domingo, 23 de julio de 2017

Municipio de Martí en 26 (+Fotos)



El municipio matancero que ostenta el nombre del Apóstol, Martí, fue sede del acto provincial por el 64 aniversario del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes.  

Durante la cita se reafirmó el patriotismo y compromiso de los citadinos con la Revolución, según declaró Teresa Rojas Monzón, miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC) y primera secretaria de la organización en Matanzas.


Rojas Monzón refirió en las palabras centrales del acto la proeza de los jóvenes del Centenario. Además, recordó que este aniversario adquiere un sentido especial para los cubanos, por ser el primero sin la presencia física del eterno e invicto Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.



La primera secretaria del PCC en el territorio mencionó las potencialidades del municipio de Martí, condiciones que lo hicieron merecedor de la sede de las actividades provinciales por el 26 de Julio.

También, Dianelys Carmenate, presidenta de la Cooperativa de Créditos y Servicios Sandalio Rodolfo Díaz, expresó el compromiso y agradecimiento del campesinado.

Durante el acto 50 martienses recibieron el carné del PCC y de la Unión de Jóvenes Comunistas y se destacó a trabajadores de los diferentes sectores de la provincia.

Igualmente, el Buró municipal del Partido y el Consejo de la Administración reconocieron a organismos y personalidades, entre los que resalta la UBPC El Sordo, Equivar y la Empresa municipal de Comercio y Gastronomía, asi como Flor Arencibia Nazco, corresponsal de la Emisora Radio 26.



El acto político-cultural lo amenizaron los repentistas Orismay Hernández y Ricardo Gonzales, así como el dúo Lachy & Yasel, creadores del video clip Lo Prometí, canción dedicada a Fidel, Cuba y José Martí.

Martí, un municipio en desarrollo integral

Las principales autoridades políticas y representantes de las organizaciones de masa en la provincia recorrieron diversas obras de interés social y económico en el municipio de Martí.



Entre ellas destaca el Hogar de Ancianos, lugar que recibió una reparación capital y muestra mayor confort. De acuerdo con Margarita Martínez, de 98 años y quien reside en esta institución desde el 2000, el trato y las condiciones son excelentes. 


Asimismo se inauguró la Biblioteca Pública, espacio que complementa la formación cultural y educativa de los residentes, uno de los pilares de la Revolución.



Se expusieron las experiencias del Centro de Cría Porcina Frank País, dedicado a la crianza del cerdo y el manejo de fuentes renovables de energía.



Se conoció el avance en la reparación de los Baños Medicinales Menéndez y las opciones para este verano en la playa de igual nombre.


Por último, se visitó la Unidad Básica de Producción Cooperativa “El Sordo”, con un crecimiento sostenido en la economía y un amplio trabajo social.   (Yunielis Moliner Isasi. Fotos: Abel López Montes de Oca/Radio 26)

sábado, 22 de julio de 2017

Hora cero en Venezuela: ¿Tienen la fuerza suficiente?




Un manifestante de la derecha venezolana se esconde mientras sus compañeros lanzan explosivos. Foto: EFE.
Un manifestante de la derecha venezolana se esconde mientras sus compañeros lanzan explosivos. Foto: EFE.

Les huele a final. Donald Trump amenazó públicamente con sanciones económicas si el gobierno de Venezuela avanza en las elecciones de la Asamblea Nacional (ANC) el 30 de julio. El secretario de la Organización de Estados Americanos, Luis Almagro, fue en persona al Senado de los Estados Unidos a exponer sobre la crisis en Venezuela. Han instalado el resultado sin prueba alguna -quemaron las urnas antes del recuento- de los 7 millones 676 mil 894 votos que habrían conseguido en el plebiscito del domingo. Los medios internacionales los inflan, defienden, legitiman en cada uno de sus actos. Sienten que ya, que están a punto.

Entonces avanzan, es su “hora cero”. Las líneas son cinco. En política, la instalación del gobierno paralelo. Este viernes la Asamblea Nacional juramentará a sus magistrados para el Tribunal Supremo de Justicia, y la Mesa de Unidad Democrática anunció que elegirán al presidente del “gobierno de unidad” a través de elecciones primarias. Ya presentaron los puntos de su nuevo gobierno.

En la violencia, se trata de la combinación de las diferentes formas y la aparición de nuevas. Ya conocidas: incendiar personas -el miércoles fueron dos-, cortar por completo el acceso a zonas opositoras, realizar incursiones en zonas populares con grupos de choques, asediar instituciones públicas, hospitales, canales de televisión -como Venezolana de Televisión-, lanzar morteros, molotov, disparos con armas de fuego sobre fuerzas de seguridad del Estado y cuarteles, amenazar y asesinar chavistas, atacar los sistemas de distribución de alimentos. Nuevas, al menos de manera pública: ataque con armas largas, como fusiles R15 a plena luz del día en varios lugares. Se vienen, se prevé, un aumento de ataques de tipo militar. Los focos se multiplican en el país: Valencia, Barquisimeto, San Cristóbal, Caracas, Miranda, Mérida.

En lo internacional, los Estados Unidos han asumido la responsabilidad de la ofensiva de manera pública. Sus gobiernos aliados y subordinados amplifican y sostienen su posición. El mensaje ha sido claro: van a avanzar con sanciones económicas. Una hipótesis es que desconozcan oficialmente al gobierno una vez instalada la ANC, y pasen a reconocer al gobierno paralelo de la derecha como autoridad en Venezuela. ¿En qué se materializaría ese apoyo? Posiblemente en lo económico, militar, y diplomático.

En lo comunicacional el despliegue es total. No solamente la matriz legitima toda la violencia desplegada, la presenta como justa, épica y necesaria, sino que ya se desconoce directamente la existencia del chavismo. El domingo fue una muestra clara de eso: no existió mediáticamente el simulacro electoral realizado por el gobierno de cara a las elecciones del 30 de julio.

Simplemente no apareció, en particular a nivel internacional. Solo tuvo lugar un plebiscito ilegal, evidentemente manipulado.

En lo económico el objetivo es apretar más la asfixia. El anuncio de Donald Trump lo indicó de manera nítida, así como también los intentos de bloquear las líneas de importación de comida destinada a los Comités Locales de Abastecimiento y Producción. La presión económica internacional y la participación de la Federación de Cámaras y Asociaciones de Comercio y Producción de Venezuela -la gran burguesía-, junto con acciones violentas -quema de depósitos y camiones-, son los tres principales hilos del asedio a la economía que golpea sobre los sectores más humildes.

No dejar punto de escape. Esa es la estrategia para lograr el punto de quiebre.

***

La ecuación sigue, aún en este contexto, sin darles los números. Se han sumado a sus filas algunos chavistas, como el diplomático Isaías Medina, el día jueves. Pasan a reforzar la no tan larga lista de los que se dieron vuelta: los principales son Luisa Ortega Díaz y Miguel Rodríguez Torres -este último acusado de agente infiltrado desde hace años-. Cuentan además con el apoyo de sectores dentro del Cuerpo de Investigación Científicas, Penales y Criminalísticas, que trabajan para arrestar a sectores organizados del chavismo.

Esos actores son ahora parte del bloque histórico de la derecha, conformado por los partidos políticos de la Mesa de la Unidad Democrática y por fuera de ella, de la cúpula eclesial -que bendice a los grupos de choque en plena misa-, la gran burguesía, la oligarquía, las fuerzas paramilitares desplegadas en el territorios, los grupos de delincuentes al servicio de la violencia callejera, la base social histórica clasista -que aplaude cada vez que incendian a alguien- y el entramado internacional que engloba desde el Departamento de Estado norteamericano hasta la Exxon Mobil.

No tienen, luego de más de tres meses de iniciado el ciclo insurreccional, el apoyo de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana ni los sectores populares. Esto último no significa que no haya descontento en los barrios populares, que allí existan opositores que quieren que se vaya el gobierno, cansancio por la falta de respuestas a la situación económica que desmejora, gente que votó en el plebiscito el domingo. Lo que no se ha dado es una movilización de esos sectores en los llamados de las derechas. La composición de clase de las protestas es la misma, y la cantidad de participantes no ha aumentado: por la evidente violencia, su dirigencia elitista, la inexistencia de un proyecto que no sea salir de la “dictadura” como sea.

Por eso dependen del frente internacional. En ese marco debe entenderse el apoyo frontal de los Estados Unidos, el cerco internacional. El gobierno paralelo será legitimado desde el exterior, ya que en el plano nacional no tendrá fuerza suficiente para tener acciones reales: ¿qué harán una vez nombrados por la Asamblea Nacional los nuevos magistrados del Tribunal Supremo de Justicia? En este momento solo pueden lograr el objetivo de sacar al gobierno a través de una intervención directa, de forma camuflada o más visible.

