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sábado, 30 de noviembre de 2019

Presidente de EE.UU. acusa a los demócratas de inactividad: Los datos lo contradicen



Donald Trump. Foto: Archivo.
El presidente estadounidense, Donald Trump, acusa continuamente a los demócratas de la Cámara de Representantes de inactividad legislativa, pero datos sobre la labor del Congreso desmienten hoy los señalamientos del mandatario.

Durante meses, el jefe de la Casa Blanca ha arremetido contra los miembros de la fuerza azul, quienes son mayoría en la Cámara Baja, por presuntamente “no hacer nada en el Congreso”, y añade que solo están concentrados en la investigación de juicio político sobre los polémicos tratos del gobernante con Ucrania.
Los demócratas, que no nacen nada, deben centrarse en la construcción de nuestro país, no en perder el tiempo y la energía de todos en tonterías, que es lo que han estado haciendo desde que fui elegido abrumadoramente en 2016, escribió en Twitter a principios de octubre, poco después del inicio esa pesquisa.
Desde entonces ha vuelto varias veces sobre lo mismo, y el pasado domingo reiteró que los miembros de la fuerza azul no están adoptando legislaciones importantes.

Sin embargo, el portal digital Vox señaló que, en lugar de culpar a sus rivales políticos, el mandatario republicano debería girar la atención hacia los integrantes de su propio partido en el Senado.
De acuerdo con ese medio, los demócratas en la Cámara Baja han estado aprobando proyectos de ley a toda velocidad, y hasta el 15 de noviembre pasado, ese órgano había avalado casi 400, sin incluir resoluciones.
Pero el Comité de Política y Comunicaciones Demócratas de la Cámara de Representantes estima que el 80 por ciento de esos proyectos encontraron obstáculos en el Senado, donde el líder de la mayoría republicana, Mitch McConnell, dio prioridad a la confirmación de jueces por encima de las normativas.

De ese modo, solo 70 proyectos recibieron la luz verde en las dos cámaras para convertirse en ley en lo que va de 2019, y aunque la actual legislatura todavía más de 12 meses por delante, sus cifras deben estar muy por debajo en comparación con las anteriores sesiones del Congreso, cuando se aprobaron de 300 a 500 iniciativas en dos años.

Según Vox, este panorama ha llevado a los demócratas de la Cámara Baja a denunciar lo que llaman el cementerio legislativo de McConnell, un apodo que el dirigente del Senado ha adoptado con orgullo.
McConnell se llama a sí mismo “el ángel de la muerte” de las legislaciones demócratas que él considera socialistas, pero muchos de los proyectos de ley que nunca llegan al pleno del Senado son asuntos bipartidistas, indicó la publicación.

Entre las iniciativas legislativas que el líder republicano no ha permitido pasar a la consideración de la Cámara Alta se incluyen un proyecto de ley de verificación de antecedentes en las compras de armas de fuego, uno sobre la neutralidad de la red y otro sobre la reautorización de la Ley de violencia contra las mujeres.
“Hemos aprobado legislaciones para aumentar los salarios, proteger y ampliar la cobertura de salud, y reducir los precios de los medicamentos recetados. Continuamos instando al senador McConnell a que acepte nuestros proyectos, muchos de los cuales son bipartidistas”, expresó al respecto el líder de la mayoría en la Cámara Baja, Steny Hoyer.

Un artículo de opinión difundido esta semana en la publicación The Hill calificó de insidiosa la acusación de Trump y los republicanos de que los demócratas se centran solo en la indagación sobre el mandatario e ignoran los demás temas.

“Esto es una táctica de desprestigio para hacer que los estadounidenses crean que los demócratas están eludiendo su deber hacia las personas que los eligieron”, indicó el texto.

Por su parte, la representante progresista Alexandria Ocasio-Cortez dijo tras una de las arremetidas del gobernante que en sus primeros 11 meses en el Congreso ella copatrocinó 339 proyectos de ley y redactó 15, mientras Trump lo que ha hecho es encarcelar a niños y hacer de la corrupción una causa famosa.

