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miércoles, 4 de diciembre de 2019

MINREX: Nuestra América ante la arremetida del Imperialismo y de las oligarquías





Los más recientes acontecimientos en la región confirman al gobierno de Estados Unidos y a las oligarquías reaccionarias como los principales responsables de la peligrosa convulsión e inestabilidad política y social de América Latina y el Caribe.
Como anticipara el 1ro de enero de 2019, el Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba, General de Ejército Raúl Castro Ruz:
“Quienes se ilusionan con la restauración del dominio imperialista en nuestra región deberían comprender que América Latina y el Caribe han cambiado y el mundo también (…) La región se asemeja a una pradera en tiempos de sequía. Una chispa pudiera generar un incontrolable incendio que dañaría los intereses nacionales de todos”.
El presidente Donald Trump proclama la vigencia de la Doctrina Monroe y apela al Macartismo para preservar la dominación imperialista sobre los recursos naturales de la región, impedir el ejercicio de la soberanía nacional y las aspiraciones de integración y cooperación regional; tratar de restablecer su hegemonía  unipolar a escala mundial y hemisférica; eliminar los modelos progresistas, revolucionarios y alternativos al capitalismo salvaje; revertir las conquistas políticas y sociales e imponer modelos neoliberales, sin importarle el Derecho Internacional, las reglas de juego de la democracia representativa, el medio ambiente ni el bienestar de los pueblos.

El secretario de Estado Mike Pompeo acusó amenazadoramente, este lunes 2 de diciembre, a Cuba y Venezuela de sacar provecho y ayudar a elevar la agitación en los países de la región. Tergiversa y manipula la realidad y oculta, como elemento central de la inestabilidad regional, la permanente intervención de los Estados Unidos en América Latina y el Caribe.

Las legítimas protestas y las masivas movilizaciones populares que se registran en el continente, en particular en el Estado Plurinacional de Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Brasil, son causadas por la pobreza y la creciente desigualdad en la distribución de la riqueza; la certeza de que las fórmulas neoliberales agravan la excluyente e insostenible situación de vulnerabilidad social; la ausencia o precariedad de los servicios de salud, educación y seguridad social; los abusos contra la dignidad humana; el desempleo y la restricción a los derechos laborales; la privatización, encarecimiento y cancelación de servicios públicos y el incremento de la inseguridad ciudadana.
Ellas revelan la crisis de los sistemas políticos, la falta de democracia verdadera, el descrédito de los partidos conservadores tradicionales, la protesta contra la corrupción histórica típica de las dictaduras militares y los gobiernos de derecha, el escaso apoyo popular a las autoridades oficiales, la desconfianza en las instituciones y en el sistema de justicia.

Protestan igualmente contra la represión policial brutal, la militarización de esta con el pretexto de proteger infraestructuras críticas, la exención de responsabilidad penal a los represores; el empleo de armas de guerra y antimotines que provocan muertes, lesiones graves, incluidos cientos de jóvenes con irreversibles lesiones oculares por el uso de balines; la criminalización de las manifestaciones; las violaciones, golpizas y violencia contra los detenidos, entre ellos menores; e incluso, el asesinato de líderes sociales, guerrilleros desmovilizados y periodistas.

Estados Unidos defiende y apoya la represión contra manifestantes con el pretexto de salvaguardar el supuesto “orden democrático”. El silencio encubridor de varios gobiernos, instituciones y personalidades muy activos y críticos contra la izquierda, es una vergüenza. La complicidad de los grandes medios corporativos de información es vergonzosa.
Los pueblos se preguntan con razón ¿dónde está la democracia y el Estado de derecho; qué hacen las instituciones supuestamente dedicadas a la protección de los derechos humanos; dónde está el sistema de justicia cuya independencia se pregona?
Repasemos algunos hechos. En marzo de 2015, el presidente Barack Obama firma una insólita Orden Ejecutiva que declara a la República Bolivariana de Venezuela “una amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional, la economía y la política exterior” de la gran potencia. En noviembre de 2015, ocurre la costosa derrota electoral de la izquierda en Argentina
.
La ofensiva neoliberal tuvo un momento decisivo en agosto de 2016, con el golpe parlamentario-judicial en Brasil contra la presidenta Dilma Rousseff, la criminalización y el encarcelamiento de los líderes del Partido de los Trabajadores, y posteriormente del propio expresidente Luiz Inacio Lula Da Silva, con la temprana participación del Departamento de Justicia de los Estados Unidos, mediante la Ley de Prácticas Corruptas en el Extranjero, para instalar un gobierno dependiente, dispuesto a revertir importantes conquistas sociales mediante ajustes neoliberales, al cambio nefasto del modelo de desarrollo, a permitir la destrucción de la empresa nacional y la privatización expoliadora; a la venta barata de los recursos y la infraestructura  del país a las trasnacionales norteamericanas.

A finales del 2017, se produjo en Honduras la protesta contra el resultado electoral y la terrible represión de esta.
En enero de 2018, Estados Unidos aborta la firma de un acuerdo entre el gobierno de Venezuela y la oposición manejada desde Washington. Un mes después, el Secretario de Estado proclama la vigencia de la Doctrina Monroe y llama al golpe militar contra la Revolución bolivariana y chavista.

En marzo de 2018, se produce el atroz asesinato de la concejal brasileña Marielle Franco, que levantó una ola de indignación en su país y el mundo y del que permanecen ocultas las oscuras implicaciones de grupos de poder. En abril, Lula es apresado mediante espurias maniobras jurídicas. Hay copiosa evidencia de la intervención de Estados Unidos en las elecciones brasileñas, a través de compañías especializadas que usan tecnologías de “big data” y polimetría para manipular individualmente la voluntad de los votantes, como las manejadas por el ultra-reaccionario Steve Bannon y otras israelíes.

En este periodo, se abren procesos judiciales contra los expresidentes Cristina Fernández de Kirchner y Rafael Correa. En abril de 2018, intentan desestabilizar a Nicaragua mediante la injerencia externa y la aplicación de medidas coercitivas unilaterales.

El 4 de agosto de 2018, es el intento de magnicidio contra el presidente Nicolás Maduro Moros. En enero de 2019, se produce la autoproclamación del desconocido y corrupto Juan Guaidó, organizada en Washington. En marzo de 2019, el presidente Trump renueva la Orden Ejecutiva que considera una amenaza a Venezuela. El 30 de abril, es el intento de golpe militar en Caracas que fracasa de manera estrepitosa, y Estados Unidos, vengativamente, escala en su guerra no convencional contra la nación sudamericana que resiste tenaz y heroica desde la unión cívico-militar de su pueblo.

En todo el periodo, el gobierno estadounidense aplica salvajes políticas antiinmigrantes y una conducta agresiva, llena de odio, para alimentar el miedo y la división en los electores. Intenta el muro xenófobo en la frontera con México, amenaza a este y a Centroamérica con terribles aranceles y sanciones si no detienen a quienes huyen de la pobreza y la inseguridad, y multiplica las deportaciones. Separa cruelmente a miles de niños de sus padres, ha detenido a 69 mil menores y trata de expulsar a los hijos de inmigrantes nacidos y criados en territorio norteamericano.

Mostrando desvergonzada subordinación a Estados Unidos, el gobierno ultraderechista de Brasil que encabeza Jair Bolsonaro acudió a la mentira, al discurso xenófobo, racista, misógino y homofóbico, combinado con proyecciones delirantes sobre fenómenos sociales y políticos como el cambio climático, las poblaciones originarias, los incendios amazónicos y la emigración, las cuales han generado el repudio de numerosos líderes y organizaciones. En la gestión del gobierno se han venido desmontando las políticas sociales que llevaron a Brasil durante los gobiernos del Partido de los Trabajadores a reducir notablemente los niveles de pobreza y de exclusión social.

Desde mayo de 2019, decenas de miles de manifestantes se echaron a las calles contra los recortes en educación, las reformas al sistema de pensiones, las políticas discriminatorias y la violencia de género.

El gobierno de Brasil ha intervenido en los asuntos internos de países vecinos como Venezuela, Argentina, Paraguay y Uruguay, y ha asumido posiciones hostiles hacia Cuba, violatorias del Derecho Internacional. Como publicó la prensa brasileña en abril de 2019, la Cancillería cursó instrucciones a 15 de sus Embajadas de coordinar con las estadounidenses para instar a los gobiernos receptores a condenar a Cuba en foros internacionales.

Por primera vez desde 1992, Brasil votó este año en contra, sólo acompañado de Estados Unidos e Israel, de la resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas para pedir el fin del bloqueo económico, comercial y financiero, que ahora Estados Unidos arrecia contra Cuba, y el cese de la aplicación extraterritorial de sus leyes contra terceros Estados.

Paralelamente, el gobierno de Colombia, se abstuvo en la votación de la resolución que apoyó desde 1992 y que reclama, en momentos en que se recrudece, el cese del bloqueo genocida de Estados Unidos contra Cuba y el alcance extraterritorial de este. Para justificar esta censurable decisión, las autoridades de ese país acudieron a la manipulación, ingrata y políticamente motivada, sobre la altruista, consagrada, discreta e inobjetable contribución de Cuba a la paz en Colombia, un tema en el que la conducta de nuestro país es universalmente reconocida.  Es conocido el amplio y crítico debate que este hecho generó en esa nación, a la que, pese a todo, seguiremos acompañando en sus esfuerzos para alcanzar la paz.

