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martes, 19 de mayo de 2020

Dos Ríos: En brazos de la patria agradecida



Martí-Dos Ríos. Ilustración: Cubadebate
José Martí tenía apenas quince años cuando se sumó al Grito del Demajagua. Con La Habana azotada por el rencor del Cuerpo de Voluntarios participó en acciones de propaganda clandestina en el periódico manuscrito El Siboney, en el que divulgó su soneto “Diez de Octubre”. El 19 de enero de 1869, en el momento más álgido de la represión, definió en El Diablo Cojuelo la disyuntiva cubana: “O Yara o Madrid”, y el 23 —al día siguiente de los hechos del teatro de Villanueva, donde los voluntarios penetraron con bayoneta calada y abrieron fuego contra los presentes con saldo de siete muertos, entre ellos un niño de 8 años, y 18 heridos— publicó en La Patria Libre su drama en versos “Abdala”, en el que desarrolló el argumento central de su destino: “Por la patria morir, ¡antes que verla / Del bárbaro opresor cobarde esclava!” (Martí, 1975, t. 18: 18).

Alumno eminente en el colegio San Pablo de Rafael María de Mendive —su tutor, discípulo de José de la Luz y Caballero—, calificó de “traidor” a un compañero de escuela inscrito como cadete en el Cuerpo de Voluntarios, y el 4 de marzo de 1870 un Consejo de Guerra lo sancionó a seis años de prisión por el delito de infidencia. Llevaba más de cuatro meses en la Cárcel Nacional al momento de la sentencia. Le cortaron el cabello, le ciñeron a su tobillo derecho un grillete unido a la cadena que aprisionaba su cintura y lo forzaron a picar piedras en las canteras de San Lázaro. Supo tragar el dolor provocado por el roce del hierro en su cuerpo y llevar con dignidad las cadenas que lo igualaron a los mambises levantados en la manigua. El 15 de enero de 1871 lo extraditaron a España.

El hombre

La muerte de Martí en Dos Ríos, por Esteban Valderrama.

Regresó de incógnito a Cuba el 6 de febrero de 1877. Pese al riesgo viajó para auxiliar en el reasentamiento de su familia —entonces en México—, antes de establecerse en Guatemala. Permaneció el tiempo indispensable y el 24 de febrero abordó el City of Havana, de vuelta a Centroamérica. En la tierra del Quetzal empezó como maestro en la Escuela Normalista, dirigida por el bayamés José María Aguirre, amigo de Carlos Manuel de Céspedes y uno de los protagonistas del Grito del Demajagua. Allí también intimó con el poeta José Joaquín Palma, ayudante y primer biógrafo del Padre de la Patria, y autor del Himno Nacional guatemalteco.

El Pacto del Zanjón lo sorprendió en Ciudad Guatemala, en el peor momento: las autoridades habían neutralizado un complot para asesinar al presidente Justo Rufino Barrios y se desató una cacería feroz contra sus adversarios. Barrios decretó medidas dictatoriales. Las ideas republicanas de Martí despertaron un injustificable temor entre una jauría intrigante y sufrió persecución. Perdió la cátedra de Historia de la Filosofía y lo acosaron las deudas. Debía abandonar Guatemala y pensó en Perú. No podía ser: Carmen Zayas-Bazán estaba embarazada y su suegro le exigía regresar a Cuba, donde podría ayudarlos. Les prestaría el dinero para costear el viaje y pagar los compromisos pendientes. ¿Qué destino podría ofrecerle el yerno a su hija y a su nieto sin un sostén? Arrastraba el joven un vacío interior que lo envolvió en aquella controversia familiar, y descargó su aflicción en carta a Manuel Mercado:
…yo decidí irme.—¿A dónde?—A Cuba, me decían mis deberes de familia, mi hijo que me va a nacer, las lágrimas de Carmen, y la perspicacia de su noble padre.—A todas partes menos a Cuba, me decían la lógica histórica de los sucesos, mis aficiones libérrimas, el doloroso placer con que me he habituado a saborear mis amarguras, mi absoluta creencia,—fundada en la naturaleza de los hombres—de que era imposible la extinción de la guerra en Cuba.—Y, sin embargo, la guerra se ha extinguido; la naturaleza ha sido mentira, y una incomprensible traición ha podido más que tanta vejación terrible, que tanta inolvidable injuria!—Transido de dolor, apenas sé lo que me digo.—¿He de decir a V. cuánto propósito soberbio, cuánto potente arranque hierve en mi alma? ¿que llevo mi infeliz pueblo en mi cabeza, y que me parece que de un soplo mío dependerá en un día su libertad? […] No a ser mártir pueril;—a trabajar para los míos, y a fortificarme para la lucha voy a Cuba.
[…]
¡Creen que vuelvo a mi patria! Mi patria está en tanta fosa abierta, en tanta gloria acabada, en tanto honor perdido y vendido. Ya yo no tengo patria:—hasta que la conquiste.—Voy a una tierra extraña, donde no me conocen; y donde, desde que me sospechen, me temerán.—[…]—Vd. conoce mi pasión por la justicia, mi ardor contra la infamia, y la violación más nimia del derecho; mi amor de enamorado por la gloria y el brillo de América:—¿cómo podré dar rienda a todos estos sentimientos naturales, en mí tan dominantes y tan vivos? ¿cómo podré vivir con todas estas águilas encerradas en el corazón?— […] (Martí, 2009, t. 5: 311-312).
Sus palabras resultaron proféticas: arribó a La Habana el 31 de julio de 1878 y se sumó al levantamiento que desde Nueva York organizaba Calixto García; el 21 de abril de 1879, en un banquete organizado por el Partido Autonomista en los altos del café El Louvre, declaró que “…los derechos se toman, no se piden; se arrancan, no se mendigan” (Martí, 2009, t. 6: 59); el 27, en el Liceo de Guanabacoa, sin importarle la presencia del capitán general Ramón Blanco Erenas, empleó cinco veces el sustantivo patria, en una época en que todos decían Isla o país, y llamó a su generación a asumir responsabilidades con los destinos de Cuba: “Los hijos trabajan para la madre. Para su patria deben trabajar todos los hombres” (Martí, 2009, t. 6: 64). A la salida, Blanco aseveró: “Quiero no recordar lo que he oído y no concebí nunca se dijera delante de mí, representante del gobierno español. Voy a pensar que Martí es un loco. Pero un loco peligroso” (Mañach, 2001: 96). Cinco meses después lo desterró otra vez…

Residió en Madrid menos de cien días. El primer paso hacia el que sería su destino lo dio al burlar la vigilancia y zarpar a Norteamérica, vía Francia, luego de una discusión con Arsenio Martínez Campos, quien intentó apartarlo del independentismo. Llegó a Nueva York el 3 de enero de 1880 y el 9 lo designaron vocal del Comité Revolucionario. Su leyenda empezó a cobrar forma el 24 de enero, en el Steck Hall, donde encomió el heroísmo derrochado en la Guerra Grande, el papel de la emigración y el aporte esencial de negros y mulatos —discriminados por sus compañeros blancos por el color de la piel—, un tema generador de contradicciones destructivas. La revolución tenía que ser democrática, de “…cordura y cólera, razón y hambre, honor y reflexión”. Y terminó con una frase que correría de boca en boca: “¡Antes que cejar en el empeño de hacer libre y próspera a la patria, se unirá el mar del Sur al mar del Norte y nacerá una serpiente de un huevo de águila!” (Mañach, 2001: 112-114).

Otro aporte esencial a la teoría revolucionaria fue su concepción de la ética. En él se fundían honestidad, honor, pulcritud moral y sentido del deber, para convertirlo en paradigma. Esa ética, plataforma de su vocación de correr la suerte de “los pobres de la Tierra”, trajo consigo que su prédica política y social se constituyera en apostolado vivo. Y poco a poco adquirió un liderazgo del mayor significado, más allá de distingos generacionales, de clase o condición social.

En su profusa obra aparece el alcance de las transformaciones sociales que se propuso encabezar y el modelo de gobierno para una Cuba revolucionaria; además de su vocación latinoamericanista e integracionista, como contrapeso al emergente imperialismo norteamericano. No hay duda de que sus proyecciones tienen un alcance no superado aún al sur del Río Grande.

Vale la pena detenerse en su más célebre ensayo: “Nuestra América”, punto de partida de todas sus concepciones políticas y morales, publicado el 30 de enero de 1891 para advertir que las potencias capitalistas habían iniciado una nueva repartición del mundo y Estados Unidos estaba en la línea de arrancada. El primer paso del itinerario sería la mayor de las Antillas, y luego caerían sobre el resto del continente. El tema de la independencia cubana adquiría por ello carácter universal. Solo una Cuba emancipada del coloniaje —con una república antimperialista de base social y popular— podía contribuir al “equilibrio del mundo”, al impedir a Estados Unidos extenderse sobre nuestras tierras de América. ¿Qué hacer?: forjar conciencia. “Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra”, aseguró, antes de esbozar un concepto esencial: “Una idea enérgica, flameada a tiempo ante el mundo, para, como la bandera mística del juicio final, a un escuadrón de acorazados” (Martí, 1975, t. 6: 15). Y claro que se refería a los acorazados botados al agua por los astilleros norteños para conquistar la supremacía de su Armada en el Atlántico y el Pacífico.

No era posible enfrentar la amenaza si la América hispana no construía la unidad desde la diversidad y cerraba el paso al gigante que abarcaba siete leguas entre las botas. “Es la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes” —advirtió (ibídem: 15). El gigante contaba con aliados tácticos: sietemesinos sin fe en su tierra, “insectos dañinos, que le roen el hueso a la patria que los nutre” (ibídem: 16), aquellos que se avergonzaban de sus raíces aborígenes y su sangre mestiza, se sentían inferiores, e incapaces de encontrar fórmulas autóctonas a los problemas nacionales, se debatían entre ideas y formas exportadas por Europa y Estados Unidos. “El gobierno ha de nacer del país. El espíritu del gobierno ha de ser el del país. La forma del gobierno ha de avenirse a la constitución propia del país. El gobierno no es más que el equilibrio de los elementos naturales del país”, subrayó (ibídem: 17).

No era una batalla entre civilización y barbarie, como intentó hacer creer Domingo Faustino Sarmientos: se trataba de edificar repúblicas mestizas con justicia social, independencia política y soberanía económica, y unas fuerzas armadas que no se pusieran al servicio de las guerras de rapiña. Dictaduras corroídas por el “lujo venenoso, enemigo de la libertad” (ibídem: 21), habían traicionado a nuestra América y abierto las puertas al extranjero; criaron “en la guerra rapaz contra el vecino, la soldadesca que puede devorarlas” (ídem); desatendieron o desoyeron a los ignorantes que la redimieron; alimentaron “el desdén inicuo e impolítico de los aborígenes” (ibídem: 19) y concentraron las riquezas en las capitales, sin importarles el dolor del campesino desdeñado y el negro preterido —concepciones heredadas de los esquemas monárquicos. Tras la independencia, lo esencial no era el cambio de formas, sino el cambio de espíritu, pero “La colonia continuó viviendo en la república” (ídem). Para colmo, no existían universidad americana ni libros americanos; no se paraba de calcar lo aprendido en Francia o Estados Unidos, conocimientos y espíritu que no brindaban la clave del enigma hispanoamericano. “Gobernante, en un pueblo nuevo, quiere decir creador” (ibídem: 17). Un concepto expresado en estas páginas resulta perentorio para responder a dilemas que afrontamos en el siglo XXI:
El premio de los certámenes no ha de ser para la mejor oda, sino para el mejor estudio de los factores del país en que se vive. En el periódico, en la cátedra, en la academia, debe llevarse adelante el estudio de los factores reales del país. Conocerlos basta, sin vendas ni ambages; porque el que pone de lado, por voluntad u olvido, una parte de la verdad, cae a la larga por la verdad que le faltó, que crece en la negligencia, y derriba lo que se levanta sin ella. Resolver el problema después de conocer sus elementos, es más fácil que resolver el problema sin conocerlos (ibídem: 18).

“Injértese en nuestras repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas” (ídem), propuso este hombre de mirada honda y descolonizada, a quien poco preocupaba España, pues la sabía agonizante, incapaz de resistir la embestida que se proponía organizar en Cuba. Otro era el desafío: “El desdén del vecino formidable, que no la conoce, es el peligro mayor de nuestra América; y urge, porque el día de la visita está próximo, que el vecino la conozca, la conozca pronto, para que no la desdeñe” (ibídem: 22). Bolívar lo avizoró. No le hicieron caso y se esfumó su proyecto

integracionista. Nadie recordó su advertencia cuando la mitad del territorio de México se incorporó a la bandera estadounidense. Sesenta años después la urgencia alcanzaba un sentido dramático. Estados Unidos podría encontrarse en “la hora del desenfreno y la ambición […] en que pudieran lanzarla sus masas vengativas y sórdidas, la tradición de conquista y el interés de un caudillo hábil […]” (ibídem: 21).

El Apóstol

Dos Ríos, por Carlos Enríquez
A Martí no lo detuvieron las piedras amontonadas en su camino por un adversario que gobernó con la fuerza del sable; ni la decepción sobrevenida tras el Pacto del Zanjón, el fracaso de Guerra Chiquita y el fiasco del Plan Gómez-Maceo en 1886, del que tomó distancia debido a su desacuerdo por cuestión de métodos. No lo impresionaron las miras del sector expansionista que amenazaba conquistar la Casa Blanca para lanzarse a la anexión de los pueblos de nuestra América, ni sus partidarios dentro y fuera de la Isla. No lo desalentaron las zancadillas de traidores como el general Julio Sanguily y el coronel Fernando López de Queralta, capaces de vender el Plan de Fernandina organizado para asestar el golpe fulminante contra España, o los afanes del Partido Autonomista convertido al anexionismo ante la debacle peninsular.

