
Con
la presencia del General de Ejército Raúl Castro Ruz, y del primer
secretario del Partido Comunista de Cuba y presidente de la República,
Miguel Diaz-Canel, se inició poco después de las siete de la mañana un
multitudinario acto en el corazón de La Habana en defensa de la
Revolución. Foto: Estudios Revolución.
Discurso pronunciado por Miguel Mario Díaz-Canel
Bermúdez, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de
Cuba y Presidente de la República, en el acto de reafirmación
revolucionaria, en la explanada de La Piragua, La Habana, el 17 de julio
de 2021, “Año 63 de la Revolución”.
(Versiones Taquigráficas - Presidencia de la República)
Querido General de Ejército Raúl Castro Ruz, líder de la Revolución Cubana;
Pueblo de Cuba, cubanas y cubanos;
Compatriotas:
¡Viva Cuba Libre! (Exclamaciones de: “¡Viva!”)
Libre de injerencias extranjeras y libre del odio que han azuzado
quienes llevan 60 años apretando el cuello de la nación para hacerla
estallar y ahora quieren presentarse como nuestros salvadores.
Cesen la mentira, la infamia y el odio. Cuba es profundamente alérgica al odio. ¡Y jamás será tierra de odio!
No se construye nada bueno desde el odio. El odio nos roba tiempo para amar y hasta el amor mismo si lo dejamos entrar como reacción frente al odio que nos adversa.
Lo hemos experimentado en estos días de odio desbordado en las redes
sociales, redes no tan “sociales”, que han sido la compañía permanente
de padres e hijos en estos largos meses de pandemia, al punto de que
muchos pasan más tiempo conectados a la red que conectados a la familia;
esa familia, que con unidad, puede ser invulnerable ante todo lo que la
amenaza.
Una madre me contaba ayer que su hija adolescente preguntó, con
lágrimas en los ojos, si eso era Cuba, al ver las imágenes de los actos
de violencia que algunos de sus amigos compartieron en Facebook.
Los dueños de esas redes, los dictadores de sus
algoritmos, como bien denuncia un documental reciente, han abierto al
odio, sin el más mínimo control ético, las compuertas de sus poderosas
plataformas.
Es un odio que fractura a la familia, a los amigos, a la sociedad, y
que amenaza con llevarse muchos de nuestros valores al rincón de lo
inservible.
El bombardeo de imágenes cargadas de violencia, sangre,
protestas, alaridos, vandalismo, amenazas, acoso y represión no ha
conocido pausas en los últimos seis días.
En las semanas previas se desarrolló una intensa operación
político-comunicacional por parte de una gran plataforma de intoxicación
mediática, financiada por el Gobierno de los Estados Unidos y por la
maquinaria política de la Florida.
Su objetivo era alentar disturbios e inestabilidad en el
país, aprovechando las difíciles condiciones provocadas por la pandemia,
el bloqueo recrudecido y las 243 medidas de la administración Trump.
Realizaron en esos días actos de Guerra No Convencional que
incluyeron llamados al estallido social, a la violencia, a la agresión a
agentes policiales, al vandalismo y al sabotaje.
Utilizaron para ello sistemas de inteligencia artificial y
Big Data, cibertropas y actos de ciberterrorismo para promover la
fabricación artesanal y uso de armas o elementos incendiarios, acciones integradas de acoso, chantaje o financiamiento a líderes digitales o influencers internacionales.
Contaron con la complicidad de una poderosa trasnacional que les
permitió violar impunemente sus propias regulaciones, y desatendió las
legítimas denuncias de los usuarios y de algunos medios de prensa y
agencias cablegráficas.
La Televisión Cubana ha puesto en evidencia los objetivos
de esta campaña al reconstruir en secuencia los acontecimientos del
pasado domingo.
Primero se convocaron las protestas, después se construyó el relato
falso de los hechos para generar reacciones emotivas de solidaridad con
los manifestantes, y luego se desataron las acciones vandálicas que
ocurrieron horas antes de nuestra improvisada comparecencia en
televisión al regreso de San Antonio de los Baños.
Está clara la ruta de la infamia. A posteriori, todos los
hechos se han presentado desordenadamente, como si fueran fruto de
nuestro legítimo llamado a los revolucionarios a defender la Revolución.
La historia se pretende contar al revés. No importa lo
que haya dicho, no cuentan los llamados a la unidad, la paz y la
solidaridad entre todos. La interpretación malintencionada es que se
convocó a una guerra civil.
Podremos desmontar las llamadas fake news, desmenuzar las mentiras,
mostrar cómo se fabricó toda la falsa realidad de Cuba en escenarios
virtuales, pero ya han causado un daño inconmensurable al alma
nacional, que tiene entre sus valores más sagrados la tranquilidad
ciudadana, la convivencia, la solidaridad y la unidad.
