miércoles, 15 de mayo de 2019

Periodista canadiense: "Venezuela no es Siria, pero las tácticas de guerra de EE.UU. son las mismas"

La periodista canadiense Eva Bartlett afirma que, pese a los múltiples intentos norteamericanos de cambiar régimenes en diferentes países, todavía hay quienes creen que esta vez las intenciones de Washington son diferentes.
Periodista canadiense: "Venezuela no es Siria, pero las tácticas de guerra de EE.UU. son las mismas"
Partidarios de Nicolás Maduro en la ventana de la Embajada venezolana en Washington, EE.UU., el 13 de mayo de 2019.
 
Carlos Barria / Reuters
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Desde que Juan Guaidó se autoproclamó en enero como "presidente interino" de Venezuela, la retórica que emana de Washington se ha vuelto cada vez más familiar. De acuerdo con Eva Bartlett, periodista independiente y activista de derechos humanos canadiense, esta se hace eco del tipo de propaganda de guerra que ha utilizado repetidamente en naciones ricas en recursos, desde Irak hasta Libia y Siria.

Una receta para golpe de Estado

Según escribe Bartlett en un artículo de opinión para RT, "la receta para el cambio de régimen es sencilla": demonizar a los que defienden el país; apoyar a una oposición violenta y blanquear sus crímenes; imponer sanciones y atacar las infraestructuras nacionales para crear condiciones insoportables; crear noticias falsas sobre asuntos humanitarios; e insistir en que la intervención es necesaria.

Asimismo, la activista muestra su sorpresa porque, a pesar de los múltiples intentos de Washington en el pasado por cambiar el régimen en diferentes países de América Latina, todavía hay quienes insisten en que esta vez las tácticas e intenciones de EE.UU. son diferentes.
"Venezuela no es Siria, dicen. Esta vez, argumentan, se trata realmente de un 'régimen corrupto' y de 'derechos humanos' o, en el caso de Venezuela, de una 'crisis humanitaria'... como si EE.UU. alguna vez se hubiera preocupado por los intereses de algún pueblo", critica Bartlett.
"Ignoran las sanciones asesinas de Occidente contra Venezuela y el apoyo a la 'oposición' violenta… que ha quemado a civiles vivos".

Los colectivos venezolanos, los nuevos 'shabiha'

Antes de 2011, los medios corporativos occidentales tenían muchas cosas positivas que decir sobre el liderazgo de Siria, "elogiando al presidente Assad como un reformador de mentalidad abierta", recuerda la periodista. "Pero cuando se inició la operación de cambio de régimen, el mandatario y sus aliados se convirtieron en los enemigos número uno", recuerda Bartlett, que vivió varios años en Siria y la Franja de Gaza.
Tanto en Venezuela como en Siria, los presidentes Maduro y Assad fueron elegidos legítimamente y mantienen un amplio apoyo entre la población. Sin embargo, los medios y los occidentales consideran a ambos países como "dictaduras" y a sus mandatarios electos como ilegítimos, al mismo tiempo que "respaldan a títeres impopulares".

"Venezuela no es Siria, dicen. Esta vez, argumentan, se trata realmente de un 'régimen corrupto' y de 'derechos humanos' o, en el caso de Venezuela, de una 'crisis humanitaria'... como si EE.UU. alguna vez se hubiera preocupado por los intereses de algún pueblo", critica Bartlett.
"Ignoran las sanciones asesinas de Occidente contra Venezuela y el apoyo a la 'oposición' violenta… que ha quemado a civiles vivos".

Los colectivos venezolanos, los nuevos 'shabiha'

Antes de 2011, los medios corporativos occidentales tenían muchas cosas positivas que decir sobre el liderazgo de Siria, "elogiando al presidente Assad como un reformador de mentalidad abierta", recuerda la periodista. "Pero cuando se inició la operación de cambio de régimen, el mandatario y sus aliados se convirtieron en los enemigos número uno", recuerda Bartlett, que vivió varios años en Siria y la Franja de Gaza.
Tanto en Venezuela como en Siria, los presidentes Maduro y Assad fueron elegidos legítimamente y mantienen un amplio apoyo entre la población. Sin embargo, los medios y los occidentales consideran a ambos países como "dictaduras" y a sus mandatarios electos como ilegítimos, al mismo tiempo que "respaldan a títeres impopulares".

lunes, 13 de mayo de 2019

Estados Unidos vs Cuba y Venezuela: Reacciones e implicaciones



Por: Misión Verdad
 
En los últimos meses, EEUU ha bloqueado el uso de más de 30 embarcaciones petroleras que utiliza PDVSA para sus exportaciones. Foto: Juan Carlos Lacruz/Misión Verdad.

El pasado viernes 5 de abril el gobierno de los Estados Unidos aplicó medidas coercitivas a embarcaciones y empresas que trabajan para PDVSA por “exportar petróleo a Cuba”, según informó su vicepresidente Mike Pence.

Estados Unidos sanciona a 34 embarcaciones más que están operando para Pvdsa transportando el crudo a Cuba”, dijo en una rueda de prensa a la vez que resaltaba que Cuba tiene un “sistema de imperio en el hemisferio y por ello se debe generar un cambio político en Venezuela”.

La “vía cuba” para acelerar la intervención y el golpe

Las sanciones afectarían a 34 buques con los cuales Estados Unidos bloquearía toda transacción y a dos empresas navieras, Ballito Bay Shipping Incorporated, con base en Grecia, y ProPer In Management Incorporated con sede en Liberia, por su vinculación con el barco Despina Andrianna que, según las autoridades estadounidenses, entregó petróleo venezolano a Cuba durante febrero y marzo de 2019.

Pence exclamó “¡El petróleo de Venezuela pertenece al pueblo venezolano!”, en medio de aplausos de algunos miembros de la comunidad venezolana que apoyan el golpe contra el presidente Nicolás Maduro y que fueron reunidos en el Instituto Baker de la Universidad Rice, en Houston (Texas).

Allí agregó: “Como ha dejado claro el presidente Trump: todas las opciones están sobre la mesa. Y Nicolás Maduro haría bien en no poner a prueba la determinación de Estados Unidos”
.
A su vez Steven Mnuchin, secretario del Departamento del Tesoro, indicaba mediante en un comunicado que “Cuba ha sido una fuerza de fondo alimentando el descenso de Venezuela hacia la crisis” y que “el Departamento del Tesoro está tomando acciones contra barcos y entidades que transportan petróleo y ofrecen una ayuda vital para mantener el régimen ilegítimo de Maduro”.

También recalcó que “Cuba continúa aprovechándose y respaldando al régimen a través de mecanismos de petróleo a cambio de (ayuda para la) represión para mantener a Maduro en el poder”.

De esta manera Washington acusaba a La Habana de beneficiarse del crudo venezolano a cambio de enviar a Caracas asesores políticos, agentes de inteligencia, militares y médicos ampliando su injerencia en ambos países y amenazaba con tomar más medidas. El señalamiento de “injerencia cubana” a lo interno de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) ha sido reiterado por voceros del antichavismo al tiempo que desde el gobierno se ha manifestado que dicho discurso es una táctica para dividir al sector militar y estimular un golpe de estado.

Más sanciones en medio del intento de ablandamiento militar

La siguiente semana, el 12 de abril, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos sancionaba a 4 compañías con sedes en Liberia e Italia y a 9 barcos cargueros de petróleo con banderas de Italia, Malta, Grecia y Panamá.
El pasado viernes 10 de mayo la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC, por sus siglas en inglés) del Departamento del Tesoro estadounidense sancionó a otras dos empresas navieras.

Las navieras sancionadas más recientemente son Monsoon Navigation Corporation y Serenity Maritime Limited.
La primera, con sede en Majuro, Islas Marshall, es la propietaria de la embarcación Ocean Elegance, que entregó crudo desde Venezuela a Cuba desde fines de 2018 hasta marzo de 2019 y la segunda, con sede en Monrovia, Liberia, es dueña del buque Leon Dias, también utilizado entre finales del año pasado y marzo de este año para llevar crudo venezolano a la isla caribeña.