En el curso de su vida alcanzó la más elevada estatura espiritual. Como pensador combinó teoría y práctica y sus acciones lo dignificaron. Para enfrentar los obstáculos creó el Partido Revolucionario Cubano (PRC), organización política unitaria encargada de preparar la lucha armada, cuyo programa expresó el anhelo independentista de la mayor parte de los cubanos y la cultura democrática que el Apóstol aspiraba a fomentar entre su heterogénea membresía.

De acuerdo con la concepción martiana, un propósito de mayor trascendencia tenía en su actuación el PRC, que era el de conquistar en la contienda el liderazgo necesario para garantizarles en la paz a los desposeídos y a las bases populares, un espacio de igualdad y justicia social que nadie pudiera arrebatarles: “Para salvar a las islas [Cuba y Puerto Rico] de peligros se funda el Partido

Revolucionario Cubano […] para poner la república sincera en la guerra, de modo que ya en la guerra vaya, e impere naturalmente, por poder incontrastable, después de la guerra […]” (Martí, 1975, t. 1: 388). Sobre esa base depositó en “la masa mestiza” la responsabilidad moral de financiar su guerra de independencia mediante el “Día de la Patria”, al que contribuyeron ricos y pobres, blancos y negros, veteranos y pinos nuevos, hombres y mujeres; y fundó Patria, el órgano de prensa destinado a conducir el combate ideológico.

Logró fundir el alma cubana en torno a los ideales de independencia, y a su llamado el país se levantó el 24 de febrero de 1895. Un mes más tarde, el 25 de marzo, a una semana de partir a la Isla junto a Gómez, redactó en República Dominicana el “Manifiesto de Montecristi” (Martí, 1975, t. 4: 93-101), en el que consagró como principio su tesis de la “guerra sin odios” y convocó a edificar desde la contienda una república justa, democrática y culta, que, asentada en el derecho al trabajo y la igualdad entre todos los hombres, sin distingos sociales ni raciales, pudiera “obtener y gobernar su independencia” (ibídem: 96).

El 11 de abril la expedición arribó en un bote por la pequeña ensenada pedregosa de Playitas de Cajobabo, en Maisí. Se echaron la carga encima —14 fusiles, más de 2 000 tiros, ropas, un saco con queso y galletas— y, a tientas, emprendieron la marcha. Delante, la empinada cuesta de un farallón cuya cima coronaba una sabana árida, escalada con sigilo bajo el aguacero. Cuando se internaron en la sierra, todos quedaron sorprendidos por la entereza de Martí, que subía lomas, cruzaba ríos y dormía a la intemperie con optimismo contagioso. Por su delgadez parecía sucumbir ante la carga: en un hombro, el rifle y una cartera con 100 cápsulas; en el otro, un tubo con los mapas de Cuba; en la cintura, el machete y un revólver plateado con cachas de nácar, regalo de Panchito Gómez Toro; a la espalda, la mochila con medicinas, ropas, libros, una hamaca y la frazada; al pecho, el retrato de María Mantilla: “Martí, al que suponíamos más débil por lo poco acostumbrado a las fatigas de estas marchas, sigue fuerte y sin miedo”, registraría Gómez en su diario (Gómez Báez, 1968 b: 279).
Tras una marcha a pie de trece días continuos por riscos y despeñaderos en las montañas de Baracoa, sin guía ni conocimiento de la zona, el 25 de abril fueron rescatados por el general José Maceo, quien con su tropa cabalgó once horas durante toda la madrugada y la mañana —a través de ríos, cañaverales y pinares—, para salvarlos de una celada que les tendió una columna española de 600 hombres en torno al puente sobre el río Arroyo Hondo, cerca de Guantánamo. José se lanzó del caballo para abrazar a Gómez, antes de cargar a Martí entre los vítores de su tropa: la revolución estaba a salvo. Allí le obsequió al Apóstol un corcel bayo claro de crin rubia, grande y fogoso, de mucho brío, que desde entonces cabalgó.

Hasta el intrincado paraje de los Altos de Santa María, en Songo la Maya, escaló el 2 de mayo un corresponsal estadounidense acreditado en La Habana, George E. Bryson, para entrevistar a Martí. Lo sacó de la hamaca al anochecer y la conversación se extendió por ocho horas. Bryson no tenía frente a sí a un facineroso, a un caudillo con la pretensión de conducir a un pueblo, sino a un poeta, un pensador, un luchador dispuesto a encabezar una revolución social. Y le contó acerca de la actividad anexionista desplegada en La Habana por el Partido Autonomista y sobre una entrevista en la que Martínez Campos le insinuó que España prefería entenderse con Estados Unidos antes que rendirse a los cubanos. Retornó a la capital con un “Manifiesto al pueblo estadounidense” para publicar en el New York Herald.

El domingo 5 de mayo Martí y Gómez al fin se encontraron con Antonio Maceo en el ingenio La Mejorana, a 5 km del poblado Dos Caminos, en San Luis. Por primera vez los tres líderes de la revolución podrían sentarse a discutir los asuntos de la guerra. Era una oportunidad única; sin embargo, el clima estaba viciado por el rechazo del Titán de Bronce a la decisión de entregar a Flor Crombet el mando de la expedición que lo trajo de Costa Rica, ante su insistencia en que los $2 000 disponibles no le alcanzaban. Maceo lo asumió como un acto de deslealtad, pero nada más alejado de la realidad; sencillamente no hubo opción: “…dejemos a Flor Crombet la responsabilidad de atender ahí a la expedición, dentro de los recursos posibles […]. Y él pondrá a las órdenes de Ud. la labor que Ud. me reitera que no puede hacer en su San José, sino por una suma hoy imposible […] y la pondrá hecha en manos de Ud.”, le explicó Martí (Cabrales, 1996: 67), al tiempo que escribía a Benjamín Guerra, tesorero del PRC, y Gonzalo de Quesada: “…pudiendo hacer Flor lo que Maceo no puede hacer, lo entrego a Flor a que lo haga, y lo dé hecho a Maceo” (Franco, 1989, t. II: 91). El Apóstol no escribió una sola palabra que generara confusión respecto a su orden, o lesionara la autoridad del Lugarteniente General del Ejército Mambí.

Convinieron almorzar en el patio de la casa del administrador de la colonia de cañas. Se dispuso una mesa para 18 personas, a la sombra de un framboyán. Gómez y Maceo se apartaron hacia el portal, donde hablaron en voz baja. Minutos después llamaron a Martí. Maceo le dijo sin rodeos que su puesto no era aquel y debía embarcarse cuanto antes al extranjero, pero el Delegado del PRC no aceptó. Estaba decidido a marchar a Camagüey, deponer su mandato y constituir gobierno. Se complicó la conversación y entraron al inmueble.

Martí defendió un gobierno republicano como garante del poder revolucionario. A Maceo ese gobierno le parecía un lujo. Vivió “…en carne propia los desvaríos cometidos por los hombres sin experiencia militar mandando a soldados en una guerra donde hay que morir o triunfar” (Leal, 2009: 185). Pensaba que no podían incurrir “…de nuevo en la tontería de querer darle forma democrática de una república ya constituida”, cuando tenían el enemigo enfrente y no eran dueños del terreno que pisaban. Mientras durara la guerra lo único que necesitaba Cuba eran “…espadas y soldados, o cuando menos, hombres que sepan encauzar la revolución en este sentido para llegar a la redención política de nuestro pueblo”. Solo después creía sensato constituir un gobierno civil, democrático, que manejara el país con moderación y prudencia (Portuondo, 1976: 116). Abogó por una Junta de los generales con mando y una Secretaría General del ejército.

En este esquema no encajaba Martí, cuya capacidad de persuasión podía generar entre la oficialidad mambisa una matriz de opinión contraria a la propuesta, sobre todo entre los más jóvenes y los intelectuales que lo veneraban, y desde su llegada se dirigían a él como Presidente, incluido el general José. Gómez —al que el Apóstol creyó tener convencido sobre su fórmula organizativa— se mantenía callado durante la enojosa discusión: era creciente su respeto y admiración por Martí, a quien sabía el alma de la revolución; pero no podía ignorar que sin el Titán era muy difícil ganar la guerra. Debió de recordar, consternado, las porfías entre Céspedes y Agramonte en los primeros años de la Guerra Grande.

Maceo insistió en que Martí volviera a Estados Unidos y este se negó. Retornaría cuando por una o dos veces oyera fuego enemigo. Su interlocutor le cortaba las palabras, no lo dejaba hablar, “…como si fuese yo la continuación del gobierno leguleyo, y su representante” (Martí, 1975, t. 19: 228). Ya a la mesa, siguieron discutiendo. Un embarazoso silencio servía de fondo a un Maceo exasperado. Con tono quedo, prácticamente inaudible para el resto, Martí reiteró sus puntos de vista. Llegó a sentirse herido, repugnado: “…comprendo que he de sacudir el cargo, con que se me intenta marcar, de defensor ciudadanesco de las trabas hostiles al movimiento militar. Mantengo, rudo: el Ejército, libre,—y el país, como país y con toda su dignidad representado” (ibídem: 229). No resistió más y manifestó su “…descontento de semejante indiscreta y forzada conversación, a mesa abierta” (ídem). Alrededor de las 4:00 p.m. Maceo advirtió que no se entenderían y dijo que tenía prisa por partir. Iba a caer la noche y habría de andar seis horas. Cerca estaban sus fuerzas; no los llevó a verlas. Montó en su caballo y dio un rápido adiós. “Por ahí se van Uds.”, fueron sus últimas palabras (ídem).

Entrada la tarde noche, con la escolta sombría y sin los asistentes, que quedaron con el general José, Gómez y Martí siguieron sin rumbo cierto hasta un galpón que hallaron en el camino. Jamás el Apóstol sintió tanta zozobra. Desensillaron los caballos y continuaron hasta otro rancho fangoso, fuera de los campamentos, abierto a ataque. Gómez mandó a buscar comida al campo de José. Y así, como echados y tristes, durmieron “…solos y desamparados, apenas escoltados por 20 hombres bisoños y mal armados” (Gómez Báez, 1968 b: 282).

Al amanecer partieron rumbo a Bayamo; de repente, los interceptó una avanzada que los condujo hasta el campamento del general Antonio, donde el entusiasmo se propagó entre los cerca de 3 000 hombres congregados. Formaron en una ancha calle de árboles para hacer pasar entre ellas a los dos próceres, al sonido marcial de los clarines. Maceo ordenó: “¡A caballo!”, y seguido de su Estado Mayor galopó hasta ellos. La entrevista fue cordial; el recibimiento, indescriptible. Durante el pase de revista, el Titán dio vivas a Gómez y a Martí, mientras el abanderado agitaba al aire la enseña tricolor de la estrella solitaria. El Apóstol habló a la tropa. Sus palabras levantaron las frentes de aquellos campesinos curtidos por el sol, ensancharon los espíritus, levantaron los ánimos. Cuando concluyó solo pensaban en combatir. Y de su última frase brotó un volcán de voces inflamadas que gritaron ¡vivas! a Cuba, a Martí, a Gómez, a Maceo.

A caballo, y a la sombra de unos tamarindos, dos horas después intercambiaron sobre el giro que tomarían las operaciones. Se separaron con un abrazo cálido. Un toque de corneta anunció la despedida. Martí, radiante, sintió que su vida cobraba sentido; las imágenes que desfilaban ante sí superaban en mucho la fantasía. Había conseguido lo que nadie pudo en su época: la unidad política de los sectores que participaban en la contienda. Ello, unido a su cultura y capacidad de seducción, hizo que muchos de los jefes mambises y los combatientes de fila lo concibieran como presidente de la República en Armas. Con Gómez como General en Jefe del Ejército Libertador y Antonio Maceo de Lugarteniente General, podría preservarse el equilibrio entre el poder civil y el militar para potenciar la lucha armada, propósito principal de la fase en que se hallaban y garantía del triunfo de la revolución.

Mucho se hablado —y se habla— de La Mejorana, y de la pérdida de las cinco páginas del diario de campaña de Martí pertenecientes al 6 de mayo. Lo discutido aquel domingo ha aflorado a la luz pública de una forma u otra; solo se desconocen las impresiones íntimas de Martí, quien quizás se detuvo en el inusual proceder de Maceo y la pasiva actitud de Gómez, o en los límites precarios de su autoridad ante el Titán de Bronce, en lo cual probablemente influyera la decisión de entregar el mando de la expedición de Costa Rica a Flor Crombet. Mal augurio para el inicio de una contienda.

No pocos —incluido Enrique Loynaz del Castillo— han responsabilizado a Gómez con la desaparición. Se dice que su ayudante, el alférez Ramón Garriga —a cargo de la custodia del cuaderno manuscrito—, se lo entregó con todas las páginas. ¿Alguien puede certificarlo? ¿No las habrá destruido el propio Martí luego de revistar las tropas? Tuvo tiempo de hacerlo y pudo ponerse de acuerdo con Garriga, a quien lo unían lazos de cariño. Vale recordar que en carta a Carmen Miyares, el 10 de abril de 1895, apuntó: “…un diario suele ser un espía, y una alevosa anotación de las personas en cuya intimidad vivimos...” (Martí, 1975, t. 20: 224). Un hecho es cierto: desaparecieron sus posibles consideraciones sobre desavenencias entre tres hombres por cuyas venas fluía sangre, pero que en su grandeza como revolucionarios siempre pusieron a Cuba por delante. Se habrían puesto de acuerdo, pero el tiempo estaba en su contra…

El héroe

Foto: Irene Pérez/Cubadebate.
El 12 de mayo Gómez y Martí llegaron a Dos Ríos, donde confluyen el Cauto y el Contramaestre. Acamparon en La Jatía, finca abandonada de un español acaudalado en la jurisdicción de Jiguaní. Permanecerían en la zona una semana y el 13 retrocedieron para establecer campamento en los ranchos también abandonados del capitán mambí José Rafael Pacheco, en la margen izquierda del Contramaestre. Esperaban a Bartolomé Masó, que andaba en la búsqueda de Maceo, pues este no quería reconocer su mando en Manzanillo, Bayamo y Holguín.
Martí estaba contrariado, peor aún, desanimado. En los 400 km recorridos a partir del desembarco lo colmaron de afecto, pero el Titán reclamaba su salida, después de La Mejorana Gómez se ofuscaba al oír llamarlo Presidente y desde Camagüey Salvador Cisneros Betancourt le dijo en una nota que su lugar estaba en Nueva York.