***

Así como el gobierno ha perdido base de apoyo en sectores populares -en particular por la situación económica- también es cierto que su fuerza todavía es muy importante. Se evidenció el pasado domingo: algunos sectores del chavismo se vieron sorprendidos por la cantidad de votantes que acudió al simulacro. Están las fotos y videos para quienes duden. La derecha por su parte lo negó, aunque tomó nota: el chavismo está en pie, consciente del momento y lugar histórico que ocupa, de la necesidad de resolver el conflicto por las vías democráticas y participativas.

No se trata de hacer triunfalismo ni de pensar que lo sucedido el domingo es inamovible. El objetivo inmediato para el chavismo es llegar al 30, legitimar la Asamblea Nacional Constituyente con un alto porcentaje de participación -lo contrario agravaría el escenario-, evitar que se abran escenarios de destrozos masivos en las ciudades, ataques militares opositores, que la sociedad caiga en el enfrentamiento buscado por parte de la derecha. Se trata de un escenario complejo, donde es necesario inteligencia, unidad y organización del chavismo.

La derecha huele el final, los números no dan. El conflicto, por las variables, parece de carácter prolongado. La revolución no enfrenta a la dirigencia venezolana, enfrenta al imperialismo norteamericano.


(Tomado del blog Hasta el Nocau)

viernes, 21 de julio de 2017

Ideas en el centro del debate


Elier Ramírez Cañedo

Estos días han sido muy intensos en las redes sociales. Una entrevista al reconocido intelectual cubano Enrique Ubieta, aparecida en Granma (7 de julio del 2017), donde sostiene que el llamado «centrismo» no es más que un disfraz de los que hoy pretenden restaurar el capitalismo en Cuba por la puerta de la cocina, desató la ya conocida
maquinaria de fango contra su persona. Junto a los improperios y la manipulación, han salido a la palestra pública, contaminando en muchos casos la posibilidad de un debate serio y respetuoso, los oportunistas, resentidos y hasta «conversos»; esos que antes fueron defensores a ultranza del dogma y ahora se presentan como abogados de la mayor pluralidad de ideas posibles.

Muchos de los que atacaron con vehemencia el uso de cualquier etiqueta, respondieron con todo un rosario de ellas.

Hasta se llegó a hablar de una campaña, de una cacería de brujas, del regreso del «Quinquenio Gris» y otras elucubraciones, todo lo cual elude lo esencial del debate y muchas veces hace gala del viejo recurso de la victimización.

No me cuestiono que compañeros honrados y revolucionarios, estén siempre alertas para criticar y enfrentar cualquier manifestación que pretenda renovar algunas de aquellas prácticas lastimosas del pasado que por suerte extirpamos de nuestra política cultural; estamos juntos en esa batalla, pero pensar que porque se discrepe sobre determinados asertos, juicios e ideas sobre la base del argumento –no puede haber otro camino– estamos de nuevo en aquellos años grises me parece una exageración o un recurso que precisamente busca lo mismo que se condena: cercenar el pensamiento diverso.
En un texto anterior que fue publicado en Granma (6 de junio del 2017), La tercera vía o centrismo político en Cuba, hice el siguiente comentario: «Cuando se pondera la moderación frente al radicalismo revolucionario cubano –que es ir a la raíz, para nada asociado al extremismo que es otra cosa–, me es inevitable no encontrar determinadas analogías entre ese “centrismo” que hoy se intenta articular en Cuba, con el autonomismo decimonónico». Al parecer, esta reflexión no fue bien comprendida por algunos o sencillamente ha caído en terreno de la manipulación. Es cierto que la historia no se repite miméticamente –aunque en ocasiones lo haga como tragedia y otra como farsa, para decirlo con Marx–, pero muchos de sus procesos y tendencias políticas han tenido una evolución hasta nuestros días. Ignorar eso, es sencillamente una barbaridad. El anexionismo de hoy por supuesto que no es el mismo del siglo XIX, ¿pero acaso podemos decir que no lo hay en nuestra realidad nacional? Muchos de los autonomistas del siglo XIX terminaron reciclándose en el anexionismo al producirse la intervención estadounidense en 1898 y siendo funcionales a la dominación neocolonial instaurada a inicios del siglo XX. No fue casual que el primer gabinete de Estrada Palma fuera copado prácticamente por antiguos autonomistas. Nuestra cultura patriótica, independentista, nacional-revolucionaria y antimperialista, tampoco es exactamente igual a la del siglo XIX o del XX; se trata de un fenómeno vivo, pero cuyas claves solo se entienden al profundizar en su evolución histórica.

Cuando señalo que veo analogías entre el autonomismo del siglo XIX cubano, con cierta derecha que hoy asume la máscara de centro –de proyecciones socialdemócratas–, es porque ambas corrientes se adhieren a ese nacionalismo de derecha que tiene una larga acumulación cultural en la historia de Cuba.

Asimismo, lo de «centrismo» o «tercera vía» no es una invención nuestra, llama la atención que personas ilustradas se lo pregunten, cuando está ampliamente documentado por la historia, que ha sido un instrumento eficaz hasta nuestros días utilizado en distintas variantes por los sectores dominantes del sistema capitalista, para mantener o recomponer su hegemonía sobre la base de mejores consensos, para evitar el triunfo de revoluciones, disminuir la influencia de las ideas comunistas, o para –como es el caso de Cuba en la actualidad–, restituir el capitalismo.

 No es un fenómeno insignificante como algunos pretenden hacer ver, utilizando como engañifa para esquivar el debate, que hay otros temas más urgentes o señalando que deberíamos concentrarnos en resolver los problemas de la vida cotidiana del pueblo cubano antes de estar buscando «fantasmas». ¿Qué se pretende, que abandonemos el campo de la lucha ideológica, tan imprescindible para nuestro proyecto, como el de la batalla económica? Estoy consciente que la mejor manera de hacer ideología es cuando esta se materializa en la práctica, pero jamás se puede menospreciar el terreno de las subjetividades. Si los revolucionarios cubanos hubiéramos esperado a tener todos los problemas de nuestra vida cotidiana resueltos para hacer ideología, ni siquiera este debate estuviera teniendo lugar, pues no existiría la Revolución. Nuestra visión tiene que ser siempre totalizadora, al tiempo que nos recuperamos económicamente –cuestión de vida o muerte para nosotros–, debemos ir generando una cultura –en su sentido antropológico– diferente y superior a la del capitalismo.

De varios textos leídos en estos días surge una inevitable interrogante: ¿se puede ser anticolonialista y antimperialista, bases sólidas de nuestro movimiento revolucionario sobre las cuales se ha tejido la unidad y al propio tiempo simpatizar, promover o divulgar las ideas y símbolos del capitalismo, ya sea en su variante socialdemócrata o neoliberal? Imposible.

La hegemonía cultural socialista y liberadora que defendemos, es a contracorriente de la hegemonía dominante del capitalismo. Esa es la verdadera pelea de león a mono. Es cierto que nuestra limitada dominación debe estar siempre en función de la emancipación, ¿pero cómo entender que alguien se considere hereje frente a todas las dominaciones posibles cuando consciente o ingenuamente le hace el juego a las plataformas que se están utilizando hoy en Cuba para introducirnos las ideas capitalistas por vías mucho más artificiosas?

Cada cual es libre de profesar y sentirse heredero de determinadas ideas, pero es muy difícil imaginarse un martiano, si asumimos el proyecto martiano en su totalidad, y aspirar al mismo tiempo a que Cuba abrace en pleno siglo XXI la socialdemocracia. No se puede olvidar que José Martí encarnó lo más radical y auténtico del nacionalismo revolucionario del siglo XIX, opuesto totalmente a las opciones autonomistas y anexionistas. Hablar de nacionalismo a secas solo contribuye a la ambigüedad. Resulta también un sinsentido, en el mejor de los casos, aspirar a una Cuba
socialdemócrata al estilo de los países escandinavos y al propio tiempo defender la soberanía de Cuba. Esto es obviar olímpicamente la historia de Cuba y de América Latina en sus relaciones con los Estados Unidos, así como el orden vigente del sistema capitalista, donde los centros impiden a toda costa que los países subordinados rompan su condición periférica, si no, miremos Brasil y Argentina.

En el caso de Cuba, Estados Unidos jamás permitió la existencia de una burguesía nacional durante casi 60 años de república neocolonial burguesa. Pero no solo es una cuestión de permisibilidad, sino que el sistema capitalista para funcionar como tal se internacionaliza, establece sus reglas. Dentro de esas reglas, a Cuba no le correspondería otro destino que el de la subordinación a poderes foráneos, aunque ya no existiera bloqueo ni base naval estadounidense en Guantánamo. Cuba no sería otra Suecia, ni Dinamarca –como de forma idílica expresan algunos autores, desconociendo incluso los males que hoy también aquejan a esos países–, sus modelos de comparación estarían en El Salvador, Honduras o República Dominicana, si es que aspirara a algún lugar dentro del sistema mundo del capitalismo. Solo el socialismo, como se ha demostrado en estos ya casi 60 años de Revolución, constituye garantía de nuestra independencia y soberanía.