En el comunicado del pasado viernes, la OFAC detalla que, como resultado de la penalización impuesta, “en adelante todos los bienes e intereses propiedad de las empresas sancionadas, y de cualquier otra que sea propiedad, directa o indirectamente, del 50 % o más de las mismas, que se encuentren en Estados Unidos o en posesión o control de personas estadounidenses quedan “bloqueadas y deben ser reportadas a la OFAC”.
Además, la OFAC amenazó con nuevas medidas punitivas en el sector de defensa y seguridad de Venezuela mientras precisaba que las sanciones son una respuesta directa al “arresto ilegal” de miembros de la Asamblea Nacional (AN) por parte del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin), en referencia a la detención del primer vicepresidente del Parlamento en desacato, Edgar Zambrano, ocurrido el 8 de mayo.

Zambrano cursa juicio por haber participado abiertamente en el fracasado golpe de estado que organizó la Administración Trump el pasado 30 de marzo, los logros de la intentona fueron la evasión del líder antichavista Leopoldo López de la medida de casa por cárcel que le otorgó el Estado a partir del diálogo político y el descubrimiento de un militar infiltrado por la CIA en la inteligencia venezolana.

En este sentido Mnunchin, en un intento de ablandamiento al alto mando militar, subrayó a “los servicios militares y de inteligencia de Venezuela, así como a aquellos que los apoyan”, que “su continuo respaldo del régimen ilegítimo de Maduro tendrá graves consecuencias” recordando que las sanciones de Estados Unidos no tienen por qué ser permanentes, y poniendo como ejemplo el levantamiento de las medidas tomadas contra el exjefe del SEBIN, Christopher Figuera, luego de que éste apoyara el fracasado intento de rebelión militar.
“Estados Unidos sigue dejando en claro que la cancelación de las sanciones está disponible para (…) quienes toman acciones concretas y significativas para restablecer el orden democrático, se niegan a participar en abusos contra los derechos humanos, se pronuncian contra los abusos cometidos por el régimen ilegítimo de Maduro, o combaten la corrupción en Venezuela”, señaló.

Reacciones e implicaciones

Las medidas suponen la congelación de los activos financieros que las empresas puedan tener bajo jurisdicción estadounidense y prohíben la realización de transacciones financieras con ellas.

Además de afectar el derecho internacional y la soberanía de ambas naciones intentan fragmentar la alianza entre ambos países caribeños por razones ideológicas, sumando así otro renglón en la lista de bloqueos, sabotajes económicos e intentos de golpe de Estado que aplica Washington contra Venezuela.

Al respecto el canciller venezolano, Jorge Arreaza, manifestó que los embargos antivenezolanos de Estados Unidos violan tanto el derecho internacional como los principios económicos y comerciales que dice defender el propio Gobierno de Trump. Respecto a la cooperación energética con Cuba dijo que “Siempre nosotros haremos cumplir los compromisos venezolanos y, por supuesto, los compromisos con los pueblos hermanos como Cuba y con el pueblo venezolano”

Al ser preguntado sobre las sanciones Arreaza agregó que no puede revelar la estrategia y apuntó que “nosotros somos expertos en guerrilla” y que “aún cuando el poder convencional del capitalismo te ataca, tú tienes que saber responder por las vías no convencionales, respetando la ley internacional siempre. Somos expertos”.
El presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba, Miguel Díaz-Canel expresó que las medidas son “un acto de extraterritorialidad, injerencia y de soberbia”. Mientras que el canciller cubano agregó que el “Ataque contra PDVSA y sus buques es un acto de piratería”
.
Por su parte Rusia calificó de “ilegales” las referidas sanciones y recalcó su apoyo a estos dos países, que son sus aliados estratégicos, en palabras del viceministro de Exteriores, Serguéi Riabkov. “El objetivo de EE.UU. es] lograr el cambio del rumbo político de dichos Estados en la dirección que necesita”, manifestó el funcionario quien recalcó que Moscú está “alerta” ante las políticas de Washington y hará todo lo posible para ayudar a sus aliados en la región de América Latina.

Objetivo: Romper la alianza Cuba-Venezuela

Ante la imposibilidad de desalojar al chavismo del poder en Venezuela por la vía del cerco económico, la administración Trump busca afectar más aun la economía cubana para deshacer “la troika”, como denominara Bolton en Miami durante el noviembre pasado al Convenio Integral de Cooperación Cuba-Venezuela-Nicaragua.
Ciertamente el fracaso experimentado el 30 de marzo ha enfurecido y descolocado al grupo que hoy dirige la Casa Blanca, las consecuencias de las medidas contra Caracas y La Habana no se harán esperar, comprometen mucho más las economías de ambas naciones y buscan generar miedo e incertidumbre entre las empresas y países que comercian o se relacionan con Venezuela, de la misma manera que actúa la ley Helms-Burton contra Cuba desde 1996, la misma que se pretende ahora fortalecer con las amenazas de activación plena de su Título III.

Los líderes Fidel Castro y Hugo Chávez firmaron el 30 de octubre del año 2000 dicho Convenio, este abrió la posibilidad de que decenas de miles de profesionales cubanos prestaran servicios en Venezuela en sectores claves como la educación y la salud mientras el país suramericano, por su parte, ofreció garantías a Cuba para el suministro de combustible que antes se debía importar de destinos más lejanos y costosos.

Cortocircuitar esta alianza afectaría la Misión Barrio Adentro en la que médicos cubanos han llevado a cabo más de 1.300 millones de consultas a pacientes venezolanos, salvando potencialmente millones de vidas.
De igual manera perjudicaría a más de 60 mil pacientes venezolanos con padecimientos oftalmológicos como los que resultaron beneficiados en el 2017 con intervenciones quirúrgicas para la atención de su afección como parte del programa social Misión Milagro.

En 21 de los 24 estados del país se aplica en la actualidad el novedoso producto médico cubano contra la úlcera del pie diabético, Heberprot-P, que ha mejorado la vida de unos 300 mil pacientes en el mundo.
Las sanciones afectarían a otros sectores como el deporte, la cultura y la educación que también han resultado beneficiados mediante el método educativo “Yo sí puedo” y la Misión Robinson a través de la cual Venezuela fue declarada país libre de analfabetismo.

(Tomado de Misión Verdad)

¿Cuál es el verdadero origen de la Ley Helms-Burton?



Jesse Helms y Dan Burton. Foto: BBC.
En 1998, apenas dos años después de ser aprobada la ley Helms-Burton, el Center for Public Integrity (CPI), una reconocida organización no lucrativa dedicada a la investigación periodística con el fin manifiesto de “revelar abusos de poder y la corrupción de instituciones públicas y privadas” de Estados Unidos, publicó un extenso informe sobre el origen de esta ley, que hasta hoy no ha sido refutado (*).

Según el CPI, todo comenzó cuando el republicano Jesse Helms asumió la presidencia del Comité de Relaciones Exteriores del Senado y propuso una agenda de diez puntos, encaminada a cambiar el sentido de la política exterior del entonces presidente Bill Clinton.

Quizás porque Cuba se le antojaba como uno de los escasos remanentes del socialismo en el mundo, la Isla aparecerá en el tope de esta agenda. No era de esperar otra cosa de un fanático anticomunista, que había votado contra el fin de la segregación racial, el derecho de los homosexuales, las investigaciones contra el SIDA y todas las propuestas de beneficio social que tuvo ante sí, durante 30 años de permanencia en el cuerpo legislativo.
Para llevar a cabo esta tarea, Helms nombró a su ayudante Dan Fisk, quien se encargó de reunir a un equipo que contó con la colaboración de los congresistas republicanos cubanoamericanos Lincoln Díaz Balart e Ileana Ros-Lehtinen, así como de los senadores demócratas Bob Menéndez y Robert Torricelli, todos los cuales ya habían trabajado en legislaciones previas contra Cuba.

Como contraparte de Helms, en la cámara baja fue escogido el congresista republicano Dan Burton, entonces al frente del subcomité del Hemisferio Occidental de la Cámara de Representantes, a pesar de que una de sus propuestas más celebres fue desplegar naves norteamericanas en las ¡costas de Bolivia!, con el fin de detener el tráfico de drogas.

Originario de Indiana, Burton era famoso por su destreza para jugar al golf, en lo que empleaba la mayor parte del tiempo, y el apoyo al régimen de apartheid en Suráfrica. Aunque probablemente tampoco sabía ubicar a Cuba en un mapa, recibía más contribuciones de Miami que de su estado natal.

Para encargarse de la “misión cubana”, Burton nombró a Roger Noriega, entonces un oscuro funcionario de la Cámara de Representantes, que hizo carrera como promotor de las políticas más agresivas de Estados Unidos en América Latina.