La calumnia norteamericana de atribuirle a Cuba supuestas responsabilidades en la organización de las movilizaciones populares contra el neoliberalismo en Sudamérica constituye una increíble excusa para justificar y endurecer el bloqueo y la política hostil contra nuestro pueblo. Igual, resulta inútil para esconder el fracaso del sistema capitalista, proteger gobiernos tambaleantes y represivos, ocultar golpes parlamentarios, judiciales, policiales; y agitar el fantasma del socialismo para amedrentar a los pueblos. Con ello, pretende también justificar la represión y la criminalización de la protesta social.
La única responsabilidad de Cuba es aquella que emana del ejemplo que ha brindado su heroico pueblo en la defensa de su soberanía, en la resistencia ante las más brutales y sistemáticas agresiones, en la práctica invariable de la solidaridad y la cooperación con las naciones hermanas de América Latina y el Caribe.
Duele al imperialismo que Cuba ha demostrado que sí hay otro mundo posible y que sí se puede construir un modelo alternativo al neoliberalismo,  basado en la solidaridad, la cooperación, la dignidad, en la distribución justa de los ingresos, el acceso igualitario a la superación profesional, a la seguridad y protección ciudadanas y a la liberación plena de los seres humanos.

La Revolución cubana es asimismo evidencia de que un pueblo estrechamente unido, dueño de su país y sus instituciones, en permanente y profunda democracia, puede resistir victoriosamente y avanzar en su desarrollo, frente a la agresión y al bloqueo más largos de la historia
.
El golpe de Estado en Bolivia, orquestado por los Estados Unidos, utilizando como instrumento a la OEA y a la oligarquía local, es una demostración de la agresividad de la acometida imperialista. Cuba reitera su condena al golpe de Estado, a la brutal represión desatada y expresa su solidaridad con el compañero Evo Morales Ayma y el pueblo boliviano.

Mientras el gobierno de Estados Unidos continúa su guerra no convencional para intentar derrocar al gobierno legítimamente constituido del Presidente Nicolás Maduro Moros e invoca el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), Cuba ratifica la voluntad inquebrantable de mantener la cooperación con el gobierno y el pueblo venezolanos.

Al gobierno y pueblo sandinistas de Nicaragua, liderados por el presidente Daniel Ortega, que enfrenta los intentos de desestabilización y medidas coercitivas unilaterales estadounidenses, reiteramos nuestra solidaridad.
El gobierno legítimo de la Mancomunidad de Dominica y su Primer Ministro Roosevelt Skerrit merecen la solidaridad internacional y tienen ya la del pueblo cubano, en momentos en que esa isla es víctima de la injerencia externa que ya ha provocado violencia y pretende frustrar el proceso electoral.

En este complejo escenario, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador en México enfrenta el neoliberalismo y defiende los principios de no intervención y respeto a la soberanía, mientras la elección de Alberto Fernández y Cristina Fernández como Presidente y Vicepresidente en Argentina, expresa el rechazo inequívoco de esa nación a las fórmulas neoliberales que la empobrecieron, endeudaron y dañaron seriamente a su pueblo. La liberación de Lula es un triunfo de los pueblos, y Cuba reitera su llamado a la movilización mundial por el reclamo de su plena libertad, la restitución de su inocencia y de sus derechos políticos.

La corrupción que caracteriza el comportamiento del actual gobierno de los Estados Unidos ya es inocultable. Su impacto sobre los pueblos de Latinoamérica  y el Caribe tiene un costo en vidas, sufrimiento, inestabilidad y daños económicos.

En la dramática coyuntura que atraviesa la región y el mundo, Cuba reafirma los principios de soberanía, no intervención en los asuntos internos de otros Estados y el derecho de cada pueblo a elegir y construir libremente su sistema político, en un ambiente de paz, estabilidad y justicia; sin amenazas, agresiones ni medidas coercitivas unilaterales y llama a cumplir los postulados de la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz.
Cuba seguirá trabajando en el camino de la integración de Nuestra América que incluye la realización de todos los esfuerzos para que la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), pronto presidida por México, continúe promoviendo los intereses comunes de nuestras naciones mediante el fortalecimiento de la unidad dentro de la diversidad.

A la implacable arremetida de las fuerzas más reaccionarias del hemisferio, Cuba opone la inquebrantable resistencia de su pueblo junto a la voluntad de defender la unidad de la nación, sus conquistas sociales, su soberanía e independencia, y el socialismo al precio que sea necesario. Lo hacemos con el optimismo y la confianza inconmovible en la victoria que nos legara el Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz, con la conducción del Primer Secretario de nuestro Partido, General de Ejército Raúl Castro y el liderazgo del Presidente Miguel Díaz-Canel.

La Habana, 3 de diciembre de 2019

lunes, 29 de julio de 2019

Díaz-Canel en el Foro de Sao Paulo: Unidad e integración deben ser nuestras grandes obsesiones




El presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, pronuncia breves palabras durante la clausura del XXV Encuentro del Foro de Sao Paulo. Foto: Estudios Revolución.
Discurso pronunciado por Miguel M. Díaz-Canel Bermúdez, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, en la clausura del XXV Foro de Sao Paulo, Venezuela, el 28 de julio de 2019, “Año 61 de la Revolución”.
(Versiones Taquigráficas – Consejo de Estado)
Compañero Nicolás Maduro Moros, hermano Presidente de la República Bolivariana de Venezuela;
Compañeras y compañeros de la Dirección de la Revolución Bolivariana;
Compañera Mónica Valente;
Líderes latinoamericanos y caribeños y de otras partes del mundo que nos acompañan;
Compañeras y compañeros:
Permítanme dedicar mis primeras palabras al Comandante Hugo Chávez Frías, el gran amigo de Cuba, el hijo de América que cumple hoy 65 años en la eternidad (Aplausos).
Nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro, quien lo quiso entrañablemente y quien fue de los primeros en reconocer sus cualidades como líder, al referirse a la aparición de un político extraordinario como Chávez en nuestra dolida región, lo ubicó junto a Bolívar y Martí en la batalla por el destino de la Patria Grande.  Dijo Fidel:
“Hace mucho tiempo albergo […] la más profunda convicción de que, cuando la crisis llega, los líderes surgen.  Así surgió Bolívar cuando la ocupación de España por Napoleón y la imposición de un rey extranjero crearon las condiciones propicias para la independencia de las colonias españolas en este hemisferio.  Así surgió Martí, cuando llegó la hora propicia para el estallido de la Revolución independentista en Cuba.  Así surgió Chávez, cuando la terrible situación social y humana en Venezuela y América Latina determinaba que el momento de luchar por la segunda y verdadera independencia había llegado”.
Bolívar, Martí, Fidel, Chávez, ¿qué tienen en común estos hombres que, siempre que nos convocamos a pensar, nos sentimos obligados a citarlos y a beber de sus respectivos legados? Nuestra América, respondería Martí, quien la nombró así para distinguirla claramente de la América imperial que nos despreció y que nos desprecia más ahora, como lo prueban el muro descomunal que se proyecta en la frontera sur, el maltrato atroz a los migrantes, la Helms-Burton, la Nica Act, la persecución financiera y la imposición arbitraria de aranceles a países de la región, la suspensión de ayudas al desarrollo, el bloqueo y la guerra sucia contra Cuba y Venezuela, entre otros actos de maldad sin límites.

Pero hasta esa maldad se empequeñece cuando se reúne Nuestra América, es decir, el diverso, plural y aportador mundo de los líderes partidistas progresistas y de los activistas sociales latinoamericanos y caribeños que, desde los oscuros años noventa del siglo pasado, decidieron construir este espacio unitario de la izquierda viva y actuante.

Entonces parece más cercano el sueño de Bolívar cuando dijo: “Yo deseo más que otro alguno ver formar en América Latina la más grande nación del mundo, menos por su extensión y riquezas que por su libertad y gloria”.

El Libertador también nos legó otra idea fundamental, y vuelvo a citarlo: “La unidad lo hace todo y, por lo mismo, debemos conservar este precioso principio”.

José Martí, quien tuvo al Libertador como inspiración y guía, fue el gran arquitecto y constructor de la unidad que faltaba en la pelea cubana por su independencia; aunque murió sin ver el triunfo, hasta en su última carta, inconclusa, defendió apasionadamente la idea de “impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América”.
De ambos, de Bolívar y de Martí, nutren Fidel y Chávez el ideario de nuestras revoluciones: unidad e integración fueron sus grandes obsesiones. Y deben ser también las nuestras (Aplausos).

Conozco que también son esas las obsesiones del Foro de Sao Paulo, nacido de la necesidad de unidad y articulación de los partidos políticos y movimientos populares de izquierda de nuestra región para confrontar al imperialismo y a la derecha neoliberal hábiles en actuar bien coordinados a fin de destruir, mediante métodos antidemocráticos, golpes de Estado, criminalización de líderes progresistas, fraude y manipulación de datos, todo cuanto construyamos en favor de la verdadera democracia y la justicia social.

El Consenso de Nuestra América y todos los documentos nacidos del Foro de Sao Paulo dan fe de esas preocupaciones. La evaluación de los escenarios, la crítica y la autocrítica, indispensables para avanzar, han cristalizado en la dinamización que ha experimentado el Foro en los últimos años frente a la creciente ofensiva neoliberal y las grandes arremetidas imperiales.

Compañeras y compañeros:

Julio tiene singulares coincidencias en la historia que compartimos. Es el mes en que nace Simón Bolívar, Libertador de América (Aplausos); es el mes en que se firma el acta de Independencia de Venezuela (Aplausos), es el mes en que la Generación del Centenario de José Martí, encabezada por Fidel Castro, asalta los cuarteles de Santiago de Cuba y Bayamo para reiniciar la Revolución cubana (Aplausos). Es el mes en que triunfa la Revolución sandinista, que acaba de cumplir 40 años (Aplausos). Y es el mes en que nace, un día como hoy, Hugo Chávez (Aplausos y exclamaciones de: “¡Chávez vive, la lucha sigue!” y de: “¡Chávez no se murió!  ¡Chávez hecho millones, Chávez volvió!

Nos convoca el Foro de Sao Paulo en un julio extremadamente desafiante y aquí estamos: para acompañar la heroica resistencia venezolana y reclamar el fin del cerco brutal que le han impuesto. Venezuela es hoy la primera trinchera de la lucha antiimperialista (Aplausos). Nos convoca a condenar y demandar el levantamiento del bloqueo a Cuba (Aplausos).

