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miércoles, 21 de febrero de 2018

Marco Rubio recibe millones de la Asociación Nacional del Rifle y después “reza” por sus víctimas

Por Francisco Arias Fernández

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La Asociación Nacional del Rifle (NRA por sus siglas en inglés) ha gastado, al menos, 123 millones de dólares desde 1990 en su cruzada para evitar restricciones al derecho de portar armas en Estados Unidos, que se considera la principal causa de la avalancha de muertos por violencia armada, que convierte a ese país en una anomalía en el mundo desarrollado.

Se trata de 4.5 millones  de dólares anuales en promedio, invertidos en una nación que tiene más armas que habitantes: 357 millones entre 317 millones de personas,  la proporción más alta del planeta, según datos oficiales del 2013, citados por la prensa internacional.

Las más modestas iniciativas para abordar la amenaza del uso de armas automáticas no han llegado a nada, ni en el Congreso en Washington ni en la gran mayoría de los estados. No importa que en el mes y medio que lleva 2018, hayan fallecido en EE.UU. 1.816 personas y resultaran heridas 3.125 por violencia armada, según los últimos datos del registro de la organización “Gun Violence Archive“. Eso equivale a una media de 40 muertos al día. Ha habido 30 tiroteos masivos, que reciben esa consideración cuando hay al menos cuatro muertos.

Mientras la indignación crece entre la población ante los tiroteos casi semanales y las tragedias cotidianas que dejan muertos y heridos, cada vez más el dedo acusador apunta hacia la todo poderosa Asociación Nacional del Rifle y un Congreso que no avanza en proyectos de solución a la escalada.
Se plantea que la NRA gastó en las elecciones de 2016 unos 54 millones de dólares, un 99% en apoyo de candidatos del Partido Republicano. La organización desembolsó más de siete millones en anuncios de televisión en contra de Hillary Clinton. El resto fueron para apoyar las campañas de congresistas republicanos en el Congreso, destinándose gran parte del dinero a las elecciones más reñidas con candidatos del Partido Demócrata.

En total, la organización proarmas le ha entregado dinero y apoyo publicitario a 319 congresistas que hoy están en el Capitolio. No existe mejor aliado que la NRA y a la vez hay pocos que se atrevan a convertir innecesariamente a la NRA en enemigo.

En este ambiente electoral la NRA se moviliza muy eficazmente y elige los candidatos que más necesitan su ayuda.   Marco Rubio con sus ínfulas de futuro presidente, decidido a construir legado a costa de la guerra contra Venezuela, Cuba, Nicaragua, Bolivia, o cualquier otro país latinoamericano, es sin dudas uno de los principales elegidos.

El oportunista y calculador anticubano es uno de los senadores que más dinero ha recibido de la Asociación Nacional del Rifle, que le ha donado 3.303.355 de dólares. Ocupa el sexto lugar en una lista de 10 legisladores que reciben donaciones por encima de 2 000 000, y que encabeza  John McCain, también del ala conservadora del Partido Republicano, con 7 740 521 dólares.
Estas son las estadísticas a las que la prensa estadounidense ha tenido acceso, lo que no descarta que las reales sean cifras superiores, dados los tejes y manejes que envuelven las “donaciones” y “servicios” que ofrece este tipo de organización.

La última masacre que tuvo por sede una escuela de la Florida ha elevado el tono de la polémica y las acusaciones contra Rubio.

El viernes 16 de febrero aparecieron tres vallas cerca de Miami que decían: “Masacre en escuela”; “¿Y todavía no hay control de las armas?”, pregunta la segunda, y “¿Por qué, Marco Rubio?”, indaga la tercera.

De acuerdo con un reportaje de la televisora CNN, las vallas móviles —patrocinadas por el grupo activista Avaaz y respaldada por otras organizaciones— se pegaron a un costado de un camión estacionado en Doral, cerca de la oficina del senador Marco Rubio.

Las vallas aparecieron solo dos días después de la matanza que ocurrió el miércoles en la secundaria Marjory Stoneman Douglas High en Parkland, Florida, que dejó un saldo de 17 muertos, la peor masacre cometida en una escuela de ese país desde la que sucedió en la escuela primaria en Sandy Hook en Connecticut en 2012, donde fueron asesinadas 26 personas.