El CPI nos cuenta que el capítulo I de la ley fue básicamente un compendio de las propuestas que Díaz Balart ya había hecho al Congreso contra Cuba. Que el capítulo II fue una obra mayormente de Bob Menéndez, interesado en establecer las condiciones para el cambio de régimen y el levantamiento del embargo y que el capítulo IV no era nada novedoso, toda vez que se refería a las sanciones a aplicar contra los extranjeros que no cumplieran las disposiciones norteamericanas, algo bastante común en la política exterior del país.

Sin embargo, el CPI consideraba muy original el capítulo III, toda vez que introducía el presupuesto de equiparar ante la ley internacional los derechos de propiedad, con los humanos o los ambientales. Para Fisk, todavía estudiante de derecho en la universidad de Georgetown, si un torturado podía hacer causa legal contra sus torturadores, la misma lógica debía imperar para el caso de una persona privada de su propiedad por cualquier gobierno en cualquier parte.

Contrario al criterio bastante extendido de que la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA), entonces la organización más poderosa de la extrema derecha cubanoamericana, había sido determinante en la redacción de la ley, el CPI asegura que fueron rechazados de este proceso, debido a la estridencia de sus posiciones. Además, dice el CPI, la FNCA abogaba por que las propiedades “recuperadas” en Cuba fueran puestas en subasta, lo que contradecía el interés de los reclamantes.

Los redactores de la ley prefirieron recurrir a los abogados y lobistas de grandes negocios cubanos nacionalizados en 1960. En particular la empresa Bacardí, que jugó un papel decisivo en el proceso de diseño y aprobación de la ley. Manuel J. Cutillas, director ejecutivo de la empresa, el entonces lobista Otto Reich e Ignacio Sánchez, socio del bufete Kelly-Drye and Warren, una firma con base en New York que representaba los intereses de la Bacardí, desempeñaron un rol muy activo en la redacción del texto y la búsqueda de consenso para su aprobación.

Más allá de una larga tradición en actividades contra el gobierno cubano, que incluyó la promoción de grupos terroristas, la empresa Bacardí tenía un interés especial en la Ley Helms-Burton porque, como explica el informe del CPI, no era una empresa cubana ni norteamericana, sino bahameña, por lo que solo gracias al título III, su subsidiaria en Miami podía aparecer como reclamante y recurrir a las cortes estadounidenses.
Bill Clinton. Foto: AFP.

Inicialmente el gobierno de Bill Clinton fue un firme opositor de esta ley. Según el CPI, esta posición le fue oficialmente transmitida a Ricardo Alarcón, entonces presidente de la Asamblea Nacional de Cuba, por Peter Tarnoff, subsecretario de Estado, en el contexto de conversaciones secretas entre los dos gobiernos, que se llevaban a cabo en Toronto, Canadá, y que concluyeron con la adopción del acuerdo migratorio de 1994 entre los dos países.

Convocado por el propio Helms, en junio de 1995, Tarnoff expuso ante el senado los argumentos de la administración. En primer lugar, decía Tarnoff, la ley violaba los derechos constitucionales del poder ejecutivo para conducir la política exterior del país, también varios tratados internacionales, las obligaciones de Estados Unidos ante el FMI y el Banco Mundial, así como las relaciones con socios extranjeros, que en represalia podían tomar medidas similares contra empresas estadounidenses.

Refiriéndose al capítulo III, cuenta el CPI, Tarnoff alertó que, si Estados Unidos se arrogaba tales facultades para sus cortes, nada impedía que otros países hiciesen lo mismo. Al decir de Tarnoff, esta ley afectaría el frágil sistema legal internacional, gracias al cual se habían resuelto decenas de miles de reclamaciones a favor de ciudadanos norteamericanos en diversas partes del mundo.

Respecto a conceder el derecho de demandar en cortes de Estados Unidos a personas que no eran norteamericanos en el momento de la nacionalización, Tarnoff decía que bajo la ley internacional Estados Unidos no tenía ningún derecho a intervenir en un asunto que correspondía a un Estado extranjero dentro de sus propias fronteras.

Estos argumentos, dichos por el propio gobierno que finalmente aprobó la ley, debieron haber sido suficientes para descalificarla. Pero el CPI también relata la oposición del Comité Conjunto de Reclamaciones a Cuba, integrado por las compañías norteamericanas nacionalizadas en 1960, donde figuraban empresas de la envergadura del Chase Manhattan Bank, la Coca Cola y la ITT.

Según declararon sus voceros, “el reconocimiento de otro grupo de reclamantes retrasaría y complicaría el acuerdo de las reclamaciones certificadas en las negociaciones con Cuba”. La adopción de Ley Helms-Burton también abortaría arreglos directos con el gobierno cubano que estaban siendo explorados por empresas como Amstar, heredera de la American Sugar, que poseía en Cuba más de mil millas cuadradas de tierra.

Aunque para aprobar la Ley Helms-Burton finalmente se utilizó el pretexto del nefasto incidente de la voladura de dos avionetas de la organización “Hermanos al Rescate”, las cuales violaron repetidamente el espacio aéreo cubano en 1996, todo parece indicar que la verdadera razón radicaba en el interés de Clinton de no enejarse el apoyo de la extrema derecha cubanoamericana en las elecciones de ese año.

Ahora, con la puesta en marcha del Título III por parte de la administración Trump, después que la lógica recomendó mantenerlo suspendido durante 23 años, se confirma el criterio que las elecciones norteamericanas son muy peligrosas.
(*) Patrick J. Kiger: Squeeze Play: The United States, Cuba and the Helms-Burton Act, Center for Public Integrity, 1998.
Infografía: Edilberto Carmona
(Tomado de Progreso Semanal)

viernes, 10 de mayo de 2019

¿Cuba regresará al Periodo Especial? (+ Podcast)