Nos convoca el Foro a apoyar la rebeldía del pueblo boricua, que más de 100 años de colonia yanqui no han podido enterrar (Aplausos). También nos une para rechazar los escandalosos actos del imperio contra familiares de migrantes y particularmente contra sus niñas y niños, maltratados, abusados en una suerte de jaulas, por cuanto privan al ser humano de su dignidad y sus más elementales derechos.

Con esas nuevas provocaciones latiendo en la indignación acumulada, el Foro de Sao Paulo está llamado a desempeñar un rol mucho más protagónico en el complejo escenario político actual. Más aún si se considera el ataque a los procesos progresistas en aquellos países donde la izquierda había conquistado espacios de poder y desde los cuales impulsó cambios y notables avances sociales.

La contraofensiva del imperialismo yanqui y la oligarquía, junto a los halcones que literalmente se han apropiado de la política exterior estadounidense hacia América Latina y el Caribe, están enrareciendo peligrosamente el espacio geográfico que la Celac declaró Zona de Paz.

Los pueblos se avergüenzan de los políticos lacayos, a los que el imperio usa a conveniencia y luego desecha con total desprecio.

En ese contexto se insertan también los retrocesos de las fuerzas progresistas en algunos países y lo que es peor: la división que persiste entre ellas, fragmentando y debilitando la declarada voluntad de  actuar unidos.
Carentes de programas políticos estratégicos y distanciados de los movimientos sociales, hay fórmulas de la izquierda que se autodescartan como alternativa.

La experiencia de la Revolución Cubana parte de la temprana comprensión del papel estratégico de la unidad en torno a los objetivos fundamentales de justicia social en estrecha alianza con el pueblo, sus necesidades y problemas, a la que debe su victoriosa resistencia.

Consideramos que a todos nos toca dar y recibir experiencias sin pretender que se repita el error del calco y la copia que tan costoso resultó en períodos históricos anteriores.

Justamente para salvar los sueños y esperanzas, al derrumbarse la experiencia socialista europea, fue creado por Fidel y Lula este Foro de articulación de fuerzas progresistas que basa su acción en lo que nos une y no en lo que nos separa (Aplausos).

Ambos líderes nos dejaron un valioso instrumento de concertación y unidad en la diversidad. Fidel no está físicamente, pero su extraordinaria obra lo ha sobrevivido y de ella podemos nutrirnos sin límites.

Lula, preso bajo falsos cargos y escandalosas trampas jurídicas, es el ejemplo de hasta dónde pueden llegar los enemigos de la izquierda. Es la mayor expresión del miedo imperialista y oligárquico a la izquierda en el poder. Lo hicieron todo para evitar el regreso de Lula a la presidencia de un país, que solo con el PT alcanzó a redistribuir en la medida posible la enorme riqueza nacional.

Hoy la liberación de Lula es también uno de los grandes desafíos para las fuerzas de izquierda en la región (Aplausos). Las movilizaciones no pueden cesar. Uno de nuestros fundadores permanece injustamente encarcelado y hay que poner fin a ese abuso (Aplausos y exclamaciones de: “¡Lula libre!, ¡Lula libre!”)
El Foro es un precioso legado de nuestros líderes y un mecanismo viable para contrarrestar los ataques de las fuerzas que quisieran implosionar nuestra valiosísima alianza.

No olvidemos por un instante que estamos en la asediada Caracas, en la mil veces atacada y cercada República Bolivariana de Venezuela.

Por las calles de Caracas ayer caminaron, en defensa de la heroica Revolución Bolivariana, líderes y activistas sociales de los cinco continentes al lado de los legítimos representantes del pueblo venezolano (Aplausos). Esa marcha no la captaron ni la difundieron las numerosas cámaras de las televisoras transnacionales que han hecho creer al planeta que el Estado venezolano no tiene poder ni seguidores en su tierra.

Ratifiquemos ante el mundo nuestro respaldo y solidaridad con el legítimo Presidente Nicolás Maduro Moros y la unión cívico militar que ha hecho fracasar tantas veces los peores planes del enemigo (Aplausos y exclamaciones de: “¡Abajo…!”).

Debe tenerse presente que asegurar la paz en Venezuela es equivalente a defenderla para toda la región.
Respaldar y defender a Venezuela es enfrentar decididamente el retorno de la Doctrina Monroe y la escalada imperialista contra nuestros pueblos. Hoy es contra Venezuela, Cuba y Nicaragua, mañana será contra otros y al final irán contra todos.

Estados Unidos amenaza y calumnia a Cuba y a Venezuela para no reconocer su fracaso en el intento por derrocar la Revolución Bolivariana y tergiversa la altruista cooperación que aquí y en más de 80 naciones nuestro país ofrece.  Ninguna mejor tribuna que este Foro para ratificar que Cuba no renunciará ni traicionará jamás a sus principios ni a Venezuela (Aplausos y exclamaciones de: “¡Cuba y Venezuela, una sola bandera!).
Aquí ratifico lo expresado el reciente 26 de julio en Bayamo, hace solo dos días:
“El cerco se cierra cada vez más sobre nuestro país como en torno a Venezuela, Nicaragua y cualquier otra nación que se niegue a aceptar el plan imperial para su destino.
“[…] la administración de los Estados Unidos ha comenzado a actuar con mayor agresividad para impedir la llegada de combustible a Cuba […]

“Nos quieren cortar la luz, el agua y hasta el aire para arrancarnos concesiones políticas.  No se esconden para hacerlo.  Declaran públicamente los fondos destinados a la subversión dentro de Cuba, inventan pretextos falsos e hipócritas para reincorporarnos a sus listas espurias y justificar el recrudecimiento del bloqueo

.
“En el colmo del cinismo, apelan al chantaje.

“Ignorantes de la historia y los principios de la política exterior de la Revolución Cubana nos proponen negociar una posible reconciliación a cambio de que abandonemos el curso escogido y defendido por nuestro pueblo, ahora como antes.  Nos sugieren traicionar a los amigos, echar al cesto de la basura 60 años de dignidad”.
Cuba dice: “¡No, señores imperialistas, no nos entendemos!” (Aplausos y exclamaciones de: “¡Patria o Muerte!, ¡Cuba sí, yanquis no!”).

Partidos políticos y movimientos populares:

Hace menos de una semana representantes de un pequeño grupo de países de esta región ofendieron al Foro de Sao Paulo, a esos les decimos que el Foro está aquí y estará y tiene mucho que hacer porque es otra vez “la hora de los hornos, en que no se ha de ver más que la luz”. Esa luz es la unidad, el gran legado que nos dejaron nuestros próceres, de Bolívar a Martí, Fidel y Chávez (Aplausos).
 
Resulta insultante y muy cínica la reacción de esa derecha cipaya frente al Encuentro del Foro de Sao Paulo, han inventado todo tipo de leyendas e insultos. Ellos, reyes de la conspiración, acusan a los participantes en el Foro de lo que ellos practican a diario contra nuestros pueblos. Les debe doler mucho que estos líderes de la izquierda de todo el mundo: difamados, perseguidos, amordazados, con tantos compañeros y compañeras asesinados y desaparecidos, se atrevan a desafiar el mandato imperial de callar y tener miedo.

No hay misterios ni conspiración, ni planes de agresión e injerencia, ni nunca los ha habido en los casi treinta años del Foro de Sao Paulo. En eso es experto el imperialismo y son expertas las oligarquías nacionales, tan temerosas del pueblo, que inventan causas falsas para encarcelar a los líderes populares en proceso espurios.
Nadie se esconde para venir a esta cita por la paz, la soberanía y la prosperidad de los pueblos, porque no hay obra más noble ni que demande más sacrificios que la batalla por esos ideales que siempre han movido a las izquierdas del mundo.

Como han documentado y debatido los asistentes al Foro, es preciso articular la resistencia al neoliberalismo y al imperialismo en nuestras respectivas estrategias comunicacionales: crear y alimentar las redes de la verdad frente a la ofensiva de la mentira.
                                   
Las nuevas generaciones interactúan de modo natural y dinámico en esos ámbitos, que hoy controlan y usan con las perversas intenciones las fuerzas que nos adversan.          

En el cumpleaños 65 de Chávez, ese extraordinario comunicador que salió del corazón de la Patria de Bolívar para devolvernos renacida la palabra y el sueño del Libertador, no puede haber mejor homenaje a su memoria viva que un movimiento progresista de izquierda, democrático y diverso como los partidos y grupos sociales que lo integran, desatando la creatividad sin límites del pueblo para hacer su propio relato de la historia y la historia misma en la lucha común por la justicia.

¡Feliz cumpleaños, Comandante! (Aplausos.)
Los pueblos de Latinoamérica y del mundo hemos venido a celebrar tu nacimiento donde reposan tus restos. Tu poderoso ideal revolucionario está más vivo que siempre en tu querida patria y en todos los rincones del mundo que tocó tu apasionada palabra (Aplausos).

“Por la Paz, la Soberanía y la Prosperidad de los pueblos… ¡Unidad, Lucha, Batalla y Victoria”, dice la consigna de esta cita, la número 25 desde que se fundó el Foro. El desafío es convertirla por fin en la realidad de esta hermosa alianza de fuerzas.

Cada vez que avanzamos un tramo, por pequeño que parezca, en la conquista de nuestros proyectos de desarrollo en Cuba, decimos: ¡Y vamos por más!
Igual sentimiento nos anima al valorar las potencialidades de esta magnífica fuerza que somos, actuando unidos y articulados
.
¡Marchemos siempre por más!,

¡Hasta la victoria siempre!
                                  