Señala un diario de Miami que entre estos dos incidentes, el Congreso ha hecho muy poco para hacer más severas las leyes sobre las armas de fuego. Tras la masacre del miércoles, los demócratas en el Congreso han pedido limitar la venta del fusil automático que, según la policía, usó el sospechoso en el tiroteo en Parkland.

Sin embargo, los republicanos, entre ellos Rubio, han dicho que la legislación que obstaculiza la venta de este tipo de arma no hubiera evitado la tragedia, algo que buscan decir las tres vallas, dijo Avaaz.

En declaraciones a la publicación estadounidense The Hill, Emma Ruby-Sachs, presidenta de Avaaz, ha expresado que: “Hoy hemos salido a la calle para preguntar ¿por qué, Rubio?”. “El senador ha sido criticado en todo el país por su ineficaz respuesta a lo ocurrido, calificando el hecho como ‘inexplicable’. Nosotros los catalogamos ‘inexcusable’ ”, afirmó.

“Florida tiene leyes muy laxas. Rubio ha sido apoyado por la NRA (Asociación Nacional del Rifle) y nunca ha intentado reformar estas leyes. Es uno de los senadores que más contribuciones recibe de la NRA, y además tiene una calificación ‘A’ de esta asociación, como mejor alumno”, le señaló a Efe Ruby-Sachs.

“Muchas madres que hoy están llorando por sus hijos hubieran hecho estos carteles. Hoy quisimos poner esta conversación en la calle, ya que Rubio representa una clase política que todavía no ha respondido a ninguna de nuestras preguntas”, dijo a la agencia de noticias Efe el portavoz de Avaaz, Oscar Soria.

Mientras tanto también hubo vuelo de avioneta atravesando los cielos de la Florida con un inmenso cartel cuestionando y demandando al  legislador, que decía textualmente: “Qué vergüenza Marco Rubio y la NRA”
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Por su parte CNN reporto que en una emotiva manifestación el sábado en Fort Lauderdale, Florida, políticos y estudiantes de la escuela Marjory Stoneman Douglas pidieron una prohibición de armas como la que se utilizó para asesinar a 17 personas en ese colegio, y urgieron a los votantes a echar a los legisladores que se opongan a la medida o que acepten dinero de la Asociación Nacional del Rifle.

En un enérgico discurso, la estudiante Emma González, sobreviviente de la masacre, exigió a los legisladores nacionales hacer algo para prevenir los tiroteos masivos en escuelas. “Si todo lo que nuestro presidente y nuestro gobierno pueden hacer es enviar recuerdos y oraciones, entonces tal vez es momento de que las víctimas sean el cambio que necesitamos”, dijo González.

Añadió que “Ciertamente no entendemos por qué debería ser más complicado hacer planes con amigos los fines de semana que comprar un arma automática o semiautomática”. Exigió cambios en las leyes porque, dijo, estas no han cambiado, mientras que las armas sí lo han hecho.

Se dirigió a los políticos, y dijo a los que aceptan donaciones de campaña de la Asociación Nacional del Rifle: “¡Qué vergüenza!”. Cientos de personas reunidas comenzaron a repetir: “¡Qué vergüenza! ¡Qué vergüenza!”.

Marco Rubio recibe millones; defiende la proliferación de armas que matan cada año a 34 mil personas en EE.UU. (93 por día), según la organización Campaign Brady; emprende proyectos maquiavélicos contra países de Nuestra América con los beneficios de las enormes operaciones de lobby y campañas publicitarias de la NRA, así como de sus esfuerzos movilizativos de electores a su favor, y después “reza” por las víctimas con frasecitas demagógicas multiplicadas y amplificadas por los propios mecanismos comunicacionales de la organización proarmas.

Las lágrimas de Marco Rubio las vimos en las películas de “El Padrino”, cuando los mafiosos mandaban a matar y después en el funeral daban el pésame a las viudas y sus hijos. El personaje no pasa de moda.
Emma Gonzalez, sobreviviente del tiroteo en la Florida, se dirigió a los políticos, y dijo a los que aceptan donaciones de campaña de la Asociación Nacional del Rifle: "¡Qué vergüenza!", frase repetida por las cientos de personas reunidas en el luegar.
Emma Gonzalez, sobreviviente del tiroteo en la Florida, se dirigió a los políticos, y dijo a los que aceptan donaciones de campaña de la Asociación Nacional del Rifle: “¡Qué vergüenza!”, frase repetida por las cientos de personas reunidas en el luegar.


