sábado, 9 de junio de 2018

La 2da temporada de la serie “ataques acústicos”


Por: Marco Velázquez Cristo.








La 2da temporada de la serie “ataques acústicos” que incluye dos nuevas “victimas” de estos en Cuba, ha extendido su escenografía a China.

En el caso de nuestro país el gobierno norteamericano con su proverbial desfachatez y haciendo caso omiso de la opinión de reconocidos expertos de varios países incluido el propio que, desestiman la ocurrencia de esos supuestos hechos con irrefutables argumentos científicos, continúa desarrollando la farsa agregando dos nuevos “afectados”. El fin inmediato es seguir deteriorando las relaciones diplomáticas hasta situarlas en un punto de ruptura, a la vez que causan daño económico haciendo disminuir el flujo de turistas principalmente los provenientes de EE.UU. y Canadá.

El intento de deteriorar la economía, acompañado de la drástica reducción del personal diplomático que limita el otorgamiento de visas y obstaculiza la emigración legal y las visitas familiares, así como la pretensión de presentar al gobierno cubano como responsable de toda esta situación tiene la finalidad de ir creando progresivamente las condiciones para la desestabilización del país.

Presumen que aumentando las carencias del pueblo, se generaran   insatisfacciones y estados de irritación, que unidos a la presión de los que desean emigrar, conducirán a situaciones de violencia y a un éxodo masivo hacia EE.UU., ante cuyo escenario tendrían el pretexto para, tal y como ha publicado  el Servicio de Guardacostas decretar el bloqueo naval para impedir que embarcaciones de La Florida  puedan llegar a Cuba y recoger a potenciales emigrantes, a la vez que interceptarían a las provenientes de nuestro país, retornándolas a su origen, actuación que justificarían aduciendo razones de  seguridad nacional, pero que en realidad estaría dirigida a elevar la tensión interna en Cuba.
El imperio desea ese escenario, por lo que no sería extraño que incremente la agresividad de sus acciones dirigidas a tratar de lograr concretarlo.

La medida final sería la intervención militar.

Pero una cosa es lo que pueda estar tramando el imperio y otra lo que pudiera hacer en la realidad.
Puede el gobierno norteamericano mandar a todas las instituciones que posee para la subversión político ideológica a dedicarse a tiempo completo a trabajar sobre la sociedad cubana, puede orientar a sus lacayos internos a apoyar las acciones de estas, puede seleccionar y preparar sus agentes de influencia, puede buscar estrangularnos económicamente, disminuir el flujo de turistas, llevarse sus diplomáticos, romper las relaciones con Cuba, presionar a sus aliados para que sigan su ejemplo, pero no podrá alcanzar sus fines.

La revolución cubana bajo la guía de Fidel supo educar, sembrar valores y unir al pueblo, la confianza del cual jamás ha traicionado, ni le ha mentido o desconocido, tampoco ha tomado ninguna medida en su contra, aun en las peores circunstancias ha protegido a los más vulnerables, siempre ha actuado de acuerdo a los intereses de la gran mayoría, sus principales dirigentes no han practicado la doble moral o el nepotismo, ni se han enriquecido a costa del sacrificio de sus compatriotas, por eso la sentimos y es nuestra Revolución. Ir contra ella, sería ir contra nosotros mismos y no somos suicidas.

Dentro de la sociedad cubana sus agentes de influencia, sus oficiales encubiertos y sus aliados internos, no encontrarán, ni podrán crear las condiciones para que el escenario de sus sueños se haga realidad. Tampoco nos quedaremos cruzados de brazos dejándolos actuar.

En el plano internacional, el prestigio y la autoridad alcanzados por la Revolución, labrados en más de medio siglo de intachable conducta de apego a la verdad, de respecto a la autodeterminación de los pueblos, de solidaridad con los más desposeídos y de defensa de sus derechos, de ayuda desinteresada a estos, de vertical denuncia de las injusticias, de no ceder ante chantajes o amenazas y mantener una trayectoria coherente basada en los principios, no los pueden borrar ni mil imperios juntos. No podrán aislarnos y al intentar hacerlo se aislarán ellos mismos.

En cuanto a China, el rumbo que está tomando el actual enfrentamiento económico con EE.UU en el cual la entrada de la Unión Europea no se ha producido como esperaban los estadunidenses que, tenían previsto sumarla a su cruzada contra ese país, algo que públicamente había manifestado Donald Trump, y por cuyo motivo habían excluido a las economías del viejo continente del alza arancelaria al acero y el aluminio proveniente de ellas, decisión que revirtió el magnate presidente aduciendo que las exportaciones estadounidenses sufren por injustos aranceles que les impone el bloque europeo, lo que  transformó un potencial aliado en un oponente que replicó subiendo el gravamen a unos cuantos productos norteamericanos.

Este cambio debe haber enfurecido al beodo de la Casablanca y su equipo de gobierno, sobre todo a su Secretario de Estado Mike Pompeo, miembro “ilustre” del Tea Party y de la Asociación Nacional del Rifle, tan soberbio y arrogante como su jefe.

Ambos halcones ultraconservadores deben andar muy frustrados con esa situación que los pone en desventaja ante su principal oponente que son los chinos, por eso empiezan a utilizar lo que al parecer se ha convertido en parte del arsenal de medidas de la “nueva diplomacia” estadunidense, “los ataques acústicos”, los cuales son empleados para justificar la aplicación de otras acciones de mayor agresividad.

En China donde ya han iniciado la evacuación de algunos diplomáticos, acompañada de la correspondiente campaña mediática para llamar la atención sobre los fabricados hechos y posicionar las matrices de opinión de su interés, es predecible que continúen la escalada intentando aplicar sanciones que debiliten y limiten las posiciones y capacidad de respuesta del país asiático en la guerra económica que sostienen contra él.

Las sanciones son una de las medidas predilectas de la actual administración norteamericana, a la aplicación de las cuales suelen arrastrar a sus aliados, algo que podrían intentar en esta ocasión, no solo para lograr un mayor impacto sino también para obligar mediante el chantaje a transformarse en aliados a actuales oponentes, porque en el tema de las sanciones son otros los intereses que entran a jugar.

Volviendo al tema de nuestra patria, quizás no tengamos que esperar mucho por la próxima felonía de Norteamérica, que tal vez confundiendo la sumisión de algunos que han cedido ante el chantaje, sucumbido a sus propios errores y cobardemente inclinado su frente ante ella, abandonando principios y amigos, incremente su agresividad pensando que a todos puede doblegar.

A tales pretensiones que responda el Comandante invicto: “Nuestro pueblo y nuestra Revolución lucharán hasta la última gota de sangre. A Cuba jamás la tendrán”

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