Ya observaba entre las filas mambisas las contradicciones que vislumbró durante la fase organizativa de la gesta y meditó acerca de qué decisión tomar. Quería permanecer en la manigua, pues sabía cuánto representaba en la idiosincrasia de los cubanos el ejemplo personal, sobre todo en un ejército que luchaba por convicciones, sin exigir nada a cambio, y nunca se sintió tan útil ni tan feliz… A la vez, temía que su soledad respecto a las principales figuras del levantamiento le impidiera conjurar los peligros que amenazaban la armonía entre los mambises. La confluencia de generaciones, clases sociales y tendencias ideológicas en torno a los fines independentistas requería de un liderazgo lúcido, capaz de forjar la unidad en medio de la guerra. ‟¿Hasta qué punto será útil a mi país mi desistimiento?”, se preguntaba, preocupado (Martí, 1975, t. 19: 240).

El 17 de mayo Gómez salió con 40 jinetes a molestar al convoy de Bayamo, que, según le dijeron, llevaba 500 hombres. Dejó a Martí con doce escoltas. La tranquilidad de esa semana arrojó luz sobre el Apóstol: “…seguimos camino, al centro de la Isla, a deponer yo, ante la revolución que he hecho alzar, la autoridad que la emigración me dio, y se acató adentro, y debe renovar conforme a su estado nuevo, una asamblea de delegados del pueblo cubano visible, de los revolucionarios en armas”, escribió a Manuel Mercado el sábado 18 (Martí, 1975, t. 4: 169). Respecto a su concepción política de la guerra, reiteró al amigo el sentido esencial de su existencia: “…ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber—puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo—de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso (ibídem: 167).

Interrumpió la redacción de la carta al caer la tarde, cuando llegó Masó con 300 jinetes mal montados y los caballos exhaustos. Solícito, guardó la pluma y echó el manuscrito inconcluso en el bolsillo de su saco. Conversaron largo rato, a la tenue luz de una vela. Sobre las 10:00 p.m. Masó se retiró para establecer campamento en Vuelta Grande, unos 5 km más al norte, cruzando el Contramaestre.
Acompañado de la escolta, a las 4:00 a. m. del 19 de mayo Martí partió a reencontrarse con Masó. Gómez llegó a Vuelta Grande cerca de las 10:00 a.m. y se generalizó el entusiasmo; la mayoría de los combatientes eran campesinos que desde niños escuchaban de sus padres las anécdotas sobre las hazañas del Viejo. La tropa formó; sumaban poco más de 300 hombres de caballería, incluidos jefes y oficiales. Gómez habló primero; luego Masó. Martí hizo las conclusiones. Arengó con ardor. Lo enorgullecía que lo acogieran como a un combatiente. Al igual que Céspedes, se lanzaba como jefe civil a conducir a su pueblo en la guerra: ‟Por la causa de Cuba, dejaré que me claven en la cruz”, proclamó, una idea que adelantó antes de partir de Montecristi (Loynaz, 2001: 167). ‟En la cruz murió el hombre en un día: pero se ha de aprender a morir en la cruz todos los días”, había escrito en República Dominicana (Martí, 1975, t. 20: 478).

Mientras hablaba cautivó a los jóvenes orientales hasta adueñarse de su atención; nunca habían escuchado palabras tan hermosas ni orador tan elocuente. Erguido sobre su caballo Baconao y con el rostro enrojecido por el sol, parecía que las arterias de su cuello iban a estallar por la tensión de la palabra. La amargura contenida frente al temor de no poder evitar los riesgos de la desorganización, la convicción de que solo una campaña rápida neutralizaría las intenciones de Estados Unidos, la certeza de que la república debía crecer de la mano de un gobierno popular, útil, eficaz y respetable, hicieron brotar su prédica más profunda: ‟La revolución triunfará por la abnegación y el valor de Cuba, por su capacidad de sacrificio y decoro de modo que el sacrificio no parezca inútil, ni el decoro de un solo cubano quede lastimado. La revolución trabaja para la república fraternal del porvenir. Sobre las filas heroicas la bandera de Cuba abatirá al opresor […]”, concluyó (Loynaz, 2001: 167). Y aquella masa de campesinos y veteranos estalló eufórica al grito de ‟¡Viva la independencia!”, ‟¡Viva el Presidente!”.

La impresión deslumbradora que Martí dejó entre los combatientes fue el tema de conversación en el vivac. A las 12:00 m. almorzaron y algunos jefes ya se disponían a desplegar las hamacas para la siesta, cuando un oficial de la tropa de Masó llegó sofocado: se habían escuchado tiros en dirección a Dos Ríos

En efecto, una columna española de 800 hombres guiada por un individuo a quien Gómez envió a Remanganaguas por víveres, se aproximaba al campamento e intercambió disparos con una exploración. Se detuvieron para hacer rancho en la margen izquierda del Contramaestre. Los separaban unos 3 km. Por el frente, las fuerzas enemigas tenían a su favor un estrecho callejón de cerca de alambre púa y terreno poco accesible para la caballería; en su izquierda, el río, con profundos barrancos; por su derecha y retaguardia, inmensos bosques seculares.

Frente a tamaño desafío Gómez se propuso otro Palo Seco. ¿Se lo permitiría la bisoña tropa? Gritó en un arranque: “¡A caballo!”, y le ordenó a Masó seguirlo con su gente. Los cornetas llamaron a formación y un instante después, al toque enardecedor de “a degüello”, salieron a la carrera en dos largas hileras, desbocados, al encuentro del adversario que pretendió darles caza.

La crecida del Contramaestre, el fango del suelo sobresaturado por las lluvias de mayo y la marcha por un terreno enmarañado terminaron por desordenar a una tropa que, en su mayoría, se enfrentaba por primera vez a la guerra. Muchos solo tenían un machete o un revólver; algunos, nada. Apenas consiguieron cruzar el río cerca de 150 hombres. En ese instante, el Generalísimo espetó imperioso al Apóstol: ‟Este no es su lugar, Martí”. El propio Gómez, Maceo e incluso en Estados Unidos, antes de zarpar rumbo a Cuba, le habían repetido demasiadas veces lo mismo; pero ¿cómo retroceder apocado delante de los hombres a quienes dos horas antes se dirigió con tanta pasión?

Con Gómez y Martí a la cabeza los mambises cargaron sobre la tropa que cerraba el callejón cercado. La machetearon y siguieron adelante hasta situarse a tiro de pistola de la infantería que había tomado posiciones ventajosas detrás de los árboles. Pasada la 1:00 p. m., una avanzada del 2.0 batallón peninsular, tendida entre un dagame seco —árbol de entre 15 y 20 m de altura— y un fustete —arbusto ramoso y copudo— de porte imponente, observaba a Martí moviéndose de un lado a otro en su llamativo corcel bayo, con sombrero de castor y saco negro, arengando a las fuerzas libertadoras.

El estruendoso martilleo de los fusiles era ensordecedor: en 90 minutos los españoles dispararon 10 075 cartuchos de fusiles; de estos, más de 7 000 en la vanguardia. Atrapadas entre la tupida arboleda, compactas nubes de humo blanco —provocadas por las descargas de Remington que empleaban pólvora negra— dificultaban la visibilidad. El desdén por la muerte y su determinación de combatir hacían de Martí un ser temerario. Y en la primera oportunidad, con un golpe de bridas salió al encuentro de su destino. Por fin peleaba…

Al calor del combate fue a estrellarse sobre la posición española y el impacto de tres proyectiles lo derribó junto a su caballo. El alférez Ángel de la Guardia, ayudante de Masó que lo acompañaba, aprovechó una breve pausa de la balacera y se retiró en busca de ayuda. Anunció que Martí había sido herido y, a pesar de todos sus esfuerzos, no pudo recogerlo. En un impulso desesperado Gómez se lanzó a intentar recobrar el cuerpo y una barrera de proyectiles desde otra línea española apostada en la barranca del Contramaestre, le impidió acercarse. Lo paralizó una cruel encrucijada: atravesar el fuego cruzado camino a la muerte o resignarse a dejar el cuerpo del símbolo de la revolución en terreno enemigo. Nunca más vería al amigo.

Tirado en el suelo hasta el fin del combate, Martí se desangró; luego lo recogieron los españoles. Fue el único combatiente cubano que cayó en aquella jornada. La esposa de José Rosalío Pacheco, bella andaluza que en medio del tiroteo se metió con los dos hijos debajo de la cama, al salir de su refugio lo vio envuelto en una hamaca, en cuyo fondo había un manchón de sangre. No alcanzó a mirarle el rostro, mas por el vocerío supo de quién se trataba.

Las fuerzas cubanas se retiraron presas de la desesperación. Había muerto un hombre que se adoraba al conocerlo. En la noche no fue preciso tocar silencio.

La prematura caída de José Martí tornaría largo y doloroso el camino de la unidad nacional. Con él moría también, quizás, el único líder capaz de aglutinar a la vanguardia intelectual y a la vanguardia política en torno a los intereses de las masas de campesinos y trabajadores explotados del país. En una nación de analfabetos, el brillante pensador que brotó del seno de un humilde hogar habanero alcanzó estatura de conductor de pueblos. Era esa la razón del odio de la élite autonomista hacia su figura. Uno de sus personeros, al que José Miró Argenter no quiso identificar en sus Crónicas de la guerra, “…dijo que Martí había muerto «como quien era: ¡como un payaso!»” (Miró, 1970, t. I: 65).

Gómez, abrumado, no podía creer lo ocurrido: “¡Qué guerra esta! […] al lado de un instante de ligero placer, aparece otro de amarguísimo dolor. Ya nos falta el mejor de los compañeros y el alma, podemos decir, del levantamiento”, registró esa noche en su diario (Gómez, 1968 a: 285).
La muerte de Martí.
Bibliografía
FRANCO, JOSÉ LUCIANO (1989): Antonio Maceo: apuntes para una historia de su vida, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana.
GÓMEZ BÁEZ, MÁXIMO (1968 a): Diario de campaña (1868-1899), Instituto Cubano del Libro, La Habana.
_________________ (1968 b): “Carta al presidente del Club Revolucionario Obreros de la Independencia”, en Casa de las Américas, no. 50, La Habana.
LEAL SPENGLER, EUSEBIO (2009): Legado y memoria, Ediciones Boloña, La Habana.
LOYNAZ DEL CASTILLO, ENRIQUE (2001): Memorias de la guerra, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana.
MAÑACH, JORGE (2001): Martí el Apóstol, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana.
MARTÍ, JOSÉ: Obras completas (1975): Editorial de Ciencias Sociales, La Habana.
_______________ (2009): Obras completas (Edición crítica), Centro de Estudios Martianos, La Habana.
MASÓ PARRA, JUAN (1970): “Carta al capitán Juan Maspons Franco, secretario privado de Antonio Maceo”, Anuario de Estudios Martianos, no. 2, Consejo Nacional de Cultura, La Habana.
MIRÓ ARGENTER, JOSÉ (1970): Crónicas de la guerra, Instituto del Libro, La Habana, t. 1.
PORTUONDO VALDOR, JOSÉ ANTONIO (1976): El pensamiento vivo de Maceo, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana.

miércoles, 22 de enero de 2020

Información ampliada sobre hechos vandálicos contra bustos de José Martí en La Habana


https://www.facebook.com/cubadebate/videos/606505276840480/


El Noticiero Nacional de Televisión ofreció hoy una información ampliada sobre los hechos y autores que 
mancillaron los bustos de José Martí, el primero de enero, en La Habana.

Panter Rodríguez Baró, de 44 años, y Yoel Prieto Tamayo, de 29 años, fueron detenidos en la capital cubana este mes de enero, informó el 8 de enero una nota oficial.

El audiovisual difundido por el NTV muestra cómo en los primeros días de enero se hicieron virales en redes sociales las imágenes de unos bustos de Martí cubiertos por “una sustancia viscosa y roja”, que resultó ser sangre animal: porcina, específicamente.

Los hechos fueron realizados por una supuesta organización mediáticamente construida, que pretendía crear la imagen de la existencia de una “oposición” al Gobierno cubano y actuaba desde la clandestinidad, de ahí el nombre de “Clandestinos” con el que la bautizaron, cuyo propósito era fomentar un ambiente de inseguridad en el país.

