propuesta convivan alegremente y cada cuatro o seis años, cambie el administrador del sistema en elecciones bien financiadas.

Si peligra el cambio razonable se organiza un fraude discreto (en los Estados Unidos a favor de Bush Jr., en México a favor de Salinas de Gortari o de Fox), o se declara antidemocrático al ganador, y se inician las conspiraciones.

Sucesivos golpes de estado se intentaron en Venezuela (civil-militar uno, petrolero el otro), en Bolivia, en Ecuador. “Demócratas” declarados como Aznar o Bush Jr. reconocieron de inmediato al golpista Pedro el Breve en Venezuela, Pero la resistencia de movimientos populares articulados en esos países, impidió la consumación del ajuste forzado. No ocurrió lo mismo en los eslabones más débiles: Honduras y Paraguay.


Lo curioso en estos últimos, es que fue en nombre de esa democracia –lo cual, repito, es su función– que se desconoció y alteró la voluntad popular: en ambos países parlamentarios corruptos, latifundistas, enarbolaron razones “técnicas” para impugnar el mandato que el pueblo había concedido. Obama, el “presidente del cambio”, ha seguido al pie de la letra el guión de los republicanos. Reconoció la “legalidad” del golpe en Honduras, y si se afianza como parece en Paraguay, acabará por otorgarle su bendición.

Ya se sabe que el Papa por el que necesita ser bendecida la oligarquía paraguaya, no es el del Vaticano. Y este Papa y sus cardenales –me refiero a Obama y a su Gobierno–, saben organizar subversiones “democráticas”, con banderines de colores.

 Nada hizo en realidad Lugo para merecer el odio de la oligarquía de su país (hizo menos que Zelaya, que retó al imperio con su postura ante la OEA y su inserción en el ALBA), pero hizo demasiado: tendió un puente de diálogo con el pueblo, lo despertó, coqueteó con sus derechos largamente soslayados, aún cuando no quiso o no se atrevió a organizarlo. Nadie estuvo nunca más dentro del sistema, y a pesar de todo, fuera de él.

 Esta guerra se asemeja cada vez más a un juego de ajedrez, en el que las piezas “enemigas” se saltan o se comen en nombre de la democracia. Pero ello es síntoma de una inusitada debilidad del sistema, de su precario funcionamiento. Yo no quiero esa democracia para Cuba: por burguesa, claro, y por antidemocrática

viernes, 25 de noviembre de 2011

Problemas y soluciones del Socialismo en Cuba.


Tomado del blog La pupila insomne del colega Iroel Sanchez

Por extraño que parezca, en el debate respecto a las consecuencias de las actuales reformas económicas en Cuba, partiendo de argumentos absolutamente distintos, llegan al mismo pronóstico los pensadores liberales, para los cuales no existen alternativas al capitalismo, y los marxistas ortodoxos, para quienes el socialismo es un cuerpo rígido, incapaz de adecuarse a las condiciones que le impone la realidad, sin perder su esencia.

Mientras los teóricos liberales consideran que las medidas adoptadas no son suficientemente capitalistas para salvar la economía y, por tanto, auguran la debacle del sistema por su ineficacia; los marxistas ortodoxos las consideran demasiado liberales, lo que conduce al rompimiento de los supuestos “moldes” que deben caracterizar al sistema y, por tanto, hablan de un inevitable “retorno del capitalismo”, aunque éste no sea el objetivo de las mismas.

En verdad, no se trata de un debate nuevo, sino que está relacionado con la manera en que cada uno de los extremos ha concebido el socialismo desde sus orígenes:

A partir del triunfo de la Revolución rusa, en 1917, ambos bandos consideraron el socialismo como un sistema social perfectamente estructurado. Ello motivó la emergencia de diversas teorías respecto al “modelo” que debía regirlo y, en consecuencia, los parámetros para evaluarlo.
Sin embargo, Carlos Marx no lo había concebido de esta manera, sino como un período de tránsito a la sociedad sin clases: el comunismo.

Desde esta perspectiva, es cuestionable el concepto de “tránsito hacia el socialismo”, toda vez que se trata de un tránsito en sí mismo, y también la conclusión de que estamos en presencia de un régimen constreñido a un modelo determinado, cuando lo que importa es el “sentido” del proceso, o sea, si avanza o no en el proyecto de construir una sociedad sin clases, partiendo de la realidad concreta que enfrenta.

Al margen de crisis coyunturales o los errores económicos y políticos en su conducción, la Revolución cubana ha tenido que confrontar problemas que son consustanciales a todos los procesos revolucionarios. Mucho más cuando tienen un carácter socialista, ya que, a diferencia del capitalismo, que divide a la sociedad en “triunfadores y perdedores”, exonerando al sistema del fracaso individual, las soluciones que plantea el socialismo tienen un carácter social, responsabilizando al régimen con el bienestar de todos.

Desarticular las bases políticas, económicas e ideológicas del régimen anterior; enfrentar la contrarrevolución resultante de este desplazamiento; garantizar los reclamos populares que le dieron origen y satisfacer las expectativas de los sectores que representa, fueron las metas originales de la Revolución cubana.