A decir de Vox, dado que la Cámara Alta pronto podría estar envuelta en un juicio político si la Baja aprueba los artículos de acusación contra el presidente, las semanas restantes de 2019 podrían ser la oportunidad final para que los senadores avancen legislaciones.

Sin embargo, no hay señales de que los líderes republicanos del Senado aprovecharán esa oportunidad, advirtió el medio.
(Tomado de Prensa Latina)

martes, 24 de septiembre de 2019

Nancy Pelosi anuncia la apertura del proceso de “impeachment” contra Trump



 
Trump observa el eclipse solar sin gafas. Foto: AP.

Estados Unidos está convulsionada esta noche. Varios medios locales han confirmado que la presidenta del Congreso, la demócrata Nancy Pelosi, se encuentra reunida con figuras de peso de su formación (que tiene el control de ese cuerpo del Legislativo) para discutir la creación de un selecto comité, lo que sería el inicio de un posible juicio político o impeachment contra el presidente, el magnate republicano Donald Trump.

La causa está en el llamado “escándalo ucranio”, una jugarreta para hundir la reputación de su máximo adversario, el exvicepresidente Joe Biden, que aspira a ser candidato a la Casa Blanca.

Lo que buscan los demócratas, a dos años de las elecciones presidenciales, es un voto de no confianza al presidente en la Cámara, que después pasa al Senado para ser ratificado. A continuación, el Senado inicia lo que se llama un juicio político, en el que debe decidir, por mayoría de dos tercios, si destituye al presidente. Según cálculos de los medios estadounidenses, 158 de los 235 legisladores demócratas de la Cámara Baja ya han hecho público su apoyo a un posible proceso.

¿Puede esto ocurrir? Difícilmente. No. La razón: que el Partido Republicano, que tiene mayoría en el Senado, ya ha cerrado filas con Trump y protege a su líder. De hecho, en la Historia de EEUU ningún presidente ha sido destituido por el Senado. Eso no quita para que la circunstancia, el trance, sea la mayor crisis a la que Trump puede enfrentarse en este mandato, desde su victoria en 2016.

Inmigración, trama rusa, emergencias nacionales... Son muchos los motivos por los que los demócratas llevan tiempo queriendo aplicar el impeachment sobre Trump, pero ahora podría llegar porque se ha descubierto que el millonario bloqueó fondos de asistencia a Ucrania y habría coaccionado a ese país para que se investigara al exvicepresidente Joseph Biden y su familia, sonre todo a su hijo.

“Si ese fuese el caso, en el que el presidente de Estados Unidos le pide a un Gobierno extranjero que lo ayude de alguna manera para conseguir puntos políticos, eso sería incorrecto”, dijo Pelosi al ser preguntada sobre si iniciará un proceso de destitución, en el marco del The Atlantic Festival, un evento sobre política que se celebra estos días en Washington.

Desde Nueva York, desde la cumbre de la ONU, Trump modificó su primera versión, en la que negó que bloquease fondos para el país, y confirmó este martes que lo hizo de manera temporal para forzar a países europeos, como Francia y Alemania, a que proporcionasen más fondos a Kiev. ”¿Por qué solo Estados Unidos está poniendo dinero? Y, por cierto, pagamos ese dinero. Pero siempre me pregunto por qué otros países, especialmente en Europa, no están proporcionando ayuda a Ucrania”, dijo Trump a su llegada a la sede de Naciones Unidas donde participa en la Asamblea General del organismo.
Más tarde, el mandatario anunció que divulgará mañana la “transcripción completa” y “desclasificada” de su llamada con su homólogo ucraniano, Vladímir Zelenski, ante las acusaciones de que podría haberle presionado para investigar a Biden y a su hijo, Hunter, a través de una empresa gasista con la que estaría relacionado el chico.

“Las acciones del presidente han vulnerado seriamente la Constitución”

La demócrata Nancy Pelosi Foto: EFE.
La presidenta de la Cámara de Representantes de EE.UU., Nancy Pelosi, ha anunciado este 24 de septiembre el inicio de una investigación de juicio político con el fin de destituir al actual presidente del país, Donald Trump.

