miércoles, 14 de febrero de 2018

Estados Unidos propicia golpe de Estado contra Venezuela


  • Estados Unidos propicia golpe de Estado contra Venezuela
Venezuela sufre una guerra despiadada por parte de EE.UU., la derecha venezolana y sus aliados en Latinoamérica y Europa. Una guerra brutal, que se está llevando a cabo a través de bandas terroristas que esperan el llamado de Washington de dar un Golpe de Estado contra Caracas.

No se había visto tamaña campaña de desestabilización,  desde los momentos más duros del enfrentamiento entre la Cuba de Fidel contra las administraciones estadounidenses. Una campaña que ha significado, incluso, el abierto llamado sedicioso del Senador estadounidense anticastrista de origen cubano, Marco Rubio, que como clásico inmigrante ultraderechista suele alentar intervenciones en Latinoamérica en forma más criminal que el más White Anglo-Saxon Protestant – WASP – halcón republicano. Rubio sostuvo que “el mundo apoyaría a las Fuerzas Armadas de Venezuela si decidieran proteger al pueblo y restaurar la democracia quitando a un dictador”.
Las palabras sediciosas de Rubio se dan a pocos días de las declaraciones del Secretario de Estado Norteamericano Rex Tillerson, que en visita efectuada a México señaló que se vería con buenos ojos una intervención militar del Ejército Venezolano para concretar una “transición pacífica” en la nación sudamericana. No debe extrañar estos llamados subversivos tanto de Rubio como de Tillerson pues siguen el ejemplo del inquilino de la Casa Blanca quien ha sostenido, permanentemente,  que no descarta una opción militar para sacar a Maduro del poder.

La Doble Moral Como Arma Política

Estas declaraciones ya no sorprenden a aquellos que analizamos la política exterior estadounidense. Son parte de su ADN golpista, ejemplificado en los golpes militares propiciados en gran parte de Latinoamérica en el siglo XX: Chile, Brasil, Argentina, Uruguay, Grenada, Panamá, Guatemala. Su apoyo a dictaduras militares y su oposición a movimientos de Liberación en Nicaragua, El Salvador, República Dominicana. O la mudez exhibida a la hora de no condenar el fraude electoral en Honduras, donde el candidato pro-estadounidense Juan Orlando Hernández se mantiene en el poder a pesar del fraude cometido. Es la hipocresía y la doble moral exhibida por Washington en forma permanente, que es difundida como máxima y auto de fe por las grandes corporaciones mediáticas internacionales.

Esta conducta desestabilizadora ha tenido la reacción digna de la cancillería venezolana pero que ha merecido el reproche y la crítica de todos aquellos gobiernos que suelen llenarse la boca con el concepto de democracia y exigencia de certificados de buena conducta, y que callan cobardemente callados cuando Washington les ordena secundarlo en sus objetivos subversivos. No hemos leído declaración alguna de los cancilleres y sus gobiernos agrupados en la Organización de Estados Americanos – OEA – condenando el llamado a la sedición, con honrosas excepciones como Bolivia, Cuba. Una OEA, cuya Secretaria General dirigida por el uruguayo Luis Almagro ha dado muestras de una conducta genuflexa, vergonzosa como no se había visto en años.

En el caso chileno la conducta seguida por el canciller chileno Heraldo Muñoz ha sido el ejemplo más claro y vergonzoso del funcionario que ha seguido los dictados de Washington en materia de cómo conducirse, qué decir y cómo actuar en su labor como garante en las conversaciones entre el gobierno venezolano y la oposición de ese país. Este funcionario del saliente gobierno de Michelle Bachelet emitió declaraciones claramente intervencionistas, deplorables y sobre todo falsas en materia de lo que se conversó en República Dominicana.