Aquel acto de vulgar vandalismo, perpetrado por los delincuentes Panter Rodríguez Baró y Yoel Prieto Tamayo, contra 11 bustos del Apóstol y tres vallas en varios sitios de la ciudad, provocó la repulsa de la inmensa mayoría de cubanos dentro y fuera de la Isla.
Panter Rodríguez Baró (izquierda), de 44 años, con múltiples antecedentes policiacosYoel Prieto Tamayo (derecha), de 29 años. Foto: Razones de Cuba.
Los culpables fueron detenidos con celeridad y pronto confesaron con lujo de detalles. Su rimbombante actuación, que soñaban fuera un largometraje, resultó ser apenas un corto: en apenas días, los vándalos fueron descubiertos y apresados.
Yo tiraba la sangre, Yoel tomaba las fotos y hacía el video, confesó Panter. Sin embargo, algunos “abogados del Diablo” insistieron en su inocencia y en un supuesto montaje de las autoridades cubanas.
Uno de sus más acérrimos defensores, el rapero Aldo Roberto Rodríguez Baquero (integrante del grupo de hip-hop Los Aldeanos), insistió en la inocencia de “su amigo Panter”. Incluso llegó a decir:
–¿Qué pasó? ¿Por qué no se le puede echar un poco de sangre a José Martí?, fueron sus palabras textuales.
Aldo, acompañado de otro rapero. Durante su “defensa” a Panter. Foto: Razones de Cuba.
No obstante, la investigación criminalística realizada, los videos de las cámaras de seguridad obtenidos en las calles por donde transitaron y el resto de las pruebas e indicios recopilados son más que suficiente para desmontar esa “defensa”.
El vandalismo perpetrado contra la figura del Apóstol es parte de un entramado subversivo contra nuestro país y el proceso revolucionario. Prueba de ello es la relación de estos dos delincuentes comunes con Ana Olema Hernández Matamoros, infame cabeza visible de la mafia anticubana radicada en La Florida.
Olema, junto a Luis Manuel Otero Alcántara y el seudoartista conocido como “el Sexto”, son parte de un grupo de “activistas” que, sin obra ninguna, tratan de usar supuestas obras de arte y “performances” para promover el desorden público y el antagonismo con las instituciones del Estado cubano.
Ana Olema, acompañada de El Sexto, y una muestra de su “trabajo”. El cuadro fue firmado en 2016, ¿arte o inspiración para hechos vandálicos? Foto: Razones de Cuba.
El vínculo de los vándalos con Ana Olema no es solo “sentimental”. Durante 2019, la “activista” envió mil dólares en remesas a través de la Western Union a los acusados. 600 dólares fueron en pago por el ultraje a Martí.
“Él me dice ‘tengo una pincha ahí de los bustos de Martí, para que te busques una platica, para que pases bien el fin de año’”, dijo Yoel.
Otras acciones, realizadas en el mes de febrero y también financiadas por esta vía, fueron la colocación de letreros en diferentes lugares contra el voto a favor de la nueva Constitución de la República, por ejemplo, en los alrededores de la Universidad de La Habana.
Durante la investigación, que aún no ha concluido, las autoridades policiales encontraron droga en el garaje de la casa de Panter: “en las latas había cocaína”. Panter confesó abiertamente que él trafica y consume sustancias psicotrópicas, así como los otros tres detenidos involucrados en los hechos: Yoel Prieto Tamayo, Guillermo Mendoza Torroella y Jorge Pérez García.
–¿Qué tú consumes?, le preguntó el oficial a Panter.
–Marihuana o cocaína.
–¿Cómo la consumes?
–En piedra, de esos.
Por supuesto, ni Ana Olema, ni el Sexto, ni nadie de estos patéticos personajes pueden arrogarse el papel de financiar la subversión contra Cuba. Este dinero forma parte de los 30 millones de dólares que el gobierno de los Estados Unidos destinó para estos fines en 2019.
Detenidos los autores materiales del hecho, la contrarrevolución intentó mostrar en redes sociales que existía una “célula clandestina” que todavía operaba en la Isla. Para ello utilizaron a Yonel Fernando Cardoso Freyre, cubano residente en Miami, como rostro público.
Sin embargo, esta vez (y como tantas otras veces) la contrarrevolución, cegada por su odio, ha cometido un error irreparable. Han atacado a un hombre que fue, es y será alma de la nación cubana, más allá de cualquier afinidad política. Por ello, por mucho dinero que la Fundación Cubano Americana dedique a estos y otros actos, jamás triunfarán en su empeño por derrocar la Revolución.
El Estado cubano, además de socialista, es profundamente martiano: postura que el pueblo de Cuba apoya y defiende.
(Con información de Razones de Cuba)


jueves, 9 de enero de 2020

Autores de hechos vandálicos contra bustos de José Martí fueron arrestados


Autores de hechos vandálicos contra bustos de José Martí fueron arrestados

 
 

Los autores de la profanación de algunos bustos del Apóstol José Martí, el primero de enero en La Habana, fueron detenidos en esta capital por las autoridades cubanas.

Las fotos, que documentaban el denigrante hecho y mostraban los bustos del Héroe Nacional cubiertos por sangre de cerdo, fueron hechas públicas a través de internet, con muy breve tiempo después de su realización. De ellas se hicieron eco varios medios “alternativos”, que están al servicio de quienes insisten en orquestar campañas de mentiras contra la realidad cubana.

Mientras que reconocidos seguidores de la derecha de Miami aprobaban estos actos de manera entusiasta, la afrenta al simbolismo que encarna la figura del prócer de nuestra independencia generó una gran ola de repulsa en las redes sociales.

De igual forma, el agravio se denunció como una sucia maniobra mediática para hacer creer que en Cuba existe un clima de inseguridad y violencia.

Los dos autores de estos repudiables hechos son:

1. Panter Rodríguez Baró, de 44 años, con múltiples antecedentes policiacos.
2. Yoel Prieto Tamayo, de 29 años.

sábado, 21 de abril de 2018

Miguel Díaz-Canel recibe a Nicolás Maduro en el Palacio de la Revolución (+ Fotos )




Recibió Miguel Díaz-Canel a su homólogo venezolano Nicolás Maduro. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
El Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba, Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez, recibió hoy en el Palacio de la Revolución a su homólogo venezolano, Nicolás Maduro Moros, en el primer acto oficial del jefe de Estado cubano tras su toma de posesión el 19 de abril.
En la ceremonia, los mandatarios entonaron los himnos de Cuba y Venezuela, pasaron revista a la Guardia de Honor e intercambiaron saludos con los miembros de ambas delegaciones. Seguidamente, sostuvieron conversaciones oficiales.
“Venimos a renovar la esperanza, a renovar los sueños y apuntar hacia el futuro, sobre todo, a visualizar 10 años adelante”, dijo el presidente de la República Bolivariana de Venezuela a la prensa, minutos antes del encuentro, tras rendir honores al Héroe Nacional José Martí, como primera actividad de su visita oficial.
Maduro aseguró que está en Cuba para concertar entre naciones hermanas “qué más se puede hacer, qué más es necesario hacer por nuestros pueblos, por América Latina y el Caribe, para echar bases profundas e indestructibles de la unión política, espiritual, moral y sobre todo económica, que es la que va a cimentar la unión verdadera”.
“La independencia y la liberación del siglo XXI va a descansar sobre la posibilidad que nosotros construyamos una unión poderosa en lo económico. Y a eso vamos a apuntar con el compañero presidente Miguel Díaz-Canel y con el compañero Raúl, que sigue al frente en la vanguardia, dirigiendo la batalla, y con Cuba”, recalcó Nicolás Maduro, quien vestía un elegante liquiliqui azul oscuro, traje tradicional venezolano.
Este sábado, Nicolás Maduro depositó una ofrenda floral ante el monumento al Apóstol, ubicado en la histórica Plaza de la Revolución, junto a Cilia Flores, primera combatiente de la nación bolivariana. Y ascendió al mirador del Memorial, el punto más alto de La Habana, desde donde pudo divisar la “inmensidad” de la ciudad que hoy lo acoge.
En el recibimiento oficial, al presidente venezolano lo acompañaron además  Elías Jaua, ministro de Educación, y el canciller Jorge Arreaza. Por la parte cubana estuvieron presentes Bruno Rodríguez Parilla y Rogelio Sierra Díaz, ministro y viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, respectivamente. Así como Rogelio Polanco Fuentes y Alí Rodríguez Araque, embajadores en ambas naciones.
Maduro, quien llegó a La Habana en la noche del viernes, ha viajado a la Isla en visita oficial para felicitar a Díaz-Canel por su elección —primer saludo personal de un mandatario que recibe el Presidente cubano—, “darle un gran abrazo al hermano mayor” Raúl Castro y ratificar la alianza entre Cuba y Venezuela.

En la ceremonia, los presidentes de Cuba y Venezuela pasaron revista a las tropas formadas para la ocasión. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

Maduro y Díaz-Canel sostuvieron conversaciones oficiales. Foto: Estudios Revolución.

Maduro y Díaz-Canel sostuvieron conversaciones oficiales. Foto: Estudios Revolución.

Nicolás Maduro, presidente de la República Bolivariana de Venezuela, rindió honores al Héroe Nacional José Martí. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

Nicolás Maduro recibió la Orden José Martí, máxima condecoración que otorga el Estado cubano, en marzo de 2016. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

El presidente Nicolás Maduro ofreció declaraciones a la prensa. Foto: Irene Pérez/ Cuba

jueves, 15 de marzo de 2018

Las pretensiones de Estados Unidos hacia Cuba


Este año conmemoraremos el 150 aniversario del inicio de las guerras por la independencia de Cuba, en un contexto en que Estados Unidos aumenta la hostilidad hacia la Revolución Cubana y retoma la Doctrina Monroe para justificar su proyección injerencista de “América para los americanos”. La estrategia de “espera paciente”, la concepción geopolítica del “destino manifiesto” y la “política de la fruta madura” se fue transmitiendo de generación en generación entre los grupos de poder que dominaron los diferentes Gobiernos estadounidenses desde los primeros años del siglo XIX.

Durante las tres guerras independentistas ningún presidente norteamericano reconoció la beligerancia e independencia de los patriotas cubanos. Para descifrar las pretensiones geopolíticas de Estados Unidos hacia Cuba desde entonces, resulta imprescindible analizar los testimonios de los Mayores Generales del Ejército Libertador Carlos Manuel de Céspedes, José Martí, Antonio Maceo y Máximo Gómez.

Estatua de Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
El primer Presidente de la República de Cuba en Armas y Padre de la Patria, en una carta dirigida en 1870 a José Manuel Mestre, representante en Washington del Gobierno en Armas, escribió:
“Por lo que respecta a Estados Unidos tal vez estaré equivocado; pero en mi concepto su gobierno a lo que aspira es a apoderarse de Cuba sin complicaciones peligrosas para su nación y entretanto que no salga del dominio de España. Siquiera sea para constituirse en poder independiente; este es el secreto de su política (…)”.
Desde 1880 vivió desterrado Martí en Estados Unidos, y durante casi 15 años pudo constatar directamente las transformaciones del país y su tránsito de la etapa capitalista a la imperialista. Con la asunción de Benjamín Harrison (1889-1893) a la Casa Blanca y el nombramiento como secretario de Estado al anexionista James G. Blaine, el gobierno estadounidense retomó la idea de comprar a Cuba.
En ese contexto y con motivo de la celebración de la Primera Conferencia Internacional de Estados Americanos, Martí lo alertó, el 29 de octubre de 1889, en carta a Gonzalo de Quesada: “(…) Y una vez en Cuba los Estados Unidos ¿quién los saca de ella? ¿Ni por qué ha de quedar Cuba en América, como según este precedente quedaría, a manera, –no del pueblo que es, propio y capaz–, sino como una nacionalidad artificial, creada por razones estratégicas? Bases más seguras quiero, para mi pueblo. Ese plan en sus resultados, sería un modo directo de anexión”.

Martí era consciente de la necesidad de lograr la unidad para enfrentar a dos enemigos sumamente poderosos: España y Estados Unidos. Con ese objetivo proclamó en Cayo Hueso, el 10 de abril de 1892, el nacimiento del Partido Revolucionario Cubano, del que fue electo Delegado. Agrupó en una misma organización política a los emigrados, a la vieja generación que inició la lucha por la independencia y a las nuevas generaciones

A finales de 1894 había conseguido el armamento necesario para reiniciar la contienda. El 11 de abril de 1895 desembarcó junto a Máximo Gómez por Playitas de Cajobabo; diez días antes lo había hecho Antonio Maceo por Duaba; ambos puntos situados en el oriente cubano. El 5 de mayo se reunieron los tres principales jefes de la guerra en la finca La Mejorana para organizar el curso de la Revolución.

Imagen de José Martí en su visita a Jamaica. Foto: Radio Habana Cuba

Dos semanas más tarde, el 19 de mayo, en Dos Ríos, Martí desoyó el consejo de Gómez, quien le indicó permanecer en la retaguardia y cargó contra una tropa española bien posicionada. Murió en el combate. La víspera escribió a Manuel Mercado:
“La guerra de Cuba, realidad superior a los vagos y dispersos deseos de los cubanos y españoles anexionistas, a que sólo daría relativo poder su alianza con el gobierno de España, ha venido a su hora en América, para evitar, aún contra el empleo franco de todas esas fuerzas, la anexión de Cuba a los Estados Unidos”.
La pérdida del más universal de los cubanos fue irreparable. No obstante, la lucha continuó. Gómez y Maceo habían vivido la experiencia de la posición asumida por los Gobiernos estadounidenses de turno durante la Guerra de los Diez Años. Ambos, al igual que Martí, insistieron en que la independencia se alcanzaba por los propios esfuerzos de los cubanos.

En ese periodo gobernaba la Casa Blanca Grover Cleveland (1893-1897), quien indicó a su secretario de Estado, Richard Olney, retomar la idea de apropiarse de Cuba, manteniendo la compra como primera opción. España se negó. El 14 de julio de 1896, Maceo le escribió al coronel Federico Pérez Carbó, de misión en Nueva York:
“De España jamás esperé nada; siempre nos ha despreciado y sería indigno que se pensase en otra cosa. La libertad se conquista con el filo del machete, no se pide; mendigar derechos es propio de cobardes incapaces de ejercitarlos. Tampoco espero nada de los [norte] americanos; todo debemos fiarlo a nuestros esfuerzos; mejor es subir o caer sin ayuda que contraer deudas de gratitud con un vecino tan poderoso”.


 
El Héroe de Baraguá mantuvo siempre una postura firme de rechazo a las tendencias anexionistas. Tuvo la capacidad de descifrar desde el campo de batalla las intenciones del naciente imperio. Su caída en combate, el 7 de diciembre de 1896, representó un duro golpe para la Revolución, que perdió en poco tiempo a dos de sus jefes más valiosos y con posiciones antimperialistas.
El Generalísimo, con el dolor de haber perdido también en combate junto a Maceo, a su hijo Panchito Gómez Toro, continuó la batalla. Convencido de que en el campo militar la guerra contra España estaba en su etapa final y observando las pretensiones estadounidenses de intervenir en el conflicto, gestionó infructuosamente, con el capitán general Arsenio Martínez Campos, el reconocimiento de la definitiva independencia.

