domingo, 24 de mayo de 2009

Una historia que contar en cada rostro.





Nota de José Miguel: Manuel Hernández, matancero, es uno de los artistas y caricaturistas más prestigiosos de nuestro país. Les traigo a mi página de este domingo un trabajo publicado en CUBAPERIODISTAS, como una manera de homenajear a este querido compañero y amigo.


Con nuestros premios nacionales José Martí
El periodista, caricaturista y pintor matancero Manuel Hernández Valdés, dedica su vida a destacar la cubanía en disímiles géneros artísticos y a convertir lo sencillo en trascendental

Alexander Álvarez Ricardo

Todos tenemos un don, el de Manuel es la mirada. Una mirada asiática y penetrante que se adentra en las raíces de esta tierra. De lo más puro de la cubanía se va nutriendo, sube a lo alto de una palma real y desde allí observa los problemas cotidianos del hombre. Los mira, los vive y los transforma en trazos agridulces, lirismo, expresión armónica.

-¿Cómo fueron sus inicios en la caricatura?
-En realidad lo que estudiaba era pintura, uno cuando empieza a dar los primeros pasos en la pintura, lleva la caricatura como algo marginal, es considerada un arte menor, como la llaman en las escuelas de Arte. Yo me ponía durante los 12 años que viví en el campo a dibujar sin saber lo que hacía. Fundamentalmente fue el Servicio Militar el que me acercó a la caricatura, pues como pintaba muchos de los trabajos que tenía que realizar, los hacía en forma de dibujo y humor.

-¿Qué representó para usted el periódico militar Al Combate
-¡Ah, Al Combate!, en ese periódico fue donde me publicaron mi primer dibujo, era una ilustración. Cuando la vi me sentí maravillado. Ya a partir de ahí es como una fiebre, ver los trabajos impresos es como una enfermedad. Después trabajé mucho tiempo como reservista de este diario en Matanzas, aquí trataba el tema de la caricatura militar.

-¿Por qué eligió la caricatura como modo de expresión?
-La caricatura la elijo como oficio. Una vez me pregunté: ¿A qué me dedico cuando termine el Servicio Militar? Primero trabajaba con los títeres de Matanzas haciendo escenografías para niños, hasta que un buen día me ofrecieron una plaza de caricaturista en La Habana y comencé a introducirme en el mundo del dibujo.

-¿La cubanía es una constante en sus obras?
-¡Yo soy guajiro! La mayoría de los artistas tienen mucha influencia europea y de otras culturas universales, pero para mi fue más fácil y me sentí mejor, creando esos personajes que forman parte de mi vida. Pienso que uno debe hacer lo que le haga sentir bien y a mi me satisface pintar esos guajiros, los campos y el entorno cubano.

¡Yo soy de la tierra, no del cemento! Casi siempre nos interesamos más en las producciones intelectuales y no le damos importancia a esos seres sagrados que trabajan la tierra, que siembran los alimentos, o sencillamente enyuntan un buey. Recuerdo que una vez un turista se me acercó y me dijo que mis pinturas tenían mucho de la Revolución porque los campesinos siempre estaban felices, y le dije que eran guajiros, no milicianos, y los campesinos son gente alegre, que viven enamorados; pinto las raíces de mi país.
-¿Qué lo ha llevado a distanciarse un poco de la caricatura?
-Los espacios dedicados a las caricaturas en los periódicos han ido desapareciendo y, por supuesto, también me he ido alejando. He dibujado en casi todas las publicaciones. Trabajé en Granma desde el año 1991 hasta el 93, dedicándome a la caricatura política; tengo trabajos como en 11 publicaciones, entre ellas, Bohemia, el habanero y Juventud Rebelde. Luego desapareció el Dedeté y Palante siempre fue un poco más conservador, no se dedicaba al humor que hace pensar, que hace reflexionar.
Actualmente realizo una caricatura semanal para el periódico provincial de Matanzas. Ante esta problemática busqué una alternativa, volví a mi viejo oficio de la pintura. Me inserté en el mundo de la decoración de la cerámica y cree también mi propio estilo. Hoy las personas me dicen que soy más conocido en el mundo como pintor que como caricaturista.

-¿Cómo vislumbra el horizonte de la caricatura cubana?
-La caricatura cubana necesita espacio, generalmente le dedican segmentos muy limitados por lo que no permiten su desarrollo, creando un vacío. Pienso que como toda expresión cultural necesita un desarrollo constante, es como un boxeador cuando pierde la distancia, o sea, al no tener esa dinámica es difícil que surja un punto identificativo. Desaparece el hábito de trabajar diariamente, haciendo una caricatura hoy, otra mañana, una por aquí y otra por allá.
-Se dedica a la pintura, el decorado de la cerámica y al dibujo. ¿En cuál de estas manifestaciones artísticas se siente más identificado?
-Hacer caricatura es estresante, es buscar dónde está el chiste, es un medio difícil, mediante la caricatura expresamos una idea o transmitimos un mensaje, por lo que hay que ser muy preciso, estar bien informado y tener bastante experiencia para lograr nuestro propósito de hacer reflexionar al público mediante el humor. Yo la considero la más intelectual de todas.
La cerámica es como un juego, yo me siento, tomo una vasija y voy dibujándola hasta que logro darle vida. La pintura lleva mucha magia, es armonía, felicidad. Mi pintura no es agresiva, va en busca de la alegría, el placer. La pintura nos ilustra la inagotabilidad de nuestra imaginación. El humor es como un triángulo, está quien lo hace, quien lo disfruta y la víctima. Yo siempre he tratado de hacer un humor educativo, no burlarme de las personas. Uno es lo que es para los demás
-¿Qué recuerda de su experiencia como colaborador de la guerra en Angola?
-Conocer un país africano es como conocer toda el África, es ver la miseria en su máxima expresión. Recuerdo a un caricaturista villaclareño llamado Polo, quien trabajaba para el semanario Melaíto. Un buen día le digo: Polo, vamos a hacer una exposición aquí, ¿tú me ayudas? Y me respondió: Yo tuve una experiencia aquí que me ha marcado tanto que más nunca haré un chiste en mi vida.
Angola influyó mucho en mi formación como persona, allí pude percatarme cómo el mundo es tan desigual, esto te hace más humano.

