sábado, 14 de diciembre de 2013

Mandela, Obama y Raúl


Ángel Guerra Cabrera

Estados Unidos, conviene recordarlo, fue junto a sus aliados de la OTAN e Israel el más firme sostén económico, político y militar del régimen del apartheid en Suráfrica.

 Lo tenían sin cuidado Los sufrimientos infligidos a los negros por ese odioso sistema considerado un crimen de lesa humanidad por el derecho internacional.

 No es casual que la CIA entregara a  Mandela a la policía surafricana. No olvidemos que Mandela mucho después de haber cumplido 27 años de cárcel y de concluir su mandato como el primer presidente negro de Suráfrica continuó en la lista de terroristas del Departamento de  Estado hasta el año 2008.

Más aún, está profusamente documentada la complicidad estadunidense en el sostenimiento del colonialismo en África y cuánto hizo por impedir el triunfo de sus movimientos de liberación nacional.

La presencia de Obama y su discurso en las honras fúnebres de Nelson Mandela exige subrayar, por eso, que cualquier presidente de la superpotencia carece de autoridad moral para proclamarse admirador y seguidor del héroe surafricano.

 De la misma manera, Obama, al reprochar a otros líderes, en el estadio FNB de Soweto, que apoyen a Mandela pero “persigan disidentes” demuestra que, aunque sea negro, padece la misma arrogancia imperial típica de la privilegiada y mesiánica cúpula estadunidense.

¿Quién si no los cuerpos represivos de ese país molieron a palos a los integrantes de Occupy Wall Street?
La doctrina Monroe sigue vigente y a escala universal.

 Ese mismo Obama ha recrudecido el bloqueo contra Cuba, bombardeó y despedazó a Libia, y asesina a cientos de inocentes con los drones en Pakistán, Afganistán y Yemen.

Igualmente, aprueba planes desestabilizadores y golpes de Estado contra los gobiernos independientes de América Latina y el Caribe apoyándose en su descomunal aparato subversivo y mediático.

 Eso sin contar el estado orwelliano de espionaje dirigido no sólo contra los que considera enemigos sino contra sus aliados y sus propios ciudadanos.

A principios de los noventa poderosas circunstancias forzaron a interrumpir el apoyo estadounidense al apartheid, contra el que la población negra se mantenía en indoblegable rebeldía.

 A partir de la derrota sufrida en la batalla de Cuito Cuanavale  por el régimen del apartheid, que incluso disponía de armas nucleares, Washington no tuvo otra alternativa que buscar una salida negociada.

 El golpe demoledor asestado al ejército surafricano por la potente agrupación de tropas cubanas  junto a sus compañeros de armas angolanos y namibios produjo un giro de tal magnitud en la correlación de fuerzas político-militares en el sur de África que Estados Unidos se vio impedido de evitar la independencia de Namibia, la consolidación de la independencia de Angola y el fin del apartheid

(http://www.jornada.unam.mx/2010/07/22/mundo/026a1mun).

Pero no hay que salir de Estados Unidos para percatarse de la incongruencia de Obama cuando afirma admirar e inspirarse en Mandela.

 En su gobierno, además de que el uno por ciento más rico obtiene el 93 por ciento del incremento de la riqueza, la población negra sufre el doble de desempleo que los blancos y hay más negros encarcelados que esclavos en 1850; los niños afroestadounidenses en pobreza son casi el triple que los blancos en esa situación y es muy probable que uno de cada tres infantes negros nacidos en 2001 acabará en la cárcel.

 Esta situación se agrava con el pingüe negocio de la privatización de las prisiones, que ha hecho aumentar cientos de veces el número de reclusos. En un retorno al régimen esclavista supuestamente liquidado con la guerra civil norteamericana (1865) ahora el capital dispone de abundante mano de obra barata  negra y latina con la que  subir en flecha sus ganancias.

Mientras tanto, el presidente cubano Raúl Castro representaba lo contrario de Obama en las horas fúnebres de Mandela.

 En Raúl se simbolizaban allí los legendarios logros de la Revolución Cubana en la justicia social, la educación, la salud pública universales y gratuitas y la igualdad de derechos.

 Su lucha contra el racismo dentro y fuera de sus fronteras, su indeclinable solidaridad con los movimientos de liberación y pueblos de África. Y, por supuesto, la sólida y larga amistad combatiente entre Mandela y Fidel.

Bienvenido sea el apretón de manos de Obama a Raúl si este significa que el ocupante de la Casa Blanca iniciará los pasos para poner fin a la ilegal e inmoral política de hostilidad y bloqueo contra Cuba.

(Fuente: lajornada)

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