Los peligros advertidos en reiteradas ocasiones por estos cuatro grandes revolucionarios durante casi 30 años de combate, se concretaron con la intervención militar estadounidense en el conflicto hispano-cubano y la firma de la paz entre las dos potencias, sin tener en cuenta a los patriotas cubanos. Con el alma destrozada, el 8 de enero de 1899, el Generalísimo cerró su Diario de Campaña:
“(…) los Americanos han amargado con su tutela impuesta por la fuerza, la alegría de los cubanos vencedores; y no supieron endulzar la pena de los vencidos.
“La situación pues, que se le ha creado a este Pueblo; de miseria material y de apenamiento, por estar cohibido en todos sus actos de soberanía, es cada día más aflictiva, y el día que termine tan extraña situación, es posible que no dejen los americanos aquí ni un adarme de simpatía”.

Estados Unidos ocupó militarmente el territorio cubano. El Tratado de París les permitió izar la bandera de las barras y las estrellas en la Plaza de Armas; a continuación, licenciaron al Ejército Libertador. Querían anexarse el país y no lo consiguieron; una isla anegada con la sangre de sus mejores hijos se los impidió. Entonces establecieron la Enmienda Platt como apéndice a la Constitución cubana, para garantizar que la nueva nación quedara atada en lo político, lo económico y lo mercantil.

Gómez lo denunció en Porvenir de Cuba: “Ellos se fueron, al parecer es verdad. El día 20 de mayo, yo mismo ayudé a enarbolar la bandera cubana en la azotea del Palacio de la Plaza de Armas. ¡Y cuantas cosas pensé yo ese día! Todos vimos que el general Wood, gobernador que fue se hizo a la mar en seguida, llevándose su bandera, pero moralmente tenemos a los americanos aquí”.
La retirada de Estados Unidos fue formal y aplicó además otras fórmulas intervencionistas en el campo ideológico y cultural. Esa fue la realidad de nuestro país durante 60 años, hasta que llegó la definitiva independencia el 1ro. de Enero de 1959, con el triunfo de la Revolución Cubana. Ahí está la esencia del conflicto bilateral entre ambos países que perdura en el tiempo: recuperar la dominación sobre Cuba y transformar su sistema político, económico y social, contra la voluntad soberana del pueblo cubano de defender su independencia y mantener el socialismo

sábado, 24 de febrero de 2018

Celebran en Cuba 123 años de reinicio de luchas independentistas



El conflicto finalizó con la intromisión de Estados Unidos en 1898 y la frustración de la república verdaderamente libre soñada por Martí . Imagen de Radio Habana Cuba.

Cuba celebra hoy, 24 de febrero, el aniversario 123 del reinicio de las luchas independentistas y el comienzo de la llamada Guerra necesaria, organizada por José Martí para lograr la separación definitiva de España.

Como máximo representante del Partido Revolucionario Cubano, Martí organizó la insurrección en Oriente y en el resto del país desde la emigración.

Para alcanzar sus objetivos, el líder independentista se apoyó en las figuras cimeras de la llamada Guerra de los 10 años (1868-1878) y logró articular un movimiento que respondió a sus órdenes.
Bajo la dirección de Martí y Máximo Gómez, como general en jefe del Ejército Libertador, la contienda estalló el 24 de febrero de 1895 con el levantamiento simultáneo en varios puntos de la isla.

Ese hecho es conocido como el Grito de Baire o Grito de Oriente. Esta última denominación fue propuesta para lograr una mayor precisión al tratarse de un alzamiento con múltiples focos.
El conflicto finalizó con la intromisión de Estados Unidos en 1898 y la frustración de la república verdaderamente libre soñada por Martí (caído en combate en mayo de 1895).

Décadas después, la Guerra necesaria sirvió de inspiración a los combatientes de la Guerra de liberación nacional (1956-1958), encabezada por Fidel Castro y con la cual Cuba logró la definitiva independencia.

Para reflejar la tradición de lucha heredada en cada etapa de la historia nacional, el propio Fidel Castro refirió en varias ocasiones que la Revolución cubana era una sola, iniciada en octubre de 1868.

(Con información de Prensa Latina)

sábado, 28 de enero de 2017

Antorchas para Martí y Fidel



Raúl encabeza Marcha de las Antorchas. Foto: L Eduardo Domínguez/ Cubadebate
Raúl encabeza Marcha de las Antorchas en homenaje a José Martí, y dedicada al Líder de la Revolución Fidel Castro. Foto: L Eduardo Domínguez/ Cubadebate

El presidente cubano, Raúl Castro Ruz, encabezó la Marcha de las Antorchas realizada en homenaje al aniversario 164 del natalicio del Héroe Nacional, José Martí, y en la que también recordaron al Líder Histórico de la Revolución Cubana, Fidel Castro.

Seguido por miles de estudiantes de las distintas enseñanzas, la juventud y el pueblo en general, el General de Ejército cubrió el trayecto que va desde la escalinata de la Universidad de La Habana hasta la Fragua Martiana, sitio en el cual estuvieron las antiguas Canteras de San Lázaro, donde Martí sufrió prisión a los 16 años.

Previo al inicio del desfile, la presidenta de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), Jennifer Bello, instó a los participantes a ratificar su compromiso con la defensa de la Patria y la Revolución:
“Cuba vibra esta noche, cuando miles de estudiantes y jóvenes reeditamos la Marcha de las Antorchas, esta vez en toda la isla, como homenaje y tributo sincero a nuestro José Martí, quien se ha convertido en savia nutricia del pensamiento de cada nueva generación, en inspiración necesaria que alienta a la unidad, a la razón y al sacrificio”.
Bello subrayó que esta edición del desfile está dedicada al líder histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro, quien falleció el pasado 25 de noviembre.

“Fidel está, porque Fidel somos nosotros, los que continuaremos iluminando el presente y el futuro de la nación siguiendo como método su práctica revolucionaria y su actitud ética”, aseguró la joven miembro del Consejo de Estado.

Agregó que también otras motivaciones especiales de la marcha son la conmemoración del aniversario 55 de la Unión de Jóvenes Comunistas y el año 95 de la FEU. Además, el desfile es un saludo al XIX Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes y a la solidaridad mundial.
“Marchemos para demostrar que la defensa de Nuestra América y la unidad de nuestros pueblos es un deber de todos. Marchemos para reafirmar que esta es la Revolución joven de Fidel, de Raúl y de las nuevas generaciones”, alentó.

La Marcha de las Antorchas se realizó por primera vez en la medianoche del 27 de enero de 1953, para esperar el advenimiento del centenario del natalicio de José Martí.

Cada nueva edición del desfile constituye una muestra del apoyo del estudiantado cubano a la Revolución.

Estuvieron presentes además, el Primer Vicepresidente Miguel Díaz-Canel, el segundo secretario del Comité Central del Partido y vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, José Ramón Machado Ventura; el miembro del Buró Político, Comandante de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez, entre otros dirigentes del Partido, el Gobierno, las organizaciones políticas y de masas.
Foto: L Eduardo Domínguez/ Cubadebate
Foto: L Eduardo Domínguez/ Cubadebate
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“Fidel está, porque Fidel somos nosotros, los que continuaremos iluminando el presente y el futuro de la nación”, afirmó Jennifer Bello. Foto: L Eduardo Domínguez/ Cubadebate
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Dos jóvenes músicos regalaron una canción a las antorchas que acompañaban a Martí y Fidel. Foto: L Eduardo Domínguez/ Cubadebate
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Foto: L Eduardo Domínguez/ Cubadebate
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Una banda de música encabezó la Marcha de las Antorchas. Foto: L Eduardo Domínguez/ Cubadebate
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Mujeres, hombres, niños, pueblo cubano, juntos para rendir homenaje al apóstol y al Líder de la Revolución cubana, Fidel Castro. Foto: L Eduardo Domínguez/ Cubadebate
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A ambos lados de la Marcha, el pueblo se reunía para acompañar la ceremonia. Foto: L Eduardo Domínguez/ Cubadebate
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Raúl camino a la Fragua Martiana, donde rindió tributo al prócer cubano, genuino defensor de la unidad e integración latinoamericana. Foto: L Eduardo Domínguez/ Cubadebate
(Con información de Prensa Latina)

lunes, 26 de diciembre de 2016

Eusebio Leal Spengler: La novia de Martí y Fidel es Cuba (+ Video)



Mesa Redonda; Eusebio Leal; Cuba.
Entrevista a Eusebio Leal realizada por el periodista Randy Alonso para la Mesa Redonda. Foto: Roberto Garaycoa

Transcripción entrevista a Eusebio Leal Spengler en la Mesa Redonda

Randy: Muy buenas tardes estimados televidentes y radioyentes. De mi interlocutor de esta tarde escribió en una misiva Fina García Marruz: “En su sacrificio humilde, en la entrega tenaz de sus horas, en la vehemencia prometeica con que ama a La Habana, Eusebio Leal— como en otras tantas cosas—, es donde está su huella. Cuando lo olviden los hombres, todavía lo recordarán las piedras”.
Los hombres lo siguen amando, las piedras están ahí para contar esa historia, pero nuestra última Mesa de viernes del 2016, viernes que hemos dedicado a hablar de valores, de la historia de nuestros héroes y también de historias de vida de esos héroes cotidianos del trabajo que tenemos en nuestro país, queremos dedicársela a Eusebio Leal, para que hable un poco de todo eso, de historia, de historias de vida, también del presente y del futuro, de los valores que necesita defender este país.
Gracias Eusebio por concedernos esa deferencia y también por recibirnos acá, en su patio, en La Habana Vieja, en esta antigua Lonja del Comercio, hoy sede de Habana Radio y de la Dirección de Comunicación de la Oficina del Historiador. Le doy las gracias, lo invito a que nos acompañe usted con su verbo durante esta casi hora de programa, y a nuestros televidentes a que estén esta tarde para conversar con Eusebio Leal.

Eusebio Leal: Muchas gracias.

Randy: Conversar con Eusebio Leal implica sobre todo comenzar hablando de la Habana Vieja, de sus pasiones, de La Habana toda, en definitiva, que está en su alma.

La restauración de la Habana Vieja usted dijo alguna vez que es un capítulo de la Revolución Cubana. Cincuenta años o más de trabajo para esta ciudad, más de 20 después de aquel decreto de Fidel diciendo cómo acometer esta restauración de la Habana Vieja. ¿En qué momento estamos de ese capítulo de la Revolución que es la preservación de La Habana Vieja? ¿Cómo ha avanzado en este 2016 esa preservación del patrimonio de Cuba que es este lugar?

Eusebio Leal: Pienso que avanzó en lo visible y en lo que por lo general no apreciamos porque está lejos del contacto cotidiano, de nuestra presencia. Se restauraron obras muy valiosas, algunas de ellas están todavía en proceso de restauración. Creo que el ejemplo más elocuente es el Capitolio Nacional, una obra muy complicada donde ahora estamos enfrascados en la cúpula, que es como su corona. Lo que nos parece pequeño desde abajo, arriba es muy alto. Los riesgos del trabajo y la osadía de los trabajadores a esa altura cuando hay viento, cuando hay sol, es realmente muy fuerte y se viene ya dominando ese capítulo de la linterna, con las lámparas y la cúpula.

Posteriormente, otro equipo de trabajo joven, formado por graduados de la Escuela Taller Gaspar Melchor de Jovellanos, enfrenta los desafíos del techo del gran Salón de los Pasos Perdidos. Tengamos presente que ese techo está pintado o retocado con hojas de láminas de oro de 24 quilates; entonces hay que limpiar cuidadosamente todos esos metales y llegar al interior de la cúpula desde el gran salón. Al mismo tiempo, en la base de la sala y al pie de la gran estatua de la República, se ubica la cripta donde estará la lámpara votiva al soldado mambí desconocido. En estos días se trabaja fuertemente para terminar el 2 de diciembre toda esta parte de la cripta, que es como el fundamento del esfuerzo por la creación de una nación. Es una obra muy bella y ya podemos decir que la Asamblea Nacional tiene como sede institucional al Capitolio.

Randy: Desde hace ya casi un mes.

Eusebio Leal: Es muy importante esta reubicación pues le devuelve el contenido al conteniente. Otro paso inmediato será la apertura de la biblioteca, de los grandes salones de protocolo y estancia. Otras obras de gran importancia se han hecho abajo, en lo que podríamos llamar la plataforma de la ciudad antigua. Ahí se trabaja calladamente en la digitalización de una documentación enorme, que forma parte del archivo de la Ciudad de La Habana, una ciudad capital que tiene un archivo que no solamente se refiere a su propia historia, sino a la historia de los forasteros que han habitado aquí. Es uno de los yacimientos documentales más importantes. Para eso, a lo largo de cada año se hacen adquisiciones valiosas.

También se trabajan y concluyen obras muy importantes en el Centro de Interpretación de las Relaciones Europa-América, Cuba-Europa, que es el otrora Palacio del Segundo Cabo. Es un edificio muy bello, posee dentro magníficas instalaciones para el fomento del conocimiento, utilizando las tecnologías 3D y 4D. Tiene bibliotecas digitales estupendas.

Se trabaja y casi está concluido, en el antiguo Palacio del Marqués de Arcos, en la Plaza de la Catedral, también dotado de una alta tecnología para el trabajo de los jóvenes poetas, artistas, creadores; un centro de información avanzado cuyos equipamientos han sido donados por el gobierno de Japón y resultan ser muy novedosos dentro de la docencia cultural en nuestro país.

Y nos empleamos a diario en un trabajo invisible que es el de los restauradores quienes van lentamente poniendo en valor pinturas, documentos, libros, textiles… y que forman un yacimiento creciente sobre el cual se levantan los valores de una nación y un pueblo, pues son en definitiva sus símbolos.

Hay trabajos que se han concluido en la Avenida del Puerto, se sigue avanzando en esa dirección.

Randy: Ha cambiado totalmente la Avenida del Puerto, el Prado también creo que tiene otra dimensión.