Un libro que saldrá próximamente por la Editorial Ocean Sur, del periodista y diplomático Pedro Prada, quien vivió personalmente el derrumbe del socialismo en la URSS, aporta una reflexión muy importante para este debate: «Una de las lecturas más complejas, contrarrevolucionarias y subversivas de la historia que esas generaciones –se refiere a la generación de Gorbachov– hicieron fue que la socialdemocracia europea y latinoamericana eran portadoras de la simiente de “un socialismo con rostro humano” –en el entendido de que el propio no lo tenía–, capaz de deslumbrar por proveer, per se, mercados abarrotados de productos de alta calidad y competitividad que no podían adquirirse en el cerrado mercado soviético»
.
(…) «Así, cuando Gorbachov llega al poder, quiere cambiar las cosas, pero se compara con los modelos capitalistas de bienestar escandinavos, (...). Quiere despertar al periodismo para que sea portavoz de los necesarios cambios y convierte la profesión en un grosero ejercicio de striptease. Saca al genio de su lámpara, destapa la caja de Pandora y no alcanza a reunir valor, talento ni intención de pararlo porque al final, lo va a confesar: “Había que cambiarlo todo”… ¿Todo?».
(…) «Por eso hay quien se afila los dientes y hace planes para sembrar las semillas del mal entre nuestro pueblo, hacerlas germinar en las elecciones generales del 2018, y que empiecen a dar flores y frutos venenosos en la Asamblea Nacional y en los comicios del 2023 o más tarde, sin apuro, como cáncer.

«El reformismo es ahora la realpolitik. Lo revolucionario es contrarrevolucionario. Las derechas, incluidas las ultras, son ahora el centro –que es ¡nos dicen!, lo correcto, porque es sinónimo del equilibrio. Las izquierdas, nos explican, son extremistas».

También entiendo que colegas y amigos, se preocupen por la división que estos debates puedan generar, pero ello no puede constituir nunca una barrera infranqueable para la discusión y polémica entre revolucionarios. Por supuesto, está claro que este tema es sensible, pues se trata de militancias y de alertas que algunos interpretan como paranoia, o pretexto para exclusiones. Pero siempre es necesario que nos preguntemos de qué unidad se está hablando, pues ahora está de moda también cierto relativismo extremo que utiliza como argumento la idea «Con todos y para el bien de todos», del discurso de 1891 pronunciado por Martí en Tampa, en plena campaña revolucionaria, restándole su verdadero significado. Está claro que para Martí quedaban excluidos de ese «todos», los autonomistas y anexionistas, los incorregiblemente contrarrevolucionarios, para usar la frase de Fidel en sus históricas Palabras a los intelectuales del 30 de junio de 1961. Pero siguiendo las enseñanzas de Martí y Fidel, debemos tratar de sumar a todos los que sea posible, a los que tengan dudas o anden confundidos. En palabras del Apóstol: «El templo está abierto, y la alfombra está al entrar, para que dejen en ella las sandalias los que anduvieron por el fango, o se equivocaron de camino».1 El tiempo se ocupará en definitiva de sacar a flote la verdad y colocar a cada quien en su verdadero lugar.
La unidad hay que construirla sobre bases antidogmáticas, pero sólidas en cuanto a los principios y esencias políticas que se defienden, sin desconocer las circunstancias históricas. El 14 de diciembre de 1957, al denunciar el Pacto de Miami, Fidel escribió: «Pero lo importante para la Revolución, no es la unidad en sí, sino las bases de dicha unidad, la forma en que se viabilice y las intenciones patrióticas que la animen».

(La versión original del texto fue publicada en el blog del autor Dialogar, Dialogar)
Notas
1
José Martí: El lenguaje reciente de ciertos autonomistas, en: Obras completas, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, t.3, p.

jueves, 20 de julio de 2017

LVII Serie Nacional de Béisbol: Los Cocodrilos de Matanzas ya tienen nombres


Clasificar entre los cuatro primeros lugares en la primera etapa de la LVII Serie Nacional de Béisbol, a inaugurarse el próximo día 5 de de agosto, es el objetivo del equipo de los Cocodrilos de Matanzas, dado a conocer la noche de este miércoles en la sede del Gobierno Provincial, en la capital yumurina.
Con la presencia de Teresa Rojas Monzón, primera secretaria del Partido en el territorio, Mario Savigne Lorenzo, primer vicepresidente del Gobierno a igual instancia, y directivos del citado deporte en el país, se conocieron los pormenores de esa selección, tercer lugar en la anterior contienda.

Antes de conocerse la nómina de los Saurios matanceros, el Director Nacional de Béisbol, Yosvani Aragón, manifestó que la temporada estará dedicada al líder invicto de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz, quien hasta los últimos momentos de su vida escribió en sus Reflexiones del deporte y, en particular, del béisbol.


Se refirió el directivo, además, a los principales problemas que aquejan a la disciplina en el país, incluido el arbitraje y la zona de strikes, que debe ajustarse, enfatizó, a lo que ocurre a nivel internacional.

También habló del nuevo libro sobre las Series Nacionales de Béisbol, e incluye el reglamento disciplinario para todas las categorías, incluidas las del sexo femenino.
En cuanto a la disciplina manifestó que, aunque Matanzas es ejemplo de ello, debe prevalecer dentro y fuera del terreno, pero también en el respeto al planteamiento táctico de los cuerpos de dirección.
“Los directores, árbitros, comisarios y cuantos tengan la responsabilidad de velar por la calidad y belleza del espectáculo en los estadios, tendrán muy en cuenta este aspecto durante los juegos”.
Informó, además, que los encuentros comenzarán a las 2:00pm y 4:00pm, y solo los territorios que posean disponibilidad eléctrica podrán hacerlo más tarde o en el horario de la noche.
“Conocemos cuanto malestar crea esto entre los aficionados, pues trabajan o están en otras necesidades, pero debemos ajustarnos a la realidad de estos momentos”.
Por su parte, Higinio Vélez, presidente de la Federación Cubana de la disciplina, habló de la condiciones que debe tener los peloteros para que se sientan lo mejor posible, desde los club house, dogout, terrenos, alimentación y atenciones en general, lo que coadyuvará a una mayor entrega en el terreno, aunque, precisó, “en nuestro tiempo no lo tuvimos ese confort, y nos consagrábamos al béisbol”

 Dijo que debe tenerse en cuenta que cuanto ocurra en los estadios será llevado al mundo por la televisión, por lo que la entrega y disciplina deben primar en cada jornada.

Higinio llamó, por último, a jugar con alegría, a disfrutar de cada juego, aspectos en los que el Matanzas ha dado ejemplos en los últimos años y de ahí sus buenos resultados al final de cada Serie Nacional.

Posteriormente se dio a conocer la nómina del equipo, compuesta por:
Receptores, Ariel Martínez, Orlando Arencibia y Yan Alejandro Pérez.
Jugadores de cuadro, Yurisbel Gracial, Jefferson Delgado, Yasiel Santoya, Aníbal Medina, Lázaro Herrera, Edel Tamayo, Juan Miguel Martínez, Ronney Muñiz (N) y Jans Bárbaro Chávez.
Jardineros, Ariel Sánchez, Eduardo Blanco, Juan Miguel Vázquez, Demis Valdés, Dariel Polledo, Carlos Gómez (N) y José Amauris Noroña.

Lanzadores, Yoanni Yera, Jonder Martínez, Ramón Licor, Irandy Castro, Roy Hernández, Alexander Bustamante, Yohan Hernández, Félix Fuentes, Alexander Hernández, Armando Addiel Dueñas, Renner Rivero, Elián René Quiñónez (N) y Denis Quesada.

Director, Víctor Figueroa, con Juan Manríquez y Alexis Garro como auxiliares; Jesús Salgado y Heriberto Collazo, entrenadores, y Leandro Arco, preparador físico. Cargabates, José Ramírez, y Abelardo García (médico), Tomás Valor (fisoterapeuta), Michel Poey (masajista), Miguel A. Montejo (delegado) y Héctor Rodríguez (comisionado provincial de béisbol).

Trump, la Hora 0 y el chavismo bravío



 
Utilizaron un camion para estrellarlo contra la cerca y luego derribarla. Foto: Reuters.
Foto: Reuters.
El domingo 16 de julio dio inicio en Venezuela una nueva fase de la guerra no convencional de factura estadunidense, que la cúpula extremista y maximalista que se apoderó de la conducción de la Mesa de Unidad Democrática (MUD) ha denominado la “Hora 0”.