El podcast de Cubadebate se graba en el estudio de radio de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana. Foto: Deny Extremera San Martín/Cubadebate.
El podcast de Cubadebate aborda hoy la situación de la economía cubana, que transita por una compleja coyuntura, según ratificó el presidente Miguel Díaz-Canel, en la última reunión de la Asamblea Nacional del Poder Popular.
Hemos invitado a dos expertos cubanos:
  • José Luis Rodríguez, Doctor en Ciencias Económicas y asesor del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial.
  • Ariel Terrero: especialista en asuntos económicos y vicepresidente de la Unión de Periodistas de Cuba.
Profesor, ¿regresa el Periodo Especial en Cuba?
José Luis: Que estamos enfrentando una coyuntura compleja está claro, y que la situación —por lo menos en dos años— no va a propiciar crecimientos mayores de 1 a 2%, se dijo también en la Asamblea Nacional.
Recordemos que el Periodo Especial se desató a partir del derrumbe del campo socialista. Cuba prácticamente perdió todos sus vínculos económicos externos, el PIB cayó casi en un 35% de 1989 a 1993 y se creó una situación de emergencia nacional. Esta no es la situación que tenemos hoy ni parece que vayamos a entrar en una situación de tal naturaleza, a no ser que ocurra un fenómeno imprevisible.
Eso no quiere decir que pueda existir un empeoramiento de las condiciones de reproducción de la economía cubana, sobre todo, a partir de que se recuperó gradualmente una serie de elementos que fueron afectados durante los años más agudos del Periodo Especial de 1990 hasta 2004, cuando se volvió a recuperar el PIB.
Las condiciones fueron mejorando gradualmente hasta 2008, cuando se desató una crisis en la economía mundial de la cual Cuba no escapó, tuvimos un desequilibrio financiero muy fuerte en ese año. Entonces, a partir del 2009 fue necesario ajustar el crecimiento de la economía a la disponibilidad de los recursos que esa situación empezó a crear. Así, los ritmos de crecimiento bajaron.
En 2009 se planteó la necesidad de crear las condiciones —que se concreta en los Lineamientos en 2011— para evitar que se repitiera la crisis desde el punto de vista financiero externo que el país había tenido que enfrentar en 2008. Esto suponía a corto plazo tres cuestiones que había que atender con la mayor urgencia:
  1. Lograr un reequilibrio de la balanza de pagos del país; es decir, la relación entre ingresos y gastos en moneda libremente convertible (MLC), que no podría continuar siendo deficitaria sin freno en el tiempo.
  2. Había que producir una serie de cambios que estimularan la productividad del trabajo, eliminando los obstáculos que impedían su crecimiento.
  3. Crear condiciones de infraestructura productiva, en la energía eléctrica, el agua, el transporte, etc., para que lo que se lograra en esos años no quedara desconectado del entorno.
¿Qué ha pasado en estos años? Se obtuvieron ritmos de crecimiento gradualmente más altos. En 2009 fue solo 1.4%; después fue creciendo hasta 2012, en 3%, y luego, por una serie de afectaciones en nuestros ingresos externos, volvió a decrecer el ritmo de crecimiento hasta 1% en 2014.
En ese momento, en la ANPP, se hizo un reconocimiento que sigue siendo válido: para crecer, el país tenía que importar, no podía cambiar la relación entre crecimiento e importaciones, y ese año se tomó la decisión de incrementar las importaciones.
¿Por qué no se hizo antes? El problema está en que a finales de 2014 se presentó un elemento nuevo que permitió adoptar una serie de decisiones en ese sentido. En primer lugar, se firmó con Venezuela una serie de convenios, que posibilitaron ampliar la colaboración con ese país, que ya venía implementándose desde 2004 y, por otro lado, se inició el proceso de normalización de relaciones con los Estados Unidos (17 de diciembre de 2014), y eso creó expectativas muy favorables, lo que se llama en economía el “efecto demostración”.
Tuvimos a lo largo de dos años una serie de visitas de jefes de Estado, desde François Hollande, de Francia, hasta Shinzō Abe, de Japón, todos interesados en que, si se daba ese proceso de normalización, querían invertir en Cuba. Eso amplió nuestra capacidad de importación y, lógicamente, crecimos 4.4% en 2015, un crecimiento muy notable respecto al 1% de 2014. Esa situación duró hasta 2016, cuando se presentaron una serie de dificultades con el suministro de petróleo de Venezuela y se generó un desequilibrio fuerte en la economía nacional, que redujo su ritmo de crecimiento hasta 0.5%.
A partir de ese momento hemos tenido que enfrentar esas dificultades con la energía y, por el otro lado, entró en el escenario el señor Donald Trump, que desde que accedió a la presidencia en enero de 2017 inició un cambio en las relaciones de EE.UU. con Cuba. En junio de 2017 comenzaron a desmontar las pocas medidas que se habían logrado con la administración de Barack Obama, cuestión que se ha acrecentado en los últimos tiempos.
Esa situación no solo impacta en nuestras relaciones directas con EE.UU. sino que revierte el “efecto demostración” que sucedió positivamente con Obama, pues ahora todo el mundo tiene la preocupación de que todo aquello haya ido atrás y que Cuba no pueda avanzar como se prefiguró entre 2014 y 2016. Y eso ha repercutido en los ritmos de crecimiento de la economía, se ha hecho más difícil obtener créditos, estamos pagando deudas que se renegociaron a lo largo de estos años, partiendo de que iba a haber un crecimiento, el cual no se ha dado en la medida esperada, lo que ha creado muchísimas más tensiones desde el punto de vista financiero.
En resumen, estamos creciendo del 2016 para acá en 1.1% solamente, frente a 4.4 % en 2015 y 2.3 % de 2011 al2016. 
—Cada cierto tiempo se repiten periodos de crisis, en los que hay recortes de combustibles, de electricidad y escasez de productos básicos en las tiendas, con la consiguiente subida de precios. ¿Por qué la economía cubana es tan vulnerable?

Ariel Terrero: El primer problema de vulnerabilidad es la alta dependencia de la economía externa, no solo de un país sino en general. Cuando la economía externa tiene una situación de crisis siempre tiene un impacto o reflejo en la cubana.

El profesor José Luis se refería a lo que ocurrió en 2009. Aunque ahora no nos acordamos mucho y la comparación la remontamos a los años noventa, en 2009 también se hablaba sobre si íbamos a volver al Periodo Especial. Y en aquel año 2009 no estábamos en una situación similar. Tampoco en 2019.

En 1990 se adoptó el Periodo Especial en tiempo de paz como un programa para hacer frente a una crisis, a una recesión económica, en la que esencialmente se renuncia a los programas de desarrollo para resistir y proteger las conquistas sociales que se habían logrado. En el presente estamos en una situación también de medidas que se están estudiando con mucha cautela, con mucho cuidado, pero todavía se mantienen programas de inversiones, de desarrollo. La situación es esencialmente diferente, se aproxima un poco más a lo que ocurrió en 2009.
Incluso, a pesar de esa enorme dependencia, hoy hay una característica de la economía cubana que la diferencia de los años noventa: la diversificación, al menos inicial, que se ha logrado dentro de esa dependencia.
Si en 1990 se dependía en más de 80% del comercio con la Unión Soviética, hoy están presentes de forma importante Venezuela y China, además de otros países de la Unión Europea que tienen presencia en el comercio exterior cubano. Todavía Cuba no está satisfecha con el nivel de diversificación que ha logrado, pero realmente la situación es diferente, que fue lo que sucedió en 2009, con la repercusión de la crisis mundial de 2008 y una contingencia de huracanes al cierre de ese año, que fue desastroso para Cuba.

Hoy están sumándose una serie de factores como la crisis que está viviendo la economía mundial, las afectaciones en el suministro de energía y otros recursos de Venezuela, y el recrudecimiento de las medidas del bloqueo estadounidense por parte del gobierno de Donald Trump.

Estos son elementos permanentes en la economía cubana, junto a debilidades internas que tienen que ver con que no se ha logrado ordenar un modelo económico realmente eficiente. Ese es el objetivo de la actualización del modelo económico cubano: acabar de encontrar un funcionamiento de la economía interna, que resuelva los problemas con los que se tropieza constantemente, como la falta de conexión entre sectores y territorios; la falta de encadenamientos productivos eficientes entre los productores internos e, incluso, con los suministradores del exterior. Los tropiezos y los obstáculos por burocracia suelen ser también grandes.

Y hay otro elemento que se viene arrastrando, la dualidad monetaria y cambiaria. Si en sus inicios fue un alivio, hoy todo el mundo reconoce que genera muchas dificultades a la hora de ordenar un proceso económico, comercial, de inversiones, de funcionamiento del salario, etc. Genera fragmentación y falta de coherencia en el funcionamiento de la economía. Está reconocida como una necesidad la unificación monetaria y cambiaria, pero se convierte en una situación tan difícil que todavía no se ha logrado, por lo menos, primero, un consenso acerca de la manera de proceder, y segundo, sobre el momento oportuno para hacerlo.
Ariel Terrero en El podcast de Cubadebate. Foto: Deny Extremera San Martín/Cubadebate.
—¿Qué otros problemas frenan el desarrollo de la economía? 

Ariel Terrero: Un reflejo del freno se percibe en la dependencia tan alta de la importación de alimentos. La agricultura cubana es una deuda, en las producciones pecuarias, de leche, granos. Se han ido buscando múltiples formas pero no han funcionado. Se dieron pasos para levantar la capacidad de las cooperativas, igualar un poco más la UBPC a la CCS, pero todavía no se ha hecho el nivel de inversión alto que necesita la agricultura. Lograr una mayor capacidad de producción de alimentos sería algo importantísimo para una economía que hoy depende mucho de la importación de combustibles y alimentos.

Necesitamos importar más tecnologías, porque el alimento es para comer no para desarrollarnos, aunque todos queramos que las tiendas se llenen de alimentos. Hay que buscar otras alternativas que sean de producción de alimentos propios e importar lo inevitable. Ese asunto lastra mucho a la economía cubana hoy.

Otro elemento en el cual queda mucho por hacer son las inversiones extranjeras. Cuba mantiene un programa de desarrollo de inversiones con el cual ha ido logrando un incremento de las inversiones nacionales y extranjeras, pero todavía estamos muy distantes de la meta que nos propusimos, acordada en la Asamblea Nacional, de lograr entre 2 000 y 2 500 millones de dólares de inversión por año. Estamos todavía por debajo de 1 000. Nos queda mucho por andar, porque necesitamos de esta alternativa que nos facilitará financiamiento, mercados externos y desarrollo tecnológico.

José Luis: Hace años, la Oficina Nacional de Estadística e Información desarrolla una encuesta de la situación económica de los hogares, donde las personas reflejan cuáles son sus principales preocupaciones. Desde los años ochenta no ha cambiado el perfil de las preocupaciones de los cubanos.

La encuesta 2010-2011 arrojó como principal preocupación de los cubanos que no alcanza el dinero, según el 27% de los encuestados. Está claro, incluso Raúl lo reconoce en uno de sus primeros discursos como presidente en 2007. Luego, el 23% identificó el problema de la insuficiencia de la alimentación; el 16%, la vivienda, y aproximadamente el 13%, el transporte. Ahí se concentran hace años las cuatro principales demandas de la población.