Estamos bajo el fuego sofisticado de una ciberguerra que
incluye el ciberterrorismo y el terrorismo mediático en su instrumental
agresivo.
Las denuncias del Canciller cubano el pasado martes no han sido
contestadas. No ha habido ni un intento de respuesta por parte de las
autoridades del Gobierno Republicano de la Florida sobre los fondos
asignados a estos proyectos, con los cuales pretenden atacar al país y,
al mismo tiempo, desarmarlo de sus posibles medios de defensa.
No solo el Minrex, también el sitio de la Presidencia, el
popular portal de noticias y análisis sobre la realidad cubana
Cubadebate, Granma, Juventud Rebelde y, prácticamente, todos los medios
públicos cubanos están sufriendo ataques intermitentes con denegación de
servicios en medio de una atroz campaña de demonización del Gobierno.
Tratan de silenciar cualquier alternativa a la narrativa anticubana que hoy se despliega en portadas alarmistas.
Los amigos de Cuba, que conocen y sufren la manipulación y el silencio,
no pueden acceder a los medios cubanos y nos han enviado los reportes
de denegación de acceso.
En el apogeo de la mentira se emplean imágenes falsas, lo
que ya ha sido bien documentado por nuestros periodistas, se estimulan y
glorifican el desacato y la destrucción de inmuebles, la compulsión al
asalto y el acoso amenazante a ciudadanos y a las familias.
Ahora mismo, lo que el mundo está viendo de Cuba es una mentira, a
todo un pueblo levantado contra el Gobierno y a un Gobierno que reprime a
su pueblo.
No es raro que, bajo ese bombardeo mediático, algunos duden y se pronuncien suponiendo una separación que no existe.
No juzgo, no condeno. Entiendo que son avasalladoras las
armas del adversario, pero ¡al lado del pueblo, con el pueblo y por el
pueblo sigue estando la Revolución! (Aplausos y exclamaciones de: “¡Viva
la Revolución! ¡Viva Díaz-Canel! ¡Viva el pueblo! ¡Abajo los yanquis!
¡Abajo el bloqueo!)
No con declaraciones, sino con hechos. Cuando la etiqueta de
#SOSMatanzas estaba apagándose en el ciberespacio, al lado de Matanzas y
de toda Cuba no se vio a los promotores de la intervención humanitaria.
Estaba el mismo pueblo noble y solidario que sufre las consecuencias
del bloqueo y estaba el Gobierno cubano.
¿Quién no se estremeció al saber que vándalos de la peor
entraña apedrearon la sala infantil del hospital de Cárdenas, obligando a
niños y madres a buscar refugio en los baños o bajo las camas de la
institución?
Mañana deberán contarse muchas historias personales de la reacción
popular al ataque y al acoso, de cuánto han tenido que contenerse las
fuerzas del orden por el cuidado que se les exige para evitar excesos; pero
que nadie se equivoque: la mayoría del pueblo, del mismo pueblo
agobiado e irritado por las carencias que nos demanda mejor gestión de
Gobierno, pide también que se ponga coto a la violencia (Aplausos y
exclamaciones de: “¡Vivan nuestros médicos!”).
Compatriotas:
Ninguna mentira se ha levantado por casualidad o error. Todo
está fríamente calculado según el manual de Guerra No Convencional. Ya
habló el impresentable de la OEA, ministerio de colonias al que nos
honra no pertenecer.
No estamos especulando. Hablan unos para que después se pronuncien
otros. Ahí está, al acecho, el ala dura del Congreso norteamericano
afilándose los dientes y exigiendo a sus adversarios políticos de la
actual administración que actúen ya contra Cuba, que convoquen al
Consejo de Seguridad, y que consideren un acto hostil y una amenaza a
la sacrosanta Seguridad Nacional del imperio cualquier intento de
emigración masiva hacia sus costas.
Nada de esto es nuevo. Lo han intentado otras veces. Es
su manera de poner a la administración adversaria contra las cuerdas, y
tratar de hacerles cumplir a ellos el propósito jamás logrado de borrar
del mapa el mal ejemplo de esta pequeña Isla, empeñada en mantenerse
soberana e independiente cuando tantos se pliegan a sus órdenes
(Exclamaciones de: “¡Que lo sepan los nacidos y los que están por nacer,
nacimos para vencer y no para ser vencidos!” (Aplausos).
Casi con la leche materna, nuestros padres nos inculcaron una
advertencia martiana: “Los hombres van en dos bandos: los que aman y
fundan, y los que odian y deshacen”, nos dijo el Apóstol.