Muñoz, en una jugada tejida entre la oposición venezolana, el gobierno estadounidense y el llamado Grupo de Lima, decidió suspender su participación como acompañante del diálogo entre la oposición y el Ejecutivo venezolano. Esto, según la cancillería chilena se hace “mientras no se concrete a la brevedad las condiciones entre las partes para la realización de las elecciones presidenciales democráticas, transparentes y conforme a estándares internacionales. Chile suspende 
indefinidamente la participación en las negociaciones que se llevan adelante en Santo Domingo por la incertidumbre del proceso entre el Gobierno y la oposición venezolana…”

Declaraciones mañosas, falsas, direccionadas para desacreditar al gobierno venezolano y un proceso de diálogo llevado en forma seria y honesta. Muñoz ha sido la punta de lanza, un títere manejado por hilos, a estas alturas muy visibles,  lo que debería avergonzar a un gobierno que da sus últimos estertores sacudido, no sólo por estas maniobras  en el plano de la política exterior, sino por los propios desaciertos en el plano interno como ha sido el caso de la denominada Operación Huracán,  que terminó siendo un burdo montaje policial contra el movimiento mapuche. En la jerga del Baseball, cuando algo anda mal, se suele decir “no da pié con bola” y en este plano la cancillería chilena no da pié con la necesaria dignidad que hay que tener en materia de relaciones internacionales.

El diálogo mencionado refiere a las conversaciones llevadas a cabo en República Dominicana en que el gobierno venezolano y la oposición llegaban con seis de los siete puntos previamente consensuados como elementos base del diálogo. Esos puntos se plasmaron en un acta de pre-acuerdo firmada por las partes y entregada al presidente de la República Dominicana Danilo Medina, quedando sólo por precisar la fecha para la elección presidencial. Los puntos acordados fueron:
1.- Defensa de la soberanía de Venezuela y rechazo a injerencia extranjera
2.- Ampliar garantías electorales
3.- Convivencia pacífica y reconocimiento entre las partes
4.- Cese de la guerra económica y defensa en común frente a las sanciones de EE.UU. y la Unión Europea
5.- Acordar canales de ayuda humanitaria
6.- Liberación de encarcelados culpados por promover la violencia política
Tanto el Mandatario Dominicano como el garante español, el ex Presidente español José Luís Rodríguez Zapatero solicitaron a ambas delegaciones cerrar las negociaciones para la fecha electoral en la ciudad de Caracas, de manera tal que el día 6 de febrero del presente año se pudiera, en un acto único, firmarse el Acuerdo de Santo Domingo.

Crónica de una canallada

Lo que aconteció, posteriormente,  es la “crónica de una canallada” como lo ha definido un alto funcionario del gobierno venezolano en Caracas, quien habló con este cronista. Efectivamente, esta infamia e indignidad significó, que el día 5 de febrero a altas horas de la noche, en presencia del ex presidente español Rodríguez Zapatero, Gobierno y oposición venezolana cerraron las negociaciones aceptando la fecha del 22 de abril para elección presidencial, fecha propuesta por la oposición y aceptada sin contrapropuesta por parte del Gobierno.

José Luís Rodríguez Zapatero encaminó sus pasos al Palacio de Miraflores en Caracas a informar entusiastamente al Presidente Nicolás Maduro del acuerdo alcanzado, a la vez que informaba al Presidente de República Dominicana, Danilo Medina. El Presidente Medina instruye al Canciller de su país, Miguel Vargas, para que se habilite un acto formal, para la firma del documento el día 6 de febrero y se convoca efectivamente para la firma, no para otro asunto, puesto que la derecha venezolana había dado por culminado el proceso al proponer y aceptársele la fecha del 22 de abril.
El día 6 de febrero se hacen presente las delegaciones, inesperadamente, tal como lo afirma vehementemente Rodríguez Zapatero en su comunicado, Julio Borges exige abrir nuevos temas. Hubo reclamos por parte del Presidente Medina al respecto. Las horas transcurrían bajo la negativa de Borges de firmar sino se cumplían nuevas condiciones. Por supuesto el desconcierto, la decepción, y hasta el enfado de Rodríguez Zapatero, del Presidente Medina y Canciller Vargas era evidente. No así para la delegación del Gobierno venezolano dado el historial de desplantes, soberbia, carencia de ética y seriedad por parte de la derecha en otros intentos de acuerdos desde el año 2002 a raíz del golpe de Estado.

Recordemos que ese día 6 de febrero,  el Secretario de Estado y magnate petrolero Rex Tillerson se encontraba de visita en Colombia dictando pautas al gobierno neogranadino. Borges recibe una llamada telefónica desde Bogotá, la atiende y se retira al hotel aproximadamente a las 16.30 Luego regresa al local de reuniones aproximadamente a las 19.00 horas y, bajo evidente y deplorable estado de embriaguez – según testigos presentes en el momento de este bochornoso incidente -  anuncia que la derecha no firmará el acuerdo porque “no es digno del pueblo venezolano”. Exigiendo de paso que las s elecciones fueran monitoreadas por el Grupo de Lima, convertidos en un grupo de países fieles servidores de los deseos de Washington.