Eusebio Leal:
Desde el Castillo de la Punta, hasta el Embarcadero de Regla; desde la Punta hasta la Casa de las Tejas Verdes; en la línea del Prado, los grandes hoteles que se levantan sobre la base de los estudios realizados por el Plan Maestro, las aprobaciones de la Comisión de Monumentos, el respeto de las alturas, el respeto aún a muros que es lo que se ha conservado de algunos edificios perdidos y que yo diría que románticamente se preservaron esos muros cuando algunos decían “¿por qué no demolemos esa basura, eso no tiene ya ningún sentido?”. Creo que hay que tener mucho cuidado siempre; para demoler y para derribar hay hachas y mandarrias, y para construir faltan manos. Hace falta multiplicar las segundas y disminuir las primeras.

Randy: Eso me lleva a otra pregunta, porque este año que estamos terminando ha sido difícil en lo económico, en lo social; ha sido un año difícil también para usted en lo personal ¿Cómo hacer esta obra tan monumental en medio de tantas dificultades? ¿Cómo enfrentarse también a la pérdida de identidad?

Eusebio Leal: En el combate fiero de Naranjo, en Camagüey – fueron cuatro acciones militares las llevadas a cabo por Máximo Gómez entre Las Tunas, un poquito más allá del Jobabo, en Palo Seco y después en tierra de Camagüey, – hieren a un joven oficial cubano, le dan un balazo en la pierna. Cuando lo llevaron allí al vivac donde estaban los médicos trabajando en las condiciones en que se podía en medio de una campaña heroica como aquella, el médico estaba ya con los instrumentos en la mano y al lado él se percató, herido y adolorido, de que estaban los serruchos. El médico le preguntó con frialdad: ¿cómo quiere que le deje la pierna, encogida o estirada? Y le respondió fríamente: “como me sirva para montar a caballo”.

En relación con lo primero que me dijiste la respuesta es esa: como me sirva para montar a caballo. Salí para montar a caballo y fue muy difícil montarlo en los primeros meses de este año; pero creo que todo mi pensamiento ha estado puesto en la obra, porque la obra llenó una parte tan grande mi vida que no sé si algún día me arrepentiré lo suficiente de haber olvidado otras. Pero esta, que fue como la vocación, ocupó el centro.

Y volví rodeado, claro está, porque nadie hace obras solo. Vine rodeado, porque el poeta necesita una musa, el pintor una visión y a los que no han visto o ya no ven pero vieron alguna vez, les queda una luz por dentro. Mi fuente de inspiración motivó a otros compañeros, a otros colaboradores, y regresé con ellos. Hemos recomenzado o continuado la labor en pro de restaurar y reunir, siempre con la idea de que no coleccionamos cosas viejas, y que de ninguna manera esto es el culto del pasado por el pasado, de que sin pasado no hay futuro, que hay que someter a crítica todo, pero también hay que preservar y sacar, como alguien le corta a la flor de tallo largo las pavorosas espinas para que no ocurra un accidente. Así hay que hacer con las cosas de pasado, quitar las espinas inútiles y dolorosas y salvar la rosa, que es lo más importante; y la rosa es el patrimonio cultural, el patrimonio espiritual, el patrimonio moral de un país que va desde la posesión individual de una foto que lo liga a su madre, a su padre, a su pasado, a su familia, a sus raíces; hasta cosas que son de carácter superior y entran en el mundo de los recuerdos imponderables, de los intangibles, de lo inmaterial que flota sobre las aguas como un espíritu.

Para eso trabajamos. Para eso me formé y trabajé. Tú aludiste al Decreto y a la ley. Está en bronce colocado el texto a la entrada del Museo de la Ciudad porque me di cuenta de que se trataba de algo trascendental para el patrimonio cultural a escala mundial. Como asistente a múltiples congresos y manteniendo correspondencia con expertos en todo el globo, ninguno dispuso jamás de un instrumento tan actual y tan previsor como ese Decreto ley 143, defendido una noche ante el Consejo de Estado bajo la presidencia del compañero Fidel. Él como letrado reformó, cambió y puntualizó consultándome durante varios días y noches, hasta que lo consideró terminado, dándole un carácter moderno a la proyección y buscando que no se convirtiera en una fantasía la utopía.

Fidel fue un gran defensor de la utopía. Creía firmemente en la noble idea de que se podía aspirar a lo imposible y por eso logró tantas cosas. La defensa a la utopía fue el lema escogido. Una defensa rabiosa de la utopía en medio de ciclones, de penurias económicas, de limitantes, de decepciones, de incomprensiones, para después obtener como resultado primero el reconocimiento de los cubanos, porque para mí lo más importante ante todo siempre es mi gente, mis compatriotas. Segundo, que desde Baracoa hasta Pinar del Río hayan surgido proyectos originales como los de Cienfuegos, Camagüey, Sancti Spíritus, Trinidad, Santiago… en donde quiera que fuera posible surgió un proyecto. En Bayamo, en Remedios… Son proyectos que tratan de tomar lo valioso y útil del nuestro. Lo acabo de comprobar en Santiago de Cuba viendo los frutos del trabajo de la Escuela Taller, el entusiasmo de los que rigen el Plan Maestro. Lo he visto en Camagüey donde ahora cumple 20 años la Oficina del Historiador. Lo he visto en Cienfuegos, admirablemente interpretado y hecho a la medida de la ciudad, que es lo importante.

Fidel nos enseñó que ni calco ni copia como decía Mariátegui, todo tiene que ser una creación heroica dadas nuestras circunstancias, y así ha sido
Entrevista a Eusebio Leal realizada por el periodista Randy Alonso para la Mesa Redonda. Foto: Roberto Garaycoa
Entrevista a Eusebio Leal realizada por el periodista Randy Alonso para la Mesa Redonda. Foto: Roberto Garaycoa

Randy: El privilegio de haber conocido a Eusebio Leal hace ya algunos cuantos años me lleva a pensar que su espada más importante es la perseverancia. De un joven que apenas tenía 6to grado, entró a la universidad y se convirtió en Doctor y en unos de los intelectuales más reconocidos de nuestro país. De apenas un joven ayudante de Emilio Roig, llegó a ser el Historiador de la Ciudad, siguiendo su tradición y ampliando su obra ¿De dónde le viene esa perseverancia a Eusebio?

Eusebio Leal: Mi mamá fue la gran perseverante, fue la piedra angular, fue una madre romana en ese sentido. Su educación no era tanto en admoniciones, como en ese ejemplo práctico día y noche, mostrando cuál era el camino, bajo un lema que siempre repetía: “que tú no pases lo que yo pasé”. Ella no pudo ir a la escuela, tuvo que trabajar, y decía: tú no debes dejar de estudiar. Ella fue honrada, virtuosa y me dijo siempre: la honradez es el símbolo de la verdadera virtud, de ahí nacen todos los demás valores.

Después decididamente me tocó vivir el acontecimiento más glorioso de la historia, no me tocó vivir en el 68, – tiemblo pensando qué habría hecho -, no me tocó vivir en el 95, pero me tocó vivir la epopeya del 59, y recuerdo perfectamente – porque viejo soy – desde el asalto al Cuartel Moncada hasta los acontecimientos posteriores. Recuerdo mi vida en ese tiempo, a los compañeros que perdí en la lucha, que conocí o vi de lejos y de pronto un día desaparecieron en vorágines de la Revolución, de la insurgencia, y después los años de la Revolución consumada.

Vino la ruptura absoluta, fue como un gran cataclismo, una cosa que se derrumbaba por todas partes y de pronto iba apareciendo otra con una fuerza volcánica. Se levantó la tierra y nos vimos arrastrados por esa marea de la Revolución de la que hablaba Henry Reeve a Máximo Gómez, “iremos a donde la marea de la Revolución nos lleve”, a Manga Larga en Camagüey a cortar la caña en medio del agua y de los mosquitos insaciables, a los barrios periféricos de La Habana con la Alfabetización, a otras movilizaciones infinitas, a las brigadas sanitarias, a la milicias revolucionarias, y vivimos todas las rupturas personales, familiares o con las amistades
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Se cumplía aquel principio de que era sí o no, estábamos o no estábamos, y todo eso con su gran poder de generación de fortaleza, y al mismo tiempo con su gran capacidad de generar dolores y sufrimientos. Ver partir padres, amigos, parientes y poder ver después la estabilización, la victoria de la Revolución, haber asistido a la supervivencia de la única Revolución.

Cuando miro hacia atrás me pregunto: ¿A qué edad murió Bolívar? ¿A qué edad murió Martí? ¿A qué edad Gómez, García, Céspedes, Maceo? ¿Qué es esto? Nos tocó el privilegio de poder vivir y ver a los hombres de la Revolución; vivir y sobrevivir a ella, cambiarla, retomar el camino, analizar los necesarios extravíos, rectificar errores, cometerlos que es de humanos. Es una Revolución hecha por hombres, no por arcángeles disfrazados de seres humanos; y en medio de ese vorágine vivir, y de pronto, conmovidos por el resultado al vivir tanto, poder afirmar como el filósofo – tranquilos ahora ante este paisaje, sin que hayan desaparecido las inquietudes y zozobras, pero más tranquilos porque tenemos la experiencia necesaria: “Pienso, luego existo”. Quiere decir que si pensamos es que vivimos.

Randy: Estamos conversando hoy en la Mesa Redonda de Viernes con Eusebio Leal, Historiador de la Ciudad, uno de los más importantes intelectuales de nuestro, sobre lo que cada viernes nos convoca a este programa: sobre valores, historia, de la vida también, de un hombre que ha visto la Revolución a lo largo de los años y que ha sido partícipe importante de las transformaciones que la Revolución ha provocado en nuestro pueblo
.
Ha sido el 2016 también un año de contradicciones y de debate ideológico y creo que eso por supuesto también es parte del panorama que vemos cuando miramos hacia atrás este año que está terminando. Me gustaría entrar quizás en dos de las polémicas importantes que hubo este año. Primero: ¿para usted qué cosa es la cubanía, el ser cubano, el ser patriota?

Eusebio Leal: La cubanidad perdió un poco su sentido cuando se mal utilizó para englobar en ella el accidente de la cuna y de las conductas. La cubanía es otra cosa: la cubanía es la aceptación plena de lo que somos, con orgullo que no ofende a otros, porque siempre nos consideramos parte de la humanidad y parte de la América nuestra.

La cubanía es no fragmentar el pensamiento de los fundadores, sino comprenderlos en su tiempo. Me refiero concretamente al pensamiento de Martí, o al de Varona, o al de Heredia, o al de Luz y Caballero o al de Varela. Hay que poseer el conocimiento culto del por qué y para qué. A partir de ahí uno se siente más seguro y no una criatura que cayó de casualidad en una isla, que es como una barca que navega por el Caribe.

Esta isla tiene sus fundamentos, está anclada en lo profundo del mar y este es un archipiélago. El otro día le escribí a un amigo diciéndole que cuando Tomás Moro pensó en una isla utópica, en esa latitud del mundo, pensaba en la nuestra. Siempre he creído en eso firmemente. No deben estar desesperados ni angustiados los sembradores, porque si hasta ahora lo que se lanzó como semilla en tierra fértil no se ha visto florecer, florecerá. Aquí no hay que estar tratando de precipitar; hay que tener confianza, porque entre otras cosas ya no habría tiempo para volver a decir que la siembra que hicimos se echó a perder por esto o por aquello. Creo mucho en eso, en la parábola del sembrador: uno siembra y otro recoge.

Como Fidel, tengo una formación bíblica y una formación martiana, son dos elementos importantes. He estudiado profundamente a los clásicos del pensamiento revolucionario moderno y cada día me convenzo más de que las fuentes nuestras nos llevaban como dice Cintio Vitier en su maravilloso ensayo “Ese Sol del Mundo Moral”, de una manera directa e inequívoca, de la raíz al presente.
Si nosotros somos capaces, de verdad, de trasmitir no como consigna, sino con pasión sincera, con una devoción que no sea edulcorada, que no sea manida, que no sature, sino que crea de verdad en lo que dice… nadie da lo que no tiene Randy, cuando dices lo que tú no crees, algo hay de falso en tu palabra, y todos los días lo apreciamos en la vida real.

Te voy a poner dos ejemplos: una colaboradora mía muy querida se iba del país. Si mi colaboradora valoró que su destino como su familia estaban en otra parte y quería ir, que vaya. Hemos conseguido con mucho esfuerzo el disfrute y goce de nuestra libertad, pero ella lloró amargamente y me dijo: aprendí mucho y donde quiera que vaya llevaré el recuerdo de mi país y de usted.

La segunda fue una sorpresa hace unas horas. Se presentaba en todos los lugares, hablaba con mucha energía y de pronto sobre su mesa apareció el teléfono, la llave, unas pequeñas notas dejando cerrado el buró y desapareció al día siguiente. ¿Qué debo creer? ¿Más en lo primero o en lo segundo?

Resueltamente creo en lo primero más que en lo segundo. No quiero falsas promesas, no quiero palabras de devoción circunstanciales. A mí me gusta la vida, como le gustaba decir a Fidel cuando mencionaba la poesía en la cual se refugiaba. En momentos difíciles recordaba a los poetas clásicos españoles y cubanos que tanto quería. “La vida que tenía ya la di”, decía un poema y es verdad. Nuestras vidas han decursado no en otra cosa que no sea en el servicio de nuestro país, y no porque seamos buenos… Muchas veces afirmo, como dijo honestamente un buen amigo cuando alguien le preguntó ¿y usted por qué se quedó?, y respondió: “No, yo me fui quedando, lo fui dejando para el día siguiente, para el otro, para el otro, y de pronto me quedé”

Porque las revoluciones son duras, son fuertes, en la UNEAC una vez me preguntaron y respondí en aquel congreso que fui como el Abate Sieyès cuando le preguntaron qué hizo durante la Revolución y confesó: “sobreviví a ella”. Ahora sobrevivir a la Revolución no es ir escapando por una esquina o por la otra. Sobrevivir es ir militando en ella, es no temer al soldado, es serlo.

