
Caracas durante el apagón 9 de marzo de 2019. Foto: Misión Verdad
Las dos operaciones de blackout nacional en Venezuela
definieron un punto crítico en torno a las nuevas modalidades de la
guerra, una alarma que sonó en todo el planeta luego de que tomara cada
vez más cuerpo la hipótesis de que, efectivamente, hubo un ataque cibernético contra el sistema SCADA,
software del cerebro electrónico que controla de manera computarizada
las funciones de la Central Hidroeléctrica Simón Bolívar de Guri.
Además, el gobierno venezolano indicó que también hubo impacto en
algunas infraestructuras del sistema eléctrico nacional por armas de
pulso electromagnético, otra hipótesis que, como la del ciberataque, fue
desdeñada y ridiculizada a priori por la mayoría de los medios
corporativos, voceros de Washington y del antichavismo local.
Los indicios son por demás demostrativos de la urgencia con que se
está asumiendo este episodio de sabotaje a escala global. A pesar de
imponerse el relato hegemónico del colapso venezolano, no cabe duda de
que son más quienes asumen que se está perfilando una nueva manera de
poner en práctica intervenciones, incluyendo al actual presidente de los
Estados Unidos.
Para nadie es casualidad que, días después de que se
detectaran los impactos por arma electromagnética en el sistema
eléctrico venezolano y se denunciara públicamente, la Casa Blanca
emitiera una orden ejecutiva
en el que urge a la comunidad científico-militar estadounidense a
reforzar los sistemas defensivos en torno a las “tecnologías e
infraestructuras críticas” de los Estados Unidos, de ser atacados por
pulsos electromagnéticos que podrían “interrumpirlas, degradarlas y
dañarlas” (Rusia y China, “amenazas existenciales” para el Pentágono,
poseen sus propios arsenales en la materia).
Esta última movida de Washington refuerza la denuncia del presidente
Nicolás Maduro, pues ya se identifica y se tiene en la primera línea de
consideración militar el hecho de que las nuevas dimensiones de la
guerra ya han sido probadas y, de ahora en adelante, no cabe duda de que
serán usadas en beneficio de los principales actores del mundo en
pugna.
Venezuela en los precedentes
No se tiene noticia de ciberataque alguno de la magnitud registrada
el 7 de marzo de 2019 a la Central Hidroeléctrica de Guri, sobre todo
por las consecuencias humanas y económicas del apagón que duró poco más
de 72 horas. Si llegara a ocurrir cualquier acción similar en el futuro
en otro país (incluyendo los Estados Unidos), tendrá a Venezuela como
precedente.
La revista
Forbes publicó un artículo
donde se reconoce que es “muy realista” el hecho de que la causa del
blackout fuera un ciberataque dirigido por Estados Unidos. Asegura que
ésta sería una táctica implicada en la aceleración de los conflictos
internos de un país para forzar un cambio de régimen, ya que perjudica
infraestructuras y servicios críticos de una sociedad.
Por otro lado, conocimos el testimonio de un científico gringo-iraní al que
oficiales estadounidenses ofrecieron dinero para derribar la red eléctrica de la República Islámica de Irán.
No es la primera vez que sabemos de una intención parecida, pues el
plan Nitro Zeus tenía las intenciones de afectar drásticamente el
sistema eléctrico iraní bajo diferentes tipos del sabotaje, incluidos la
ciberguerra y operaciones en el terreno.
Más aún,
el Foro Económico Mundial, que se reúne en Davos
cada año, tiene desde febrero de este año advirtiendo a Estados y
corporaciones conformar una estrategia de “resiliencia cibernética” en
común ante ataques de hackers (independientes, contratados o
gubernamentales) a infraestructuras vitales como las redes eléctricas,
que podrían desencadenar efectos en cascada por lamentar.
El miércoles 27 de marzo el mismo Foro publicó un reporte que
refuerza lo anterior, ya que -dice- “en los últimos 10 años el sector
eléctrico ha experimentado ciberataques significativos”, y reproduce el
siguiente mapa de eventos en relación:
El Foro Económico Mundial afirma que los hackers pueden causar apagones en ciudades enteras:
“Un ataque cibernético bien orquestado a la infraestructura eléctrica,
podría resultar en daños a las residencias, negocios y a instituciones
vitales.”
pic.twitter.com/bMl76XMfLm
— Misión Verdad (@Mision_Verdad) March 28, 2019
Quien lo reporta es el Systems of Cyber Resilience: Electricity, un
equipo de trabajo creado en mayo de 2018 por el Foro Económico Mundial
para resolver los problemas globales de ciberseguridad en torno al tema
eléctrico. Comienza así su breve informe:
“Un apagón invernal de seis horas en la Francia
continental podría ocasionar daños a hogares, empresas e instituciones
vitales por un total de más de 1 mil 500 millones de euros. Un ataque
cibernético bien organizado a una infraestructura eléctrica crítica
podría tener este tipo de impacto económico en un país. ¿Es esto
realista? Los funcionarios del Departamento de Seguridad Nacional de los
Estados Unidos declararon públicamente en 2018 que los piratas
informáticos se habían infiltrado en las salas de control de varias
empresas estadounidenses de electricidad, en la medida en que tenían la
capacidad de interrumpir el flujo de electricidad a los clientes”.