-¿Cuál es la cualidad que más admira en el ser humano?
-La honestidad, pienso que las personas deben ser cada día más honestas. Cuando alguien es honesto vive sin cargos de conciencia. De ahí se derivan otras cualidades tan importantes como la sencillez; uno no debe crearse personajes, como diría Samuel Feijó: artistas que se disfrazan de artistas. Nunca debemos perder nuestra identidad. Al prepotente no vale la pena ni conocerlo.
-De 1980 a 1990 estuvo incluido entre los 100 caricaturistas más importantes del mundo, ha obtenido numerosos galardones como el Premio Esopo de Oro en Gabrovo, Bulgaria, la más alta distinción internacional del humor gráfico, y la Réplica del Machete de Máximo Gómez. ¿Qué pensó cuando recibió el Premio Nacional de Periodismo José Martí en marzo de 2001?
-Me dije por dentro: Gracias por la confianza depositada en mí. Es muy difícil expresar lo que se siente en ese momento. ¿Te imaginas cuántos brillantes periodistas han dedicado su vida a esta difícil profesión? Uno nunca espera cosas así, jamás creí merecerlo.

-¿A qué figura o personaje de la historia le hubiese gustado realizar una caricatura?
-Me hubiera gustado dibujar a Martí. Yo he dibujado a Fidel, a Newton, pero el haber podido dibujar a Martí en vida hubiese sido una experiencia inolvidable.

Mi humor es educativo
-¿Cuánto de compromiso tiene un caricaturista ante la sociedad?
-El caricaturista es como un andamiaje que va construyendo la sociedad. Una vez escuché a un periodista norteamericano decir que nuestra función era demostrarle a la gente que no eran felices, y yo me dije: eso será en su sociedad, porque en esta es todo lo contrario. En Cuba la caricatura es para ayudar a la gente a ser mejores, educados, hacerlos pensar, no agredirlos. El dibujo es un vehículo de enseñanza, transmite conocimientos, modos de ser y ayuda mucho a las personas a recrearse y aprender.
-El caricaturista utiliza el humor, la sátira y el doble sentido. ¿Se le ha presentado alguna dificultad con la interpretación de una de sus obras?
-¡Sí, cómo no! Una vez hice un chiste de un hombre que iba con su mujer montado en un carro y antes de entrar a un taller le dijo que se bajara, no fuera a ser que le quitaran una pieza; aquello fue un escándalo en La Habana, comenzaron a cerrar talleres y a tomar medidas con el problema del robo de piezas.
Un grupo de caricaturistas ganamos un premio en Italia como la mejor publicación política del mundo, pero antes de eso, algunas personas decían que ese trabajo parecía que lo habían hecho en Miami, porque era muy crítico; entonces, a los seis meses, cuando recibimos el premio, comenzaron a halagar la obra. No obstante, nunca tuvimos problemas con la dirección central en cuanto a nuestra labor.
-Un periodista ha de ser un espejo para la sociedad. ¿Qué condiciones deben acompañar a un periodista en formación?
-Si uno va a dedicarse a una profesión debe poner el corazón en ella. A los nuevos periodistas les aconsejo que estudien y lean a los grandes escritores como Martí, Hemingway, García Márquez y Galeano. Deben evitar las mediocridades, ser lo más cultos posible, enriquecer su lenguaje, ser profundos.
El lenguaje periodístico de nuestros días es tan pobre, que en muchas ocasiones no da deseos leer. Yo siempre digo: ¿Por qué el periodismo del socialismo es tan malo, si la noticia no es una mercancía como en el capitalismo, si no existen los medios privados que limiten? El límite lo pone uno mismo, todo se debe hacer con profesionalidad. El periodismo es una labor intelectual. El periodismo es un compromiso ante la sociedad, es sacrificio y trabajo cotidiano ligado con intelectualidad y experiencia.
Como un jugo de cítricos, mitad ácido y mitad dulce, nos deleita Manuel con su humor; un hombre que analiza y siente la realidad de todos.

Fuentes:

-Conversación mantenida con Manuel Hernández Valdés.
-Biografía de Manuel Hernández Valdés consultada en http://paginet.net/manuel/pintu.html

(Esta entrevista forma parte del libro en preparación sobre los Premios Nacionales de Periodismo José Martí, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.)

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