En ese sentido creo que el decálogo de Fidel en el momento supremo de su madurez política, que está contenido en el concepto de Revolución, hay que desgranarlo y penetrar en cada una de esas conceptualizaciones para entender. Algunas abren unas incógnitas tremendas, las fuerzas externas las conocemos ¿y las internas cuáles son?, ¿cuáles son esas contradicciones?, ¿cuál es la verdad a la que debemos seguir?

El principio evangélico de la verdad os hará libres, es veraz, pero ¿cuál es nuestra verdad? Nuestra verdad tiene que ser creer profundamente en la solidaridad, creer en que todo pobre de la tierra es nuestro hermano, porque es creer en el principio cespediano de que Cuba quiere su libertad para extender una mano generosa a todos los pueblos del mundo; quiere decir no mentir nunca, ni omitir, porque hay veces que lo grave no es que te mientan, lo grave es que omitan y después te digan “no, no le dijimos eso Randy, para no darle un terrible disgusto”. No, ahora me lo van a dar dos veces, porque el omitir es también una forma de traicionar, sobre todo a los que dirigen. Hay que decirles siempre la verdad, aunque se corra el riesgo de que no la comprendan en el momento. Entonces así voy analizando el concepto y es cuando Fidel me parece más grande y más importante que nunca.
Entrevista a Eusebio Leal realizada por el periodista Randy Alonso para la Mesa Redonda. Foto: Roberto Garaycoa
Entrevista a Eusebio Leal realizada por el periodista Randy Alonso para la Mesa Redonda. Foto: Roberto Garaycoa

Randy: Sobre Fidel me gustaría retomar un poco más adelante en esta entrevista; pero hablando de polémica, usted que es un constructor de símbolos, porque la Habana Vieja es todo un símbolo para este país: Los símbolos nacionales han sido parte también de la polémica de este año. Usted ha sido uno de los polemistas más agudos en medio de ese debate. ¿Qué le preocupa sobre el uso de los símbolos?, ¿cuál es su pensamiento sobre cómo debemos usar los cubanos nuestros símbolos nacionales?

Eusebio Leal: Todo tiene su momento. Un día siendo joven entré en el cine del barrio chino, donde estaban poniendo una película. No sé porque me gustó la ópera china en blanco y negro, es extraño, y me gusta todavía; de vez en cuando pongo la televisión china y la veo. Pero en el cine pasó algo asombroso, una persona de pronto empezó a reírse y uno que estaba allí, que evidentemente era chino, le dijo: “oiga, esto no es pa lei, esto es pa llolá” y le dio una lección. Quiere decir que cada cosa tiene su lugar y tiene su momento.

Comprendo que no hice bien hoy, porque creo que, ni aún en la singularidad debe imponer uno sus costumbres. Tú has venido como debes venir y yo vine con mi ropa de todos los días al programa; pero hasta cierto punto le he dado dignidad a esta ropa, aunque sé que no debo ponérmela en todo momento. Pero comprendo, Randy, que cada momento tiene su propia exigencia y te diría lo mismo en relación a los símbolos nacionales.

Ahí está el paredón de los estudiantes del 71, lo que pasó ahí no tuvo nombre. ¿Acaso fue uno de los crímenes más odiosos que se cometieron en todo tiempo? Martí habla de que esa pared se convirtió en un día para Cuba en un baño de sangre, en un manantial, y te diría que es muy duro ver de pronto una cumbancha frente a ese monumento. Allí hay que ir con la cabeza descubierta, allí hay que ir con los niños y contarles que hubo un día funesto en que – no como aparecen en el cuadro, todos juntos, sino de dos en dos – fueron fusilados por un crimen que no habían cometido.

Algunos afirmaron que aquellos jóvenes habían cometido el crimen de la profanación de una tumba pero habían cometido “un crimen” más importante que era el de su cubanía, que brotaba en flor en sus rostros juveniles. Entonces a mí no me gusta ver la bandera cubana, ¡qué tanta sangre ha costado! vituperada. Martí pide que la pongan en su tumba. Cuando las señoritas de Camagüey le entregan la bandera bordada por ellas a Maceo él dice estas palabras: “Yo llevaré esta bandera hacia Occidente o volveré envuelto entre sus pliegues”.

Entonces, no quiero verla en el atuendo de un rumbero o en una rumbera, no quiero verla en una ropa interior, no quiero ver la estrella que iluminó a Heredia en una ropa impúdica. Quiero que se aprenda a valorar lo que la bandera significa. De lo contrario, ¿qué sentido tiene que el ejército esté dispuesto a morir por ella, y que se cuadre ante ella, y que le toque signos de clarín cuando se levanta y cuando desciende?

Creo que no puede denigrarse a la bandera y que eso está más allá de la ley. ¿Por qué llevan las naves de combate la bandera de Céspedes en el palo Bauprés? Porque hubo un valiente como el peruano Leoncio Prado que en Centroamérica se apoderó de una nave española y le puso Carlos Manuel de Céspedes y allí, en el palo Bauprés va la bandera de Céspedes. ¿Y por qué razón llevan la otra de las cinco franjas y el triángulo equilátero, lavada con la sangre de tanto sacrificio, la de Cárdenas, la que trajo el General Narciso López en momentos en que la corriente ideológica no era clara y algunos de buena fe creían que la estrella cubana debía pasar por el sur de Estados Unidos, no como un sentimiento, sino como un cálculo?

¿Cómo es posible entonces que los cubanos estemos dispuestos a decir que “en nombre de que el pueblo asuma lo que es suyo” la bandera puede emplearse vulgarmente? No, el pueblo que asuma lo que es suyo; pero cuando se toque el himno hay que levantarse. Cuando se está cubierto, hay que descubrirse. Solo los militares tienen el privilegio de estar cubiertos, porque saludan la bandera de Cuba. Entré en esa batalla por eso, y díganme lo que me digan, ese es el principio: ni colgada de mantel en ningún lugar, ni puesta en un mostrador, ni utilizada como vestuario ridículo. De ninguna manera. Pero la ley no lo puede contener todo, la ley no puede ir hasta el detalle, la ley tiene que ser flexible. ¿Es acaso malo que un deportista de Cuba en su uniforme lleve en el hombro el anagrama de Cuba? ¿Es imposible que un niño lleve en su pañoleta el escudo de su patria o el perfil de Martí? ¿Es punible que a un atleta que llora cuando ve su victoria olímpica le ofrezcan la bandera, para que la coloque sobre su hombro y corra emocionado? No, de ninguna manera. Hay diferencias, he ahí la cuestión.

Randy: Leyéndolo y también escuchándolo en varias ocasiones, tengo dos frases que me gustaría unir. Usted decía que “el subdesarrollo genera como mal terrible el olvido” y también ha dicho que “hay que ir a los jóvenes” ¿Cómo combinar en la acción de todos los días ese preservar la historia, los monumentos, nuestras propias vidas y, por otro lado, creer en los jóvenes que es creer también en el futuro?

Eusebio Leal: Empecemos por ahí, primero no creer que “tenemos” a la juventud cubana. A la juventud cubana siempre hay que conquistarla, los jóvenes son siempre nuevas generaciones, nuevas, nuevas y nuevas…Hay jóvenes que nacen viejos, tú los ves y actúan como viejos mentalmente. Es una cuestión genética. Y hay jóvenes para toda la eternidad. No muestran una actitud juvenil ridícula, sino una actitud juvenil consecuente: arresto, carácter, esfuerzo, sonrisas, capacidad creativa. Esa es la juventud, poder, energía, fuerza, voluntad de conquista.

Ahora, a eso hay que darle un contenido y una ética. Sabemos por el propio Fidel, en la amplitud de su doctrina política, que en ese concepto caben todos, porque debemos llamar a los virtuosos y a los que no lo son y atraerlos a nosotros y conquistarlos. Porque si no, ¿qué podríamos decir de algunos hombres que entraron en la historia por el camino equivocado y se transformaron luego en otros?
San Pablo, perseguidor de cristianos a las puertas de Damasco, se convierte en lo que luego fue: el Apóstol de los gentiles. Máximo Gómez, quien combate contra los suyos en la Guerra Civil Dominicana y no ve claro que el camino era el de Gregorio Luperón, se convierte en un libertador y muere como un gran libertador de América, despreciando todo poder que no fuera el de la gloria conquistada al conocer las contradicciones esclavistas y la sociedad brutal que había instaurado España en Cuba. O Braulio Coroneaux, quien se había alistado en el ejército de Batista y luego dispara en el Moncada y muere luchando por la Revolución.
Siempre hay una posibilidad y eso es válido para todos los jóv
enes y para todo el que quiera venir y seguirnos. Ese debe ser el llamamiento ¡vengan todos a nosotros! Con sus singularidades, con sus características. En un mundo tan pluralista como el actual, nadie tiene el monopolio absoluto de la razón, por eso Fidel previó que en esta Revolución debía caber todo aquello y todos aquellos que tuvieran la posibilidad de construir con ella y de hacer con ella. Ese fue el espíritu de Mella, el fundador. Ese fue el espíritu de Frank y de Abel, de los cuales hay que hablar más.

Entonces, para mí no cabe duda, hay que conquistar y en esa voluntad de conquista entran todos los valores, los mejores valores cristianos, los mejores valores marxistas, los mejores valores de todos aquellos que luchan por un mundo mejor, que creen en la solidaridad, en el amor entre la gente, en la capacidad del sacrificio, en la utilidad de la virtud y el futuro, como decía Martí.

Randy: ¿Cómo combinar ese mirar al futuro con el preservar el pasado?

Eusebio Leal: No se puede ir al futuro sin el pasado. Hay que mirar atrás y ver de dónde vinimos. Cuando me refiero a que el subdesarrollo tiene como mal fundamental una especie de amnesia, es que siempre hay que comenzar de nuevo. Hay una especie de olvido de lo pretérito, un alzhéimer social. Se recuerda lo inmediato pero no lo pretérito, se vuelve a inventar lo ya inventado, se manifiesta como novedad lo que ya otro descubrió. No, un momento…Tengo que ir a José Agustín Caballero, el tío de José de la Luz que reformó la enseñanza en Cuba. Tengo que ir necesariamente a Heredia, porque así le dice Martí. ¿Acaso fue él quien sembró en nosotros ese amor a Cuba? Tengo que ir a Varona y a Luz y Caballero, tengo que acudir a ese sentido pleno de la educación y de la cultura. Tengo que apelar a la ciencia cubana.

Me pregunto: ¿Albarrán? ¿Cómo podemos olvidar a ese joven brillante o a Finlay por algo más que el descubrimiento del agente transmisor? Finlay era un gran médico, no descubrió eso por casualidad. A Poey, a Romay; y así podemos entender a los que han aportado, a los que han hecho hoy. Y entonces, sobre ese fundamento, Cuba es Cuba
.
Cuba no es una improvisación de unas cabezas calenturientas, no es una invención de Martí como ha dicho un perverso. No se trata de una acumulación de anécdotas. Cuba es algo más que eso. Un fotógrafo vino ayer y me dijo: “he querido traerle mi carpeta”. La abrí y me quedé deslumbrado, porque estaba frente a un verdadero artista. Y me dijo: “Mire, esta la tomé en el Abra del Yumurí; esta otra en Oriente, con el ciclón, iba detrás con la cámara y el botero se detuvo para contemplar el paisaje y me dijo, muchas veces he visto esto, pero nunca lo he visto como hoy”. El deslumbramiento del país en un primer hecho; segundo, el concepto de la Patria. El concepto de que existe algo entre nosotros, una inquietud, una emoción, y que nos lleva a pensar que somos cubanos, y que como dice Martí, es ese dulcísimo misterio, esa ternura, que hacen que una palabra adquiera esa dimensión especial para nosotros en cualquier parte del mundo: cubano.

Y lo tercero, una nación, un estado de derecho, una búsqueda de la perfección, una búsqueda de la rectificación, del cambio, un ansia verdadera que no puede convertirse en consigna de que aquí sobrevenga como fruto del trabajo del cubano la necesaria prosperidad. Porque nadie da lo que no tiene, necesitamos prosperar, producir, para no depender de nada ni de nadie, para poder tener relaciones paritarias con todo el mundo.

Sobre todo somos herederos de una espada flamígera que se formó como la de Vulcano, en una fragua de dolor y sacrificio. Yo estuve con Fidel aquel día frente a la embajada estadounidense: los que vamos a morir te saludamos, era nuestro sentimiento. Y lo creíamos de verdad, que estaban ahí, pero no vinieron porque no quisieron. La espada está ahí, yo la levanto, créame. Pensaba anoche en un momento de insomnio en el día en que me trajeron la bella reproducción de la espada de Bolívar que está en la Casa del Libertador. Cuando comenzó uno de los eventos más vivos de nuestra historia y la presenté al público, tuve la tentación de desenvainarla, y levanté aquella hoja y me dije: “levanto esta espada, sé nuestro amparo contra el enemigo, álzate en medio del campo de batalla y defiende a nuestro pueblo”, recordando las palabras pronunciadas en el congreso memorable del Partido en Santiago, cuando bajo una lluvia torrencial se invocó a los muertos para que defendieran este suelo.
Creo, Randy que nuestros muertos defendieron este suelo, y que es verdad lo que está inscrito en el monumento a Antonio Maceo. Casi nadie comprende, pero en el monumento que mira a la tierra cubana hay una serie de figuras que se enmascaran en medio de velos y de las olas del mar, empujando un bote al agua. Ese bote es Cuba y los que llevan el bote al agua, según lo que quiso el escultor italiano Doménico Boni representar, son los espíritus de los muertos que la llevan al agua, dándole la promesa a Cuba de que esa barca llegue a su destino.
Entrevista a Eusebio Leal realizada por el periodista Randy Alonso para la Mesa Redonda. Foto: Roberto Garaycoa
Entrevista a Eusebio Leal realizada por el periodista Randy Alonso para la Mesa Redonda. Foto: Roberto Garaycoa

Randy: Eusebio, usted es un cubano universal, por su pensamiento, porque ha podido recorrer buena parte del mundo, y porque ha recibido también de ese mundo merecidas distinciones por todo su trabajo patrimonial. Hablaba de Cuba y la universalidad, este pequeño archipiélago que Martí dijo que sería el equilibrio del mundo, y que Fidel la convirtió de un país a un actor internacional. ¿Qué es lo que nos distingue a los cubanos dentro este universo? ¿Cuáles son las cosas que tenemos que preservar? ¿Cuáles son los desafíos que tenemos por delante?