Haciendo referencia a los alimentos, es justo plantearse el problema de la sustitución de importaciones. El país importa alrededor de 2 000 millones de dólares en alimentos todos los años, entre el alimento animal y el de consumo directo de la población. De esa cifra, lo que se puede sustituir está entre 600 y 800 millones aproximadamente, porque se ha demostrado que hay alimentos que en Cuba no se pueden producir, al menos rentablemente: el trigo, la soya, el ganado de carne.
¿Qué tenemos para poder hacer eso? Hay que ser justos e
n este sentido porque las condiciones agroecológicas de Cuba no son favorables. Hace años que se sabe que aquí los terrenos que tienen rendimientos buenos o muy buenos son solo el 33% de la tierra agrícola, alrededor de 6 millones de hectáreas; por lo tanto, en el 67% tienes que complementar la base que tiene el suelo con agua, fertilizantes o pesticidas para que la producción sea favorable. Por ejemplo, la papa en Cuba no puede sembrarse más allá de Ciego de Ávila, lo mismo pasa con el plátano en las provincias orientales, no hay agua ni potasio suficiente.

¿Qué se ha hecho en ese sentido? Se han realizado inversiones complejas, estamos en el proceso de construcción del Trasvase Este-Oeste para suplir la carencia de agua en las provincias orientales, para llevar el agua de las montañas a los sembrados y poderla utilizar en la agricultura. El Valle de Caujerí tiene agua hoy a partir de esta inversión y es el terreno más fértil para producir alimentos en Guantánamo. Ya en el trasvase se han invertido 800 millones de dólares y es una inversión estratégica para el país, pues tenemos que regar el 31% de la tierra agrícola porque no hay lluvia suficiente.

No hemos podido hacer todas las inversiones que requiere la agricultura, porque necesariamente hay que invertir en aquello que se recupera más rápido, para poder resolver problemas. Quiero ilustrar esto porque hay dificultades objetivas en este sentido que es necesario tener en consideración.

¿Dónde se ha avanzado? Por ejemplo, estamos en el punto donde podemos garantizar la demanda del país en frijoles y tenemos condiciones para producirlos. No se avanza igual en el arroz, porque requiere agua y variedades de mayor rendimiento, estamos en 3.5 toneladas por hectárea cuando, con el aseguramiento necesario, el rendimiento se podría duplicar.

Está identificada claramente la situación que tenemos en la producción de alimentos y donde existe el recurso que compense las debilidades del suelo o que introduzca técnica se resuelve el problema. ¿Por qué el tabaco se ha mantenido incólume en todos estos años de dificultades? Porque tiene un financiamiento fijo que le permite obtener todo lo que le hace falta. La necesidad de recursos adicionales en la agricultura y las decisiones que hay que tomar para compensar las debilidades que tiene el suelo agrícola de Cuba forman parte de la realidad que hay que evaluar.

—¿Cuánto afecta al funcionamiento de la economía la falta de los encadenamientos productivos?  

Ariel Terrero: Los problemas en los encadenamientos productivos son una derivación de que no ha existido una adecuada planificación de los programas de desarrollo. Ha sido reconocida como una debilidad en la planificación la necesidad de planes de largo plazo que prevean adecuadamente qué sectores voy a desarrollar y hacia dónde los voy a desarrollar; dentro de esa estrategia es que se va a poder establecer un mejor encadenamiento productivo entre sectores diferentes, porque, por ejemplo, voy a invertir en hoteles, en necesidades del turismo, y voy a invertir en industrias que abastecen el turismo, como en el sector de las energías renovables. Las inversiones que se desarrollan en la Zona Especial de Desarrollo de Mariel van respondiendo a esa estrategia.

La industria del turismo ha sido pensada como una locomotora de la economía y ciertamente lo es, porque para su desarrollo requiere del abastecimiento de otros sectores. Creo que se ha avanzado bastante en esa dirección, pero todavía no lo suficiente como para que ese sueño sea realidad. Considero que el actual impulso al sector del turismo es una de las estrategias más inteligentes que hemos tomado, una posibilidad para el desarrollo probada en otros países de la región del Caribe.

Hay mucho por hacer, cada sector de la economía tiene el desafío de elaborar su propio plan a largo plazo. Y en la medida en que se logre este progreso de manera simultánea, la economía tendrá más garantías de autosostenibilidad, aunque siempre, por sus propias características, deberá depender de importar determinadas materias primas.
El Doctor José Luis Rodríguez en El podcast de Cubadebate. Foto: Deny Extremera San Martín/Cubadebate.
— ¿El plan impacta en los problemas que tiene la economía?

José Luis: El tema de la planificación no está totalmente resuelto, empezando por un asunto bastante debatido y sobre el cual creo que se puede accionar más directamente: la participación de los trabajadores en el proceso de planificación. Hoy el plan todavía se hace “arriba” y “baja” a los centros laborales, y ahí se somete a la discusión de los trabajadores de una manera formal, porque ya cuando un plan viene hecho es muy difícil que se hagan cambios. Sería muy diferente si la gente pudiera proponer un plan que se ajustara después a las posibilidades del país. Pero eso significa un cambio en la concepción de la planificación, significa gestión descentralizada, que es otro elemento clave de la gestión económica que todavía no hemos logrado y está en los documentos rectores. Esto cambiaría lógicamente la calidad del proceso de planificación.

Todo eso hay  verlo como un sistema, porque no necesariamente se resuelve con que la gente proponga el plan; tiene que haber otros elementos relacionados con el sistema de estimulación y con la capacidad de generar alternativas en una empresa que opere de forma descentralizada con los recursos.

Hay alternativas que empleamos en años anteriores y, sin embargo, no se han vuelto a tomar. El país tuvo entidades que operaron descentralizadamente financiamientos en el sector del turismo. Por ejemplo, Finatur era una entidad que contaba con fondos propios a partir de la gestión de las ganancias del turismo y contrataba una serie de producciones como la cerveza. A inicios de los años 2000, del total de cerveza que consumía el sector de la divisa, 90 centavos de cada dólar eran de producción nacional. Eso se logró porque Finatur podía financiar la compra de las latas y las cebadas, además de que se hizo una reparación capital de las 100 cervecerías que existían en aquel momento. También el nivel de insumo de jabones, perfumes y champú se logró con la firma Suchel Camacho. Pero eso parte de un mecanismo descentralizado que pueda rápidamente operar, anticipar dinero, recuperarlo, financiar producciones, etc. Y eso no es lo que tenemos hoy, con una centralización de los recursos.

Se puede pensar que cuando los recursos son escasos se impone una centralización mayor, y es relativamente cierto. Porque en el Periodo Especial, cuando había menos recursos que nunca, se operó con esa fórmula descentralizada y dio resultado. Tenemos que hacer cosas que hicimos ya y que dieron resultados; además, porque hay estudios que lo sustentan.

Hay un gran desafío que tendremos que enfrentar muy pronto: en la actual Constitución la base de gestión pública fundamental va a estar en el municipio, ya no es en la provincia. Entonces, el municipio deberá tener capacidad para planificar y gestionar los bienes y servicios que concurren en el ámbito territorial. Por lo tanto, habrá que avanzar a pasos forzados hacia una planificación local de la economía. Hay experiencias pero no podemos ir en el mismo camino con un nivel de centralización y pretender que los municipios se desarrollen. Estamos mandatados por la Constitución: es en el municipio donde está la célula económica fundamental del país. Siempre habrá decisiones centrales, pero hay un margen muy amplio.

Otro tema es el de los incentivos. Lamentablemente, hoy hay muchas empresas que se involucran en procesos y no cumplen el plan por decisiones ajenas a ellas (por ejemplo, no disponen de un insumo que debió importarse) y, por lo tanto, los trabajadores son penalizados. Es por eso que la descentralización es indispensable. No todo se puede descentralizar, pero hay que empezar por algo y hay experiencias positivas que se pueden revisar.
Desde el estudio de radio de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, el podcast de Cubadebate. Foto: Deny Extremera San Martín/Cubadebate.

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Conversamos con


José Luis Rodríguez: Académico cubano. Doctor en Ciencias Económicas. Asesor del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial. Ministro de Economía y Planificación de Cuba (1994-2008). Fue vicepresidente del Consejo de Ministros.