En medio de una sostenida violencia de corte paramilitar y terrorista que supera los 100 días de duración, la puesta en escena de la “consulta ciudadana” se dio en el marco de anuncios catastrofistas como el del diputado neofascista Freddy Guevara, de Voluntad Popular, quien aseguró en un canal de televisión que luego del “plebiscito” en contra de las elecciones para constituir la Asamblea Nacional Constituyente, “vendrá algo que nunca hemos visto en nuestro país”.

Guevara habló de un “levantamiento total”, que a juzgar por los manuales de la Guerra No Convencional del Pentágono dirigida a provocar un “cambio de régimen”, augura escenarios tipo Libia, Ucrania o Siria. Es decir, estaríamos en el inicio del estallido de una guerra fratricida entre venezolanos, con intervención de potencias extranjeras, mercenarios y grupos paramilitares.
Y es que más allá de los resultados ilegítimos y fraudulentos de la consulta, que fueron propagandeados urbi et orbi por la canalla mediática transnacional con fines de legitimación, el objetivo del plebiscito-trampa de la MUD sigue siendo el mismo: derrocar al presidente constitucional y legítimo de Venezuela, Nicolás Maduro.

La también llamada “etapa decisiva”, es una nueva fase del golpe de Estado continuado o permanente que en los últimos tres meses ha sumido al país en una violencia caótica y desestabilizadora de nuevo tipo, que utiliza como forma de lucha política una metodología terrorista. Es decir, el uso ilegal, premeditado, calculado y sistemático de una violencia indiscriminada y letal contra población civil, para provocar miedo y un terror paralizante en la sociedad. Lo que ha sido combinado con sabotajes contra el sistema eléctrico nacional y centros de acopio de alimentos, y ataques a cuarteles que buscan generar desmoralización y provocar divisiones al interior de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.

Con apoyo de la beligerante jerarquía conservadora de la Iglesia católica local, convertida en una facción más de la partidocracia de la MUD; de un grupo de gobiernos derechistas de Europa (con Mariano Rajoy a la cabeza) y del hemisferio agrupados en la Organización de Estados Americanos (OEA) bajo la batuta de Washington, y de los principales periódicos, cadenas y conglomerados mediáticos del orbe que a diario reproducen la ideología dominante y la dictadura del pensamiento único neoliberal (The New York Times, The Washington Post , El País, ABC, el Grupo Clarín, O’ Globo, CNN, Televisa, BBC, Reuters, EFE y un largo etcétera); siguiendo tácticas psicosociales y político-militares de los manuales de la guerra asimétrica, irregular o híbrida del Ejército estadunidense, y en el marco de una intensificación de acciones bélicas de corte terrorista, la nueva escalada golpista del combo reaccionario pasa por la formación de un “gobierno de transición” paralelo, con un “gabinete de emergencia” que contarán con el aval de Washington y sus comparsas del mundo occidental.

Como admitió el disidente de la MUD Enrique Ochoa Antich, esa estrategia busca crear un “poder paralelo” al institucional y legalmente constituido de Nicolás Maduro, cuyo mandato concluye en enero de 2019; una suerte de “gobierno en el exilio pero adentro”, que podría degenerar en más violencia armada y polarización social y “en una guerra civil financiada desde el exterior, incluso con una intervención extranjera”

Además de ser una maniobra diversionista y engañosa para sus propios seguidores, el fraude plebiscitario de la MUD tuvo como uno de sus principales objetivos acentuar la deslegitimación internacional del gobierno de Maduro y convertir a Venezuela en una “Estado forajido” o “fallido” para justificar una “intervención humanitaria” de EU y sus aliados.

Los terroristas buenos y la canalla mediática

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Para ello, en la fase anterior Washington y algunos países de la OEA −Canadá, México y Colombia con sus paramilitares incluidos−, han avalado las acciones de grupos terroristas y mercenarios que han utilizado artefactos letales como bombas, cocteles molotov, niples, guayas para degollar motociclistas, chopos, morteros, cohetones y armas de fuego contra civiles.

Es un terrorismo de nuevo tipo, que mediante campañas de saturación mediática de la prensa hegemónica se encubre bajo una apariencia de “movilización pacífica”; si fueran pacíficos no estarían armados ni lincharían o convertirían a sus víctimas en piras humanas; tampoco incendiarían hospitales y guarderías con niños adentro, ni destruirían toneladas de alimentos y productos de primera necesidad que iban a ser destinados a los barrios populares.

Tras la fracasada estrategia golpe de Estado-paro petrolero-abstención de 2001/2006, auspiciada y financiada por la administración de George W. Bush, desde las violentas guarimbas de 2014 hasta el presente Estados Unidos y los conglomerados mediáticos privados han logrado ganar la guerra simbólica en el exterior (pero no al interior de Venezuela), mediante matrices de opinión donde la violencia terrorista de la MUD siempre es válida y justiciera, y la respuesta gubernamental “represiva”, “dictatorial” o propia de un “Estado forajido” violador de derechos humanos.
Como señaló el lunes el canciller venezolano Samuel Moncada a propósito de la irresponsable cobertura falta de rigor lógico de las grandes corporaciones mediáticas

sobre las dos consultas del domingo: la chavista y la opositora, existió un “total desinterés en trasmitir la verdad”, ya que por el contrario se dedicaron a repetir un concepto muy practicado llamado “gaslighting” (o pote de humo), que consiste en sembrar información falsa para “hacer dudar a las personas sobre sus propias ideas, aislándolas de la realidad”. Sobre la consulta de la MUD añadió que “a nadie le interesa la verdad, lo que importa es el efecto, una operación de propaganda para manipular incluso a sus propios seguidores”.

Con el agregado que para montar esa ficción de lucha política seudodemocrática, las concentraciones violentas de la “oposición pacífica” siempre cuentan con camarógrafos y fotógrafos que operan como una virtual unidad de combate terroristas/medios, ya que las imágenes, sumadas luego a distorsiones (des)informativas y a la propagación de noticias falsas (fake news) y una narrativa sesgada e ideologizada de las redacciones, son un engranaje clave de las operaciones de guerra psicológica.
Al respecto, sirva como ejemplo de la manipulación (des)informativa las imágenes divulgadas por la agencia española EFE el domingo 16 (de las que se hizo eco el diario madrileño El País como parte de la misma maniobra confusionista), donde centros de votación del ensayo electoral constituyente del CNE fueron presentados como puntos de sufragio de la consulta de la MUD, bajo un pie de foto que decía: “EFE. Chavistas aguardan para votar en la consulta opositora”. (sic)

Tampoco es casual que en total sintonía con la hoja de ruta orquestada desde el Comando Sur por el almirante Kurt Tidd, que incluye la propuesta “integral” senatorial bipartidista del Congreso en Washington para la “asistencia humanitaria y la defensa de la gobernanza democrática” en Venezuela (encabezada por el demócrata Ben Cardin y el republicano Marco Rubio), los diarios mexicanos El Universal y Milenio hayan enviado reporteros a Caracas y publiquen este martes 18 sendos reportajes de corte similar: “Sin comida. La lucha de los más pobres” y “Venezuela hambrienta”.

La ExxonMobil y la hoja de ruta de Washington

La realidad es que en la coyuntura, tras decrecer el respaldo clasemediero a las protestas callejeras violentas y consolidarse el respaldo popular a la iniciativa presidencial de la Constituyente del 30-J, la MUD y sus titiriteros del exterior inventaron un mecanismo paralelo al referéndum constitucional.
La pantomima opositora del domingo fue una consulta seudojurídica, anticonstitucional y viciada de nulidad, ya que la fórmula del “plebiscito” no existe en la normatividad venezolana vigente. Y según la Constitución –como ocurre en todos los países del mundo− todo acto comicial de envergadura nacional debe estar avalado, acompañado o realizado la máxima autoridad en la materia: el Consejo Nacional Electoral (CNE).

Así, la consulta de la MUD fue un mero acto de manejo de expectativas políticas no sujeto a parámetros de control previo, ni en su ejecución ni posterior al mismo. Además, fiel al estilo piromaníaco de las protestas callejeras de la MUD, los cuadernos de la consulta fueron incinerados, lo que hace inauditable el conteo de electores y votos. Algo así como cometer fraude y quemar la evidencia.

Por qué el ex presidente de México, Vicente Fox, se prestó a esa tramoya mediática de la derecha violenta es de simple comprensión: el “cachorro del imperio” −como lo llamó el comandante Hugo Chávez en la cumbre de Mar del Plata, en 2005, por su espíritu lacayuno y servil hacia George W. Bush− lleva el sello reaccionario y antidemocrático en su ADN, amén de que debido a su militancia en el PRIAN: la conjunción neoliberal a ultranza conformada por los partidos Revolucionario Institucional (PRI) y Acción Nacional (PAN),está acostumbrado a los fraudes de Estado por “razones patrióticas”; es decir, aquellas que garanticen la vigencia del statu quo y las relaciones de dominación al servicio de la clase capitalista transnacional , a las que les cobra por sus servicios: ¡Sólo 250 mil dólares por avalar la consulta opositora del domingo!