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viernes, 29 de diciembre de 2017

Afirma The New York Times que “Estados Unidos aún no está perdido”


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Francisco Arias Fernández


“Donald Trump ha sido tan horrible como lo esperábamos: día a día sigue demostrando que no está preparado para el cargo, ni moral ni intelectualmente. Además, resulta que el Partido Republicano —incluidos los llamados “moderados”— es aún peor de lo que uno podría esperar. En este momento, es evidente que el partido está compuesto en su totalidad de esbirros cínicos, dispuestos a vender cada uno de sus principios —y cada fibra de su propia dignidad— siempre y cuando sus donantes obtengan grandes beneficios fiscales”
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No todos los días un medio de la denominada gran prensa estadounidense es tan explícito, categórico y desenfadado como lo ha sido el pasado 27 de diciembre el influyente diario The New York Times, al analizar cómo concluye el primer año del magnate en la Casa Blanca y qué hace falta hacer para restaurar los valores básicos de Estados Unidos.

“Muchos de nosotros empezamos 2017 esperando lo peor. Y, de distintas maneras, nos tocó lo peor”, así comienza su artículo Paul Krugman que no es un comentarista cualquiera ni un furibundo opositor de Trump.

Sus artículos quincenales en la página de opinión del New York Times desde el año 2000, lo ha convertido, en opinión del Washington Monthly, en “el más importante columnista político en Estados Unidos… ha estado casi solo analizando los más importantes hechos políticos recientes, los descosidos tejidos de los intereses de las corporaciones, clases y partidos políticos, en medio de los cuales sobresale la administración de Bush”.

El analista que evalúa a Trump es profesor de Economía y Asuntos Internacionales en la Universidad de Princeton, profesor centenario en Escuela de Economía y Ciencia Política de Londres, académico distinguido de la unidad de estudios de ingresos Luxembourg en el Centro de Graduados de City University de Nueva York (CUNY). Además es Premio Príncipe de Asturias en Ciencias Sociales en el 2004 y Premio Nobel de Economía en 2008, por sus contribuciones a la Nue Teoría del Comercio y la Nueva Geografía Económica.

Krugman asegura que aunque les ha tocado lo peor con Trump en el 2017, está terminando el año “con una sensación de esperanza, porque decenas de millones de estadounidenses se han mostrado a la altura de la situación. Estados Unidos aún podría convertirse en otra Turquía o Hungría: un Estado que preserva las formas de la democracia, pero en la práctica se ha vuelto un régimen autoritario. Sin embargo, no pasará con facilidad, o no sucederá tan pronto como muchos de nosotros lo estábamos temiendo”
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Refiere que mientras tanto, los medios conservadores “han renunciado hasta a la pretensión de hacer periodismo verdadero y se han vuelto órganos descarados de la propaganda del partido en el poder”.
Agrega que a inicios de este año, el comentarista David Frum advirtió que el deslizamiento hacia el autoritarismo sería imparable “si la gente se retira a su vida privada, si los críticos se hacen escuchar menos, si el cinismo se vuelve endémico”. Pero, afirma que hasta ahora, eso no ha sucedido.

“Lo que hemos visto en cambio es el surgimiento de una resistencia muy activa. Esta se hizo visible prácticamente desde el día que Trump asumió la presidencia, con las enormes marchas de las mujeres que tuvieron lugar el 21 de enero, las cuales hicieron que las diluidas multitudes de la inauguración parecieran ridículas. Si la democracia estadounidense sobrevive a este terrible episodio, voto porque hagamos que los sombreros rosas del Proyecto Pussyhat se vuelvan el símbolo de la liberación del mal”.

Los sombreros rosas del citado proyecto invadieron la capital estadounidense y otras 616 manifestaciones anti-Trump a lo largo de EE.UU. a finales de 2016, en el que participaron más de medio millón de personas para demandar justicia social y derechos humanos, ante los anuncios del entonces mandatario electo en materia racial, de género, la inmigración y la asistencia sanitaria.