La desarticulación del poder económico y político establecido ocurrió de forma drástica, pero necesariamente no tenía que haber sido de esta manera e, incluso, no parece que ese haya sido el proyecto original de los revolucionarios en el poder.

Recordemos que el primer gobierno estuvo compuesto mayoritariamente por personas provenientes de la burguesía; “consuma productos cubanos” fue una de las primeras consignas y Fidel Castro, en persona, trabajó intensamente por convencer a los trabajadores de suspender la ola de huelgas ocurridas en el país en esos momentos.

Al parecer, inicialmente se pretendía conciliar el proyecto social revolucionario con el desarrollo de una burguesía nacionalista, la cual no era el sector dominante de esta clase en Cuba y planteaba críticas al sistema de dependencia imperante. Si ello no cuajó, fue por la debilidad histórica de este sector y sus contradicciones con las aspiraciones populares, la subordinación que a la larga demostraron respecto a Estados Unidos y la radicalidad que asumió el proceso, como consecuencia de las agresiones norteamericanas.

También enfrentó con bastante éxito a la contrarrevolución, al menos en el plano interno, y fue capaz de resolver los problemas esenciales de la población, así como satisfacer las aspiraciones del momento, lo que explica el tremendo apoyo popular alcanzado.

Aunque la Revolución cubana siempre mostró una clara vocación independentista, la cual provocó más de un conflicto con la entonces Unión Soviética, resulta evidente que su inserción en el campo socialista respondía a las condiciones impuestas por la guerra fría y constituyó la base económica del desarrollo posible en esta etapa, imponiendo la lógica del proyecto socialista cubano de entonces. La desaparición de esta bipolaridad no solo implicó la peor crisis económica de la historia del país, sino la necesidad de un replanteo del diseño del proyecto mismo.

Del llamado “período especial” no podía surgir la articulación del nuevo proyecto, sino que fue la suma de medidas de supervivencia, cuyo éxito hay que medirlo por haber satisfecho este objetivo, de por sí un logro extraordinario, al margen de algunas consecuencias indeseadas que hoy es necesario resolver. No es entonces hasta el recién finalizado VI Congreso del PCC, en que se plantea el propósito de elaborar un “nuevo modelo económico socialista”, que garantice la inserción de Cuba en el vigente escenario internacional y proyecte sus directivas estratégicas.


Un problema básico a resolver, es recuperar la capacidad de la economía para satisfacer las expectativas generadas por el desarrollo humano resultante de la práctica social revolucionaria, toda vez la Revolución ha creado un potencial humano que sus condiciones económicas impiden absorber a plenitud, así como articular un nuevo consenso respecto a la forma de lograrlo. Ya no se trata de superar la situación de las personas respecto al pasado capitalista, sino de superarse a sí mismo, y en ello consiste el principal reto.

Los obstáculos a superar son formidables. Algunos son exógenos, los cuales la Revolución no puede transformar por sí misma y necesariamente tiene que adaptarse a ellos; como tener que funcionar en un orden mundial determinado por el mercado capitalista globalizado, a lo que se suma las limitaciones que le impone el bloqueo de Estados Unidos, algo que comúnmente pasan por alto o subestiman muchos que analizan la realidad cubana.

También problemas endógenos, no solo económicos, como la imposibilidad de la igualdad plena, sino políticos e ideológicos, consustanciales a las constantes transformaciones que requiere el propio proceso socialista.

Considero que una crítica legítima a las medidas aprobadas por el VI Congreso es aquella que parte del análisis de su eficacia para satisfacer los objetivos que se propone y, en tal sentido, pueden ser enmendadas, pero resulta improcedente evaluarlas a partir de falsos dogmas respecto a la naturaleza del socialismo o desde una perspectiva que pretenda compararlas con modelos capitalistas que no constituyen el propósito de las mismas.

De lo que se trata, por tanto, es de analizar cómo la adecuación del sistema económico es capaz de crear las condiciones materiales que hagan viable el proyecto socialista, ya que el pauperismo no satisface las expectativas de nadie. Pero, más importante aún, es que estas medidas respondan a una voluntad colectiva y la mayoría se sienta identificada con el proyecto, considerándose y siendo actores del mismo.

Su efectividad, por tanto, no solo se decide en la calidad de su diseño, sino en que la política que las promueva contribuya al desarrollo de la cultura que requiere el socialismo. Solo de esta manera podrá avanzarse en la solución de lo que considero un problema histórico del proceso: no haber sido capaz de conciliar la propiedad social, con la conciencia social que requiere este tipo de propiedad.

Sentirse “dueño” en el socialismo, no puede ser lo mismo que sentirse un nuevo capitalista y actuar como tal. En ello consiste lo indispensable que resulta el constante perfeccionamiento de la democracia socialista, la cual no puede parecerse a ninguna otra, porque desde Atenas hasta Estados Unidos, la democracia de algunos solo ha sido posible a costa de la explotación de otros.


(Tomado de Progreso semanal) Escrito por: Jesús Arboleya Cervera