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lunes, 21 de octubre de 2013

Tesoros de Matanzas: Teatro Sauto I Parte

Dr. Mario valdés Navia *

EL TEATRO SAUTO. PARTE 1. EL PROYECTO

Desde los  inicios del siglo XIX Matanzas había contado con escenarios teatrales improvisados en algunas casas o almacenes, después tuvo pequeñas salas teatros, hasta que, en el año 1828, se inauguró el Teatro Principal, en la calle .Allí se presentaron grandes figuras de la época como Adelina Patti, José White, Louis Gottschalk y Fanny Esler, pero la inconformidad de los habitantes de la ciudad exigía de un lugar más confortable para las funciones de teatro.


El florecimiento de la ciudad debido alimponente desarrollo productivo de mediados del siglo XIX, exigía un reordenamiento urbanístico que la embelleciera. Dentro  de las prioridades de dicho ordenamiento estuvo La Plaza de la Vigía o de Colón, como oficialmente se le denominaba, ya que su estado por aquel entonces era deprimente. Anegada en épocas de lluvia, polvorienta el resto del año, desnivelada, rodeada de vetustos y deslucidos edificios, salvo las honrosas excepciones del  Palacio de Junco, La Aduana  y el edificio que hoy acoge a Ediciones Vigía, que antaño fue la morada de Mercedes del Junco, la plaza brindaba un panorama desolador a los cientos de visitantes que desembarcaban por el Muelle Real y que tenían en la Plaza el primer encuentro con la ciudad.

Por tal motivo se ideó un proyecto que incluía el total despeje de la Plaza, el completamiento de su empedrado, la demolición del ya obsoleto Fuerte de San José de la Vigía, y la construcción en su lugar de un parque, el traslado de los almacenes de la Aduana, y la eliminación de la Plaza de Toros, para  darle la prestancia necesaria a lo que fue la portada de la ciudad.

Realmente, la idea de construir un teatro que sustituyera al Principal -pequeño y caluroso- estaba en los proyectos de la sacarocracia matancera desde 1848, fecha en la que aparece en el diario “La Aurora” una descripción del anhelado coliseo.

En 1856, el entonces gobernador de la ciudad Pedro Esteban de Arranz, convoca a los principales vecinos para crear una Sociedad Anónima mediante la venta de acciones por un valor de 100 pesos.

 La Sociedad llegó a contar con 900 accionistas, lo que demuestra el entusiasmo que generó el proyecto. Para su construcción se creó una Comisión Ejecutiva integrada por Jaime Fonrrodona y Ambrosio de la Concepción Sauto y Noda, quienes tuvieron a su cargo supervisar la calidad de los trabajos que se ejecutarían.

El 17 de octubre de 1858, en la reunión efectuada en la casa del gobernador Pedro Esteban, los miembros de la Junta que tenía a su cargo la ejecución del proyecto para la construcción del futuro Teatro deciden - con un solo voto en contra - que no existe mejor lugar para levantar dicho edificio que no sea la Plaza de la Vigía.

Por  lo tanto, la elección del lugar no fue un hecho fortuito o providencial, sino que respondió a una necesidad real y a un consenso mayoritario.

Por ello, al convocar al concurso de planos, se especificaba ya la localización espacial del terreno, sus medidas, sus características topográficas, la orientación que debía tener el inmueble y sus fachadas, datos éstos que sin dudas signaron desde su nacimiento la armónica relación entre la Plaza y el edificio.

Para elegir al constructor de la obra se efectuó, por vez primera en la historia de la arquitectura cubana, un concurso de proyectos, que tras un complicado proceso de selección y recomendaciones realizadas por el prestigioso arquitecto Francisco de Albear y Lara, fue ganado por el arquitecto italiano Daniel Dall´aglio.El proyecto de Dall´Aglio, además de cumplir con los requerimientos de la convocatoria, satisfacía sus propios anhelos de constructor y artista.

 El estilo utilizado por el artista recuerda, en numerosos detalles, a la Scala de Milán.












Director de la Biblioteca " Gener y del Monte" Matanzas,.

jueves, 15 de agosto de 2013

Tesoros de Matanzas :LA BAHÍA Y EL PUERTO DE MATANZAS. 2da Parte



Dr.Mario Valdés Navia *


Si bien la Bahía de Matanzas no tuvo una gran importancia económica durante la primera centuria de existencia de la ciudad, esta situación cambiaría definitivamente hacia fines del siglo XVIII, cuando el auge creciente de la agricultura de plantación convirtió a los ríos Yumurí, San Juan y Canímar en verdaderos ríos de azúcar, café, tabaco, cuerosy mieles, producciones que volcaban en los buques surtos en las aguas de la bahía.

 Desde entonces comenzarían a proliferar las demandas de los matanceros por la habilitación del puerto para el comercio directo con el exterior, librándose así de la explotación de los comerciantes intermediarios habaneros y de las autoridades de aquella ciudad.

En este Siglo de las Luces la bahía de Matanzas comenzaría a alumbrarse perennemente cuando, en 1734, concluye el largo proceso de construcción del castillo de San Severino, iniciado desdela propia fundación de la ciudad.

En 1762, un estruendo horrísono estremeció toda la bahía: el Comandante García Solís había volado una parte del castillo, antes de ser entregado a  los invasores.

 Después de concluida la ocupación británica se realizaron las labores de reconstrucción que duraron varios años por la escasez de recursos y la poca importancia  que aún se le concedía a la urbe.

Ya desde 1729 comenzó la edificación del Fuerte El Morrillo, para defender la entrada occidental del puerto y la desembocadura del río Canímar.