En la interna de Venezuela, el plebiscito fraudulento del domingo (como parte del cronograma conspiracionista y sedicioso del Pentágono), tuvo como finalidad profundizar el desacato de la Asamblea Nacional y dar paso a un “gobierno de unidad” paralelo; servir como medio de legitimación de actos de sabotaje, paros de transporte y del sector petrolero para intentar colapsar la economía; profundizar la violencia callejera para paralizar e inhibir la acción gubernamental y un eventual control de territorios en ciudades importantes.

En ese contexto −a lo que se suma la huelga general de 24 horas del jueves−, la presión injerencista y el cerco político-diplomático del exterior es clave para legitimar una invasión extranjera por razones “humanitarias”, según anticipó el diputado Juan Requesens, de Primero Justicia.

La amenaza del presidente Donald Trump de imponer sanciones económicas y financieras ilegales y extraterritoriales a Venezuela si se realiza la elección para la Asamblea Nacional Constituyente el 30-J, a la que se suman la Unión Europea y la OEA con el inefable Luis Almagro y su Carta Democrática, cierran la pinza según lo diseñado hace dos años en la Operación Venezuela Freedom- 2 del Comando Sur.

En el campo de los poderes fácticos no pasan desapercibidas en esta “Hora 0”, el cabildeo intervencionista a favor de un “cambio de régimen” de dos actores con intereses geopolíticos diversos: la corporación petrolera ExxonMobil, de la que fue su histórico GEO el actual secretario de Estado Rex Tillerson y la jerarquía de la Iglesia católica venezolana.

La ExxonMobil ha invertido cuantiosos recursos para derrocar a Nicolás Maduro, financiando entre otros la campaña del presidente Trump y a senadores estadunidenses como Marco Rubio, Ed Royce, Ileana Ros y Bob Menéndez para que apliquen un paquete de sanciones económicas contra Venezuela y brinden apoyo a los “luchadores de la libertad” que han desatado la violencia terrorista en el país.
El financiamiento y la extorsión política de la Exxon se explican por la disminución de su influencia en la región latinoamericana, y en Venezuela en particular, debido a los acuerdos de cooperación energética y política de PDVSA con Rusia y China, acuerdos que son presentados en Washington como un problema de “seguridad nacional” de Estados Unidos, para acelerar la intervención del Pentágono.

El papa Francisco y sus ovejas descarriadas de la CEV

En relación con los miembros de la Conferencia Episcopal Venezolana, no llama la atención que en vez de servir de puente para el diálogo y la concordia y secundar la posición del papa Francisco, se sumen ahora al coro de los violentos y terroristas (igual que en el golpe de Estado del 11/A contra Hugo Chávez en 2002), con una declaración pública vergonzosa que constituye un llamado a desconocer al presidente constitucional y legítimo Nicolás Maduro.

A nivel personal destacó por su enjundia rabiosa y neofranquista el presidente de la CEV, monseñor Diego Padrón, quien acusó al gobierno de intentar establecer en Venezuela “una dictadura militarista, marxista y comunista”. Como dice José Vicente Rangel, “los obispos se quitaron la careta”. Secundado por el cura que bendijo las armas “artesanales” de los foquistas que asediaron la base militar de La Carlota, Padrón y sus compinches ensotanados integran, como en el Chile de Pinochet y la Argentina de Videla, una facción más de la partidocracia nucleada en la MUD.

Resulta evidente que sin el factor violencia y el apoyo imperial, la conducción neofascista de la MUD carece de proyección mediática, en una coyuntura donde la correlación de fuerzas interna no le favorece, según se comprobó fraude mediante el domingo 16.

Nicolás Maduro y el chavismo bravío mantienen el poder asentado en una unidad cívico/militar con una férrea unidad de mando. A ello se suma el respaldo activo de las comunas y de colectivos populares organizados, y una milicia de 500 mil hombres y mujeres armados en todo el territorio. El gobierno constitucional cuenta, además, con recursos legales y con los organismos institucionales encargados de aplicarlos.

De allí que, frente al “carmonazo” en cámara lenta del presente y el anuncio de represalias por parte del jefe formal del imperio, es hora de cerrar filas y acompañar al pueblo bolivariano en su camino hacia la constituyente del 30-J, y de responder a Trump, en las palabras de Ernesto Villegas, con el muy chavista “¡váyanse al carajo, yankies de mierda!”

miércoles, 19 de julio de 2017

Las falacias en su centro.

Por: Enrique Ubieta
Tomado de La Pupila Insomne

La verdad social puede ser escurridiza. No basta con pretenderla para hallarla. A diferencia de la manzana de Newton, no siempre cae hacia abajo. En gran medida su descubrimiento depende de nuestros ojos; y más que de los ojos, de nuestra mirada, o para ser más exactos, de nuestro ángulo de visión, de nuestra atalaya. Existe con independencia de los individuos; pero la guerra en torno a su legitimación expresa intereses. Las simplificaciones más comunes acogen extremos falsos: que la verdad está repartida entre todos, que es la suma de todos los ángulos de visión; que sin la verdad de los explotadores es parcial e incompleta la verdad de los explotados. Es curioso, pero los extremismos se ubican, paradójicamente, en la comodidad del centro.
Algunos textos de apreciados colegas que fueron publicados en medios digitales y la entrevista que Cubadebate me hiciera –aparecida también en las páginas de Granma–, todos sobre el supuesto centrismo de corrientes ideológicas que intentan asentarse en Cuba, provocaron un enorme revuelo en diversas plataformas digitales, algunas de abierto perfil contrarrevolucionario. Lo paradójico es que, al menos en las primeras jornadas, los aludidos y los que no habían sido aludidos –pero sintieron que podían serlo–, en lugar de discutir los argumentos, invirtieron los roles: nos acusaron de victimarios, de censores. La exigencia de que hablásemos de los problemas de la agricultura, o de la burocracia, o de cualquier asunto no resuelto, y no de tendencias ideológicas, paralizaba el debate. Pero la excusa es insostenible: ninguno de los problemas actuales que enfrenta el país podrá ser resuelto si perdemos la Revolución (1).

Iniciaré estas reflexiones, que pretenden rescatar el debate extraviado, con una breve referencia al artículo que Cuba Posible –principal plataforma en la web del más sutil pensamiento restaurador– coloca como primera respuesta a la denuncia de su intención desmovilizadora, e iré abriendo el análisis a otros tópicos. El autor del texto, Lennier López, acepta y reivindica el término desde el propio título: La centralidad del tablero es radical, demócrata, socialista e ilustrada. Para ello apela a dos o tres ideas muy simples, impracticadas e impracticables: hay que eliminar los “discursos polarizadores”, la “política de guerra”, porque según su aséptica comprensión, la política “es la administración efectiva del poder”, y no “una batalla desleal, sin reglas”, por eso propone sustituir el eje “izquierda-derecha” por “la centralidad del tablero (…) de una partida en desarrollo”. Todo esto, reconozcámoslo, dicho de forma elegante, desde una torre que llaman “laboratorio de ideas” –como se autodenomina esa Cuba que solo sería Posible si perdemos a Cuba–, construida, según declaración reciente de sus fundadores, para propiciar “una evolución gradual del actual modelo sociopolítico cubano”, mientras otros desde Washington, y desde algunas otras sedes alternas y subcapitalistas de América Latina, mueven en Caracas los hilos de la “política de guerra”, de la violencia, o alternan funciones en el reparto de zanahorias y garrotes para Cuba (Obama dixit).

Lennier insiste en la metáfora de la partida de ajedrez –empleada antes por el derechista Aznar, cuando era primer ministro de España y respondida por Fidel– para entender la política: “las piezas –dice el articulista citado– están dispersas ocupando columnas, diagonales y casillas en todos los sectores del tablero. La centralidad resulta, entonces, un intento de hacer política desde la transversalidad”. Viene al caso la respuesta de Fidel al político español: “hubo un caballerito que como en un tablero de ajedrez me dijo que si Cuba movía fichas, ellos movían fichas y yo le dije que el destino de un país no se juega en un tablero de ajedrez”. Lennier, desde luego, no pretende una discusión de pueblo, aunque la invoque y enumere deficiencias o carencias no estructurales, que cualquiera reconocería, para eludir los temas de fondo.

