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jueves, 8 de octubre de 2020

Mínimo impacto del debate vicepresidencial; campaña de Trump se hunde

 

 

Por: David Brooks

La senadora Kamala Harris (izq)durante el debate con el vicepresidente Mike Pence (der). Foto: AP.

El primer y único debate vicepresidencial fue un ensayo para los dos posibles sustitutos en jefe ya que son los segundos de los dos candidatos presidenciales más viejos en enfrentarse en una eleccion en la historia del país -uno de los cuales está contagiado de Covid-19- pero el impacto de este acto será mínimo en una contienda que entra en la recta final donde el barco electoral de Donald Trump se está hundiendo, por ahora.

El vicepresidente Mike Pence enfrentó su tarea de intentar rescatar una campaña que de repente está en riesgo de perder sectores claves entre ellos los de la tercera edad y las mujeres. Para su retadora, la senadora demócrata Kamala Harris, la tarea era demostrar que está preparada para asumir el puesto presidencial si algo le sucede a Joe Biden quien sería el presidente más viejo al iniciar su mandato si gana.

La senadora, ex fiscal y la primera mujer de color (su madre es de India y su padre jamaiquino) se enfocó en el manejo de la pandemia por Pence y su jefe declarando al inicio que “es el fracaso más grande de cualquier presidencia en nuestra historia”.

Pence defendió las decisiones de Trump para realizar “la movilización más grande desde la Segunda Guerra Mundial” para combatir la Covid y aseguró que siempre han dicho la verdad al pueblo.

La senadora ofreció su currículum y experiencia, y su compromiso con la defensa de la gente común, incluyendo su participación en protestas e iniciativas contra el racismo sistémico, reformas del sistema de justicia y condenó la negativa de Trump de denunciar a supremacistas blancos.

Pence elogió los logros “históricos” del gobierno de Trump y acusó a su contrincante de ser “radical”, defendió el sistema de justicia, denunció la violencia de los manifestantes y rechazó que este sea un país racista.

El debate abordó superficialmente los temas de la economía, cambio climático, la Suprema Corte, el derecho al aborto y el proceso electoral -donde Pence de nuevo reiteró sospechas de que los demócratas están promoviendo el fraude. También se abordó brevemente China, Rusia y Medio Oriente y México sólo fue referencia cuando Harris recordó ejemplos del racismo y xenofobia de Trump.

Fue un debate mucho más “normal” que el primer debate presidencial caótico, con un Pence enmascarando, bajo su estilo sereno, su hostilidad fundamentalista al buscar presentar a Harris como una amenaza de izquierda. Harris por su parte reprobó la falta de transparencia personal y el liderazgo político del gobierno actual, subrayando revelaciones recientes de que Trump debe más de 400 millones de dólares pero aún no se sabe a quién, y que no ha pagado impuestos.

Pero el tema de la pandemia estaba omnipresente con un presidente contagiado de Covid y el número de contagiados del circuito presidencial elevándose a por lo menos 18, con muchos más en cuarentena, incluyendo el supremo mando militar. La demócrata Nancy Pelosi, presidenta de la cámara baja, comentó hoy que la Casa Blanca ahora es “uno de los lugares más peligrosos en el país” por el contagio actual.

Pocas horas antes del debate, el presidente emitió un video por Twitter donde declaró que se sentía “perfecto” al superar la enfermedad con la combinación de drogas experimentales a las que calificó como “una cura”, y prometió que estarán próximamente disponibles para todos los que las requieran sin costo -algo que expertos en fármacos dicen es imposible a corto plazo- y que tal vez aún antes de la elección, sino inmediatamente después, estará disponible una vacuna. Concluyó que “China tiene la culpa” del virus, y amenazó que ese país “pagará caro” por lo que le hizo al mundo.

El presidente inició su día con casi medio centenar de tuits retomando su obsesión de que la investigación oficial sobre la mano rusa en la eleccion de 2016 fue en verdad, una conspiración de los demócratas para derrocarlo. Declaró que su contrincante, el vicepresidente Joe Biden, Barack Obama, Hillary Clinton y más encabezaron este “complot traicionero” y que “a Biden no se le debería permitir estar en campaña”. En otro, agregó que “fueron por un Golpe [de Estado]. Casi destruyeron nuestro país” y sugirió que los conspiradores deberían de ser arrestados. y que los medios son parte del complot.

Mientras tanto, en una operación obviamente realizada para fines electorales, las autoridades migratorias anunciaron que realizaron 128 arrestos en jurisdicciones que se han declarado “santuario” en California, incluyendo Los Ángeles, San Diego y San Francisco, en lo que el gobierno afirmó es sólo la fase inicial del operativo.

Hablando de eso, un borrador de un informe del Inspector General del Departamento de Justicia obtenido por el New York Times incluye conversaciones internas sobre operaciones antimigrantes en 2018, donde el primer procurador general de Trump, Jeff Sessions, ordena a sus fiscales en la zona fronteriza con México que “necesitamos quitarles los niños” y el subprocurador Rod Rosenstein afirma que no importaban sus edades, al llevar a cabo la política de “tolerancia cero” que incluyó la separación forzada de menores de sus familiares inmigrantes.

Pero el tono semi histérico de Trump sobre el “complot” en su contra, junto con sus ataques contra la integridad del proceso electoral, declarando de antemano un fraude electoral si no gana, el manejo irresponsable y engañoso de la pandemia, el tema antimigrante y en las últimas 48 horas un manejo errático sobre la política económica al frenar negociaciones de un paquete de estímulo económico, que tendrá consecuencias inmediatas para millones, no están ayudando a Trump a salvarse de lo que se ha convertido repentinamente en una campaña en apuros.

Cada día nuevas encuestas muestran que la ventaja de Biden se incrementa tanto a nivel nacional como en estados claves. Este miércoles, nuevos sondeos confirman ventajas cada vez más amplias entre votantes probables en Pennsylvania, Florida, Iowa y Nevada. Los indicadores actuales muestran un cambio dramático con un sector clave: en 2016 Trump ganó por 7 puntos a los votantes de la tercera edad, pero los sondeos recientes indican que Biden está ganando ese sector por más de 21 puntos -algo en parte explicado por los efectos de la pandemia en este, el sector más vulnerable.

(Tomado de La Jornada)

domingo, 30 de agosto de 2020

Reportan masivas protestas en EE.UU. contra la represión policial y el racismo



Las protestas registradas esta semana se han extendido por varias ciudades de Estados Unidos, como Portland, Nueva York y Washington. Foto: EFE

Miles de personas se congregaron en Washington D.C., en una manifestación de rechazo a la violenta agresión a tiros contra el afroamericano, Jacob Blake en Kenosha, Wisconsin, el pasado domingo, que reavivó la indignación en Estados Unidos por la violencia racial y represión policial que vive el país.
Tras días de violentas protestas y después de que en una de las marchas dos personas fueran baleadas por un civil, miles de manifestantes coparon la explanada dedicada a Abraham Lincoln en la capital estadounidense, para una marcha en conmemoración del histórico discurso “Tengo un sueño”, que en 1963 pronunciara el líder afroestadounidense doctor Martin Luther King Jr.