(Exclamaciones de: “¡Venceremos!”)
(Ovación.)
El presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Miguel Díaz-Canel Bermúdez,en la clausura del XXV Encuentro del Foro de Sao Paulo. Foto: Estudios Revolución.
Díaz-Canel y Maduro en la clausura del XXV Encuentro del Foro de Sao Paulo. Foto: Estudios Revolución.
El presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, interviene en la clausura del XXV Encuentro del Foro de Sao Paulo. Foto: Estudios Revolución.
En la jornada de clausura del XXV Encuentro del Foro de Sao Paulo, Díaz-Canel y Nicolás Maduro. Foto: Estudios Revolución.
Sostienen los presidentes de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, y de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, amistoso encuentro en el XXV Encuentro del Foro de Sao Paulo. Foto: Estudios Revolución.
Díaz-Canel pronuncia breves palabras durante la clausura del XXV Encuentro del Foro de Sao Paulo. Foto: Estudios Revolución.
XXV Encuentro del Foro de Sao Paulo en Caracas. Foto: Estudios Revolución.
XXV Encuentro del Foro de Sao Paulo en Caracas. Foto: Estudios Revolución.

jueves, 27 de junio de 2019

Cuba es el país más seguro de América Latina para ser niño, niña y adolescente




Primer día de clases. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

De acuerdo con el nuevo informe global de Save the Children, en la actualidad las niñas, niños y adolescentes tienen más probabilidades de crecer sanos, recibir educación y estar protegidos.

Los resultados del reporte Construyendo una vida mejor con la niñez” —publicado por Save the Children en el año de su centenario- muestran que por lo menos 280 millones de niños y niñas tienen más probabilidades de crecer sanos, recibir educación y estar protegidos que en cualquier otro momento en las últimas dos décadas.
Este informe anual evalúa a 176 países usando indicadores internacionales sobre mortalidad infantil, acceso a la educación, nutrición, protección frente a prácticas perjudiciales, como el trabajo infantil, el matrimonio infantil, los homicidios y el desplazamiento forzado.

En el ranking global, el país de América Latina y el Caribe con mejor desempeño es Cuba, seguido por Chile y Barbados.

El país con peor desempeño en la región por tercer año consecutivo es Guatemala. Es el único país de la región que está entre los 30 últimos dentro del ranking. El siguiente país con el rendimiento más bajo es Honduras, que es el 40º último. Venezuela, Haití y El Salvador completan la parte inferior de la región.
Nancy Ramírez, directora de Incidencia Política de Save the Children, afirmó que en los últimos 20 años se han logrado progresos importantes a favor de la niñez y adolescencia, sin embargo, tenemos a la violencia como principal vulneración a sus derechos.

Este flagelo sigue siendo una de las principales causas de muerte de niñas y niños en América Latina y el Caribe, donde cada día fallecen 70 pequeños consecuencia del maltrato, alerta.
“Hace cien años, tras una de las guerras más destructivas de la historia de la humanidad, Eglantyne Jebb, fundadora de Save the Children, redactó la Declaración de los Derechos del Niño. Hoy en día, se han logrado grandes avances, pero todavía hay millones de niños y niñas a los que se les sigue privando de su niñez”.
“Desde el año 2000, las tasas de homicidios, de niños y niñas aumentaron un 8 por ciento en la región”, afirmó Ramírez.
¿Qué pasa allá alante? Foto: Ladyrene Pérez/ Cubadebate.
Déjame pensar, mmm. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate
A la escuela hay que llegar puntual. Foto: Ladyrene Pérez/ Cubadebate.
Somos felices aquí. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate
Trabajando en el Huerto Escolar. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.
Esa pelota es mía. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.
¡La patria os contempla orgullosa! Foto: Ladyrene Pérez/ Cubadebate.
Entrando al aula. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.
(Con información de Save the Children y Cubadebate)

lunes, 20 de agosto de 2018

El efecto Trump en América Latina o los síntomas de la decadencia imperial





Desde la perspectiva política hay hechos que contienen una enorme carga simbólica con la que se pretende hacer creer una determinada realidad cuando la realidad de los hechos representa su contrario. La tercera y atípica gira del Vicepresidente de EEUU Mike Pence por algunos países de la región en un tiempo inusual, en procura de alinear al pelotón de gobiernos serviles contra Venezuela, y el anuncio de la OTAN como “socio global” de Colombia como acicate para aquellos que asumen una conducta cipaya, constituyen señales de enorme relevancia geopolítica.

Lejos de anunciarse el restablecimiento de la hegemonía imperial sobre América Latina después de más de una década de progresismo regional, las giras del Vice-presidente, del Secretario de Estado, de la mandamás del FMI, del Comandante del Comando Sur y de funcionarios de distintos rangos ofrece más bien una señal pálida del desconcierto que abruma a Washington. Al parecer, ni los aliados son tan confiables ni las estrategias desestabilizadoras parecen ser tan efectivas frente al aluvión de incentivos que ofrece la Casa Blanca.

México acaba de darle una estocada mordaz y dolorosa a un gigante que se tambalea embriagado en la absurda consigna del muro de la ignominia. No es para menos. América Latina cambió para siempre, aunque EEUU mantenga invariable sus apetitos geofágicos, su presunta supremacía racial o la descabellada ilusión mesiánica del “destino manifiesto”. La Patria Grande de Bolívar tiene las cicatrices forjadas por la lucha y éste no será la excepción en las batallas que se avecinan.

Hasta hace pocos años, una gira de funcionarios norteamericanos de menos rango, en procura de lograr alineamientos políticos en América Latina, habría implicado cambios significativos en varios países como efecto dominó de su implacable hegemonía e influencia. En romance popular, se decía que un resfrío de EEUU podía generar pulmonía en nuestro continente. Hoy, la realidad ya no se construye sobre las espaldas de los más débiles ni el chantaje tiene el mismo peso ni efectividad con el que normalmente operaba el gigante de siete leguas. Queda poco del prestigio del poder de Norteamérica en nuestros territorios surcados cada vez más por el deseo de encontrar un horizonte propio sin pedir permiso a nadie. El prestigio ha cedido paso a otras realidades cada vez más complejas entre las que todavía se cuenta el miedo y la sumisión con la que actúan las élites criollas domesticadas por el imperio en el último siglo.

Síntomas de la decadencia

El imaginario colectivo que se tenía de EEUU como el gigante invencible con poder de definir el destino del mundo está empezando a palidecer. La economía tiene su gramática. Envuelto en el discurso esquizofrénico entre globalización o nacionalismo, Trump ha decidido dar rienda suelta a la doble moral con la que se maneja en el mundo de los negocios, el comercio y las finanzas. Ha desatado los demonios de la guerra comercial para tratar de contener a sus competidores inmediatos; entretanto China ha optado por el camino fulgurante de crecimiento y desarrollo multidimensional.

EEUU es el primer importador del mundo con un PIB que decrece diariamente. En pocos años China alcanzará más del 25% del PIB mundial mientras EEUU apenas tocará el 15%. A mediano plazo,
China tendrá el 33% del PIB mundial cuando EEUU no logre alcanzar el décimo lugar. Una potencia que no muestre los músculos de su economía al mundo está más cerca de convertirse en historia. El semblante de Macron y Merkel frente a un Trump arrogante lo decía todo a la hora de anunciar el fracaso de la Cumbre del G-7 como corolario de la grieta que se le abre al capitalismo en el derrotero del siglo XXI.

A pesar de que EEUU mantendrá todavía predominio sobre los sectores de punta en el campo de la aeronáutica, servicios informáticos, biotecnología o la industria espacial, la economía norteamericana parece destinada a seguir la trayectoria del Titanic, como señala Henry Houben. La deslocalización de su producción y la desindustrialización persiguiendo salarios más bajos, la creciente desigualdad en los ingresos, el endeudamiento colosal de los hogares, el desequilibrio de su balanza comercial y el descomunal gasto militar constituyen fisuras volcánicas a punto de estallar
.
La erosión del poder económico norteamericano en la región contrasta dramáticamente con la incursión financiera de China en grandes obras de infraestructura física, impulso a la industrialización y fomento a las exportaciones que han echado por tierra décadas de gravitación económica de EEUU. El FMI es una mala palabra para los líderes políticos que buscan explícitamente la bendición asiática a sus proyectos de renovación electoral. La geopolítica es una huella pero también un destino. La acelerada extinción del Made in USA por la abrumadora marca Made in China ofrece su corolario económico para el futuro que fue ayer.

Más un síntoma que el problema

El campo político refleja el estadio de la economía capitalista y sus malabarismos. La economía es un juego de espejos pero también el arte del simulacro. Lejos de constituir el gigante político y todopoderoso, el gobierno de EEUU cada vez decrece en prestigio y legitimidad aunque el imperio preserve su letalidad militarista. Bruno Guigue señalaba que la ilusión de la hegemonía norteamericana ilimitada en tiempo y espacio empieza a desvanecerse no tanto por los dislates de Trump o su letanía mediática sino más bien porque el imperio pierde terreno. Trump, más que el problema, es más bien su síntoma. La exaltación belicista con su escuadra burocrática furibunda –Pompeo, Bolton y sus secuaces– y la ampliación de sus arsenales no necesariamente refleja más poder, dominio o hegemonía sino más dinero reconcentrado en manos del complejo militar-industrial mientras crecen las cifras de la pobreza doméstica.

La influencia política de EEUU es cada vez más limitada. Optaron por la tercerización para evitar seguir erosionando su prestigio. Tercerizan las maniobras políticas, las operaciones encubiertas, los golpes de estado o dicho de otro modo, pretenden privatizar el desprestigio. Usan con más frecuencia gobiernos títeres y agregan más violencia a la protesta social tirando la piedra y escondiendo la mano. Han optado por vías paralelas mediante sanciones económicas o bloqueos y no tienen escrúpulo para vociferar mediante sus aliados mediáticos internacionales o apelar a instituciones neofascistas de la Unión Europea. Están obligados a disfrazar ONGs, iglesias, empresarios, medios de comunicación para inyectar veneno social en medio de su decadencia moral.