Ariel Terrero: Periodista cubano, especialista en asuntos económicos. Director del Instituto Internacional de Periodismo José Martí. Galardonado con el Premio Nacional de Periodismo Juan Gualberto Gómez. Vicepresidente de la Unión de Periodistas de Cuba.
Categorías: Economía, Especiales

El 45 por ciento de los estadounidenses quiere impeachment a Trump, según encuesta

Una persona se muestra a favor de lanzar un juicio político contra Donald Trump, estado de Pensilvania, 21 de septiembre de 2018. Foto: Tomada de HispanTV
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Una encuesta realizada en conjunto por la agencia de noticias británica Reuters y la consultora Ipsos, cuyos resultados se publicaron el jueves, confirma que el número de estadounidenses a favor de iniciar un proceso de juicio político,»impeachment», a su presidente, Donald Trump, ha ascendido al 45 por ciento.
Según los autores del sondeo, realizado el lunes, desde mediados de abril ha habido un incremento de 5 puntos porcentuales en ese sentido, pues la última encuesta de la misma consultora, llevada a cabo entre el 18 y el 19 de abril, mostró un 40 % de aceptación del impeachment.

Sin embargo, conforme a los resultados, aún dicen no al juicio político al inquilino de la Casa Blanca, bajo presión por su supuesta relación con la presunta interferencia rusa en las elecciones de 2016, el 42 % de los estadounidenses. El resto de los encuestados dijo no tener opinión al respecto.

El sondeo indica además que los demócratas e independientes tienen más probabilidades de apoyar el impeachment. Los primeros creen que los eventos descritos en el informe del fiscal especial Robert Mueller, quien encabezó la pesquisa sobre la presunta trama rusa y su supuesta complicidad con la campaña electoral de Trump, apuntan a la existencia de un delito.

Ante esta coyuntura, dos legisladores del Partido Demócrata y un grupo de activistas presentaron el mismo jueves en Washington D.C. (capital estadounidense) más de 10 millones de firmas de ciudadanos que piden al Congreso que inicie un juicio político a su jefe de Estado.

La presidenta de la Cámara Baja, Nancy Pelosi, acusó a Trump también ayer de obstruir la acción de la Justicia “cada día”, y dijo estar sopesando la idea de emprender el juicio político a fin de sacarlo del poder, aunque hasta el momento se había desmarcado de la idea.

La batalla entre los demócratas y la Administración de Trump se ha intensificado desde la publicación del esperado informe de Mueller, divulgado el 18 de abril. En su informe, de casi 450 páginas, Mueller exonera a Trump de las sospechas de connivencia con Moscú, aunque describe una decena de casos claros de presiones ejercidas por el presidente republicano sobre la investigación.

(Tomado de HISPANTV)