Las autoridades capitalinas otorgaron autorización para que hasta 50.000 personas se congregaran en el lugar, cumpliendo medidas restrictivas por la Covid-19, razón por la que los movilizados realizaron filas desde la mañana para tomarse la temperatura.
En la concentración hicieron uso de la palabra líderes sociales y de la comunidad afroestadounidense, así como familiares de víctimas recientes de la brutalidad policial, entre ellos, el padre de Jacob Blake, el joven baleado el pasado domingo en Kenosha.
A los manifestantes se unieron varias figuras de la vida política estadounidense, como los representantes Ayanna Pressley, Joyce Beatty, Sheila Jackson Lee, Al Green y Adriano Espaillat. Otros legisladores, como la representante Ilhan Omar y Alexandria Ocasio-Cortez, apoyaron la misma desde las redes sociales.
Por otra parte, las protestas se mantienen este sábado también en Kenosha, a donde el presidente Donald Trump envió 1.500 efectivos de la Guardia Nacional, los que han empleado tácticas antidisturbios contra los manifestantes.

Las muestras de descontento han alcanzado el mundo del deporte estadounidense, liderados por equipos de baloncesto masculinos y femeninos, aunque se ha extendido a otras disciplinas.
Equipos de la liga de fútbol estadounidense y de las Grandes Ligas suspendieron partidos como acción de protesta, entre tanto atletas individuales como la tenista Naomi Osaka interrumpieron su accionar en competiciones, con similar objetivo.

(Con información de teleSur)

miércoles, 19 de agosto de 2020

Lo que Trump dice sobre Kamala Harris ilustra cómo ve a las mujeres: “Desagradables” o amas de casa



Donald Trump. Foto: Reuters.
Desde que la senadora Kamala Harris se unió a la fórmula presidencial de los demócratas, el presidente Donald Trump ha respondido clasificando a las mujeres en dos categorías: la buena “ama de casa de los suburbios” que votará por él y las mujeres desagradables (nasty) que no le han demostrado, ni a él ni a sus aliados políticos, respeto suficiente.

Después de que Joe Biden, el candidato propuesto por los demócratas, anunció el martes que Harris sería su compañera de fórmula, Trump no tardó en ubicarla en la casilla de las “desagradables”, una categoría que ocupó la última mujer que contendió contra él en una papeleta del partido Demócrata.

“Con Brett Kavanaugh, en ese entonces el juez Kavanaugh y ahora el magistrado Kavanaugh, fue verdaderamente desagradable”, señaló Trump sobre Harris.

El presidente empleó la palabra “desagradable” o alguna variación de ella no menos de cuatro veces cuando se refirió a las audiencias de confirmación del Senado celebradas en 2018. En ese momento, Kavanaugh, quien pretendía airadamente rebatir el emotivo testimonio de Christine Blasey Ford, una profesora que lo acusó de acoso sexual en una fiesta en 1982, fue el receptor de las preguntas de Harris, una exfiscal.

En un momento, la senadora Harris le preguntó al nominado a la Corte Suprema si podía pensar en alguna ley existente que le permitiera al Gobierno tomar decisiones sobre el cuerpo masculino. Kavanaugh no pudo hacerlo.
“Fue desagradable al grado de hacer algo monstruoso”, afirmó Trump el martes. “Y eso no lo olvidaré tan pronto”.

Rápidamente surgieron los ataques. El miércoles en la mañana, después de que sus aliados de Fox News pasaron la noche comparando a Harris, de ascendencia jamaiquina e india, con “vendedores de tiempo compartido” y “prestamistas” poco éticos, Trump se jactó de que el “ama de casa de los suburbios” estadounidense –una etiqueta usada por el mandatario para apelar a los temores racistas de los blancos acerca de las iniciativas de integración en los vecindarios– lo favorecerá en noviembre.

“Quieren seguridad”, escribió Trump en Twitter, y añadió que “están encantadas de que terminé el programa que consistía en que las viviendas para personas de bajos ingresos invadieran su vecindario”, en referencia a una iniciativa del Gobierno de Obama que promovía la diversificación de las comunidades estadounidenses.

En asuntos de racismo y género, Trump siempre ha creído que dar rienda suelta a sus instintos ha mejorado su marca política. Pero al igual que la actitud de la población hacia el racismo ha cambiado y amenaza con convertir al presidente y su simpatía por la Confederación en una reliquia viviente, también son anacrónicas sus ideas sobre las mujeres estadounidenses, sobre todo las de los suburbios.

Según la información recabada por Lyman Stone, investigador del Institute for Family Studies, las esposas suburbanas que se quedan en casa solo representan el cuatro por ciento de la población total en Estados Unidos.
Al analizar los datos de manera más detallada, la Oficina de Estadísticas Laborales reportó en 2019 que la tasa de participación de la fuerza laboral de las mujeres con hijos menores de seis años era del 66%. La tasa de participación de la fuerza laboral de las mujeres con hijos de seis a 17 años era del 77%.

Desde hace mucho tiempo las encuestadoras han dicho –en referencia al problema del presidente de alejar a algunos simpatizantes con sus comentarios racistas y sexistas– que Trump no puede darse el lujo de perder al grupo imprescindible de mujeres, en su mayoría blancas y suburbanas, que le ayudaron a ganar la presidencia en 2016. Pero en junio, una encuesta encargada por NPR/PBS NewsHour/Marist demostró que el 66% de las mujeres suburbanas desaprobaban la gestión de Trump.

Celinda Lake, una veterana encuestadora demócrata, dijo en una entrevista el miércoles que el panorama con las mujeres suburbanas se ha oscurecido aún más para el presidente, a medida que se prolonga 

la pandemia del coronavirus, lo que les está provocando incertidumbre con respecto a la economía y las está obligando a decidir si volver a mandar a sus hijos a la escuela o mantenerlos en casa.

“Si él confía en que ese grupo lo salve, más vale que se consiga un chaleco salvavidas”, comentó Lake sobre las mujeres blancas suburbanas. “A ellas les gusta la seguridad, pero creen que la falta de un plan definido de Trump, su liderazgo deficiente y el hecho de que no escucha a los expertos ha puesto en un mayor riesgo a sus familias”.

Añadió que “incluso las mujeres blancas no universitarias están poniéndose en su contra, y estas son algunas de las mujeres que se ven más afectadas por su mal manejo” en la respuesta al coronavirus.

Cuando Trump insultó a Harris el martes, aderezó su calificativo misógino habitual de “desagradable” con otros insultos y se refirió a ella como la integrante del Senado estadounidense “más malvada, horrible e irrespetuosa”.
Así, Harris se suma a un grupo de mujeres que Trump siente que no ha sido lo suficientemente dócil.

Trump usó el insulto “desagradable” de la manera más vil con su antigua contendiente a la presidencia, Hillary Clinton: “Esa mujer tan desagradable”, masculló del otro lado del escenario cuando ambos participaban en un debate presidencial en 2016. Afirmó que la senadora de Massachusetts, Elizabeth Warren, excandidata presidencial demócrata y crítica franca, tenía una “boca desagradable”. ¿Y de Nancy Pelosi, la presidenta de la Cámara de Representantes?: “Es una persona desagradable, vengativa y espantosa”.

Incluso Meghan Markle, la Duquesa de Sussex nacida en Estados Unidos, fue considerada “desagradable” por no apoyar su candidatura en 2016.

“¿Qué puedo decir?”, Trump le dijo a un tabloide británico el año pasado, justo antes de una visita a Inglaterra, donde fue recibido por la familia real. “No sabía que ella era desagradable”.

Esa vez, en un giro orwelliano, Trump trató de desdecir sus comentarios, que fueron grabados, diciéndole al público que no creyera lo que acababan de escuchar.

