jueves, 4 de marzo de 2021

ANA BELEN

 

Ana Belén


No puede recibir visitas, salvo de un hermano. No le está permitido hablar por teléfono, ni recibir periódicos, revistas ni ver televisión. Nadie puede indagar por su salud ni conocer por qué está en un centro destinado a delincuentes con problemas síquicos, cuando ella no está loca. Tampoco le permiten relacionarse con otras personas en esa cárcel, donde ha pasado dos décadas en absoluta soledad.

Ana Belén Montes ha cumplido el domingo pasado 64 años de edad en uno de los pabellones del infierno, un lugar donde lo peor es estar encerrado con uno mismo, como escribió Nelson Mandela en su biografía, a sabiendas de lo que decía después de 27 años de confinamiento. Ciudadana estadunidense, e hija de puertorriqueños, se encuentra encarcelada desde 2001 en la prisión Centro Médico Federal (FMC), en Fort Worth, Texas, reservada para criminales muy peligrosos y con problemas mentales. Según consta en la lista de la Oficina de Prisiones de Estados Unidos, lleva el número 25037-016, debe salir en libertad el 1º de julio de 2023 y cuando lo haga, seguramente mantendrá la misma discreción con la que entró a la cárcel y mantuvo durante su vida en libertad. Era oficial de alto rango en la Agencia de Inteligencia Militar (DIA, por sus siglas en inglés), del Pentágono, y estaba a cargo de Cuba. Fue acusada de espionaje, pero su gran delito ha sido poner la conciencia por encima de la seguridad personal, de una carrera exitosa y de una vida regalada en un suburbio de Washington.

Según su abogado defensor, Plato Cacheris, Montes cometió espionaje debido a razones morales, porque ella sentía que los cubanos eran tratados injustamente por Estados Unidos. En un polémico artículo publicado en diarios de amplia circulación y con fuentes privilegiadas, acceso a documentos clasificados y a su escasa correspondencia desde la cárcel, tratan de presentarla como una soplona tenebrosa, la última en el juego mortal de la guerra fría. Pero cometen el error de citar una carta a un familiar en la que Ana Belén dice: No me gusta nada estar en prisión, pero hay ciertas cosas en la vida por las que merece la pena ir a la cárcel, con lo que dejan pistas al lector de la verdadera naturaleza del castigo a esta mujer.

En su alegato ante el juez que la condenó, apenas una cuartilla y media que logró llegar a las catacumbas de Internet, afirma: Honorable, me involucré en la actividad que me ha traído ante usted porque obedecí a mi conciencia más que obedecer la ley. Considero que la política de nuestro gobierno hacia Cuba es cruel e injusta, profundamente inamistosa, me consideré moralmente obligada a ayudar a la isla a defenderse de nuestros esfuerzos de imponer en ella nuestros valores y nuestro sistema político... Es posible que el derecho a existir de Cuba, libre de la coerción política y económica, no justifique el haber entregado a la isla información clasificada para que pudiera defenderse. Solamente puedo decir que hice lo que consideré más adecuado para contrarrestar una gran injusticia.

El juicio, por tanto, no fue simplemente un caso contra una oficial que tuvo la temeridad de alertar los abusos contra un país que no le hizo nunca daño a Estados Unidos, mientras desde ese territorio se ha alentado el terrorismo, el magnicidio y el exterminio por hambre y desesperación, como expresaron abiertamente hace 60 años los arquitectos del bloqueo contra Cuba. Es el esfuerzo coordinado por el estado de vigilancia y seguridad para extinguir el derecho constitucional a exponer crímenes cometidos por los que detentan el poder. Es la crucifixión de los individuos solitarios que corren riesgos personales para que las víctimas conozcan la verdad –los Daniel Ellsbergs, los Ron Ridenhours, los deep throats y los Chelsea Manning. Es el escarmiento a todos aquellos que desde el interior del sistema hacen público hechos que cuestionan la narrativa oficial, como John Kiriakou, el ex analista de la CIA, que reveló cómo el gobierno estadunidense utilizaba las técnicas del submarino para torturar a los presos. No habríamos sabido que la vigilancia masiva es posible, y que se hace en secreto y a diario, de no ser por Edward Snowden.

En la película de Steven Spielberg The Post: los oscuros secretos del Pentágono los personajes se debaten en dilemas personales que son también éticos: ¿No irías a la cárcel por evitar una guerra?, le pregunta a un periodista Daniel Ellsberg, quien filtró miles de documentos sobre la invasión estadunidense a Vietnam a finales de la década de 1960. Como Ana Belén, él ha sido considerado a partes iguales un traidor y un héroe, según los anteojos de quien juzgue.

Ya no hay manera decente de ignorar estas cosas, a pesar de los pavorosos mentideros del poder. En Cuba, Vicente Feliú puso música a los versos del poeta Miguel Sotomayor, y la canción dedicada a Ana Belén Montes se escucha en los conciertos del trovador:

Duele / saberte sumida en el silencio / en un medio de demencia y soledad.

Duele tanto / que haya bocas que enmudecen / cuando debieran gritar.

Duele tanto, tanto / saber de tu sufrimiento cuando no existe crimen / si la lucha es por justicia, por la vida y por la paz.