Es necesario tener en cuenta que sí hubo acuerdo asentados y firmados por ambas partes en el acta que está en posesión del Presidente Medina y al cual los gobiernos latinoamericanos y la prensa internacional pueden consultar. Lo que no hubo fue firma protocolar del acuerdo por la irresponsabilidad de Julio Borges y sus acompañantes. En este escenario y en una operación planeada con antelación,  los cancilleres de Chile y México desisten de seguir participando como acompañantes por presiones y exigencias del gobierno norteamericano y por cuanto ya conocían la decisión de Washington de impedirle a la derecha firmar el acuerdo final.

Como bien lo dijera el pasado 11 de febrero en TV Jorge Rodríguez, primer vocero de la delegación del Gobierno lo vivido refleja “…la inaudita e indecente conducta cobarde y antiética de Julio Borges…” Aun cuando tales revelaciones son aplicables también al resto de la delegación, que con su silencio avalan este artero atropello a la verdad, a la democracia y al derecho de los venezolanos a darse su propio derrotero fuera de los dictados de potencias extranjeras.

Para Rodríguez Zapatero lo acontecido no sólo fue una sorpresa, sino que en círculos del gobierno venezolano y a representantes opositores dio cuenta de su indignación por la actitud de Borges y los suyos, que echaban por la borda dos años de trabajo. El ex Presidente español es testigo de los esfuerzo del gobierno venezolano por alcanzar la paz social y avanzar en el diálogo con una oposición violenta y carente de dignidad nacional. Rodríguez Zapatero sostuvo que con la conducta opositora se ha dado un portazo a  "un proceso electoral con garantías y consenso en la fecha de los comicios, la posición sobre las sanciones contra Venezuela, las condiciones de la Comisión de la Verdad, la cooperación ante los desafíos sociales y económicos, el compromiso por una normalización institucional y las garantías para el cumplimiento del acuerdo, y el compromiso para un funcionamiento y desarrollo plenamente normalizado de la política democrática."

El Presidente Nicolás Maduro afirmó que el Gobierno tomará los acuerdos logrados como un compromiso ético con el pueblo y que serán puestos en práctica a cabalidad. De hecho, ya presentó su candidatura para el proceso electoral el día 22 de abril, en cumplimiento de fecha propuesta por la derecha. Hasta el día de hoy, esa derecha no ha dado la cara al país y seguramente no la dará en la forma que los acontecimiento se dieron y para ello utilizaran la maquinaria mediática de Estados Unidos y sus aliados para desvirtuar lo acordado, mentir, subvertir y tratar de impedir que Venezuela siga adelante con conceptos claves como son los de soberanía y dignidad.

La derecha venezolana vuelve a asumir su verdadero camino político. Donde se visualiza caminos de entendimiento entre los líderes ultraderechistas Henrique Capriles y el reo Leopoldo López,  para cerrarle el paso a un Henry Ramos Allup dispuesto a competir en las presidenciales, teniendo como base las cuatro gobernaciones obtenidas en las elecciones del pasado 15 de octubre del año 2017. La derecha dura, recalcitrante, el instrumento de Washington en el país sudamericano sólo pretende  desestabilizar, sabotear cualquier intento de paz con una fórmula de ataque contra el pueblo venezolano, que sólo beneficia a los grandes poderes de Estados Unidos en lo que nuestro confidente denomina “el miserable propósito de crear condiciones para una intervención militar anunciada por los halcones de Washington”.

Pero, en estos intentos de propiciar un Golpe de Estado donde se reúnen conspiradores de la administración de gobierno estadounidense, senadores de origen latino y en la suma y resta de los políticos venezolanos - con un pié más en el norte que en su país – no han considerado un elemento central: al pueblo venezolano y sus Fuerzas Armadas, llamados a defender su soberanía, prontas a defender esta sociedad sujeta a tantas tribulaciones, pero que no ceja en la adopción de toda clase de medidas que permita enfrentar las amenazas internas y externas.

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