“Nunca llamé a Meghan Markle ‘desagradable’”, tuiteó el presidente. “Son inventos de los medios de noticias falsas, ¡y los pillamos!”.

Los ataques de Trump a Harris han sido mínimos si se les compara con los insultos que usó contra otras opositoras, incluyendo a Clinton y Warren. Sin embargo, en ocasiones, el presidente ha considerado a la senadora como una revelación, e incluso ha reconocido su capacidad para atraer a grandes multitudes.
“¡Qué lástima! ¡Te extrañaremos, Kamala!”, tuiteó Trump en diciembre luego de que Harris concluyó su propia campaña presidencial.

“No se preocupe, señor presidente”, replicó Harris. “Nos veremos en su juicio”.

Cuando se anunció el martes la participación de Harris, tanto el presidente como su campaña parecían descoordinados y no saber la mejor manera de atacar con eficacia su trayectoria. Pero los peores insultos proferidos por los aliados más cercanos de Trump podrían ser un presagio de lo que está por venir: el año pasado, el hijo del presidente, Donald Trump hijo, cuestionó en Twitter si Harris era lo suficientemente negra como para estar hablando de los problemas que enfrentan los negros estadounidenses. Al final, borró ese tuit.
El miércoles, en Delaware, cuando Biden celebró su primer evento conjunto con Harris, se refirió al tipo de ataques racistas y sexistas que ella recibiría cuando avanzara la campaña. Pero también pareció estar riéndose entre dientes cuando relató que el presidente dijo que Harris había sido “desagradable” y “malvada” con sus nominados.

“Lo que Trump hace mejor es refunfuñar”, señaló Biden. “¿A alguien le sorprende que Donald Trump tenga un problema con una mujer fuerte o con mujeres fuertes en general?”.

Harris, por su parte, no habló de los insultos y decidió usar su tiempo para atacar al mandatario por su manejo de la pandemia y de la economía.

“Como todo lo demás que heredó”, señaló Harris, “lo gestionó muy mal”.

Después, en la Casa Blanca, Trump afirmó no haber visto gran cosa de la presentación de Harris, pero luego lanzó un monólogo acerca de las duras críticas que ella tuvo contra Biden durante los debates para las elecciones primarias demócratas a la presidencia, y dijo que se portó “iracunda” e “insultante” con el exvicepresidente.
“Dijo cosas terribles”, comentó Trump. “Y se burló de él… abiertamente. Por eso pensé que era una elección muy arriesgada y estoy seguro de que eso se repetirá; no lo haré yo necesariamente, sino otros. Eso se repetirá”.

(Tomado de The New York Times)

domingo, 5 de julio de 2020

Trump en Monte Rushmore: Más sal en la herida de un país dividido



Donald Trump mira el paso del escuadrón de demostración de vuelo de la Armada de los Estados Unidos, en medio de un grave repunte del coronavirus y con casi 130.000 muertos a la espalda. Foto: Reuters

El discurso pronunciado por el presidente Donald Trump en Monte Rushmore con motivo de celebrarse hoy el Día de la Independencia de Estados Unidos añadió más sal en la herida de un país muy dividido.
Según reportó el diario estadounidense The Washington Post, pese a las advertencias de expertos en salud, el jefe de la Casa Blanca viajó al conocido escenario de Dakota del Sur, para protagonizar un espectáculo de fuegos artificiales y difundir un mensaje en el que "explotó las divisiones sociales".
La emergencia sanitaria no tuvo espacio en su alocución. Trump se centró en las protestas que se desataron en Estados Unidos desde que el 25 de mayo fue asesinado en Minneapolis el afronorteamericano George Floyd, pero no para hablar de brutalidad policial o de racismo sistémico, sino para atacar a quienes toman parte en ellas.
Trump arremetió contra quienes piden remover los monumentos y símbolos confederados que abundan en espacios públicos, los cuales honran a figuras que en la Guerra Civil de 1861 a 1865 lucharon a favor de los estados secesionistas que defendían la esclavitud.

Los participantes en las masivas movilizaciones de las últimas semanas demandan la retirada de esas estatuas como parte de sus llamados a la justicia racial, y en algunos lugares las han derribado, mientras que, en otros, las autoridades locales acordaron removerlas.

Para Trump, sin embargo, no se trata de un reclamo legítimo, sino de una "campaña despiadada para borrar nuestra historia, difamar a nuestros héroes, borrar nuestros valores y adoctrinar a nuestros hijos".
"No se equivoquen: esta revolución cultural de izquierda está diseñada para derrocar a la revolución estadounidense", añadió el gobernante republicano en su discurso, que fue visto como una clara apelación a su base electoral, en momentos en los que va en caía su nivel de aprobación.
El jefe de la Casa Blanca pretendió mostrarse, además, como un líder fuerte que protegería la Segunda Enmienda -que establece el derecho a portar armas-, la aplicación de la ley y el patrimonio del país.
Vista del escenario durante el discurso de Donald Trump en el monte Rushmore, este viernes. Foto: AFP
De acuerdo con el diario The New York Times, la escena en Monte Rushmore fue la última señal de un Trump parece cada vez más desconectado de la intensa preocupación entre los estadounidenses sobre la crisis de salud que afecta al país.
Más que una simple manifestación partidista, el evento subrayó la medida en
que Trump apela a un subconjunto de estadounidenses para que lo lleve a un segundo mandato, apostando por cambiar el tema, mientras apela al miedo y la división, señaló el periódico.

A su vez, el Post apuntó que el jefe de Estado "trató de explotar las divisiones raciales y sociales de la nación y convocar a los partidarios en torno a un mensaje de ley y orden que se ha convertido en la piedra angular de su campaña de reelección".

Esas y otras publicaciones subrayaron que el acto pareció un mitin de campaña, el cual tuvo lugar cuando las encuestas arrojan números desfavorables para Trump en estados considerados clave para los comicios del venidero 3 de noviembre, en los que debe enfrentar al exvicepresidente demócrata Joe Biden.
Más allá de la alocución del presidente, otra muestra de las divisiones que vive el país fue la protesta que tuvo lugar cerca de Monte Rushmore en rechazo a la presencia del mandatario en ese lugar de las Colinas Negras.

El diario USA Today informó que los manifestantes bloquearon durante casi tres horas una carretera que conduce al monumento, y se encontraron con la resistencia de las fuerzas del orden público, que los rociaron con pimienta y arrestaron a más de una docena de ellos.

(Con información de PL)

domingo, 7 de junio de 2020

Paul McCartney sobre muerte de George Floyd: “Necesitamos un cambio”


 
McCartney durante una presentación en Illinois en 2017. Foto: AFP.
El músico británico y ex-Beatle Paul McCartney ha compartido en las redes sociales impresiones sobre la muerte de George Floyd, provocada por un policía el pasado 25 de mayo en Minneapolis, Estados Unidos, en las cuales ha hablado de “racismo policial” y declarado que “apoyamos y estamos del lado de todos aquellos que están alzando sus voces”
.
El reconocido compositor ha pedido justicia para la familia de Floyd y para todos aquellos que “murieron y sufrieron” por la brutalidad policial en cualquier lugar del planeta, al tiempo que anima a sus seguidores a educarse a sí mismos acerca del racismo y apoyar a organizaciones asociadas al movimiento Black Lives Matter.
“Mientras continuamos viendo las protestas y manifestaciones por todo el mundo, sé que muchos de nosotros queremos saber qué podemos hacer para ayudar. Ninguno de nosotros tiene las respuestas y no hay una forma rápida de repararlo, pero necesitamos un cambio. Necesitamos trabajar todos juntos para superar cualquier tipo de racismo. Debemos aprender más, escuchar más, hablar más, educarnos y, por encima de todo, actuar”, ha afirmado.