Duele mucho / que mis brazos sean palomas esposadas / que aletean sin poderte liberar.

Investigación revela nuevos datos sobre sabotaje al navío La Coubre

 

Investigación revela nuevos datos sobre sabotaje al navío La Coubre

Cuba, Francia, La Coubre, libro
París, 4 mar (Prensa Latina) El investigador colombiano Hernando Calvo Ospina, radicado en esta capital, presentó hoy su libro 'El enigma de La Coubre', en el que aporta nuevos datos sobre la trágica explosión ocurrida en Cuba hace 61 años.

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La presentación, cuya emisión televisiva está programada para hoy en Argentina, Cuba y el canal Telesur, contó con la participación de los editores de la obra en castellano, portugués y francés, así como con la embajadora de Cuba en Bélgica, Norma Goicochea.

La investigación amplía los detalles ya conocidos sobre la explosión del buque francés La Coubre en el puerto de La Habana, y revela nuevos elementos a partir de entrevistas realizadas a algunos de los supervivientes y los archivos la Compagnie Générale Transatlantique, empresa estatal francesa propietaria del navío.

El trágico suceso dejó un saldo de 101 fallecidos, 6 de ellos marineros franceses, y unas 400 personas heridas, y desde los primeros momentos se sospechó que el estallido podría deberse a un acto terrorista, como más tarde corroboró la investigación llevada a cabo por Cuba.

Lo que Calvo aporta en su libro son datos procedentes de los archivos conservados en la French Lines & Compagnies, que guarda el patrimonio histórico de la Marina Mercante francesa, y que estuvieron vetados al público hasta 2011, siendo el autor el primero en acceder a la totalidad de estos documentos, según explicó a Prensa Latina.

A partir de las declaraciones del exjefe de la contrainteligencia cubana Fabián Escalante, del radio operador de La Coubre, Maxime Ivol, y del periodista estadounidense Donald Lee Chapman, que viajaba en el barco, y de los propios documentos consultados, la explosión fue provocada presuntamente por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) estadounidense.

Estados Unidos decretó un bloqueo de armas contra Cuba desde el primer momento del triunfo revolucionario, así lo contó el entonces presidente Dwight D. Eisenhower en sus memorias, y también el exoficial de la Armada francesa Joseph Le Gall, en el libro de Calvo.

'La Embajada de EE.UU. en Bruselas, a través de un cónsul (¿miembro de la CIA?) y su agregado militar, intentaron, en vano, presionar al Ministerio de Asuntos Exteriores belga para que no cumpliera su contrato', explica el exmilitar, en referencia a la venta de armas acordada entre Bélgica y Cuba y que era parte del cargamento que transportaba La Coubre.

Con respecto a dónde se preparó el sabotaje terrorista, Calvo plantea la localización del puerto belga de Amberes, última escala del buque antes de su llegada a La Habana, y en el que permaneció durante tres días sin apenas vigilancia, con todo el armamento ya en las bodegas.

Además, el investigador aventuró que los responsables del brutal atentado hubieran recibido algún tipo de ayuda del 'Service VII', una célula clandestina del Ministerio del Interior francés, cuyo principal objetivo era evitar a cualquier precio que llegara armamento al Frente de Liberación Nacional de Argelia.

mgt/acm

miércoles, 3 de marzo de 2021

Cuba denuncia en Ginebra uso de la cultura para subversión

 Cuba-DenunciaGinebra, 3 mar (Prensa Latina) El representante permanente de Cuba ante ONU-Ginebra, Juan Antonio Quintanilla, denunció hoy en el Consejo de Derechos Humanos el uso de la cultura como un arma para estimular la subversión contra su país. 

 
'No es casual que el ámbito cultural, artístico e intelectual esté en la mira de las más groseras campañas y operaciones subversivas contra mi país, las que como siempre han fracasado y fracasarán', subrayó el embajador al intervenir en un foro por videoconferencia dedicado a los derechos culturales.

En la continuación de los debates de la sesión 46 del Consejo, prevista aquí del 22 de febrero al 23 de marzo, el diplomático reiteró el rechazo de la isla a la manipulación de los mecanismos de derechos humanos para hacerlos cómplices de tales cruzadas.

Cuba enfrentó en las últimas semanas ataques promovidos y financiados desde el exterior para fabricar la imagen de que el sector cultural está contra la Revolución y crear las condiciones para intentar sentarla en el banquillo de los acusados en la arena internacional.

Ningún derecho civil, político o cultural puede invocarse para violar las regulaciones sanitarias en vigor frente a la Covid-19 ni la legislación nacional, mucho menos cuando se actúa por órdenes y con financiamiento de una potencia extranjera, advirtió Quintanilla.

El embajador aseguró en el foro que los derechos culturales representan una prioridad para su país, los cuales encuentran un claro respaldo en la Constitución de la República.

Cuba continuará defendiéndolos con una visión contra-hegemónica, imprescindible para combatir el paradigma neoliberal colonizador, afirmó.

Quintanilla manifestó que 'la cultura es escudo y espada de la nación cubana desde mucho antes de que alcanzáramos nuestra independencia'.