
Trump en 2017, aprobando restricciones a la capacidad de los estadounidenses para viajar y hacer negocios con Cuba. Foto: NYT.
Cuando el Gobierno de Donald Trump anunció esta semana que
había designado a Cuba como un Estado patrocinador del terrorismo, la
reacción en La Habana fue inmediata y enérgica.
El Gobierno cubano acusó a Washington de hipocresía y calificó la
designación como un acto de “oportunismo político” por parte del
presidente Trump para obstruir las relaciones entre Cuba y el Gobierno
entrante del presidente electo Joe Biden, refiere The New York Times en un artículo publicado bajo el título “Cuba tiene la vista puesta en un futuro sin Trump”.
El diario estadounidense señala que, “sin embargo, más allá de la indignación, los cubanos están listos para seguir adelante,
un sentimiento recalcado por su presidente, Miguel Díaz-Canel Bermúdez,
quien tuiteó el martes 12 de enero que la decisión de Estados Unidos
formaba parte de ‘los últimos coletazos de una fracasada y corrupta
administración’”.
Según The New York Times, la “estrategia
intransigente de Trump” ha tenido como consecuencia “una serie de
restricciones en el turismo, las visas, las remesas, las inversiones y
el comercio, lo que ha empeorado una economía ya de por sí pobre. La
pandemia ha agravado los problemas, en gran parte por haber paralizado
casi por completo el turismo, una de las principales fuentes de divisas
extranjeras”.
En medio de estas dificultades –continúa el diario–, muchos en Cuba
esperan que Biden cambie la política de Estados Unidos de una manera que
alivie la presión económica.
“El presidente electo no ha comentado mucho en público sus objetivos políticos para Cuba, aunque durante la campaña atacó la estrategia de Trump hacia La Habana”, refiere.
Igualmente, llama la atención sobre el hecho de que parte del
personal directivo de política exterior del equipo de transición de
Biden (entre ellos Antony Blinken, el nominado de Biden para secretario
de Estado, y Alejandro Mayorkas, el nominado para secretario de
Seguridad Nacional) participó en las negociaciones con Cuba durante el
segundo mandato del presidente Barack Obama.
“El equipo de Biden no se está tirando sin paracaídas a esto sin
experiencia previa”, dijo Rafael Hernández, politólogo y editor jefe de Temas, la revista de ciencias sociales más importante de Cuba. “Pueden retomar el consenso que crearon durante 2015 y 2016”.
“Biden representa la esperanza de que lo peor ha terminado”, dijo Hal
Klepak, profesor emérito de Historia y Estrategia en el Royal Military
College de Canadá, quien vive en La Habana una parte del año.
“Representa la posibilidad de una apertura renovada al estilo Obama.
Representa escuchar a la CIA, al Pentágono y al Departamento de
Seguridad Nacional sobre el valor de Cuba como amigo y colaborador y no
como enemigo”.
Tras citar esas declaraciones, el NYT señala que “la decisión
de volver a colocar a Cuba en la lista de Estados acusados de
patrocinar el terrorismo –una designación que la última vez se aplicó
por más de tres décadas, hasta que Obama la retiró en 2015– coronó un
incansable esfuerzo del Gobierno de Trump de imponer restricciones
económicas y diplomáticas a la isla”.
El secretario de Estado, Mike Pompeo, y otros, “trabajaron con el
objetivo de derogar cualquier cosa que pudiera ser vista como un
beneficio para el Gobierno de Cuba”, dijo Ted A. Henken, profesor
adjunto de Sociología en el Baruch College en Nueva York.
Aunque la compañía de Trump había estado buscando invertir en Cuba
poco antes de que asumiera el cargo, como presidente ha castigado a la
isla con las sanciones más duras en más de medio siglo. A los cruceros
estadounidenses se les prohibió atracar en puertos cubanos, se
prohibieron las remesas provenientes de Estados Unidos y se impidió que
los buques que transportaban petróleo desde Venezuela llegaran con su
carga.
“Lo único que queda son las relaciones diplomáticas”, dijo Henken.
“Todavía tenemos oficialmente relaciones diplomáticas con Cuba, a pesar
de que en la práctica están congeladas”.
Estos esfuerzos del Gobierno de Trump de revertir las iniciativas de
Obama han retrasado el desarrollo del sector privado en Cuba y
derrumbado los esfuerzos de empresas estadounidenses que habían
intentado construir relaciones tras la distensión de la era de Obama,
dijo Henken.
El NYT considera que una de las exigencias de Cuba, si regresa un
contexto de normalización de las relaciones bilaterales, sería la
eliminación de la designación como Estado patrocinador del terrorismo.
Al respecto, cita a William LeoGrande, profesor de Gobierno de la American University en Washington, quien afirma que “la
razón por la que esto es tan sensible para los cubanos es que han sido
objeto de literalmente cientos de ataques terroristas”, la mayoría de
los cuales fueron lanzados por exiliados cubanos con base en Estados
Unidos y entrenados y organizados por la CIA.
Así que los cubanos, dijo, “se ofenden mucho al ser etiquetados como partidarios de los terroristas”.