McCartney ha recordado que en 1964 los Beatles se vieron ante el dilema de actuar en Jacksonville (Luisiana, Estados Unidos) ante un público segregado racialmente por los organizadores de la presentación.
“Nos pareció mal, así que dijimos 'no vamos a hacer esto'. Y el concierto que dimos fue el primero sin una audiencia segregada. Luego nos aseguramos de que esto estuviera en nuestro contrato”.

El exintegrante de The Beatles ha señalado que le enferma y le enfada que el racismo siga presente aún 60 años después, además de calificar de “sinsentido” debido al “racismo policial” la muerte de George Floyd.
“Todos aquí apoyamos y estamos del lado de todos aquellos que están protestando y alzando sus voces en este momento. No decir nada no es una opción”, ha declarado.

viernes, 5 de junio de 2020

Causa de muerte: ¿COVID-19, violencia policial o racismo?



Por: Melissa Healy
Paren de Matarnos. Los manifestantes marchan por Whittier para protestar contra la brutalidad policial. Foto: Raul Roa/Daily Pilot

Los médicos y expertos en salud pública dicen que, en comparación con los estadounidenses blancos, los afroamericanos mueren prematura y desproporcionadamente de muchos males: enfermedades cardíacas, derrames cerebrales, COVID-19, violencia policial.

Las causas inmediatas de estas muertes tempranas varían. Pero hay una similitud en el patrón, según los expertos, y una fuente común de estadísticas sesgadas.

El racismo -no en su forma abierta, como insulto, sino del que está entretejido profundamente en las instituciones de la nación- perjudica a los 44 millones de estadounidenses que se identifican como negros y potencialmente acorta sus vidas, según quienes estudian las desigualdades raciales en la salud.
Para algunos, incluido George Floyd, quien vivía en Minnesota, puede causar la muerte prematura en minutos. Para otros, una vida de desventajas se cobra su costo de formas más sutiles
.
“En último término, el racismo es el pecado original aquí", señaló el Dr. Georges Benjamin, director ejecutivo de la Asociación de Salud Pública Estadounidense. “El racismo ataca la salud física y mental de las personas”, agregó. “Es una crisis de salud pública en curso que necesita nuestra atención, ahora”.
Y en medio de una pandemia, Benjamin y otros temen que a medida que las multitudes llenen las calles para protestar por otro asesinato policial de un hombre negro desarmado, las personas de color vuelvan a soportar el peso desproporcionado de más infecciones.

Es una compensación agonizante, reconocen, pero difícilmente una elección. “He pasado los últimos meses implorando y exhortando a todos a protegerse, a reducir la propagación de este virus y salvar vidas”, expuso el Dr. Clyde W. Yancy, cardiólogo de la Facultad de Medicina Feinberg de la Universidad Northwestern, quien es afroamericano.

Pero después de la muerte de Floyd bajo la rodilla del oficial de policía de Minneapolis Derek Chauvin, “me di cuenta de que mi mayor riesgo no es el COVID-19. Es el color de mi piel”, reflexionó.

El Dr. Atheendar Venkataramani, internista e investigador de políticas de salud de la Universidad de Pensilvania, mide el poder que tiene la desesperación para erosionar la salud de poblaciones estadounidenses específicas. El médico formó parte de un equipo que evaluó los cambios en la salud mental de quienes viven en EE.UU en estados donde al menos un hombre negro desarmado había sido asesinado a manos de la policía.
En los tres meses posteriores a estas muertes, el equipo encontró una caída apreciable en el bienestar mental entre los estadounidenses negros, y cuantos más decesos hubo, mayor fue el efecto. En cambio, la salud mental no sufría en los casos en que la policía mataba a una persona negra que sí llevaba un arma.
El bienestar mental de los estadounidenses blancos no está asociado con encuentros policiales letales que involucran a estadounidenses negros armados o desarmados. Los hallazgos fueron publicados en 2018 en la revista médica The Lancet.

“No les estamos dando otra opción aquí", señaló Venkataramani sobre la última oleada de protestas. La desatención de los problemas económicos, sociales y de salud de los afroamericanos ha sido “tan perniciosa, tan arraigada y tan predecible”, agregó. "¿Cómo no protestar para llamar la atención sobre estos temas?”.
En lenguaje médico, el racismo -incluido ese que ronda en tantas instituciones estadounidenses- es una toxina. Al igual que el aire contaminado, el estrés crónico y la desnutrición -que a menudo se derivan de la injusticia racial- su efecto es corrosivo.

Un bebé afroamericano nacido en 2017 tiene una esperanza de vida 3.5 años más corta que la de uno blanco. Si las desigualdades actuales persisten, el bebé negro tendrá casi 2.5 veces más probabilidades de vivir en la pobreza, casi el doble de posibilidades de abandonar la escuela antes de graduarse de preparatoria y más del 600% de probabilidad de ser encarcelado que su coetáneo blanco.
En el transcurso, el afroamericano promedio residirá en viviendas más pobres, tendrá menos acceso a alimentos saludables y estará más expuesto a contaminantes ambientales y delitos violentos que su contraparte blanca. Es mayormente probable que sufra obesidad, asma, diabetes, enfermedades cardíacas e hipertensión.

A pesar de esto, los estudios muestran que muchos médicos descuentan los males reportados por los pacientes afroamericanos, generando una desconfianza que a menudo los desalienta de buscar atención médica inmediata.
En los últimos meses, las desigualdades como estas han contribuido a un número mucho mayor de víctimas de coronavirus entre los afroamericanos que los estadounidenses blancos. Un análisis de los datos de la encuesta de la Universidad Johns Hopkins detectó que las tasas de infección por coronavirus fueron tres veces más altas en los condados con poblaciones predominantemente negras que en las mayormente blancas, y las tasas de mortalidad por COVID-19 fueron seis veces más elevadas.

Tanto en California como en Nueva York, los adultos afroamericanos están sobrerrepresentados al doble entre las muertes por COVID-19. En Michigan, su tasa de decesos es tres veces mayor que su densidad poblacional.
La vida de los negros importa dicen manifestantes en Los Angeles. Foto: Los Angeles Times
Bridget Goosby, una socióloga de la Universidad de Texas que estudia las disparidades de salud, comentó que la pandemia de COVID-19 ha dejado a muchas comunidades afroamericanas en un estado particularmente empobrecido.

La designación de “esencial” para numerosos trabajos con bajos salarios que son realizados por personas de color (conductores de reparto, trabajadores de hospitales, o de supermercados) preparó el escenario para que muchos se sintieran injustamente expuestos al peligro.

Ello fue profundizado por historias como las de Deborah Gatewood, una extraccionista afroamericana en Detroit que murió después de que el hospital donde había trabajado durante 31 años le negó cuatro veces la realización de una prueba de coronavirus, y de Brittany Bruner-Ringo, una enfermera afroamericana a quien se le ordenó admitir a un paciente visiblemente enfermo en un centro de atención de demencia de alto nivel en Los Ángeles y falleció de COVID-19 un mes después.