jueves, 9 de mayo de 2019

Estados Unidos: un imperio en retirada

Estados Unidos es una gran potencia, la exposición máxima del capitalismo desarrollado.
Desde la llegada de los primeros conquistadores británicos a suelo de América del Norte en el siglo XVI, su empuje capitalista fue arrollador. Creció ininterrumpidamente por décadas, llegándose a constituirse en un fiero rival de las potencias europeas. Tan es así, que apenas entrado el siglo XIX pudo proclamar ya su llamada Doctrina Monroe (“América para los americanos”, léase: la totalidad del continente americano para nosotros, los Estados Unidos), demarcando su territorio “natural” frente al capitalismo europeo.
Su expansión siguió imparable, siendo ya en los inicios del siglo XX quien marcaba el rumbo mundial, en todo sentido. Y fue después de terminada la Segunda Guerra Mundial, en 1945, cuando quedó constituida como la gran potencia capitalista, líder absoluto del planeta. Devastada Europa luego de la contienda, con una Unión Soviética triunfadora en la guerra pero con grandes pérdidas materiales y humanas, Estados Unidos aparecía como imbatible. Productor de más del 50% de la riqueza mundial, con el monopolio del arma nuclear y un fabuloso desarrollo científico-técnico que superaba a todos, su hegemonía fue indiscutible.
Por años estableció el ritmo de la economía, la política, la cultura y la supremacía militar en todo el globo. El primer Estado obrero y campesino del mundo, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), pasó a ser su gran enemigo. La Guerra Fría (enfrentamiento en el plano ideológico que no llevó al choquedirecto a estos dos grandes países, pero que se libró en terceras naciones, quienes pusieron los muertos y la destrucción) fue, para Estados Unidos, una forma de neutralizar el ideario socialista, y un gran negocio (la industria militar pasó a ser fundamental en su economía).
La gran potencia fijaba las reglas de juego de todo el mundo capitalista, haciendo de su moneda, el dólar, el patrón obligado de toda transacción comercial. Pero algo comenzó a suceder.
La pujanza espectacular de los primeros cuáqueros del Mayflower que crearon la grandeza norteamericana en los siglos XVII y XVIII comenzó a dar lugar a un hedonismo consumista que pasó factura. La sociedad estadounidense, convertida en imperio mundial hegemónico, consumía más de lo que producía. Eso es inviable, y la dura realidad mostró la falacia.
Como su poder global asienta en su moneda –que en realidad no tiene un genuino respaldo orgánico–, la deuda que fue contrayendo, técnicamente impagable por lo abultada, no traía especiales problemas. El mismo país emitía la moneda con que se pagaba la deuda. El resguardo último de su poder no fue ya entonces su economía sino sus fuerzas armadas. Estados Unidos se convirtió en el “matón” planetario, desarrollando un poder militar sin precedentes. Con la caída del campo socialista en la década del 90 del pasado siglo, si bien su economía no iba viento en popa como en décadas pasadas, su hegemonía no se discutía.
Pero el mundo empezó a cambiar en estos últimos tiempos. Caída la Unión Soviética y desaparecido el bloque socialista este-europeo, Estados Unidos vivió por unos años la ilusión de imperio absolutamente imbatible, sin rivales a la vista. Mundo unipolar, se dijo. Años después, entrado el siglo XXI, la República Popular China, con un complejo modelo de socialismo de mercado (“dos sistemas, un país”), pasó a ser una super potencia económica, y la Federación Rusa, recompuesta luego de su colapso y con un portentoso nuevo poder bélico, aparecieron como dos grandes desafíos a la hegemonía unipolar de Washington. La glotonería hiper consumista del american way of live, ya muy alejada de aquella ética puritana de los inicios, hizo que se detuviera su empuje inicial (más consumo que trabajo), siendo reemplazado en su papel de “locomotora de la humanidad” por otros esfuerzos. Hoy Estados Unidos produce apenas el 18% del producto mundial, pero sigue consumiendo alocadamente de un modo frenético. Eso, sin dudas, es insostenible, y hay que pagarlo.
Estados Unidos, desde la Doctrina Monroe de 1823 en adelante, consideró a América Latina como su natural patio trasero, su depósito de recursos naturales y mano de obra barata, además de mercado obligado para su producción. Eso fue así durante todo el siglo XX. Aunque –la historia la escriben los ganadores, pero los perdedores también la hacen– aparecieron posteriormente “piedritas en el zapato” para la dominación hemisférica de la Casa Blanca. En 1959 se da la primera revolución socialista en Latinoamérica, en Cuba. Posteriormente aparecen nuevas “irreverencias” contra el imperio: la Revolución Sandinista en Nicaragua en 1979, la Revolución Bolivariana en Venezuela hacia 1998 con su proclamado socialismo del siglo XXI y la nacionalización de las reservas petroleras. La lucha de clases y la dinámica de las contradicciones sociales insalvables nunca terminaron.
Todas esas afrentas (la historia no había terminado, pese a la ostentosa proclamación de Francis Fukuyama ante la caída del Muro de Berlín), más la reaparición de Rusia y China en la escena internacional como incuestionables nuevas potencias de alcance global, prendieron las alarmas de la clase dominante estadounidense. Más aún: la presencia de estos países euroasiáticos en la dinámica latinoamericana hizo ver a Washington que los tiempos habían cambiado. El mundo dejó de ser unipolar.
II
Cualquier intento de contestación al imperialismo capitalista en lo que la clase hegemónica norteamericana y su gobierno, la Casa Blanca, consideran como su “espacio natural” en Latinoamérica, fue siempre torpedeado. Intentos tibios, reformistas incluso, como Guatemala del 45 o Chile de los 70 con Salvador Allende, fueron pisoteados, pulverizados. Intentos claramente socialistas, como “osó” la Perla de las Antillas, ni se diga. La Revolución Cubana, desde su mismo inicio en 1959, fue un peligro a enfrentar para la política exterior de Estados Unidos.
Similar suerte de agresión corrió la experiencia de Nicaragua, asediada durante toda una década con una guerra descarnada, llevada adelante por la Contra (ejército irregular financiado por Estados Unidos), lo que le costó al país centroamericano 17 000 millones de dólares en pérdidas materiales y la muerte de 15 000 personas, lo que posibilitó en 1990 el retorno de la derecha capitalista al poder por vía electoral.
Algo similar le está sucediendo hoy a Venezuela, asediada en forma brutal por el imperio a través de todos los medios inimaginables, no descartándose la posibilidad de una intervención militar, quizá no directa, pero sí a través de un ejército mercenario copiado de la Contra nicaragüense. Aquí la situación se complejiza, porque no solo está el “mal ejemplo” de un país latinoamericano que quiere levantar la voz en forma soberana, sino que Venezuela cuenta con las mayores reservas de petróleo del mundo, lo que posibilita su explotación y comercialización por varias décadas, quizá hasta fines del presente siglo. Ello, para la voracidad de la clase dominante estadounidense, sería un salvoconducto para evitar su caída económica, puesto que dicha reserva, de agenciársela, se comercializaría solo en dólares, con lo que las nuevas monedas que entraron a tallar en el plano internacional (el yuan chino, el rublo ruso, las cestas combinadas), perderían vitalidad ante un petróleo dolarizado, elemento básico para las sociedades actuales, cada vez más industrializadas.
¿Por qué ese encono de la gran potencia americana contra la Revolución Bolivariana? Simplemente porque esas reservas (305 000 millones de barriles de crudo de la Franja del Río Orinoco), ahora manejadas por el Estado venezolano, puestas en manos de las petroleras estadounidenses (Exxon-Mobil, Chevron-Texaco, Conoco-Phillips, Amoco, etc.) le devolverían la dinámica perdida al imperio. Pero la presencia rusa y china en Venezuela desespera a Washington. De ahí esta fenomenal avanzada contra todo elemento que le haga sombra, que contradiga su hegemonía continental. Por eso, con el mayor descaro y cinismo, las actuales autoridades norteamericanas “protestan por la injerencia rusa” en el país petrolero. Justamente Estados Unidos, que dispone de 74 bases militares en territorio latinoamericano cuidando sus propios intereses. “Los pájaros tirándole a la escopeta”…
Cuba no dispone de esos recursos naturales, pero sigue siendo un ejemplo de dignidad y soberanía; de ahí que, al igual que contra Venezuela y contra Nicaragua, ahora se redobla la agresión por parte del imperio. La Revolución Socialista de Cuba es un “mal mensaje” para los pueblos vecinos. Por eso debe silenciarse.
III
En realidad, en Cuba el bloqueo comenzó casi inmediatamente después de producida la Revolución, a partir de una orden ejecutiva del por entonces presidente John Kennedy, estableciéndose la prohibición de comerciar con la isla, la interdicción para barcos estadounidenses de llegar a puertos cubanos, la proscripción de realizar transacciones financieras con el Gobierno de La Habana, todo lo cual fue endureciéndose paulatinamente. De todos modos, la agresión contra Cuba no solo no terminó con el fin de la Guerra Fría en los años 90 del siglo pasado sino que se incrementó luego de ello, incluso presentándose abiertamente como política de Estado de la Casa Blanca, estableciéndose los mecanismos necesarios para que ningún Gobierno de Washington pudiera dar marcha atrás con esa línea estratégica.
El bloqueo nunca terminó, y las formas de tratar de contrarrestar la Revolución fueron interminables. Al igual que está haciendo el imperio hoy con la República Bolivariana de Venezuela, intentó cuanta cosa se le pudo ocurrir para revertir el proceso iniciado. Invasiones armadas, ataques bacteriológicos, sabotajes de los más variados, intentos de magnicidio contra el líder Fidel Castro, guerra psicológica, y un inmisericorde bloqueo económico, sistematizado en su momento por dos instrumentos jurídicos: la Ley Torricelli (aprobada en buena medida con fines electorales por el entonces presidente George Bush padre para ganar el electorado anticubano de Florida, en 1992), y posteriormente por la llamada Ley Helms-Burton, en 1996, bajo la presidencia de James Carter.
Como dice Ricardo Alarcón en su prólogo al estudio de Frances Stonor “La CIA y la Guerra Fría cultural”: “Las leyes Torricelli (1992) y Helms-Burton (1996) proclamaron abiertamente sus propósitos de derrocar al régimen revolucionario valiéndose también de la subversión interna con el empleo de grupos respaldados por Washington. Desde entonces encaramos dos proyectos Cuba: el que lleva a cabo clandestinamente la CIA desde 1959, y el que desde los noventa corre a cuenta del Departamento de Estado y la llamada Agencia para el Desarrollo Internacional de los Estados Unidos (USAID)”.
“Esta nueva provocación [de la entrada en vigencia plena de la Ley Helms-Burton] se estrellará frente al sentido unitario del pueblo cubano”, ha dicho el presidente de Cuba, Miguel Díaz Canel.
En 1996 es aprobada la “Ley para la Libertad y la Solidaridad cubanas (Ley Libertad)”. La misma fue presentada por Jesse Helms, Presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, y Dan Burton, Presidente del Comité de Asuntos Hemisféricos de la Cámara de Representantes. “Es hora de apretar los tornillos”, dijo Helms. “El último clavo en el ataúd [de Fidel Castro]”, agregó Burton, al momento de presentar la iniciativa. La ley, ya aprobada, se conoció desde entonces como Ley Helms-Burton.Intenta sistematizar y codificar todos los intentos de agresión y bloqueo económico del imperio contra Cuba, fijándola como política exterior oficial de Washington, inmodificable.
Contiene cuatro capítulos: el primero de ellos, para fortalecer el bloqueo; el segundo establece un programa de restauración del capitalismo; un tercero que permite enjuiciar a los inversionistas que inviertan en propiedades estadounidenses nacionalizadas durante la Revolución (que nunca entró en vigencia); y un cuarto que niega visas a aquellas personas que trafiquen con propiedades reclamadas por Estados Unidos, impidiéndoles a ellos y a sus familiares ingresar en el paísdel Norte al no otorgarles visas. Al mismo tiempo establece la figura de un presunto “virrey”, nombrado por Washington, que coordinaría todas las acciones tendientes a restablecer el sistema capitalista en la isla, negándosele en la tarea toda participación a cubanos que hayan formado parte de la Revolución.
El bloqueo, de todos modos, no se levantaría hasta tanto no se haga efectiva la devolución de todas las propiedades de ciudadanos estadounidenses, o se estableciera una compensación económica, estimada por algunos cálculos norteamericanos en aproximadamente 100 000 millones de dólares. Por lo pronto, la empresa petrolera de origen estadounidense Exxon-Mobil acaba de presentar una demanda en un tribunal federal de Estados Unidos contra Cuba-Petróleo–CUPET–, propiedad del Estado cubano, y la empresa CIMEX S.A. –encargada de manejar las remesas–, por una refinería, gasolineras y otros activos incautados en 1960, pidiendo un reclamo de alrededor de 70 millones de dólares.
Como puede apreciarse, la iniciativa de hacer entrar en vigencia ese capítulo de la
Distinto a lo que sucede en Venezuela, donde sí hay recursos naturales imprescindibles para la economía estadounidense, en Cuba se trata de un mensaje político: “cualquiera que se intente ir de la égida de Washington lo pagará caro”. La injerencia es desvergonzada, absoluta; para patética evidencia, además de la ley en su conjunto, la Sección 115 donde se establecen “lícitas las acciones de inteligencia contra Cuba, para cumplir los propósitos del bloqueo”.
Como Estados Unidos comienza a ver que Rusia y China están sentando sus reales en estas tierras, en su “zona natural de influencia”, reacciona airado. Y reacciona de la peor manera posible: mostrando descaradamente de lo que es capaz para no perder su american way of live hoy en declive. Si para ello debe apelar a sus más denigrantes argucias, incluida la muerte de venezolanos, nicaragüenses o cubanos, ello no parece importarle. Se sigue sintiendo el amo absoluto, dominador exclusivo del planeta, y con un presunto destino manifiesto que le confiere esa desvergonzada prepotencia.
IV
El 16 de enero pasado el Departamento de Estado de Estados Unidos anunció que suspendería la aplicación del Título III de la Ley Helms-Burton solo por 45 días, y no por seis meses como era norma de todas las administraciones desde que se aprobó la ley en 1996. Dicha suspensión, que se venía realizando sistemáticamente por todos los presidentes (reconociendo así tácitamente que dicho apartado constituye una monstruosidad jurídica del derecho internacional, absolutamente violatorio de la soberanía nacional de cualquier Estado, pues establece una demencial extraterritorialidad de una ley nacional) fue ahora modificada, según declara Washington “para realizar una cuidadosa revisión a la luz de los intereses nacionales de Estados Unidos y los esfuerzos por acelerar una transición hacia la democracia en Cuba, e incluir elementos tales como la brutal opresión del régimen contra los derechos humanos y las libertades fundamentales y su inexcusable apoyo a los regímenes cada vez más autoritarios y corruptos de Venezuela y Nicaragua”.
Con la entrada en vigencia de ese apartado de la Ley a partir del pasado 2 de mayo, el Gobierno de Estados Unidos no busca la protección de antiguos propietarios norteamericanos sino que es una maniobra más para asfixiar y poner de rodillas la Revolución. En realidad es parte de un diabólico plan pensado por la actual dirigencia de la Casa Blanca, ultra reaccionaria y visceralmente anticomunista (Donald Trump, Mike Pompeo, John Bolton, Mike Pence, Elliot Abrams, Marco Rubio), tendiente a desarticular cualquier intento de soberanía nacional en la región, y ratificar a fuego la tristemente célebre Doctrina Monroe: “América para nosotros; China y Rusia ¡fuera de aquí!
De aplicarse enteramente el Título III de este instrumento jurídico, todo cubano perdería inmediatamente cualquier certeza jurídica respecto a cosas mínimas y elementales, como la casa donde vive, la comunidad donde está su vivienda, la escuela a la que concurren sus hijos, el sitio donde está emplazado el centro de salud al que asiste, el terreno donde cultiva, su centro de trabajo. Evidentemente, es una medida perversa para intentar asfixiar a todo un pueblo, porque cualquier persona podría ser objeto de una reclamación. Ello tiene efectos económicos, y más aún: políticos y psicológicos. En otros términos: busca desesperar. Es una repugnante forma de ejercer presión. ¿Qué haría el lector, por ejemplo, si ahora se entera que una empresa norteamericana viene a reclamarle su casa como propia y le pide una cuantiosa indemnización en dólares? Es demencialmente perverso.
“Quien hurgue un poco en el pasado –explica acertadamente Rosa Miriam Elizalde– comprobará que cuando triunfó la Revolución, el Gobierno caribeño llegó a acuerdos de compensación con Reino Unido, Canadá, España y otros países, salvo con Estados Unidos, porque se negó a cualquier entendimiento mientras, en secreto, planificaba la invasión por Playa Girón en 1961”.
De hecho, la Ley Helms-Burton no tiene valor en territorio cubano porque es una ley extranjera, válida solamente en Estados Unidos. Un Estado soberano no puede aplicar una ley externa a su territorio; eso va diametralmente en contra del derecho internacional. Pero para la prepotencia estadounidense, por lo que se ve, eso no importa. “La ley persigue varios propósitos. En primer lugar, internacionalizar el bloqueo económico, tratar de que la comunidad internacional, lejos de repudiar el bloqueo económico como hace año tras año, se incorpore al sistema de sanciones contra Cuba”, analiza Fernández de Cossio. Del mismo modo, busca “disuadir, inhibir la posibilidad de que capital extranjero llegara a Cuba en la modalidad de inversión extranjera”.
Es evidente que la clase dirigente de Estados Unidos comprendió a cabalidad el peligro que comienza a correr: su hegemonía absoluta e indiscutible de décadas atrás está en entredicho. Su gran poder económico de antaño, por la misma razón de un consumo despilfarrador voraz, incontenible, se ha perdido. Consume más de lo que produce, y eso no es sano; por el contrario, es una enfermedad terminal que nunca puede acabar bien. Ahora debe mucho más de lo que tiene, y eso debe pagarse. Y las armas, la pura fuerza bruta, ya no es garantía total de triunfo. El renacer de Rusia como hiperpotencia militar, demostrada en Siria donde impidió el triunfo de las fuerzas estadounidenses con tecnología que está unos cinco años por delante del desarrollo norteamericano, enfurece. Y el crecimiento espectacular de China como nuevo centro económico del mundo la pone muy nerviosa. El “nuevo siglo americano” para el siglo XXI que pedían los Documentos de Santa Fe está puesto en entredicho. Los pueblos están reaccionando y hay nuevos actores principales en la arena internacional.
La actual profundización de la agresión contra Cuba es un acto inmoral, absolutamente reñido con el derecho internacional y las normas mínimas de convivencia civilizada. De esa manera, Estados Unidos echa al traste toda la construcción civilizada que implican las normas mundiales de sana y pacífica convivencia, el derecho internacional y los esfuerzos concentrados en la Organización de Naciones Unidas. Pero ello parece no importarle.
Esa clase dominante de Estados Unidos, al ver perder su supremacía y al comenzar a notar síntomas de deterioro, está reaccionando de forma desesperada. Ahí está el peligro, porque agobiada como se empieza a sentir, puede apelar a las salidas más inimaginables en contra de los pueblos, solo para preservar sus privilegios. Nunca hay que olvidar, de todos modos, que jugar con fuego puede quemar. La eventualidad de una nueva guerra mundial es escalofriante, porque las posibilidades de destrucción total de la especie humana con los armamentos que se cuenta hoy día están a la vuelta de la esquina. En tal sentido, es una responsabilidad ética de todos los habitantes del planeta condenar estas demenciales medidas injerencistas como la entrada en vigencia plena de la Ley Helms-Burton. Nunca más oportunas que ahora las palabras –plásticamente representadas en una fabulosa obra pictórica– de Francisco de Goya: “el sueño de la razón produce monstruos”.