Hay señales de olor en el texto que atraen al público entendido, capaz de “degustarlo”; actitudes correctísimas, que prestigian mucho: Lennier defiende, por supuesto, la Razón y adopta el discurso de la Ilustración, el de la burguesía en ascenso, en una suerte de utopía reaccionaria, aunque se declara, a la vez, moderno, postmoderno y postestructuralista. Pretende estar en el centro, ser antidogmático, pero asume todos los dogmas de la derecha. Hay que reconocer que fue creativo al utilizar el término Centralidad… ¡qué hallazgo! Como me comentaba alguien que no respeta esa portentosa imagen: es un gato en el centro del tejado de zinc caliente. Y en un quejido lastimero declara: “¡Qué desperdicio para una nación el dejar fuera de la participación política a varios segmentos de sí misma!” ¡Sí, qué desperdicio, digo yo, que haya clases y lucha de clases, naciones opresoras y naciones oprimidas, patriotas y vendepatrias! Lennier es tan socialista como Felipe González.

Porque en lo común no se trata de perspectivas o de opiniones diferentes, sino de intereses contrapuestos. Repito y preciso: intereses de clase. El conflicto histórico de los Estados Unidos con Cuba, el que hoy todavía nos separa, nada tiene que ver con una diferente comprensión de los derechos humanos. Batista, Trujillo, Somoza, Pinochet, fueron socios –en el sentido cubano del término– del imperialismo (no hablo únicamente de los gobernantes estadounidenses). Donald Trump acaba de regresar de Arabia Saudita, adora a los jeques sauditas –el nombre del país se deriva del apellido de la familia real–, y les venderá armas con componentes israelíes. No se confundan: no es el abrazo final de árabes y judíos, es el abrazo de árabes ricos, judíos ricos y estadounidenses ricos en contra de sus respectivos pueblos. En los 70 del siglo pasado, los hippies enfrentaron al sistema con audacia y candor: “hagamos el amor y no la guerra”, decían y recibían una paliza tras otra como respuesta, mientras los B52 partían con sus armas químicas –ahora son drones o misiles “inteligentes”, la muerte se administra por computadora–, sordos de ira, hacia Viet Nam. La guerra imperialista en Indochina terminó porque el pueblo vietnamita expulsó con las armas en la mano a los invasores y a sus mercenarios locales ¿Es cosa del pasado?

¿Los frentes amplios de la izquierda son centristas?

Todo pareciera conducir en el mundo al centrismo: los movimientos revolucionarios construyen frentes amplios que incorporan a una militancia no tradicional, históricamente desmovilizada y descreída, que exige el cumplimiento estricto de la democracia burguesa. Ello es saludable, es un paso de avance y una estocada de muerte, ya que sabemos que en tiempos de crisis el sistema ni quiere ni puede cumplir con unas reglas que fueron concebidas para reproducir el poder burgués, no para socavarlo. Sin embargo, el proceso debe servir para educar a las masas, y sobre todo, a los dirigentes; la democracia burguesa solo los llevará al gobierno si está rota, si alguno de sus conductos de oxigenación está obstruido por la crisis, y aún así, nunca al poder; entonces, ya en el gobierno, tendrán dos alternativas: o mantienen un perfil anodino, de infinitas dejaciones y concesiones, de espaldas al pueblo, lo que desilusionará a los electores en la próxima ronda (y no evitará la cruenta demonización mediática) o intentan tomar el poder, es decir, radicalizarse.

Si anuncian que van a por más, que quieren el poder, el tigre (que no es de papel) saltará al cuello, a morder la yugular; y si lo anuncian y no se mueven, la pierden. Si, en cambio, permanecen en los límites precisos de la democracia burguesa y a pesar de ello entorpecen los proyectos de enriquecimiento trasnacional –de los que la viceburguesía antinacional obtiene siempre alguna ganancia–, el ALCA por ejemplo, el sistema judicial encargado de proteger a los ricos intentará castigarlos de manera drástica. Para eso existe la “separación” de poderes, todos en manos de una minoritaria clase social. Escoja usted la variante más eficaz: golpes de estado judiciales (Honduras, Paraguay, Brasil), procesos y condenas a expresidentes “indisciplinados” que conservan el apoyo de las masas y pueden regresar al Gobierno –nunca tuvieron el poder– (Dilma y Lula en Brasil, Cristina Fernández en Argentina).

Finalmente, si el frente amplio toma el poder, será declarado totalitario, antidemocrático, y populista (una palabra que despojan de sus significados históricos y concretos para reducirla a la acepción más grosera, la de demagogia). Y vaya paradoja, los restantes frentes que puedan existir en el mundo en lucha electoral, tendrán que moderar aún más el lenguaje, evitar hablar de los que consiguieron llegar, desmarcarse de ellos. Da igual, el sistema los acusará de ser sus cómplices o peor, sus seguidores: ahora por ejemplo está de moda espantar al electorado colonizado –y a los políticos “correctos”– con la amenaza de que la nueva izquierda quiere convertir el país en otra Venezuela, o en otra Cuba.
Así las cosas, mientras el sistema hace aguas en medio mundo, sus ideólogos intentan reciclarlo asfixiando revoluciones y retornándolas de vuelta al redil. Si le exigen a una Revolución en el poder que restaure la democracia burguesa (separación de poderes, pluripartidismo y medios de comunicación privados), porque esa democracia es importante (para que ellos puedan recuperar lo perdido, desde luego), y sitúan como ejemplo a quienes buscan el poder en países burgueses construyendo frentes amplios –a estos los acusan de ser como nosotros, a nosotros nos acusan de no ser como ellos–, ya sabemos lo que quieren
.
Entiéndase esto: la única validación aceptable para el sistema de que hemos introducido correctamente esos instrumentos suyos, es que perdamos las elecciones, el gobierno y el poder. Venezuela es un ejemplo clásico: el respeto estricto a todos los códigos de esa democracia nunca obtuvo la certificación imperialista. Porque si esa “democracia” existe para impedir que la voluntad popular derribe el sistema de dominación, allí donde este ha sido derribado y en los siguientes cinco o diez años no ha logrado restaurarse –esto puede afirmarse de modo “científico”–, funciona mal.

En realidad queremos democracia, sí, eso son las Revoluciones, grandes saltos democráticos, y de lo que se trata es de echar a andar la nueva visión que tenemos de ella, no de restaurar sus viejos postulados. No estamos conformes con el nivel alcanzado en el ejercicio de esa nueva democracia, pero no porque queramos la otra, la que ya sabemos inservible: la comparación es y será con nuestros propios ideales. Porque, hay que recordarlo, en Cuba no pretendemos tomar el poder, ya lo tenemos.
Es cierto que Fidel, como Martí en el siglo XIX, fue el artífice de la unidad de todas las fuerzas revolucionarias. Fidel salvó para la Revolución a seres humanos honestos, que eran revolucionarios o que se hicieron revolucionarios con los acontecimientos o que nunca fueron contrarrevolucionarios, pero no integró de manera ecléctica diferentes tendencias ideológicas, ni incluyó a una sola persona pagada desde los Estados Unidos o Europa. Blas Roca como presidente y Raúl Roa como 
vicepresidente de la primera Asamblea Nacional, conformaron un dúo simbólico: ambos pusieron su talento y su capacidad creadora al servicio de la más radical de las miradas posibles, la de Fidel, la del Partido, que bajo su liderazgo todos contribuyeron a construir. Fidel no hizo pactos, construyó un nuevo consenso, el que emanaba de la justicia social postergada y anhelada por el pueblo. Rechazó el Pacto de Miami, en momentos en que parecía más necesario que nunca, con argumentos diáfanos: “lo importante para la revolución –escribió Fidel–, no es la unidad en sí, sino las bases de dicha unidad, la forma en que se viabilice y las intenciones patrióticas que la animen”. No adoptó el camino socialista porque el gobierno estadounidense fuera hostil, esa es una afirmación reductora, aunque sin dudas aquel fue un factor catalizador. En septiembre de 1961 escribió:
“La Revolución no se hizo socialista ese día [16 de abril]. Era socialista en su voluntad y en sus aspiraciones definidas, cuando el pueblo formuló la Declaración de La Habana. Se hizo definitivamente socialista en las realizaciones, en los hechos económicos-sociales cuando convirtió en propiedad colectiva de todo el pueblo los centrales azucareros, las grandes fábricas, los grandes comercios, las minas, los transportes, los bancos, etc.

“El germen socialista de la Revolución se encontraba ya en el Movimiento del Moncada cuyos propósitos, claramente expresados, inspiraron todas las primeras leyes de la Revolución.

“El 16 de abril se reafirmó y se llamó por su nombre, lo que orientaba ya hacia el ideal socialista desde el día mismo en que, frente a las aspilleras de la fortaleza militar de Santiago de Cuba o en sus celdas de tortura y muerte o frente a los pelotones de criminales –que defendían un poder caduco–, daban su vida casi un centenar de jóvenes que se proponían lograr un cambio total en la vida del país. Y dentro de un régimen social semicolonial y capitalista como aquel, no podía haber otro cambio revolucionario que el socialismo, una vez que se cumpliera la etapa de la liberación nacional.”
En su última alocución pública, que a la postre fue su despedida, frente a los delegados al Congreso del Partido –abril de 2016–, Fidel reafirmó su credo comunista: “A todos nos llegará nuestro turno, pero quedarán las ideas de los comunistas cubanos”, dijo.