A muchos estados les tomó meses comenzar a recopilar datos que confirmaran una sospecha generalizada: que la pandemia estaba afectando mucho más a los negros que a los blancos.

Luego, a mediados de mayo, los datos del Departamento de Policía de la ciudad de Nueva York revelaron que el 93% de sus arrestos vinculados con el cumplimiento de las reglas de distanciamiento social eran a negros y latinos. Mientras tanto, el presidente Trump aclamó a los manifestantes blancos armados que pedían la “liberación” de sus estados.

En medio de tanta pérdida de vidas, la pandemia cerró muchos de los lugares a los que los afroamericanos normalmente recurrían para buscar algo de consuelo y fortaleza, incluidos iglesias y salones de belleza, destacó Goosby.

Incluso las familias grandes han tenido que mantenerse alejadas. “Hay un duelo colectivo”, consideró. “Y ya estás privado de tener esta red social, de poder llorar con otra gente. Entonces no sientes que tu pena es reconocida, o que algo ha cambiado”
.
En esta dolorosa caja de hierba seca cayó la cerilla del asesinato bien documentado de Floyd. Para cualquiera que haya estado prestando algo de atención, “nada de esto es sorprendente”, añadió Goosby.
En un ensayo reciente publicado en el Journal of the American Medical Association (JAMA), Yancy escribió que el alto costo del COVID-19 en los afroamericanos había provocado un largamente esperado “momento de ajuste de cuentas ético”.
Estados Unidos “necesitó un desencadenante para abordar por completo las disparidades en la atención médica”, escribió. “El COVID-19 puede ser ese evento líder”.

Ahora el ajuste de cuentas ético del país es más urgente que nunca. "¿Cómo responde una sociedad civil -si es que somos civiles- no sólo al sufrimiento desproporcionado sino también a un legado de injusticia?”, se preguntó Yancy. “Pronto sabremos de qué está hecha nuestra población”.
A pesar de los acontecimientos recientes, insistió en que sigue siendo optimista. “Uno sólo puede esperar lo mejor”, enfatizó.

(Tomado de Los Angeles Times)

sábado, 1 de julio de 2017

El precio de ser negro y con discapacidad en Estados Unidos



Charleena Lyles fue asesinada por la policía tras reportar un robo. Foto: Cortesía de su familia/ The Guerdian.
Por: David Perry
 
Charleena Lyles fue asesinada por la policía tras reportar un robo. Foto: Cortesía de su familia/ The Guerdian.

Hace un par de semanas, Charleena Lyles llamó a la policía de Seattle para informar de un robo. Lyles era una mujer negra, embarazada, madre de cuatro hijos (uno de ellos con síndrome de Down) y vivía en un apartamento de realojo para personas que antes habían estado en la calle. Los oficiales se presentaron en el lugar, encontraron a Lyles en medio de una crisis nerviosa, supuestamente armada con un cuchillo, y la mataron.

El asesinato provocó una gran indignación en todo el país, ¿pero que más se puede hacer para superar esto? ¿Cómo se termina, de una vez por todas, con la relación que hay entre violencia policial y racismo, clasismo y discriminación contra las personas con discapacidades psico-sociales o mentales?
Cuando se difundió la noticia de la evitable muerte de Lyles, un grupo de activistas no blancos y con discapacidad de Chicago se tomó la noticia con una triste naturalidad. Ya se saben la canción. Y les preocupa que les estén quitando una de las mejores herramientas que tienen para frenar la violencia.

Internamientos forzados

Chris Huff intentó suicidarse en 2005 y fue internado, contra su voluntad, en el hospital Michael Reese del barrio South Side de Chicago. “Mi mamá me llevó para un estudio. Solo iban a hacerme un estudio y, de repente, me estaban internando”, contó Huff.

La internación no fue de mucha ayuda. Tres meses después, Huff llevó un arma a su escuela secundaria, presa del miedo y la paranoia, como luego lo describió. Se le abalanzaron, Huff sacó el arma y disparó. Le levantaron cargos como si fuera adulto: intento de homicidio, violencia física agravada y uso de un arma de fuego en un establecimiento público. Huff tenía 15 años.
Ahora tiene 27 y vive en Ogden Park (Englewood), un vecindario del South Side de Chicago. Mientras la calurosa tarde llegaba a su fin, pasamos una hora hablando a la sombra de unos plátanos, sentados en un banco inclinado de madera.

Huff estaba inquieto. Se sentaba. Se ponía de pie. Iba y venía fumando. Poco a poco, comenzó a desgranar sus teorías sobre discapacidad, raza, pobreza, vigilancia policial y sobre el círculo vicioso en el que se ven atrapados los residentes negros y con discapacidad de Chicago.

Chris Huff es miembro de Advance Youth Leadership Power, un grupo de apoyo que se organiza a través de Access Living (una de las principales organizaciones de Chicago en derechos de las personas con discapacidad) con el objetivo de luchar en dos complicados frentes. En primer lugar intentan mostrar a todo el que le interese el comportamiento policial (incluido el cuerpo especial creado en el Ministerio de Justicia para controlarlo), cómo se inscribe el factor de la discapacidad en la narrativa generalizada de abusos de la policía de Chicago: entre un tercio y la mitad de las personas asesinadas por la policía tenían algún tipo de diversidad funcional.

En segundo lugar, y tal vez aún más importante, los activistas de este grupo tienen la esperanza de ayudar a sus propias comunidades a comprender las conexiones que hay entre discapacidad y justicia racial y económica.

Una ola de muertes por disparos de la policía

En 2015 hubo en Chicago una sucesión de muertes provocadas por disparos de la policía. Empezó con el caso de LaQuan McDonald y continuó con los también notorios de Philip Coleman, Quintonio Legrier y Bettie Jones. Los tres hombres tenían una discapacidad o patología psiquiátrica. La mujer, Jones, fue asesinada cuando la policía buscaba a Quintonio.

Las repercusiones políticas de esa ola de muertes terminaron provocando la dimisión del jefe de policía. El Ministerio de Justicia (DOJ, por sus siglas en inglés) investigó las actuaciones policiales en la ciudad abriendo foros para que los vecinos pudieran compartir sus experiencias.

Fue en uno de esos foros donde conocí a Chris Huff. En pie frente a la multitud, contaba su historia de vida, instruía a los demás. “No creo que haya sido coincidencia que tres meses después de que me diagnosticaran mi patología, yo estuviera usando un arma en la escuela”, recuerda Huff sobre su arresto.

En su opinión, fue afortunado por no haber pasado mucho tiempo en la cárcel. Con la ayuda del Instituto Northwestern su madre pudo ponerle abogados y lograr que un juez les permitiera mudarse al estado sureño de Georgia, lejos de Chicago, mientras esperaban el juicio.

En lugar de la sentencia de varias décadas que le podía haber caído si lo juzgaban como adulto (una posibilidad que contempla la ley), Huff terminó pasando unos pocos meses en un centro para delincuentes juveniles de Illinois. Cuando cumplió los 18, se borraron sus antecedentes penales. Después llegó el momento de la universidad, en el sur, y más tarde, el regreso al South Side de Chicago para un postgrado. Allí sigue hoy, en el Instituto Vera de Justicia, ayudando a jóvenes recién encarcelados.

Hombres negros con algún tipo de diversidad funcional

Protestas raciales en EEUU tras la muerte de dos jovenes negros a manos de la policia. Foto: EFE.
Protestas raciales en EEUU tras la muerte de dos jovenes negros a manos de la policia. Foto: EFE.