“Las acciones del presidente han vulnerado seriamente la Constitución”, ha aseverado Pelosi.
La medida se toma después de los reportes de que el mandatario estadounidense supuestamente podría haber retenido la ayuda a Ucrania, con el objetivo de presionar a Kiev, para que reabra una investigación de corrupción que involucra al hijo de su rival político Joe Biden.

Minutos después del anuncio, Trump ha reaccionado publicando en su cuenta de Twitter: “Una jornada tan importante en la ONU y los demócratas tuvieron que arruinarla con su basura de ‘caza de brujas’“.


lunes, 29 de octubre de 2018

Bailando con Donald



Por: Elsa Claro

En el 2014, apenas fue a urnas el 36,7% de los votantes aptos. Foto: AP.

Limitándonos a un simple ejercicio mental, imaginemos que los demócratas ganen la mayoría de diputados para la Cámara de Representantes el 6 de noviembre. ¿Solucionaría esa eventualidad los actuales excesos de la administración Trump? No lo parece. Juzgando por lo ocurrido a distintos jefes de Estado cuando existió mayoría parlamentaria del partido contrario, cabe suponer que, en todo caso, les será posible entorpecer algunos puntos de la agenda presidencial, pero no dominarla por completo.

El escenario en las vísperas es contraproducente. Por un lado, las caravanas de emigrantes centroamericanos favorecen a los republicanos, pues permiten a Trump acentuar su tesis sobre el peligro de aceptarles. Aprovechando la circunstancia, el presidente lleva el asunto a extremos y a falsedades como plantear que sus adversarios “quieren fronteras abiertas y leyes blandas”.

Si se revisa la actuación de los jefes de Estado demócratas, no hubo uno solo tolerante con ese asunto. El propio Barak Obama batió todos los récords de deportaciones. Durante sus dos mandatos sacó del territorio estadounidense a mayor número de emigrados que los republicanos Reagan, Bush padre y Bush hijo.
La diferencia, de precisarla, radica en los métodos menos groseros empleados y en un palidísimo intento de remediar algo con ayudas a Centroamérica a través de un plan para el Triángulo Norte, como llamó a su proyecto de frenar los flujos humanos hacia EE.UU. desde Honduras, Guatemala y El Salvador.

La idea no es mala. Pudiera ser útil instrumento para este u otros casos, y antes que generoso, inteligente, si tuviera la amplitud y solidez requeridas y no fuera un ineficiente parche. Lo dedicado por la Casa Blanca para Centroamérica en el 2017 ascendió a 500 millones de dólares. En el mismo periodo, las remesas hacia la región fueron infinitamente superiores. Solo  a Honduras llegaron 4,3 mil millones de dólares por ese concepto.

Antes a Obama, ahora a Trump, se les olvida que desde Washington y con el apoyo de la base militar que tienen en Honduras se puso en marcha el golpe de Estado contra Manuel Zelaya, tronchando el avance de políticas sociales constructivas propias, y hace poco, pese al clamor popular en contra, le dieron soporte al conservador Juan Orlando Hernández, reelegido tras unas manipuladas elecciones (hasta la OEA las calificó así).
Acciones similares sucedieron en Guatemala para favorecer a otro conservador, Jimmy Morales, pese a su notoria podredumbre político-financiera. El apañamiento fue lejos. El vice Mike Pence y el senador Marco Rubio llegaron al extremo de congelar los fondos estadounidenses destinados a la comisión de la ONU creada  para combatir la impunidad y la corrupción (CICIG), que estaba trabajando en el caso del guatemalteco y de quienes, como él, sostienen cuestionables relaciones con republicanos estadounidenses.

De ahí el exagerado amparo a personaje de tan escaso prestigio, un tipo de individuos al frente de naciones desatendidas, sobreexplotadas, donde imperan impunes los grupos violentos y la miseria.

El cuadro en ese sentido se completa con el traslado de los problemas y la incentivación de otros inexistentes a El Salvador y Nicaragua, dos países que sufrieron guerras propias o impuestas y hace rato luchan por recomponerse de aquellas heridas, pero no les dejan.