Los riesgos de un ataque cibernético a sistemas eléctricos, estatales
o corporativos, se contemplan no sólo en la población sino también en
las áreas económicas y de seguridad nacional, según el grupo de Davos.
En Venezuela,
el cibergolpe a la Central Hidroeléctrica de Guri costó casi 900 millones de dólares
en los casi cuatro días de apagón, en la afectación de la industria
petrolera, la industria manufacturera, los servicios, la paralización
del comercio y otras actividades vitales del circuito económico del
país. Dice el reporte:
“El sector eléctrico siempre ha estado fuertemente interconectado con
interdependencias a lo largo de la cadena de suministro, por no
mencionar con otras industrias de infraestructura crítica, como
telecomunicaciones, puertos e instalaciones de alcantarillado. Esta
interconectividad está aumentando. Como dijo la secretaria de Seguridad
Nacional de los Estados Unidos, Kirstjen Nielsen, ‘la hiperconectividad
significa que su riesgo es ahora mi riesgo y que un ataque al «eslabón
más débil» puede tener consecuencias que nos afectan a todos'”.
No sólo existen indicios de que los apagones en Venezuela fueron
provocados por nuevas modalidades de guerra con autoría foránea
(estadounidense, específicamente), también el precedente venezolano
sentó las bases para que organizaciones de ascendencia occidental como
Forbes y el Foro Económico Mundial advirtieran que efectivamente se
están tomando de manera estratégica armas de semejantes calibres contra
las líneas vitales de países y hasta corporaciones en todo el mundo.
Es una forma de intervenir en asuntos ajenos sin dejar el mínimo de rastros y costos políticos a su paso.
Alerta global
En una
conferencia de prensa
de septiembre de 2018, el asesor de Seguridad Nacional John Bolton
señaló lo importante que es el ciberespacio para la disuasión
geopolítica y militar de sus adversarios. Afirmó que con ese propósito
han “autorizado operaciones cibernéticas ofensivas (…) para demostrar
que el costo de su participación en operaciones contra nosotros es más
alto de lo que quieren soportar”.
La carrera armamentística en torno a las estrategias cibernéticas son
tomadas cada vez más en cuenta, sobre todo si tomamos en cuenta que
detrás de la cortina de la guerra comercial entre China y la
Administración Trump se encuentra el campo de batalla de la ciberguerra y
el desarrollo de las tecnologías de última generación.
En los últimos años los distintos actores llamados a enfrentarse en
una Tercera Guerra Mundial (Estados Unidos, China, Rusia) vienen
preparándose en este terreno. Pero con el cibergolpe en Venezuela
estamos presenciando una actitud que incluye defenderse con más ahínco
de este tipo de ataques, que producen efectos cascada indeseables para
cualquier población.
Así como Washington busca acumular capital político en torno a la
figura de Juan Guaidó a través del descontento social y económico que
implica el sabotaje al Guri y demás estaciones y subestaciones de
energía, la Federación Rusa espeta contra las intenciones de golpe e
intervención militar que desde Estados Unidos se fraguan a través de las
nuevas modalidades de la guerra, enmarcadas dentro de los formatos
híbridos, y acusa a Canadá de estar involucrado en el siniestro.
Es importante registrar las batallas que damos en los momentos cruciales de nuestra historia.
Por ello, hemos publicado este #InformeEspecial
https://t.co/FJakHUks0A
pic.twitter.com/x5S34AnICE
— Misión Verdad (@Mision_Verdad) March 23, 2019
Con la petición de la Casa Blanca a la comunidad científico-militar
de aumentar los esfuerzos defensivos ante un ataque electromagnético, al
mismo tiempo que organizaciones ligadas al corporativismo
anglo-americano llama a conformar una estrategia de “resiliencia
cibernética”, dejan a la vista que el ataque multifactorial contra el
sistema eléctrico venezolano fue un acontecimiento de alcance mundial
que generó una alerta en Estados y empresas que no se toman a juego
escenarios de sabotaje bajo formatos de guerra híbrida.
Se evidencia así, que
la alarma suena ante las amenazas de
variada beligerancia que ponen en crisis los viejos formatos de
intervención y empieza a asumirse una visión más profunda en torno a los
campos de acción que competen a la ciberguerra y las nuevas armas de
combate.