No me sorprende que Arturo López Levy, uno de los asiduos ideólogos de Cuba Posible, en uno de los artículos más transparentes de la última semana, escribiera: “La pregunta central de este debate sobre opciones ideológicas no debe formularse en términos históricos, sino políticos [olvidemos la historia, pedía Obama]. No debe ser sobre lo que hubiese hecho Fidel Castro hoy (…) Cuba pertenece a las generaciones actuales de cubanos”. Este autor, que se declara socialdemócrata y sionista, coloca varias carnadas en su anzuelo, pero en un comentario al debate abierto en un blog, termina donde debe terminar: “El día en que se acabe el bloqueo/embargo, soy partidario de que se inicie un proceso hacia la instauración de una democracia multipartidista en Cuba, con libertades de prensa, asociación, y todas las otras recogidas en la Declaración Universal de Derechos Humanos, tal como se entienden por los comités que han estado a cargo de manejar su interpretación”. El título del artículo, sin embargo –que manipula una frase de Martí, el más radical de los cubanos– revela ya su sentido: La moderación probada del espíritu de Cuba. Volveremos a él.

¿Lo mejor de uno y otro sistema?

¿Por qué ha causado tanto escozor mi afirmación de que no es posible integrar “lo mejor” del capitalismo y lo “mejor” del socialismo? Tal manera de concebir la coexistencia (nada pacífica en términos sociales) de elementos de uno y otro sistema, algo que es inevitable, parece establecerlo como fin y no como punto de partida. Hablo desde la perspectiva de un revolucionario (que defiende los intereses de los desposeídos), que es diferente a la de un reformista (que le teme a las masas aunque las invoque mientras procura resguardar sus intereses). La prensa trasnacional hegemónica, al mencionar los cambios que el pueblo cubano decidió introducir, utiliza el vocablo “tránsito” –reiterado por Veiga, uno de los fundadores de Cuba Posible– como si fuese el inicio de un proceso de restauración capitalista.

La promoción de cambios no es per se revolucionaria; tampoco es reaccionaria o conservadora la intención de conservar algo. Todo depende de lo que se quiera cambiar y de lo que se pretenda conservar. En ambos casos, el punto determinante está en las necesidades de los más humildes (“con los pobres de la Tierra quiero yo mi suerte echar”, escribía Martí), solo en relación a ellos se es o no se es revolucionario. La condición del revolucionario no se mide ni por los métodos que se utilizan, ni por la intención de cambios; puede sintetizarse en dos cualidades: va a la raíz de los problemas (es radical) y siente como agravio personal la injusticia, donde quiera que se cometa. Pero aviso a los académicos burgueses (sordos, ciegos y mudos para la verdad): en el siglo XX lo que fracasó, definitivamente, fue el capitalismo. Y los que aman las estadísticas deberían saberlo: el un por ciento de la población mundial tiene tanto dinero como el otro 99 por ciento (datos de la ONG Oxfam divulgados por la BBC). Según RTVE, nada sospechosa de infidencia, el un por ciento de los españoles acumula tanta riqueza como el otro 88 por ciento, lo que significa decir que 466 mil personas poseen tanto como 37,3 millones de conciudadanos.

Algunos autores que desde una supuesta moderación abrazan la idea de “fundir” los dos sistemas, es decir, retornar al capitalismo, aseguran con cinismo que se preservarían las conquistas sociales y la soberanía nacional, aunque saben –claro que lo saben, y los que no, amigos, son unos ignorantes– que a la larga se perderían ambas, por eso exigen que se “profundicen” los cambios. Sabemos el sentido que tiene para ellos el verbo profundizar. Por eso en la entrevista que me hizo Cubadebate insistí en la necesidad de desentrañar la direccionalidad discursiva de cada discurso, no a partir de la posición que cada cual se atribuye, sino a partir de una pregunta simple, que Lenin usó con efectividad: ¿a quién sirve? La palabra cambio implica para los revolucionarios cubanos que se  perfeccione el socialismo; para los contrarrevolucionarios, que se desarticule, que evolucione hacia su contrario. Esta no es una discusión teórica ajena a los intereses del pueblo: todas las dificultades, insuficiencias, errores, que hoy padecemos, tendrán solución o no, en la medida en que triunfe o fracase el socialismo cubano. Por eso, sin subestimar las contradicciones (antagónicas) que los elementos de capitalismo y de socialismo generan en Cuba, como en cualquier otro lugar, las preguntas claves son estas: ¿a cuál de los dos sistemas se subordinan?, ¿a cuál sirven?, ¿hacia dónde nos proponemos ir?
La Conceptualización del Modelo, discutida y aprobada por decenas de miles de cubanos en reuniones auténticamente democráticas, que recogían y clasificaban cada criterio, y en la Asamblea Nacional, con las enmiendas derivadas de esos debates, dice en su primer capítulo:

“[Este documento] (…) sirve de guía para avanzar hacia la materialización plena de la Visión de la Nación: independiente, soberana, socialista, democrática, próspera y sostenible, mediante el Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social a largo plazo, y otras acciones.

“Los objetivos estratégicos de la actualización del Modelo son: garantizar la irreversibilidad y continuidad de nuestro socialismo afianzando los principios que lo sustentan, el desarrollo económico y la elevación del nivel y calidad de vida con equidad. Todo ello, conjugado con la necesaria formación de los valores éticos y políticos, en contraposición al egoísmo, el individualismo y el consumismo enajenante y depredador.”
Desde luego, la interacción y lucha de elementos capitalistas y socialistas en el mundo en el que vivimos es una realidad de múltiples aristas. De una parte, el capitalismo, en su guerra por la sobrevivencia, ha incorporado ciertos mecanismos y visiones socialistas de carácter colateral: las luchas sindicales, de género,  las victorias anticolonialistas, las revoluciones del siglo XX, la existencia de experiencias, fallidas o no, de construcción socialista, han introducido elementos de justicia social, sobre todo en los países más ricos. No cometamos el error de atribuirle al capitalismo –en su versión de Bienestar Social, en países que fueron usufructuarios del sistema colonial y neocolonial, tuviesen colonias o no, y de la injusta división internacional del trabajo, o simplemente, a sus conquistas laborales–, los huevos de la nueva sociedad (uso de manera libre una imagen de Lenin), engendrados por la resistencia al capitalismo. El capitalismo, como sistema, es el mismo en todos los países ¿Por qué tomamos de ejemplo a los países nórdicos y no a los del Sur, que comparten nuestra historia de expoliaciones, y son, además, la mayoría? ¿Por qué el capitalismo en Cuba –si solo se tratara de copiar un sistema– nos llevaría a ser como Suecia, Suiza o Reino Unido y no como Honduras o Haití? Pero en Suecia, dicho sea también, hay elementos del nuevo orden socio-económico por el que luchamos, que niegan en alguna pequeña medida, el que allí existe.

Es decir, la superación del capitalismo ocurre por diferentes vías, de manera simultánea. Cuando los países latinoamericanos, por ejemplo, adoptan una posición común que se opone a la injerencia imperialista o rescatan la soberanía nacional –que solo puede ser defendida como valor regional–, más allá de sus razones puntuales, están golpeando al sistema. Si un sector de la burguesía argentina o de la brasileña decide reivindicar sus intereses y enfrentar la hegemonía económica y política del imperialismo, el golpe no es bilateral, es sistémico. Todo golpe al imperialismo es un golpe al capitalismo. Los sectores más radicales de esos países en ocasiones no perciben que ese gobierno burgués, a pesar de sí mismo, es un aliado de “lo nuevo que nace”. El imperialismo, por el contrario, sí lo percibe, y le declara la guerra.

Por otra parte, la cultura socialista (anticapitalista) existe como contracultura aún en los países donde hay gobiernos revolucionarios, e incluso en aquellos donde las transformaciones han sido más radicales, porque la cultura del capitalismo (hablo de sus modos de vida, de sus conceptos de éxito y de felicidad) es hegemónica. La base material que sustenta a la nueva cultura es aún débil, de resistencia, tiene un alcance limitado. Un partidario e incluso un protagonista de la revolución, puede ser también un adicto acrítico a los realitys shows de Miami o un reproductor de la cultura del tener, es decir, del capitalismo; puede trabajar durante toda la semana por la consolidación del Gobierno revolucionario, y reproducir en su vida privada, en sus sueños más íntimos, los valores del sistema que combate.