Nadie sabe con certeza cuántas víctimas de la violencia policial son personas enfermas o con discapacidad. Para todo el país hay algunos datos (que en 2015 yo puse sobre papel para la Fundación Ruderman) pero dependen demasiado de los testimonios. Los distintos departamentos de policía y los gobiernos de los estados se han mostrado reacios a registrar y controlar el uso de la fuerza. Aún así, los testimonios siguen siendo reveladores. Los principales casos investigados por el DOJ en Chicago involucraban a hombres negros con una discapacidad.

LaQuan McDonald tenía trastorno por estrés postraumático (TEPT) y una discapacidad mental no especificada. Philip Coleman, muerto durante el arresto, estaba sufriendo una crisis nerviosa cuando la policía llegó a la casa después de que los padres llamaran al 911. “Nosotros no los llevamos al hospital, los llevamos a la cárcel”, dijeron los agentes mientras lo detenían. En un vídeo publicado a finales de 2015, se puede ver a Coleman recibiendo descargas con una pistola eléctrica y siendo arrastrado de su celda sin oponer resistencia. Un policía de Chicago mató a Quintonio Legrier, un joven negro que sufría una crisis nerviosa, y también disparó contra la vecina que lo estaba vigilando, una mujer negra llamada Bettie Jones.

En julio de 2016, el grupo Advance Youth Leadership Power (AYLP) y sus activistas decidieron tomar cartas en el asunto con una manifestación en la puerta de la audiencia que trataba el caso, donde también entraron a declarar.

Yo estaba ahí y vi a un niño de 11 años, acompañado por su madre, hablar de su trauma. Cuando tenía 6, la policía entró violentamente en el patio de atrás de su casa con las armas desenfundadas. La persona que buscaban estaba en la misma manzana, pero a varias casas de distancia. Su madre, Melinda Manson, describió los años de pesadillas que había sufrido su hijo tras el episodio.

Timotheus Gordon, un estudiante de doctorado en la Universidad de Illinois, de raza negra y autista (se describe a sí mismo como “un jugador de fútbol americano negro y con rastas”), habló sobre el temor constante a ser detenido por la policía y no responder rápido y de una manera que los agentes consideren satisfactoria. Los familiares de Stephon Watts, un joven negro autista asesinado por la policía en la cercana ciudad de Calumet, hablaron de la pérdida de su ser querido. Huff también contó su historia.

El mensaje era claro: no habría justicia para los habitantes de Chicago hasta que no se abordase el tema de la discapacidad tanto como el de la raza para entender el comportamiento de la policía.
Lo bueno es que los investigadores del DOJ entendieron el mensaje y colaboraron con el grupo AYLP en la organización de una serie de reuniones, algunas públicas y otras privadas (más seguras), para asegurarse de que estos habitantes de Chicago pudieran contar su historia.

El problema es del sistema y de la estigmatización

Protestas contra el abuso y el racismo de la policía en Estados Unidos. Foto: Reuters.
Protestas contra el abuso y el racismo de la policía en Estados Unidos. Foto: Reuters.
Durante el otoño entrevisté a varios miembros del grupo AYLP para conocer su punto de vista. Aunque con formas diferentes, todo el tiempo escuché mencionar dos temas.

El primero, que estas personas creen que el sistema legal está diseñado para maximizar la opresión de la gente negra y con discapacidad. El segundo, que dentro de la comunidad negra del área de Chicago, la estigmatización hace que la gente evite hablar de la discapacidad. En otras palabras, muchos piensan que referirse a la discapacidad de LaQuan McDonald es una forma de minusvalorarlo, o que el debate sobre las enfermedades mentales y el accionar policial debería ser diferente al debate sobre el autismo.

Candace Coleman, coordinadora para la juventud en el AYLP, no está de acuerdo. “Soy negra, tengo discapacidad y soy del South Side, en Chicago”, dice. Pero Coleman también sabe que la estigmatización existe. Siempre supo que tenía discapacidad (tiene varias afecciones, entre ellas parálisis cerebral y asma, y toda su vida ha estado entrando y saliendo de los hospitales), pero le llevó mucho tiempo poder sentirse verdaderamente orgullosa de esa parte de su identidad.

Coleman es hoy una de las líderes del movimiento de orgullo en la discapacidad, pero reconoce que va a pasar mucho tiempo antes de que todos sientan ese orgullo. En muchas comunidades, “no se puede hablar sobre salud mental”. “Te automedicas, haces lo que tienes que hacer para salir adelante pero, incluso hoy, sigue sin estar bien hablar del tema”, dice. Y cuando nadie habla del tema, ni siquiera los reformistas bienintencionados pueden escuchar.

Para Chris, la estigmatización es algo que le sirve a un sistema disfuncional. Ese día que nos encontramos en el parque me lo explicó por encima. En su análisis, las circunstancias opresivas generan estigmatización y profundizan los efectos negativos, especialmente de los problemas mentales; esos efectos negativos a su vez hacen que se provoque la interacción con las fuerzas policiales; como las fuerzas de seguridad manejan muy mal ese tipo de interacciones, castigan con demasiada frecuencia a los que se comportan de manera diferente, reforzando así la necesidad de aislarse (incluso de sí mismas) que tienen las personas con discapacidad.

La policía castiga a los que son diferentes

Protestas contra el racismo policial en Estados Unidos. Foto: Getty images.
Protestas contra el racismo policial en Estados Unidos. Foto: Getty images.
“Una vez que salí al mundo, ya tenían una serie de sistemas listos para mí”, dice Huff.
“Ya tenían preparado mi vecindario, la comunidad… debido a la segregación. Ya estaba todo planeado de antemano. Lo que creo que está pasando verdaderamente es que una gran parte de la enfermedad sí tiene que ver con un factor genético, pero son desórdenes provocados por el hombre. Me tengo que adaptar al sistema y a la estructura actual para recibir educación, trabajo y vivienda”.
Una de las últimas medidas del Ministerio de Justicia de la Administración Obama fue publicar un informe sobre el comportamiento policial en Chicago. Una evaluación devastadoramente cruda de las sistemáticas violaciones que comete la policía contra los derechos civiles de sus habitantes. En un primer momento, el fiscal general de EEUU, Jeff Sessions, desestimó el informe por considerarlo “anecdótico”, incluso después de admitir que no lo había leído. Sessions se mostró en contra de los llamados “decretos de consentimiento” entre el DOJ y los departamentos de policía, [pensados para que el Departamento de Justicia intervenga y ayude a mejorar el funcionamiento de las policías locales].

El informe del DOJ identificó la práctica generalizada de abusos y añadió una serie de recomendaciones, como la de “trabajar con los miembros de la comunidad procedentes de los diversos grupos raciales, religiosos, étnicos, de género y de discapacidad en Chicago para generar una conciencia cultural conjunta con la policía, informar y sumar propuestas de medidas posibles que mejoren la relación entre la policía y la comunidad”.

La inclusión de la discapacidad en ese listado es una muestra del trabajo del AYLP, entre otros. Pero Trump y Sessions están tratando de tirar el informe a la basura. Como escribió Rachel Cohen en la revista Vice, los expertos en el tema y los activistas dicen que el alcalde de Chicago, Rahm Emanuel, está aprovechando el mensaje antireformista de Sessions para debilitar las reformas en la ciudad.
Cuando terminábamos nuestra conversación, Huff admitió que, a veces sentía un “vínculo traumático” con esta zona de Chicago. “Sé que no soy la única persona que tiene un vínculo traumático con el lugar en que creció. ¿A quién se le ocurre alejarse de una experiencia traumática y volver a esa mierda?”.

