martes, 27 de noviembre de 2007

EL CUBANISIMO DANZON.





Por:Jesús Risquet Bueno
Tomado de Trabajadores.

El Danzón como género musical fue escuchado por primera vez el 1º de enero de 1879 en el Liceo de Matanzas.
La modernidad con sus ritmos tan dinámicos ha hecho que el Danzón se haya convertido en algo propio de los abuelos porque las más nuevas generaciones de cubanos dejaron de ejecutar nuestro baile nacional. Aunque en la actualidad se nota preocupación por su rescate y no serán pocos los que vuelvan a conocer al menos su cadencioso ritmo y echen su pasillito, como se acostumbra decir, aunque con nuevas sonoridades como la evolución exige.
El Danzón es un género bailable derivado de la danza criolla. Su nombre, como se pude apreciar, es el aumentativo de danza, aquel baile colectivo de figuras, tan de moda en la segunda mitad del pasado siglo XIX cubano.
Decimos que se derivó de la danza y la contradanza cuando estos bailes de salón recibieron los influjos mestizos del cadencioso son criollo. La contradanza europea había llegado a Cuba directo desde las cortes españolas, también con los barcos ingleses que tomaron La Habana en 1762, y por último mediante los franceses, negros y mulatos establecidos en el oriente de la Isla, escapados de la Revolución de Haití.
Aquí se aplatanaron hasta convertirse en la danza y contradanza cubanas de influjo afro en su ritmo, de una mayor libertad expresiva, donde la pareja se enlazaba con más sensualidad.
El Danzón como género musical fue escuchado por primera vez el 1º de enero de 1879 en el Liceo de Matanzas, interpretado por una orquesta típica, de viento (cornetín, trombón de pistones, figle, dos clarinetes, dos violines, contrabajo, timbales y güiro), dirigida por el cornetinista Miguel Faílde.
El nuevo ritmo produjo en los bailadores un impacto extraordinario. Todo el mundo elogiaba al mulato matancero su especial creación, titulada Las alturas de Simpson, afortunada noche en que se vio obligado a repetirla a petición de los danzantes.
Precisamente, porque la danza aumentó sus partes formativas y extendió su tiempo bailable, se le empezó a llamar Danzón. Y en Matanzas, a mediados del siglo XIX, ya se le denominaba así al baile dancístico de figuras.
Es por ello que Miguel Faílde, muy atento al hecho folklórico-musical, calificó a sus números escritos para esa danza, con el nombre genérico de Danzón.
Su forma consta de una introducción, parte de clarinete, introducción repetida, y trío de metales. Naturalmente, este formato corresponde a la orquesta de viento antes mencionada.
Posteriormente surgieron otros creadores como Raimundo Valenzuela, compositor y trombonista destacado, quien junto a Enrique Guerrero y el cornetinista Félix Cruz, modificaron el aspecto interpretativo, al punto de agregar una parte final coreada por la orquesta, en sus respectivos danzones.
Después de una época de auge, el danzón entró en franca decadencia, a pesar del surgimiento de algunas variantes exitosas como el danzonete y el chachachá. En México, especialmente en la península de Yucatán, el danzón, nacido en Cuba, se siguió cultivando y bailando con más asiduidad que aquí, siendo un elemento vivo y activo de la vida cultural de su pueblo en la actualidad.
En la primera y segunda década del siglo XX el Danzón comenzó a perfilar su forma definitiva e incorporar elementos de otros géneros cubanos, principalmente del Son. El musicólogo Helio Orovio en uno de sus textos nos dice que "En el 1910, José Urfé, compositor, director y clarinetista, revoluciona el Danzón cubano al insertar, en su parte final, un montuno de son al estilo de los figurados de los treseros orientales." La composición de Urfé, dedicada a su violinista Julián Barreto, El Bombín de Barreto estableció para el resto del siglo la tónica del estilo que distinguiría por siempre al Danzón.

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