Eusebio Leal: Es una pregunta realmente difícil, porque nunca puede llegarnos a nosotros la idea de que somos mejores, o que somos diferentes; pero en realidad diría que es un poco como cuando tú recorres Cuba de San Antonio a Maisí y constatas cómo el acento, nuestra forma de hablar, muta; vemos cómo la arquitectura y aun el paisaje cambia, y la isla es como una especie de maestra inicial de cómo debemos asomarnos al mundo en su diversidad y al mismo tiempo en su unidad. La naturaleza, la condición humana en todas las partes, las características singulares que son tan importantes, saber ir de lo general a lo particular y viceversa, es lo fundamental. Lo prueban los cubanos que regresan de otras latitudes y que han ido a prestar servicios desde el Himalaya hasta los bosques de América Central, o las selvas amazónicas, o los que prestaron misiones internacionalistas en África, en el Medio Oriente y son hoy cooperantes por los derechos de estos pueblos. Vuelven enamorados de la bondad, porque han chocado con lo mejor y lo esencial de la condición humana.
Dentro de esa diversidad los cubanos tienen sus características. Por ejemplo, la isla motiva una singularidad, porque la isla que antes fue separada por el mar, ahora está unida por el mar al mundo. Qué trabajo nos ha costado romper esa frontera. Recuerdo que cuando el cerco comenzó llegábamos a un puerto amigo, y nos fotografiaban de frente y de perfil, pero no subrepticiamente, sino a las claras. Era vejaminoso, era terrible; era una de nuestras salidas para poder ir a otra parte del mundo.
Cuando vemos cómo el mundo se abrió y cómo Cuba perseveró; cuando vemos entrar una blanca nave por el puerto rompiendo tantas y tantas ataduras; cuando vemos a los cubanos poseedores de su derecho de ir a cualquier parte del mundo, y comprobar que no es Cuba, sino que a veces la muralla la ponen los otros, nos damos cuenta de que el mundo es complejo, pero que al mismo tiempo vale la pena vivir.

Cuando salimos por la noche al Malecón habanero y vemos la multitud sentada en el muro nos damos cuenta de que siempre lo hemos esperado todo del mar, el fresco viento que llega del mar Atlántico; los indígenas que llegaron en sus armadías por el oriente de Cuba; los conquistadores y los descubridores; los asaltantes piratas; las expediciones de naciones enemigas: las expediciones libertadoras; las invasiones mercenarias, y al final de todo esto, nosotros somos y estamos.
Y somos gente hospitalaria, cuando vienen algunos que hacen una visita de una semana y después los veo frívolamente queriendo escribir un libro sobre cómo somos los cubanos confirmo que no han rebasado el límite de lo epidérmico. Les digo: penetren en la familia cubana, conozcan esa esencia que no se puede perder.

En mi casa recuerdo una visita muy amable de un amigo que llegó en momentos álgidos, y mi mamá era como un resorte, fue para la cocina, y de la exigua cuota de café que recibíamos vino con su tasa y se la puso en frente. Mi amigo, que era un hombre educado, le dijo “ay perdone, pero yo no tomo”. Mi mamá, un poco desconcertada, se la llevó, y le expresé a mi amigo: “Fíjate lo que te voy a decir, esto no es una taza de café, esto es una ofrenda, porque ella te está dando de lo que le gusta y de lo que no tiene, te lo está ofreciendo, acéptalo”, y aprendió la lección.

Quiere decir que debemos ser siempre hospitalarios. No le abrimos la puerta a todo el mundo, eso es mentira, quizás del mundo árabe por el que España nos introdujo, cuando ofrecemos la mesa tiene que ser que estemos convencidos de que el que se va a sentar es un amigo, de lo contrario lo recibimos en una salita protocolo, en el portal, en un taburete en el patio, o fuera de la casa. Somos además muy celosos de lo nuestro. Aunque queramos ser modernos, solamente la educación y el desarrollo nos ha llevado a ese sentido del compartir y en eso hay que profundizar.
El cubano es bueno por naturaleza, es más fuerte de lo que imagina, está más preparado para pasar trabajo que pocos en el mundo. Nada más que por una sonrisa o un malentendido con un estado poderoso se habría derrumbado una nación, y este país muerto de risa, con Liborio y su guitarra a la cabeza, se hizo cargo de su situación, la aceptó y sobrevivió.

Ahora nos queda el camino que lo ha trazado Fidel. En el momento en que se va le presta el último gran servicio en vida temporal al pueblo cubano, se acuesta en la trinchera y nos convoca: vengan y únanse, que la única forma de salvarnos es perseverar. Por último, deshace todas las concepciones que sobre su persona, su psicología y su espíritu han tenido sus detractores. No quiero busto, ni monumento, ni estatua, ni sello de correo, ni plaza, ni calle con su nombre, y hace un desafío a la frivolidad de los frívolos y se convierte en algo más importante.

Él sabe cuán difícil es la mente de los hombres y la evolución de las sociedades, y cree como Martí que lo más importante son las ideas, y eso es lo que hay que defender, las ideas. Esa es a partir de hoy la más importante joya de los cubanos, su legado martiano, su legado por ende cubano. Un legado íntegro en Martí, íntegro en Fidel, que se une creando una fuerza de pensamiento y de cultura, que aun en los necesarios errores y extravíos de los hombres y de los procesos políticos, emerge con una fuerza y vitalidad, para mí incontestable.

Randy: Fidel se nos fue físicamente, está reposando en esa piedra casi en forma de grano de maíz, en Santa Ifigenia, pero sus ideas andan volando por aquí, en todos lados. ¿Qué legado, además de ese profundo pensamiento martiano que usted nos hablaba, nos deja Fidel y qué tareas pendientes tenemos nosotros los cubanos con Fidel?

Eusebio Leal: La tarea es la obra de todos los días. Había una costumbre aquí el día de las madres de ponerse una flor roja por la madre viva, una flor blanca por la madre muerta. Para mí siempre fue todos los días en cuanto a la madre viva. En cuanto a la madre muerta, la recuerdo todos los días.
El mejor regalo a Fidel, le digo a mis colaboradores, es cumplir todos los días, que no haya reposo, que no haya un solo momento de reposo mientras exista una injusticia que reparar en este país o en cualquier lugar del mundo; mientas tengamos una lágrima que enjugar, un pan que llevar, uno al cual adelantar en el camino. En ese camino y en esa posición es como único admito la idea que se repite: “Yo soy Fidel”. No, yo no soy Fidel, yo quisiera ser como él, pero verdaderamente él fue excepcional. La única forma de perpetuarlo es hacer eso, y yo pienso que él nos dejó ejemplos suficientes.

Fidel fue un hombre, no lo olvidemos, y hay que admitirlo como un hombre y como un hombre cubano. Como tal hay que verlo y aceptarlo, y él se dio cuenta que como hombre era perecedero, y que como cubano en esta dimensión sería inmortal. Esa inmortalidad está metida en las palabras que no lejos del lugar en que le rendíamos tributo póstumo en el monumento de la Plaza de la Revolución, se inscriben con letras de oro, un pensamiento de Martí: “Si no existe un mundo a donde vayan los muertos la vida sería una mascarada bárbara”.

Pues bien, Fidel está para los que creemos en un mundo en el que nos encontraremos, está para los que no creemos y para los agnósticos en espíritu, pero está entre nosotros. Porque el espíritu es la palabra y es la obra, la obra que se hizo bien, la que no se pudo hacer mejor y la que se quedó por hacer. Ahí está el desafío, ver en cada cubano un cubano. Ver en cada uno toda la dignidad del mundo, extender la mano a todo el mundo y aun cuando la mano parece sucia, dar un abrazo; cuando nos piden caminar 100 pasos caminar diez cuadras. Quiere decir, para ser como Fidel hay que saber ir más allá, hay que saber trascender, y solamente así encontraremos el camino, el derrotero.
Decían en la Edad Media que en lo alto de una montaña crecía una rosa extraña, la rosa de Lil, y un enamorado para conseguirla tenía que subir al montículo, buscarla y traérsela a la novia. Hay que saber subir a la extraña montaña, lograr encontrar al amanecer la rosa de Lil, y traérsela a la novia. La novia de Martí y la novia de Fidel, la novia suya y la mía es Cuba.

Entrevista a Eusebio Leal realizada por el periodista Randy Alonso para la Mesa Redonda. Foto: Roberto Garaycoa
Entrevista a Eusebio Leal realizada por el periodista Randy Alonso para la Mesa Redonda. Foto: Roberto Garaycoa

Randy: Usted decía de Fidel en un emotivo homenaje unas palabras como estas: “Raras veces se puede reunir el esfuerzo de la mano; es decir la mano que empuña y al mismo tiempo las ideas que la gobiernan”. Tengo en la visual la linterna del Capitolio, la que se está restaurando, la que está siendo llevada a la posteridad por esa extraordinaria obra de restauración. Me gustaría pensar de usted igual que usted pensó de Fidel, porque usted ha sido al mismo tiempo pensador y creador, ha sido intelectual y ha sido constructor de una obra. ¿Está satisfecho con la vida, con su vida? ¿Cuántos sueños le quedan por hacer a Eusebio Leal?

Eusebio Leal: Francamente no, me obsesionan muchas cosas. Primeramente a mí me gustan mucho las cosas bellas, amo los libros, las esculturas, las cosas antiguas, amo las mujeres bellas, los niños. Aunque soy un poco herodiano después de mis relaciones con ellos, no quieras ver la cantidad de niños que saludo

De pronto el tiempo pasó y se me fue con tanta rapidez que parece que todo fue ayer. Cuando cumplí 18, cuando cumplí 40, cuando cumplí 50. Esta vida en estas formas, en que se puede tocar, comer, vivir, recitar, mirar, es una. La otra es una incógnita. Para Fidel, que era agnóstico absolutamente, era una incógnita y siempre decía: si tuviera otra solución la vida me encantaría. Él no la veía, yo trato de verla, este es un bonito recuerdo de mis relaciones con él.

Sí me gustaría haber tenido otra vida. Es más, hace muchos años dije que para poder terminar las cosas que quería me haría falta una otra vida que ya había pedido prestada y desgraciadamente hasta ahora el prestamista no ha aparecido. El tiempo se va y hay dos cosas que quiero dejar terminadas. La primera: un raro y bello monumento a Martí que está en la ciudad de Nueva York, que fue un regalo de Cuba. Estoy contando día a día el dinero que me informan llega de manos diversas para lograr realizar la reproducción exacta, y lograr traer esa romántica, bella y exclusiva estatua de Martí a La Habana el próximo año.

La segunda: ver iluminarse la lámpara del Capitolio. Pero fíjate, hubo algo en el Capitolio que quedó inconcluso. El arquitecto Félix Cavarrocas ordenó sembrar bajo el Capitolio cientos de troncos de jiquí para sostener en un suelo al parecer poco resistente una cúpula de miles de toneladas. Creó una cripta y en el año 53 se hizo una parafernalia para llevar allí los restos de un mambí que nunca fue, porque el fundamento tenía que ser el soldado libertador, anónimo, que fue a combatir y a morir por una libertad con la cual soñaba.

Entonces, por voluntad del General Presidente Raúl Castro, se llevarán allí las cenizas del mambí y se colocarán en los cimientos del Capitolio. Mañana, cuando esta entrevista esté publicándose, habrán colocado la lámpara votiva maravillosa de mármol rojo y bronce, donde se va a encender en su momento la llama, y para marzo del próximo año estará colocado ya el cenotafio, y podrán venir las cenizas de un mambí desconocido. Ese lugar misterioso está rodeado de todas las banderas de las naciones latinoamericanas que arropan el sueño existencial de Cuba. Es en lo que creo con una gran fortaleza. Si como un pequeño grano de arena en el mar inmenso mi trabajo ha servido para algo así, habría valido la pena.

Randy: Como amigo y como cubano le deseo mucha más vida para que pueda hacer esos sueños, y para que pueda hacer otros muchos, que son también los sueños multiplicados de nosotros, que queremos que no solamente sea pan la vida, sino también belleza, como usted nos dice.
Muchas gracias por todo lo hecho, muchas gracias por lo que sé que va a seguir haciendo Eusebio, y muchas gracias sobre todo por haber terminado este 2016 con nosotros en esta Mesa Redonda.
A nuestros televidentes, feliz 2017, año nuevo, y nos seguiremos viendo por acá. Seguiremos hablando de Cuba y el mundo, de lo que tenemos que hacer, de lo mucho que nos falta, y también de ese nuevo mundo que tenemos que construir y que hay que hacerlo como dice Eusebio todos los días.
Transcripción: Yanet Muñoz, Maybel Potrillé, Dayana Lourdes Puertas y María del Carmen Ramón / Mesa Redonda / Cubadebate

Entrevista a Eusebio Leal realizada por el periodista Randy Alonso para la Mesa Redonda. Foto: Roberto Garaycoa
Entrevista a Eusebio Leal realizada por el periodista Randy Alonso para la Mesa Redonda. Foto: Roberto Garaycoa
Entrevista a Eusebio Leal realizada por el periodista Randy Alonso para la Mesa Redonda. Foto: Roberto Garaycoa
Entrevista a Eusebio Leal realizada por el periodista Randy Alonso para la Mesa Redonda. Foto: Roberto Garaycoa

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