Sin descontar la barra brava (f)racistoide de Trump o el apoyo que dispone del “Estado Profundo”, no deja de ser el campeón mundial de la copa de dislates con la que encandila desde su trono mediático. La opinión pública latinoamericana hace escarnio de un presidente convertido en saltimbanqui. El irrespeto popular tiene su correlato con las múltiples renuncias de funcionarios norteamericanos que resienten casi con vergüenza propia su exaltada y díscola personalidad. Nunca se trató públicamente a un presidente norteamericano con tanta ligereza y socarronería como ocurre hoy en el plano de lo chabacano. Las señales provienen de la propia sociedad yanqui.

Las aureolas de quienes oficiaban ser los adalides de los derechos humanos o de la impoluta democracia norteamericana se disolvieron en el campo de la impunidad y la impostura. Los sistemáticos fraudes electorales, el financiamiento partidario y obtuso de las corporaciones, la manipulación mediática, el uso maniqueo de redes sociales, el control monopólico de los medios y su vergonzosa manufactura sobre la opinión pública están socavando la primaveral democracia de EEUU en medio del llanto desgarrador de niños, hijos de migrantes criminalizados en la frontera del oprobio. Nada más detestable para la violación de los derechos humanos que EEUU adoptara la tortura como política de estado o que hiciera de la multipolaridad su enemigo acérrimo o que la privacidad planetaria se someta al poderío de 5 empresas monopólicas en el campo de los sistemas de comunicación.

El ímpetu guerrerista norteamericano y su estrepitoso fracaso aparece también como síntoma. La proyección beligerante de su poder incontrastable frente a potencias emergentes en regiones distantes lo acerca más al miedo frente a los “otros”, sin desconocer sus poderosos intereses energéticos o al revés. Los miles de muertos provocados por la codicia militarista de EEUU en Irak, Afganistán, Libia o Siria no han hecho otra cosa que ratificar la paradoja cruel: cuanto más poderoso militar y tecnológicamente más inepto en el campo de batalla. Muchos generalotes para pocas estrellas. Ni las bombas semiatómicas más mortales han hecho retroceder la ira antinorteamericana en medio oriente.
EEUU perdió todas las guerras desde Vietnam hasta la que libra hoy inútil y demencialmente en Siria. De nada han servido sus maniobras macabras de sembrar enclaves terroristas con su cabecera de playa en el Estado Islámico (EI) o poner contra las cuerdas a Corea del Norte cuando al final del día el “equilibrio del terror” atómico no se despeja y más bien se alimenta con el brutal gasto militar imperial que acecha los 700.000 millones de dólares.

Una política de escarmiento

América Latina ve consternada y con indignación la infernal maquinaria de guerra norteamericana sin dejar de asombrarse por su extrema pobreza o por la cruenta cacería humana cotidiana a la que la Asociación Nacional del Rifle ha acostumbrado a una sociedad enajenada. Por ello, la indignación popular frente al anuncio de la llegada de la OTAN mediante la colonizada y sufrida Colombia. Al parecer, resulta insuficiente la ocupación territorial de Colombia con las bases militares

norteamericanas para esta fallida tercerización europea. La conversión del país tradicionalmente cafetalero en una cañonera yanqui explica entonces la necesidad de instalar un comando central y equidistante en el sur para disciplinar la región desde adentro.

Ciertamente, el poder político imperial en América Latina no ha cesado, aunque conviene destacar que ya no opera con la misma eficacia del pasado. El tutelaje sobre la OEA y su abyecto Secretario General, vendido a precio de gallina muerta, la creación del “Grupo de Lima” como apéndice político ulceroso, la presión sobre los gobiernos de derecha, algunos de ellos cobijados en la corrupción más infame, así como el ultraje a los “estados de alcantarilla” como los ha denominado Trump, no alcanza para lapidar la Revolución Bolivariana ni hacer mella en la inconmovible e invicta revolución cubana. La esterilización política de la OEA ha dado paso al cercenamiento de UNASUR y al intento de darle cristina sepultura a la CELAC para dar rienda suelta a la aventura intervencionista de los EEUU contra nuestros pueblos y en particular contra Venezuela. Este país, del que depende la geopolítica energética global, ha tomado conciencia que la mano sucia norteamericana solo traerá sangre y dolor bajo cualquier circunstancia. El objetivo es el mismo de siempre: derrotar a los pueblos para implantar ciclos de dominio bajo la impronta del miedo y la violencia armada.

La persecución política contra los líderes más populares del continente digitados mediante operaciones encubiertas de la CIA/NED/IRI/ USAID en complicidad con las estructuras jurídicas-mediáticas criollas tampoco alcanza para frenar el ímpetu de los pueblos que están comenzando a comprender la naturaleza despiadada del capital y el poder de las corporaciones. Los pueblos saben que el imperio está dando coletazos brutales en sintonía con su impotencia y su desprestigio. Su sabiduría señala que más que responder a sus provocaciones hay que resistir bajo el alero de la unidad y la inteligencia creativa porque esta furia demencial terminará de ahogarlos.

No cabe duda que el imperio está aplicando una política de escarmiento para tratar de sepultar más de una década de soberanías reconquistadas, mutilar nuestras historias surcadas de victorias políticas, frenar sociedades empoderadas y doblegar dominios nacionales sobre los recursos naturales. Cuanto más amplio sea el horizonte de transformaciones populares en América Latina menos posibilidades existirán de vivir bajo dominio extranjero. Al parecer, después de lo sucedido en México, estamos en el camino correcto. La indignación de los pobres y de los indios se proyecta en otros rostros multiculturales, en mujeres, jóvenes, comunidades sexuales diversas, iglesias o universidades progresistas.

No hay nada que más moleste a Washington que la desobediencia de sus súbditos y nada más desagradable que tratar de corregir la insoportable conducta de sus pupilos a pesar de contar con viejas herramientas disciplinarias o vecinos complacientes, siempre dispuestos a moderar la inconducta colectiva. Este es al parecer el escenario incómodo con el que hoy se enfrenta el imperio más poderoso del planeta en su llamado “patio trasero”. Incapaz de doblegar las odiadas desviaciones ideológicas y políticas que caracterizan a una parte de nuestra América Latina, envuelta en un ciclo ininterrumpido de “populismo radical”, que no acaba de prosperar pero tampoco de perecer, no le queda más recurso que apelar a modernas combinaciones estratégicas siniestras en procura de su retorno poscolonial.

Juan Ramón Quintana Taborga
Sociólogo
La opinión del autor es de su estricta responsabilidad y no compromete a la institución en la que trabaja.

viernes, 6 de julio de 2018

México: un nuevo aliento de esperanzas para Nuestra América

lopez-obrador-saluda-reuters



Por Patricio Montesinos


El contundente triunfo de Manuel López Obrador en las elecciones generales celebradas en México este 1 de julio ha convertido a esa nación latinoamericana en una nueva esperanza para Nuestra América en su lucha contra el neoliberalismo y  frente a la ofensiva derechista que incita y financia Estados Unidos en la región.

La indiscutible victoria del candidato progresista López Obrador en los comicios, con más del 53 por ciento de los votos a su favor y 20 puntos de ventaja sobre su más cercano contrincante, es un golazo por  partida doble a la envalentonada oligarquía en este hemisferio y a Washington, empeñado en restaurar su dominio en la Patria Grande.

Fue en México donde el imperio del Norte experimentó un  plan oculto, que luego extendió a  naciones como Colombia y Perú, para arrebatarles a los gobiernos la autoridad y el control sobre los Estados, y por el contrario que dominen los llamados poderes fácticos, dígase las grandes transnacionales, emporios mediáticos,  mafias, y  estamentos militares y paramilitares, entre otros grupos y organizaciones pudientes enmascaradas que actúan detrás de telones.

Ese proyecto maquiavélico del Pentágono, de los servicios secretos norteamericanos y de la Casa Blanca se implementó con rigor tras la oleada de fuerzas de izquierda que asumieron gobiernos a fines de la centuria pasada e inicios de este siglo en Venezuela, Argentina, Brasil,  Paraguay, Ecuador, Bolivia, El Salvador, Uruguay y Nicaragua.

Por  supuesto que Washington aplicó su plan  en México,  además de en Colombia y en Perú, con los indiscutibles propósitos  de impedir que en esos países llegaran también al poder partidos progresistas comprometidos con los más desposeídos, y al mismo tiempo utilizarlos como punta de lanza contra los ejecutivos populares en la región.

Desde entonces  los mexicanos viven agobiados por la violencia, las desapariciones forzadas, los crímenes, la corrupción a niveles incalculables, el narcotráfico, las privatizaciones y  la pobreza extrema.

El caos provocado por el  plan de Washington y el neoliberalismo salvaje impuestos a esa rica nación latinoamericana terminó por convertirse en un boomerang para los intereses de dominación imperiales en la Patria Grande
.
El triunfo de López  Obrador en las recientes comicios es sin duda alguna una clara respuesta de la sociedad mexicana, cansada del sometimiento a su cercano vecino del Norte, y de hecho otro aliento  para todos los pueblos y las fuerzas progresistas desde el sur del Río Bravo hasta la Patagonia.
Es real que el nuevo mandatario electo de México tendrá numerosos retos  y obstáculos para conseguir ordenar un país que ha sido desvencijado durante muchos años, pero el solo hecho de su ascenso al poder  ya le abrió otro nuevo sendero de esperanzas a Nuestra América.