Agrega el artículo que “la resistencia continuó con la gente en los ayuntamientos que confrontó a los legisladores republicanos cuando intentaron derogar la Ley de Atención Médica Asequible (Obamacare). Y, en caso de que alguien se haya preguntado si las multitudes anti-Trump y las encuestas negativas relacionadas con Trump se traducirían en acción política, una serie de elecciones especiales —las cuales fueron la culminación de una gigantesca ola democrática en Virginia y una derrota sorpresiva e impactante en Alabama— ha disipado ese tipo de dudas”.

Krugman reconoce que pese a su optimismo, Estados Unidos sigue estando “bajo un peligro mortal” y se requiere la movilización. Argumenta que “los republicanos aún controlan toda la influencia del poder federal y nunca habíamos sido gobernados por personas menos confiables en toda la historia de nuestra nación”.

Añade que “es evidente que esto va dirigido al mismo Trump, quien claramente es un remedo de dictador que no tiene el más mínimo respeto por las normas democráticas. Sin embargo, también va hacia los republicanos en el Congreso, quienes han demostrado una y otra vez que no harán nada para limitar las acciones del mandatario. Lo han respaldado mientras utiliza su cargo para enriquecerse él y a sus compinches, mientras fomenta el odio racial e intenta realizar una purga en cámara lenta del Departamento de Justicia y del FBI”.

Le preocupa la metamorfosis de ciertos legisladores republicanos  y la tendencia a la alianza mafiosa. “De hecho, ha habido una extraña dinámica en los últimos meses: mientras más terribles se vean las cosas para Trump, más cercanos se unirán los republicanos a su alrededor. Uno podría haber esperado que las recientes derrotas electorales dieran un poco más agallas a los republicanos moderados. En cambio, senadores como John McCain y Susan Collins, quienes habían sido elogiados ampliamente por haber resistido el intento de derogación del Obamacare durante el verano, aceptaron de forma sumisa un proyecto de ley fiscal de una abominación monstruosa”.

Señala como otra evidencia que la investigación sobre la supuesta confabulación a favor de Trump durante las elecciones “no ha persuadido a ningún republicano prominente a tomar una postura, salvo que ya fuera anti-Trump desde antes. Por el contrario, hemos visto a críticos de otro tiempo, como Lindsey Graham, volverse aduladores serviles que promueven las propiedades de Trump“.

“Así que no podemos contar con las conciencias de los republicanos para protegernos. En particular, debemos ser realistas sobre los posibles resultados de la investigación de Robert Mueller. La apuesta más segura es que, sin importar qué encuentre Mueller, qué tan condenatorio sea y qué haga Trump —aunque involucre una descarada obstrucción de la justicia—, las mayorías republicanas en el congreso apoyarán a su presidente y seguirán alabándolo”, afirma Krugman
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Concluye que “en otras palabras: mientras los republicanos dominen el congreso, los controles y balances constitucionales son, en efecto, leyes en desuso”.

Considera que todo recae en el pueblo estadounidense y dirá la última palabra en los próximos comicios congresionales.”Es probable que otra vez tenga que levantar su voz en las calles. Y por supuesto que tendrá que hacer sentir su peso en las casillas electorales”.

Augura que será difícil, porque “el juego está completamente amañado”. “Recuerden: Trump perdió el voto popular, pero terminó de todas formas en la Casa Blanca y las elecciones intermedias estarán lejos de ser justas. El fraude electoral y la concentración de los votantes con tendencias democráticas en los distritos urbanos han creado una situación en la cual los demócratas podrían ganar una gran mayoría de los votos y aun así no lograr asumir el control de la Cámara de Representantes”.

Respecto a las próximas elecciones estima que “incluso si los votantes se levantaran de forma eficaz en contra de la gente horrible que se encuentra en el poder en este momento, aún falta mucho para restaurar los valores básicos de Estados Unidos. Nuestra democracia necesita dos partidos decentes y en este momento el Partido Republicano parece ser irreparablemente corrupto”
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Concluye el The New York Times que “en el mejor panorama posible, se necesitará una larga lucha para volver a ser la nación que se supone deberíamos ser. Sin embargo, como ya lo había mencionado, tengo mucha más esperanza de la que tenía hace un año. Estados Unidos aún no está perdido”.

domingo, 10 de diciembre de 2017

Derechos en picada



Por Francisco Arias Fernández
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Una investigación publicada por  la revista The Lancet reveló que desde inicios de este siglo, Estados Unidos, la superpotencia mundial, ha registrado un aumento en las cifras de mortalidad materna, cuya tasa pasó de 17.5 muertes por cada 1000 nacimientos en el año 2000 a 26.5 en el 2015.  Sin embargo ese indicador es peor en el caso de las mujeres afroamericanas que alcanza un 44, mientras las blancas un 13 por cada mil nacimientos.