 Otras fortificaciones en el entorno de la bahía fueron las Baterías de San José de La Vigía, erigida en 1748,edificio que le otorgó el nombre por el que sería conocida la plaza desde entonces, y la batería de Peñas Altas, ambas demolidas años más tarde por considerarse ineficaces para la defensa de la bahía.

Algo relevante por su simbolismo manifiesto es que la Plaza de la Vigía, primera plaza de armas de la ciudad y centro político administrativo de toda la región, fuera construida de frente ala bahía, como expresión de la relevancia de ese mar para los matanceros.

No obstante, la subordinación de la plaza a la actividad comercial del puerto hizo necesario el traslado de los edificios administrativos hacia la actual Plaza de la Libertad.

En 1789, la actividad económica del puerto recibió un gran impulso cuando una Real Cédula autorizó el comercio legal con los negreros extranjeros, estimulándose así a los comerciantes españoles y criollos a dedicarse a la trata de esclavos. Desde entonces, la compra de siervos africanos sería uno de los principales rubros de importación de la economía matancera por todo un siglo.

¡Al fin!, en diciembre de 1793, una Real Orden declaró la habilitación del puerto de Matanzas, en clase de menor, o sea, solo autorizado a comerciar con los dominios españoles – “del lobo, un pelo” -, lo cual provocaría la alegría de los matanceros ante la multiplicación de la actividad portuaria que incluía, además, la creación de la Administración de Rentas Marítimas de Matanzas, autoridad superior para toda la labor del puerto.

Mas, es en 1818 cuando de veras el puerto de Matanzas adquiere un lugar preponderante en el comercio internacional al establecer el Rey Fernando VII el comercio libre de Cuba con los extranjeros y autorizar la habilitación total del puerto de Matanzas al comercio con el resto del mundo.

Inmensos festejos se efectuaron para celebrar, por todo lo alto, lo que fue la noticia más esperada por los matanceros hasta ese momento.

Esta segunda habilitación contribuyó al ensanche urbanístico con la aparición de nuevas barriadas en torno a la bahía, en primer lugar, la de San Alejandro de Versalles, allende el río Yumurí y pegada al puerto y el barrio de San Juan de Pueblo Nuevo, a la vera de los grandes almacenes de azúcar que se erigían en la zona costera de Mata Siete y en las márgenes del Río San Juan, al que Milanés llamara con acierto, “el río del azúcar”.

Al mismo tiempo, con la desecación de la Ciénaga del Yumurí, en el centro de Matanzas, surge el Muelle Real, atracadero añorado al que arribarían buques de todo el mundo, razón por la cual el centro de ciudad se amplía con el nuevo asentamiento llamado La Marina, populosa zona comercial vinculada con todo tipo de comercios, tabernas, hoteles, cafés, salones de bailes y de juegos para el entretenimiento de los marinos y transeúntes que acudían a la ciudad, al estilo del puerto de La Habana.

En 1818 el comerciante Juan de Acosta –propietario de los terrenos existentes entre el borde marítimo de la plaza y el puente sobre el río Yumurí – financió la construcción de un muelle al final de la calle Milanés.

Es de destacar que, en la construcción del Muelle Real de Matanzas, que se extendió hasta los años 30, contribuyeron importantes casas comerciales con fuerte presencia norteamericana, comolos Murdoch, Grace y Cía; Alfonso, Knight y Cía; Howland y Cía y Durege y Monet, poniendo de manifiesto el incremento de la presencia norteamericana en la actividad portuaria matancera desde esa temprana fecha.

En 1819, el puerto matancero fue protagonista de un singular acontecimiento internacional, al establecerse el transporte marítimo regular entre La Habana y Matanzas mediante el barco “Neptuno”, el primero de vaporque existióen España y sus dominios.

En estos años se construyen importantes calles y edificios a orillas de la bahía, como fueron la Calzada de Tirry, el Edificio de la Aduana (1826) y la calzada de Ayllón, que lleva el nombre de ese afamado gobernador. En 1828, se termina el edifico el Cuartel de Infantería (hoy Escuela Mártires de Goicuría) de donde partía el Paseo de Santa Cristina (Paseo Martí) que circunvala el litoral de la bahía en el Barrio de Versalles.

Ya en la década del 40, por el crecimiento descomunal de su actividad portuaria,Matanzas llegó a ser considerada la segunda plaza mercantil del país y se hacen más fuertes los vínculos con los puertos norteamericanos, convertidos en los principales importadores de productos matanceros, principalmente azúcar y mieles y suministradores de productos manufacturados y alimenticios que sostendrían la creciente opulencia de la sociedad matancera
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Prueba fehaciente de estas relaciones es que, ya en 1860, se inaugura la ruta directa Matanzas-New York, con la llegada del vapor “Matanzas” a la rada yumurina.En esta década otras edificaciones importantes se erigen en las márgenes de la bahía, como fueron el Teatro Esteban, después Sauto, obra del ArquitectoDaniel Dallaglio, constructor también de la Iglesia de San Pedro en Versalles, terminada unos años después.

Al final del período colonial, nuevamente la bahía de Matanzas fue escenario de dos acontecimientos trascendentales. El primero de ellos, en 1898, cuando los Estados Unidos intervinieron militarmente en el conflicto, impusieron un férreo bloqueo naval a los puertos de la Isla y, en un acto de barbarie injustificada, bombardearon con sus barcos la urbe yumurina afectando a numerosas instalaciones civiles y militares. Finalmente, el 1º de enero de 1899, al cesar la soberanía española sobre Cuba, el último Capitán General abandonó la Isla precisamente por el puerto de Matanzas.

En la próxima sección analizaremos la evolución del puerto matancero y su significado para la región y el mundo, durante el siglo XX.





* Dr en Ciencias.Director de la Biblioteca Provincial Gener y del Monte de Matanzas.