Si el tema del flujo humano desde estas naciones hacia EE.UU. es explotado por la administración Trump, aparece en el escenario preelectoral el envío de paquetes dinamiteros a un grupo de políticos demócratas. Se supone el hecho beneficioso para los amenazados. Sin embargo, tanto esa circunstancia como la de los emigrantes, con sus diferencias y magnitudes inherentes, alejan la atención ciudadana de serios conflictos.
A citar estaría lo expuesto por un personaje nada progresista ni antiestablishment como es Roberta Jacobson, quien tras dejar su cargo publicó criterios sobre Trump, como estos: “(…) deja entrever un estilo caótico de toma de decisiones que ha socavado la diplomacia estadounidense y los intereses de ese país en todo el mundo. Observé de cerca este caos durante más de un año como embajadora de Estados Unidos en México. No fue agradable” (…), y “la desconexión entre el Departamento de Estado y la Casa Blanca parece intencional, lo cual deja a nuestros embajadores en posiciones difíciles y a nuestros aliados enfurecidos, alienados y desconcertados”.

La diplomática fue tan elocuente que permite obviar consideraciones sobre el manejo de esa importante esfera.
Poco antes, se dilucidaba el nombramiento de Brett Kavanaugh para convertirlo en juez del Tribunal Supremo. Este ocupa el puesto sin contratiempos, sumado a dignatarios similares en la esfera judicial, todos comprometidos con la administración desde puntos de vista estrechos y ultraconservadores.

Las protestas y el vituperable tratamiento a las acusaciones de mujeres ofendidas por el favorecido que intentaron, a costa de su privacidad personal, exponer la cuestionable integridad de quien fue colocado en tan alto reducto para juzgar a muchos, de forma vitalicia, se quedan en una delirante inopia.

Similar sucede con otros asuntos de gran talla. El del cambio climático es uno. Es uno de los tópicos abordados por el millonario Thomas Fahr Steyer, quien promueve el movimiento Need impech (“Necesitamos un proceso de destitución contra el presidente”) -ya cuenta con unos seis millones de adherentes- y trata de influir para que los demócratas “dejen de parecerse a los republicanos”. Solo esa última aseveración merece ser atendida incluso si lo afirma atendiendo a cuestiones de formas y no de contenido.

Entre las bazas en positivo de Trump está la economía. Por el momento, pues el anuncio de la Ford sobre el despido de 24 mil trabajadores, y la brusca e inexplicada reciente caída de las bolsas de valores, dan combustible a los economistas vaticinadores de malos trances provenientes de la política proteccionista del mandatario.

Las dificultades del emblemático consorcio automovilístico se colocan como ejemplo de cuánto puede provocar la aplicación de altos aranceles a otras naciones. El caso ilustra cómo, en lugar de crear puestos de trabajo, se fabrica desempleo. Buscando acorralar el déficit comercial de EE.UU., Trump enfoca el problema a través de una guerra comercial que ya comienza a mostrarse como un bumerán. Pese a ello, parece pronto para convertirse en algo influyente en los comicios legislativos.

Mayor peso debe tener la tendencia a no votar, sobre todo por parte de los demócratas. En el 2014, apenas fue a urnas el  36,7% de los votantes aptos. “El partido más grande de Estados Unidos, de largo, es el partido de los que no votan. Porque no creen en el sistema, porque creen que los partidos son corruptos y deshonestos y a nadie le importan sus problemas. Vamos a ver si podemos convencer al 55% de norteamericanos que ni siquiera creen que el sistema funcione, los que no votan”. (Steyer durante una entrevista en el diario El País, España).
Si los ciudadanos actúan también esta vez según los predichos patrones, de poco vale que Trump genere el 53,3% de rechazo general, pues el 42,2% que le aprueba es más disciplinado en estas lides. Se comprobará, o no, este 6 de noviembre, con la concurrencia o deserción en urnas para renovar la Cámara de Representantes y un tercio del Senado.

En medio, a los costados, encima o debajo, quedarán, expuestos a muchos avatares, temas internos y exteriores de gran trascendencia para Estados Unidos o el mundo. Aplazados, lastimosamente pendientes.