Se trata de un fenómeno que va a contracorriente de las tendencias en el resto del mundo industrializado donde se produjo un descenso en el mismo periodo.
Mientras tanto, un informe reciente del Programa de Naciones Unidas sobre Desarrollo Humano (PNUD) indica que la esperanza de vida de los estadounidenses es de 79,2 años, dato que lo ubica en número 40 del mundo, por detrás de naciones desarrolladas y de países latinoamericanos como Cuba, Chile y Costa Rica.

Mientras la esperanza de vida de un hombre blanco con estudios universitarios es de 80 años, la de un hombre afroestadounidense con poca formación es de 66 años.

Luke Shaefer, profesor y director de la Iniciativa para la Solución de la Pobreza de la Universidad de Michigan, afirma que “el país luce bastante bien si comparas la parte alta de la sociedad estadounidense con el resto de países ricos. El tema es la increíble diferencia en bienestar entre los pobres y los ciudadanos con más recursos”, agrega e indica que para 2008 la esperanza de vida de los hombres afroestadounidenses sin educación superior era equivalente a la de los ciudadanos de Pakistán, Bután y Mongolia.

El índice de mortalidad infantil —el número de niños que fallecen por cada 1.000 nacimientos vivos— es otro indicador clásico de bienestar social y según el más reciente informe del PNUD, que utiliza datos de 2015, en Estados Unidos esa cifra se ubica en 5,6. Esto le coloca en el lugar 44 del mundo, nuevamente superado por el conjunto de países ricos, así como por Cuba, Bosnia Herzegovina y Croacia
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En este caso, además, las diferencias sociales dentro de Estados Unidos también se hacen evidentes. Según Shaefer, para 2011 la tasa de mortalidad infantil para afroestadounidenses era similar a la de Togo y a la de isla de Granada
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De acuerdo con un estudio de Unicef publicado en 2012, que comparaba la situación de los niños en 35 países con economías avanzadas, Estados Unidos aparecía en el penúltimo lugar, solo por delante de Rumania.

El indicador de pobreza infantil relativa, que mide el porcentaje de niños que viven en un hogar cuyo ingreso —ajustado al tamaño y composición de los miembros de la familia— es menor al 50% del ingreso medio nacional, ubicaba en esta situación a 23,1% de los menores estadounidenses.
Aunque EE.UU. es la sede de decenas de las mejores universidades del mundo, ello no implica que la formación promedio de los estadounidenses esté a la altura de esas casas de educación superior. Además el país  tiene 16 millones de personas analfabetas, más que muchos otros países desarrollados en el mundo. La cifra de personas que no saben leer ni escribir representa el 8% de su población.

Muchos creen que el sistema les falla a quienes necesitan más ayuda y que hay una gran disparidad entre las áreas ricas y las más pobres del país.

Para ser el país más rico del mundo, Estados Unidos tiene un porcentaje sorprendentemente alto de su población que experimenta problemas para conseguir la comida que necesita para alimentarse.
Un estudio del Departamento de Agricultura de ese país estimaba que para finales de 2014, la fecha de la medición disponible más reciente, cerca de 14% de la población estadounidense enfrentaba lo que se conoce como inseguridad alimentaria: dificultades en algún momento del año para proveer la comida necesaria para todos los miembros de la familia, debido a problemas económicos.
Dicho de otra manera: no les alcanzaba siempre el sueldo para alimentarse.

Es significativo que 17 millones de hogares aseguran que no siempre tienen el dinero para poner la comida en su mesa. Más aun, agrega el reporte, 6,9 millones de hogares tenían muy baja seguridad alimentaria.

Las informaciones tomadas de publicaciones recientes de la británica BBC News son elocuentes y reiterativas en apuntar al deterioro de derechos humanos fundamentales en EE.UU., donde las cosas no han cambiado en el primer año de Trump, aunque desde junio de 2015 reconocía que “Nos estamos convirtiendo en un país del tercer mundo”.