¡Cuba seguirá fundando! Lo está haciendo ahora mismo, con las
primeras dos vacunas latinoamericanas: Abdala y Soberana (Aplausos y
exclamaciones de: “¡Viva la medicina cubana! Exclamaciones de:
“¡Viva!”). Lo está haciendo también con otra noticia que la maldad ha
querido esconder: el ciento por ciento de eficacia frente a la gravedad y
el fallecimiento que probó la tercera fase de los ensayos clínicos de
Abdala (Aplausos y exclamaciones de: “¡Viva!”).
Cuando un pueblo ha llegado tan lejos en la realización
de sus sueños y en la conquista de derechos, que para medio planeta son
una quimera, no lo detiene ni la violencia ni el miedo.
Nada de esto que denunciamos hoy nos aparta de la necesaria
autocrítica, de la rectificación pendiente, de la revisión profunda de
nuestros métodos y estilos de trabajo que chocan con la voluntad de
servicio al pueblo, por la burocracia, las trabas y la insensibilidad de
algunos que tanto dañan.
Hoy vengo a reiterar el compromiso de trabajar y exigir por el
cumplimiento del programa que nos hemos dado como Gobierno y como
pueblo, revisado a la luz de los posibles errores de estos años de
presiones intensas, particularmente, los dos últimos.
Compatriotas:
No es por capricho que nos reunimos aquí esta mañana en medio de una
compleja situación epidemiológica. Respetando en lo posible las medidas
sanitarias y de distanciamiento físico, los hemos convocado para
denunciar una vez más el bloqueo, la agresión y el terror. No podíamos
dilatar este encuentro, el enemigo ha vuelto a lanzarse con todo para
destruir la sagrada unidad y la tranquilidad ciudadana.
¡Ratificamos que Cuba es de todos! (Aplausos y
Exclamaciones de: “¡Viva Cuba!” “¡Vivan los cubanos!” “¡Viva la
unidad!” “¡Viva Raúl!” “¡Viva Díaz-Canel!”). ¡Venceremos!
Les comparto sentimientos y reflexiones, estados de ánimo,
disposición y convicciones (Aplausos y exclamaciones de: “¡Pa’ lo que
sea, Díaz-Canel, pa’ lo que sea! ¡Pa’ lo que sea, Díaz-Canel, pa’ lo
que sea!”).
Solo podremos tener más si creamos más. Lograremos lo que nos
propongamos empujando todos juntos la obra. Por delante tenemos el
inmenso ejemplo de la Ciencia cubana, que se propuso y logró en tiempo
récord y apenas sin recursos dos vacunas y otros candidatos vacunales
que nos permiten enfrentar el futuro con esperanzas que otros pueblos no
tienen.
Si hemos podido en algo tan colosal y difícil, ¿qué no podremos en otras áreas?
Y, sobre todo, cuánto más podremos si articulamos los diálogos
pendientes, rescatando la obra social, promoviendo mayor atención a
sectores vulnerables, a los barrios, apoyados en la experiencia de la
obra que nos legó el Comandante en Jefe, en años tan desafiantes como
estos; a eso llamaba Gerardo.
La Revolución Cubana borró para siempre las semillas de la maldad,
del odio, del deshonor y el crimen. Es importante por eso, que
busquemos las causas profundas de la violencia que puja por emerger ante
las necesidades, y que cumplamos la labor pendiente para hacer que
predomine en la herencia cubana el gen de los bravos, de los honestos,
de los justos, de los honorables, de los alegres hijos de esta tierra
cubana (Aplausos y exclamaciones de: “¡Abajo el bloqueo!” “¡Abajo la
agresión imperialista!”).
“Solo el amor convierte en milagro el barro/ Solo el amor alumbra lo
que perdura”, hemos cantado mil veces con el martiano Silvio.
¡Vamos a ponerle corazón a la obra común. Un corazón del
tamaño de nuestras dificultades! ¡Juntos podemos! (Aplausos y
exclamaciones de: “¡Juntos podemos, juntos podemos, juntos podemos!”).
¡Que viva Cuba soberana, independiente y socialista! (Exclamaciones de: “¡Viva!”)
¡Cuba de amor, Cuba de paz, Cuba de unidad, Cuba de solidaridad!” (Exclamaciones de: “¡Viva!”)
¡Cuba de todos los cubanos que, estén donde estén, trabajan por verla
avanzar con sus propias piernas y sus propios brazos hacia un destino
de prosperidad posible! (Exclamaciones de: “¡Viva!”).
¡A Cuba ponle corazón! ¡Ponle corazón a la Patria, a la Revolución, al Socialismo!
¡Venceremos! (Exclamaciones de: “¡Venceremos, venceremos, venceremos!” “¡Juntos podemos, juntos podemos!”)