“No es una coincidencia que estés viviendo aquí, que estemos en esta plaza. ¿En qué otro lugar podrías estar?”, le dije. Huff miró hacia otro lado.
“Solo intento sumar una voz en el debate sobre la discapacidad. Me gustaría entender cómo la violencia estructural crea o perpetúa las discapacidades psico-sociales o las discapacidades mentales, cómo la violencia estructural crea o contribuye a las disfuncionalidades que se experimentan en la vida”.
Huff siente que no tiene opción, que la disfunción del sistema está en todas partes y que tiene que adaptarse. Pero termina diciendo: “Creo que si uno se adapta a la disfunción, al final está adoptando esa disfunción”.


(Traducido por Francisco de Zárate para El Diario/ Original The Guardian)

lunes, 9 de enero de 2017

Seis puntos que describen a Obama como presidente de EEUU (+ Infografía)



Obama en su última rueda de prensa como presidente de Estados Unidos. Foto: Reuters.

Obama en su última rueda de prensa como presidente de Estados Unidos. Foto: Reuters.
Ganó la presidencia en 2008 y se convirtió en el primer presidente negro de la historia de los Estados Unidos. Pese a que despertó las esperanzas de los estadounidenses que anhelaban un cambio, son muchos los asuntos nacionales e internacionales que deja sin resolver.

Tras ocho años de Gobierno, Barack Obama deja una herencia presidencial con tantas sombras como luces. Tensiones raciales, déficit de empleo, creciente desigualdad social y la crisis en Medio Oriente son algunos de los puntos clave que con los que su administración no pudo lidiar del todo bien.

1. Economía

Autor: TeleSur.
Autor: TeleSur.
Al asumir el poder en el año 2009, Estados Unidos se encontraba sumido en una crisis financiera, con unos mercados derrumbados, una tasa de paro que llegó a pasar del 10 por ciento y una contracción del PIB que en 2009 alcanzó el 2,7 por ciento.

La administración Obama redujo las cifras de desempleo, situándola de un 7,8  por ciento en enero de 2009 a un 4,9 por ciento en 2016.

Sin embargo, un análisis divulgado por US-CNS sostiene que de la mano de obra que se encuentra disponible, unos 251 millones, solamente 157 millones tienen trabajo, unos 94 millones están desocupados y un 40 por ciento de ellos no está laborando desde hace más de dos años.

Esto se suma a un débil crecimiento económico, el cual, no ha excedido más allá de los 2,5 por ciento anual. Según palabras del reportero político y económico norteamericano, Edmund Kozak, “en términos de crecimiento económico, Barack Obama ha sido uno de los peores presidentes de Estados Unidos”.

Por otra parte, la desigualdad ha crecido durante la gestión de Obama. Los ricos han alcanzado un mayor poder adquisitivo que el país no conocía desde los años ’30 (el 0,1 por ciento más rico poseía en 2013 más del 20 por ciento de la riqueza nacional y en 2014 el 1 por ciento poseía casi la mitad de la riqueza total del país).

En cuanto a la pobreza, la tasa disminuyó modestamente en la “Era Obama”. Para el año 2009, la tasa de pobreza se ubica en 14,3 por ciento. En el año 2015, se descendió al 13,5 por ciento, es decir, hay unos 43 millones de personas pobres en Estados Unidos.

2.Violencia, armas de fuego y tensión racial

Las tensiones raciales se han intensificado en los últimos años. Foto: EFE.
Las tensiones raciales se han intensificado en los últimos años. Foto: EFE.

El primer Presidente afrodescendiente de la historia estadounidense deja, irónicamente, escasos avances en la lucha contra el racismo. Desde el 2014 hemos sido testigos de un creciente número de asesinatos de afroamericanos a manos de policías blancos.

Las heridas y resentimientos raciales siguen latentes en los Estados Unidos, razón que desató una ola de protestas en todo el país, comenzando en Ferguson, expandiéndose por Baltimore, Nueva York y Charlotte.

De acuerdo con cifras del Proyecto de Trazado de la Violencia Policial, un 40 por ciento de las víctimas asesinados por policías son afrodescendientes, mientras que también un 40 por ciento de la población encarcelada es de origen afrodescendiente, según la californiana Universidad de Stanford.
En cuanto a los ingresos, la desigualdad salarial entre blancos y afroamericanos en los Estados Unidos se ha incrementado: mientras que la media de ingreso de una familia blanca era de 58 mil dólares anuales en 2007 y se redujo a 55 mil en 2013, en las familias “no-blancas” esta cifra disminuyó de 41 mil a 34 mil.

Esto se debe principalmente a las diferencias del acceso a los servicios educativos y sanitarios entre afroamericanos y blancos, así como a la alta tasa de desempleo y los índices de pobreza de los afroamericanos, problemas que no fueron corregidos del todo durante el mandato de Obama.
Otro asunto pendiente que dejó el demócrata fue el control de armas, a pesar de su constante lucha en este sentido.

Estados Unidos es el país con más armas de fuego en el mundo. Obama se encontró con un país que en 2009 registraba 310 millones de armas de fuego y unos 306 millones de habitantes, de acuerdo a las cifras del Congreso

Obama ofreció en unas 15 comparecencias endurecer las leyes sobre el tema, pero no pudo concretar ninguna acción concreta. En 2016, el Presidente decidió aplicar medidas por la vía ejecutiva, debido a que el Congreso se negó al control de armas.

Asumió que las medidas no evitarán los tiroteos masivos ni dejarán las armas lejos de un criminal, sino que sólo contemplan trámites previos para los vendedores y compradores de armas.
Durante el primer semestre de 2016, Estados Unidos registró la cifra de siete mil 321 muertos por armas de fuego, el número total del año aún no se ha dado a conocer.

3. Inmigrantes

Barack Obama ha sido el presidente de Estados Unidos que ha deportado mayor número de inmigrantes. Foto: EFE.
Barack Obama ha sido el presidente de Estados Unidos que ha deportado mayor número de inmigrantes. Foto: EFE.

En sus dos campañas presidenciales, Obama sostuvo la bandera de una justa reforma migratoria, con énfasis en la legalización de 11 millones de indocumentados, principalmente de origen latinoamericano. A lo largo de su mandato sostuvo que las deportaciones han dado “mayor seguridad a la población estadounidense”.

En noviembre de 2014, los migrantes en Estados Unidos esperaban ansiosamente las declaraciones del mandatario respecto a las leyes migratorias, pero sólo se creó un clima de decepción colectiva al escuchar la propuesta de regularización.

El plan sólo protege de la deportación a familiares de ciudadanos estadounidenses que hayan estado en el país desde antes de enero de 2010 sin cometer ningún delito; a trabajadores altamente calificados y a quienes llegaron al país con menos de 16 años y han permanecido desde entonces sin registrar antecedentes penales. Pese al descontento, significa un pequeño paso de avance.
El número de personas que pueden optar por ese beneficio es de alrededor de cinco millones, aunque un total de 30 millones de indocumentados están ansiosos por legalizarse en el país norteamericano.
Obama deportó más inmigrantes que cualquier presidente en la historia de Estados Unidos con 2,5 millones desde que asumió la presidencia. El expresidente George W. Bush deportó sólo 23 por ciento de esta cifra.