Termino esta nota parafraseando al astro del fútbol mundial   Diego Armando Maradona en el programa “Con la mano del 10”, de la cadena TeleSur: La victoria de López Obrador demostró que estamos vivos en la América nuestra.

martes, 7 de marzo de 2017

Las visiones de Fidel en los nuevos escenarios de lucha




Niños camagüeyanos participando en el desfile pioneril martiano en homenaje al Apóstol cubano José Martí, en el aniversario 164 de su natalicio, y en recordación al líder histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro, el 28 de enero de 2017. Foto: Rodolfo Blanco/ ACN.
“Yo soy Fidel”, fue una consigna asumida por el pueblo cuando el Comandante desapareció físicamente. En la imagen, niños camagüeyanos participan en el desfile pioneril martiano en homenaje al Apóstol cubano José Martí, en el aniversario 164 de su natalicio, y en recordación al líder histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro, el 28 de enero de 2017. Foto: Rodolfo Blanco/ ACN.

El primer homenaje que recibió Fidel al morir fue una consigna de hoy, una invención de jóvenes que hizo suya todo el pueblo de Cuba: “yo soy Fidel”. Así se demostró que Fidel es del siglo XXI, y que cuando el pueblo entero se moviliza con conciencia revolucionaria es invencible. En esos días del duelo, Fidel libró su primera batalla póstuma y volvió a mostrarle a todos, como en 1953, el camino verdadero.

Hoy, cuando vamos a compartir acerca de los caminos de las luchas — porque lo verdadero son las luchas — , es natural comenzar con la ayuda de Fidel, y emular con sus ideas y sus actos para sacarles provecho, no imitándolos, sino traduciéndolos a nuestras necesidades, situaciones y acciones.
Para sacarle provecho a Fidel, tenemos que evitar repetir una y otra vez lugares comunes y consignas. Conocer más las creaciones y las razones que lo condujeron a sus victorias, las dificultades y los reveses que Fidel enfrentó, lo que pensó sobre los problemas, sus acciones concretas, puede aportarnos mucho, y de esa manera será más grande su legado.

En el tiempo de su vida pueden distinguirse tres aspectos: Fidel, joven revolucionario; el líder de la Revolución cubana y el líder latinoamericano, del Tercer Mundo y mundial.

Fidel brinda un gran número de enseñanzas, tanto para el individuo como para las luchas políticas y sociales. Quisiera enumerar muy brevemente algunas de las características de su legado que me parecen importantes para nuestros objetivo
s:
1- Partir de lo imposible y de lo impensable, para convertirlos en posibilidades mediante la práctica consciente y organizada y el pensamiento crítico, conducir esas posibilidades actuantes hacia la victoria al mismo tiempo que se forman y educan factores humanos y sociales para poder enfrentar situaciones futuras, y mediante las luchas, los triunfos y las consolidaciones convertir las posibilidades en nuevas realidades.

2- No aceptar jamás la derrota. Fidel nunca se quedó conviviendo con la derrota, sino que peleó sin cesar contra ella. Me detengo en cinco casos importantes en su vida en que esto sucedió: 1953, 1956, 1970, el proceso de rectificación y la batalla de ideas. En 1953 respondió a la derrota del Moncada con un análisis acertado de la situación para guiar la acción. Cuando todos creían que era un iluso, se reveló como un verdadero visionario. En 1956, cuando el desastre del Granma, respondió con una formidable determinación personal y una fe inextinguible en mantener siempre la lucha elegida, por saber que era la acertada.

En 1970, comprobó que lograr el despegue económico del país era extremadamente difícil, pero entonces apeló a los protagonistas, mediante una consigna revolucionaria: “el poder del pueblo, ese sí es poder”. En 1985, fue prácticamente el primero que se dio cuenta de lo que iba a hacer la URSS, que le traería a Cuba soledad, desastre económico y más grave peligro de ser víctima del imperialismo, pero su respuesta fue ratificar que el socialismo es la única solución para los pueblos, la única vía eficaz y la única bandera popular, que lo necesario es asumirlo bien y profundizarlo. Entonces movilizó al pueblo y acendró su conciencia, y sostuvo firmemente el poder revolucionario. En el 2000, ante la ofensiva mundial capitalista y los retrocesos internos de la Revolución Cubana en la lucha para sobrevivir, lanzó y protagonizó la Batalla de Ideas, con sus acciones en defensa de la justicia social, su movilización popular permanente y su exaltación del papel de la conciencia.

3- La determinación de luchar en todas las situaciones. Sería muy conveniente considerar como concepto a la determinación personal, en el estudio de los que se lanzan a lograr transformaciones sociales. La praxis es decisiva.

4- Organizar, fue una constante, una fiebre de Fidel.

5- La comunicación siempre, con cada ser humano y con las masas, en lo cotidiano y en lo trascendente, es una de las dimensiones fundamentales de su grandeza y es uno de los requisitos básicos del liderazgo.

6- Utilizar tácticas muy creativas, y estrategias impensables, y sin embargo factibles.

7- Luchar por el poder y conquistarlo. Mantener, defender y expandir el poder. Se puede discutir casi eternamente acerca el poder en términos abstractos, pero solo las prácticas revolucionarias logran convertir al poder en un problema que pueda resolverse.

8- Crear los instrumentos y los protagonistas. Tomar las instituciones para ponerlas a nuestro servicio, no para ponernos al servicio de ellas.

9- Ser más decidido, más consciente y organizado, y más agresivo que los enemigos.

10- Enseñar y aprender al mismo tiempo con los sectores del pueblo que participan o que simpatizan, y después con todo el pueblo. Avanzar hacia formas de poder popular.

11- El gran logro cubano, unir la liberación nacional a la revolución socialista.

12- Ser siempre un educador. Hacer educación a escala del pueblo. Que el pueblo se levante espiritualmente y moralmente, para que se vuelva participante consciente y capaz de todo, complejice sus ideas y sus sentimientos y enriquezca sus vidas.

13- Que la concientización esté en el centro del trabajo político, no solo para avanzar y ser mejores, sino para que la política llegue a convertirse en una propiedad de todos.
Fidel en 1976, durante el discurso en el acto de masas en honor al General Omar Torrijos, Jefe de Gobierno de la República de Panamá, efectuado en la Ciudad Escolar "26 de Julio", en Santiago de Cuba. Foto tomada de Fidel Soldado de las Ideas.
“La mayor lección que le brinda Fidel a los luchadores de América Latina actual es lo que pensó y lo que hizo entre 1953 y 1962”, dice Martínez Heredia. En la imagen, Fidel en 1976, durante el discurso en el acto de masas en honor al General Omar Torrijos, Jefe de Gobierno de la República de Panamá, efectuado en la Ciudad Escolar “26 de Julio”, en Santiago de Cuba. Foto tomada de Fidel Soldado de las Ideas.

Siento que la mayor lección que le brinda Fidel a los luchadores de América Latina actual es lo que pensó y lo que hizo entre 1953 y 1962.

Desde hace un año estamos oyendo decir que la situación en nuestro continente se ha vuelto cada vez más difícil, por que acontecen hechos adversos a los pueblos, y por la ofensiva del imperialismo y sus cómplices de clases que son a la vez dominadas por él y dominantes en sus países. Aunque parezca que empiezo por el final, quisiera comenzar con un comentario acerca de las relaciones que existen entre dificultades y revolución.

Para los revolucionarios, y durante los procesos de revolución, hay momentos felices y procesos felices, pero en las revoluciones verdaderas no hay coyunturas fáciles. Cuando puedan parecernos fáciles es solamente porque no nos hemos dado cuenta de sus dificultades. Y es así porque estas revoluciones, a las que amamos y por las que estamos dispuestos a todo, son las iniciativas más audaces y arriesgadas de los seres humanos, que emprenden transformaciones prodigiosas liberadoras de las personas y de las relaciones sociales, a tal grado que nunca más quieran, ni puedan, volver a vivir en vidas y sociedades de dominación y de violencias y daños de unos contra otros, de individualismo y afán de lucro. Son revoluciones que pretenden ir creando personas cada vez más plenas y capaces, y realidades que contengan cada vez más libertad y justicia, donde entre todos se logre cambiar el mundo y la vida. Es decir, crear personas y realidades nuevas.

Si lo que acabo de decir le parece imposible al mundo existente y las creencias vigentes en la prehistoria de la humanidad, al sentido común y al consenso con lo esencial que mantiene a las sociedades sujetas al capitalismo, ¿cómo no va a ser sumamente difícil todo lo que hagamos y proyectemos? Si jamás las clases dominantes estarán dispuestas a admitir que se levante el pueblo y adquiera dignidad, orgullo de sí mismo y dominio de la situación, conciencia y organizaciones suyas, a su servicio y eficaces, que esté en el poder y que lo convierta en un poder popular, entonces hay que convenir en que en esas épocas todo se vuelve muy difícil para la causa del pueblo.

El joven Carlos Marx avizoraba bien cuando escribió que solamente mediante la revolución podrán los dominados salir del fango en que viven metidos toda su vida, porque los cambios y la creación de nuevas sociedades exigen también liberaciones colosales de los enemigos íntimos que todos albergamos dentro.

¿Cómo no van ser tan difíciles las revoluciones de liberación? Pero, si miramos bien y no nos dejamos desanimar, constataremos que el campo popular ya tiene mucho a su favor. Entremos con esas armas en un problema inmediato, que no es pequeño. La coyuntura actual expresa de manera escandalosa una carencia del campo popular que se ha ido acumulando en las últimas décadas, al mismo tiempo que esa carencia dejaba de ser percibida como una grave debilidad: la de un pensamiento verdaderamente propio, capaz de fundamentar su identidad en relación con su conflicto irremediable con la dominación del capitalismo, y capaz de servir para comprender las cuestiones esenciales de la época, las coyunturas, los campos sociales implicados y las fuerzas en pugna.

Un pensamiento, por consiguiente, fuerte, convincente y atractivo, al mismo tiempo que útil como instrumento movilizador y unificante de lo diverso, y como herramienta eficaz para guiar análisis y políticas acertadas que contribuyan a la actuación y a la formulación de proyectos.
Esa ausencia del desarrollo de un pensamiento poderoso del campo popular, crítico y creador, puede constatarse ante el estupor y la falta de explicaciones válidas que han abundado frente a los acontecimientos en curso en varios países latinoamericanos, que han registrado diferentes quebrantos, derrotas o retrocesos de procesos que han sido favorables a sus poblaciones y a su autonomía frente al imperialismo en lo que va de este siglo. En lugar de análisis coherentes, profundos y orientadores hemos escuchado o leído más de una vez comentarios superficiales revestidos con palabras que quisieran ser conceptos, o dogmas que quisieran cumplir funciones de interpretación.