miércoles, 8 de mayo de 2019

Trump vs Cuba: ¿un tiro por la culata?

Qué pasa



Víctor Ternovsky
Bloqueo económico contra Cuba (52)
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La dureza de Donald Trump contra La Habana persigue, entre otras cosas, ganar los votos de los cubanos estadounidenses en las elecciones presidenciales de 2020. Pero el efecto podría ser el contrario, según el reputado especialista en temas cubanos Antonio Santamaría García.
El experto, miembro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España, dijo en conversación con Radio Sputnik que "cada vez la comunidad originaria de Cuba es más proclive a un entendimiento entre los Gobiernos de su país actual y de su país de origen".
"El fuerte anticastrismo defendido décadas atrás por esa población, al menos por sus líderes sociales y empresariales, ha ido dejando paso con el tiempo a una actitud más moderada", indicó, al subrayar que los hijos de los inmigrantes y exiliados del primer momento "cada vez se manifiestan de manera más abrumadoramente a favor de que se normalicen las relaciones entre los dos países".
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De allí que la estrategia electoral del mandatario norteamericano puede volverse en su contra, según se desprende de las palabras Antonio Santamaría García.

El también miembro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España señaló, asimismo, que la activación del título III de la ley Helms-Burton, que permite a los ciudadanos de EEUU "denunciar a cualquier persona o empresa, aunque sean extranjeras, que trafiquen o negocien con bienes embargados por el Gobierno revolucionario a particulares", también podría convertirse en un fuerte dolor de cabeza para el Estado norteamericano.

En este contexto, citó un estudio que calculó que la aplicación de la normativa "podría provocar la presentación de unas 200.000 denuncias en los tribunales de EEUU, lo que inundaría y saturaría el sistema de justicia del país".

"Además se puede suponer que terceras nacionales afectadas y sus empresas no van a aceptar sin tomar medidas injerencias en su soberanía", agregó.

Respecto al efecto para Cuba de las medidas que está adoptando la Administración Trump, que incluyen, en particular, impedir el turismo y las remesas a la isla, el experto apuntó que "no pueden ser positivas" y van a tener efectos "negativos".

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Comunicó que en el período 2008-2018 residentes estadounidenses enviaron a Cuba unos 30 millones de dólares. Además, se calcula que "600.000 norteamericanos visitaron la Gran Antilla" en 2018.
"El impacto de la contracción del ingreso de la nación caribeña por ambas actividades es fácil de imaginar", subrayó Antonio Santamaría García.