Por Isaura Diez Millán La
Habana, 5 ago (Prensa Latina) Una nueva aproximación a los hechos
violentos del 5 de agosto de 1994 y a los del pasado 11 de julio en
Cuba, evidencia más analogías que diferencias entre ellos, aunque los
separen 27 años.
En intercambio con Prensa Latina, el historiador Fabio Fernández señaló
que existen denominadores comunes entre los dos acontecimientos que
parten de un escenario de crisis económica, bloqueo recrudecido por
parte de Estados Unidos, situación social tensa, campaña mediática e
incitación a la violencia.
Estudios refieren que tras la caída
del campo socialista y de la Unión Soviética (1991), Cuba perdió el
acceso a un mercado que proveía de combustibles, alimentos, medicinas y
otros elementos indispensables.
En este sentido, los años 1993-94
fueron los peores de la crisis económica que vivió el país durante el
denominado Período Especial.
'En medio de esto hay que entender
que Estados Unidos tensó aún más la cuerda en busca de la caída del
sistema político y social de la isla, por eso reforzó el bloqueo',
comentó Fernández.
De hecho, en 1992 el Senado norteamericano
aprobó la Ley Torricelli, conocida como Ley de la Democracia Cubana,
para restringir la entrada de buques extranjeros a la nación caribeña e
impedir negocios comerciales de filiales estadounidenses con la isla.
A
lo anterior se unió una campaña anticubana desde los grupos más
conservadores de la ultraderecha, asentada en el estado de la Florida,
que fomentaba las salidas ilegales de Cuba mediante el secuestro de
lanchas.
Días antes de aquel 5 de agosto ocurrieron eventos de
este tipo con pequeñas embarcaciones de la capital y en particular, un
incidente con un remolcador secuestrado en la bahía habanera provocó la
muerte de más de 30 personas.
En conversaciones con el periodista
español Ignacio Ramonet, el líder histórico cubano Fidel Castro aseguró
que este hecho fue tergiversado por la prensa estadounidense como parte
de una campaña mediática contra la Revolución.
A la altura de
1994 Estados Unidos incumplía su acuerdo migratorio de entregar 20 mil
visas anuales (proveía unas mil cada año), además, aplicaba la Ley de
Ajuste Cubano para favorecer a quienes arribaban de forma ilegal a la
nación norteamericana.

Aquel
5 de agosto decenas de personas se concentraron en el malecón porque la
denominada Radio Martí, de origen estadounidense, había anunciado que
cientos de lanchas saldrían para buscarlos, pero eso nunca ocurrió.
'Los
disturbios y hechos vandálicos de ese día tuvieron como fuerzas
propulsoras sectores preteridos donde la obra de la Revolución no había
llegado con igual fuerza y se mantenían elementos de marginalidad
visibles', explicó el historiador.
Fernández destacó el liderazgo
de Fidel Castro para enfrentar la situación, su decisión de presentarse
ante la multitud desarmado y su orden de que nadie disparara.
'Muchas
personas refieren que su magnetismo aplacó a los manifestantes quienes
terminaron coreando consignas revolucionarias, lo cual hay que
conectarlo con el peso histórico de la figura y con el consenso
mayoritario en torno a nuestro proyecto social', agregó.
A esos
hechos le siguió la apertura de las fronteras cubanas y por ende, la
tercera crisis migratoria con Estados Unidos desde 1959.
Además,
'se reforzaron los mecanismos de participación democrática, aumentó el
diálogo con la población y se adoptaron otras medidas para mejorar
elementos de la vida cotidiana', aseguró el investigador.
Por su
parte, el 11 de julio pasado ocurrieron disturbios en el país con hechos
vandálicos y desorden público que se generaron también en medio de una
crisis económica y compleja situación sanitaria a nivel internacional.

'Creo
que una diferencia importante es el factor de las redes sociales como
un mecanismo multiplicador de los focos de protesta y como un espacio
para gestar estos disturbios', refirió Fernández.
En opinión del
historiador, este tipo de comunicación en el ciberespacio permite la
amplificación de fake news (noticias falsas), ya que 'la diversidad de
los flujos informativos ahora es muy superior a la de 1994 y es mayor la
articulación de contenidos contrarrevolucionarios en una campaña'.
Sobre
este particular, numerosos especialistas coinciden en señalar que
Estados Unidos aplica en Cuba un guión de golpe de Estado suave y emplea
para ello líderes de opinión, consignas y etiquetas, uso de cuentas
falsas en las redes sociales, manipulación de la realidad e incitación
al odio.
Además, Washington recrudeció el bloqueo a la isla en
los últimos años con 243 medidas adicionales, 55 de ellas promulgadas
durante la pandemia de Covid-19.
Por otro lado, 'se puede ver una
analogía en la respuesta del gobierno revolucionario respecto a los
sucesos de agosto del 94, ya que el pasado 11 de julio el presidente
Miguel Díaz-Canel se presentó en San Antonio de los Baños (occidente)
para enfrentar la situación originada allí', comentó Fernández.
Posteriormente,
el mandatario cubano ofreció declaraciones en televisión nacional para
explicar al pueblo la situación actual del país y los problemas que
afronta, denunció las campañas mediáticas, instó a fortalecer el
diálogo, convidó a la paz y la unión de todos los cubanos.
Según
el historiador, lo más importante es que estos sucesos no generaron una
crisis de gobernabilidad, ni derivaron en las violentas represiones que
medios de comunicación estadounidenses insisten en afirmar.
De
todas formas, Fernández instó a permanecer atentos, reforzar los
mecanismos de diálogo con las nuevas generaciones, revitalizar las
instituciones encargadas de promover la construcción del socialismo y
aplicar políticas públicas allí donde la obra revolucionaria no ha
llegado con la misma intensidad, en aras de construir la Cuba de todos.