Nada se avanza cuando se tilda de malagradecidos a sectores pobres o paupérrimos que mejoraron su alimentación y sus ingresos, y tuvieron más oportunidades de ascender uno o dos peldaños desde el fondo del terrible orden social, porque no han sido activos en defender a gobiernos que los han favorecido, o hasta les han vuelto la espalda en determinados eventos que les aportan triunfos a los reaccionarios. Y hasta se intenta explicar esos sucesos con retazos de una supuesta teoría de las clases sociales, como cuando se repite la proposición absurda de que “se convirtieron en clase media, y ahora actúan como tales”.

Es preferible comenzar por ser precisos ante los hechos y partir siempre de ellos, como cuando el dirigente del Movimiento de los Sin Tierra de Brasil, Joao Pedro Stedile, dice: “Tenemos muchos retos de corto plazo para poder enfrentar a los golpistas. La clase trabajadora sigue en casa, no se movilizó. Se movilizaron los militantes, los sectores más organizados. Pero el 85 por ciento de la clase sigue viendo novelas en la televisión”.

Tampoco se va lejos cuando se elaboran y discuten explicaciones de los eventos y las situaciones políticas e ideológicas candentes de la coyuntura a base de menciones acerca del fin de ciclos de altos precios de las materias primas, ni siquiera cuando economistas capaces ofrecen datos serios y añaden el descenso de la dinámica de la economía mundial y otros factores y procesos adversos.

Simplificando un poco más, habríamos tenido unos quince años de victorias electorales, gobiernos llamados progresistas y notables logros por medidas sociales, una fuerte autonomización de gran parte del continente respecto a los dictados de Estados Unidos y avances en las relaciones bilaterales y las coordinaciones de los países de la región hacia una futura integración, solamente porque tuvimos un largo ciclo de altos precios de exportación de las materias primas, algo que es explicable por los avatares de la economía mundial. Y como ahora esta se mueve en otro sentido y bajan los precios, debe terminar el ciclo político y social, y “la derecha” debe avanzar y recuperar sin remedio la posición dominante que había perdido.

Una persona con buena memoria y escasa credulidad se preguntaría enseguida cómo fue posible que a inicios de los años setenta del siglo pasado no sucediera en la región lo mismo que a inicios de este siglo, en cuanto a elecciones victoriosas, buenas políticas sociales y más autonomía de los Estados y horizontes integracionistas. Porque en aquella coyuntura subieron mucho los precios de las materias primas y, además, en buena parte de la región se vivían aumentos más o menos grandes del sector industrial, con ayuda de aquellos redesplazamientos jubilosos del gran capital en busca de maximización de ganancias que hoy tanto disgustan a Donald Trump.

Lo que sucedió entonces fue totalmente diferente: dictaduras, represiones que llegaron hasta el genocidio, conservatización de las sociedades y otros males, que no deben ser olvidados. Por consiguiente, hay que concluir, no es verdad que a determinada situación económica le “correspondan” necesariamente ciertos hechos políticos y sociales, y no otros.

En este caso estamos ante una de las deformaciones y reduccionismos principales que ha sufrido el pensamiento revolucionario, quizás la más extendida y persistente de todas: la de atribuir una supuesta causa “económica” a todos los procesos sociales. Detrás de su aparente lógica está la cosificación de la vida espiritual y de las ideas sociales que produjo el triunfo del capitalismo, que es aceptada por aquellos que pretenden oponerse al sistema sin lograr salir de la prisión de su cultura, y la consiguiente incapacidad de comprender que son los seres humanos los protagonistas de todos los hechos sociales.
Acto central conmemorativo por el XXXII aniversario del asalto al Cuartel Moncada celebrado en la provincia de Guantánamo en 1985. Pronuncia discurso. Foto: Editora Política.
Fidel en el acto central conmemorativo por el XXXII aniversario del asalto al Cuartel Moncada, celebrado en la provincia de Guantánamo en 1985. Pronuncia discurso. Foto: Editora Política.

Tres procesos sucedidos dentro las últimas cuatro décadas han tenido un gran impacto y muy duraderas consecuencias para nuestro continente. El estrepitoso final del sistema que llamaban socialismo real y sus constelaciones políticas en el mundo, con consecuencias tan negativas en numerosos terrenos. El de la imposibilidad para la mayoría de los países del planeta de lograr el desarrollo económico autónomo de un país sin que necesariamente saliera del sistema del capitalismo. La terrible realidad fue la continuación de regímenes de explotación, opresiones y neocolonialismo, sin que fuera posible desplegar economías nacionales autónomas y capaces de crecer en beneficio del pleno empleo, más producción y productividad, servicios sociales suficientes para todos y una riqueza propia que repartir. El tercer proceso fue el de la consumación del dominio de Estados Unidos sobre casi todo nuestro continente. El capitalismo en América Latina transitó un largo camino de evoluciones neocolonializadas, sobredeterminadas por el poder de Estados Unidos, que lo dejó mucho más débil y subalterno.

Las lecciones que nos brindan esos tres procesos están claras y son sumamente valiosas. Una, todos los avances de las sociedades son reversibles, aun los que se proclamaban eternos; es imprescindible conocer qué es realmente socialismo y qué no lo es. Hay que comprender y organizar la lucha por el socialismo desde las complejidades, dificultades e insuficiencias reales, sin hacer concesiones, como procesos de liberaciones y de creaciones culturales que se vayan unificando.
Dos, el capitalismo es un sistema mundial, actualmente hipercentralizado, financiarizado, parasitario y depredador, que solo puede vivir si sigue siéndolo, por lo que no va a cambiar. Las clases dominantes de la mayoría de los países necesitan subordinarse y ser cómplices de los centros imperialistas, porque no existe espacio ni tienen suficiente poder para pretender ser autónomos. La actividad consciente y organizada del pueblo, conducida por proyectos liberadores, es la única fuerza suficiente y eficaz para cambiar la situación. Para la mayoría de los países del planeta, serán los poderes y los procesos socialistas la condición necesaria para plantearse el desarrollo, y no el desarrollo la condición para plantearse el socialismo, como dijo Fidel en 1969.

Tres, Estados Unidos hace víctima a este continente tanto de su poderío como de sus debilidades, como una sobredeterminación en contra de la autonomía de los Estados, el crecimiento sano de las economías nacionales y los intentos de liberación de los pueblos. La explotación y el dominio sobre América Latina es un aspecto necesario de su sistema imperialista, y siempre actúa para impedir que esa situación cambie. Por tanto, es imprescindible que el antimperialismo forme parte inalienable de todas las políticas del campo popular y de todos los procesos sociales de cambio.
Como era de esperar, el capitalismo pasó a una ofensiva general para sacarle todo el provecho posible a aquellos eventos y procesos, y establecer el predominio planetario e incontrastado de su régimen y su cultura. El objetivo era, más allá de las represiones y las políticas antisubversivas, consolidar una nueva hegemonía que desmontara las enormes conquistas del siglo XX, manipulara las disidencias y protestas inevitables, y las identidades, impusiera el olvido de la historia de resistencias y rebeldías, y lograra generalizar el consumo de sus productos culturales y el consenso con su sistema de dominación.

Esa ofensiva no terminó, sino que se consolidó como una actividad sistematica, que sigue siéndolo hasta hoy. Es dentro de ese marco general que en cierto número de países de América Latina y el Caribe, que es la región del mundo con mayor potencial de contradicciones que pueden convertirse en acciones contra el sistema, movimientos populares combativos y victorias electorales produjeron cambios muy importantes de la situación general, a favor de sectores muy amplios de la población y de la capacidad de actuación independiente de una parte de los Estados.

La institucionalidad y las reglas políticas del juego cívico no fueron violadas para acceder y mantenerse en el gobierno, pero dentro de ese orden se han logrado reales avances, que sintetizo en seis aspectos: políticas sociales que benefician a amplios sectores necesitados; ejercicios de la ciudadanía mucho más amplios y mejores; cambios muy positivos en la institucionalidad en algunos de esos países; un rango apreciable de autonomía en el accionar internacional; más relaciones bilaterales latinoamericanas; y adelantos en las relaciones y coordinaciones de los países de la región, bajo la advocación de la necesidad de una integración continental.
No me detengo en esas nuevas realidades, que han alentado muchas motivaciones y esperanzas de avanzar hacia cambios más profundos, y han recuperado la noción del socialismo como el horizonte a conquistar, pocos años después de aquel colapso europeo que el capitalismo pretendió que fuera definitivo a escala mundial. Pero si quiero enfatizar dos cuestiones que el militante social y político debe analizar, conocer y manejar en sus prácticas.

Primera, cada país tiene características, dificultades, acumulaciones históricas y condicionamientos que son específicos de él y resultan decisivos, al mismo tiempo que existen rasgos y necesidades comunes a la región que pueden ser fuente de aumento de la fuerza y el potencial de cada país, si somos capaces de desarrollar la cooperación y el internacionalismo.
Segunda, los poderes establecidos en estos países confrontan enormes limitaciones, porque tienen muy poco control de la actividad económica, y padecen la hostilidad de una parte de los propios poderes del Estado y de los medios de comunicación.