Como el triunfo en el capitalismo se asocia indefectiblemente al dinero, sin importar su origen, y el esfuerzo personal en el trabajo no suele conducir al éxito prometido, el sistema abre pequeñas válvulas de entrada, ajenas al aporte social del individuo: la herencia, el juego en todas sus modalidades, el matrimonio de conveniencia, lo mismo para la mujer que para el hombre, el robo de cuello blanco o de pistola en mano (siempre que el autor logre evadir la justicia). El mercado del deporte se convierte para los pobres en un camino a transitar. Ningún otro relato clásico expresa la esencia de este postulado como el de Cenicienta: un cuento recreado y actualizado de todas las maneras posibles. La corrupción es un subproducto del capitalismo. Si el origen del dinero no es importante, y su posesión establece el rango de éxito o fracaso social del individuo, las vías fraudulentas son un recurso tolerado. Decir que el socialismo genera también burocratismo o corrupción, significa reconocer que hay bolsones de capitalismo en su seno.

¿Qué supone la normalización de relaciones con los Estados Unidos?

Se ha dicho que quienes nos oponemos a las máscaras de centro, conformamos un grupo duro opuesto a la normalización de relaciones entre los Estados Unidos y Cuba. Nada más ajeno a la realidad. Es una idea que reproduce el esquema que otorga una falsa paridad a los supuestos extremos de La Florida y La Habana: si bien el extremo floridano pudiera asociarse al terrorismo y a la politiquería anticubana, es decir, al lacayismo proimperialista ¿a qué se asocia el de La Habana?, ¿a la defensa de la Patria socialista? Ningún revolucionario cubano viajó en lanchas rápidas para ametrallar poblados floridanos, ni colocó o pagó para que colocasen bombas en industrias o centros recreativos de Miami. Ni siquiera quemó banderas estadounidenses. Pero existe un tercer elemento, que es decisivo: el imperialismo de ese país. Un blog contrarrevolucionario ya de capa caída, publicó hace algunos años un artículo esclarecedor de un tal Castillón:
“Pocos luchan mejor por sus países de adopción que los inmigrantes. La historia norteamericana está llena de ejemplos […] Posada Carriles ha sido soldado estadounidense en tiempo de guerra y eso le da derecho a estar en Estados Unidos. Porque Posada, a pesar de haber luchado en un campo de batalla diferente, no es tan distinto de todos esos otros soldados. Porque aunque nos hayamos olvidado de ella y la hayamos relegado a ese cajón en que se guardan los recuerdos molestos, la Guerra Fría fue una guerra real. Una guerra en la que participaron numerosos exiliados en contra de los estados que dirigían sus naciones.”
Es aquí donde aparecen las reminiscencias autonomistas y anexionistas. Ambos proyectos decimonónicos, que no conciben el desarrollo nacional sin la presencia dominadora de una potencia extranjera, empalman con el reformismo contemporáneo, gústele o no a López Levy. Evidentemente, no existe concordancia entre el extremismo lacayo y la defensa radical de la soberanía nacional. Permítaseme que me cite brevemente: “¿Qué significa ser extremista? –decía en el artículo La Patria posible–, ¿cuáles son los extremos del debate nacional? Para los revolucionarios cubanos, el extremista es quien adopta de manera irreflexiva consignas y frases hechas, cuyo fondo conceptual ignora o no comprende, y es incapaz por tanto de discernir qué es esencial y qué no lo es. El extremismo conduce al dogmatismo y a la doble moral. (…) Pero nada tiene que ver con la visión radical –que va a las raíces–, y a la postura revolucionaria frente a la realidad”.

Los revolucionarios cubanos (no pertenezco a ningún grupo) abogamos por unas relaciones “normales” entre vecinos civilizados; no obstante, lo que me parece más peligroso de esa suposición que se nos imputa es que revela lo que algunas personas entienden por normalización. Ya se sabe que el restablecimiento de relaciones diplomáticas es el primer paso, y que la normalización, tal como la proyecta Cuba, implica la derogación absoluta del bloqueo económico, comercial y financiero, la devolución de la Base Naval de Guantánamo y el cese de las actividades subversivas en el país. Sin embargo, López Levy es osado y –no puedo evitar la palabra– cínico, al escribir:
“No caben dudas de que como priorizamos los intereses de desarrollo económico y bienestar del pueblo cubano, así como el alejamiento de un conflicto militar con Estados Unidos que puede ser devastador para Cuba, los “centristas” tenemos visiones distintas a las de Iroel Sánchez y Enrique Ubieta sobre las relaciones a buscar con Estados Unidos. Una política de distensión, incluso de acciones persuasivas de corte hegemónico, es preferible a la estrategia de coacción imperial por sanciones y financiamiento directo de opositores. (…) Este ambiente distendido permite, también, avanzar en reformas dirigidas a una economía de mercado y a una sociedad más plural en lo político, con afinidades a posiciones como las nuestras, pues Cuba tendría una interacción mayor con un mundo más favorable a ese rumbo.”
De esa manera, casi al finalizar su artículo, el socialdemócrata López Levy declara abiertamente su respaldo al proyecto obamista de eliminar el bloqueo por ineficaz –en términos políticos– y no por inmoral y criminal, y sustituirlo por otra política igualmente injerencista, pero menos confrontativa, que reinstaure en Cuba el capitalismo (y la subordinación a Washington). Aceptamos el reto –creemos que este pequeño David puede batir a Goliat en el terreno de las ideas–, a pesar de que el articulista sabe, más por viejo que por diablo, que se trata de una guerra de baja intensidad, con financiamiento a proyectos subversivos de corte no confrontacional como Cuba Posible. Pero igual, cobren o no, el que intente retornar a Cuba a un pasado de capitalismo semicolonial, es mi enemigo. No creo en los centrismos; nadie, ni ellos mismos, creen que sea posible “estar en el medio”.

Nota

(1)  El debate en las redes sociales se aleja del debate. Es la fiesta de los asombros, cuando aparece, esta vez sí, un grupo. El “sabio” Pedro Monreal casi escribe un tratado para reivindicar la importancia de las estadísticas –Julio Carranza, antes o después que él, insiste en ello–, a partir de una lectura primitiva y/o tendenciosa de mi entrevista. Se quedan en los marcos de la puerta, sin entrar. Un tal Domingo Amuchástegui me endilga todas las culpas y desvíos del espíritu revolucionario, ocurridos desde mis tres años de vida y aún antes. En cambio, algunos de los protagonistas de esos desvíos, censores y adoradores de manuales, escriben largas peroratas sobre la flexibilidad del pensamiento y la dialéctica. Haroldo Dilla, expulsado de la politiquería dominicana por su desmedido oportunismo, propone que se me expulse del debate político de la Revolución cubana.

Proyectan nueva intersección vehicular en la ciudad de Matanzas


MATANZAS 325

En la urbe yumurina construyen una nueva intersección vehicular Viaducto-Cuní, una inversión que sobrepasa el millón de pesos y forma parte de las acciones por el Plan Matanzas 325.

De acuerdo con Reynaldo Hernández Rodríguez, director del Centro Provincial de Vialidad Matanzas el proyecto se debe a la reorganización de la ciudad.

“Se cerró la calle Medio, también se pretende convertir en paseo peatonal la Plaza de la Vigía y como consecuencia se debe enlazar Pueblo Nuevo (Calzada Tirry y San Luis) con el Viaducto para aligerar las cargas vehiculares de esta área”, añadió el funcionario.
Los principales inversionistas de la intersección vehicular Viaducto-Cuní son las Empresas Provinciales de Ferrocarriles y Comunales, además del Centro Provincial de Vialidad Matanzas.

Hoy se realizan las actividades preliminares de obra en la zona (demolición, desglose, descortezado, acopio de tierra y material pétreo) por la brigada BECOIG 38.

“Hay que remodelarlo todo, la intención es abrir el separador central con los carriles de aceleración y desaceleración a la altura de la Empresa TRANSCUPET.  La calle Cuní se desplazará hacia el sur, unos 20 metros, para que la intersección tenga el ángulo de giro que describe la norma cubana, o sea que circule todo tipo de transporte tanto ligero como pesado. Además, la Calzada de General Betancourt tendrá vínculo directo con el Viaducto a través de esta calle”, informó Reynaldo Hernández Rodríguez.

La obra, que no debe superar los 5 meses a partir del inicio, incluye también la demolición y construcción de las calles Cuní y Recurso.

Aunque la inversión prevista sobrepasa el millón de pesos Moneda Nacional, esta cifra aumentará pues el terreno donde se realizará la obra es blando y se debe estabilizar con rajón.

“Igualmente las entidades estatales Ferrocarriles y TRANSCUPET, que radican en la zona, deben abandonar en un periodo de 2 años esas áreas, porque están al lado de un corredor turístico y se proyectan otras construcciones con grandes atracciones para el turismo”, argumentó el directivo.