4.ObamaCare

La cárcel de Guatánamo continúa abierta. Foto EFE.
La cárcel de Guatánamo continúa abierta. Foto EFE.
Una de las grandes promesas hechas por Obama fue el llamado “Obamacare”, la reforma sanitaria aprobada en 2010 y que entró en vigor en 2013, la cual no resultó todo lo bien que se esperaba.
Se logró un aumento de la cobertura pública para los pobres (Medicaid) y a partir del 1 de enero de 2014 el seguro médico se convirtió en obligatorio para la mayoría de las personas en Estados Unidos, y quienes no lo tuvieran serían multados con hasta un 2,5 por ciento del salario.

Quedan aún 30 millones de personas sin cobertura sanitaria, además de los inmigrantes indocumentados, que están tácitamente fuera de las estadísticas.

Asimismo, en sus dos campañas presidenciales, Obama prometió cerrar la cárcel de la Base Naval de Guantánamo antes de terminar su mandato en enero de 2017, promesa que dejó incumplida, tras 8 años de Gobierno. No obstante, trasladó a una buena cifra de presos a otros sitios penitenciarios.

5.Guantánamo y Bloqueo

En una alocución el 23 de febrero de 2016, Obama indicó que “durante muchos años, ha sido claro que la prisión de Guantánamo no colabora con nuestra seguridad nacional sino que la socava (…) La primera vez que me postulé a la presidencia reconocí que la instalación debía ser cerrada”.
Por otra parte, el presidente Barack Obama hace dos años calificó al bloqueo sobre Cuba como “obsoleto y pieza de la Guerra Fría”, pero el bloqueo aún persiste con todos sus efectos económicos y sociales.

6. Conflictos Internacionales

Obama heredó varias guerras. Foto: Archivo.
Obama heredó varias guerras. Foto: Archivo.

Durante sus dos mandatos, Obama manifestó su intención de retirar las tropas estadounidenses de Medio Oriente. Aún así, Estados Unidos. mantiene operaciones militares en seis países extranjeros.
En el año 2013, declaró: “Fui elegido para acabar con las guerras, y no para empezarlas”. Lo cierto es que heredó de George W. Bush una política internacional enfocada en las guerras en Medio Oriente y aunque prometió erradicarlas no lo logró.

Obama no solo fracasó en terminar con los conflictos y guerras en los que Estados Unidos participaba, sino que comenzó nuevos en otros países.

El jefe de Estado falló en su promesa de retirar las tropas de Iraq, mientras que en Afganistán se quedaron más de ocho mil 400 militares. Al mismo tiempo, incrementaron sus ofensivas en Libia, Yemen y Somalia.

En Siria, a finales de abril de 2016, el Pentágono decidió enviar 250 soldados norteamericanos para apoyar a las tropas locales armadas y opositoras al presidente sirio Bashar al-Assad. También autorizó bombardeos contra Libia, aunque el año pasado admitió que la guerra en este país africano fue un error.
(Tomado de TeleSur)

miércoles, 4 de enero de 2017

“Fruta extraña”, la canción que quiere cantar Rebecca Ferguson en la ceremonia de Trump

Rebecca Ferguson.


Rebecca Ferguson.

Cantar “Strange Fruit” fue la condición de Rebecca Ferguson para actuar en la ceremonia de investidura de Donald Trump, a la que asistirán seis líderes religiosos incluidos un cardenal católico, un rabino, un clérigo hispano y una mujer.

La artista escribió en su cuenta de Twitter que solo aceptaría la invitación del presidente electo “si me permites cantar “Strange Fruit” una canción que tiene una enorme importancia histórica, una canción que estuvo en la lista negra de Estados Unidos por ser demasiado polémica. Una canción que habla a todas las personas negras despreciadas y pisoteadas en Estados Unidos”.

https://twitter.com/julianbovis/status/816212016981491712/photo/1

Este tema fue originalmente interpretado por Billie Holiday, pero la letra es un poema de Abel Meeropol inspirado en la histórica fotografía que muestra el linchamiento de dos afroamericanos, Thomas Shipp y Abram Smith, en 1930 en el centro de Marion, Indiana.
Thomas Shipp y Abram Smith, en 1930 en el centro de Marion, Indiana.
Thomas Shipp y Abram Smith, en 1930 en el centro de Marion, Indiana.

Abel Meeropol era un profesor judío de origen ruso afiliado al Partido Comunista de los Estados Unidos. Vio esta foto de los linchamientos que según su testimonio le persiguió durante todo el día y no le dejó dormir. Entonces escribió el poema Bitter Fruit, que publicó bajo el seudónimo de Lewis Allan en la revista New York Teacher y en el diario New Masses. Más tarde musicalizó el poema en la canción Strange Fruit. Meeropol es conocido también por haber sido quien adoptó a los hijos de Ethel y Julius Rosenberg, tras se ejecutados en Estados Unidos
.
La canción se hizo famosa en la voz de la legendaria música de jazz Billie Holiday en 1939, y luego cantada por Nina Simone. Holiday dijo una vez que cuando cantó por primera vez “Strange Fruit” en un café de Nueva York, sorprendió al público.

“No había ni siquiera un aplauso cuando terminé”, escribió más tarde en su autobiografía. “Entonces una persona solitaria comenzó a aplaudir nerviosamente. De repente todos aplaudieron”.

Andrea Bocelli, Elton John, Céline Dion, el cantante country Garth Brooks son algunos de los artistas que han rechazado la invitación de participar en el evento de posesión del próximo 20 de enero. Hasta Kaney West, quien ha apoyado públicamente al presidente electo, dijo que no.

En contraste, Beyoncé cantó el himno de Estados Unidos hace cuatro años en la ceremonia de reelección de Barack Obama, Kelly Clarkson y James Taylor actuaron después del juramento. Alicia Keys, Marc Anthony y Brad Paisley estuvieron durante la celebración oficial en Washington.
Rebecca Ferguson finaliza su respuesta a Trump recordando que “Stranger fruit” “es una canción que recuerda cómo el amor es la única cosa que conquistará todo el odio en este mundo, entonces aceptaré de buena gana su invitación y lo veré en Washington”.

La letra de Strange fruit tiene solo tres estrofas, profundas, dolientes: “De los árboles del sur cuelga una fruta extraña. / Sangre en las hojas, y sangre en la raíz. / Cuerpos negros balanceándose en la brisa sureña. / Extraña fruta cuelga de los álamos./Escena pastoral del valiente sur. / Los ojos saltones y la boca retorcida. / Aroma de las magnolias, dulce y fresco. / Y el repentino olor a carne quemada. Aquí está la fruta para que la arranquen los cuervos. / Para que la lluvia la tome, para que el viento la aspire, para que el sol la pudra, para que los árboles lo dejen caer./ Esta es una extraña y amarga cosecha”.

La letra original en inglés es la siguiente:
Strange Fruit
Southern trees bear a strange fruit,
Blood on the leaves and blood at the root,
Black bodies swinging in the southern breeze,
Strange fruit hanging from the poplar trees.
Pastoral scene of the gallant south,
The bulging eyes and the twisted mouth,
Scent of magnolias, sweet and fresh,
Then the sudden smell of burning flesh.
Here is fruit for the crows to pluck,
For the rain to gather, for the wind to suck,
For the sun to rot, for the trees to drop,
Here is a strange and bitter crop.

Escuche a Nina Simone interpretando “Strange Fruit”