Al hacer un balance de 2016, podemos constatar lo específico de cada país. La gran victoria electoral legislativa de la reacción venezolana no consiguió deponer a Maduro, y ahora se encuentra sin fuerza, unidad ni líderes suficientes para intentarlo. Pero en Brasil una pandilla de delincuentes logró todo lo que quiso, sin que haya fuerzas populares organizadas para resistir con alguna eficacia. Los procesos de Bolivia y Ecuador se mantienen fuertes y estables ante sus situaciones específicas, y en Nicaragua el FSLN acaba de ganar otra vez las elecciones muy holgadamente. En México no es probable un triunfo de partidos opositores en 2018, aunque el prestigio del equipo gobernante está muy deteriorado y existen manifestaciones de protesta y resistencia no articuladas.

Estas especificidades, y muchos otras de tamaño y sentido diferentes, podrían irse enumerando, pero seguiría en pie un problema de gran envergadura: Estados Unidos continúa su ofensiva general dirigida a recuperar todo el control neocolonial sobre América Latina –incluida una “ofensiva de paz” contra Cuba — , y el bloque que forma con los sectores reaccionarios y entreguistas de cada país continúa tratando de cancelar o ir debilitando los procesos de los últimos quince años de la región.
¿Será suficiente el voto, la voluntad popular expresada en las urnas, al menos para defender con éxito las políticas sociales, los funcionarios electos y la legalidad existente, y que ellos no sean burlados, quebrantados o eliminados por la reacción? ¿Podrán seguir existiendo los procesos basados en una institucionalidad sin cambios en el suelo social y político para lograr transformaciones que beneficien a la población y abran paso a sociedades más justas y mejor gobernadas? ¿O, en unos casos, esa vía solo franqueará una forma intermedia de reconstitución a mediano plazo del poder del capitalismo en la región, en apariencia más avanzada que las formas previas, pero que en realidad habría sido solamente su puesta al día, sin afectar a lo esencial del sistema de dominación? Mientras que en otros países del continente se ha permanecido bajo el control del sistema y de camarillas que detentan o administran el poder.

Nada está decidido, ni nuestros enemigos ni nosotros tenemos la victoria al alcance de la mano. Pero albergo la certeza de que las batallas ideológicas y políticas serán las que determinarán la decisión en el enfrentamiento general.

Destaco tres direcciones principales para el trabajo de análisis: a) buscar con rigor y sin omisiones todos los datos y todas las percepciones y formulaciones ideológicas que tengan alguna importancia –porque tanto unos como las otras constituyen las realidades que existen — , analizarlas por partes e integralmente, encontrar y formular lo esencial y describir al menos lo secundario; b) examinar y valorar los condicionamientos que sean relevantes para nuestra actuación, institucionales, económicos, ideológicos, políticos o de otro tipo; c) analizar y conocer las identidades, motivaciones, demandas, capacidad movilizativa y grado de organización con que contamos, y lo que está a favor de nuestros adversarios en esos mismos campos, es decir, la correlación de fuerzas. E insisto en que son las actuaciones de los seres humanos la materia principal de los eventos que mañana serán históricos.

La reacción no está proponiendo ideas, está produciendo acciones. No maneja fundamentaciones acerca de la centralidad que debe tener el mercado, la reducción de las funciones del Estado, la apología de la empresa privada y la conveniencia de subordinarse a Estados Unidos. No es a través del debate de ideas que pretende fortalecer y generalizar su dominio ideológico y cultural. El anticomunismo y la defensa de los viejos valores tradicionales ya no son sus caballos de batalla, ni los viejos organismos políticos son sus instrumentos principales.
Fidel pronuncia discurso en la Clausura del VII Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, efectuada en el Teatro "Karl Marx". Foto: Estudios Revolución.
Fidel pronuncia discurso en la Clausura del VII Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, efectuada en el Teatro “Karl Marx”. Foto: Estudios Revolución.
Desde hace veinte años vengo planteando que el esfuerzo principal del capitalismo actual está puesto en la guerra cultural por el dominio de la vida cotidiana, lograr que todos acepten que la única cultura posible en esa vida cotidiana es la del capitalismo, y que el sistema controle una vida cívica despojada de trascendencia y organicidad. Lamento decir que todavía no hemos logrado derrotar esa guerra cultural.

El consumo amplio y sofisticado, que está presente en todas las áreas urbanas del mundo, pero al alcance solamente de minorías, es complementado por un complejo espiritual “democratizado” que es consumido por amplísimos sectores de población. Se tiende así a unificar en su identidad a un número de personas muy superior al de las que consumen materialmente, y lograr que acepten la hegemonía capitalista. La mayoría de los “incorporados” al modo de vida mercantil capitalista son más virtuales que reales. Pero, ¿formarán ellos parte de la base social del bloque de la contrarrevolución preventiva actual? El capitalismo alcanzaría ese objetivo si consigue que la línea divisoria principal en las sociedades se tienda entre los incorporados y los excluidos. Los primeros — los reales y los potenciales, los dueños y los servidores, los vividores y los ilusos — se alejarían de los segundos y los despreciarían, y harían causa común contra ellos cada vez que fuera necesario.

La reproducción cultural universal de su dominio le es básica al capitalismo para suplir los grados crecientes –y contradictorios — en que se ha desentendido de la reproducción de la vida de miles de millones de personas a escala mundial, y se apodera de los recursos naturales y los valores creados, a esa misma escala. Para ganar su guerra cultural, le es preciso eliminar la rebeldía y prevenir las rebeliones, homogeneizar los sentimientos y las ideas, igualar los sueños. Si las mayorías del mundo, oprimidas, explotadas o supeditadas a su dominación, no elaboran su alternativa diferente y opuesta a él, llegaremos a un consenso suicida, porque el capitalismo no dispone de un lugar futuro para nosotros.

El capitalismo no intenta imponer un pensamiento único, como ellos afirman, sino inducir que no haya ningún pensamiento. Está en marcha un colosal proceso de desarmar los instrumentos de pensar y la costumbre humana de hacerlo, de ir erradicando las inferencias mediatas, hasta alcanzar una especie de idiotización de masas.

La situación está exigiendo revisar y analizar con profundidad y con espíritu autocrítico todos los aspectos relevantes de los procesos en curso, todas las políticas y todas las opciones. Esa actitud y las actuaciones consecuentes con ella son factibles, porque el campo popular latinoamericano posee ideales, convicciones, fuerzas reales organizadas y una cultura acumulada.

Una enseñanza está muy clara: distribuir mejor la renta, aumentar la calidad de la vida de las mayorías, repartir servicios y prestaciones a los inermes es indispensable, pero no es suficiente. Alcanzar victorias electorales populares dentro del sistema capitalista, administrar mejor que sus pandillas de gobernantes, e incluso gobernar a favor del pueblo a contracorriente de su orden explotador y despiadado, es un gran avance, pero es insuficiente. Vuelve a demostrar su acierto una proposición fundamental de Carlos Marx: la centralidad de una nueva política en la actividad del movimiento de los oprimidos, para lograr vencer y para consolidar la victoria.

Estamos abocándonos a una nueva etapa de acontecimientos que pueden ser decisivos, de grandes retos y enfrentamientos, y de posibilidades de cambios sociales radicales. Es decir, una etapa en la que predominarán la praxis y el movimiento histórico, en la que los actores podrían imponerse a las circunstancias y modificarlas a fondo, una etapa en la que habrá victorias o derrotas.

Comprender las deficiencias de cada proceso es realmente importante. Pero más aún lo es actuar. Concientizar, organizar, movilizar, utilizar las fuerzas con que se cuenta, son las palabras de orden. No se pueden aceptar expresiones de aceptación resignada o de protesta timorata: hay que revisar las vías y los medios utilizados y su alcance, sus límites y sus condicionamientos. Y hacer todo lo que sea preciso para que no sea derrotado el campo popular. La eficiencia para garantizar los derechos del pueblo y defender y guiar su camino de liberaciones debe ser la única legitimidad que se les exija a las vías y a los instrumentos. Las instituciones y las actuaciones tendrán su razón de ser en servir a las necesidades y los intereses supremos de los pueblos, a la obligación de defender lo logrado y la confianza y la esperanza de tantos millones de personas. Esa debe ser la brújula de los pueblos y de sus activistas, representantes y conductores.

En la época que comienza se está levantando una concurrencia de fuerzas muy diferentes e incluso divergentes, a quienes unirán necesidades, enemigos comunes y factores estratégicos que van más allá de sus identidades, sus demandas y sus proyectos. Y solamente tendrá probabilidades de triunfar una praxis intencionada, organizada, capaz de manejar los datos fundamentales, las valoraciones, las opciones, la pluralidad de situaciones, posiciones y objetivos, las condicionantes y las políticas que están en juego.

La radicalización de los procesos deberá ser la tendencia imprescindible para su propia sobrevivencia. Serían suicidas los retrocesos y las concesiones desarmantes frente a un enemigo que sabe ser implacable, pero lo principal es que — dado el nivel que han alcanzado la cultura política de los pueblos y las esperanzas de libertad, justicia social y bienestar para todos — los movimientos, los poderes y los líderes prestigiosos y audaces solo podrán multiplicar las fuerzas populares y tener opción de vencer si ponen la liberación efectiva de los yugos del capitalismo en la balanza de sus convocatorias a luchar.

La política revolucionaria no puede conformarse con ser alternativa. La naturaleza del sistema lo ha situado en un callejón sin salida en general, pero su poder y sus recursos actuales le permiten un amplio arco de respuestas contra los procesos en curso, y también puede dejarle un nicho de tolerancia a algunas alternativas mientras combina la inducción y la espera hasta que se desgasten. En la medida en que vayamos obteniendo triunfos y cambios de nosotros mismos, convertiremos las alternativas en procesos de emancipación humana y social.

Mientras exista la opresión, la explotación y la dominación capitalista, no habrá soluciones ni regímenes políticos y sociales satisfactorios para las mayorías, ni serán duraderos. La liberación de los seres humanos y las sociedades es lo que abrirá las puertas a la creación de un mundo nuevo. ¿Parece demasiada ambición? Sí, naturalmente. Pero es lo único factible.


(Palabras del autor en el 12º Paradigmas Emancipatorios)